Hola de nuevo!
Siento haber tardado tanto esta vez, pero con los exámenes, la selectividad y las múltiples prescripciones de la universidad me ha sido imposible escribir. Agradezco mucho a todas las personas que me habéis mandado reviews y habéis estado preocupadas por la continuidad de la historia. NO voy a dejar ninguno de los fics y voy a intentar actualizar los otros dos tan rápido como como pueda. También agradecer a las 109 personas que tienen esta historia como una de sus favoritas, a las 71 que la tienen en sus alertas y por supuesto a las 15 personas que me tienen en como alerta de autor y a las 31 que me tienen de favorita :D
Así que aquí tenéis el 13º capítulo, es un poco más corto que el doce, pero espero que os guste :)
Los pensamientos y los flash back están en cursiva.
Como siempre, los personajes de este fic no me pertences pero la trama y la historia sí.
Nos leemos abajo! :)
~Secuestro~
Ella se metió en el coche y pisó el acelerador con todas sus fuerzas. Después de haber cogido el taxi para ir a "ese" sitio, se le ocurrió volver a casa para consultar otra vez toda la información que llevaba recopilando; sin embargo, no había podido resistir y, como se había quedado sin dinero para pedir otro taxi, decidió que sus padres no se tenían por qué enterar de que había tomado "prestado" el coche durante un rato. Había tenido un fuerte presentimiento esa mañana e iba a seguirlo. Desde que había vuelto de la Edad Media había estado investigando el por qué de aquello, ¿cómo había sido posible aquel viaje en el tiempo? Cuando regresó, pensó que todo lo que había vivido durante todo esos años no había sido más que un sueño; sin embargo, pronto descubrió que realmente había viajado en el tiempo hasta la Edad Media y un sentimiento de impotencia la invadió. Darse cuenta que podría no volver a ver a esas personas que tanto quiso durante su estadía hacía que le entraran ganas de llorar. Por esa razón, no perdió el tiempo y comenzó a investigar cómo había sido posible ese viaje espacio-temporal. Empezó primero revisando cualquier noticia que tuviese que ver con aquello, artículos de ciencia o de tecnología, pero eso no resultó. Tras su fracaso, investigó en libros de física donde sí encontró algo interesante: se podía viajar en el tiempo a través de un agujero de gusano. Pero claro, ¿cómo había sido posible que ella hubiese caído en uno por error? Más aún, ¿cómo se había creado aquello? Ella siguió buscando cualquier tipo de información, pues si había un agujero de gusano en Tokio esto habría tenido que ser revelado a la población; sin embargo, no encontró nada, como si realmente no existiese…o como si lo hubiesen ocultado. Fue entonces cuando ella decidió volver al lugar exacto donde ella recordaba haber encontrado aquella luz que la hizo transportarse a la Edad Media. A primera vista, no encontró nada anormal en aquel callejón que desembocaba a la gigantesca avenida, estaba vacío y sucio, tal vez olía un poco mal, pero aquello era demasiado ordinario. Aún así, ella decidió adentrarse hasta la pared que lo hacía finalizar. Dio un par de vueltas pero a excepción de ladrillos sucios y ennegrecidos por el humo, no vio nada. Un sentimiento de decepción la inundó, creía haber estado tan cerca que al encontrarse en un callejón sin salida de nuevo, se hundió. Sin embargo, y tal vez por azares del destino, se tropezó cayendo sobre un viejo periódico tirado en la esquina de la calleja. En ese instante, sintió chocarse contra algo más, pero al levantarse, se dio cuenta que ya no se encontraba en un callejón sucio y oscuro, sino en un pasillo metalizado. Sus ojos viajaron por las paredes azules y el suelo plateado, sin saber muy bien cómo había llegado allí. Se volvió con la certeza de que encontraría la puerta que daba a la callejuela, pero la pared esta lisa. Guiada por la incertidumbre y el presentimiento correcto de que hallaría lo que había estado buscando, recorrió aquellos pasadizos subterráneos, hasta llegar a una puerta semiabierta de alta seguridad. Con una media sonrisa, se adentró dentro. Su mirada curiosa se deslizó por cada uno de los altamente avanzados aparatos científico-tecnológicos, pero estos se quedaron en un segundo plano cuando dentro de una cámara transparente una especie de luz flotaba justo en medio de esta. La misma luz que había hecho posible su viaje. Ensimismada, camino hasta ella y apoyó sus manos en el cristal para contemplarla de cerca.
