Waaa! Por fin! El final del arco de Poltergeist :D
Debo decir que este capi fue, bueno, uno bastante importante y me gusto mucho como quedó n.n aunque… u.u bueno ya saben…
No los entretengo mas ni les doy mas larga que luego hablo demás hahaha
Al fic! :D
o.o.o
Capitulo XIV: Ese mayordomo, cálido
Cause I'm broken
When I'm lonesome
And I don't fell right
When you are gone away…
Seether ft Amy Lee – Broken
o.o.o
Sacudí la cabeza, negando esas palabras que me decían y empujé a Claude lo más fuerte que pude, alejándolo de mí, tratando de convencerme de que todo esto no era más que otra horrenda pesadilla y que despertaría pronto de ella. Corrí otra vez a la puerta del auditorio y nuevamente fui detenida por Claude, quien me apretó con los brazos y me alejó de allí, pese a mis gritos y mis patadas desesperadas, llevándome nuevamente a la mitad del pasillo donde me libré de él, alejándolo de mi a golpes y arañazos.
Sus palabras me parecían distantes, sin sonido y carentes de sentido…
¿Muerto? ¿Por qué decía eso? ¡¿Cómo podía estar tan seguro? ¡Sebastian era un demonio, por todos los cielos! ¡Quizás aun estaba vivo allí, entre los escombros y solo necesitaba ayuda!
-¡Estas mintiendo! –chillé, apretando los dientes, cerrando los puños lo mas fuerte que podía. Quería arrancarme el cabello de un solo tirón y sacarle los ojos a Claude-, ¡usted…! ¡Tu! ¡Tú planeaste todo esto! –solté repentinamente, mientras que Claude trataba de tomarme de los brazos, de los hombros. El toque de sus manos me era casi doloroso, repugnante-, ¡Tu hiciste todo esto! ¡Solo quería matar a Sebastian desde el principio!
-Señorita, por favor, cálmese… -pidió él, pero yo estaba sin control, inclusive creo que le escupí en el rostro y lo arañé, pero no podría decir.
-¡No! ¡No voy a calmarme y usted no me engañará más! ¡Todo esto no fue más que un plan para llegar a mí! ¡A MI! –grité, golpeándome el pecho con una mano, sintiendo la bilis subiéndome por la garganta y el nudo que había en esta no me dejaba hablar claramente-, ¡¿Por qué tenía que incluir a Sebastian en su ridículo plan! ¿¡Por qué?
-No sé de lo que me esta hablando –repuso Claude, con el rostro mas exánime que pudo poner en su estúpido rostro.
-¡¿Cómo puede ser tan cínico y despiadado? ¡Detesto a las personas cobardes que no…!
-Su mayordomo fue quien me pidió lanzar la espada a la señorita Rachel… -comentó Claude de forma repentina, seca, y yo me detuve a la mitad de mi oración.
Me le quedé mirando, observando por unos segundos sus ojos ámbar, la luz de la ventana que le daba claramente en el rostro, resaltando la blancura de su piel. Era imposible pedirme creer eso, sobre todo después de ver la clase de rivalidad que había entre esos dos, pero ahora, no sabía que pensar. Era incapaz de imaginar a Sebastian pidiéndole un favor a ese otro demonio…
Además, él jamás me había dicho aquello…
Me sacudí, moviendo las manos, sin poder comprender como podía decir aquello…
¿Sería una mentira? Y, si lo era, ¿Por qué lo hacía?
-No… -murmuré, tan confundida que me sentía mareada y ajena a la realidad-, eso no puede ser… usted no entiende, él—
-Sebastian me pidió que la ayudase, pero yo no deseaba que usted supiera… -musitó, con una voz que me sonó casi severa, casi dolida-. No deseaba hacerle pensar que fuera débil…
Levanté los ojos, totalmente incrédula de lo que decía y la mandíbula se me resbaló.
-¡¿Cómo es posible eso? –bramé, sintiendo el estomago darme vueltas en el abdomen y la garganta hirviendo por la bilis-, ¡Sebastian, él es la persona mas arrogante que conozco! ¡Adora lucirse! ¡¿Espera que me crea que ocultó un plan de mí para que yo no sospechase de él?
-Usted misma lo ha dicho; él hubiera preferido volver al infierno a ser visto por su amo como un demonio inútil –respondió velozmente y, de pronto, todas las palabras de Claude parecieron cobrar sentido dentro de mi cabeza.
Era cierto y era algo que nadie, ni yo, podían negar; Sebastian era arrogante de una forma extraña; siempre hacía las cosas perfectamente y no era nada modesto. Adoraba lucirse, hacer las cosas perfectamente, pero, indiscutiblemente, siempre cometía los mismo errores; como cuando pidió a la encargada de la limpieza que borrase la mancha que había en la alfombra del salón y esta únicamente logró decolorar la mitad con cloro o aquella vez que pidió a la criada que hiciera los dobleces de los pantalones y quemó la mitad de la tela.
Eran errores que cometía y, extrañamente, siempre volvía a pedirles las mismas cosas a las mismas personas, aun sabiendo como iba a terminar todo y que al final sería él quien terminaría haciendo el trabajo.
Era demasiado terco y engreído como para aceptara que se había equivocado o que había pedido ayuda, en este caso….
Quizás era la verdadera razón por la cual había tomado el papel principal de la obra, quizás, realmente Claude no estaba involucrado en un plan como el que pensé y todo había sido producto de mi estúpida imaginación…
Porque yo sabía, que en parte, que estuviera muerto era mi culpa… ¡pero era tan difícil creerme esto! ¡Entender que yo tenía la culpa, que yo había causado aquello!
Mi demonio, Sebastian, era la única persona en la que podía confiar plenamente después de perder a Michelle. Yo había jurado que le daría mi alma y él juró estar conmigo hasta el final, hasta que todo terminase para mí. Yo pensaba que estaría conmigo hasta que todo acabara, pues después de renacer, él había sido lo primero que yo había visto y deseaba que él fuera lo último que mis ojos presenciaran. Había encarrillado mi vida a esa idea y ver ahora todo el panorama cambiado, destruido, me daba ganas de huir de allí, de correr y alejarme del mundo…
Quizás al final, su arrogancia diabólica era lo que lo había matado y lo que me había salvado…
Y, sin embargo, pesé a que no podía creerlo completamente, supe que era verdad. Sabía que él estaba en lo correcto, por mucho que yo no quisiera aceptarlo. Entendí que Claude decía la verdad y que él idiota de Sebastian había hecho tal idiotez para que yo pudiera huir.
Durante unos segundos, me quedé pensando en eso, recordando pruebas que me convencieran de que no era cierto, de que estaba vivo y al mismo tiempo, rememorando escenas que me confirmaban lo que Claude me decía.
Yo misma lo había visto antes de salir; atravesado por las vigas de construcción, siendo arrastrado junto con Rachel al fondo del escenario y como los escombros y el fuego habían comenzado a consumir esa parte de la sala, envolviéndolo en violentas llamas y humo y ceniza que revoloteaba a mí alrededor…
Al final, había cumplido con la última orden de mi antepasado…
¿Por qué no podía aceptar su muerte, si lo había visto con mis propios ojos?
Estuve así, varios minutos, en silencio, con los puños apretados a los lados del cuerpo, hasta que súbitamente, todo el pasillo se iluminó de blanco. Eran las luces del pasillo; la electricidad había vuelto ahora que Rachel había desaparecido y esa fue la prueba final de que Faustus estaba en lo correcto…
-Debemos volver al teatro –sugirió el demonio que estaba a mi lado.
Recuerdo haber levantado los ojos y ver el brillo de la gabardina negra sobre sus hombros. El brillo que despedía me pareció mágico, hipnotizante.
-La luz ha vuelto; lo mas seguro es que Springs quiera continuar la obra… -hizo una pausa y me miró, con los ojos llenos de una lastima que me resulto lacerante, pero no dije nada. Estaba demasiado perdida como para responderle algo-, es decir, si usted quiero, ya que también podemos alejarnos de aquí…
-No –dije rápidamente, tragando saliva, cerrando los parpados con fuerza. Creo que se sorprendió por mi respuesta, porque vi de reojo que volvió el rostro rápidamente para verme-, lo único peor que volver allí, sería no volver. No debemos causar mas pánico que el que causará de por si la destrucción del auditorio…
Comencé a caminar en dirección a las escaleras que bajaban hasta la explanada, pero él parecía no querer eso, aunque yo deseaba con todas mis fuerzas salir de allí…
-Pero, señorita…
-¡He dicho vamos! –rugí, volviéndome hacía él, con los ojos inyectados en ira y confusión. Sentía el nudo en mi garganta comenzando a volverse más revuelto, enredando no solo mi garganta, sino todo mi cuerpo, mis venas, mi corazón.
Caminé en silencio por los pasillos, pasando junto al reguero de vidrio en el segundo piso, el agujero en la pared y muchas mas cosas. Claude preguntó algo, pero no le respondí. Era como si el tiempo no estuviera pasando y aunque al comienzo no me sentí tan mal, al salir al aire libre, a la explanada y ver la nieve que caía suavemente, el negro del cielo y los pequeños montículos que ya se habían acumulado en el medio del campo, fue cuando realmente, comencé a preocuparme, a darme cuenta terriblemente mal que estaban las cosas…
Sentí el estomago pesado, las piernas débiles y la mente en blanco. También el corazón me dolió, como si lo hubieran apretado entre dos planchas de metal. Miré a Claude de reojo, a la nieve que caía, a mí alrededor y me pregunté si realmente estaba diciendo la verdad, si estaba creyendo lo correcto, aunque ya lo había aceptado casi por completo; si era verdad que Sebastian Michaelis, mi demonio, estaba muerto.
¡Yo nunca le había dicho que podía morir así como así! ¡YO NUNCA LE HABÍA DICHO QUE PODÍA HACERLO! ¡Y MUCHO MENOS QUE SE SACRIFICARA DE UNA MANERA TAN TONTA! ¡SEBASTIAN ERA UN IDIOTA! ¡UN COMPLETO Y PERFECTO ESTUPIDO QUE NO SABÍA NADA SOBRE NADA!
¡Tenía tantas ganas de volver allí, aun entre el fuego y los escombros y tomar su cadáver en mis manos y abofetearlo hasta el cansancio, hasta que volviera a la vida, hasta que se diera cuenta que aun no era el final, que mi meta no estaba cumplida, que aun no podía abandonarme!
