La confesión
Apenas dejó su celular en la sala de telecomunicaciones y comenzó su última ronda médica notó de inmediato el cambio que la música ambiental que ella había puesto relajaba el ambiente en todas las salas. Ya no había tantas caras tristes y desesperanzadas, al contrario, era como si la música hiciera más efectos que los analgésicos y calmantes, influyendo también en el buen humor de todos, en la cooperación. Asami observaba sonriente como algunos pacientes ayudaban más a Kai con su brazo aun vendado que él a ellos, lo que causaba a que éste se prestara para bromas dentro de la sala, aumentando el buen ambiente. Pronto supo que ella no era necesaria allí, no porque no fuera bienvenida, simplemente quiso quedarse como una silenciosa espectadora que ya había visto suficiente.
Afuera el aire estaba fresco, y el suave silencio veraniego la invitaba por un paseo nocturno, el cual no pudo rechazar. Desde unos parlantes cercanos le llegaba la música, su música, mientras andaba sus pasos entre el camino de pequeñas piedrecillas, satisfecha como nunca. La canción estaba por terminar, y en su mente se preguntó vagamente a qué se reproduciría a continuación, repasando mentalmente todas las canciones que tenía en su dispositivo, pero ésta comenzó de forma muy extraña.
Unos gemidos la hicieron detenerse de inmediato ¿qué era eso? ¿algún audio desvergonzado que alguien le podría haber enviado? En un microsegundo temió lo peor, que Sokka por molestarla le haya enviado algo alguna vez y ella no lo hubiera borrado, algo para mayores de edad, pero el sonido continuó.
- "Si hubiera sabido que moriría en un país extranjero…" - ¿qué era…? – "Hubiera vivido una vida sin preocupaciones en lugar de concentrarme en convertirme en profesora del hospital"
- ¡Oh! – exclamó Asami entendiéndolo rápidamente. No era porno como había pensado ¡era peor! ¡mucho peor! ¡era de esa vez que casi murió en el barranco! -. ¡Oh mierda! – gritó y se echó a correr en dirección hacia la sala como si el diablo la persiguiera.
- "Hubiera disfrutado la vida sin ser tan amargada" – continuó el sonido, seguido por un llanto.
- No, no, no, no, no, no – repetía Asami mientras corría lo más rápido que sus piernas le daban. Ahora más que nunca deseó que aquella grabación hubiera sido gemidos sexuales enviados como broma por Sokka, a que todos estuvieran escuchando eso.
- "Oh, no… Dejar palabras como estas antes de morir es tan denigrante, ah… Korra ¿estás en camino?... aun no llegas, aun no llegas…"
Mientras tanto Korra escuchaba atenta la grabación. Estaba sentada sobre el gran escritorio, mirando fijamente al suelo. No quería ver el rostro de Iroh, eso la incomodaría, sacándola de su temporal burbuja de felicidad. Estaba feliz al escuchar los verdaderos sentimientos de Asami, esos que ella tanto se obstinaba en ocultarle. Imaginaba su rostro, surcado en lágrimas desvergonzadas, sufriendo aquellos últimos momentos, preguntando por ella, esperando por ella, diciendo toda clase de cosas que siempre deseó escuchar en persona, y que ahora recién venía a oírlo, desgraciadamente no era como ella esperaba. Aun así, estaba feliz.
- "Ah, no creo que poder soportar esto hasta que llegues acá... Aun así, tú serás la primera en encontrarme si este auto se cae y muero" – continuó, echándose a llorar nuevamente.
Asami ya estaba dentro del edificio, subiendo las escaleras eufóricamente, escuchando el eco de su voz amplificada, de sus llantos y gemidos, implorando por Korra.
- "Sin embargo, si hubiera sabido que moriría así…entonces debí haberte dicho mis verdaderos sentimientos…"
- ¡No lo hagas! – gritó Asami, cerrando sus ojos con fuerza, totalmente avergonzada mientras corría. Estaba ahí ¡la puerta estaba ahí! Solo unos pasos más y entraría a darle fin a todo.
- "Que fui besada por una mujer sorprendente… Sigo pensando en eso…"
Todo sucedió en cámara lenta mientras escuchaba lentamente cada sílaba de cada palabra de una última frase. Abrió estrepitosamente la puerta y el corazón pareció abandonarla cuando observó el rostro de Korra, sentada en el escritorio frente al parlante. Bajando la mirada avanzó hasta el parlante, sin mirar hacia ningún otro lado, alargando su mano, degustando ya el celular en su poder.
- "Korra… realmente me gustaste"
Escuchando aquellas últimas palabras como si se trataran de cuchillos que la apuñalaban, lo único que pudo obligarla a abrir los ojos opacados por la vergüenza fue el sentir algo duro entre sus manos: su celular. Al fin, y sin detenerse para nada, apenas lo cogió dio la media vuelta, desconectándolo, devolviendo sus pasos como si hubiera rebotado en los parlantes, y ahí, recién cuando estaba por cruzar la puerta, fue cuando observó a Korra a los ojos, aquellos desvergonzados y brillantes ojos llenos de dicha.
Sintió como si nuevamente hubiera caído por aquel barranco.
Apenas desapareció Asami fue cuando Korra se permitió recién parpadear, asimilando divertida todo lo que había sucedido en tan poco tiempo, interesándose por primera vez en la reacción de Iroh.
Luego de unos segundos, alguien al fin habló.
- La música realmente cambia muchas cosas – le dijo Iroh, aun sorprendido, pero sonriéndole.
- Parece que estoy en medio de ese cambio – le correspondió Korra, y de inmediato se abalanzó hacia la ventana de la sala, saltando hacia el exterior desde el segundo piso, asombrando más al sorprendido medico estrella.
Por otro lado, Asami iba tapándose los ojos con una mano mientras bajaba la escalera. No podía quitarse esa aplastante vergüenza de encima, lo que más deseaba ahora era desaparecer pronto de ahí, de la base misma si pudiera. Mientras tanto tenía que volver a correr, no quería que Korra la alcanzara, no quería verla, a ella menos que a nadie.
Avanzó con rapidez hasta alcanzar la puerta que daba hacia el exterior, lista para echarse a correr hasta perderse en el campo, y con un poco de suerte quizás se encontraría con una jauría de lobos que terminarían de una vez con todo eso. Pero antes incluso de que sus pies tomaran el impulso para aquella acción, antes siquiera de poder haber alcanzado a girar la manilla de la puerta ésta se abrió, asustándola, dejándole ver a la única persona que estaba por evitar.
