¡Viva el fin de semana! El tiempo no me sobra, no señor, pero aquí os traigo otro capítulo larguito, listo para ser degustado. ¿Han ido bien los mensajes que he escrito en el tablero de anuncios? Seguiré usándolo.
Por cierto, el tartamudeo de Gydeon me supone todo un reto con los dialogos. Hehe! Pero a mí también me parece un buen personaje. Al pobre, creo que os lo comeréis más tarde. Y me alegra que os gustara la reacción de Bonnie con Nick y la intervención de la marmota. Hoy os he preparado otro momentito confuso entre nuestros enamorados y os preparo para una parte divertida de la trama.
En lo referente al comentario de que la discriminación en Burrows no era tanta, es cierto que era así al inicio de la película. No obstante, yo me baso también en la realidad humana, y lo digo por la zona en la que vivo, donde actualmente hay cierto racismo contra ciertos tipos de inmigrantes, que hacen crecer el miedo entre la gente de que "nos quitarán el empleo", "que están teniendo muchos hijos", "que todas las ayudas van para ellos", etc. Lo que he querido remarcar con la discriminación en Bunny Burrows es un sentimiento que al inicio no se hace notar pero que va creciendo conforme la población va cambiando. Y aunque esta sea en especial contra los zorros, no hay que olvidar que la mayoría de los civiles (tanto al inicio de la película como más tarde) son conejos. El hecho de que haya tres o cuatro familias de depredadores no es nada, pero si esos depredadores aumentan en número, los conejos pueden comenzar a sentirse inseguros. Y ese es el ingrediente esencial del miedo, que es de lo que se alimenta el artículo del periódico. En fin, ese es mi punto de vista; espero que haya quedado más o menos claro.
Para este capítulo, lamentablemente, no me ha dado tiempo de buscar una banda sonora. Si se me ocurre algo lo añadiré más adelante.
¡Muchas gracias a todos y a todas por vuestros comentarios y apoyo! ¡Los leo todos, todos y todos! Ya hemos superado los 260 seguidores y actualmente estamos en 225 favoritos. ¡Todo un récord! :D ¡A seguir adelante!
¡Feliz lectura!
Capítulo 14: Equipo a la fuerza.
Una vez en casa, Alan y Violeta, dos de los hermanos mayores, los recibieron en el comedor, con los más pequeños. Todos fueron directos a Judy, preguntándole por las heridas y recibiendo la confirmación de que ya no había nada de qué preocuparse.
Bonnie colocó la tarta en el centro de la mesa y propuso un pequeño tentempié antes de la comida. Cuando preguntó quién quería, obviamente, todos levantaron la patita… excepto el padre.
—Me voy a echar una siesta. —Stu hizo caso omiso a la mirada sorprendida de su mujer y desapareció por el pasillo. Necesitaba meditar. Y mucho.
La madre suspiró sin prestarle más importancia, pues sabía que no iba a sacar nada de insistirle, y le pidió a Violeta que trajera platos para todos los presentes, que bien podían ser casi una veintena.
Fue fácil dividir el dulce, aunque los trozos quedaron tremendamente pequeños.
Cuando les tocó el turno a Nick y Judy, ésta le preguntó a su madre si le importaba que se fueran también a la habitación, ya que tenían un asunto que resolver y necesitaban concentrarse.
Bonnie aceptó la petición a pesar de querer mantener a la familia unida, pero ya tenía bastante con todos los niños correteando alrededor de la mesa como para insistir.
Una vez lejos del alboroto del comedor y seguros tras las paredes de la habitación, Judy se dejó caer en la cama con un largo suspiro mientras Nick depositaba su plato en la mesilla de noche y se sentaba a los pies de la cama para probar su trozo.
—Y yo que creía que iban a ser unas vacaciones tranquilas. —Murmuró ella, llevándose una pata a los ojos. —No dejan de aparecer problemas uno tras otro...
Nick separó un trozo del dulce y se lo llevó a la boca con el tenedor. Nada más saborear los arándanos, tuvo que admitirlo; ese Gydeon era buen pastelero. El ligero sabor de la masa de hojaldre con el dulce néctar de los arándanos, unidos a una especie de crema almendrada... aparte de darle un buen contraste, la mezcla convertía aquella simple tarta en una delicia que no habría probado jamás de no haber venido a Bunny Burrows. Ni siquiera las pocas que había comido en la gran ciudad se parecían en lo más mínimo a ésta.