¡¿Por qué? ¡¿POR QUÉ SIEMPRE ME ABANDONABA? ¡Maldita sea, quería saber!
Me mordí la lengua, queriendo que el dolor físico reemplazara al dolor que sentía en mi mente, volviendo la cabeza para mirar atrás, al humo que salía del auditorio y supe que el incendio comenzaba a morir. Pero era algo estúpido y tenía que aceptarlo y seguir caminando, apretando los dientes y haciendo un esfuerzo por no llorar, porque la ira que sentía era terrible y había un dolor que me embargaba, que consumía mi interior como un fuego imparable tal como el que había presenciado hacía unos minutos, y yo no quería que eso pasara. No de nuevo…
No quería sentirme así… no podría soportar otra vez sentir esa arrasadora tristeza matándome por dentro… destruyendo mi cordura y todo lo que yo era…
Recuerdo que las manos me temblaban al caminar y cuando llegamos al teatro, la luz se había restablecido, debido a que Rachel había desaparecido, tal y como Claude dijo. Había mucha gente a mi alrededor, la luz cálida me resultaba abrumadora, pero yo no podía siquiera moverme y antes de que alguien pudiera notar mi vestido lleno de sangre, Claude me cubrió con su gabardina, llevándome por los hombros a mi camerino, sin que yo pudiera poner resistencia, sin que dijera una sola palabra y una vez dentro, quiso tratar de desvestirme para ponerme el vestido de repuesto que tenían allí, ya que Springs había pedido hacer dos trajes de los personajes principales para evitar complicaciones.
No sé que demonios pensaba Claude cuando se atrevió a poner sus sucias manos sobre de mi, tratando de quitarme el vestido y yo, así como estaba, con todo ese odio y dolor que sentía en mi, con esos deseos de desahogarme golpeando a alguien, recuerdo haberlo empujado y haberle gritado que se largara, que me dejara sola, porque no quería verlo ni saber nada de él. Él salió sin decir nada y yo le arrojé a la puerta las cosas que había sobre mi mesa. El maquilla manchó el suelo y las sombras se despedazaron en cientos de pedacitos.
Apenas me acuerdo de haberme cambiado lo más rápido que pude, sin detenerme a mirar donde dejaba la ropa. No quería tardar allí, quería irme de ese sitio lo antes posible y quedarme sola por siempre. En realidad, no quería estar sola, pero sentía que era la única manera de calmar ese caos que había en mí, porque no podía siquiera quedarme quieta o dejar de temblar.
Me puse los guantes, arrojando a un lado los otros, que no eran más que unos pedazos de tela hecha jirones, y el traje, rápidamente, sin importarme lo sucia que tenía la cara, ni el desastre que era mi cabello, ni los rasguños que había en mis mejillas. No pude verme en el espejo, porque si lo hacía, estallaría y no quería hacer eso. No quería tener que luchar contra eso, lo mejor era ocultarlo y hacer como si nada hubiera sucedido. Necesitaba mi compostura en esos últimos momentos en escena. Debía terminarla, al menos eso, necesitaba hacerlo, me era esencial.
Salí cuando las luces estaban apagadas y así nadie pude ver la expresión de mi rostro. Escuché a lo lejos, que Claude reemplazaría a Sebastian en la ultima escena, ya que este mencionó que el otro había tenido una emergencia y por ello, se había retirado antes de tiempo, y tuve unos grandes deseos de gritarle frente a todos que estaba muerto y que no hiciera bromas con eso; que Sebastian jamás volvería y valía un bledo y medio si alguien lo reemplazaba en la obra. Pero tenía la garganta demasiado seca y el espíritu tan derrotado que apenas pude enfadarme.
Estaba de pie, en el medio de la sala a oscuras tras del escenario, mirando todos y al mismo tiempo a nadie, cuando escuché mi nombre y volteé lo mas rápido que pude para ver de quien se trataba, encontrándome con los asustados ojos de Lucy, que aun en la oscuridad podía verlos. Parecía asustada de mí, inclusive se llevó una mano a la boca y me observó con expresión sorprendida.
-Ellie, ¿Dónde estabas? Estuve buscándote… -murmuró, y supe que mi rostro debía estar lleno de suciedad, si no es que de sangre, así que me pasé una mano por la cara y levanté un poco la falda del vestido para limpiar lo que fuera que tenía.
-Yo… solamente tomé… una caminata por la escuela… -respondí, de mala gana, queriendo que se fuera, que se perdiera por allí. Solo quería que la obra finalizara y nada más.
Pero ella insistió, acercándose más a mí, tomándome del hombro y la sensación que me causó su mano sobre mi piel no fue muy distinta a la que sentiría un perro rabioso al ser acariciado por alguien. Quise arrancarle la mano…
-No, no es cierto. Dime la verdad, ¿Qué pasó? –pidió saber, apretándome un poco el brazo y fue cuando no soporté mas y retiré rápidamente mi brazo de ella.
Lucy se quedó observándome, incrédula y estupefacta. Pensé que se iría, pero debo decir que la subestimé, ya que ahora, cuando me disponía a alejarme de allí, ella avanzó rápidamente hacía mi, sorprendiéndome tanto al decir lo siguiente, que me paralizó por completo;
-¿Es por Sebastian?
Me detuve en seco, juntando los pies en el suelo y mirando el piso. Sentía la piel fría, pese a que el aire acondicionado no servía y aun estaba empezando a refrescar.
Lucy siempre había sido inocente y esa pregunta era la más infantil que había escuchado salir de su boca. Nuevamente, continuaba con su extraña idea de que yo veía a Sebastian como alguien especial y no pude evitar soltar una risilla amarga al pensar en esto. Ella nunca sabría lo que realmente había pasado y yo no pensaba decirle a nadie. Lo único que deseaba, era que esos sentimientos desoladores desaparecieran, se fueran lejos con el viento y la nieve y que ni yo ni nadie nunca supiera que había sido capaz de sentir tanta tristeza y soledad.
Me di la media vuelta, encontrándome con una Lucy que seguía preocupada, consternada por mi forma de actuar. Pude ver en sus ojos un dejo de preocupación, mezclado con la curiosidad de saber que era lo que sucedía. Era tan extraño ver el clásico comportamiento de una persona confundida cuando me sentía tan poco cercana a la realidad.
Parpadeé un par de veces, preguntándome que debía hacer; responderle y simplemente irme como una tonta. La segunda opción me gustaba más, pero quizás no era lo mejor.
-No pasa nada, Lucy –dije en voz baja e inmediatamente, mi garganta se sintió como quemada por algo al rojo vivo. Ella no apreció creerme, pero no hizo ningún intento por preguntar de nuevo y creo que entendió que yo no quería hablar de nada-. Apresúrate, sigue el acto final…
Y me alejé caminando de allí, con una sensación de derrota en todo mi cuerpo.
No paso mucho tiempo para que Springs hiciera el llamado para la ultima escena; la fiesta de celebración de que el Rey Calabaza había vuelto con vida al Reino de Halloween. Solté un bufido por la ironía de la situación.
No paso mucho tiempo para que las luces se apagaran completamente y ahora llamaron a todos al escenario para hacer ya el tan esperado final. Caminé rápidamente a escena y Springs me dijo algo que no entendí, pero no le pedí que me repitiera nada.
Salí al escenario, arrastrando los pies, cabizbaja, con las manos temblándome al ver la alegría de todos, al escuchar la buena noticia. Entré solo un paso tras de Claude, que iba con un paso alegre, pero por algún motivo, lo sentí como un completo extraño que fingía ser el Rey y quise gritarle a todos que solo era un farsante que pretendía ser el Rey… que fingía ser Sebastian…
Allí todos celebraban que Jack estaba vivo, que lo que habían oído eran mentiras y que su rey, su adorado Jack, no estaba hecho pedazos. Los miré como si realmente no pudiera mirarlos, como si todo fuera un sueño, porque todos estaban sumamente felices, con los corazones alegres y eufóricos, lanzando gritos al aire y haciendo bulla y yo, tenía el corazón hecho pedazos, hecho jirones, tan roto como podía estar un corazón.
Estaba estática, mirándolos a todos sin poder actuar, sintiendo repentinamente que la respiración se me iba y me costaba seguir allí de pie y al observar a Claude en las escaleras de la alcaldía, con el mismo atuendo de Sebastian, festejando con sus súbditos, no pude evitar comenzar a hiperventilar y quise tirarme al suelo y echarme a llorar en ese mismo instante.
Quise desahogar toda mi frustración y mi pesar, lo cual era una completa estupidez. La celebración me parecía gris, carente de sentido y todos ellos eran estúpidos, porque no sabían nada. Yo era una estúpida…
¡Todos éramos tan estúpidos como Sebastian!
¡¿Por qué ese idiota había hecho algo tan estúpido como dejarse morir? ¡¿Qué no sabe que así no iba a solucionar nada y solo conseguiría joderlo todo?
¡MALDITA SEA, SEBASTIAN ES UN COMPLETO IMBÉCIL!
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¡¿Por qué? ¡¿Por qué? ¡¿Por qué?
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Traté de centrarme en mi actuación, pesé a todo lo que ocurría en mi; hice el intento de concentrarme en lo que debía hacer y caminé hacía la colina en forma de espiral, que ahora estaba nevada, reluciente por la diamantina que tenía, al tiempo que los demás se iban a celebrar que el rey había vuelto, a otro lado del pueblo, saliendo de escena.
Caminé con pies de plomo y al llegar a la cima, no pude hacer mas que derrumbarme de rodillas, observando el brillo tornasol que despedía la diamantina y la escarcha con las luces azul zafiro que estaban alumbrando todo el escenario y haciéndolo mas nostálgico de lo que ya era, me di cuenta de lo difícil que me era comprender que se había ido y por un momento, me pregunté a donde se iban los demonios cuando morían, me pregunté si estaría bien y si era así, lo maldije por haberse ido y haber roto su promesa.
No sabía que hacer. Volver a la mansión me parecía una ridiculez. No podía imaginarme irme de allí en completa soledad…
¿Cómo se supone que iba a vivir ahora? ¿Quién iba a acompañarme hasta el final, ahora que ya se había terminado antes de empezar siquiera?
¿Por qué…? ¿Por qué me sentía tan vacía por su muerte?