—¡Oiga! ¡¿Quién es usted?— le gritó la grave voz de un hombre a sus espaldas, sobresaltándola. Ella se volvió encarándolo.
Era un hombre relativamente joven, de unos treinta años, su cabello castaño lo llevaba recogido en una coleta y poseía una característica cicatriz que le surcaba la cara por las mejillas. Por su bata blanca, pudo deducir que trabajaba allí investigando y no como guardia de seguridad, lo que la alivió un poco.
—La ciencia infusa me ha traído hasta aquí— respondió con sorna, adoptando una pose arrogante y altanera.
El científico se acercó a ella, su rostro mostraba sorpresa y contrariedad, pero no parecía enfadado.
—¿Ciencia infusa? Esos cuentos a otro tonto— replicó— ¿por qué has venido aquí? ¿Acaso eres una espía? Sabía que me podía arriesgar a esto pero todavía es demasiado pronto, ni siquiera lo he utilizado…
—No soy una espía— se apresuró a aclarar para que el hombre parase de sacar sus propias conjeturas erróneas.
Él la miró de forma crítica, escudriñándola con la mirada. Realmente no parecía una espía, a menos que ahora se vistieran con equipación de fútbol escolar. También observó el macuto que le colgaba desde el hombro hasta los muslos. Definitivamente no podía ser una espía.
—Pareces una estudiante— comentó acariciándose la barbilla pensativo.
—Es que lo soy— afirmó con obviedad.
—Entonces, ¿qué es lo que hace una estudiante en mis instalaciones científicas?— inquirió el hombre no muy convencido todavía.
—¿Instalaciones científicas?— repitió con burla ella— como mucho un laboratorio subterráneo, ni siquiera llega a la categoría de laboratorio de Déxter.
—Para tu información esto es mucho más grande de lo que parece— replicó irritado— esto que ves no es ni un 0,1% de todo lo que tengo montado debajo de esta ciudad.
—Seguro que sí— le dio la razón como a los locos, pero antes de que el otro dijera nada más, siguió hablando— eso de ahí es un agujero de gusano, ¿no es así?— preguntó con el ceño fruncido.
Una mirada de escepticismo por parte del científico se posó sobre ella. Si antes no le tenía mucha confianza, ahora menos todavía.
—Es evidente que no lo es— aseguró él cruzándose de brazos.
—Es evidente que sí— contraatacó poniendo sus brazos en jarras.
El hombre se sintió un poco intimidado por ella, era extraña, podría apostar que no había conocido a nadie tan inusual. La muchacha guardaba una apariencia de adolescente típica, pero en sus ojos se leían más años de vida de los que aparentaba. También su manera de comportarse se adecuaba más a la de una adulta que a la de una niña. Sintió curiosidad.
—No es posible crear un agujero de gusano— contestó con simpleza el hombre.
—Usted ha sido capaz de crearlo— señaló. Luego apuntó a la cámara de luz.
—Eso no es un agujero de gusano— negó.
—Por supuesto que lo es— afirmó irritada, no estaba allí para nada, necesitaba saberlo— usted puede engañar a todos los que quiera, pero a mí no me puede engañar.
—¿A no?— inquirió con un deje de burla, — ¿y qué es lo que la hace estar tan convencida?
—Que por suerte o desgracia yo he sido víctima de su experimento— contestó con seriedad.
El silencio se instaló de pronto en la sala. El científico fue perdiendo el color de su rostro conforme avanzaba el tiempo. Esta absolutamente atónito con la respuesta de la muchacha. ¿Había oído bien?
—¿Qué quieres decir con eso?— preguntó.
—Que gracias a que usted creara ese agujero de gusano, yo hice un viaje en el tiempo— respondió.
—¿Tú…? Pero, ¿cómo…? No lo entiendo…— empezó a divagar el hombre mientras daba vueltas sobre sí mismo.
—Oiga, necesito volver a donde fui— le dijo ella sacándolo de su monólogo.
El hombre la encaró con seriedad.
—Imposible, eso es algo altamente peligroso— replicó con dureza.