—Mh… Has ganado esta batalla, pero no la guerra. —Murmuró en voz baja, mordiendo otro trozo y deleitándose contra su propio orgullo.
—Tienes razón. —Judy se incorporó en la cama y él tomó otro bocado, aliviado de que ella no hubiera entendido el verdadero mensaje de sus palabras. —Todavía nos queda mucho que hacer y no podemos permitir que el pánico nos gane. Tenemos que demostrarles a todos que los zorros podéis ser unos animales ejemplares. —Lo miró y sonrió al ver sus mejillas hinchadas mientras masticaba. —Aunque así pareces más un hamster.
Nick tragó su bol alimentario.
—No me insultes.
—No era mi intención insultarte, pero tienes una forma particular de comer…
—Y hablando de comer. —Añadió él para desviar el tema. —¿No vas a probar tu trozo? No hay que desperdiciarlo.
Judy miró el pedazo de tarta en la mesilla y atrapó el plato al sentir el vacío en sus entrañas; y es que el desayuno del hospital apenas había logrado calmar la mitad de su apetito.
—Sí, supongo que debería comérmela. Una piensa mejor con el estómago lleno. —Colocó el plato encima de sus pequeñas piernas y atrapó el tenedor con la mano izquierda, que era la que todavía podía usar. Partió la punta de aquel exquisito manjar y lo pinchó como pudo. Se llevó el trozo a la boca… y éste cayó de nuevo al plato. —Mh… —Lo intentó de nuevo pero el trocito se desmenuzó, haciéndolo imposible de pinchar con el cubierto. —Creo que tendré que comérmelo con los dedos…
—Trae. —Nick, que había estado observándola de refilón, atrapó el tenedor, usándolo como pala para recoger el estropicio, y se lo acercó a la boca para dárselo.
Aunque había sido un gesto amable, Judy se lo tomó más bien como una ofensa a su independencia.
—Puedo hacerlo sola, gracias.
—Claaaaro, por eso querías comértelo con las patas. —Replicó él. —Anda, no seas tan maniática.
—No necesito que me "alimenten", Nick. —Le quitó el tenedor. —¿Ves...? —Fue a llevárselo una segunda vez a la boca y el zorro le atrapó la pata para darle la vuelta y robarle el bocado.
Judy se quedó parada cuando se percató de lo cerca que estaba él, con sus zarpas atrapando sus minúsculos dedos y habiendo arrastrado con los labios la dulce mermelada de arándanos que había pegada en el cubierto.
Hubo un silencio enormemente incómodo hasta que el zorro le quitó de nuevo el tenedor y atrapó el propio para intentarlo de nuevo. Con un trozo hincado en los pinchos, se lo acercó al morrito respingón con una sonrisa que pretendía ser inocente.
—Nunca dejas que te cuiden, zanahorias. Por una vez, podrías permitirme el lujo de sentirme útil, ya que cuando regresemos a la ciudad volverás a ser la capitana que quiere dirigir el cotarro. —Le acercó un poco más el tenedor a la boca. —Además, ¿no se supone que tenemos que actuar como pareja? ¿Qué pensaría tu madre si no me ocupo de ti como es debido?
—Para empezar —ella atrapó la pata de Nick para evitar que siguiera acercándose —, puede que sea un tanto estricta en mi trabajo, pero nunca me he considerado "capitana" de nuestro equipo. Y segundo… —alargó su boca hacia el tenedor y comió de él, consiguiendo que su compañero perdiera la fuerza en las extremidades, atontado al percibir la lentitud con que ella apuraba el bocado —no hace falta que sigamos con la farsa cuando estamos solos. —Le quitó el tenedor con una sonrisa triunfal y picarona para intentarlo de nuevo por sí misma mientras le mantenía la mirada. —¿O es que te está gustando esto de aparentar que estamos prometidos…?
Nick se quedó mudo. Su propio cuerpo no sabía cómo reaccionar a la pregunta pero, de dejar que las palabras que estaba pensando fluyeran, se arrepentiría.
Judy habría podido entender su silencio como falta de réplicas pero, por alguna razón, al mirar sus ojos comprendió que aquellas palabras habían calado en su compañero de una forma bastante más profunda de lo que pretendía. Tras varios segundos estáticos, abrió la boca para lanzar otra pregunta al aire, pero quedó interrumpida por Bonnie, que llamó a la puerta.