Hice un esfuerzo por no llorar, porque este era un llanto casi inminente y si no hacía por pararlo ahora, no lo haría nunca. El cuerpo me temblaba como si fuera una gelatina, mis manos estaban heladas y ahora que no había nadie en el escenario, me sentía descubierta, como si todos pudiesen ver lo que me pesaba, lo que sentía y lo que sufría.
Empezó la música, la voz del playback de Jack sonó por todo el teatro; eso me provocó un escalofrío, porque supe que al voltear, no vería a Sebastian, con su estúpida y burlona sonrisa, diciéndome que no actuara como una niñata sino como una dama. Yo veía a Claude tratando de fingir ser él, tratando de convencerme de que todo estaba bien, de que nada había pasado y de que a mi misma no me dolía todo eso. Sería una farsa, sería un engaño…
Sus pasos acercándose a la colina me hicieron bacilar en mi decisión y consideré seriamente no mirar, pero debía hacerlo. Ya había echado a perder algo de una manera terrible, no pensaba hacer lo mismo dos veces.
Me puse de pie, tratando de reunir el valor necesario para dar la cara y terminar la obra bien, pero me era sumamente difícil hacer ese movimiento tan sencillo y cuando trataba de hacerlo, sentía que el corazón se me hacía un cubo de hielo. Si lo hacía, si miraba, sentía que sería aceptar su muerte y que alguien más lo reemplazara…
¡Maldita sea, no puedo hacerlo! No puedo hacerlo; voltear y fingir que todo esta bien cuando realmente me estoy cayendo en pedazos…
¿Qué hacer? ¿Qué hacer? Dios, ¿Por qué…?
Y, justo en el momento en que iba a salir corriendo, porque no soportaría aquello, en ese instante en que maldije mi debilidad, en ese preciso segundo en el que estaba por enfrentarme a una vergüenza enorme... escuché, claramente…
-Joven ama, tiene que darse la media vuelta…
…Y el cuerpo se me paralizó, pues una corriente de electricidad me recorrió de arriba a bajo y tuve la sensación de que todo pasaba demasiado lento y, al mismo tiempo, demasiado rápido. El corazón me palpitó con frenesí en el pecho, como si fuera a explotar…
Esa voz… su voz…
Volteé sin pensarlo dos veces, tan rápido como el cuerpo me permitió, sin creerlo y, a punto de caer sentada allí mismo, haciendo un esfuerzo por no desmayarme, lo vi, tan majestuoso como era, con el traje de satén de repuesto que parecía mas lustroso que antes, sin un rasguño en su piel mas que unas pequeñas marcas sobre sus mejillas, con los ojos brillantes y esa sonrisa cándida en su rostro varonil…
Lo vi justo como pensé que jamás lo vería otra vez…
Era el mismo demonio que yo conocía, el mismo que había visto muerto en el medio del fuego y de la destrucción. Él mismo estúpido que había estado ayudándome y salvándome todo este tiempo…
-Sebas…Sebastian… -murmuré, sin poder creerlo, sintiendo mi corazón a punto de explotar en mil pedazos y él asintió cuidadosamente, sin dejar de avanzar hacia mi, hasta que alcanzó mis manos con las suyas, apretándolas suavemente al entrelazar sus dedos con los míos, mirándome a los ojos, con sus orbes carmesí.
-Aquí estoy, joven ama… -susurró con su voz de terciopelo que me pareció una ilusión.
El mundo estaba girando demasiado rápido para mí.
Me era tan irreal, que me pasé las manos por la cara para asegurarme de que no estaba soñando, de que no era una ilusión y que no lo había imaginado. Quizás estaba alucinando o Claude me había dado una droga para que no fuera a hacer un desastre en la escena final.
Fue que vi, tras de él, en el medio de los telones fuera del escenario, a Claude, con una expresión poco satisfecha y miraba a Sebastian como si quisiera asesinarlo.
Entonces no estaba soñando… no era mi imaginación. Él… realmente estaba allí…
¿Qué había pasado? ¿Dónde había estado? ¿Por qué había hecho semejante estupidez como abandonarme? ¿Acaso no pudo haberme avisado que iba a fingir morirse como un estúpido mapache? Todas esas y más preguntas giraban en mi cabeza, sin dejar de dar vueltas, sin dejarme pensara claramente.
Estúpido, ¡Estúpido y más estúpido!
Fue cuando todo mi auto control se fue a la mierda y, sin que pudiera hacer lo mas mínimo para evitarlo, sentí las lagrimas rodándome libremente por las mejillas, al tiempo que esa espina que estaba clavada en mi pecho pareció disolverse de manera repentina
Y me solté a llorar como una niña pequeña, apretando los dientes para no sollozar y cuando se acercó a mi, tuve que hacer un enorme esfuerzo para no rodearlo con los brazos y abofetearlo por su estupidez.
-¿Cómo pudiste…? –pregunté, tratando de no terminar de perder la poca cordura que me quedaba, de que nadie notase que era lo que pasaba-, ¿Por qué hiciste eso…?
-Lamento que la señorita se haya preocupado por mí –respondió y tuve que morderme la lengua para no reclamarle.
-No se trata de eso… -mascullé por lo bajo, de una forma tan patética que ni siquiera yo me lo creí y él asintió.
Sebastian no parecía divertido, únicamente me observaba, sin hacer ningún comentario, colocándome las manos sobre los hombros y, sentía que estos me quemaban la piel. Casi las alejo de un golpe, pero tenía que contenerme por el maldito publico y la estúpida Springs, ya que era el la ultima escena y me había prometido que llevaría esto hasta el final. Apoyé la frente sobre su pecho, dejándola caer sin fuerza, apretando los puños a los lados del cuerpo, escondiendo mi rostro de los demás, porque no quería que me vieran así.
Todo era culpa de ese… ese ¡Ese imbécil! ¡Maldito fuera por darme ese susto de muerte!
-Joven ama… -me dijo, sacudiéndome los hombros un poco, pero yo no quería levantar la cara. Todos iban a darse cuenta de que estaba lloriqueando como una nena y yo no soy una patética llorona, claro que no.
¡Era culpa de ese patético demonio! ¡Él era quien me había orillado a eso!
Si Sebastian se daba cuenta –y dudo que no se haya dado cuenta-, no iba a dejar de molestarme con eso.
Así que sacudí la cabeza, negándome a dar la cara hasta que se secaran mis lágrimas, incluso me pasé los dedos, secándome las mejillas, pero el encaje de los guantes únicamente las regaba más sobre mi piel, sin secarlas y mas lagrimas escurrían de mis ojos, como un rió imparable, ¡rayos!
Pero, pesé a mis inútiles intentos de hacerlo darse cuenta de que no quería mirarlo, el siguió insistiendo, sacudiéndome los hombros.
-Joven ama, escuche… -me dijo otra vez, pero yo volví a negar con la cabeza, ahora pasándome las manos por la cara, sin querer que vieran mi cara mojada. Sin querer que él la viera, porque si la veía, si me veía así, no iba a dejar de burlarse de mi nunca.
¡Maldito fuera! ¡Estúpido y más estúpido! ¿Por qué hacía ese tipo de cosas?
Me llamó una tercera vez, y nuevamente, me negué a mirarlo. Me sentía demasiado avergonzada, demasiado evidenciada y descubierta como para hacer algo así. Necesitaba salir de allí, ahora mismo.
Sin embargo, en el momento en que quise darle la orden a Sebastian de que saliéramos de allí, una de sus manos me tomó por el mentón, al tiempo que la otra me rodeaba la cintura por la espalda. Confundida, me pregunté que planeaba, que rayos hacía, pero antes de que yo pudiera decir algo en mi defensa o gritarle algo, la mano que me rozaba la cara se deslizó a mi nuca, la otra me apegó a su cuerpo por la espalda; la tibieza de su pecho me abrazó, al tiempo que toda la sangre del cuerpo se me fue al rostro.
Tratando de razonar que era lo que pensaba hacer, quise mirarlo a los ojos, encontrándome con estos a menos de diez centímetros de mi rostro, observándome de una forma muy distinta a la usual, peligrosos… y cálidos… y, sin que yo pudiera hacer nada, acercó su boca a la mía, rozando mis labios con los suyos y al querer reaccionar, me di cuenta, sorprendida, de que Sebastian estaba besándome con suavidad.
¡¿QUÉ RAYOS…?
Quise gritarle, tratar de detenerlo y apreté los ojos, preguntándome que demonios estaba haciendo y quien rayos se creía para hacer algo tan estúpido como eso. Toda la piel se me erizó, al tiempo que una serie de escalofríos me hizo estremecerme como nunca antes me había pasado, haciendo que la cabeza me diera vueltas.
Lo empujé con las manos, tratando de liberarme, de que dejara de hacer eso, que me dejara ir, pero era luchar como contra un muro de concreto; él no pensaba soltarme.
-Seb…Sebastian… -mascullé, sin poder despegar mi boca de la de él, totalmente avergonzada, con las mejillas ardiéndome y el corazón palpitando más rápido que el de un colibrí.
Pero él no parecía escuchar razones; muy al contrario de lo que yo quería, me apretó mas contra él, tomándome con firmeza del cuello y de la espalda. Su sedosa lengua se deslizó por mis labios, casi como una invitación a continuar con ello, de una manera que casi me hace perder el suelo y el pulso se me elevó hasta el cielo, al tiempo que las piernas me temblaron como gelatina. Si él no me hubiera tenido estrechada entre sus brazos, me hubiera derrumbado en el suelo…
Volví a tratar de empujarlo de mí, luchando por no perder mi cordura ni mi buen juicio, pero cada vez me era mas difícil continuar consiente.
Muy pronto, descubrí que esas caricias que me propinaba eran adictivas y aliviaban ese dolor que había sentido antes, esa tristeza embargadora que me había torturado tanto y que se me incrustaba en el alma como espinas.
De modo que por mas que mi parte racional me pedía a gritos que lo pateara lo mas fuerte que pudiera en sus partes nobles por hacer algo tan atrevido, esa pequeñísima parte de mi que quedaba restante, esa parte emocional que había estado atormentada por la idea de que estaba muerto, de que nunca volvería a verlo, fue la que tomó control de mi.
-Ellie…
No pude evitar dejar de luchar contra esa corriente, que era demasiado fuerte como para que la detuviera con una sola mano, de modo que cuando quise reaccionar, yo ya estaba enredando mis dedos en su cabello oscuro, apretando su ropa entre mis manos, deleitándome con sus anchos hombros y su pecho cálido, devolviendo tímidamente ese beso tan embriagante que ese demonio me propinaba...
