CAPITULO 14 UNA SORPRESA II
Todo se puede derrumbar en un abrir y cerrar de ojos, todo lo que más querías y esperabas con tanto anhelo y esperanza puede irse directo a…
Más sin embargo también puede caer una pequeña luz que ilumine tu vida cuando estas a punto de caer, todavía puede haber algo que te ayude a mantenerte en esta vida y en el camino para poder salir adelante.
La vida es tan irónica en ocasiones, pues cuando piensas que no puedes más, que puedes botar la toalla totalmente en un momento a otro, que ya no importa nada más que…la muerte, entonces la vida te da un motivo nuevamente para que no te rindas, pese a que esta misma te dio el motivo para no querer seguir aquí.
Entonces ¿Cómo es que enfrentamos a nuestros demonios? ¿Cómo enfrentar las consecuencias que hemos tenido por nuestros actos? Simplemente dejando el miedo a un lado y tomar la vida por su mejor lado o si no lo queremos así, nos iremos entonces por el lado más fácil…pero no siempre el mejor.
El sacrificarse, sacrificar tu vida por la felicidad de alguien más, es egoísta al pensar que aquella persona a quien dejas estará feliz, pero también seria egoísmo ante los ojos de los demás a quienes no caemos del todo bien…atar a una persona a nuestro lado solo por nuestra propia felicidad, es algo tan complejo pero a la vez es algo más de lógica de lo que muchos creen.
¿Qué harían en mi lugar?
H.G.P
Estaba en la casa de huéspedes, cuando me desperté lo primero que vi fue el rostro amable de Stella quien me miraba sonriente al ver que había despertado, al dar la vuelta vi a lo lejos a Phoebe y Gerald, quienes estaban conversando algo, Arnold estaba discutiendo un poco con su padre al menos eso parecía.
-¿Qué…que paso?
-Tranquila…solo te desmayaste –Dijo tranquilamente Stella
-¿Helga? –Arnold se acercó a mi preocupado pero de inmediato recordé.
-¡No…no me toques! –Susurre mientras débilmente lo empujaba, Phoebe se acercó de inmediato a mí para ayudarme –Por favor –Le susurre una vez que estuvo cerca de mí, ella no necesito más explicaciones para saber lo que deseaba.
-Llevare a Helga a mi casa –Comento –No te preocupes –Añadió ante la expresión del rubia –Ella estará mejor allá por ahora.
-Pero…necesitamos hablar, Helga
-No –Susurro la rubia molesta mirándole con mucho odio –Me engañaste
-No…no es así, debes escucharme
-No quiero…no me vuelvas a buscar, Shortman o desearas de verdad jamás haberme conocido en tu asquerosa vida –Dijo sin gritar, sin alterarse pero mirándole con mucho odio y frialdad, lo cual era peor que la última vez que por culpa de él, se alejaban, era peor que si le gritara mil insultos, era mucho peor que sus golpes juguetones que una vez le dio.
-Helga… -Susurro mirándole implorantemente pero la rubia no cedo
-Vámonos Phoebe
-Si
Gerald detuvo a Arnold para que no las siguiera –Hermano creo que es mejor que ella se tranquilice, después hablaras con ella.
El rubio cabizbajo solo asintió.
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-Jajajaja esto salió mejor de lo que había pensado –Decía la pelirroja divertida caminando en el parque –Ahora si no habrá nadie que nos impida estar juntos Arnold –Susurro mientras tocaba su vientre –Ya te conseguí padre mi dulce Angel –Sonrió aún más –Uno mejor que el que ibas a tener.
-¡Lila!
"Esa voz…no…no puede ser… ¡¿Porque?!..." Pensó la pelirroja congelándose en aquel momento al escuchar esa voz tan familiar, esa voz que pensaba nunca jamás volvería a escuchar o al menos esa había sido ideas.
-¿Arnie?
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La rubia sollozaba fuertemente en el regazo de su mejor amiga, quien solo le daba consuelo, sin saber realmente que decirle o que hacer, pues Gerald le había dicho que aquello solo una total mentira de la pelirroja pero… ¿Qué tal si no lo era?, era más que obvio que podría ser mentira por la fama de Lila, pero ¿Qué tal si era verdad? Entendía a la perfección a su amiga, su decepción, su dolor de saber que todo fue mentira o tal vez no pero ahora tendría que alejarse y más porque sabía cómo pensaba su amiga referente a la familia, pues ella nunca pudo tener la familia que hubiese deseado y si ella no la tuvo no le quitaría la oportunidad y menos a un bebe de tener una familia.
-Mañana…mañana mismo me iré
La oriental le miro sorprendida –Pero…tú libro
-No me importa
-¡Helga!
La rubia le miro molesta –No me mires así, Phoebs ¿Qué quieres que haga? No puedo…necesito irme de aquí.
-Esta vez no te iras así…esta vez no antepondrás tu felicidad y tu talento ni por Arnold ni por tu familia –Dijo la oriental seriamente mirándole –Recuerda cuanto tardaron en querer volver a trabajar contigo las editoriales, después de lo que les hiciste por culpa de tu familia.
La rubia lo sabía no habían querido publicar ya su libro, por irse así de la nada a un día de su presentación, que ironía se encontraba en la misma situación en aquel momento pero ahora era por Arnold.
-Pero…
-Nada de peros…te falta tan solo esta semana y no dejare que te vayas sin hacer tu presentación de libro que comienzan mañana –Dijo Phoebe decidida
-Bien –Suspiro la rubia rendida; Phoebe la abrazo fuertemente mientras ella dejaba escapar unas cuantas lágrimas.
