Capitulo 13: Verdad, El Motivo de Madara

Aquella explosión sin precedentes que marco el final de la titánica lucha resonó a través no solo del claro o la aldea, sino de todo el país del agua, hasta en los mismos muelles donde dos sapos se estremecieron visiblemente mientras brindaban tanto por su amo como por las misiones que involucraban sake de importación. En la aldea de la neblina tanto caídos como aldeanos temblaban visiblemente por los temblores y el poder que se sentía en el ambiente, en una de las calles de la aldea, un joven de cabello azul celeste se levantaba pesadamente mientras trataba de reorganizar sus recuerdos, en el instante en que llegó a los más recientes alzo su vista hacía adelante para encontrarse con la Samehada a solo treinta centímetros de su posición, la tomo nuevamente entre sus manos asegurándose de que no fuera solo una ilusión, después la levanto hacia el cielo para examinarla más detalladamente con verdadera satisfacción pintada en el rostro, pero al instante esa expresión fue borrada por una de cautela al dirigirla a examinar el lugar que lo rodeaba.

-Parece que un tornado paso por aquí –opinó medio divertido medio impresionado por los destrozos que se apreciaban en el lugar- ¿pero en dónde… -se interrumpió a si mismo al ver una colosal columna de humo junto con un resplandor que todavía brillaba a unas millas de distancia, ese era el tipo de poder que generalmente se podía relacionar con el Uzumaki- será mejor de que me asegure –opinó de último antes de recoger la Kubikiri no hocho del suelo, guardarla en un sello en su brazo, colocar la Samehada en su espalda y tomar rumbo hacia el sitio donde supuso estaría su más reciente maestro de kenjutsu luchando con el Uchiha.

Lo que hasta hace poco era una frondosa sección del bosque que rodeaba kirigakure, ahora no era más que un cráter gigantesco de casi mil metros de diámetro y mil pies de profundidad. Solo un magnánimo agujero en el suelo como testimonio a los dioses de la más grande batalla que alguna vez se haya librado o que se podría librar en los territorios del país del agua. El joven espadachín tenía una expresión de sorpresa que por nada rayaba en el temor al observar el campo de batalla en el que el que el Uzumaki y el Uchiha sin duda libraron una batalla digna de dos titanes, solo pudo observar absorto en la devastación que se presenciaba en el lugar por un instante antes de sentir una presencia en el bosque cerca del campo de batalla, no era ni de cerca tan poderoso como para ser alguno de los combatientes de la batalla que tuvo lugar en aquel sitio pero decidió ir a cerciorarse. Luego de revisar entre una sección de árboles que aun fuera de la zona de desastre estaban destruidos dio con la causa de aquella presencia.

-Oh rayos –fue el leve murmullo que salio de boca del peliazul al darse cuenta de lo que se encontraba allí.

En medio del desolado lugar, unas rocas empezaron a moverse levemente, pero tras unos momentos una mano emergió de entre ellas, una mando envuelta en los restos de un guante negro, con un poco de esfuerzo esa mano se apoyo en el suelo para dar impulso al resto de su poseedor, así una figura fue emergiendo trabajosamente de entre la tierra y rocas, aun a ras del suelo, solo desenterrándose pero aun apoyado en el suelo incapaz de levantarse por completo debido al cansancio extremo en el que se encontraba, tratando de despejarse sacudió su cabeza pero se detuvo de inmediato debido al vértigo que esta simple acción le causaba, aun así, una mata de distintiva cabellera dorada fue visible gracias a esto. El rubio hizo un esfuerzo más para voltearse cara arriba mientras respiraba pausadamente, ya no portaba ni su capa ni su mascara, su chaleco tenía un agujero del tamaño de un balón en el sitio donde aquel pico le había atravesado el hombro y otras muchas rasgaduras tanto en el resto del chaleco como en sus pantalones. Tenía múltiples heridas y fracturas en todo el cuerpo y había gastado una gran cantidad de su chakra y el del zorro. Aun así, y por más increíble que pareciera, no había gastado todo su chakra, calculaba que entre el suyo y el de Kyuubi debían tener poco más de una tercera parte de su poder total cada uno.

-Estas hecho una mierda ¿Sabes? –le dijo una voz burlona de repente, el ojiazul alzo su rostro para encarar al bromista a quien ya conocía muy bien.

-Mira quien habla –le espetó con gracia el jinchuuriki al observar el deplorable aspecto de Suigetsu con una sonrisa, las ropas del espadachín estaban hecho jirones y quemadas en varios lugares. Ambos se quedaron viendo un instante antes de empezar a reír.

Tras unos momentos para calmarse, el peliazul ayudo al Amekage a levantarse y, aunque trabajosamente, el ojiazul fue capaz de mantenerse en pie sin ayuda. Al dirigir su mirada al que fuera su campo de batalla cierto pensamiento volvió a cruzar su mente por primera vez en más de seis años. "Mierda, yo hice esto, creo que exagere demasiado… hmp, deyavú". Ciertamente esto era casi tan impactante como cuando vio el resultado de su "casa", y era seguro que no podría esconderlo como lo hizo con la mansión. Estaba tan absorto en el desastre que había dejado como resultado de su pelea que no se percato del movimiento de unas rocas en el suelo, hasta que estas salieron volando junto con una porción del mismo dejando ver una figura en medio del lugar.

-Es imposible –fueron las palabras del Amekage, en un tono apenas más alto que un susurro pero que denotaba consternación, estaba seguro que ni el mismo Yamata no orochi hubiera podido levantarse después de recibir semejante golpe. Su compañero ni siquiera podía pronunciar algo que expresara su sorpresa. Era ilógico que cualquier cosa sobreviviera a lo que hubiera creado semejante devastación en el paraje.

Y sin embargo allí estaba el patrono de los Uchiha, su silueta era lo único perceptible en medio de una gruesa nube de polvo que se levanto al momento de su aparición, pero esta se fue definiendo a medida que el poseedor del Mangekyou Sharingan se iba acercando al rubio, al quedar a solo unos metros, y pese a que la nube de polvo aun nublaba al Uchiha casi por completo, salvo por la sección de su rostro en la que eran visibles sus rasgos sanguíneos de color escarlata, este empezó a hablar con toda la serenidad del mundo.

-Te dije que ya sabía cual sería el resultado de esta batalla –le recordó con tono monocorde pero claro.

-Esto todavía no termina –le advirtió con cierta agresividad pero sin perder la calma el rubio colocándose en guardia.

-Ya término –le aseguró el ojirojo con sosiego- y te felicito –agregó para desconcierto del ojiazul con una leve sonrisa.

Ante la confusión del rubio la nube de polvo terminó de disiparse dando vista al maltratado aspecto del Mizukage, ya no portaba su túnica de akatsuki, solo unos pantalones raídos empapados en sangre y sandalias ninja de color negro, su torso estaba completamente lleno de heridas abiertas que sangraban copiosamente. Era algo verdaderamente increíble, aun para el rubio que alguien fuera capaz siquiera de mantenerse en pie en esas condiciones y además ser estar hablando como si ni siquiera las sintiera. Encima de todo, la felicitación del Uchiha por haberlo derrotado era algo que ni siquiera acababa de entender, pero antes de poder asimilar todo esto el moreno cayó de frente al suelo, el rubio y el espadachín se acercaron, el primero con cierta rapidez y el otro con algo de recelo, al estar junto al moreno el rubio lo volteo para revisar el estado general de sus heridas, al confirmar lo que ya era obvio solo puso un gesto mezcla de lástima, decepción y algo de tristeza.

-¿Ese gesto sombrío es por mi? –Preguntó divertido el ojirojo.

-No todos los ninjas consideramos la compasión como una debilidad –le espetó impasible el kage de la lluvia.

-Jajajajajaja –se carcajeó con suavidad el Uchiha ante las palabras de su escucha, al detenerse solo lo observo con calma antes de levantar lentamente su mano en dirección del cuello del mismo y sostener sutilmente el collar del rubio- se parecen más de lo que creí –comentó con cierta nostalgia mientras observaba el collar.