De pronto, el comenzó a alejarse de mi, deshaciendo ese cálido contacto y rápidamente, sin dejarme hacer nada, me dio un leve beso sobre los labios, para luego erguirse y abrazarme con fuerza, al tiempo que el teatro estalló en aplausos descontrolados, gritos y silbidos de reconocimiento y entusiasmo.
Yo me quedé en una pieza, aun totalmente desconcertada, preguntándome que demonios había sucedido, pero por el momento, estaba bien. En ese pequeño momento, nada podría haberme preocupado. Al menos así, escondida entre el pecho de Sebastian, nadie podría ver mi cara color rojo fosforescente, porque aunque sentía las manos heladas y tenía la cabeza tan caliente que sentía que comenzaría a echar vapor al aire, igual a como lo haría una locomotora.
Poco a poco, el telón se cerró, y todo el grupo de actores y maestros entró en el escenario abrazándose los unos a los otros por haber logrado tal hazaña y haber triunfado.
Sebastian me soltó sin que yo me diera cuenta; estaba totalmente perdida en mis pensamientos y observando a la gente que estaba en escena, saltado de alegría.
-Señorita –me llamó, el muy idiota, con una gran sonrisa en su rostro de pervertido… una maldita sonrisa de satisfacción.
Pedazo de bastardo malnacido…
Y, sin mas ni mas, sin siquiera un previo aviso, levanté una mano y le di una bofetada tan fuerte que incluso mi mano quedó ardiendo por el golpe. Él me miró, confundido y sorprendido por mi reacción, observándome como preguntándome porque lo había hecho o que era lo que me había orillado a hacer algo como eso.
Apreté los puños, dándole la espalda, temblando de rabia y confusión, porque yo tampoco sabía bien que era lo que me sucedía.
-Eres un… -comencé a decir, cubriéndome el rostro con una mano, rechinando los dientes por la frustración-… perfecto idiota…
o.o.o
-Me siento halagado –murmuró desde el umbral de la puerta de mi camerino.
Hacía cerca de media hora que la obra había terminado, pero el escenario seguía lleno de gente que felicitaba a los actores y padres emocionados tomando fotos como frenéticos a sus hijos en todas las poses conocidas y por conocer por cosa, animal u hombre. Sobra decir que tuve que escabullirme para terminar de una vez por todas la sesión de fotos con Sally y fue aun mas difícil arrastrar a Sebastian de allí, ya que el bastardo estaba rodeado de cientos de fanáticas enloquecidas que le pedían autógrafos, confesiones como si fuera el rey Calabaza y cientos de idioteces clásicas de adolecentes.
Luego, Springs habló con ambos, felicitándonos y diciéndonos que, pesé a todas las escapadas y retardos a escena, todo salió muy bien y que seríamos recompensados en las materias. Además, dijo que probablemente la obra se volvería a repetir en el futuro, quizás para la despedida de fin de cursos o la próxima Navidad. Aunque esto en si, era saber que me esperaba una responsabilidad, no pude evitar sentirme aliviada. Al menos ya no tendría que lidiar con esa estúpida Poltergeist.
Después de salir del despacho de Spring, fui directo a mi camerino para acomodar mis cosas y limpiar el desastre de maquillaje que había en el piso. También tenía que hacer algo con el traje lleno de sangre y tierra, ya que si alguien lo veía, comenzarían a hacer preguntas y eso no era nada bueno.
Supuse que Sebastian había acabado de acomodar sus cosas y era por ello que había encontrado tiempo para molestarme. Me giré para verlo, con la caja de maquillajes en la mano, listos para arrojárselos directo a su rostro lleno de satisfacción.
-¿Es por tus fanáticas sin escrúpulos? –pregunté con sarcasmo, guardando los guantes desgarrados en una bolsa de plástico y metiéndolos en el fondo de la maleta de cambio.
Él negó con la cabeza, casi divertido, caminando hacía mi para ayudarme.
-La señorita se preocupó por mí; es por eso que me siento honrado –concluyó, mirándome de frente y yo fingí no haber escuchado eso. Le entregué la maleta para que se la llevara al coche, pero se quedó mirándome, como esperando a que yo dijera algo mas.
Entorné los ojos y me coloqué a su lado para salir por la puerta.
-Lo único que me alegra, es saber que esa tonta Poltergeist se ha ido –murmuré en voz alta, mas como para que él lo escuchase que para mi.
-Hablando de eso, joven ama –intervino Sebastian repentinamente, deteniéndose en el camino, con la maleta en la mano, con una expresión de preocupación en su rostro.
Di un par de pasos más y me detuve en seco. Apreté los ojos, suponiendo lo que estaba a punto de decirme. No podía ser posible, se suponía que la espada de Claude la había golpeado, ¿Por qué no había muerto o vuelto a donde fuera que perteneciera?
-¿A que te refieres con eso? –pregunté, no muy deseosa de saber la verdad, levantando la vista para ver su expresión. No parecía nada feliz y mucho menos satisfecho.
-Ella no murió, si eso es lo que quiere saber –murmuró, de manera seca y abrupta-. La espada no la cortó por completo y por ello sobrevivió.
Me llevé una mano a la barbilla, razonando sobre sus palabras. No estaba totalmente convencida y me sentí inquieta al imaginar que la pesadilla aun no había terminado.
-¿Qué fue lo que sucedió exactamente? –pregunté con interés, aunque realmente no quería saber. Solamente quería ir a casa y tomar un buen baño caliente, deshacerme de todo ese caos que había en mi mente y dormir tranquila.
Sebastian miró a ambos lados, como teniendo cuidado de que nadie nos estuviera mirando o escuchando y, seguidamente, tomó la maleta con una de sus manos y me susurró;
-Sígame.
Salimos de la sala de atrás del teatro, avanzando por el tramo de nieve en el suelo de toda la explanada. Busqué por el cielo las señas de humo que debían haber sido provocadas por el incendio en el auditorio de la preparatoria, pero raramente no vi nada. Ni una sola señal de que el fuego había estado en algún sitio.
-Luego de que usted y Claude salieron del auditorio –comenzó a narrar Sebastian, con una voz severa y avanzando hacia el frente sin mirar atrás-, las regaderas del auditorio se activaron y fueron apagando lentamente el fuego. Para cuando yo salí, no había mas incendio allí.
-Pero, ¿Cómo fue que no moriste? –pregunté, dando un paso largo para igualarle el caminar y situarme a su lado-. Yo misma vi que la espada de Claude te golpeó… vi como te arrastraba hasta el fondo del escenario.
-Sin embargo, me temo que no lo vio todo. La espada me atravesó parte del brazo –respondió con simpleza, levantando levemente su brazo derecho para indicarme cual había sido-, y también parte del hombro de la señorita Rachel. Estábamos atrapados el uno con el otro en el medio del fuego y desgraciadamente, si quería liberarme del agarre de la espada, tenía que quitarla primero a ella, ya que mi brazo quedó atrapado del lado del mango de la espada.
El estomago me dio un vuelco.
-Entonces, ¿Qué fue lo que hiciste? –pregunté otra vez, mas por morbo que por interés en saber la verdad. Sebastian sonrió un poco, y tuve la sensación de que no había hecho nada bonito.
-¿No es obvio? –inquirió, sin quitar esa expresión de su rostro y un escalofrío me recorrió toda la columna. Pensar que se había desgarrado el brazo para liberarse… eso era algo de locos-. En fin, una vez que estuve libre, me dispuse a atrapar debidamente a la señorita Rachel para que no se escapara.
-Atraparla con la espada…
-Exacto, debo decir que dio una buena pelea, pero sin duda, la espada la debilitó bastante, lo suficiente como para dejarla inmóvil hasta ahora, ya que no he vuelto a sentir su presencia sobrenatural rondando la escuela.
-Ahora que lo dice –murmuré, mirando a todos lados-, se siente una especie de paz que antes no se percibía.
Sebastian continuó caminando, sin decir nada más, pero parecía un poco intranquilo. Quizás era por lo mismo de aquella Poltergeist loca que aun vivía. Repentinamente, él cambió de rumbo, indicándome con un dedo que lo siguiera. Se metió a través de unos arbustos altos, que debían llevar hacía los jardines de la licenciatura.
Estiró una mano para ayudarme, pero la hice a un lado y pasé yo sola, enredándome un poco entre las ramas y las hojas. Cuando logré salir por el otro lado de los arbustos, caminamos por un jardín de piedras y bancas, que estaba igual cubierto por el manto blanco de la nevada. Comenzaba a sentirme enferma otra vez, el dolor de cabeza del resfriado me estaba golpeando con fuerza y la nariz empezó a escurrirme.
¡Que buen momento para esto!
-Señorita, por aquí –indicó Sebastian, doblando por una de las esquinas de los edificios altos y pintados de blanco. Caminé en su dirección, llevándome una sorpresa nada agradable en el momento en que vi, frente de mi, alto y lleno de nievo blanca en la parte mas alta de sus copas, el mismo árbol donde había visto por primera vez a Rachel.
Me sobresalté, incluso creo que dio un respingo y me detuve unos momentos. Verlo de nuevo no era exactamente algo lindo. La escena de aquella vez, cuando trató de sofocarme con el viento volvió a mí y tuve que hacer un esfuerzo por seguir avanzando y no parecer temerosa.
-¿Por qué estamos aquí? –pregunté rápidamente a penas alcancé a Sebastian, que avanzaba con pasos agigantados. Él se volvió hacía mi, con la mirada fría.
-Descubrí que los Poltergeist son débiles a donde yacen sus cuerpos –dijo de pronto y yo puse una expresión en mi rostro no muy distinta a como si me estuviera hablando en un idioma que yo no conociera, pero él no hizo el mínimo esfuerzo por tratar de explicarme bien-, sin embargo, igual descubrí que donde están sus cuerpos, es donde siempre están rondando.
Algo me iluminó el cerebro, pero era una idea loca, ¡no tenía sentido!
-¿Me estas diciendo que en este árbol están sus restos? –inquirí, mas perturbada que sorprendida, sin poder imaginarme como alguien pudiera haber enterrado a una persona en una escuela.
-Así es. Por eso siempre la veía aquí y, al mismo tiempo, usted al pasar por este rumbo despertó su ira, aunque al principio no lo haya notado –concluyó mi demonio, sin dejar de caminar.