Todas las esperanzas de ella se hundieron. ¿Cómo que no podía? Tenía que hacerlo.
—Necesito volver— insistió.
—Aquel día hubo un accidente y los pocos minutos que el agujero estuvo en completa libertad podrían haber supuesto una catástrofe, es evidente que no puedo dejar que vuelva a pasar— dijo— esto viaja a la velocidad de la luz, podría haberse tragado a la Tierra.
—¿Y cómo es que puede controlarlo?— preguntó con enfado y curiosidad.
—Eso es un secreto que no voy a revelar— sentenció el hombre.
—Escuche, tal vez podríamos llegar a un acuerdo— dijo ella.
—¿Acuerdo?— repitió con incredulidad— yo no trato con chiquillas.
—Yo no soy una chiquilla— contestó adoptando una pose seria y poco común en una persona de su edad.
El hombre la miró con curiosidad, tal vez podría descubrir más cosas si contaba con la ayuda de esa muchacha. De repente, aquel trato se le volvió más atractivo.
—Me llamo Iruka— se presentó estrechando la mano de la chica.
Sus finos labios se movían con suavidad sobre los carnosos y rojizos de la muchacha. Si bien había besado cientos de bocas con anterioridad, jamás había experimentado la sensación que lo estaba recorriendo en esos instantes mientras besaba a la molesta y extravagante pelirrosa. Nadie había despertado tan rápidamente su deseo con un simple beso. La boca de la muchacha era dulce, con un ligero sabor a cerezas, cosa que hasta ese momento le había desagradado profundamente. Sin embargo, allí se encontraba Sasuke Uchiha, el demonio de hielo, el príncipe de todo un imperio, el inalcanzable, el frío e impasible, rendido bajo los encantos de aquella joven que había osado faltarle el respeto en incontables ocasiones, quien le había humillado, insultado y pegado. Sin embargo, ahora para él sólo existían aquellos adictivos labios que no parecían querer despegarse de los suyos. Sasuke mordió con suavidad el labio inferior de Sakura, haciendo que esta abriese la boca para dejar escapar un leve gemido que fue silenciado por la lengua del muchacho que se deslizaba como una intrusa por su boca, profundizando aún más el beso.
Sakura elevó sus manos para acariciar el sedoso cabello de Sasuke. Se encontraba en la más absoluta de las glorias en ese preciso instante. Quería y deseaba a Sasuke con tal intensidad que la mareaba. Ese beso la estaba volviendo loca, pero ella quería más. Quería sentir su piel contra la suya, quería que fuera él el que la hiciese tocar en cielo esa noche, quería demasiadas cosas. Pero su mente estaba nublada por el apasionado beso que ambos estaba compartiendo. Pronto sintió como una de las manos de Sasuke viajaba con cierta cautela por su torso, rozando con levedad su pecho, provocando un agradable escalofrío en la muchacha, que sonrió contra los labios del chico.
—Lady Saku…— los interrumpió la voz de Lady Ino que se detuvo de inmediato al verlos así. Su cara adoptó un tono rojizo, sabía que había cortado algo importante.
Sakura se despegó de Sasuke y posó su mirada en su doblemente amiga. Estaba un poco molesta e irritada con ella, pues ella hubiese preferido continuar con aquello.
—Dime— le dijo.
—Lamento interrumpir— se disculpó,— Lady Hinata y yo os estábamos buscando pero podéis quedaros aquí hasta cuando os plazca, sólo acordaos de localizarnos cuando terminéis— y dicho esto se dio media vuelta azorada, abandonando el balcón.
Sasuke miró a Sakura y esta sonrió con ternura y cierta picardía. Si bien había disfrutado con el beso, también quería divertirse a costa de él un poco.
—Creía que los príncipes no se enredaban con plebeyas— comentó sentándose en el alfeizar del balcón.
—Vos no sois una plebeya— contestó con simpleza Sasuke acercándose peligrosamente a ella. Sus dedos rozaron con delicadeza los de ellos, experimentando una agradable sensación con el contacto. Su cara se aproximó a la de ella— sois una hechicera.
—Creía que era una Lady— replicó enarcando las cejas.
—Distáis mucho de eso Sakura— contestó con burla, acercándose más rozando sus labios con los de ella, jugando con la distancia que los separaba.