De improviso lo sujeto con fuerza por un instante mientras una luz blanca brillaba en el interior de su palma y se veía a través de sus dedos. El rubio reacciono tan rápido como pudo sujetando la mano del Uchiha pero este ya había terminado, al observar detenidamente el ojiazul se percato de que el cristal de su collar ya no era de la misma tonalidad verde que antes, ahora era totalmente transparente, igual que un diamante.

-¿Qué fue lo que hiciste? –le cuestionó confundido el jinchuuriki.

-Este cristal puede programarse para funcionar con el vestigio de chakra de su tenedor –le explicó- yo solo lo eh desprogramado para que tú lo puedas volver a programar con el tuyo.

-¿Para qué? –volvió a preguntar no solo confundido sino también levemente preocupado.

Antes de tener tiempo de reaccionar el moreno levanto su mano otra vez pero con mayor velocidad y sujeto la cabeza del Uzumaki, forzándolo a que lo viera de frente, un aura oscura se formo en la mano del mizukage mientras, sin saber bien como, el mangekyou sharingan del rubio se había activado solo.

-Debes verlo por ti mismo –fue todo lo que dijo el Uchiha mientras sus ojos se volvían de color azabache, dejando su mente totalmente a merced del kitsune.

El leve sonido de un pitido constante lo despertó finalmente, con algo de disgusto abrió sus ojos con lentitud, tuvo que parpadear un par de veces para poder acostumbrarse finalmente tanto a la luz como al uso de sus ojos, se encontraba en una habitación totalmente blanca, afuera parecía ser de noche pero la luz de una lámpara se encontraba encendida llamo su atención, no acababa de enfocar el lugar en el que se encontraba cuando escucho un grito ahogado, el sonido de un correteo y una puerta cerrándose de golpe. Esto llamo suficiente su atención como para enfocar con mayor prontitud, ahora distinguía claramente un cuarto de hospital. Todo era muy confuso, demasiado sus recuerdos aún eran un desastre total, pero la habitación en que se encontraba le era familiar, incluso confortable por lo que el sueño empezaba a llamarlo nuevamente hasta que…

-¡JIRAIYA! –Se escuchó el grito desde la entrada, talvez un tanto escandaloso pero denotaba claramente alegría y sorpresa.

El aludido regreso a ver de donde provenía el escándalo, para toparse con una imagen que se esclareció al instante cuando reconoció a su antigua compañera de equipo.

-¿Tsunade? –Dijo este a su vez un tanto incrédulo y con voz algo más ronca de lo que le era normal, al instante trato de levantarse pero todo empezó a dar vueltas a su alrededor y volvió a caer acostado, ya era claro que no podía levantarse por completo así que solo dirigió su mirada a la domadora de babosas para cerciorarse de que no era una ilusión.

La rubia se acerco rápidamente a la cama donde reposaba el ermitaño sapo y empezó a revisar su estado en general, sus pupilas, pulso, latidos, etc.

-Todo en orden –dijo finalmente más para si misma, luego se dirigió al peliblanco- ¿Cómo te sientes? –Pese a esforzarse en mantenerse en su sitio, la hokage no pudo evitar un cierto tono de preocupación.

-Te respondo cuando todo deje de darme vueltas –le contestó con debilidad.

-Te encuentras bien –dio por sentado la legendaria perdedora con resignación.

-¿Qué sucedió? –Preguntó finalmente el sannin cuando sintió que su cabeza se quedaba en un solo lugar.

-¿No lo recuerdas? –Inquirió la rubia, el peliblanco solo negó con la cabeza- es lógico, tus recuerdos aún tardará un tiempo en ordenarse debido al tiempo que estuviste… inconciente –consideró analíticamente la sannin pero con un tono que era imposible de identificar si era de tristeza o de alegría al decir la última palabra.

-¿Cuánto tiempo? –Preguntó de inmediato el ojigris, no del todo seguro de si quería saber la respuesta. La rubia pareció susceptible ante esa pregunta como si la respuesta la lastimara a ella antes que a él, pero tras una pausa le contestó.

-Un año

Los ojos de Jiraiya se abrieron casi al instante debido a la sorpresa, al instante rebano su cabeza tratando de conectar todo lo que llegara a ella respecto a lo que había pasado.

-Pein –dijo al cabo de un momento, en el cual la imagen de su viejo alumno llego a sus recuerdos- fui a enfrentarlo –dijo recordando- y… me mató –concluyo algo confundido por dicho desenlace y no solo por el hecho de haber sido derrotado sino por lo que significaba- ¿Cómo es que estoy aquí?

-Aparentemente no te mató –dijo con tono de circunstancias la hokage- pero estuvo cerca, aun así mantuvo tú cuerpo vivo para usarlo en un futuro –le explicó- en cuanto a como llegaste aquí, esperaba que tú me ayudaras a responder esa duda.

-¿A qué te refieres? –le preguntó confundido.

-Un "amigo" tuyo te trajo desde la lluvia, el actual amekage de hecho –le explicó.

-¿Actual? –repitió cada vez más perdido el sannin de los sapos.

-Por lo que se también es el actual Ottokage, Pein fue derrotado por él hace poco –le contó- ¿Sabes de quien estoy hablando? –le preguntó entornando los ojos.

-Ya veo –dijo de pronto el ermitaño con una sonrisa al darse cuenta de que persona era de la que hablaba Tsunade- pues si qué le llevo su tiempo –opinó divertido el sannin mientras revisaba la movilidad de sus brazos.

-Todos te dimos por muerto –le explicó con cierto remordimiento la rubia- supongo que él también lo hizo.

-No te preocupes no estoy molesto por eso –le aseguró el peliblanco mientras sonreía abiertamente a su compañera.

Tsunade lo observo con sorpresa al principio, luego a esta se le sumaron todas las emociones que había estado guardando desde el momento en que supo de su muerte hace ya un año y que solo había expresado en aquel momento llorando en silencio lejos de la vista de sus subordinados. Sus bellos ojos color miel se humedecieron bajo la estupefacta mirada del ojigris, pero esta sorpresa rayo en el miedo cuando la legendaria perdedora se lanzo sobre él y empezó a llorar a lágrima viva sobre su pecho. Le tomo un largo rato a la rubia para tranquilizarse con las ocasionales caricias del peliblanco, finalmente se separó de él y se sentó en la silla adjunta a la cama, evito mirar al ojigris de frente para evitar que este notara que estaba un tanto sonrojada, mientras evaluaba cuidadosamente sus siguientes palabras.

-Te extrañe –dijo finalmente –baka, baka, baka, baka, baka, baka, mil veces baka, ¿eso es todo lo que tienes que decirle? luego de haber pasado por tanto sufrimiento e incluso haber perdido por completo toda esperanza de volver a verlo y ahora que esta aquí ¿eso es todo lo que puedo decirle? –se recriminaba mentalmente.

-Yo también –pudo articular el ermitaño luego de un momento de procesar las recientes palabras y acciones de su antigua compañera de equipo. Un silencio incomodo cayó sobre ambos antes de que la sannin de las babosas decidiera desviar el curso de la conversación.

-Naruto se volverá loco cuando sepa que sigues vivo –comentó la rubia algo divertida pero con cierto enojo consigo misma debido a su cobardía.

-Si, seguro… -empezó el ermitaño sapo al recordar a su pupilo pero en ese momento recordó el porque su mente había sufrido semejante daño, ante la horrorizada mirada de la ninja médico se levanto- tengo que irme ¿en dónde esta mi ropa? –dijo de inmediato buscando sus prendas por el lugar.

-¡¿ESTAS LOCO JIRAIYA?! –Le preguntó y reclamo al mismo tiempo la rubia- ¡acabas de recuperarte luego de haber pasado por un coma del que el 90% no habría despertado y pretendes que te deje salir del hospital! –concluyó furiosa por la irresponsabilidad de su contraparte.

-Debo irme Tsunade –le dijo claramente- es cuestión de vida o muerte –le explicó con una seriedad que ella nunca le había visto y que la desenfoco por un momento.

-Entonces explícame a donde vas y porque –le exigió luego de considerar sus palabras.