Miré hacia el frente, hacía el enorme tronco del árbol, que parecía maléfico en la oscuridad de la noche y bajos las sombras de la luna. Allí, en el medio del tronco del mismo, estaba clavada con la espada atravesándole uno de los hombros, Rachel, colgando únicamente del filo de la misma. No derramaba sangre como un humano, pero se veía sumamente débil y cansada. Su propio cuerpo parecía transparente.
-¿Qué le esta sucediendo?
-Esta desapareciendo, podría decirse que esta muriendo –confirmó Sebastian-. No le queda mucho tiempo, si va a preguntarle que fue lo que pasó con sus asesinos o si tiene algo que ver con Michelle, le sugiero que lo haga pronto.
Asentí con la cabeza, caminando hacía el árbol, sintiendo las manos frías y un poco asustada, pero sabía que debía hacer y, que si no lo hacía iba a ser peor. Escuché los pasos de Sebastian cerca de mí, a menos de un metro por detrás y eso logró calmarme un poco. Al menos, no estaba completamente expuesta a lo que ella hiciera.
Llegué frente a ella, que estaba clavada justo a mi altura, supuse que Sebastian lo había hecho a propósito, para que pudiera hablar cómodamente con ella. Vi que me miró con desdén, apretando los dientes y bajo la transparencia de su cuerpo, pude ver el filo de la enorme espada que la cortaba por dentro.
-Me debes una explicación –mascullé entre dientes, refiriéndome claramente a la razón por la cual quería matarme.
Sonrió con dificultad, gruñendo por el dolor que debía causarle.
-¿Qué esperas que te diga? –murmuró, apretando los ojos y las manos que colgaban lánguidas a los lados de su cuerpo-, ¿Qué lo siento? Tú me mataste…
-Yo no te maté –dije con firmeza, sin dejar de mirarla a los ojos. Me estaba dando cuenta de que no importaba cuanto se lo dijera, ella no iba a cambiar de parecer en cuanto a mi culpabilidad. Para ella, yo le había quitado la vida-. No sé quien haya hecho lo que hizo, quien te asesinó o como fue que moriste. Lo único que quiero saber es si sabes algo sobre Michelle Coleman, algo que tenga que ver con tu muerte.
Rachel rió por lo bajo, con dificultad, sacudiendo patéticamente los hombros y el pecho con el subir y bajar de sus carcajadas.
-¿Piensas que… después de haberme matado… voy a ayudarte?
-Esperaba que lo hicieras –afirmé, pero en el fondo sabía que no iba a decirme nada y, la verdad era que, lo que fuera que me dijera, no iba a servirme en nada, mientras yo siguiera diciéndole que no la había matado, no diría nada importante. Así que se me ocurrió algo que no había pensado en probar; aceptar que su asesinato había sido por mis manos y, así, desear que dijera algo relevante-. Después de todo, yo la maté a ella justo después de ti…
Para mi sorpresa, conseguí lo que quería y mientras yo sonreía con malicia, ella abrió los ojos, llena de confusión y dolor y se retorció allí donde estaba, tratando de soltarse, pero era inútil. Ya no le quedaban fuerzas para pelear.
-Sabía… que tu lo había hecho… -masculló, con los ojos húmedos y desbordando ira-, maldita asesina, ojala te pudras en el infierno…
-Pero, ¿sabes? Pensaba en darle más merito a su muerte que a la tuya, después de todo, ella murió en un sitio más tétrico que el tuyo –insinué, tratando de hacerla creer la mentira y de que confesara el nombre de un sitio, una ubicación-, me parece que ella fue mas valiente.
-¡¿Un lugar mas tétrico? –bramó, con todas las fuerzas que le quedaban, endureciendo sus ojos-, ¡¿Qué lugar podría ser mas horrendo que esa repugnante habitación de sacrificios humanos? ¡RODEADA DE ESA SECTA ASQUEROSA TUYA!
-Hay muchos lugares más horrendos que ese lugar –murmuré entre dientes-, no te imaginas cuanto…
-¡Desgraciada asesina! –chilló, apretando los puños, los dientes-, ¡ustedes no tienen vergüenza! ¡Matar niños! ¡Hacerlos sufrir mientras los abren por la mitad como ofrenda para su asqueroso ritual! ¡ESO ES INHUMANO!
De pronto, esas palabras resonaron en mi cabeza, haciendo que me desconcentrara, casi evidenciando que estaba mintiendo. Me volví rápidamente hacia Sebastian, que me miraba exánime, no parecía comprender porque estaba yo así.
Niños… nombraba niños y una secta, y una habitación llena de personas dando ofrenda para un rito.
¿Podría ella estarse refiriendo al sitio que veía en mis pesadillas?
-Ah… -dije, haciendo un esfuerzo por parecer indiferente a ello, pero me era muy difícil. Si era el lugar con el que yo soñaba, ¿Por qué yo lo veía? ¿Qué tenía que ver ese sitio conmigo?-, y… me imagino… me imagino que no tienes idea de donde esta… y pese a que supiste que era yo, a los demás no los reconociste…
-¡Me drogaste antes de secuestrarme! –gritó, con su voz chillona-, ¿¡como podría recordarlo! ¡Y ustedes, bastardos! ¡Aun bajo sus antifaces podía ver la maldad en sus ojos! –súbitamente, sin que yo lo esperara, comenzó a llorar, a llorar como una niña asustada. Aunque sabía que debía estar sufriendo, en realidad no sentía pesar por sus lágrimas-. Hubo tanto… tanto que no pude hacer… ojala… hubiera salvado a esos niños… ¡pero ustedes! ¡Ustedes! ¡Enfermos, eso es lo que son!
-¿Entonces no viste quienes éramos? –pregunté otra vez, fingiendo con un poco mas de dificultad, porque me sentía desorientada, mareada. El dolor de cabeza causado por el resfriado comenzaba a hacerse mas presente.
-Solo te reconocí a ti… -sollozó, rabiosa, entrecerrando los ojos, con debilidad en su mirada y supe que probablemente estaba muriendo-, si hubiera sabido quienes eran los demás, ya estuvieran muertos… Ya los habría… asesinado a todos…
Bajé la mirada, susurrando un muy poco audible "entiendo", porque en realidad no sabía que mas preguntar. Estaba dándome cuenta de que lo que ella me decía no era lo suficientemente importante, ni iba a ayudarme demasiado. Rachel pensaba que yo la había matado, por algún motivo, eso era lo que sospechaba. Si se equivocaba pensando que era yo quien había cometido aquel crimen contra ella, no me sorprendería que me diera nombres falsos.
Ella rió guturalmente, de manera repentina y tuve que verla para asegurarme de que ese sonido había salido de ella.
-¿Crees que el Cielo exista? –murmuró observando el cielo de manera nostálgica. Comenzaba a nevar nuevamente, y ahora, con la oscuridad, la transparencia de su piel y su cabello oscuro, parecía no ser tan mala como me había parecido. A través de su rostro maltrecho, apareció una brillante sonrisa.
Di un respingo, sorprendida por lo que decía y aunque traté de fingir que seguía firme, ella lucía exactamente como si pudiese ver a través de mí. Me volví para ver a Sebastian, quien estaba tan estupefacto como yo, pero no pudo decirme nada capaz de hacerme ver menos asombrada.
-Quisiera ir allí… -volvió a susurrar, con una expresión pacifica en su cara.
-Pero, ¡que cosas mas ridículas dices! –tartamudeé, querido golpearla para hacerla entrar en razón. No entendía, ¿Por qué decía eso justo ahora?-, ¡que patético! ¡Pensar en ir allí después de la destrucción que has hecho! Simplemente estúpido…
Rachel únicamente sonrió más ampliamente.
-Quisiera pensar que… si existe… -musitó, tan bajito que casi no lo escuché, porque ya no podía ver sus piernas, sino únicamente una parte de sus rodillas y sus caderas y los brazos igual comenzaban a perderse.
De repente, me miró, con sus ojos oscuros, de una manera como jamás lo había hecho y formó con sus labios, justo antes de casi desaparecer, algo que me dejó pensando, una palabra que me confundió por completo, pero aun así, no le quité los ojos de encima.
Fruncí en entrecejo, sin dejar de mirarla, sin volverme para ver a Sebastian y preguntarle que pasaba. Solo observé sus últimos momentos.
Ahora se veía mas transparente, y por momentos, parte de sus pies desaparecía con las ventiscas suaves. Los copos le atravesaban el cuerpo, cayendo lentamente, descendiendo sin prisa y, finalmente, su rostro comenzó a opacarse, borrarse, mientras sus ojos igual flotaban como cenizas hasta el cielo. Todo su cuerpo se disolvió, hasta que la parte alrededor de la espada se alejó de nosotros, yéndose con el mismo viento y entonces la espada también brilló y desapareció igual que ella.
Por un instante, me di cuenta de que ella y yo no éramos tan distintas…
Ambas permanecíamos haciendo lo que hacíamos por odio, por rencor y furia. Estábamos atadas a un mismo fin, solo que a ella se le había acabado antes el tiempo. Ambas jóvenes y ya condenadas, las dos humanas y con sentimientos diversos y encontrados que nos confundían, impulsaban al mismo tiempo.
Las dos con una felicidad e inocencia arrebatada antes de tiempo. Compartíamos no solo el mismo deseo, habíamos querido de igual manera a una misma persona, sintiendo celos la una por la otra y envidias que nos llevaron a cometer los crímenes que hicimos. Rachel sería juzgada, yo no. Esa era quizás la única diferencia entre la una y la otra. Ella podría redimirse, porque creía, porque tenía fe, pero yo no. Yo tenía marcado mi camino, atada por una cadena espiritual a un ser inclemente que me devoraría sin pensarlo.
o.o.o
-¡Hey, Ellie!
Me detuve en seco y volví el rostro hacia atrás. Lucy me llamaba desde el fondo de la sala de camerinos, con un entusiasmo desbordante, sacudiendo la mano con tanta fuerza que temí que fuera a caérsele. Parecía demasiado alegre. Más que lo normal; eso me dio un mal presentimiento. Me pregunté porque demonios tenía que encontrármela siempre que cruzaba algún sitio.
