Sebastian estaba en medio de la confusión, dolor y celos al escuchar como esos jadeos de su pequeño amo ya no eran para él, ahora se los brindaba a alguien más, pero admitía que era el precio por su error, el peor error de su demoníaca existencia, pero a pesar de ser un vil y frío demonio sentía como en su ser algo se quebraba, ese amor que nunca esperó que su ser albergaba ahora parecía esfumarse entre sus manos, lentamente se alejó de la habitación con el corazón roto.

-Nhn…- Jadeaba el conde sintiendo como sus pulmones parecían ya carecer de aire, debía admitir que le gustaba la forma en que lo besaban, pero estaba en la habitación donde había compartido muchos momentos de su relación amorosa con su mayordomo, hasta para él le parecía algo deshonesto y bajo, estar ahí en esa situación por muy agradable que se sintiera, era el refugio con su anterior amor, y de algún modo se sentía culpable e incómodo. Undertaker comenzó a sentir la incomodidad del joven que besaba apasionadamente, pues este ya no correspondía el beso como al principio, poco a poco se separaron, el peliblanco en silencio se sentó en la cama mientras el conde desviaba la mirada avergonzado.

-Mi hermoso conde… a veces no lo entiendo…- Habló el shinigami con una sonrisa entre burlona y sarcástica, su mirada se fijó en el joven que no acertaba a saber que era lo que sentía, era una mezcla de emociones.

-No sé de qué hablas…- Murmuraba el jovencito que lo miraba con molestia, pues no entendía que trataba de decir o por qué le sonreía así,

-Bien que lo sabe…-Dijo el peliblanco sin borrar esa sonrisa. -Usted siente que traiciona a su demonio al estar aquí conmigo… Se supone que intenta olvidarlo pero trata de mantener inmaculado este su refugio, ¿Pretende preservar su recuerdo eternamente?- Seguía hablando y a la vez que disimulaba sus celos, porque sospechaba de la actitud del conde, quien desviaba la mirada pretendiendo ignorarlo.

-O ¿Será que ya se arrepintió de lo que hace conmigo?- Dijo con algo de molestia Undertaker borrando su sonrisa, poniéndose serio no dejaba de mirarlo mientras esperaba la respuesta, el conde se incomodó más y ciertamente no sabía que responder, tal vez era cierto lo que le dijo o no era eso, estaba muy confundido.

-No es eso…- Acertó a decir el conde en medio de su confusión, sentándose junto al peliblanco , ambos se quedaron en silencio.

-Sabe… Su mayordomo ya accedió a lo nuestro…- Dijo en forma burlona el mayor, sorprendiendo al conde con esas palabras.

-¿Por qué dices eso?- Cuestionó con curiosidad Ciel mirándolo con expectativa esperaba una explicación.

-El estuvo parado fuera de la habitación hace un momento…- Respondió señalando la puerta de la habitación, ya que el podía percibir las presencias demoníacas y notó cuando Sebastian estuvo fuera de la habitación así como percibió al marcharse.

-¿Nos escuchó?- Dijo confundido el conde casi de forma inmediata, gesto que molestó al otro pero que disimuló muy bien. -Si…- fue la respuesta del mayor con una pequeña y falsa sonrisa.

-¿Por qué esa carita?- Cuestionó el shinigami al ver como se había quedado en silencio el conde ya que su rostro parecía triste y pensativo con su dedo comenzaba a acariciarlo lentamente.

-¿Querías que el entrara y reclamara lo suyo…?- Preguntaba con ironía Undertaker parecía molesto y esto lo percibió el menor que lo miraba con sorpresa ante esa actitud.

-¿Tu mirada refleja decepción y tristeza?- Seguía cuestionando pero su caricia se tornaba más firme, parecía clavarle un poco más la uña, el conde extrañado solo miraba esa actitud tan posesiva y celosa de su nuevo amigo.

-Creo que si…- Murmuró el peliblanco algo decepcionado

-Tal vez el simplemente se rindió… Tal vez nunca te quiso, como lo decía… mi querido Ciel- Fueron las palabras cargadas de molestia del shinigami al escucharlas el conde agachó la cabeza, pues eso parecía ser cierto.

-Si yo hubiera estado en su lugar, hubiera entrado y no permitiría que nadie me arrebate lo que es mío…- Dijo con certeza el mayor levantándole el rostro. -Supongo que él y yo somos distintos- Tan callado estaba el conde que el peliblanco continuaba hablando.

-Mejor me voy…- Se despedía el mayor levantándose de la cama se disponía a marcharse, pues ya la situación se estaba tornando muy incómoda para ambos.

-Undertaker…- Le llamó Ciel con un pequeño murmullo el otro al escucharlo volteó a verlo. -Dígame- Decía con una pequeña reverencia.

-Estoy muy confundido…- Murmuró el conde con la mirada triste se recostaba en la cama tocando su cabeza en señal de confusión y frustración a la vez, pues sentía que su corazón estaba dividido.

