Capítulo 14: ¿AMIGO O ENEMIGO?
Draco Malfoy salía del Gran Comedor luego de una "pacífica" comida. Durante todo el tiempo que estuvo ahí tuvo que soportar los comentarios mordaces de los que él considero una vez sus amigos, ¿y todo por qué?, por haber salvado a Ginevra Weasley de las garras de Pansy Parkinson. Aun hoy, dos días después del acontecimiento, se preguntaba porque maldita razón la había ayudado, después de todo a ella no le debía nada, en cambio a Potter y compañía sí. Odiaba eso, odiaba el hecho de que su enemigo desde primer año le haya salvado la vida, y más aún que por su buena caridad sus padres no hayan sido enviados a Azkaban.
Tenía que encontrar la forma de devolverle el "favor" y así no tener que deberle nada.
Y ahora el colmo es que aparte de recibir los comentarios mordaces de sus "amiguitos" también recibía los de Ron Weasley, la Comadreja esa se la pasaba buscando cualquier excusa para molestarlo y advertirle que se alejara de su hermanita.
Por favor, ni que Ginevra fuera la única chica linda de la escuela, pensó el Slytherin al doblar el pasillo.
Se detuvo en seco.
— ¿Linda?… — dijo atónito de sus propios pensamientos — si claro, como si a mí me gustara esa… — trató de buscar algún insulto, pero no podía — esa… esa… chica — dijo con sorna, aunque no muy convincente.
Meneó la cabeza de un lado a otro y siguió su camino hacia su Sala Común.
¿Además que le podría ver a la Weasley?
Ella era de carácter fuerte, graciosa, inteligente, valiente y bonita.
Definitivamente no es mi tipo, pensó, aunque su corazón y cabeza le dijera lo contrario.
Siguió caminando y al doblar por un pasillo vio a Potter, Granger, Weasley y la susodicha. Apresuró el paso y fingió no haberlos visto para que la Comadreja no se atreviera a amenazarlo de nuevo.
— Allá va Draco-Niño-Bueno-Malfoy — señaló Ron con sorna.
— Déjalo ya Ron, deberías de agradecerle — lo reprendió Hermione.
— ¡Ja!, ¿agradecerle?, ¡ni en un millón de años! — bufó.
— Eres incorregible — se cruzó de brazos la castaña.
— Y tú también — se cruzó de brazos el pelirrojo y ambos se dieron la espalda mientras levantaban la cara con insolencia.
Harry tuvo que morderse los labios para no reírse de la cara de su amigo y su novia. Ginny sin embargo no los observaba pues veía el pasillo por el cual se había ido Draco.
— Vamos amor, no te enojes — le dijo Harry a Hermione mientras la abrazaba por el estómago.
— Uy, "amor", ¡qué lindo! — se burló Ron en tono cursi.
— ¿En serio?, "¡Ronnie!" — se defendió Harry en el mismo tono.
— Que gracioso Potter, ya vámonos que tengo hambre — satirizó Ron empezando a caminar. Los otros dos lo siguieron aun abrazados.
— ¿No vienes Ginny? — llamó la castaña a la pelirroja.
— Emh… no… yo ahorita los alcanzó es que tengo que ir por algo a… el aula de Transformaciones — se excusó y caminó rápidamente hacia dónde se había ido Malfoy.
Hermione la vio con sospecha, pero no dijo nada pues Harry le dio un cariñoso beso en la mejilla y la sacó de sus pensamientos.
El joven Slytherin siguió caminando pensando que ya se había librado de Weasley… error.
Ginny corrió lo que le quedaba de camino y empezó a caminar lentamente tras Draco esperando que volteara, él por supuesto que no lo haría pues pensaba que era Ron.
Indecisa tocó su hombro con dos dedos y los retiró inmediatamente. El Slytherin suspiró a la vez que se detenía.
— ¡Mira Weasley, si vienes a…! — empezó a decir Malfoy ya harto de las amenazas de Ronald Weasley.
— Sólo venía a agradecerte lo que hiciste por mí — dijo Ginny algo cohibida por su reacción. Draco enmudeció al escuchar aquella voz y se dio media vuelta lentamente.
— Oh, Gin-evra… yo… — un tenue color rosa se apoderó de sus mejillas y la joven pelirroja por algún motivo sonrió.