Hacía solo un par de minutos, ya estaba dentro de mi adorado Ferrari 458 (la nueva adquisición de Sebastian, quien había adoptado ese extraño gusto por los automóviles lujosos), cuando recordé el vestido desgarrado y lleno de sangre que se había quedado en mi camerino, el cual daría mucho de que hablar si alguien lo encontraba. Maldije mi suerte, porque no podía dejarlo allí, y aunque Sebastian se ofreció a buscarlo, preferí hacerlo yo misma.
Ahora esa decisión me parecía un perfecto y estúpido error, ya que en ese momento me encontraba a merced de esa chica tan extrovertida y extraña.
Apreté los dientes con fuerza, haciéndolos rechinar uno con otro, pidiéndole a Dios que me diera paciencia, porque si me daba fuerzas seguramente la golpearía.
-¿Qué pasa, Luce? –pregunté, sin querer la cosa, ya que la conocía y seguramente sus comentarios no serían nada buenos. Lancé un cansado suspiro.
-No es nada –dijo con su sonrisa habitual, extendiendo las manos a los lados. Ya no usaba el enorme traje verde pantano, pero por encima de su ceja y en la orilla de su cabello, aun quedaba un poco del maquillaje azul y verdoso que había usado. Al parecer no se lavó bien la cara-. Solo quería asegurarme de que estuvieras bien.
-Estoy bien –dije secamente, tratando de que la conversación no se alargara más, pero ella negó con la cabeza.
-No, me refiero a hace unos momentos –respondió, y supe a lo que se refería-. Antes de escena; parecía como si fueras a cometer un asesinato.
Bajé la cabeza, peguntándome si realmente me veía tan mal. Una parte de mi quiso recordar lo que había pasado; la supuesta muerte de Sebastian y una oleada de emociones negativas me envolvió. No, quizás no era el mejor momento de recordarlo todo.
-No… no te preocupes, Lucy. Todo está bien ahora –respondí, suspirando y deseando que se quedara callada de una vez, pero, por lo que veía, no iba a hacerlo.
-¡Claro que las cosas están bien! –exclamó, con una de picardía en su voz y una mirada juguetona, pero la verdad no entendí porque decía eso-, ¡Ya veo que te sientes mucho mejor!
-¿Ah? –inquirí, sin saber exactamente a lo que se refería. Incluso creo haber ladeado la cabeza.
-Pff… ¡Quiero decir que estas muy feliz, tontita! –respondió al instante, sonriendo de oreja a oreja, pero yo seguía totalmente en blanco, ¿a que rayos se estaba refiriendo esta chica? Supongo que ella vio mi cara de confusión total, ya que enseguida se carcajeó con ganas-, ¡pero claro que lo estas! Después de todo, ¿Quién no estaría así después de un beso como ese?
Me tomó dos segundos en transformarme en una masa rojo fosforescente y sentí que la cabeza me dolía de tanta sangre que había en ella. Esa pequeña granuja…
-¡¿Qué demonios estas diciendo? –gruñí, retorciéndome las manos, tartamudeando y sin saber que hacer-, ¡eres una descarada, Lucille! ¡Y estás completamente loca!
-¡Waa! ¡No me grites! –chilló, cubriéndose los oídos de manera infantil, apretando los ojos y sacudiendo la cabeza.
-¡Maldita sea! ¡Debí haber seguido mis instintos y haberte estrangulado hasta que perdieras la consciencia! –exclamé, aun irritada, mas enfurecida que un toro de lidia en plena corrida.
-¿Por qué? –preguntó inocentemente. Creo que quiso decir algo más, pero no me sentía psicológicamente preparada para lo que ella tuviera que decirme. Suficiente era con sus afirmaciones hipotéticas sobre lo que yo sentía en determinados momentos.
-Mira, creo que mejor lo dejamos para otro momento –comenté rápidamente, interrumpiendo sus palabras, sacudiendo las manos en su dirección. Ella sonrió burlona, de esa manera como cuando sabes que tienes a alguien agarrado de ese sitio donde más duele-. Tengo que irme, adiós.
Me di la media vuelta para irme, sin querer escuchar más… ¡pero debí haber imaginado lo que ella haría! Ya que en el preciso momento en que me giré, ella corrió hacia donde yo estaba, tomándome de los hombros y susurrándome al oído algo que me dejó mas helada que una paleta de hielo;
-Finalmente, creo que si sabe usarla… -rió y arrancó a correr en dirección contraria a donde yo estaba, sin darme tiempo siquiera de volverme a… ¡a golpearla!, sintiendo mi cabeza pesada por la ira y la bilis me subió por la garganta.
-¡Voy a matarte, Lucy! –rugí, sin poder moverme bien, totalmente paralizada y nerviosa.
Por unos instantes permanecí así, con los ojos clavados en el sitio a donde había salido huyendo, pero luego, llena de pánico, volteé a todos lados, confundida, preguntándome si alguien habría podido escuchar todo lo que dije y lo que ella dijo.
A lo lejos, dos de los trabajadores del teatro, que cargaban un largo tubo de hierro negro se me quedaron mirando, exactamente como se le mira a un chimpancé en el zoológico que hace una estupidez.
-¡¿Ustedes que están mirando? –rugí, sacudiendo las manos, mas rabiosa que un perro y ellos se escabulleron más rápido que un montón de cucarachas.
Avergonzada, retorné a mi camino hacía mi camerino, rascándome la cabeza, preguntándome si no estaba usando demasiado las comparaciones con animales para describir determinadas situaciones, pero, ¡bah! ¡a quien le importa!
Inhalé con fuerza y continué, viendo cerca de mi a un grupo de padres que aun comentaban animadamente la obra, Springs siendo entrevistada por una de las cadenas de televisión locales que se habían enterado de la presentación y vinieron a presenciarla. A su lado, Angelina sonreía y saludaba más contenta que nunca, como una niña en un día de Navidad.
Entre tanto, una maestra luchaba con un grupo de niños que seguían vestidos y supusé que serían de los padres que platicaban cerca del escenario. Por la apareciencia de la profesora, no parecíera que su paciencia fuera a aguantar mucho más y todos los niños estaban casi hiperactivos, dando saltos y correteándose entre si. Me imagine que aun tendrían mucha energía, aun después de la obra, que había sido tan agotadora para mi.
Todos los niños correteaban alegremente y, por un instante, me quedé mirándolos, sin ningún otro motivo que no fuera el simple hecho de observarlos. Recordé mi infancia, en la que yo adoraba jugar a "las traes" y a "las escondidas" por toda la escuela y sonreí incoscientemente. Repentinamente, uno de los niños soltó un grito agudizimo, de esos que te lastiman los oídos e inmediatamente, mi mente dejó de reproducir recuerdos, volviéndome a la realidad de golpe.
Busqué con la mirada al niño que había gritado; se encontraban en el suelo, sobándose la muñeca del brazo derecho y parecía dolerle tanto que abría la boca pero ningún sonido salía de ella, y lloraba a lagrimones. El grupo de sus compañeros se apresuró hacía él, rodeándolo, pero no hacían nada para ayudarlo. En ese momento, la profesora corrió para ver que era lo que sucedía, igual de sorprendida que yo, porque no había notado el momento en que se cayó.
-¡Tommy! –gritó la mujer, abriéndose paso entre los niños, quienes parecían impactados por lo sucedido. El niño lloriqueaba cuando la mujer lo levantó del suelo como un muñeco de trapo, pero ya no se tocaba mas la muñeca-, ¿Qué pasó? ¿Cómo te caíste?
El niño dijo algo entre berridos, pero la mujer no pudo entenderle, y siendo honesta, yo tampoco. Pero señalaba con insistencia hacía un lado del escenario.
-¡Fueron ellos! –exclamó otro niño y la mujer miró enseguida hacia las piernas del telon, donde algo se movía tímidamente. Supusé que se trataba del culpable.
La maestra funció el ceño, bastante molesta y enseguida, con el niño en brazos, se puso de pie rápidamente.
-¡Edgar! ¡Allan! ¡Phoebe! ¡Salgan ahora mismo! –exclamó, recitando los nombres muy segura de si mismo, e inmediatamente, tres niños no mas altos que mi cintura salieron del medio de la tela negra, riendo por lo bajo, casi maliciosamente.
Eran los mismos niños que habían salido de Shock, Lock Barrel. Aun tenían los trajes, con las mascaras colgando en sus espaldas. Algo en ellos no me daba buena espina, había algo que simplemente no concordaba con ellos. El primero, que supuse debía ser Allan, parecía un poco avergonzado, pero para nada arrepentido y se cubría la boca con la mano, como no queriendo ser visto y el ultimo, Allan creo, se carcajeaba limpiamente y a todo volumen ahora que no tenía que ocultarse. Pero la niña, la pequeña niña rubia de ojos fríos iba al frente, con la barbilla en alto, orgullosa de lo que había hecho, de su travesura.
Los tres caminaron sin pizca de vergüenza hacía la profesora, quien aun cargaba al niño que lloraba desconsoladamente.
-Debía haberlo supuesto, no se porque no se me ocurrió que serían ustedes –exclamó la mujer, negando con la cabeza, viéndolos fijamente-. ¿Qué tienen que decirle a su compañero?
El niño los miró con ojos relucientes, como esperando sus palabras.
-Torpe –murmuró orgullosamente Phoebe, la niña y enseguida, los tres se desternillaron de risa y Allan se tumbó al suelo, rodeando y carcajeándose con ganas. La maestra parecía echar fuego por los ojos.
-¡Basta! ¡No permitiré ese comportamiento más! Ahora mismo los llevaré con sus padres y les diré lo que han hecho –finalizó ella, tratando de calmarse y poner orden. Pero esos niños no parecían interesados en sus palabras. En efecto, creo que no le estaban prestando mucha atención.
-¡Al fin y al cabo, no nos importa, rata vieja! –exclamó Allan, el niño vestido de diablillo, haciendo gestos con las manos y antes de que la mujer pudiera siquiera decir algo en su defensa, los tres arrancaron a correr hacía la sala de camerinos, carcajeándose burlonamente y haciendo gestos con los dedos a la mujer que yo nunca había visto en niños. Al menos no en niños normales.
-¡Vengan aquí ahora mismo! –refunfuñó ella, mas roja que un tomate, comenzando a caminar hacia donde ellos iban, dejando en el suelo al niño lloroso sin darle mas importancia.