-Pein… -empezó sin saber bien como decirlo, pero al final decidió que era mejor decirlo de una vez ya que no había forma posible de suavizar la situación- planea liberar a los ocho bijuu que tiene akatsuki y sellarlos dentro de si para incrementar su poder.

La expresión de la sannin fue no solo de sorpresa sino de terror al recordar algo.

-Hace algunos días envié varios ninjas a unos territorios donde creemos esta la guardia original de akatsuki –dijo finalmente en voz baja.

-¿Entre los paices de la Tierra y el viento? –Preguntó el peliblanco despacio, la rubia solo asintió- liberar a los bijuu y sellarlos dentro de si le tomara un tiempo, pero no demasiado –examinó seriamente con la nueva información- ¿Hace cuanto llegue aquí exactamente?

-Una semana pero…

-Una semana menos de tiempo –dijo para si mismo en voz alta- si aumento el tiempo de viaje… talvez doce días –calculaba tan rápido como podía pero al final solo llegó a una conclusión- no tengo idea de cuanto tiempo queda pero seguro no será mucho, debo irme –empezó a dirigirse a la salida pero otro mareo lo hizo caer sobre sus rodillas. La Hokage se acerco de inmediato y, entre preocupada y fastidiada, lo ayudo a levantarse y a volver a la cama.

-No estas en condiciones de ir a ningún lado –le dijo en un tono que no dejaba lugar a replicas.

-Eso no importa –le dijo directamente- si no lo detengo…

-No pudiste con sus replicas estando en plena forma la última vez –le recordó su amiga, ante lo que el sannin solo volteo la mirada molesto- esta vez, si no estoy equivocada, estará él en persona y respaldado por el poder de los bijuu –analizo con severidad- ¿Cómo sabes que hará eso exactamente?

-Irrumpió en mi mente buscando información para derrotar al kage del sonido –le explico con aburrimiento- no encontró nada que le fuera de utilidad para vencerlo pero dio con la idea de incrementar su poder absorbiendo a los demonios de colas.

-Pero un jinchuuriki solo puede resguardar a un bijuu a la vez –argumentó la sannin de las babosas.

-En un caso normal es cierto –afirmó el ermitaño- pero Pein es diferente, estoy seguro de que podría retener a seis sin demasiados problemas –ante esto los ojos de la Hokage se abrieron con sorpresa- pero su ego lo ah dominado y cree que podrá con los ocho –dijo con cierta decepción que la rubia no supo si era hacia Pein o hacia si mismo- se saldrá de control –aseguró- y ocho demonios terribles quedaran sueltos en un mismo sitio al mismo tiempo, será un caos absoluto.

-¿Por qué los ocho, no sería suficiente con los seis que puede mantener o incluso con uno para derrotar al Ottokage? –Inquirió la domadora de babosas.

-Alguien que no conoce a ese shinobi pensaría eso –aceptó con calma- pero lo que encontró en mis recuerdos… -dijo con cierto pesar pero fue interrumpido por la rubia.

-Dijiste que no hallo nada de utilidad.

-De utilidad para vencerlo –le corrigió su camarada- yo lo vi pelear batallas imposibles Tsunade –recordó con cierta nostalgia y un poco de admiración- incluso batallo con varios de los bijuu, ese es el porque uno solo no le serviría, ellos lo conocen… y le temen –aseguró con una convicción que impresiono a la hokage- uno solo posiblemente se asustaría al saber con quien esta tratando –a la sannin le tomo un rato digerir esta información, cuando salio de su sorpresa pudo articular un par de ideas que la levaron a otra pregunta.

-Jiraiya –le llamo con seriedad- necesito que me digas quien es ese muchacho –no fue una orden de la hokage sino una petición de su amiga pero el ermitaño sapo la miro atentamente antes de hablar.

-Dices que el me trajo de regreso a Konoha ¿Cierto? –La ojimiel asintió expectante- entonces ya lo conociste y supongo que debes haberte dado cuenta que es alguien de confianza –le aseguró con firmeza.

-Pero…

-¿Él te dijo que te diría quien es? –Le interrumpió el peliblanco antes de completara su argumento, la rubia solo asintió- entonces ten por seguro que lo hará –pese a que la hokage no estaba del todo satisfecha con esa respuesta decidió dejarlo de lado y volver al tema de preocupación actual.

-¿Tú crees que seis demonios juntos tampoco lo derrotarían? –Preguntó un tanto preocupada por la respuesta.

-Seis tendrían una buena oportunidad –opinó el gama sennin- pero Pein es de los que van por el poder absoluto –le explicó a su contraparte- no se conformara con superarlo por un poco, querrá aplastarlo por completo y para eso ira por todo el poder al que tenga acceso –concluyó con enojo, otra vez su compañera no supo identificar hacía quien estaba dirigida dicha emoción.

-Razón de más para que no vayas solo –argumentó la Hokage con seriedad tras un momento- no volveré a cometer el mismo error Jiraiya –le aseguró- iré contigo esta vez.

-¡¿NANI?! –fue la estupefacta exclamación del ojigris ante la afirmación de la rubia.

-Ya me oíste –le dijo claramente- esta misión involucra la seguridad de todos, no solo la de Konoha por lo que cabe dentro de las misiones que debe realizar un Kage –declaró con determinación- también enviare un mensaje pidiendo apoyo a la aldea de la arena ya que están más cerca del lugar.

-De acuerdo –aceptó derrotado el ermitaño mientras se levantaba con cuidado dando por sentado que sería inútil tratar de debatir eso y mucho menos contra Tsunade- necesito algo que ponerme no puedo ir hasta allá en una bata de hospital.

-¿Ah no? Yo creó que se te ve bien –opinó a modo de broma la sannin con una sonrisa burlona mientras observaba el panorama que ofrecía dicha bata de cierta parte de su viejo colega, el ermitaño regreso a verla con cara de pocos amigos, luego de un momento ambos se rieron por un rato aflojando la tensión que se mantenía en el ambiente.

Soltó violentamente el agarre que el moreno tenía sobre él, alejándose de su caído adversario, como si al hacerlo fuera a dejar con él la horrible verdad que le fue transferida, se dio cuenta de que sudaba levemente, su sharingan estaba inactivo, sus ojos eran nuevamente azules y expresaban estupefacción, en todo el sentido de la palabra. Por un instante solo observo al guerrero que yacía recostado frente a él, considerando todo lo que acababa de presenciar, no podía creerlo, no quería creerlo, ignorando las preguntas del peliazul que quería saber que rayos sucedía, cerro sus ojos y se concentro en él único que podía certificar la veracidad en las memorias del Uchiha.

Apareció frente a la ya conocida jaula del zorro que solo se veía pensativo y parecía haber estado esperando a que el rubio llegara. El jinchuuriki se sorprendió un poco al no notar el habitual gesto despectivo en la expresión del zorro cuando llegó, sino más bien uno de preocupación, solo estaría seguro tras preguntarle.

-¿Es verdad? –Dijo con toda la determinación que fue capaz de reunir el contenedor a su prisionero, por primera vez en su vida no estaba seguro de querer saber la verdad acerca de algo.

El zorro lo miro por un largo momento antes de asentir con aprensión, sin variar en lo más mínimo aquella sombría expresión.

-¿Por qué no me lo contaste antes? –Preguntó despacio, en verdad estaba demasiado impactado por lo que acababa de confirmar que ni siquiera tenía la fuerza para reclamarle por haberle ocultado algo de esa índole.

-No… -empezó el demonio pero se corto a si mismo para tratar de encontrar las palabras adecuadas, finalmente solo suspiro con abatimiento antes de continuar- no tenía idea de que era por eso que estaban reuniendo a mis hermanos, ni siquiera tenía idea de que Madara hubiera luchado contra él, ni siquiera los de mi clase se atreverían a desafiarlo, la idea de un demonio haciéndole frente es ridícula por si sola, pero un humano… es algo impensable –admitió algo sorprendido.

-¿Tenemos alguna posibilidad? –Preguntó directamente y con algo más de agresividad.

-No lo se –aceptó con algo de pesar el kitsume- realmente no lo se.