— Pensaste que era Ron, — completó Ginny. Draco asintió — no soy tan… ¿chiflada?, como él… — sonrió — emh, bueno yo sólo quería agradecerte por lo que hiciste por mí, por haberme ayudado con lo de la trol ésa y… — el Slytherin empezó a reírse — ¿por qué te ríes? — arqueó una ceja, confundida.
— Lo siento, es que se escuchó chistoso como la llamaste. "Trol" … — rápidamente compuso el semblante y dejó de reírse al ver que la pelirroja sonreía disimuladamente — emh, entonces… ehh, no te preocupes, no me debes nada, fue un placer haberte ayudado… bueno si eso es todo — empezó a marcharse.
— Ah, bueno… si, sólo quería… agradecerte… entonces… — por alguna razón se puso nerviosa frente a esos ojos grises — adiós — dijo casi en un susurro y se quedó viendo por unos minutos el lugar en el que antes había estado el Slytherin.
— Tonta — se golpeó la frente con la mano mientras negaba.
¿Por qué había actuado de aquella manera tan… tan… nerviosa?, ¿qué le pasaba?, ¿por qué le gusto ver a Malfoy sonrojado?
Esas y más preguntas pasaron por su cabeza, pero prefirió no seguir pensando en eso y dirigirse a clases.
— ¿Qué es lo que tanto miras? — inquirió Blaise Zabini esa tarde mientras se encontraban él y Draco en la Biblioteca.
— Nada — dijo apresuradamente y volviendo a concentrarse en el libro.
En una mesa apartada de las demás se encontraban Neville y Ginny "estudiando", pero la verdad era que estaban muy entretenidos besándose y abrazándose cada que podían.
— ¿No se suponía que te ayudaría a estudiar Herbología? — dijo Neville entrecortadamente luego de dejar de besar a Ginny.
— Aja, pero no estaría mal una pequeña clase de Anatomía, ¿no te parece? — le susurró cerca del oído. El joven Gryffindor se ruborizó y sólo atinó a asentir.
Draco Malfoy luchaba contra las ganas que tenía de levantar la vista y separar a ese par a como diera lugar. ¿Por qué sentía aquello?, era obvio que él no podía sentir algo por Ginevra porque ella era muy inferior a su familia. Además, ni siquiera la trataba, aparte de la conversación que tuvieron hace unas horas. Era imposible que en tan poco tiempo se sintiera tan… extraño con ella.
— Que idiotez — murmuró Malfoy.
— ¿Qué cosa? — inquirió Zabini sin mirarlo.
— Nada, alguien puso un corazoncito en este libro — mintió dando la vuelta a la página. Su amigo emitió una pequeña risa.
— Seguro fueron Longbottom y Weasley, — comentó señalando con la cabeza a la joven pareja — desde que llegaron no han dejado de pasarse saliva — dijo con repugnancia.
Draco se atrevió a levantar la vista justo en el momento en el que Neville Longbottom abrazaba a Ginny y miraba en dirección a su mesa. Rápidamente bajó la vista.
— ¿Qué sucede? — preguntó Ginny al sentir como Neville la abrazaba más hacia sí.
— Nada, sólo quería darte un abrazazo estilo Molly Weasley — dijo con una sonrisa. Ginny rio.
— ¡Te quiero mucho Nev! — le dijo mirándolo a los ojos.
— ¡Y yo te amo Ginny! — la besó.
— Vámonos Blaise, luego terminamos — se levantó Malfoy de improvisto.
— Pero…
— Vámonos — dijo con tono imperativo.
Bufando por lo bajo Zabini se levantó y colocó los libros en su lugar para luego tomar sus cosas y salir con Draco.
— ¿No hay moros en la costa? — interrogó Hermione entre risas mientras Harry se asomaba por la puerta.
El pelinegro miró hacia ambos lados del pasillo, fuera de la Sala de los Menesteres y no vio nada.
— Si, ahí está Filch que no deja de vigilar, — le avisó cerrando la puerta y acercándose a ella — ¡creo que nos vio! — dijo con preocupación fingida.
La joven castaña lo vio suspicazmente pues no estaba muy segura de que dijera la verdad.
— Harry James Potter si me estás mintiendo… — empezó a amenazarlo mientras se acercaba a la puerta.
— ¿Dudas de mí?, — se hizo el ofendido — vaya confianza que me tienes — miró hacia otro lado cruzándose de brazos.
— No, ¡por supuesto que confió en ti!, es sólo que… — se disculpó acercándose a él.
— Si confiaras en mi me creerías — se dio media vuelta.