Miré a los tres pequeños traviesos que pasaban a un par de metros de mí, con sus sonrisas crueles en sus rostros infantiles y me pregunté nuevamente, que era lo que tenían que no me gustaba. Los tres pasaron en fila a delante de mis ojos, Allan aun riendo, Edgar, el disfrazado de esqueleto, sujetándose el pantalón con las manos y de ultimo, la chica, Phoebe, con esa sonrisa tan macabra que me recordaba levemente a Rachel en sus momentos de mayor rabia.
Justo antes de escabullirse por entre los telones en desuso y los cables, aquella niña me miró, con sus penetrantes ojos azules, duros con el vidrio y tan adultos, que no parecían de una niña. Podría decir que me estacó con su mirada y una vez que me pasó, sonrió de una forma que no pude interpretar.
La maestra pasó a mi lado, medio trotando por sus altos tacones, llamándolos a gritos, para hacerlos detenerse, mas era obvio que ellos no escucharían. Algo me decía que ella ni siquiera debía perseguirlos, porque algo saldría mal.
Aun perturbada, me di la media vuelta para entrar al camerino, dudando en abrir la puerta negra. El trío de niños no era para nada agradable; en especial esa chiquilla rubia. Ya la había visto antes a esa niña, antes del acto de la canción de Oogie Boogie con Santa Atroz, pero no había tenido tiempo de observarlos tan detenidamente. Me pregunté si estaba alucinando o esos chicos realmente eran escalofriantes.
Sacudí la cabeza, tratando de centrarme en la realidad, entrando al camerino de un solo golpe. Tenía que apurarme o entonces Sebastian vendría a buscarme, además quería llegar rápido a la mansión; moría por un chocolate caliento y un analgésico decente. Cerré la puerta tras de mi, y seguidamente, encendí la luz ambarina de la habitación. Aun pensaba en los aterradores niños, cuando…
-Señorita –dijo una voz al frente, de forma tan repentina que ahogué un grito, dando un respingo del susto. Frente al espejo, sentado en la silla de terciopelo negro, estaba Claude, mirándome fijamente, con sus ojos amarillos y amenazantes.
-¿Qué…qué hace usted aquí? –pregunté, una vez que me sentí mas tranquila. Mi voz tembló levemente, pero no pude hacer nada para ocultar mi nerviosismo-. Le sugiero que salga ahora mismo…
-Lamento haberla importunado –dijo con su voz profunda y arrogante, haciendo un gesto con su mano sobre su pecho y en la otra mano, revolvía algo negro y manchado, que se confundía con pantalón del mismo color. En lugar de la enorme gabardina, usaba una camisa negra y los dos primeros botones desabrochados. Su piel aun brillaba por el maquillaje-, pero esperaba algo mas apropiado a la situación, como una disculpa o algo parecido.
Me enfurruñé, cruzando los brazos, como tratando de poner una barrera mental entre él y yo. Sabía que en cierto modo, Claude tenía razón; yo no le había creído, pero eso no significaba que tenía que agradecerle como si hubiera hecho algo realmente bueno. Después de todo, yo no había tenido la oportunidad de hablar con Sebastian sobre lo que él me había dicho; podría decirse que mi opinión sobre él no era tan buena como antes del incendio o de su indecorosa propuesta en el baño del auditorio.
-¿Se supone que eso vino a hacer? –inquirí, tratando de sonar lo mas severa posible, pero mi nerviosismo no favorecía mucho-. Ha venido a perder el tiempo, mejor váyase.
-¿Debo recordarle que también le salvé la vida? –ladeó la cabeza, entrecerrando los ojos, que me perforaban ahora que no usaba sus lentes-, dos veces, si somos exigentes.
-¿Por qué debería creer que realmente eso quiso hacer? –respondí, aun sin muchos ánimos de continuar con esa discusión.
-¿Le he dado algún motivo para que piense que no me interesa su vida? –propuso y ahora si que me tomó por sorpresa-. Demonio o no demonio, puedo decidir que hacer con mis acciones; después de todo, no hay un contrato que nos una, ¿o si?
-Lo dejó muy claro allá en el auditorio –repuse mordazmente, notando en ese momento, que lo que tenía entre sus manos no era nada más que mi vestido manchado y hecho jirones. Sabía que vendría por él, el muy bastardo-, y créame, que aunque me haya dicho de su "supuesto plan" con Sebastian, aun no le creo mucho de eso.
-¿Por qué su intuición se lo dice? ¿O es porque soy un demonio? –preguntó de manera desafiante.
-Ambas –me apresuré a decir, antes de dar lugar a más interpretaciones-. Quisiera saber que es lo que realmente planea usted.
-¿Ha logrado descubrir algo en especial? –volvió a preguntar, poniéndose de pie lentamente y de manera inconsciente, retrocedí. Tuve la sospecha de que volvería a arrinconarme si no lo hacía.
-Muy poco –mascullé entre dientes-. Han pasado tantas cosas, he visto tanto de usted que ya no sé que es lo que sé. Algo en usted no es cien por ciento transparente y es por eso que ya no pienso arriesgarme más para descubrir.
Di dos pasos rápidos al frente, pesando que podría arrebatarle el vestido de las manos, pero él se movió demasiado rápido como para que yo lo alcanzara. Me detuve en seco y él negó con un dedo, de una forma que hizo que la sangre me hirviera en las venas.
-¿Cree que yo quiero hacerle daño?
-¡No lo sé! –gruñí, comenzando a perder la paciencia y la poca calma que me quedaba. Quería irme ya, volver al auto y olvidar toda la locura de esa noche. Volví a estirar la mano para tomar mi vestido, pero él repitió el mismo gesto-. ¡Maldita sea! ¡Deme eso de una buena vez!
-Sé razonable, Elisse –volvió a decir, con su voz aterciopelada, empujándome suavemente con una mano. Quizás en otro momento lo hubiera empujado con ganas, pero no ahora-. Si quisiera hacerte daño, ¿no crees que lo hubiera hecho ya? He tenido más que suficientes oportunidades para hacerlo…
Entorné los ojos, realmente furiosa. Este tipo no iba a dejarme ir hasta que hiciera lo que quería y ya no tenía deseos de seguir discutiendo.
-¿Qué es lo que quiere? ¿Una disculpa? ¿Agradecimiento? –mascullé entre dientes, sintiendo la bilis subiéndome por la boca del estomago, apretando los puños. Él no respondió, pero se quedó mirándome fijamente, así que supuse que estaba en lo correcto-. De acuerdo; lo siento y gracias, ¿esta feliz?
-Totalmente –dijo con autosuficiencia, pero cuando estiré la mano para tomar el vestido, el volvió a retirarla y esta vez tuve que contenerme para no golpearlo-, pero no ha especificado porque…
-¡Agh! ¡Por malinterpretar su estúpida manera de actuar y su estúpida propuesta! –rugí, ahora si, arrebatándole de las manos el vestido y supongo que planeaba que fuera así, ya que no hizo ningún intento por quitármelo. Incluso, por unos segundos, esperé una reacción de parte de él, pero no hizo más, así que caminé hacia la puerta, sin muchas ganas de darle la espalda. Temí que fuera a hacer algo tonto o atrevido, pero me vería como una completa idiota si no caminaba como una persona normal.
Ya estaba por lograrlo, por salir de allí sin nada mas en que pensar, pero cuando abría la puerta, y di un paso fuera de la habitación, el carraspeó, de una manera poco común.
-¿Quién dijo que mi propuesta fue malinterpretada? –soltó, de una forma venenosa y me volví para mirarlo, para ver su reacción. Estaba petrificada en la puerta, sin saber que hacer para que mi cuerpo pudiera moverse hacia el frente y continuar con mi camino de vuelta al auto.
Sus ojos eran un par de esferas brillantes que no me dejaban ir y tuve que hacer un esfuerzo para moverme, para ordenarle a mi cerebro que tenía que avanzar e irme de allí. Tenía que irme, debía irme si quería terminar con todo eso.
Bajé de un salto el escalón que fuera del camerino y salí corriendo tan rápido que olvidé cerrar la puerta del a habitación. Aun con el vestido manchado en la mano, me apresuré hacia la salida del teatro, pasando de largo a Lucy, que me llamaba para despedirse y aun grupo de chicos de secundaria que querían felicitarme. Sentí que no iba lo suficientemente rápido, que si Claude iba tras de mi, iba a alcanzarme y a devorarme.
Llegué a toda velocidad al auto y entré de un salto al interior, cerrando con violentamente la puerta del Ferrari, tratando de calmarme. Cerré los ojos, tratando de centrarme en la realidad, de relajarme, diciéndome en mi mente que ya no me podría alcanzar y estaba logrando eso de calmarme… hasta que otra voz profunda me sacó de mi "burbuja protectora".
-¿Señorita?
-¡Ah! –grité, volviéndome hacia Sebastian, quien estaba a un lado mío, pero yo estaba tan preocupada que lo había olvidado. Me abracé con mis propias manos, temblando de nervios-, ¡carajo, hay demonios en todos lados!
-¿Señorita, se encuentra bien? –preguntó nuevamente, acercándose hacía mi, tocándome el hombro lentamente. Volví la vista hacía él; se veía un poco preocupado. Y claro, incluso yo me preocuparía si alguien comenzara a gritar sin razón aparente a mi lado.
Asentí con la cabeza, pasándome las manos por el cabello, nerviosamente, intentando nuevamente bajar la guardia y olvidar los nervios, el miedo.
-S-si… -admití, respirando con fuerza, queriendo calmar mi alocado pulso.
Ya no había necesidad de seguir gritando. Pensé en decirle a Sebastian lo que había sucedido, pero, en realidad, no quería hacerlo. No quería provocar más caos del que ya existía o volver a revivir el miedo, el desconcierto de esta noche. Lo único que deseaba con todas mis fuerzas, era acurrucarme en mi cama y dormir cómodamente; olvidar todo lo sucedido, la locura y el dolor, y quedarme así toda una semana.
Sin estar completamente consciente de lo que hacía, me recosté en el respaldo del asiento, cerrando los ojos, dejando que el andar del auto me adormeciera poco a poco. La suave vibración del motor me arrulló lentamente, sin despertarme más que un par de veces por el camino disparejo de la carretera que llevaba a la mansión.
Lentamente, el miedo se fue, junto con mis dudas, mi resentimiento, la preocupación, y la paz y la calma volvieron. Ya no había que temer; ya estaba a salvo.