—¡Cariño, tienes una llamada! ¿Puedes salir?
—¡S-sí! —La conejita saltó prácticamente de la cama y apuró lo que quedaba de la tarta con los dedos. —Ahora vuelvo. —No esperó a recibir respuesta de Nick, quien se dejó caer en el colchón, completamente K.O..
…
Judy atrapó el teléfono con el corazón a mil. No era la primera vez que se sentía extraña frente a Nick, pero ese absurdo momento había conseguido levantar dudas que ni siquiera sabía que tenía.
Se sacudió mentalmente, no queriendo abrazar la posibilidad de que su farsa se estuviera transformando en algo imposible.
Se llevó el auricular a la oreja e inspiró hondo antes de saludar.
—Ho-hola, soy Judy. ¿Quién es?
La voz de Glenn apareció al otro lado.
—¡Judy, gracias al cielo! Me acabo de enterar de lo que pasó ayer. ¿Cómo te encuentras?
—Ah… bien, gracias, Glenn. —Ella sonrió inconscientemente.
—No podía creerlo cuando lo he leído. —Prosiguió él. —He intentado llamar antes, pero una de tus hermanas me ha dicho que estabais todos en el hospital.
—Sí, bueno, es que justo me han dado el alta esta mañana. Fue más bien un susto; los puntos cicatrizarán pronto y me siento muy bien, así que no tienes que preocuparte.
—Es lo mínimo que puedo hacer, querida. —Respondió el caballeroso conejo. —Y si necesitas algo, tan sólo tienes que pedírmelo.
—Muchas gracias, pero…
—Lo digo en serio. —Insistió él. —Tu madre tiene mi número. Si necesitas cualquier cosa, por pequeña que sea, no dudes en contactarme. Y también lo digo por Nick, por supuesto.
Ella suspiró, aliviada de sentir cierto apoyo moral .
—De acuerdo. Te llamaré si necesito algo.
—Así me gusta. —Hubo un breve silencio. —En fin, no quiero molestarte más, supongo que estarás agotada después todo lo sucedido. Ahora debes descansar. Cuídate mucho, ¿de acuerdo?
—Lo haré. Tú también, Glenn.
—Adiós, Judy.
—Adiós.
…
Glenn colgó el auricular en su limousina y recogió una carpeta que había depositado a su lado en el asiento. Revisó los papeles en su interior y sonrió.
—Hora de pasar a la segunda parte del plan.
…
Judy había conseguido recuperar el ritmo normal de sus latidos gracias a la llamada de Glenn, pero no pretendía regresar a la habitación para estar de nuevo a solas con Nick. Por alguna razón, no se sentía cómoda tras la confusa conversación que habían tenido y necesitaba aclarar sus ideas para convencerse a sí misma que en realidad no había sido más que un malentendido. Las expresiones de Nick nunca habían sido fáciles de interpretar, y si no que se lo dijeran a ella la primera vez que había intentado jugar a poker con él. Definitivamente, la cara que había puesto podía significar mil cosas, y era muy posible que ella sola se estuviera haciendo una película sin ninguna validez. Además… si realmente su silencio hubiera significado un "sí"... ¿qué le habría dicho ella?
Se abofeteó mentalmente por estar pensando en paranoias cuando había cosas más importantes de las que ocuparse. Por otro lado, no se le había ocurrido nada aún para reparar el daño del artículo en el periódico y el día no parecía acompañarla, así que miró el reloj en su CarrotPhone para decidir qué hacer. Todavía faltaba una hora para comer y no tenía intención de quedarse en casa, así que tomó la decisión de ir a ver a Gydeon a la pastelería. Al fin y al cabo, el pobre zorro había venido expresamente y no había podido quedarse ni diez minutos. Le debía al menos una visita de cortesía por el regalo. Además, tenía la sospecha de que también habría resultado afectado por las calumnias del artículo, así que estaría bien que supiera que ella lucharía por defenderlos a él y a los demás zorros.
Nick apareció por el pasillo con las manos en los bolsillos y el rostro sereno, como siempre. Y aunque Judy no supiera que estaba realmente más estresado que ella, sus dotes de actor fueron suficientes como para convencerla de olvidar el incidente por ahora.