—Tal vez, pues, debería separarme de vos—replicó con una sonrisa picaresca haciendo el amago de retirarse de sus brazos.
—Os recuerdo que estáis bajo mi poder— le dijo Sasuke afianzando más la presa alrededor de ella,— no es correcto que una dama se retire sin el consentimiento del príncipe.
—Oh, pero yo no soy una dama, soy una bruja— le citó con una sonrisa, aunque esta vez se quedó donde estaba.
—¿Disfrutáis viendo cómo me contradigo a mí mismo?— le preguntó con burla.
—Es divertido— contestó encogiéndose de hombros y riendo.
Sasuke bajo la cabeza lentamente para besar con delicadeza los suaves y dulces labios de Sakura. Ella paso sus brazos por el cuello de él para poder sentirlo más cerca suya. Sus labio se movían sin prisa sobre los suyos, disfrutando de aquel roce, de aquella pequeña muestra de lo que podrían significar el uno para el otro. Con el corazón acelerado, Sasuke se separó de ella y le cogió de la mano.
—Es hora de regresar— le dijo ante la mirada interrogante de ella— Lady Ino y Lady Hinata deben de estar esperándoos.
—Tienes razón— asintió y él enarcó la ceja— no me apetece seguir hablando a la antigua, no es mi rollo.
—No es tu rollo— repitió en un sarcástico murmullo que ella no llegó a escuchar.
Cuando los dos ingresaron de nuevo en el majestuoso salón, todos los invitados se volvieron para recibirlos con sus brillantes sonrisas, sin duda, causadas más por el alcohol que por felicidad. La música sonaba alegre y mucha gente se hallaba bailando. Sasuke se apartó de ella al localizar a Naruto junto con los demás lores. Sakura se sintió por un segundo como una intrusa en aquella fiesta pese a ser, irónicamente, el motivo de que esta se celebrase. Todas las mujeres iban con deslumbrantes vestidos de diferentes formas y colores, cada cual tan elegante y distinguida como la siguiente. Sus joyas resplandecían con las enormes lámparas de oro del techo. Sakura estaba totalmente convencida que aquella fiesta de dieciocho era mucho mejor que cualquiera que se celebrara en el siglo XXI. Con una sonrisa, avanzó entre el gentío en busca de sus amigas. Con tanta gente le resultaba muy difícil ver dónde se encontraban. Perdida en sus pensamientos, la muchacha chocó, de repente, contra alguien. Alzó su mirada para encontrarse con un hombre de cabello grisáceo y gafas, que para su sorpresa, no debía de tener más de treinta años. Sin embargo, algo en la mirada de ese hombre le causó un desconcertante terror interno. Trató de disimularlo, pero a medida que ese hombre la recorría con la mirada, ese inquietante sentimiento crecía.
—Lady Sakura— le dijo con voz suave pero con cierta amenaza encerrada en ella— felicidades por su dieciocho cumpleaños.
—Gracias er..
—Podéis llamarme Otubak— se presentó depositando un meso en la mano de Sakura, que se sintió asqueada con el contacto.
—Encantada de conoceos— expresó con amabilidad, pese a sentir justamente lo contrario.
La orquesta entonces empezó a entonar otra pieza de baile diferente y, para horror de Sakura, el hombre se inclinó para pedirle bailar.
—Me pregunto si me concederíais el honor de bailar conmigo.
—Oh, verá, siento darle una negativa, pero tengo prisa, un honor conocerle— se despidió, y corrió para alejarse de allí tan rápido como podía.
Había sido un terror irracional, pero no quería quedarse para comprobar si había o no juzgado mal a ese hombre. Ahora que ya no estaba con él, pensó que había sido una estupidez y le entraron ganas de reír. Olvidando aquel episodio, se dispuso a buscar, una vez más a sus amigas. Con un golpe de suerte, las localizó enseguida en una de las mesas.
—Siento haber tardado tanto— se disculpó nada más llegar.
—No tenéis por qué— replicó Ino con una sonrisa— sentaos, por favor.
Sakura ocupó un asiento con rapidez. De un momento a otro, se sintió incómodamente observada y giró la cabeza, aunque no encontró nada.
—¿Qué queríais decirme?— preguntó ignorando aquella perturbadora sensación.