- ¡Ah! ¡Korra! – gritó Asami, dando un salto hacia atrás, y continuó retrocediendo mientras asustada observaba como Korra avanzaba hacia ella -. ¿Co-cómo es que estás aquí?... ¿por qué estás aquí?
- Tengo una ventaja en cosas como éstas – le respondió al acecho.
- Ah… ¿así que estás usando el entrenamiento de fuerzas especiales que se supone que utilizas para proteger al país en algo como esto? - ¿Qué mierda estás diciendo, Asami?
- ¿Por una razón completamente personal? Claro que sí, porque alguien por completo lo anunció públicamente – le sonrió.
- ¡¿Eso no es…?! ¡No…! – pero ninguna frase la podía terminar. Podía sentir su rostro enrojecido, irradiando calor, mientras dejaba salir palabras incoherentes que penosamente intentaban justificar aquella grabación.
- ¿No qué? – se burló Korra.
- ¿Por qué estabas escuchando las grabaciones de otras personas? – preguntó desesperada Asami, logrando formular una frase completa, aunque no era una necesariamente inteligente.
- No es como si lo hubiera buscado, solo lo oí.
- Solo porque escuchas algo ¿lo oyes cuidadosamente? – continuó exasperada. Quería detenerse, quería salir de ahí, pero sabía que en el momento en que callara Korra la bombardearía. Rápidamente dejaba que las palabras salieran sin filtro de sus labios, listas a llenar el silencio cuando una risa irrumpió en la "conversación". Korra de pronto estuvo riendo frente a ella, observándola divertida, haciéndola enfadar y avergonzarse aún más.
- Eres muy linda cuando dices argumentos ridículos – dijo la capitana con una brillante sonrisa, que de inmediato borró, sustituyéndola por un semblante más amenazador, que se lanzó a ella, haciéndola retroceder más mientras la escuchaba -: ¿Por qué estabas huyendo?... Cuando estabas a punto de morir tuviste el corazón para confesar, pero ahora que estás viva ¿cambiaste de opinión?
- ¿Co-confesión? Esa no fue una confesión – dijo intentando sonar segura.
- Eso – apuntó Korra a un parlante del comedor -, hace un momento era la voz de la doctora Sato.
- No fui yo – mintió descaradamente Asami.
- Este celular es tuyo – continuó Korra, arrebatando el dispositivo de sus manos, mostrándoselo para que detuviera todo eso, pero estaba obsesionada con negarlo.
- No lo reconozco – volvió a mentir, pero supo que eso ya no era creíble, nada lo era -. Ah… basta, detente un momento, deja de hablar – dijo Asami, desistiendo de todo intento.
Korra detuvo su acecho, observando el rostro complicado de Asami, sabiendo que ella se había rendido. Pero, de lo que la doctora no se acordaba era que ella ya hace tiempo también se había rendido con ella. Era ella la que siempre tenía todas las de perder frente a Asami.
- Es un honor saber que estoy en tus últimas palabras – le susurró Korra, intentando romper la tensión.
- Si lo sabes, entonces es suficiente – respondió Asami, y enseguida intentó avanzar, como si todo hubiera quedado aclarado.
- No es suficiente – la detuvo Korra, tomándola de un brazo.
- Korra – habló Asami, mirándola con tono de súplica -, de verdad tengo que…
- No tienes nada que hacer. Deja de rechazarme ¿sabes cuantas veces me has rechazado? – reprochó, alzando sin querer la voz, consternando más a Asami y pronto la capitana se dio cuenta de ello, deteniendo sus palabras, tomándose un tiempo para calmarse -. Tengo que escuchar la respuesta de si esa fue una confesión o no.
Asami tragó el espeso nudo que se había quedado atrapado en su garganta.
- Te responderé – dijo luego de unos segundos -, así que suéltame y entonces hablaremos.
Korra se quedó observándola fijamente, sin confiar en sus palabras.
- En serio – terminó diciendo Asami.
- ¿De verdad? – pregutó Korra, como si aún no pudiera creerlo.
- Sí – asintió Asami con su cabeza.
Korra vislumbró una luz de claridad, al fin iban a hablar de ello, y con aquella esperanza soltó lentamente el agarre del brazo de la doctora, atenta a las siguientes palabras que saldrían de su boca, de sus labios levemente entreabiertos. Tragando con dificultad observó cómo Asami pasaba la lengua por los suyos, preparando sus palabras… y enseguida todo había desaparecido.
- ¡Caíste! – escuchó la voz infantil y alegre de Asami mientras veía impactada cómo ésta se alejaba corriendo hasta la otra puerta del comedor, y lo último que vio de ella fue su ondulado y oscuro pelo negro desaparecer entre el marco de la puerta.
No lo podía creer ¡¿era en serio?! Pero a esas alturas no podía enfadarse, así que lo único que hizo fue reír fuertemente por todo lo que había sucedido, por aquella intrépida doctora que la había engañado, a ella, la que se supone era la capitana de las fuerzas especiales. Era algo cómico.
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Lejos de ahí, detrás de las barracas donde dormían los soldados, estaban sentados en la intemperie Mako, Meelo y los dos mellizos, quienes sonreían cómplices entre sí, observando el rostro endurecido y enfadado de Mako, quien no paraba de mascullar cosas entre dientes.
- ¿Lo ves? Tenía razón – apuntó Wing dándole un codazo a Mako, quien a regañadientes sacó su billetera para extraer unos cuantos yuanes, listo para pagar una estúpida apuesta que había perdido contra los mellizos. Estaba contando el dinero entre sus dedos, y a continuación se los estaba ofreciendo a Wing, cuando escuchó lo que dijo su hermano mellizo.
- ¿Entonces ahora tendremos que llamar a la doctora Sato cuñada? – propuso Wei, sonriendo.
- ¿Qué? No ¿cuñada de quién? – se alarmó Mako, lanzándoles miradas desaprobatorias, aun conservando el dinero.
- Ellos tienen que casarse para que se convierta en nuestra cuñada – se apuró a aclarar Meelo, como para ponerse del lado de Mako, pero enseguida dudó -, pero ¿eso se puede realizar?
- ¿Qué? ¿casarse? ¡Claro! ¿por qué no? – respondió Wei, atento a las manos de Mako.
- Es algo completamente normal ¿no? – secundó su mellizo.