—Era Glenn. —Le dijo ella. —Llamaba para preguntar como estaba y le he confirmado que ambos estamos bien.
—Ya. —El monosílabo no dejó que se notara cómo le temblaban los labios.
—Esto… —Ella atrapó su chaquetilla del colgador. —Estoy pensando que todavía queda un rato para comer y me sabe muy mal que Gydeon se haya tenido que marchar tan pronto del hospital, así que voy a ir a verle.
—¿Al pastelero? —Nick apretó los puños en los bolsillos. —¿No crees que tendrá trabajo con sus… pasteles?
—Debo darle las gracias adecuadamente. —Respondió ella. —Además, no me extrañaría que hoy haya tenido poca venta y le debo igualmente una disculpa. ¡Mamá! —Llamó.
—¿Sí? —Bonnie asomó la cabeza por la entrada del comedor.
—Voy a ir a visitar a Gydeon. —Abrió la puerta de a calle. —Estaré de vuelta para la comida.
—Entendido.
—Espera, voy contigo. —Nick se apresuró a seguirla.
—Id con cuidado los dos. —Les pidió Bonnie, antes de que se cerrara la puerta.
…
La pareja se puso en marcha en fila. Judy iba delante, como de costumbre, haciendo caso omiso de las miradas ajenas mientras Nick la seguía a corta distancia, de nuevo con los puños en los bolsillos.
—No te preocupes. —Murmuró ella. —Conseguiremos que Bunny Burrows pierda el miedo a los zorros.
—No es eso lo que más me preocupa. —Susurró él para sí mismo mientras observaba su corta y blanca colita moviéndose al ritmo de su… em… de sus pies.
Evadió un pensamiento obsceno y apretó los dientes al percibir que su autocontrol comenzaba a fallar más de lo debido. Puede que Judy hubiera pasado por alto su tropezón, pero la escena en la habitación continuaba tan presente en su memoria como si estuviera sucediendo en ese mismo momento. ¿Por qué había perdido contra una pregunta tan inocente? Habría podido inventarse una respuesta, aceptar la broma y seguirle el juego… pero se había quedado más mudo que una tapia y temía que ella se hubiera dado cuenta. Por fortuna, parecía que no le había dado más importancia y eso debería de haberle devuelto la calma… pero no; seguía estresado, dándole mil vueltas a un asunto que no tenía ni pies ni cabeza.
Suspiró largo y tendido, un gesto que ella interpretó de nuevo incorrectamente.
—Ánimo, ya casi llegamos.
Giraron la esquina dos calles más abajo y aparecieron en una plaza ancha, donde se había instalado el mercado de segunda mano de los domingos; una tradición que llevaba funcionando algunas décadas con éxito. No obstante, la pastelería Grey nunca había estado tan vacía. Ni los críos se acercaban a ojear los dulces de la vitrina, lo que confirmó a nuestra policía que sus sospechas se habían vuelto realidad.
Empujó la pequeña puerta de cristal, haciendo sonar la campanita, y esperó a que Nick estuviera dentro para dejarla ir. Al instante, Gydeon apareció por la entrada a la trastienda.
—Buenos dí… ¡J-judy! —Casi se le caen las galletas que llevaba en una bandeja. —¿Qu-qué haces t-t-tú a-aquí?
—Quería decirte que la tarta estaba deliciosa. —Ella le sonrió sin inmutarse por la tensión en el morro de Nick. —Por cierto… —se puso de puntillas para apoyarse en el mostrador —¿no habrás leído el periódico esta mañana… por casualidad? —Gydeon bajó las orejas y ella comprendió que había dado en el blanco. Ella suavizó el tono de su voz. —Es por ello que tienes la tienda tan vacía hoy, ¿verdad?
El zorro suspiró, cansado de fingir que todo iba bien.
—E-ese… art-t-tículo… lo l-leen m-muchos de mi-mis cliente-es. O m-más bien… ex-cl-i-entes. —Admitió, entristecido.
—Lo siento mucho, Gydeon. —Judy dejó caer también sus largas orejas. —Es culpa mía. Si hubiera atrapado a aquel tipo jamás se habría publicado la foto… y menos el artículo.