—Oh, si os estaba gustando la fiesta, pero creo que sí— contestó mirándola con una mirada cargada de picardía, que hizo sonrojar a Sakura.
—La fiesta me esta gustando mucho, es increíble, es la primera vez que veo algo como esto— respondió con sinceridad.
—Acostumbraos, ahora que habéis pasado a formar parte de este grupo, disfrutaréis de todos los eventos que organizamos— le dijo riendo Temari— sobre todo los de Lady Ino, os quedaríais muerta al verlas.
—Mis fiestas son conocidas a lo largo del reino por ser las mejores— se defendió Ino.
—Sí, es algo que la plebe no podría nunca comprender— dijo Matsuri con cierta malicia, mirando a Sakura por un instante, dirigiéndole una indirecta muy directa.
—Si, y tampoco las que solo tienen serrín dentro de la cabeza— añadió con una falsa sonrisa Sakura.
—Me ofendéis Lady Sakura, deberían mandarte azotar por tal impertinencia— replicó Matsuri con irritación y dirigiéndole una expresión de repugnancia infinita.
—No sabía que os dierais por aludida, Lady Matsuri, pero si es así tal vez no deberíais estar aquí, ¿no creéis?— respondió Sakura aguantando la risa.
—Touché— comentó Hinata sonriendo.
El rostro de Matsuri se coloreó de rojo y una furia silenciosa se instaló en sus ojos. De este sentimiento distaban Lady Temari, Tenten e Ino, a las que se le escapó alguna que otra risita. Presenciar a Sakura dejando fuera de juego a la ostentosa y pretenciosa Lady Matsuri era algo increíblemente satisfaciente y divertido. Sakura, mientras tanto, se mordía el labio inferior tratando de controlar la tremenda carcajada que luchaba por salir de su garganta. Sabía que ese truco no fallaría, nunca lo había hecho.
—Témome que debo ir a atender mis obligaciones de esposa, buenas noches miladies— se despidió con una sonrisa hipócrita Matsuri, levantándose con urgencia para escapar de aquella vergonzosa situación.
Nada más ver que era imposible que la joven las escuchara, el resto estalló en risas incontroladas. Fueron más de dos minutos sin parar de reír, provocando que un conocido dolor se instalara en sus abdominales.
—Por todos los dioses, Lady Sakura no tengo palabras para describir esto— le dijo entre risas Lady Tenten a la joven pelirrosa.
—No ha sido nada, simplemente se me ocurrió— contestó de la misma manera Sakura.
—Parecía que hubiere visto un fantasma, se puso pálida— añadió Ino tratando de tranquilizarse, pero fracasando en el intento.
Tras varios minutos en aquel estado de risa contagiosa y tonta, las jóvenes se calmaron y empezaron a conversar sobre temas menos sustanciales, pero que podrían ser interesantes para algún tipo de oyentes. La nueva moda de occidente que llegaba al Imperio Japonés, los extraños productos que las mujeres europeas usaban para parecer más bellas, la joyería de los judíos que cada vez era más cotizada o los poemas más románticos eran algunos de los tópicos sobre los que hablaban. Sakura se sentía un tanto extraña, aquella podía ser perfectamente una conversación cualquiera entre un par de adolescentes de su época y descubrió, que pese a todo, los intereses de las mujeres no cambiaban a los largo de los siglos. Aunque la conversación cobró más brillo cuando el tema de los hombres salió a colación.
—El príncipe Sasuke Uchiha era uno de los hombre más apuestos y cotizados— empezó Ino con picardía— pero lamentablemente parecía imposible de conseguir, hasta que nuestra querida Lady Sakura llegó.
—Cuánta razón tenéis, ya creíamos que nunca se desposaría con alguna joven de alta cuna— asintió Tenten dándole la razón.
—¿Desposar?— repitió no creyendo lo que oía— del noviazgo al matrimonio hay un trecho muy largo por recorrer, y a nosotros nos queda mucho camino por andar.
—¿Pero qué decís?— contestó Temari— es evidente que va a pedir vuestra mano enseguida, sino no hubiese aparecido con vos en público.
—Ni que me fuera a casar con 18 años— exclamó Sakura con burla.
—Normalmente las mujeres se casan antes— replicó Hinata un tanto cohibida.