Si no fuera mago me lanzaría de actor, pensó el pelinegro con gracia.
— Harry… — lo abrazó por detrás recargando su cabeza en su espalda — lo siento. Te creo.
El pelinegro sonrió sin que se diera cuenta Hermione y se dio media vuelta abrazándola.
— Sabes que siempre te protejo ¿verdad?… — Hermione asintió — pues yo creo que es mejor pasar la noche aquí, — opinó como sin querer la cosa — por como vi a Filch dudo mucho que se marche de ahí afuera.
— ¿Tú crees? — le siguió el juego Hermione. Se había delatado solito, con que eso era lo que quería, quedarse esa noche con ella.
— Yo creo que si… — asintió Harry — pero si quieres reviso otra vez o esperamos a que se vaya y salimos — agregó.
— No te preocupes, yo reviso — deshizo el abrazo y se dirigió a la puerta. Harry abrió los ojos alarmado, sabía que si Hermione miraba por la puerta y no veía a Filch se iba a enojar y probablemente lo tendría a pan y agua durante una semana… o más.
Reaccionó casi inmediatamente y corrió hacia ella antes de que tocara la manija de la puerta y la cargó en brazos llevándola hacia la cama para luego acostarla y empezar a besarla. Inmediatamente el cerebro de Hermione se apagó.
— Ronald, espera — lo apartó Luna mientras se acomodaba la túnica y miraba hacia otro lado para evitar que viera su sonrojo.
Ron captó en lo que estaba a punto de hacer, y se le vino el alma a los pies.
— ¡Lo siento Luna!, yo… ¡perdón!, me deje llevar, ¡lo siento mucho! — se disculpaba atropelladamente.
— No, yo lo siento… es que… — suspiró la rubia — Ronnie es que yo… — un fuerte sonrojó apareció en sus mejillas a la vez que evitaba mirarlo.
— Descuida, no tienes por qué disculparte, soy yo el que empezó todo, ¡lo siento mucho! — la interrumpió.
Luna se mordió el labio y los ojos se le llenaron de lagrimitas. Al pelirrojo se le oprimió el pecho.
— ¡No, no!, ¡Luna, no llores!, ¡lo siento mucho!, ¡no volverá a suceder!, descuida, ¡por favor no llores! — le acunó el rostro entre sus manos.
— Perdón — balbuceó Luna acurrucándose entre los brazos de Ron.
— No tienes que disculparte por llorar — le dijo con dulzura su novio.
— No es por eso, es por… siento no poder… no haber… yo… es que… — tartamudeó — Ronald, — se separó un poco para mirarlo a los ojos — es que yo… yo nunca he estado con alguien y sentí miedo — confesó.
Ahora fue el turno de Ron para sonrojarse.
— Ah, yo… entiendo… — parecía como si su cerebro se apagara. ¿Qué debía decir en estos momentos?, se preguntó — no te forzare a hacer algo que no quieras, esperaré el tiempo que sea necesario — dijo mecánicamente como si lo hubiera sacado de una telenovela muggle. Luna rio.
— ¡Te amo Ronnie! — lo besó.
Cierto rubio estaba sentado en su cama sumido en sus pensamientos, y eso era muy notorio ya que su frente estaba poblada de arrugas y miraba inexpresivo el suelo de su habitación.
No entendía muchas cosas. La primera, ¿qué le pasaba con Ginevra Weasley?; la segunda, ¿por qué tenía la fuerte necesidad de ir y romperle la cara a Longbottom?; en fin, muchas de ellas giraban alrededor de cierta chica pelirroja. Pero otras no. Otras preguntas aparecían en su mente desde hacía meses.
Desde que fue servidor de lord Voldemort.
Sin querer un temblor sacudió su cuerpo al recordar todo lo que sufrió al lado del ser más vil de la tierra.
Muchas veces Draco se preguntó si realmente eso era lo que quería, él muchas veces decía que su "felicidad" dependía del sufrimiento de los sangre sucias y el exterminio de los muggles. Pero la verdad es que cuando vio de cerca todo aquello su perspectiva cambio radicalmente.
Presenció innumerables de muertes y torturas, incluso las de sus propios padres, por haberlo ayudado cuándo le fue ordenado aniquilar a alguien y ellos lo hacían por él. Nunca olvidaría la mirada de sufrimiento de su madre y la de terror de su padre. Su padre, el cual siempre se mostró fuerte y sin sentimientos, el que era su ejemplo a seguir… y al cual vio llorar en silencio por ser torturado junto a su madre.