-Ya veo –dijo con seriedad el rubio antes de desaparecer del lugar y volver a abrir sus ojos para enfocar su vista en el peliazul que lo observaba con algo de preocupación.

-¿Qué fue lo que paso? –Preguntó de inmediato- primero este sujeto –dijo señalando al Uchiha- de sujeta de la cabeza y un segundo después estas como una lombriz en una caña de pescar y luego te quedas estático mirando a la nada –resumió un tanto molesto- ¿Qué paso? –El rubio solo lo aparto para poder observar con detenimiento al moreno.

-Ahora… sabes… que… hacer…, y… lo… que… necesitaras… -dijo pesadamente el ojinegro mientras hacia un esfuerzo para normalizar su respiración luego del gasto de energía que tuvo para poder transferir sus recuerdos al Uzumaki.

-¿En verdad crees que tenemos alguna oportunidad? –Preguntó con un poco de escepticismo el rubio mientras se volvía a acercar se arrodillaba al costado del ojigris.

-No –dijo directamente el moreno sorprendiendo al rubio- no si empiezas… a dudar desde ahora –agregó con firmeza- empeñe mi alma… para tratar de crear la más mínima esperanza… –declaró débilmente pero sin remordimiento- Tú eres esa esperanza ahora… –le dijo con seguridad- no lo dudes… ni por un momento –agregó en un tono que sonó casi a una amenaza- si debo morir aquí por haberme asegurado… de saber que eres él indicado para cumplir esta misión, es un preció que pagare gustoso –declaró con raigambre- pero necesito que me prometas algo… Naruto –le pidió con algo de ansiedad el moreno.

El rubio acerco su oído al Uchiha que cada vez hablaba más bajo a causa de la debilidad que se propagaba por su cuerpo lenta pero constantemente.

-Eh sacrificado desde mi amigo hasta mi hermano y a mi clan, perdí el derecho a llamarme guerrero hace mucho para convertirme en un monstruo –resumió con un claro arrepentimiento en su voz por primera vez desde que decidió seguir el camino de la oscuridad- tú por otro lado has llegado mucho, mucho más lejos que yo siguiendo tú propio camino, uno que no perdiste nunca pese a las dificultades que implicaba –señaló con cierta admiración antes de continuar- prométeme que no perderás... ese camino –dijo finalmente sorprendiendo al ojiazul por su petición- que las personas sacrificadas no lo fueran para que un monstruo obtuviera poder, si no para que un salvador pudiera finalmente aparecer –concluyó mientras sacaba de entre sus ropas un pergamino y retiraba de su pulgar izquierdo el anillo con el kanji de Gyokunyo y lo colocaba en el del ojiazul- abre esto en su momento –dijo de último mientras situaba el pergamino en la palma de su mano.

El jinchuuriki observo atentamente mientras el Uchiha esperaba su respuesta con tranquilidad, solo asintió levemente aceptando cumplir con dicha promesa con la mirada fija en el que fuera su oponente desde el día en que nació, este por su parte se dio por satisfecho y se permitió una pequeña sonrisa, una genuina y llena de paz, por primera vez desde que tenía memoria. Había nacido en un mundo dominado por al guerra y la muerte, la sangre y la fuerza, nunca se había permitido estar en paz, hasta este momento, lentamente sus ojos se fueron cerrando mientras su cuerpo terminaba de caer en el tan ansiado descanso que nunca pudo tener en vida. El Uzumaki se permitió un momento de silencio en memoria de su adversario antes de levantarse y retroceder un par de pasos del cuerpo del más poderoso Uchiha que haya existido hasta el momento, ya a una prudente distancia activo su Mangekyou Sharingan y el cuerpo fue envuelto por completo en llamas negras, luego trazo unos pocos sellos y piso con fuerza dando paso a que un altar de piedra surgiera levantando al caído Mizukage dos metros sobre el suelo, lo siguiente fue grabar unas palabras con uno de sus dedos, que ahora tenia forma de garra con un leve resplandor rojo, en el costado del altar que ahora se alzaba ardiendo con intensidad mientras el sol surgía en el horizonte para dar paso a un nuevo día.

-Termine –dijo finalmente antes de levantarse y observar al peliazul que llevaba a Samehada en su espalda- valla, lo conseguiste- dijo sin poder evitar un leve tono de sorpresa para molestar al espadachín.

-¡Acaso creías que ese sushi con pies iba a poder conmigo! –le espetó molesto pero con una sonrisa de autosuficiencia.

-Ni por un momento –le aseguró de vuelta el Amekage con una certeza que dejo mudo al joven espadachín por un momento- ahora vamonos tengo un largo viaje por delante, varios pendientes en este lugar antes de partir y muy poco tiempo para realizarlo.

-¡Espera! –Le detuvo cuando vio que se dirigía a la aldea- tenemos un pequeño problema –le dijo mientras señalada con al cabeza en dirección al bosque.

El jinchuuriki siguió al espadachín hasta el borde del campo de batalla, donde se volvían a encontrar árboles, allí en uno de los mismos, sujeta firmemente por una gruesa soga se encontraba…

-Una anbu –reconoció al instante el Ottokage, luego de acercarse lo suficiente para identificar el rostro libre de la máscara de oso- una anbu de Konoha –apunto con tono de circunstancias luego de reconocer a la joven de cabellera morada que en el pasado fue novia de Hayate Gekko, (El jounin especialista en kenjutsu asesinado durante los exámenes chuunin antes de la invasión de Orochimaru).

-No tengo idea de cuanto habrá visto, pero dado que estaba a esta distancia del campo de batalla debió de ser bastante –opinó con seriedad el peliazul- o por lo menos suficiente para exponerte ante Konoha.

-Ciertamente –admitió con tranquilidad el rubio- podría modificar sus recuerdos pero ahora hay cosas mucho más relevantes que mantener una cuartada.

-¿A qué te refieres? –Preguntó de inmediato el peliazul.

-Te lo explicare después –le aseguró- por ahora llévala al hospital de la aldea, te encontrare ahí –le aseguró- solo debo hacer algo primero –dicho esto el ojiazul se desapareció rumbo a la aldea. El espadachín solo se quedo pensativo por un momento antes de inclinarse y levantar a la anbu en brazos.

-Espero que sepas lo que haces jefe –dijo para si mismo antes de emprender camino al hospital.

Las explosiones y temblores habían dejado de escucharse y sentirse hace un rato, sin embargo esta nueva calma y la incertidumbre que venia con ella era tan perturbadora como el más absoluto caos. Tanto aldeanos como los shinobis encargados de resguardar el refugio, una enorme cueva subterránea, eran abrumados por la preocupación, una preocupación que no desaparecería hasta no ver al Mizukage entrar al refugio a informarles que la aldea se encontraba a salvo. De pronto el muro de la entrada empezó a moverse, todos estaban expectantes ante este hecho ya que solo los ninjas de la aldea sabían como abrir la entrada sin volarla, pero en cuanto termino de abrirse dio paso a un completo desconocido que llevaba consigo los signos inequívocos de una gran batalla, aun así se adentro en la cueva moviéndose con agilidad y gracia, su sola presencia y lo que esta podía significar hizo temblar a muchos de los presentes, principalmente a lo aldeanos, e hizo poner en guardia a los shinobis presentes.

El rubio por su parte solo camino entre las personas hasta situarse en medio del lugar, una vez allí solo observo detenidamente a las personas que se encontraban resguardadas y a los ninjas que se encargaban de protegerlas. Intentaba encontrar las palabras más apropiadas para expresar la situación cuando sintió un ataque en su dirección proveniente de una fuente considerablemente… ¿pequeña? Detuvo el golpe sin dificultad alguna atrapando a su agresor, un genin aparentemente, de unos trece años cabello marrón alborotado, ropa gastada y mirada desafiante.

-Buen ataque –lo elogió amablemente el líder de la lluvia. El muchacho solo clavo sus ojos grises en él antes de preguntarle en tono desafiante.

-¿Dónde esta Mizukage-sama? –Por respuesta el rubio levanto su mano izquierda mostrando, ante la atónita mirada del muchacho, el anillo en ella.