—Entonces no son mujeres son niñas— contestó con franqueza Sakura negando con la cabeza— ¿cómo sabes que has encontrado al amor de tu vida si solo estás con una persona?
—Porque no nos dan opción— respondió Temari con seriedad.
—Cierto, yo contaba con 14 años cuando mis padres me dieron en matrimonio al príncipe Itachi Uchiha,— corroboró Ino— no es que sea algo malo pero no tuve elección, aunque nunca me verás quejarme— añadió con una sonrisa pícara.
—Yo tampoco me quejaría— expresó con sarcasmo Temari— si me desposaran con uno de los posibles emperadores del reino os puedo asegurar que me sentiría muy afortunada, aunque ahora que mi esposo es Lord Shikamaru Nara no tengo queja alguna.
—Pero hay algo que no entiendo— las interrumpió Sakura extrañada— ¿cómo podéis ser felices con alguien a quien no amáis?
—Yo amo con todo mi corazón a mi esposo— contestó Hinata con una sonrisa soñadora— os puedo asegurar que no sería feliz que ningún otro.
—A mí me pasa lo mismo con Lord Neji— concordó Tenten— cuando lo conocí sentí como el corazón se me salía del pecho.
—Sí pero no habéis tenido la oportunidad de elegir si es lo que realmente querríais— replicó Sakura— no podéis hacer nada si vuestro esposo os engaña con otra mujer u os trata mal, y eso es algo que no debería suceder.
—¿Existe algún remedio ante esos actos?— contraatacó Temari— nunca los he sufrido pero la mujer siempre debe someterse al hombre.
—No, la mujer tiene que ser más poderosa que el hombre— replicó Sakura con mirada luchadora— los hombre nos relegan a cargos menos importantes porque saben que si las mujeres tomáramos el poder nunca podrían equiparar nuestra eficiencia.
—¿De dónde sacáis eso, milady?— preguntó Ino con curiosidad.
—Yo he visto a mujeres ocupar cargos en el ejército y resultar mucho más efectivas que los hombres— dijo Sakura con palabras convincentes— los hombres y las mujeres sufren de los mismo y poseen un mismo espíritu. Todos los seres humanos son iguales, mis queridas damas, y eso hay que demostrárselo.
—Me preguntó si algún día las cosas serán como decís— suspiró Hinata.
—Algún día— murmuró con una sonrisa Sakura.
De nuevo la conversación se vio truncada por las trivialidades de la moda y el ocio. Sin embargo, hubo un momento un tanto extraño para Sakura.
—Lady Sakura, no os había querido comentar nada, pero habéis tardado en llegar más tiempo de lo esperado— dijo Ino como si nada con una sonrisita.
—El Príncipe me entretuvo— contestó sonriendo pero con las mejillas coloradas, pero al recordar el momento antes de reunirse con las damas palideció— bueno, me encontré con un hombre que me resultó escalofriante.
—¿Sabéis cómo era o su nombre?— le preguntó Tente confusa— Lady Ino no suele invitar a tipos raros a su fiesta, le atemorizan al pedirle un baile— añadió con burla y la rubia asintió con rapidez.
—Era alto, con el pelo gris y anteojos y su rostro era… no sabría como describirlo— dijo ella pensativa— su nombre era… Obaku… Tabaku… ¡Otubak! Su nombre era Otubak— exclamó al recordarlo.
—No hay nadie con ese nombre invitado a la fiesta— inquirió Ino con extrañeza— y puedo confirmártelo, sé muy, pero que muy bien el nombre de cada uno de los presentes.
—Estoy segura de que se llamaba así— insistió Sakura.
—¿Alto, cabellos grises y con anteojos?— repitió Temari cualquier hombre de 40 en adelante puede presentar esas características.
—El caso es que no debía tener más de 25 o 30 años— respondió recordándolo.
—Lord Orochimaru no esta invitado, ¿no?— preguntó Tenten a Ino.
—Por supuesto que no— contestó la rubia casi ofendida.
—Tal vez deberíais decírselo a su Excelencia— sugirió Hinata un poco asustada.
—Eso es exactamente lo que pienso hacer— asintió Sakura— con su permiso mis queridas damas, tengo un misterioso hombre al que desenmascarar.
—Tened cuidado Sakura,— le instó Ino preocupada.