- Tsk ¿pueden pegarse al manual de campo? – dijo Mako - ¡El Manual no dice nada de eso!
- Harían una linda pareja – continuó Wing, ignorándolo.
- Concuerdo completamente. Suertuda de Korra.
- No me agrada. No me agrada la doctora Sato – profirió Mako.
- ¿Por qué no?
- Es una doctora que tiene mucho dinero, es famosa, muy inteligente y por si fuera poco tiene ese cuerpazo que… - de inmediato Wei calló, censurado por la peligrosa mirada de Mako.
- Es por eso que no me agrada ¿por qué una mujer así se fijaría en Korra?
- ¿Qué quieres decir? – preguntó Meelo receloso.
- Si ¿acaso hay algo malo con nuestra capitana? – desconfió Wing.
- ¿Acaso piensas que no es lo suficientemente buena para ella? – lo acosó Wei.
- ¡Korra las merece a todas! – gritó Meelo.
- ¡No es eso! – se apresuró a excusarse Mako, escondiendo el dinero entre sus manos que ya a estas alturas le estaba molestando.
- ¿Entonces qué es?
- ¿Cómo no lo entienden? ¿Creen que Sato la aceptará completamente? Como si un corazón pudiera cambiar tan fácil en el extranjero, ¡nunca se sabe cuándo ella se arrepentirá! ¡Imaginen si ella sabe lo que nosotros hacemos! Con toda su ética médica y esas cosas, ella no entiende cómo es realmente el mundo ¿Cómo es que no lo entienden? – los acusó Mako -. Ah, es tan frustrante… - dijo, y a continuación se levantó, abandonándolos.
- Hm… oye ¿cómo es Opal? ¿acaso ella no es doctora también? – le preguntó Meelo a los mellizos.
- ¿Por qué preguntas eso? Ahora que está con nosotros puedes conocerla mejor – respondió Wing -. Aww… ¿por qué Mako se está comportando así?
- Hey, pero Mako no nos entregó el dinero que nos debía – apuntó Wei a su hermano.
- ¡Oh! – exclamó éste poniéndose de pie -. ¡Mako! ¡Mako detente!
- ¡Atrápalo! – le gritó Wei poniéndose de pie y yendo en su búsqueda.
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Asami intentaba mantener la calma en esa situación. Había sido convocada para una última reunión antes de que esa desastrosa noche continuara, y ahí estaba, de pie frente a su equipo médico, frente a sus amigos que se habían quedado en la Isla por los pacientes, cediendo sus asientos, comprometidos con la salud. Esperaba que solo fuera así.
Aclarándose la garganta, e ignorando las sonrisas cómplices que le lanzaban desde todos los extremos de la mesa, procedió a hablar profesionalmente de la junta.
- Suki, por favor organiza una lista con los suministros médicos que necesitamos para el final de la noche, y luego hay que enviarla a la capital.
- Muy bien – sonrió ésta.
- Jinora ¿cómo van los pacientes?
- Mejor, aquella música los puso de muy buen humor – dijo con doble sentido.
- Muy bien – repitió, intentando ignorar esto.
- Entonces, para resumir esta reunión – intervino Sokka con una sonrisa maliciosa en su rostro -, podríamos decir que la doctora Sato se le confesó a la capitana ¿verdad? – finalizó, observando a todos en busca de apoyo, el que fue dado en forma de risas y murmullos.
- En esta situación, decir que la capitana se confesó primero pondría las cosas en el orden correcto – agregó Suki, riendo al ver como el rostro serio de Asami no podía ocultar su vergüenza, tiñendo de carmín su pálida piel con cada segundo que pasaba.
- Como todos ustedes son personas inteligentes – logró decir Asami después de unos segundos -, deberían hablar estas cosas a mis espaldas y chismear entre ustedes cuando yo no estoy… Así que, concentrémonos – dijo dando por zanjado el asunto, sin ceder ante las burlas de sus compañeros -. Para aquellos del primer grupo que se irán mañana…
- ¿Entonces hoy es considerado el primer día de relación entre ustedes dos? – interrumpió Sokka.
- ¡Sokka! – protestó Asami.
- Es a partir de mañana – respondió Suki.
- ¡Suki!
- No, por lo general el primer día es a partir de la confesión – agregó Jinora, sorprendiendo a Asami.
- ¡Hey! – exclamó llamando la atención de todos -. Bien, entonces para aquellos el cual hoy es el primer día – se confundió Asami, dándose cuenta muy tarde, emitiendo un alarido de protesta.
- ¡El primer día es hoy! – gritaron en conjunto Sokka y Suki.
- ¿No pueden todos simplemente volver a la capital? ¿eh? – preguntó molesta Asami.
- ¿Para darte más tiempo a solas con la capitana? – continuó Sokka, logrando sonoras carcajadas en el grupo.
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Mientras todos reían en la reunión, a costas de Asami, había una situación completamente distinta a no tantos metros de aquella sala, específicamente en una de las alas donde estaban los pacientes. Ahí se vivía una situación completamente tensa y casi desagradable.
Aang en silencio y con extremo cuidado estaba tomando los signos vitales de los pacientes, pero no de cualquiera, sino los de Chong, quien lo observaba atento y disgustado. Pronto Aang terminó de colocar en su brazo una banda de presión y enseguida se incorporó con lentitud, como para evitar asustarlo.
- Revisaré la presión arterial – le comunicó.
Chong lo miró consternado y de inmediato emitió un sonido de molestia, quitando su vista de él. En ese momento venía ingresando Suki a la sala, lista para su última revisión de pacientes.
- Disculpe, señorita – la llamó Chong -, ¿podría usted revisar mis signos?
Suki se extrañó de aquella petición, ya que Aang estaba a su lado haciendo exactamente lo que él le pedía a ella que hiciera ¿Qué estaba ocurriendo? Para aclarar sus dudas intentó encontrar la mirada de Aang, pero extrañamente la de él estaba perdida, sin ninguna expresión en su rostro. Ahora que lo pensaba, no había visto mucho a Aang.
- ¿Por qué? El doctor está haciendo ello, además gracias a que él lo encontró es que usted está aquí, por lo que no puede haber mejor médico para usted – respondió la chica, intentando alentar a Aang.
- Exactamente por eso – respondió aburrido -. Sigo recordando esa ocasión y eso me hace enfadar demasiado. Además, su mano está temblando ¿Cómo me sentiré seguro con ello? ¿es él realmente un médico?