—Oh n-no-no, no es c-culpa t-t-tuya. —Exclamó el pastelero, recuperando algo de serenidad. —Los z-zorros s-siempre hem-mos ten-nido problemas en B-b-bunny Burr-rows. E-e-es normal qu-que n-nos det-t-testen.
—No, no lo es. —Replicó ella, golpeando el mármol con un puño cerrado. —Y no es justo que os acusen a todos. Puede que algunos zorros sí hayan cometido infracciones en Burrows, pero vosotros dos sois ahora ciudadanos ejemplares, ¡y no voy a permitir que alguien me diga lo contrario! —Estaba tan enfurruñada que su entusiasmo consiguió hacer sonreír al pastelero.
—N-nunca s-sabes c-c-cuando rend-dirte, ¿v-verdad?
Ella se sorprendió sonriendo ante el comentario, recordando cuando eran críos y lo que habían cambiado.
—Supongo que no. —Le respondió. —Pero eso tú ya lo sabes, ¿cierto?
Un cruce "amistoso" de miradas bastó para que Nick sintiera la enorme necesidad de intervenir. Se acercó al mostrador para examinar los pasteles y murmuró: —Veo que lo tuyo son las tartas de fruta y bayas.
—Ah, s-s-sí. —Gydeon se asomó por encima del mostrador para ver mejor al otro zorro y sonrió afablemente. —L-l-la tarta de fresas y ar-r-rándanos r-rojos c-con c-crema es una d-de las fa-fa-favoritas.
—Ya veo… —Comentó Nick. —Pero si no las vendes hoy, ¿qué harás con ellas?
Gydeon perdió la sonrisa.
—B-bueno… s-supongo que… t-tendré q-que d-darlas… aunque… d-dudo que a-a-alguien las qu-qu-quiera.
—Son las mejores tartas de Burrows. —Insistió Judy. —Estoy segura de que muchos se mueren por un bocado y no se dejarán impresionar por la opinión de un reportero que ni siquiera tiene pruebas de lo que dice. Nick me estaba salvando la vida en esa foto. El simple hecho de que estemos juntos, ya demuestra que se equivoca.
—Sí p-pero… —Gydeon dirigió los ojos hacia el teléfono que colgaba de la pared. —N-no se t-trata s-s-sólo de c-clientes hab-bituales.
—¿Qué quieres decir? —La policía lo siguió con la mirada mientras él se desplazaba hasta la otra punta del mostrador, junto a un poster que había pegado a la altura de sus ojos.
—C-cada año m-me ha-hacen un p-pedido de t-tartas p-para el conc-curso de "t-tragones", pero e-esta vez…
—¿Concurso de tragones? —Judy analizó el poster y entonces recordó de qué le sonaba ese concurso. —¡La competición anual del pueblo, por supuesto!
—¿Competición? —Nick levantó una ceja para remarcar su pregunta.
—Son una serie de pruebas que se celebran cada año en Bunny Burrows. —Le explicó su compañera. —Normalmente se realizan en equipos de cuatro y pueden ser atléticas, intelectuales o simplemente… de estómago.
—Estómago… —Nick no acababa de comprenderlo. —¿Qué es de "estómago"? ¿Hay que vestir faja o algo así?
—Son c-compet-ticiones d-de comida. —Intervino Gydeon. —P-para v-ver qu-quién p-puede comer m-más.
—Y hay competidores muy buenos. —Añadió Judy, volviendo a centrar la atención en su amigo el pastelero. —Ahora que lo pienso, mi madre ya me había comentado una vez que tus tartas formaban parte del evento.
—A-así era. —Dijo él. —P-pero j-justo c-cuando he r-regres-sado d-del h-hospital me ha-han lla-lla-llamado p-para decirme q-que i-iban a p-prescind-dir de m-mis serv-vicios este a-año.
Ella lo entendió enseguida.
—¿De verdad son tan estúpidos? ¡¿Cómo pueden hacer eso?! ¡Tu has estado en Burrows toda la vida!
—S-sí, p-pero ahora s-soy u-una m-mala im-magen para el ay-yuntam-miento. —Respondió él, cabizbajo.
—Esto es indignante. —Judy comenzó a golpear el suelo con su pata, frustrada y balbuceando maldiciones. Realmente era muy injusto. Los Grey no tenían la culpa de estar en el punto de mira.