-Lo asesine –dijo de manera simple pero con un leve toque de remordimiento apenas perceptible.

Al chico que sujetaba le tomo unos segundos terminar de procesar esa información, pero cuando lo hizo arremetió con una patada al rostro del rubio, que únicamente la bloqueo con el mismo brazo que tenía levantado, al mismo tiempo el resto de ninjas, que difícilmente excederían unos cincuenta, que se encontraban en el lugar los rodearon con intención de atacar al todo por el todo, pero se mantuvieron expectantes cuando el ojiazul hablo.

-Su ejército ya fue derrotado –les informó impávido- su Mizukage y Hoshigaki, el último de los espadachines gatana de la niebla están muertos, así que sería mejor que reconsideraran su idea de atacar –les aconsejó una vez hubo resumido su situación, la duda era visible en varios de los rostros excepto en uno.

-¿Insinúas que nos rindamos? –le preguntó con furia el chico que sujetaba mientras le lanzaba un puñetazo con su mano libre, rubio podía ver una ataque así cono si fuera en cámara lenta, solo suspiro con cansancio mientras cerraba los ojos un instante, al abrirlos estos eran totalmente blancos hasta llegar a su iris.

El aura del susano extendió con suavidad al principio, solo arrojando al muchacho en dirección de uno de los ninjas que lo rodeaban a pocos metros, donde este lo atrapo, pero luego la intimidante barrera estaba formando un fantasmagórico guardián ante la aterrorizada mirada de los que allí se encontraban, el jinchuuriki se permitió esperar un momento hasta estar seguro de haber llamado la atención de todos los presentes, una vez hecho esto continuo.

-No tiene sentido pedirle a alguien derrotado que se rinda –explicó simplemente antes de retirar su barrera- un shinobi debe saber cuando hay que luchar y cuando hay que esperar –les recordó categóricamente a sus adversarios, dirigiéndose en especial al muchacho, que todavía lo observaba ceñudo- es una lección difícil, créanme que lo se –les aseguró con rotundidad- pero aquí, ahora y conmigo son las peores circunstancias para intentar atacar.

El genin de la niebla se disponía a incordiar a su manera (en otras palabras estaba por lanzarse al ataque de nuevo) cuando una voz se hizo escuchar en las paredes de la cueva con una fuerza tal que llamo al atención de todos y despertó el miedo en algunos.

-¡BASTA YA! –desde el suelo fue surgiendo una imagen sumamente extraña, aun el mundo shinobi, un ser mitad planta mitad hombre con dos caras de diferente color partidas por la mitad. Su sola presencia fue suficiente para detener las hostilidades en contra del rubio.

-¡Zetsu-san! –dijeron al instante los ninjas que se encontraban en el lugar luego de reconocerlo como el espía personal que el Mizukage enviaba a las misiones de recopilación de información más complicadas.

-Es considerado un acto de traición levantar el puño en contra del Mizukage –dijo la mitad negra con voz contundente.

-¡¿NANI?! –exclamaron a la vez todos los shinobis presentes, incluido el ojiazul, los aldeanos solo miraban con confusión y pánico la escena que se desarrollaba frente a sus ojos. Finalmente, tras encontrar su voz, Naruto fue el primero en dirigirse al hombre-planta.

-¿De qué estas hablando Zetsu? –preguntó despacio el jinchuuriki.

-Hay leyes en Kirigakure no sato –dijo llanamente el Akatsuki, de inmediato al rubio le dio un tic en el ojo ante la sensación de dejavú. Pero fue uno de los ninjas de kiri el que se le adelanto en protestar.

-¡Es ridículo! –Exclamó el genin de la niebla- kiri no se rinde ante sus agresores, la elección del mizukage se realiza…

-Por decreto de sucesión –completó la mitad blanca de Zetsu- El Mizukage debe elegir a su sucesor e imponerle una prueba y si la supera será proclamado automáticamente como el Mizukage-sama de Kirigakure no sato.

-Exacto –dijo otro de los ninjas que finalmente se atrevió a hablar, aunque lo hizo con cautela- por esa razón él no puede ser el mizukage solo por haber vencido a Madara-sama.

-Aun si Madara-sama lo hubiera elegido como sucesor –intervino otro de los shinobis, una mujer en vestimenta anbu con cabello café y mascara de lobo- cosa que dudo –agregó con tono de circunstancias- aun debería de pasar la prueba.

Zetsu solo escucho ambas declaraciones sin expresar nada más que una leve impaciencia, la cual se notaba más en su mitad negra, antes de dirigirse al rubio.

-¿Madara te dio un pergamino no es verdad? –El rubio solo asintió con cierta intriga- te recomiendo que lo abras –le sugirió la mitad blanca.

El rubio saco de entre sus ropas el pergamino que el Uchiha le había entregado antes de morir con cierta desconfianza, cuando este le transfirió sus memorias también incluían información de Akatsuki y de la aldea de la niebla, así supo donde estaban los aldeanos y como entrar en el refugio, pero no estaba seguro de lo que contenía aquel papiro. Sin embargo, y pese a toda su experiencia tratando con acontecimientos inesperados y de la mala espina que le daba la familiaridad de la situación, no se esperaba lo que encontró en las palabras redactadas en el aquel pergamino de puño y letra del antiguo patriarca Uchiha. Sin una sola palabra se lo arrojo a la anbu que hablo antes para que lo leyera en voz alta, esta al principio tomo el pergamino con cierta desconfianza pero empezó a leer de inmediato al reconocer la letra del líder de su aldea.

-Yo, Madara del clan Uchiha, líder de la aldea escondida entre la neblina, por la presente anuncio a los habitantes, tanto aldeanos como shinobis, de kiri que me retiraré del cargo de Mizukage de la aldea –una exclamación de sorpresa general se escucho por toda la cueva en este punto antes de que la enmascarada continuara leyendo- pongo en su conocimiento el nombre de mi sucesor, Naruto de los clanes Namikaze-Uzumaki y el desafío que, como prescrito en las leyes de kiri, debe cumplir si desea ocupar su lugar como el honorable Mizukage-sama de Kirigakure no sato. Él debe… -la anbu detuvo su lectura por un momento debido a la sorpresa antes de continuar- asesinarme en combate y mostrar mi sortija a los habitantes de kiri como prueba de haber superado el reto –la conmoción fue total al terminó de estas palabras, pero no acababa ahí- como es ya la antigua tradición, la última orden del kage de la niebla debe ser cumplida al pie de la letra. Es mi voluntad y último deseo que se trate a este hombre con el mismo respeto que se me mostró a mí.

Madara Uchiha Tengu Mizukage de kirigakure no sato

El silencio absoluto fue lo que siguió al final de la declaración, ni siquiera Naruto o el impulsivo genin de la niebla podían articular palabra alguna ante lo que acababa de suceder, de hecho la única señal de movimiento que se realizo en ese momento provino del Akatsuki mitad planta mientras sacaba de entre su túnica un protector con la insignia de la niebla y se la pasaba al rubio. Al final solo una cosa era segura, Naruto era ahora el Mizukage de la aldea escondida entre la neblina.

Estaba aburrido, pero en esos momentos debía admitir que no tenía mucha energía como para quejarse con el rubio siquiera, la tarea de custodiar a una anbu inconciente no era una misión emocionante precisamente pero dado que su chakra estaba apenas en una quinta de lo que debería no estaba para más, de repente escucho mucho alboroto en el exterior del hospital, al acercarse a la ventana vio algo que lo descoloco un poco. Una multitud se acercaba, todos y cada uno de ellos llevando a algún herido en brazos, el rubio se encontraba liderando la procesión con un ninja en cada uno de sus hombros, de hecho se le podía ver en varios lugares de la multitud haciendo lo mismo, al parecer creo cerca de mil clones para transportar a los heridos hasta el hospital pero no iba solo, pudo distinguir a varios ninjas médicos que vio en el campo de batalla llevando a algunos de los shinobis y muchos que solo podían ser aldeanos por su manera de vestir y caminar. Giro los ojos en actitud resignada por la actitud tan blanda del rubio, se iba a encaminar a la salida para buscar al Amekage cuando sintió el filo de una hoja de katana en su cuello.