Ante ese comentario, Suki vio cómo Aang de inmediato escondió su temblorosa mano detrás de su espalda. Lucía asustado, como si algo hubiera sucedido entre ellos dos. No lo sabía con certeza, y desde su escaso conocimiento solo podía hacer una cosa.
- Entonces ¿con quién vas a cambiar? – preguntó mientras se acercaba a la camilla -, ¿acaso quieres a ese doctor tan famoso que está por ahí dando vueltas? – preguntó un tanto burlesca, refiriéndose a Iroh -. Oh, pero él está atendiendo otros asuntos de carácter indispensable… ¿qué podemos hacer? ¿pedirle que deje todo de lado para revisar solo una presión arterial?
Chong captó la ironía con la que se estaba dirigiendo aquella mujer, y de inmediato supo que era mejor no continuar. Aang continuaba sin moverse de ahí, visiblemente incómodo y tímido, eso molestó aún más a Suki.
- Tu médico de cabecera no es alguien a quien tú puedas decidir, menos en un estado de emergencia como éste – dijo Suki, poniendo orden -. Si quieres mejorar, entonces debes recibir el tratamiento sin chistar – terminado eso se dirigió a Aang, con el mismo semblante endurecido -. Trátalo bien, para que pueda sanar rápidamente.
Aang asintió en silencio y Suki dio por finalizado el asunto, volviéndose hacia otro paciente para revisarlo, pero siempre pendiente de lo que acontecía en aquella camilla en la que la tensión era palpable. Después de unos minutos Aang pronto terminó de tomar la presión del muchacho, y cuando procedía a quitarle el artefacto del brazo, Chong violentamente se lo quitó el mismo, casi tirándoselo al médico para que él no lo volviera a tocar. Aang no demostró nada, es más, actuó como si lo mereciera, alejándose silencioso hasta abandonar la habitación, sin ser consciente de nada a su alrededor, ni siquiera a la vista atenta de Suki, quien había visto toda la escena.
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Asami salió del medicub entre molesta y avergonzada. No es como si no esperase que sus amigos la molestaran, y eso iba a continuar el día de mañana, y por mucho tiempo más, pero para lo que no estaba preparada era para enfrentar a todos los soldados que ahora sabían lo que ella sentía por su capitana. Era algo que no quería afrontar de inmediato, por eso, apenas salió del medicub tuvo que voltearse y hacer como que se estaba estirando cuando vio a dos soldados pasar cerca de ella. Cuando estuvo segura de que ya no estaban cerca procedió a moverse con más cautela. Debía llegar a su "habitación" sin encontrarse con nadie del rubro militar.
Con esa idea en mente, se desplazó casi pegada a la pared del medicub, atenta al sonido de las pisadas en la gravilla, esperando en la equina y cuando ya no oyó ningún sonido salió de su escondite, para rápidamente detenerse a tiempo al ver que Korra pasaba junto a Bolin a unos metros de ahí. Avergonzada retrocedió rápidamente, guarneciéndose en las murallas, cuando su espalda chocó con algo suave. Asustada se dio la vuelta y exclamó cuando se percató de que Opal la había visto haciendo todo eso.
- ¿Qué estás haciendo? – le preguntó.
- No estaba haciendo nada – se justificó Asami.
- Estabas haciendo algo. Parecía como si estuvieses evitando a gente, porque se nota que estás avergonzada.
Entre toda la gente con la que podría toparse, justo tuvo que hacerlo con Opal, quien al parecer estaba disfrutando con todo aquello, sacándole en cara todo, sin otra intención más que la molestarla.
- Tsk, sólo ve por donde estabas yendo – emitió enfadada Asami, sin tiempo para gastar peleando con ella.
- Tienes agallas, Sato, sobre todo para pensar en salir con la capitana del Equipo Alfa de Fuerzas Especiales. No es cualquier persona, y aun así… tu siempre vas por lo más alto ¿no? ¿aunque sea mujer?
Asami no dijo nada, no era para nada como lo había dicho, ella no lo entendía.
- Beifong, déjame preguntarte algo – dijo más tranquila.
- Dime. No te pongas seria conmigo – emitió Opal, y enseguida se cruzó de brazos, apoyando su cuerpo en la pared del medicub -, el ejército es mi territorio.
- Para ti, el trabajo que hace tu novio... ¿eso no te molesta? ¿no te asusta el saber que puede lastimarse, o desaparecer?... ¿no tienes miedo de esas cosas? No lo sé muy bien, pero el Sargento Bolin también hace un trabajo peligroso junto a Korra.
Opal demoró en responder, esa pregunta le resultó lastimosamente familiar.
- Para ser precisa, el usar varias rutas de tierra, agua y aire para penetrar detrás de las líneas enemigas, y el reconocimiento de las operaciones militares de las guerrillas, la recopilación de inteligencia, operaciones de rescate de rehenes, destrucción de instalaciones militares claves, persuasión para la rendición, etc., son tareas que se llevan a cabo durante el uso de nuestras vidas como garantía – dijo Opal, en un principio confundiendo a Asami, pero enseguida ésta comprendió que lo había dicho para ejemplificar qué tan bien preparados estaban todos ellos para todos los escenarios posibles. No estaban listos para morir -. Pero, más de lo que él hace, estoy más asustada de estar separada de él. Ese es el por qué no tengo miedo de nada ahora mismo, porque estamos bajo el mismo cielo. Para ponerlo simple, estoy cegada por amor – respondió sin inmutarse, casi orgullosa de sus palabras -, así es como me siento.
Apenas terminó su respuesta, Opal determinó que no había nada más que decir. Sus intenciones de molestar a la doctora habían cambiado radicalmente en el momento en que ella le formuló la pregunta. Entendía cómo se estaba sintiendo, más aún conociendo la tosca personalidad de su otrora rival universitaria, eso las hacía tener algo en común, y en honor a ello no le diría nada en vano esta vez. Quizás su confesión bastara para que ella pudiera aclarar, aunque sea un poco, la compleja situación por la que debía estar pasando.
El silencio de la doctora bastó para que entendiera que todo lo dicho había hecho mella en ella, por lo que se alejó de la doctora sin siquiera despedirse.