Recuerdo vagamente haber abierto los ojos de momento y ver por una ventana como la nieva caía lentamente sobre el suelo. Desde mi posición, ya que estaba recostada, no podía ver el suelo del paisaje sino únicamente parte del techo del auto y de la ventana, un poco empañada por la diferencia de temperaturas. También recuerdo que alguien me acariciaba el cabello, el rostro y fue que reconocí que estaba acostada en el regazo de mi demonio, usando como sábana el saco del traje del Rey Calabaza.
Quizás en otro momento me hubiera molestado e incluso hecho un escándalo… pero no en ese instante. No tenía deseos de pelear, así que lo único que hice fue volver a acurrucarme con el saco y continuar durmiendo. Ya llegaría el momento en discutir por esto, pero no sería ahora.
Fue una suerte que me hubiera cambiado antes de salir del teatro, ya que cuando volví a abrir los ojos, ya no estábamos en el Ferrari, sino en mi habitación y Sebastian estaba cubriéndome con las sábanas y colchas. Me pregunté si hacía mucho rato que arribamos, pero lo dudaba.
-¿Estamos en la mansión, verdad? –quise saber, incorporándome, aun medio dormida, moviéndome entre las sábanas.
Sebastian sonrió, dulcemente, encendiendo la calefacción del cuarto. Debía haber mucho frío porque cuando me moví, las colchas estaban también frías.
-Si, mi lady –dijo, empujándome con suavidad para que recostarme de nuevo-. Será mejor que duerma, ha sido un día difícil.
-Vaya que sí…
Se alejó de la cama, rodeando la misma para salir y me pregunté mentalmente si realmente se iría.
-Mañana le traeré té un poco mas tarde de lo habitual para que descanse como se debe –murmuró, pasando a un lado mío, dirigiéndose a la salida, pero antes de que lo hiciera, estiré la mano, alcanzándole la manga de la camisa. Fue como si mi mano se moviera sola, pero él volvió la mirada, preguntándose que me sucedida. Vaya, en realidad estaba mas que solo un poco cansada-, ¿sucede algo?
-¿Podrías quedarte, Sebastian? –dije sin rodeos, pero sin poder levantar la cara. Apenas me daba cuenta de lo que estaba diciendo, ni siquiera entendía porque lo decía-, ¿podrías? Por favor…
-Tengo que salir –dijo firmemente y me pregunté si realmente estaba desafiando una orden, pero al ver que no lo dejaba ir, agregó-; señorita, está usted hirviendo en fiebre, tengo que traerle una pastilla…
Ah, así que eso era. Ya decía yo que estaba actuando de manera muy extraña.
-¿Ah, si? –murmuré, llevándome una mano a la frente, sin poder decir exactamente si él estaba en lo correcto o no. Dejé que mi peso me ganara y volví a recostarme, un poco avergonzada de lo que estaba diciendo. Al menos tenía el pretexto de que no estaba en mis cinco sentidos y por ello decía cosas tan embarazosas-. Es decir, ah, si… si… bueno, vete.
Me cubrí el rostro con las sábanas, esperando a escuchar el sonido de la puerta cerrándose, pero en lugar de eso, sentí el peso de alguien sentándose a mi lado, comenzando a despeinarme el cabello con los dedos y enseguida, un pesado sopor comenzó a invadirme. Densas nubes de sueño llegaron a mi cabeza y finalmente, comencé a relajarme de verdad.
-Buenas noches, mi lady –susurró, con voz muy baja, para luego levantarse y caminar a la salida de la habitación.
Aunque quisiera haberle contestado, para ese momento, yo ya estaba demasiado adormecida como para decir algo más.
Por fin, pude descansar tranquilamente, agradeciendo que ese estúpido demonio siguiera estando a mi lado…
o.o.o.o
Continuará
Kyyyyyyyyyaaaaaaaaaaaaaa :D
Primero que nada; disculpen la tardanza. Entre mis exámenes, tareas, cosas de mi casa o "otras cosas" se me ha ido el tiempo volando y no me da para hacer mis cosas :( pero logré equilibrarme y aquí estoy (:
Tengo que decirlo; ¡este capitulo me encantó como quedó! ¿Pueden creer que son 30 páginas? Aunque siento que el final quedó como que sobrando y no deja nada de suspenso, pero bueno, es el ultimo capi del arco y para comenzar otro nuevo :D el cual espero que les guste!
Honestamente no se me da mucho el romance, pero esta vez me gustó como salió n.n
Bueno, ya, estoy hablando mucho, ahora; a los reviews! OMG 15 reviews! (slinky llora) :D kyaaaa, soy feliz! :DDDDD (se va volando alegremente al fanficmovil –incluir musiquita de superhéroe-)
Diminishing quarter: hahaha si estaba vivo, ¿ves? :D ni yo podría matarlo y eso que es mi fic, pero no te confíes, luego me entran mis estados de autora evil/perra y hago un desmadre con los personajes LOL dos días productivos, igual y luego se me va la inspiración un mes, pero para eso están la OVAS de kuro :D hahaha bueno espero que te guste este capi, ya van varios que quería subirlo! Mucha suerte! Nos leemos (:
Animemaniaca97: nooooooooo D: ves? Si me matabas, no habría conti :D *risa nerviosa* aparte este capi esta dedicado especialmente a la gente que me amenaza de muerte hahaha (: ojala te guste mucho, ustedes también me agradan, mucho :D aunque no nos conozcamos mucho, siento que nos llevamos bien hahaha XD bueno, nos vemos, ojala el capi haya sido de tu agrado! See ya next! ;)
The English Miko: HAHAHAHAHAHA no sabía que era GASP y cuando busqué en google me apareció una foto de patricio y bob esponja que aun no supero ROFLMFAO XD Si, Claude es un perfecto idiota ¬¬ odiémoslo haber si así muere, gracias a él la 2da temp de Kuro terminó así… ¡¿Por qué? :( en cuanto a Grell, digamos que ya tengo varias ideas pensadas en él ;) así que ten por seguro que se le verá por estos lares. Gracias por la pagina! :D voy a ver si publico allí, porque la pagina que estaba haciendo no le entiendo nada XD así que hay me visitas por allí, claro si puedes :) Nos estamos leyendo chica, espero te guste el capi!
Claudia-Dobe: hahahaha floja! Ntc, todos lo hemos hecho aunque lo neguemos (leer un fic y no dejar review xD hasta yo!) :$ hahahaha bienvenida! :D gracias por leer! Espero te guste este capi! Hahahaha ya se, los finales de suspenso son mis favoritos muajajaja… cof…cof… x.x y si! ¡OH SI! Sebastian está tan… baba… orgásmico hahahaha xD nos estamos leyendo! Cuídate mucho! :)
Sthella Cuerve Kuran: jujuju oh, sip, entonces si, seré tu sempai hahaha yo ya toy vieja :( hahaha peque haha FELICIDADES! Espero te la hayas pasado bien en tu cumple y que te hayan dado muchos regalos, abrazos, besos, mordidas de pastel, etc etc etc :D mis mejores deseos chica! Y pues aquí esta tu vicio muajaja que no pude subir antes por las razones ya mencionadas pero esta hecho con amor haha disfrutalo! Dios te escuché y ojala un día pueda publicar un libro *u* es mi sueño! Espero tu opinión ;) Nos vemos, cuídate y de nuevo felicidades! :D
Kagome Phantomhive: hahaha aquí esta la conti! Hahaha :D originalmente este capi y el anterior iban juntos y terminaba el capi con el beso, pero me gustó mas así, muajaja, siento que deja mas en que pensar *risa maléfica* espero que te guste mucho, porque es uno de los pocos que me encantaron hahaha oie tu msn tiene guion bajo? Es Hotmail? Me dices! Nos estamos leyendo! Cuídate ;)
xOgnAdOrA: todo tiene un significado, querida, todo tiene un significado hahaha :D bueno, o al menos eso trato! Y si, Claude esta bien pendejo (ya se me comienza a pegar el lenguaje de Elisse x.x), su mente esta mas retorcida de lo que crees, ya verás! Rachel igual, aunque ya haya muerto, es una pieza fundamental del rompecabezas! Bueno, ya estoy diciendo mucho hahaha, nos vemos chica! Cuídate y me cuentas que te pareces! Matta ne!
Chibi-tan: gracias, gracias! :D no, la vdd no podía matarlo, lo pensé, pero luego dije no… aun no… muajajaja ;) hahaha creo que publicaré en fictionpress, porque la pagina que chequé no entiendo nada haha asi que me das tu opinión, sale? :) ojala este capi te guste mucho! Creo ya esperaban algo de romance desde hace tiempo pero bueno, nos leemos amiga ;)
Stephanyluna: no, por favor! Mas amenazas de muerte nooooooo! D: trancas, Sebas esta mas que bien (esta rebien bababababa *.*) hahahaha aww gracias por los cumplidos n/n me animan a seguir escribiendo asdfghjkl hahaha y claro que seguiré la historia! :D no desesperes, perez, que (medio) vivo para escribir :D y para "cierto bulto" chiste local :) hahahaha dile a tu amiga que espero que le guste este capi, igual espero que a ti te guste! :D para mi, es mi favorito, pero espero tu opinión! No estamos leyendo! Atte. S-P
Maryroxy: tensión! Esa era la idea :) tenía pensado publicar el otro capi y este juntos hasta la parte del beso, pero creo que así fue mas interesante e impactante :) de cualquier modo, espero que disfrutes este capi tanto como yo disfrute escribiéndolo! Saludos! Nos estamos leyendo, amiga! ;)
Sofía 20: sip sip sip! :D hey bienvenida! D: dos días? Wow, hahaha bueno, muchas gracias por leer, y no te preocupes, como le dije a Stephany, tengo pensando terminar el fic, de hecho, ya tengo escrito el capitulo final, pero pss pienso hacer alguna cambios conforme avance la historia y a ver a donde me lleva el viento :) nos leemos! Disfruta el capi! Cuídate mucho! :)
PhantomhiveForever: Sebas-chan! No esta muerto! :D aun… muajajaj hahaha ntc (: que bueno que te haya gustado, porque fue uno de los capis que salieron mas rápido y luego me preocupé de que no estuviera muy bien xD bueno chica, espero tu opinión, acepto de todo, hasta tomatazos hahaha nos leemos! Cuídate mucho de los pays voladores (: saludos! Atte S-P
Hasta la próxima!
Atte. Slinky-Pink-bitch!