Sus ojos buscaron de nuevo el cartel, pensando en lo estúpido de no querer dejar participar a un zorro…
...y entonces tuvo la idea más brillante que había tenido en días, puede que en semanas.
—Nosotros les demostraremos que se equivocan. —Musitó con una sonrisa triunfal.
—¿A qué viene esa seguridad? —Nick vio el brillo en sus ojos y se temió una locura.
—¿No es obvio? —Judy le devolvió una expresión decidida. —Vamos a participar en la competición.
—¡¿Qué?! —El zorro sintió que la cola se le erizaba. —No, no, no, un momento. —Él se negó. —Yo no he venido aquí para hacer deporte. Bastante tuve con el entrenamiento para entrar en el ZPD y no estoy en condiciones de correr una maratón.
—No seas bobo. —Replicó ella. —Las pruebas están hechas incluso para los críos. Tan sólo tenemos que participar para demostrarles a todos que los conejos y los zorros podemos colaborar unos con los otros. Además, se trata de una actividad en equipo. Y sí, habrá pruebas que deberán hacerse en pareja o individualmente pero la cuestión es divertirse. Y no podemos perder una oportunidad así.
—P-p-pero Judy —intervino Gydeon, sin percatarse de que la campanita de la puerta sonaba —si p-participamos en l-la competición s-sólo s-somos tres.
—Eso es verdad. —Insistió Nick. —¿Dónde piensas encontrar al cuarto miembro de tu fabuloso equipo, capitana?
—¿Qué tal una experta en juegos de patio? —Preguntó una vocecilla a sus espaldas.
Los seis ojos se giraron para mirar hacia la puerta y descubrieron a la pequeña de ojitos picarones, que les devolvió una sonrisa divertida.
—¡Karin! —Judy se sorprendió. —¿Qué haces aquí? ¿No estabas aún el colegio? —Miró el reloj de su teléfono y descubrió que ya casi eran las dos de la tarde.
—He ido a casa y mamá me ha dicho que estabais aquí, así que había venido a buscaros. —Respondió la niña. —¿Pensáis participar en la competición? Porque yo también tengo ganas de callar a algunos idiotas de mi colegio. No han parado de burlarse de mí por tener a un cuñado volpino.
Los demás se miraron y Judy sonrió complacida.
—¿Y bien? ¿Responde eso a vuestra pregunta, equipo?
…
Stu se levantó de la cama con un dolor de estómago bastante fuerte. No había podido pegar ojo en toda la hora, aunque tampoco es que lo esperara. Su cabeza no dejaba de recordarle que debería hacerse a la idea tarde o temprano. Su hija había elegido a un maldito zorro y él no tenía ni voz ni voto a pesar de la mala reputación que le estaban ocasionando a la família.
No lo habría dicho nunca pero, por una vez, casi deseaba que Judy regresara a Zootrópolis y se llevara al diablo pelirrojo con ella.
Lanzando un gruñido, caminó hacia la puerta y salió al pasillo, oyendo a todos los críos revoloteando por el comedor. Aunque algunos de ellos se quedaban a comer en el colegio, el ruido en casa a la hora de comer siempre era horroroso, incluso si hasta entonces no le había importado.
Justo en la época en que su Judy-dudy todavía era pequeña, su vida era apacible y tranquila. Cultivaba zanahorias, los críos jugaban y, aunque ella tenía su absurda idea de convertirse en policía, él guardaba la esperanza de que algún día cambiaría de opinión… pero no había sido así y, como las desgracias nunca vienen solas, ahora tenía un problema mayor del que encargarse.
Se dirigió hacia el baño con un futuro dolor de cabeza escalando por su nuca y se detuvo en el marco cuando oyó el timbre de la puerta. Esperó un par de segundos pero Bonnie estaba demasiado ocupada manteniendo a las bestias lejos del guisado de verduras, así que arrastró los pies hasta la puerta y la abrió lentamente.
El rostro que reconoció, le concedió un momento de paz.
—Buenas tardes, señor Hopps. —Glenn le sonrió con su encanto habitual. —¿Cómo se encuentra?
—Podría estar mejor, hijo. —Respondió el conejo, intentando sonreír un poco. —Esto… si buscas a Judy, no está en casa…
—En realidad… —dijo el recién llegado —, es con usted con quien me gustaría hablar hoy. —Ante la expresión confusa de Stu, añadió: —Tengo un negocio que proponerle.