-No deberías distraerte cuando vigilas a un prisionero –le regañó una voz femenina a sus espalda, el peliazul solo sonrió a medias antes de hablar, no sin cierta desvergüenza.

-Eso sería aplicable si el prisionero fuera de cuidado –comentó divertido para sorpresa y cierto enojo de la joven de cabello morado, pero como asesina entrenada contuvo perfectamente sus emociones.

-Subestimar a tu adversario también es una falta muy grave ¿sabias? –Comentó con voz suave y peligrosa.

-No lo olvides –le recomendó el peliazul antes de que, ante al sorpresa de la anbu, se le, literalmente, escurriera entra las manos.

Volteo rápidamente antes de que el espadachín terminara de dar un golpe directo con la gigantesca espada de escamas de tiburón. Aun habiendo bloqueado el golpe el peso del mismo la hizo caer de rodillas para poder soportar la presión. Esto la sorprendió bastante, ella había observado tanto la su batalla contra el akatsuki espadachín como la del rubio contra el mizukage y las que sostuvieron contra el resto de la aldea, considerando la magnitud de dichas batalla sabía que en plenas facultades, y pese a su propio poder, ella no sería el oponente adecuado para el peliazul ni se diga del rubio, pero tras semejante batalla el primero no debería contar más que con una fracción de su chakra y aun así conservaba una fuerza peligrosa, así que opto por otro medio de enfrentamiento que un ataque directo.

Uso la misma presión que el espadachín ejercía sobre ella para deslizarse por entre sus piernas detrás de el. Una vez se coloco en posición trazo los sellos de una sencilla técnica raiton para conducir una sencilla pero potente descarga sobre quien tocara, el ataque solo paralizaba temporalmente pero era lo que necesitaba en esos momentos además en el caso de este particular oponente fue bastante más efectivo de lo que habría sido normalmente. El peliazul arqueo la espalda con un gruñido de dolor antes de caer sobres sus rodillas apoyándose en su espada para no caer. La anbu aprovecho la oportunidad para correr a la salida de la habitación, solo que al atravesarla choco de frente con el rubio ojiazul que hace solo unas horas había visto demostrando un poder destructivo digno de los mismo dioses. El jinchuuriki observo con cierta preocupación, que no expreso en absoluto, como la anbu se colocaba a prudente distancia mientras parecía evaluar la situación, decidió que antes de que esta tomara una decisión era mejor dar el primer paso.

-Me alegra ver que se encuentra bien Yugao-san –saludó con propiedad el contenedor del kyuubi mientras se dirigía al entumecido espadachín y le transfería un poco de chakra normal y curativo para acelerar su recuperación. Una vez este se levanto y el rubio estuvo satisfecho con su estado volvió a dirigirse a la kunoichi ante él.

-Sabe mi nombre –argumentó con tono de circunstancias la ojinegra, cada minuto que pasaba confirmaba todavía más su teoría inicial acerca de la identidad del joven guerrero, pero no era como si lo necesitara ahora, aunque era extraño, puesto que el Naruto de su aldea no debía de tener dicha información.

-Desde luego que se su nombre –comentó tranquilo el ojiazul- pero para resolver la duda que seguramente ronda en su cabeza digamos que tengo mis fuentes de información en konoha –le explicó- en estos momentos seguro que ya debe estar segura de quien soy pero solo por curiosidad ¿en qué momento lo confirmo? –Inquirió con cierta curiosidad- ¿Cuándo mi máscara cayó, o cuando utilice el chakra del zorro? –La anbu lo miro sorprendida de que hiciera semejante pregunta, y en un tono digno de una amena charla, así que le tomo un momento contestarle.

-Cuando cayó la máscara me sorprendí pero no podía estar segura de que fuera un henge o una casualidad –le dijo con lentitud- pero solo existe alguien capaz de producir ese chakra demoníaco, uno que cualquier ninja de la hoja con edad suficiente para recordar podría identificar donde fuera.

-Supongo que así es como debe ser –opinó con cierto pesar el rubio- y por cierto, gracias –agregó con una pequeña aunque calida sonrisa.

-¿Por qué? –Preguntó verdaderamente confundida la ojinegra.

-Por decirme alguien y no algo –le explicó el ojiazul- aun después de haber visto de lo que soy capaz, eso significa que aun me consideras humano.

-En estos momentos no estoy segura de que seas Uzumaki –dijo con recelo la pelimorada- aparte de un traidor –añadió desafiante.

-Eh sido muchas cosas –admitió con entereza el kage de la niebla- pero nunca un traidor –declaró con firmeza- sin embargo supongo que dadas las circunstancias no te es suficiente mi palabra y lo entiendo.

-¿Qué es lo que planeas hacer conmigo? –preguntó con un poco de recelo, aunque sonó un poco resignada a que no podría escapar, la verdad era que trataba de hacer tiempo para pensar en algo puesto que la aparición del jinchuuriki cambiaba su situación.

-Como era mi responsabilidad informe a mis shinobis de tu presencia en la aldea –explicó con calma el ojiazul mientras un par de cazadores anbu entraban en la habitación.

-¿Tus shinobis? –Preguntaron a la vez Yugao y Suigetsu.

-Que torpe de mi parte, discúlpeme –se excusó el ottokage- el día de hoy fui nombrado Mizukage de kirigakure no sato –explicó con un leve tono de resignación mientras, para mayor asombro de la ojinegra, le mostraba el tercer protector en su brazo derecho con la insignia de la niebla.

-¿Mizukage? –Repitió la anbu en un susurro casi en shock por esa información, pero a la vez observaba con intriga las otras dos insignias, intriga que no paso desapercibida para el Uzumaki.

-Tsunade no te explico todo lo referente a esta misión de reconocimiento –no fue una pregunta sino una afirmación, la pelimorada no hizo ningún gesto- y como anbu no hiciste ninguna pregunta salvo por la información que te dio. Solo debías mantenerte al margen y observar ¿verdad? –no hubo respuesta, era esperado, un anbu no debía decir nada acerca de sus ordenes ni de nada durante una misión, suspiro con cansancio- solo para que lo entiendas, llevo tres protectores diferentes por que en estos momentos soy el kage del las aldeas del sonido, la lluvia y la niebla. Tsunade te envió por que sabía que el ottokage se presentaría aquí, claro esta que ella no tiene idea de que soy yo… todavía.

La kunoichi apenas trago saliva con nerviosismo pero intentando que su rostro no delatara dicha emoción, no encontraba forma de escapar así que, al verse tan falta de opciones, llego a la única decisión posible, debía ejecutar el jutsu suicida que se les enseña a los anbu para no dejar nada que una aldea enemiga pueda usar de ellos, arrojo un par de bombas de humo nublando por completo al visibilidad del lugar dio un salto hacia arriba para aferrarse al techo con sus pies y su chakra y empezó la secuencia con rapidez, pero antes de completar el último sello y liberar su chakra pudo ver como del humo emergía una figura a una velocidad tal que ni siquiera pudo reconocerla hasta que observo enfrente de su rostro un par de orbes platinadas y sintió como su fuerza la abandonaba por completo antes de caer desde el techo, antes de tocar el suelo fue atrapada en los brazos de rubio ojiperla que tenia una expresión de alivio.

-Por poco –suspiró aliviado- no es necesario llegar a esos extremos –le dijo con seriedad mientras se dirigía a la cama de la habitación y la depositaba cuidadosamente en ella. Luego de unos momentos el humo se disipo y los anbu que lo acompañaban se acercaron.

-Mizukage-sama –llamó uno con máscara de ave- debemos llevarla para el interrogatorio.

-No –dijo simplemente pero con decisión.

-Pero Mizukage-sama… -tener a un ninja, y más aun un anbu, de otra aldea tan vulnerable para un interrogatorio era una oportunidad única.

-No se la llevaran –dijo rotundamente- acoplen este cuarto para que puedan hacer sus preguntas, y nada referente a quien es, su misión o algo referente a konoha –les ordenó con un tono que no dejaba lugar a replicas- Suigetsu –llamó, el espadachín se levanto del asiento en el que estaba descansando- te quedaras a ver que se cumpla mi orden y a cuidarla –le ordenó directamente mientras sacaba el pergamino de sellado donde había guardado las raciones de ramen especial y sacaba dos- toma uno para recuperar fuerzas y ayúdala a comer el otro.