Opal avanzó en silencio, volviendo de vez en cuando su mirada hacia donde había dejado a Asami, hasta que desapareció de su campo visual. Aun pensaba en la pregunta hecha por la doctora, inventando mil respuestas más, y en eso estaba cuando a lo lejos observó a Korra, quien estaba sentada en las escalas de la entrada del edificio principal, con la misma cara entristecida de Asami, mientras distraída lanzaba una piedra blanca hacia arriba, la cual caía entre sus manos despreocupadas. Opal avanzó hasta coger la piedra entre sus manos, y fue recién ahí cuando Korra notó su presencia.
- ¿Por qué el aspecto de miseria? – preguntó Opal, a pesar de intuir la respuesta.
- No es miseria, sino angustia – respondió la capitana, sin ánimos de bromear, como suponía -, así que, déjame preguntarte una cosa… ¿alguna vez has estado molesta por la ocupación de Bolin?
¿Era una broma?
- ¿Por qué todos están con esa pregunta? ¿es la pregunta del día? – exclamó Opal, confundiendo a Korra -. Si van a preguntar lo mismo, hablen la una con la otra.
- ¿Qué estás diciendo?
- Recién Sato me preguntó lo mismo – respondió, observando la expresión de sorpresa en Korra.
- ¿Y qué le respondiste? – preguntó inquieta.
- Escúchalo de ella tú misma – le dijo sin ninguna sutileza. Ella no adoptaría el papel de mensajera -. Esta no es una guerra de inteligencia. Una guerra cara a cara es la respuesta, capitana.
- Tsk – masculló irónica Korra, recostándose en las escalas -. Tú dices eso, pero estás…
- Bueno, yo siempre estoy en una guerra mano a mano – sonrió, y recién ahí observó detenidamente la piedra que le había quitado a Korra -. ¿Qué es esto? ¿a quién se lo vas a lanzar?
- Estaba a la mitad de elegir. Dámela – pidió Korra, alzando perezosa su mano, pero atenta al preciado objeto. Opal fue más rápida, y retrocedió en el instante que la capitana pensaba arrebatársela.
- Intenta quitármela – bromeó.
- No querrás arrepentirte, así que ven aquí.
- ¿No crees que puedas contra mí? – continuó mientras retrocedía, ostentando la piedra entre sus manos, y tan preocupada estaba de no quitar su vista de Korra, que jamás notó cuando tropezó con algo, o alguien y cuando volteó para disculparse, sus ánimos de jugar con Korra se esfumaron en el instante en que el rostro serio de Bolin estuvo a pocos centímetros del suyo. Era tiempo de marcharse, pero Bolin la detuvo.
Opal no necesitaba de mucho para saber lo que estaba pensando aquel chico.
- Ese es el por qué te dije que vinieras aquí – escuchó decir a Korra detrás de ella.
- ¿Creo que interrumpo algo? – dijo Bolin -, parecía que había un muy buen ambiente entre ustedes dos.
- ¿Qué es esto? ¿no puedo ser amigable con mi capitana?
- ¿Mi capitana? – repitió Korra detrás.
- ¿Aun estás enojada? – preguntó Bolin, más sonriente.
- ¿No debo estar enojada? – respondió levantando la voz -. No es como si te estuviera pidiendo que lo hagas todo el tiempo con tres descansos de treinta minutos al día – continuo, refiriéndose a la petición de un beso que Bolin le había denegado -, sólo te pedí que lo hicieras cuando no había ojos viendo, sin embargo, rehuiste decididamente… Sólo vete a arrepentirte de tu error.
- Aaaahhh – dijo Korra, llamando la atención de ambos, quienes la observaban mientras se acercaba -. ¿Eso? Esa cosa donde tu… ¿eso? – dijo mientras apuntaba a ambos con sus dedos, dándole codazos a Bolin y guiñándole un ojo a Opal, pero ninguno de ellos parecía simpatizar con ella.
- Eso no – respondió Opal, lanzándole una fría mirada, intuyendo sus sucios pensamientos -. Tomarse de las manos, abrazarse por un momento… solo pido eso ¿acaso no lo haces con Asami? – preguntó con el único motivo de avergonzarla, conociendo, nuevamente, la respuesta, pero no tenía tiempo de profundizar en ello -. Él no ha tomado ninguna vez mi mano apropiadamente, y si tiene que retenerme siempre es por el brazo o el hombro – dijo, acusando a Bolin, quien esta vez era su turno de avergonzarse.
- Ohh – lo culpó Korra.
- Ohh – se burló Opal -, idiota, tú debes ser igual, por algo son amigos - Dicho esto Opal se acercó a Korra, tomando su mano para luego depositar aquella piedra blanca en su palma-. Toma, por favor tírasela entremedio de sus cejas, quizás así se le vaya la estupidez.
Dijo eso y se fue.
Ambos la observaron aun asombrados por su desempeño, por siempre manipular la situación para volverlas a su favor. Pasado unos segundos, Korra fue la primera en romper aquel silencio formado.
- Bien, muchas cosas en una sola noche. Me iré a dormir – dijo mientras se dirigía hasta las escaleras del edificio -. Haz lo mismo, o ve y hazle todas esas cosas a ella – bromeó -. Buenas noches, idiota.
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Otro nuevo día y las cosas parecían volver a ser normal. El cantar de los soldados que desde temprano hacían ejercicio se escuchaba por todo el campamento, como ocurría cada día, y como también era usual, en el mismo y estratégico lugar estaban Asami, Suki y Jinora atentas al pasar de los soldados, anonadadas en cada trote que ellos daban, en cada músculo contraído, en cada gota de sudor que bajaba por sus cuerpos. Era todo un espectáculo.
- Quedarnos fue una muy buena idea – comentó Jinora, apoyada en un pequeño cerco que separaba el camino con el pequeño y discreto lavadero en el cual estaban.
- Parece que hemos regresado a la vida normal – agregó Asami, sin apartar su vista del grupo.
- Es agradable que los símbolos de una vida normal sean músculos y abdominales – dijo Suki.
Las tres rieron, divertidas en su juego, aunque sin despegar sus ojos de aquellos hombres que intentaban ser indiferentes mientras pasaban junto a ellas.
- Dijiste que había una reunión en el campamento principal – le comentó una distraída Suki a una distraída Asami -, ¿no estás atrasada?
- Solo es un atraso – respondió aun distante la doctora.
Jinora notó que Asami no estaba bromeando, es más, aun no despertaba del hipnótico contoneo de aquellos hombres ¿no debería sentirse un poco menos atraída a ellos? Quizás era un cambio paulatino el que tenía que formarse, o qué sabía ella, pero estaba dispuesta a hacer una pequeña prueba.