De una cosa estaba seguro, su vida había cambiado, jamás querría estar del lado del mal nuevamente. Pero ¿del bien sí?
Esa era la gran pregunta.
¿Tanto había cambiado en ese tiempo que ahora se permitía tener amigos de verdad y… amar?
Neville Longbottom se encontraba solo en el cuarto de los chicos, permanecía acostado sobre la cama y con los brazos tras la cabeza tratando de alejar aquellos estúpidos pensamientos de su cabeza, pero le era imposible.
No podía olvidar el hecho de que gracias a Draco Malfoy, su novia no hubiera salido herida, pero aun así no podía confiar en él. Era todo tan extraño.
Al parecer Malfoy había cambiado, ya no los molestaba, no se juntaba con sus gorilas, nunca se veía al lado de su "noviecita" Pansy, en fin. Toda su persona había cambiado, en especial sus gustos.
Frunció el ceño al tiempo que recordaba como él había descubierto a Malfoy viendo a Ginny varias veces y como ésta también lo veía a él. Odiaba pensar en eso, pero al parecer algo más había cambiado en Draco Malfoy.
— Es imposible — murmuró con aire pensativo.
Pero la verdad era otra, él estaba seguro de eso. Por supuesto que nadie podía negar la belleza de su novia y eso estaba más que confirmado luego de haber visto la cara que ponía Malfoy cada vez que la miraba, parecía como si les colocaran un reflector frente a los ojos y quedara iluminado por completo.
Aun así, él tenía la certeza de que Ginny no lo dejaría, ella lo amaba, se lo había demostrado muchas veces en distintas formas. El simple hecho de imaginarla al lado de un tipo como Malfoy le causaba risa.
Ella por supuesto que nunca se fijaría en él.
Aunque… ya no era el mismo Malfoy de antes.
Un joven pelirrojo venía bajando las escaleras con rumbo al comedor cuándo se topó frente a frente con nada más y nada menos que Draco Malfoy, su primer pensamiento fue evitarlo y hacer como que no lo vio, pero algo dentro de él estalló al igual que su puño contra la mejilla del rubio.
— ¡¿Qué demonios te pasa estúpida Comadreja?! — vociferó Malfoy empujándolo.
— ¡¿QUÉ DEMONIOS TE PASA A TI CON MI HERMANA?! — gritó de vuelta.
— ¡No sé de qué hablas idiota!, ¡deberías estar agradecido de que la salvé de aquella maldición! — lo miró fulminante.
— ¡Fue por tu culpa!, — espetó con enojo apretando los puños — ¡¿por qué crees que la tonta de Parkinson querría pelear con Ginny?!
— ¡¿Y yo que voy a saber?! — espetó.
— ¡SE PELEARON POR TU CULPA IMBÉCIL!, ¡seguramente tu noviecita se dio cuenta de que sientes algo por mi hermana y por eso la atacó! — lo empujó.
— ¡Yo no siento nada por tu hermana! — lo empujó de vuelta.
— ¡Si claro, y yo me chupo el dedo!, — hizo un sonidito irónico — ¡te he estado viendo hurón!, ¡la miras cada que puedes!, ¡la acechas como un maldito buitre!, ¡pero métetelo en la cabeza!, ¡primero muerta que contigo! — lo empujó dispuesto a irse.
— ¡YO NO SIENTO NADA POR TU HERMANA! — gritó de nuevo girándose para verlo.
— Por tu bien espero que así sea porque si no me conocerás realmente — dijo fríamente.
— ¿Es una amenaza? — preguntó apretando los dientes.
— No, es sólo una advertencia, — corrigió — porque al igual que Parkinson, yo también me doy cuenta de las cosas.
— ¡Sería más sencillo si me hablaras claro Comadreja! — se sulfuró.
— Aléjate de mi hermana — zanjó y se fue.
Una vez desapareció de vista, Draco se quedó solamente con el enojo. Por supuesto que él no sentía nada por Ginevra. ¡Por favor!, ella era una Weasley y a parte Gryffindor, era como si fueran Romeo y…
— ¡Ahh!… — exclamó ofuscado golpeando con su puño la pared haciéndose daño en los nudillos — ¡estúpida Comadreja!, ¡¿quién se cree para decirme eso?!… yo… no… siento… nada… por… su… hermana — dijo entre dientes.