-¿Me viste cara de enfermera? –se quejo el peliazul, pero lo dejo de lado cuando el rubio le dirigió una mirada que daba miedo.

-Solo has lo que te digo, que no le pidan información de nada fuera de lo que ocurrió en kiri, que no le hagan daño y asegúrate de que coma después entendiste –le resumió con gravedad el espadachín solo asintió de mala gana-De acuerdo –aceptó el mizukage mientras se dirigía a la salida- yo mientras estaré repartiendo esto entre los ninjas principales para que la aldea vuelva a tener fuerza de ataque lo antes posible –dijo mientras salía con el pergamino del ramen en la mano.

Como era lógico la noticia del nuevo mizukage se expandió rápidamente puesto que toda la aldea estaba reunida en un mismo lugar, en el hospital, esta de más decir que dicho edificio no daba abasto para cerca de cinco mil ninjas por lo que las casas adjuntas se utilizaron para alojar a los heridos, la ventaja era que casi ninguno estaba realmente herido solo sin energía para moverse por lo que los aldeanos también pudieron poner de su parte para ayudar, aun así era una sorpresa para todos ver a su nuevo líder y a sus clones por todas partes, algunos repartiendo las raciones de ramen reparadoras de chakra, otros ayudando a los shinobis a que las comieran, otros transfiriendo de su chakra a los ninjas para que pudieran estar listos en menos tiempo y algunos, entre ellos el autentico, ayudando con heridos de verdad, los que se enfrentaron al espadachín de hecho. Al finalizar se encontraron un total de diez muertos durante la batalla, una cifra mínima pero que, para sorpresa de quienes estaban presentes cuando recibió la noticia, hizo brotar una lágrima de los azules ojos del mizukage, este se hizo cargo en persona de avisar a las familias y asegurarles que se encargaría de ayudarlos en lo que necesitaran, luego grabo sus nombres el muro de los lamentos de la aldea, (Era algo parecido a al roca de los héroes de konoha), en el cual también tallo el nombre de su predecesor.

Fue ya bastante entrada la noche cuando el mizukage concluyo con sus actuales labores y se dispuso a ir a la habitación donde los anbu estaban realizando su interrogatorio, justo antes de que tomara el pomo de la puerta esta se abrió dejando ver a unos cansados shinobis, aunque lograban disimularlo bastante bien.

-¿Concluyeron? –Les pregunto en tono tranquilo, estos pese a su sorpresa inicial al ver a su nuevo líder de improviso respondieron de inmediato con un "hai"- ¿obtuvieron al información que querían? –Ambos volvieron a asentir con un "hai" –muy bien retírense a descansar –les ordeno en tono amable mientras entraba en la habitación.

Al entrar pudo ver que las ventanas estaban cubiertas de negro y había varios sellos en ellas para que no se escuchara nada desde el exterior, la muchacha se encontraba aparentemente dormida en la cama y Suigetsu…. Bueno el estaba comiéndose la segunda ración de ramen.

-Creí haberte dicho que la ayudaras a alimentarse a ella no que te alimentaras por ella –le dijo irritado, ciertamente había sido un día bastante duro y no estaba precisamente de humor para esto.

-Bueno es que… me dio lástima despertarla –le dijo riendo nervioso.

-No sabia que fueras tan considerado Suigetsu –le dijo con sarcasmo- así que te asignare otra misión más acorde a tu nuevo lado humanitario –le informó con una media sonrisa que hizo sudar al espadachín- hay pocos shinobis en la aldea ahora, sin contar con que mande a varios a recoger a los ninjas que dejamos inconcientes en el bosque así que, ya que tú sabes en donde los dejamos, te unirás al grupo de búsqueda para traer a los heridos y luego al de guardia por el resto de la noche –le ordenó con seriedad.

-Después del día que ya tuve quieres que me quede sin dormir toda la noche –le preguntó incrédulo el peliazul.

-¿Algún problema? –Le dijo en tono peligroso, el espadachín simplemente negó con la cabeza nervioso, era claro que no debía poner a prueba la paciencia del jinchuuriki en esos momentos.

Una vez su alumno salio, el amekage suspiro con resignación antes de dirigirse a la pelimorada con el frasco de ramen en sus manos.

-Se que estas despierta así que levántate –le dijo directamente- necesitas comer algo si quieres que te den de alta mañana –agregó un tanto divertido al ver como la joven abría los ojos para verlo con sorpresa, que luego fue reemplazada con una expresión de molestia.

-Si, claro –dijo con sarcasmo esta mientras regresaba su mirada al frente.

-No estoy bromeando –le aseguró el ottokage mientras acercaba una silla y se sentaba a lado de la cama de la chica- si prefieres comer una docena de tus píldoras soldado en lugar del ramen por mi no hay problema, pero aun así te tomara dos días poder volver a moverte –argumentó el rubio, la anbu solo bufo molesta, sabía que el rubio tenía razón en eso- con esto –dijo refiriéndose al ramen- estarás lista para ir al muelle para mañana, algunos de mis shinobis tendrán que partir mañana durante el viaje en barco hacia el país de la ola podrán terminar de recuperarse, luego podrás regresar a konoha.

La pelimorada solo se dedico a mirar al rubio con un claro escepticismo en su mirada, este ya esperaba algo como eso así que no le presto mayor atención mientras, no sin cierta dificultad, la ayudaba a comer. Al terminar finalmente la ración de alimento le transfirió un poco de su chakra para estar seguro de que sería capaz de empezar un viaje al día siguiente, luego simplemente la dejo descansando. Eran pasadas las doce cuando finalmente salio del hospital podía sentir a varios ninjas por el lugar y estaba seguro de que no estaban simplemente haciendo sus rondas sino vigilándolo a él.

-Esta es la aldea más desconfiada de la que eh sido kage –murmuró para si mismo en un tono aprensivo- pero ahora ya no puedo hacer mucho –concluyó mientras echaba inconcientemente una mirada hacia su tercer protector antes de dirigirse al lugar donde varios de los aldeanos ya habían empezado las reparaciones de sus hogares.

Las reacciones de los aldeanos fueron muy variadas al ver al Mizukage aparecer en el sitio de las construcciones y empezar a ayudarlos con una docena de clones con las múltiples reparaciones y reconstrucciones del lugar, en primera por que ese tipo de tarea estaba destinada a los genin y a lo mucho a los chuunin, en segunda por que se dieron cuenta de inmediato de que lo hacia de muy buena disposición y en tercera porque era claro para cualquiera que era un maestro en el tema. El rubio por su parte, pese a estar ya bastante cansado, estaba acostumbrado a continuar pese a estar sin chakra así que no el fue muy difícil trabajar con los aldeanos, de hecho le daban cierta satisfacción ese tipo de labores manuales. Había gastado, salvo por una décima, el resto de sus reservas de chakra con los internados en el hospital, a cambio estaba seguro de que ellos estarían como nuevos en máximo tres días. Mientras trabajaba tuvo la oportunidad de conocer y tratar con muchos de los habitantes de kiri, al final concluyo que era bastante parecida a konoha salvo que la relación con los shinobis era un poco más de miedo que respeto, pero solo un poco en comparación a otras aldeas que él había visto. El resto de la madrugada paso sin ningún tipo de percances mientras que los aldeanos iban conociendo cada vez más a su nuevo líder, y este a su vez conocía a las personas que acababan de quedar bajo su protección. Incluso se topo con el genin que lo había desafiado con tanta agresividad en la cueva, este se encontraba transportando un pesada cantidad de tablones pero cuando el rubio se ofreció a ayudarlo este simplemente le contesto con un seco.

-Puedo cargarlos sin problemas Mizukage-sama –sin siquiera regresar a verlo. El ojiazul solo suspiro resignado mientras regresaba a ayudar los que no parecían molestarles tanto su presencia, pero se vio interrumpido de esto cuando se percato de la dirección que tomo el muchacho con su pesada carga.