- Oh ¡buenos días capitana! – exclamó dirigiéndose hacia alguien detrás de Asami.
Y como si esa hubiera sido una palabra mágica, Asami de un salto comenzó a correr, alejándose de ellas, para el gran deleite y asombro de Jinora. Suki rió ante el actuar de su jefa de equipo, quien había caído directamente en la trampa de la enfermera.
- ¿Por qué ella es engañada por una cosa como ésta? – preguntó Jinora, mientras veía a Asami desaparecer por el camino -, ¿tal vez no fue solo un beso lo que ellas compartieron?
- Jinora – llamó su atención Suki.
- ¿Sí?
- ¿Realmente la gente se besa en medio de su trabajo y vida personal así? – fue una pregunta hecha con un tono que bordeaba el escándalo.
- ¿Qué?
Mientras tanto Asami jamás dejó de correr hasta que estuvo a las puertas del edificio principal. No se detuvo ni se molestó en mirar hacia atrás, hasta que estuvo convencida de que nadie la seguía. Agotada por realizar un trabajo de gran gasto energético tan temprano en la mañana y sin preparación previa, apenas estuvo resguardada por murallas se detuvo y apoyó su peso en sus rodillas, tomando rápidas y cortas respiraciones, exhausta y avergonzada. Tan preocupada estaba en ello, que jamás se dio cuenta de que cerca de aquella muralla en la que había decidido descansar, había una ventana, y apoyada en ella no estaba nadie más que la mismísima capitana. Ya era tarde cuando sorprendida casi tropieza al retroceder en el momento que descubrió a Korra observándola divertida desde arriba.
- ¡Ah! ¡Me asustaste! – exclamó Asami entre jadeos -, pero ¿por qué estás aquí?
- Porque he estado aquí desde hace rato – respondió sonriente Korra. Fue ahí cuando Asami se dio cuenta que había caído en una trampa, y de inmediato cerró los ojos por haber sido tan estúpida -. ¿Fuiste engañada?
- Tsk, esto es debido a- se detuvo en medio de la frase. Quedaría más mal si es que le decía que por su culpa había sido engañada -. Estoy muy ocupada, tengo que ir a una reunión… así que, nos vemos.
Pero antes de que lograra dar un segundo paso, Korra la retuvo por un brazo.
- Yo también tengo que ir a esa reunión. Parece que estaba predestinado que me encontrases para que te diera un aventón.
- Iré por mi cuenta.
- ¿Para que cuelgues de nuevo por un acantilado?
- Si eso sucede, tú aparecerás.
- Tsk, ¿por qué estás continuamente huyendo? Me evitas incluso después de confesarte, me evitas incluso después de incluirme en tu testamento.
- Ese no era un testamento – respondió Asami, levemente avergonzada.
- Dijiste que tu corazón constantemente se agitaba.
- Esa no era realmente yo.
- Está bien – dijo Korra emitiendo un cansado suspiro. No podía con ella cuando estaba a la defensiva, aun eso era tema sensible para Asami -. No estoy preguntando por tu sinceridad… Mira, vamos a pensar que tú no perdiste porque tus sentimientos fueron expuestos, aunque incluso así, me gustas más.
Asami no pudo evitar sonreír ante toda esa palabrería. Y así sin más sus defensas una vez más habían sido penetradas por las ingeniosas palabras de la capitana, quien seguía observándola con aquella profunda expresión que captaban absoluta y peligrosamente toda su atención.
- Deja de bromear.
- Nunca bromeo con esto -. Un ruido detrás de ella hizo que Korra por unos segundos volviera su vista hacia el interior del edificio, encontrándose con la mirada de Bolin. Rápidamente volvió hacia Asami -. Te veré en la puerta principal en diez minutos.
Unas cuantas horas después, Asami y Korra venían de regreso a la base sentadas sobre un gran Jeep de la milicia. Solo ambas habían sido citadas, en representación de toda la base, y había resultado ser una reunión extremadamente concisa y precisa sobre las nuevas pautas de las cuales se guiarían hasta que se depusiera la situación de catástrofe.
- Porque era una reunión en la base, pensé que sería muy estricta – comentó Asami -, pero todos son muy divertidos.
- Para la gente que se reúne en condiciones adversas, el humor en una condición imprescindible.
- Ah, ése es el por qué – entendió Asami -. Tú haces lo mismo, al parecer. Entre más seria es la situación, más bromeas.
Korra sonrió. Ésa era una de las razones.
- Si estás seria en una situación seria, todo se vuelve muy serio – argumentó.
- Hm, y ¿cómo se siente vivir mientras haces el trabajo que alguien tiene que hacer? ¿estás orgullosa?
- Claro que no, no es propicio para citas – bromeó.
- Ya veo – rió Asami.
- Hablando de eso ¿Cuántos novios has tenido?
- ¿Y a qué viene esa pregunta? ¿por qué todos preguntan eso?
- Oh, el o la anterior a mí que hizo esta pregunta ¿Quién es? – preguntó Korra con semblante serio, pero Asami continuó con su juego.
- Hmmm… - pero antes de que pudiera formular una respuesta, una explosión a su derecha interrumpió abruptamente el ambiente, ocasionando que el auto se elevara por unos segundos por los aires para aterrizar violentamente unos metros más allá, desviándose del camino.
Korra en todo momento intentó mantener la situación bajo control, maniobrando con pericia el vehículo a pesar de que uno de sus neumáticos había sido severamente dañado. Si su actuar no hubiera sido tan rápido como el ataque, el auto se hubiera volcado, y quizás ahora estarían cayendo por el barranco que se presentaba a solo unos pocos metros de donde había detenido el jeep.
- ¡¿Qué demonios fue eso?! – exclamó aun asustada Asami, observando hacia todos lados, aun con el corazón en la garganta.
- No lo sé. Inspeccionaré el área, así que quédate aquí y no te muevas – respondió Korra.
De inmediato la capitana abrió la puerta del vehículo, y sin salir de él se estiró hacia el suelo hasta alcanzar una gran piedra que había cerca, apenas la hubo cogido volvió a incorporarse en el vehículo y eligiendo estratégicamente un objetivo a unos metros de ellas lanzó la piedra, observando el rebote de ella por el camino.
- ¿Qué sucede? – preguntó Asami, atenta a las acciones de Korra, mientras observaba para todos lados.
- Si lo que pienso es correcto, esa fue una mina anti-personal.