—Descuidad— se despidió Sakura abandonándolas.
La joven avanzó por el salón buscando a Sasuke por cualquier rincón, pero no conseguía localizarlo. Empezó a ver la desventaja de estar en una fiesta donde abundaban los trajes esponjosos multicolores. Cada paso que daba la hacía marearse. Todos los colores entraban por sus ojos y todo a su alrededor comenzó a dar vueltas. Lo último que vio antes de perder la conciencia fue al extraño hombre de pelo grisáceo y gafas acercándose.
—De acuerdo, explícamelo otra vez— pidió la muchacha con impaciencia al no entender ni una sola palabra de la explicación del hombre.
Iruka la miró con los ojos entrecerrados. Estaba claro que la niña esa no se había enterado de nada; sin embargo, había utilizado el lenguaje más humano y comprensible posible. Tampoco había visto que ella mostrase un gran interés. De hecho, se estaba preguntando para qué le había dado aquella minuciosa información sobre su gran proyecto.
Con un largo suspiro de cansancio, Iruka se paso una mano por el pelo hasta llegar a su pulcra coleta para juguetear con ella. Ese gesto de nerviosismo o desesperación no paso desapercibido por Ella, quien rodó los ojos. Era evidente que a la primera no iba a pillar todo lo que ese hombre le dijera. Técnicamente era algo imposible. Sin embargo, hubo algo que le llamó la atención desde el principio.
—¿Eres heavy?— le preguntó con curiosidad.
Iruka la miró sorprendido. Nunca se había esperado aquello. Dirigió su mirada a su larga coleta marrón oscura y luego la miró a los ojos.
—Evidentemente, no—le contestó un tanto irritado. ¿Cómo se había atrevido a compararlo con un simple heavy de esos? Él era un científico que pronto haría historia, sería el más famoso de cuantos intentaron llegar hasta donde él había llegado. Y ella, una mocosa cualquiera lo comparaba con esa clase de maleante. Inaudito.
—¿Y la coleta?— insistió señalándola con el dedo.
—Los científicos somos excéntricos por naturaleza— explicó con orgullo Iruka.
—Ya lo veo— dijo con cierto sarcasmo mientras rodaba los ojos.
—Jovencita, estamos aquí para aclarar términos, no para preguntas impertinentes— exclamó Iruka poniendo las manos en la cintura con un severo gesto.
—¡Señor, sí, señor!— lanzó ella haciendo el saludo militar.
—Menos bromas y más trabajar— aseveró él dándole la espalda para seguir con las mediciones.
—Claro —respondió sarcásticamente— pero no sé exactamente lo que tengo que hacer.
—Te lo acabo de explicar— apuntó desesperado volviéndose a girar.
—No habrás pretendido que entendiera todo eso, ¿no?— preguntó con falsa inocencia.
—En unos días tengo que poner esto en funcionamiento, y si quieres conseguir tu propósito más te vale prestar atención a todo lo que te diga, ¿queda claro?
—Como el agua— contestó con ironía.
—Pues comencemos.
—¿Habéis visto a Lady Sakura por algún lado?
—No, lo siento…
—¿No sabréis el paradero de Lady Sakura?
—¿Se refiere a la nueva dama que …?
—En efector, milord.
—Desgraciadamente, no lo sé.
—¿Sabéis dónde podría hallar a Lady Sakura?
—No he visto a la joven dama desde que entró a la instancia.
—¿Lady Sakura?
—Sí, ¿sabéis dónde encontrarla?
—No, lo siento.
—Tiene el pelo rosa y ojos verdes.
—¡Ah! Sí, sé quién, pero no sé dónde está.
—Llevaba un vestido verde y blanco.
—¿No se había celebrado esta fiesta en su honor?
—Así es.
—¿Y dónde está pues?
—No es muy alta y está delgada.
—Creo que he bebido demasiado, todas las damas me parecéis iguales. ¡Más ponche!
—¡Ah sí! Me estaba contando un chiste muy gracioso, realmente tiene talento para eso.
—Entonces, ¿a dónde ha ido tras su conversación?
—Creo que un muchacho la invitó a bailar, ¡hay la juventud de hoy en día!
—¿Sabe de quién se trataba?
—Pues la verdad es que no… era la primera vez que lo veía por aquí.