-¡Cuidado! –le gritó lo bastante alto como para que todos los presentes lo escucharan.

El muchacho regreso a verlo pero al hacerlo causo justo lo que preocupaba al jinchuuriki, el lugar por el que paso era uno de los edificios que él había atravesado cuando fue atacado por Madara, uno de los tablones golpeo la pared del mismo terminando de desestabilizarlo por completo y provocando que cayera sobre el chico que debido al peso de su carga y la sorpresa de ver como un edificio se le venia encima solo pudo caer de espaldas y por acto de reflejo cerrar los ojos esperando que la estructura lo aplastara, solo que es no sucedió, sintió como algo lo empujaba contra el suelo y el ruido de rocas cayendo y luego solo silencio. Se atrevió a abrir los ojos lentamente pero en cuanto enfoco lo que estaba frente a él los abrió de golpe, el ojiazul se encontraba al frente suyo sosteniendo a su espalda la pared de ladrillo, o lo que quedaba de ella porque varias partes se desquebrajaron, al parecer no tuvo tiempo de quitar al chico del lugar por lo que se limito a servirle de escudo recibiendo el peso de los escombros y evitando que golpearan al genin.

-¿Estas bien Senichi? –Le preguntó con seriedad el Mizukage, el ojigris solo sintió con la misma expresión de sorpresa- muy bien.

Sin más se levanto lentamente provocando que los escombros en su espalda cayeran a su alrededor pero sin tocar al muchacho, este se levanto tras un momento de terminar de asimilar lo que había pasado, pero se dirigió al jinchuuriki con curiosidad para preguntarle.

-Disculpe Mizukage-sama –este se volvió para verlo con cierta intriga en su rostro- ¿Cómo sabia mi nombre, aun no se lo había dicho?

-Lo escuche cuando te pidieron que llevaras los maderos –le contestó con amabilidad, de hecho había escuchado y se había aprendido el nombre de un buen número de los shinobis del lugar sin que ellos lo supieran, luego se intento retirar a continuar con las reparaciones pero cayo de rodillas.

Muchos se acercaron a él con cierta preocupación, la cual se incremento al verlo de cerca, tenía varias heridas abiertas y al parecer no eran solo por el edificio que le había caído encima, este solo le abrió algunas de las misma y destrozo lo que quedaba de su chaleco permitiendo ver la seriedad de su estado.

-Ha perdido mucha sangre –anunció un chuunin que estaba en el lugar- debemos llevarlo al...

-No es necesario Taku –le cortó el rubio levantándose- tengo una capacidad regenerativa acelerada –le explicó con tranquilidad- normalmente hubiera sido suficiente pero como eh utilizado gran parte de mi chakra, tanto peleando como remediando el resultado de mi batalla dentro de la aldea, esta no ah funcionando con la misma rapidez, solo necesito descansar un par de horas para recuperarme.

-¿Esta seguro Godaime? –le preguntó con preocupación el único jounin del lugar. (Puesto que Madara había sido el cuarto mizukage o yondaime Naruto tiene el titulo de quinto o Godaime igual que Tsunade en konoha)

-Seguro Takai –le tranquilizó el ojiazul con calma- si requieren de mi presencia estaré en la torre descansando, debo partir en unas horas.

-¿Partir? –Repitió casi asustado el chuunin que lo había revisado- pero en sus condiciones...

-Es necesario –le cortó el rubio mientras se retiraba, pero algunos de los shinobis lo siguieron por lo que continuo- es una misión que me encargo Madara, una amenaza a todo el mundo shinobi esta por despertar y debo estar ahí para detenerla- les explico con gravedad.

-De ser así necesitara asistencia –opinó una anbu llegando al lugar.

-Preparare un equipo para que me alcance en el lugar –les informó a los ninjas que lo seguían- Suigetsu los guiara y aprovecharemos para llevar a la refugiada de konoha hasta cerca de su aldea.

-Ella podría ser una amenaza para la seguridad de la aldea –opinó con seriedad la anbu de cabello castaño rizado y mascara de lobo.

-No lo es –aseguró impertérrito el kage de la niebla- se cuales fueron sus ordenes no tiene que ver con la aldea, solo con mi identidad, y puesto que tengo que presentarme con los demás kages esta ya carece de importancia.

-Como diga –aceptó con sosiego la anbu.

-Prepara para mañana un equipo de diez shinobis –ordenó a la anbu de repente que solo lo miro con sorpresa- serán capaces de moverse para mañana y Suigetsu los acompañara, harán el viaje hacía la Ola en barco por lo que tendrán cuatro días más para recuperarse, yo los acompañare hasta el muelle y luego los adelantare –le explicó con seriedad- deben encontrarme en un punto entre lo países de la Tierra y del Viento. Mañana les daré las coordenadas exactas –concluyó mientras ingresaba a la torre mizukage.

-Como ordene Naruto-sama –contestó en tono formal la castaña antes de retirarse. El chuunin solo hizo una leve reverencia antes de retirarse.

-Naruto-sama –repitió el rubio con algo de nostalgia mientras continuaba su ingreso por la que ahora era su torre.

Entre los recuerdos que Madara le había entregado había información de la base principal de Akatsuki, lo que seguramente estaba haciendo Pein allí y de una surtida variedad de técnicas que este conocía, además de un objeto que le iba a ser de mucha utilidad, para obtenerlo debía utilizar el anillo que Madara le entrego pero si lo que quería era sellar la amenaza de los bijuu de una buena vez por todas necesitaría los diez, Zetsu ya le había dado el suyo, según él estaba cumpliendo la última orden de su líder, mientras estuvo en el hospital visito la morgue y aprovecho para tomar el de Kisame. Según las memorias de su predecesor en la torre debía hallar un par de cosas que le ayudarían, dio un pequeño vistazo a lo que quedaba de, la que ahora era, su oficina, justo detrás del escritorio había un agujero del tamaño de… bueno se podría decir que la ausencia de una pared completa era la mejor forma de definirlo. Pero el escritorio aun estaba ahí, lo movió a un costado y pudo visualizar la pequeña trampilla, parecida a la que él mismo tenía en su departamento, por un instante los parentescos que tenia con el patriarca Uchiha le dieron un ligero escalofrío pero alejo sus pensamientos de esto para volver a centrarlos en el asunto actual.

Levanto la trampilla sin problemas, si hubo un sello en esta aparentemente había sido removido antes de que él llegara seguramente por el mismo Madara. En el pequeño resguardo que allí se localizaba encontró un par de pergaminos, una túnica de Akatsuki, una máscara anaranjada como las del Uchiha y…

-Aquí esta –dijo para si mismo el rubio mientras tomaba el anillo con el kanji del Suzaku (Fénix Bermellón), que en tiempos pasados perteneciera al joven Uchiha, y se lo colocara en el dedo anular derecho, al hacerlo fue visible en su meñique derecho el anillo con el kanji de Genbu (Tortuga Negra) que le fue entregado por Zetsu, la sortija de Madara y el anillo con el kanji de Nanju (Sagitario) en su anular izquierdo que recupero de Kisame- Aun me faltan seis –observo con tono de circunstancias- dos de los que faltan no son problema –recordó- parece que visitare a mis otros protegidos –comentó con una sonrisa nostálgica- dos están en Konoha, uno seguramente en el despacho de la hokage y el otro en un bosque al que solo tiene acceso el clan Nara. Otro esta perdido en una área devastada de varios kilómetros de diámetro y él último tendré que arrebatárselo al mismo Pein –contó mentalmente con una media sonrisa y los ojos cerrados- parece que tendré un viaje interesante antes de ir por ti Nagato –opinó antes de volver a abrir los ojos y dejar ver unas amenazantes orbes rojas con pupila rasgada- y ya no puedo esperar –concluyo con una ansiedad palpable mientras mantenía su vista fija en el horizonte en el lugar donde sabía se encontraba su enemigo intentado desesperadamente incrementar su poder para que logrará superar al suyo, y lo verdaderamente preocupante era que si no se apresuraba a llegar a su encuentro, el antiguo amekage lo lograría.

Continuara...