- ¿Una mina?
Korra buscó otro objeto pesado dentro del vehículo, decidiéndose por coger una botella de aluminio, y enseguida la arrojó sobre otro objetivo, y ésta apenas tocó el suelo a dos metros de donde estaba el jeep salió volando por los aires, en una violenta y estruendosa explosión.
- ¿En verdad pasamos por sobre una mina? – preguntó asustada la doctora, asombrada de que no les hubiera sucedido nada.
- Menos mal que andábamos en un vehículo de la milicia, en un auto común y corriente no sé qué hubiera sucedido – respondió Korra, adivinando los pensamientos de Asami -. Parece que el terremoto movió alguna de esas minas hasta aquí. Es por ello que no puedes moverte libremente – le advirtió -. Estamos en medio de un campo minado.
- ¿Entonces qué hacemos? – preguntó sacando su celular -, ¡y para variar no hay señal!
Korra levantó su radio y lo único que salía de ella era el ruido de interferencia.
- La radio tampoco funciona. Asami, dame tu bolso – le pidió, y apenas lo tuvo saltó hacia la parte trasera del jeep, abriendo una de las cajas que había ahí, de las cuales extrajo una pila de pequeños banderines los que colocó en el bolso que devolvió a la doctora -. Ahora, vamos a salir de este lugar.
- Pero hay minas por todos lados – dijo intentando no sonar asustada.
- Sólo sígueme, parándote solo donde yo haya puesto mi pie.
Diez minutos después y ambas chicas recién se habían alejado solo un par de metros desde el vehículo. Asami observaba cómo Korra con ayuda de una pala palpaba cada centímetro de tierra antes de decidirse a avanzar, y apenas lo hacía de inmediato se volvía hacia ella para cuidar donde pisara.
- Korra, ¿qué sucede si alguien se para en una mina?
- Ahí solo puede ocurrir una sola cosa – respondió, sin quitar la vista de su trabajo -. A diferencia de en las películas, si uno pisa sobre ella, siempre explotará.
Korra dio un gran salto, avanzando más terreno esta vez, extendiéndole una mano a Asami para que la siguiera, exactamente igual a como ella lo había hecho. Una vez que las dos estuvieron en el mismo metro cuadrado Korra volvió a su trabajo, y ahí a unos centímetros de la pala desterró parcialmente lo que parecía ser un tubo de tamaño mediano que fácilmente se confundía con el entorno. La capitana le pidió un banderín, y Asami enseguida se lo entregó.
- ¿Es esa una mina? – preguntó curiosa mirando sobre el hombro de la capitana.
- Sí. Es una M16-A1. La mejor manera de enfrentar una mina, es ir despacio, así que demoraremos en salir de aquí. Pero no te preocupes – la tranquilizó Korra -, mientras tanto puedes deleitarte con mi sexy trasero.
Asami sonrió, sintiendo un agradable y desubicado sentimiento de calidez.
- Son momentos como éste donde tus bromas me dan fuerza – le dijo.
Ante éstas palabras Korra se irguió, dejando de hacer su trabajo para voltearse a mirar a Asami.
- "No te preocupes" fue la broma – respondió -. Y después de eso fui completamente seria.
- Ah – discrepó, sonriente.
Una hora y media después y ambas habían pasado por aquel campo minado que terminó siendo constatado en diez metros a la redonda. A Asami le pareció un trabajo sumamente agotador sabiendo que estaba a un tiro de roca desde el jeep, distancia que le habría tomado solo unos segundos recorrer, y que ahora, gracias a eso le había llevado casi dos horas. Abrumada bajo el intenso calor del sol, la doctora se permitió desplomarse sobre el suelo, superando airosa otra situación en donde había estado comprometida su vida.
- Con esto ya son dos los vehículos que arruino – comentó desalentada.
- Cierto – sonrió Korra, agachándose junto a ella -. Me gustaría hacer un drama de todo esto, pero contigo casi siempre suelen ser situaciones interesantes. Y ya que arruinaste dos carros, podemos arruinar tu labial.
- ¿Qué?
- ¿Tienes el labial que estas usando ahora? – le preguntó la capitana, observando fijamente sus labios.
Asami no supo qué pensar hasta que torpemente buscó el objeto en su bolso, apenas Korra lo tuvo en sus manos sonrió, y lentamente se acercó hacia la doctora, disminuyendo la distancia entre ellas. Asami no se movió, su mente estaba en blanco, sin entender cómo habían llegado a ello, solo pudo cerrar los ojos esperando sentir algo. Pero nada tocó su cuerpo. Cuando abrió los ojos observó como Korra sonriente escribía algo con su labial en un trozo de madera que antes no había visto, era eso lo que Korra había sacado de su espalda, no se había acercado a besarla, sino a coger ese objeto.
- ¿Por qué tan roja? – se burló la capitana. ¡Ella lo sabía! ¡Lo había hecho a propósito! Fuiste engañada dos veces el día de hoy -, ¿mucho calor? ¿o…?
- Cállate – se apresuró a decir Asami, apartando su mirada mientras sentía como el calor invadía su rostro.
Korra rió juguetonamente, y a los pocos segundos su risa fue compartida por Asami. Se lo merecía. Cuando terminaron de reír, la doctora observó el trabajo de Korra, ella solo usando las cosas que tenía a mano había logrado montar un improvisado, pero funcional cartel el cual advertía el campo de minas.
"Campo de Minas – ¡NO ENTRAR!" decía el cartel, y Korra satisfecha limpió sus manos.
- Listo, vamos.
- Espera un momento – la detuvo Asami, acercándose hacia el cartel con su labial, en el cual, en una esquina dibujó una calavera y dos huesos cruzados bajo ella, símbolo universal de peligro.
- Hay gente que no sabe ese idioma – respondió Asami, observando el rostro de Korra. Ella solo sonrió, pensando que había dibujado eso como entretención, pero había sido tremendamente importante hacerlo. Se reprochó mentalmente por no haberlo hecho, y admiró que a la doctora se le hubiera ocurrido, siempre pensando en todas las personas de la zona.
Una hora después ambas iban cruzando el campo bajo un sol abrasador, sin signo alguno de civilización a su alrededor que pudiera ir a rescatarlas. Aun así, había algo placentero en esa desolación, en aquel paisaje verde acunado por la suave brisa salada del mar. Era realmente relajante.
- El paisaje es hermoso – comentó Asami.
- Así es.