-No quise hacerte sentir mal.- Le susurró el peliblanco colocándose sobre él de forma sutil, el conde se sonrojó al sentirlo así, pero tampoco negó este acercamiento tan peligroso.

-Yo estaré para ti… me ames o no- Fueron las dulces y sinceras palabras del shinigami, mirándose mutuamente, el conde le regaló una pequeña sonrisa y contenía sus ganas de abrazarlo. -Buenas noches- Terminaba de decir rozando sus labios a los del otro que embelesado se dejaba consentir con esa despedida.

-Gracias- Fue el susurro del orgulloso conde pues con esa muestra de afecto de parte de Undertaker en su interior algo de su confusión se aclaraba.

-¿El joven Phantomhive agradeciendo…? – Se le burlaba el mayor con una sonrisa levantándose de su pequeño cuerpo, ya que era tentador tenerlo así, y sabía que era muy pronto para tener un encuentro más íntimo. El conde lo miraba mal por esa leve burla hacia él.

-No es nada… Tú te has convertido en mi mayor tesoro.- Dijo con una sonrisa el mayor pues Ciel no era el único confundido, él también lo estaba, ya que antes de empezar esta relación con el conde suponía que era una atracción que sentía hacia él, pero ahora al conocerlo más, esa atracción se estaba convirtiendo en un sentimiento más profundo y fuerte.

-Te acompaño…- Se ofrecía tímidamente el conde al escuchar esas halagadoras palabras del shinigami, era su tesoro y eso de alguna forma lo hacía poner de buen humor.

-Mi conde hermoso puedo ir solo, nos vemos mañana- Se despedían en la habitación con un pequeño beso en los labios, el conde asintió y se quedó solo y se recostó en la cama, el shinigami caminaba por los pasillos hacia la entrada principal, esa mansión le traía muchos recuerdos, cuando en el salón principal se encontró con el mayordomo, parecía que lo estaba esperando.

-Tú…- Dijo el demonio al ver como se acercaba el shinigami que serio lo miraba fijamente, fue entonces que los dos comenzaron a hablar por un par de minutos, cuando la visita salió de la mansión con una pequeña sonrisa.

Esa noche el conde tenía una extraña en su ser y no quería ver a su demonio así que se encerró en la habitación, estaba debatiendo su corazón entre su primer amor y un nuevo amor, no quería compararlos, porque cada cual a su manera le hicieron y hacían sentir amado, pensaba en su demonio quien cometió un error muy grave, pero el juego que había planeado para vengarse se le estaba yendo de las manos, porque ahora en su corazón albergaba un fuerte y cálido sentimiento hacia ese shinigami que con sus locuras , palabras, sonrisas, caricias y besos lo estaban cautivando sin notarlo, se suponía que solo lo usaría para vengarse del demonio pero ahora solo se sentía confundido, en medio de sus pensamientos no podía conciliar el sueño.

Eran las tres de la mañana y en la habitación del conde se escuchaba un grito de dolor y desesperación que irrumpió en esa fría madrugada, todos los sirvientes salieron corriendo de sus habitaciones a la recamara principal donde se suponía dormía su amo, al llegar entraron sin esperar que se les diera permiso pues se escuchaba los jadeos de dolor.

-Joven amo…- Dijeron todos alarmados y asustados dispuestos a atacar si alguien hubiera dañado a su amo, quien sentado en la cama se retorcía de dolor y se tocaba su ojo del contrato con fuerza.

-Me duele…- en medio de su dolor murmuraba el conde sin dejar de tocar su ojo, era mucho más doloroso que cuando se formó el contrato.

-Está sangrando su ojo…- Decía preocupada y alarmada Meyrin cuando encendió la luz y miraba el parche de su amo manchado de sangre y lágrimas que corrían en su mejilla de igual tono carmesí, los demás sirvientes buscaban si había rastros de alguien.

-Déjeme revisarle- Habló Meyrin al notar como seguía saliendo sangre de su ojo, se le acercaba para ayudarle.

-No… llama a Sebastian, él sabe que hacer- el conde le gritó alterado para que no se le acercara, y ahora notaba que su demonio no estaba allí y ese dolor en su ojo con el sello del contrato solo significaba algo.

-¿Sebastian?- Murmuraba Ciel con tristeza y profundo pesar, sospechando que algo le hubiera pasado a su demonio, aun con su dolor se disponía a levantarse a buscarlo.

-Iremos a buscarlo no se levante…- Dijeron sus sirvientes deteniendo su andar, el conde resignado y ya que se sentía mareado se quedó en la cama junto con la sirvienta que de pie junto a él le tranquilizaba, pasaron pocos minutos cuando Finny entró corriendo con una carta en sus manos.

-Solo encontramos esto en su habitación.- Murmuró con tristeza el jardinero entregándole la carta, y un gran pesar llenó al conde que sin leer esa carta ya suponía de que se trataba, su demonio se había marchado y tal vez para siempre.

Muchas gracias por seguir este fic, espero les haya gustado

disculpen la demora,

besos :*