Su corazón era un hierro ardiente en aquel momento, pues el dolor que le había causado aquel engaño por parte de Arnold, le estaba quemando el alma por dentro, deseaba desaparecer en aquel momento para siempre, deseaba morir literalmente en aquel momento para que el dolor se fuera.
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Era ya miércoles de aquella semana, no había visto al rubio en aquellos días, ella procuraba estar ocupada con sus presentaciones de libros y no tener nada de contacto con las calles que el rubio frecuentaba, aunque este parecía no dar señales de querer buscarla o algo por el estilo.
Fue a casa de los Pataki aquella mañana pues Miriam y Olga deseaban verla, ella pensaba que era más que nada Olga, pues se sentía culpable, solo fue porque Phoebe le insistió que fuera antes de que se fuera de regreso a New York.
-¿Quieres tus huevos revueltos, tía? –Le pregunto de pronto el pequeño Jake quien le sonreía dulcemente pero de pronto…
Olio los huevos revueltos que su hermana estaba preparando para todos, algo que no supo que fue…le provoco un real asco, inmediatamente fue hacia el retrete esperando que no vomitara en el camino a él, afortunadamente lo soporto.
-¿Helga?
Miriam estaba afuera del baño esperando a que su pequeña hija saliera de este, al salir vio que la joven estaba más que pálida y con una expresión realmente deplorable. –Estoy bien –Susurro débilmente
-¿Qué fue lo que paso, hermanita?
-No…no lo sé –Dijo la rubia nerviosa de que toda la atención estuviera puesta en ella –Sera…mejor que me vaya…ese olor no me dejara en paz –Menciono tomándose el estómago sintiendo nuevamente molestias y ganas de vomitar como hace un momento.
-Pero no hemos desayunado y realmente quiero hablar contigo, hija
-Sera otro día Miriam, hoy no me siento bien, nos vemos
La rubia salió rápidamente de la casa, tratando de aguantar las náuseas.
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-¿Lo conseguiste? –Pregunto impaciente el rubio mirando a su amigo afroamericano quien sonreía ampliamente
-Por supuesto, estará hoy en la librería del centro –Informo a su amigo dándole el papel que traía en sus manos
-Gracias, Gerald, te debo una –Dijo el rubio sonriéndole también
-Me conformare con una romántica cena con mi futura esposa, pues estará molesta cuando te vea ahí.
-Bien
-De acuerdo Romeo –Miro su reloj –Tienes media hora para llegar…así que apresúrate
-Gracias
Hicieron su saludo de toda la vida y después el rubio partió de la cafetería, donde se encontraban.
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Helga estaba sintiéndose realmente mal, era algo extraño no le dolía la garganta, ni sentía ningún otro síntoma de gripe o resfrió, no le dolía la cabeza, ni tampoco el estómago, solo sentía náuseas y unas verdaderas ganas de dormir, se sentía cansada, temía vomitar en su presentación pero debía tranquilizarte, tal vez era por haber dejado de comer como antes.
-Con ustedes la autora de este maravilloso libro –Comenzó a comentar el director de la biblioteca –Helga Geraldine Pataki
Ella se golpeó mentalmente al escuchar que dio su nombre completo pues ella no quería que lo dijeran completo, pero en fin.
Comenzó a caminar hacia la gente, entre ellos estaba Phoebe en la esquina, lentamente trato de respirar y calmar las molestias pero no se iban –Bien…primero que nada…yo…. –Oh, oh ahí de nuevo.
-¿Señorita Pataki está bien? –Pregunto uno de los asistentes que me pusieron, que realmente eran un fastidio, solo asentí tratando de respirar nuevamente para tranquilizar los malestares pero cuando alce la mirada…
"¿Arnold?" pensé mientras mi mirada se perdía un momento en sus verdes ojos, el me miraba entre apenado y feliz, podía notarlo, yo estaba por decirle muchas cosas pero…
-¡¿Señorita Pataki?!
-¡¿Helga?! –Arnold y Phoebe se escucharon sobre todos los gritos de los demás, pero yo solo deje que la oscuridad me envolviera.
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Al despertar estaba en una pequeña camilla de primeros auxilios, donde estaba un doctor mirándome mientras anotaba sus observaciones en una libreta. -¿Qué…que me paso?
-Veo que ya despertó, señorita Pataki
-Si…como sea –Murmuro molesta –Ya me voy…debo terminar con…
-Señorita Pataki, en su estado…debe de cuidarse
-¿Estado? No le entiendo Doc., dígame ¿Qué es lo que tengo?
El doctor sonrió divertido ante la inocencia de la rubia –Bueno Helga, no es grave…usted está…
-Ya dígalo de una buena vez para irme –Dijo malhumorada viendo la habitación donde estaba, se imaginaba que aún estaba en alguna parte de la biblioteca.
-Estas embarazada, Helga
"! ¿Qué?! "pensó asombrada y sin creerlo… ¡¿Embarazada?! ¿Em….? Volvió a la oscuridad.
Hola queridos lectores
una enorme disculpa por la tardanza estoy enfermita desde la semana pasada de la gripa uuu ya fui al doctor ahorita pero no se me quita del todo pero aqui estoy :(
bien gano matrimonio subire el epilogo lo mas pronto posible y comenzare la nueva historia, pero esta semana debe haber otro ganador recuerden :D solo pongan en su review que fic quieren que se actualice ;D
gracias a todos por sus hermosos reviews y perdon por no agradecer uno a uno en este momento pero pues estoy enfermita :(
saludos