- Y no es que quiera arruinar todo esto, o que creas que me siento incómoda, pero ¿realmente tenemos que seguir caminando? No vine con nada adecuado para hacerlo – dijo mostrando sus zapatos de doctora, planos y delgados, denotando que debía ser realmente incómodo para ella caminar y pisar una afilada piedra.
- Lo siento por ello, pero por ahora no tenemos más opción. Ya que nos tomó cerca de cuarenta minutos conducir sesenta kilómetros… ¿aún nos quedarán treinta kilómetros más? Si fuéramos a la velocidad de un Equipo de Fuerza Especial, llegaremos esta noche. Pero a este ritmo, quizás llegaremos mañana.
- Que alentador.
- Si no quieres sólo caminar ¿debemos tomarnos de las manos y caminar? – le dijo Korra.
- ¿Qué?
- ¿Incluso después de que hago que tu corazón se agite?
- ¿Quieres parar? – protestó avergonzada.
- Ah… Acabo de salvarte de nuevo, y aquí vas otra vez – reprochó Korra, deteniéndose y descansando sus manos en su cadera -. ¿Las personas normalmente son diferente antes de morir que cuando están sólo viviendo? Ah, tu eres tan diferente en la mañana y en la tarde…
- ¿Yo? ¿qué tan diferente? – preguntó deteniéndose.
- En la mañana eres extremadamente bonita y dulce…. Y en la tarde… eres terriblemente bonita.
Asami rió sarcásticamente, no impresionándose demasiado por las palabras de Korra.
- Dime la verdad, has salido con un camión lleno de mujeres ¿no es cierto?
- ¿Por qué todas las mujeres preguntan eso? – preguntó falsamente ofendida -. Si digo que salí mucho, obviamente se molestan; y si digo que no, no me creen e igual se molestan.
- Hm, ¿quién es la mujer que estaba molesta, y quién es la mujer que no te creyó? – le preguntó más interesada.
- Oh, mira ¡un camión! – exclamó Korra alejándose rápidamente hasta el camino, aprovechando de huir de aquella pregunta.
- Oh ¡¿así que fue ese tipo de vehículo lleno de mujeres?!
Asami pronto corrió a alcanzar a Korra, quien estaba a un lado del camino, esperando mientras una gran camioneta cargada se acercaba. Apenas estuvo a su lado comenzó a hacerle señas al vehículo para que se detuviera.
- ¡Hey! ¡Ayuda! – gritó Asami, pero la camioneta jamás descendió su velocidad, pasando junto a ellos, levantando una gran nube de polvo a su paso.
- Supongo que ser una belleza aquí no funciona – se burló Korra.
- ¿Qué dices?
- Uh, ahí viene otro auto ¿quieres subir en él? – preguntó mientras se llevaba su mano hasta su cintura, extrayendo una pistola la cual cargó en sus manos -, ¿debería solo quitárselo?
- ¡Guarda eso! – la retó Asami, y se adelantó dos pasos para continuar haciendo señas -, ¡Hey! ¡Ayuda por favor! – pero el auto tampoco se detuvo. Sin expresión en su rostro, la doctora se volteó hacia Korra, quien la miraba divertida -. Pensándolo mejor, es una buena idea. Quítaselo.
Korra sonrió, pero algo llamó su atención, la camioneta que recién había pasado, se detuvo unos metros más allá, y el conductor les hacía señas. Al parecer había cambiado de opinión.
Diez minutos después y sentados sobre fardos de heno en la parte trasera de la camioneta disfrutaban del atardecer de la Isla, y del buen descanso que se merecían después de todo lo que habían vivido esa agotadora tarde.
- Ah, menos mal. Mis pies me estaban matando – comentó Asami aliviada, recostando su cuerpo en los fardos, dejando que su cabeza colgara libre entre sus hombros y espalda.
- Hm, también eres muy diferente a antes y después de subir a un vehículo – continuó Korra.
Asami levantó su cabeza, mirándola otra vez, pero ahora bajo otra luz.
- Gracias, por salvarme otra vez – respondió.
- No fue nada, fue un trabajo de equipo.
- Gracias a eso, viviré bien.
Korra se acomodó en su puesto, justo al frente de Asami.
- ¿Con quién vivirás bien? ¿con otra persona? Si será así, entonces no vivas bien – dijo en un infantil berrinche, que solo logró sacarle una sonrisa a Asami, algo que mejoró su humor -. Escuché que le preguntaste a Opal si la ocupación de Bolin le molestaba.
- ¿Ella habló de esto contigo? – se sorprendió Asami.
- Ella dijo que escuchara la respuesta de ti, ¿qué dijo Opal?
- Beifong dijo, que más que el trabajo del Sargento, teme más ser apartada.
- ¿Qué hay de nosotras?... ¿seremos apartadas? ¿pronto?
Asami se quedó en silencio, observando como el semblante de Korra había cambiado. Lucía realmente preocupada.
- Asami, ¿estás en la lista de miembros del equipo médico que se irán de regreso a la capital?
- No.
Aquella respuesta pareció sorprender a la capitana, quien demoró en asimilar la situación, como si estuviese lista para argumentar en contra.
- ¿No? ¿no estás en la lista?
- No estoy. No me iré – confirmó Asami.
- ¿Por qué no? Probablemente no es debido a mí.
- Es debido a ti, Korra. No me voy por ti – confesó -. Porque quiero estar contigo un poco más de tiempo.
El rostro de Korra aún no expresaba nada, como si no entendiera qué estaba sucediendo. Asami sonrió ante su confusión.
- Creo que me acabo de confesar – dijo, levemente avergonzada.
Y nada, Korra aún estaba con los ojos abiertos como plato sin decir ni hacer nada. Asami estuvo a punto de decir algo cuando de repente la capitana se incorporó velozmente, acercándose hacia ella antes de que cambiara de opinión. Asami sabía qué sucedería, ya que ahora sí sintió sus labios sobre los suyos.
Fue todo muy rápido, pero su sed de ella era tan apremiante y deseosa como Korra lo había demostrado. Así que, mientras la capitana acunaba su rostro entre sus manos, Asami acercó más su cuerpo, pasando sus brazos alrededor de su cuello, envolviéndola para que esta vez nadie escapara, mientras finalmente se dejaba llevar por la felicidad del momento y por aquellos tiernos labios que suaves se deslizaban entre los suyos. Ahora nada importaba, nada más que Korra, celebrando que ambas estaban al fin juntas.
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