—¿Si he visto a alguien desconocido?
—De nombre Otubak.
—Jamás había escuchado tal nombre, lo siento.
—¿No había nadie fuera de lugar?
—No, milady, lo he controlado todo para que así fuese.
—¡Arruinaréis mi reputación sino lo encontráis!
—Disculpe, milady, lo he intentado pero…
—¡Nada de peros!
—Pero mil…
—Os mandaré a azotar, ¡esto es inaudito!
—Lo siento muchísimo Excelencia…
—¡Poneos a trabajar de inmediato!
—Si, mi señora.
—Parece que el caos reina en el salón de baile— comentó la pelirroja mujer mientras sostenía una copa de vino, cuyo color hacía juego con las uñas de esta.
—Todo el mundo está alterado, pero el crimen ha sido perfecto, nadie sabe dónde está— contestó el hombre que se encontraba situado a su costado. A diferencia de la postura tranquila de la dama, él permanecía en tensión.
—Sois tan astuto, Kabuto, mi padre no podría haber elegido a alguien mejor para esta tarea— le dijo con voz seductora y atractiva sonrisa.
—Es un honor para mí recibir tales halagos por su parte, Lady Tayuya— declaró Kabuto respondiendo al gesto de la mujer.
—Deberíais recibir una recompensa,— afirmó cautivadoramente Lady Tayuya acercándose más a él— tal vez… esta noche… podríais calentar mi lecho.
Kabuto sonrió con placer ante la proposición de la pelirroja. Sabía las libidinosa costumbres acerca de Lady Tayuya, en realidad, cualquier hombre las sabía. Lady Tayuya era la amante perfecta, según las malas, o buenas lenguas comentaban. Kabuto sabía que el último amante que la mujer había tenido, había sido ni más ni menos que el mismísimo Príncipe Sasuke Uchiha, el hijo menor del Emperador de Japón y futuro heredero del imperio. Sin embargo, Kabuto conocía el encaprichamiento de Lady Tayuya por el joven príncipe, y también conocía la costumbre de Lord Orochimaru de cumplir cada uno de los caprichos de su hija. Sin duda alguna, este deseo podría costar muchas vidas.
Kabuto tomó a la pelirroja de la cintura y la arrastró más hacia las sombras. Pese a estar escondidos tras las elegantes y abultadas cortinas, no podía arriesgarse a que los vieran o aún peor, que pudiesen reconocerlos.
—Milady, será mejor que abandonemos el palacio antes de que se forme más revuelo— le dijo Kabuto.
—Como queráis, nuestro objetivo ya está cumplido, mi padre se alegrará de saber que lo hemos logrado de una forma sumamente limpia— respondió sonriendo Lady Tayuya.
—Entonces, mi señora, no perdamos más tiempo.
De un segundo a otro las dos sombras que se hallaban escondidas desaparecieron fundiéndose en la oscuridad. Sin saber que una de las personas que se encontraba abajo en el salón, había detectado su presencia.
—Su excelencia, no hay ni rastro de Lady Sakura.
—¿Habéis mirado bien por todas partes?— insistió Sasuke con preocupación,
—Sí, señor. No hemos podido encontrarla— contestó el soldado.
—Comprobad que cualquier acceso para entrar o salir del palacio está vigilado. Nadie, repito nadie puede traspasar puerta alguna sin permiso— ordenó Sasuke con tono claro y frío mientras vigilaba entre el revuelto de gente.
—Como ordenéis, Excelencia— el soldado hizo una reverencia y corrió a anunciar las nuevas órdenes al resto.
Lady Ino, Hinata, Tenten y Temari se acercaron corriendo al joven príncipe. Todas ellas sudando y aparentemente exhaustas. Ellas también habían realizado una minuciosa búsqueda interrogando a cada uno de los invitados acerca de Sakura. Lady Ino, al haber organizado la fiesta, era la que más alterada estaba, ya que un intruso no deseado había producido que la celebración se convirtiese en un completo caos en el que, además, había desaparecido Lady Sakura. Ese alguien se había ganado un poderoso enemigo. Me las pagará, juró internamente Lady Ino observando la jungla de personas que era ahora el majestuoso salón.
—¿Nada?— preguntó aún con esperanza Sasuke a las mujeres.
—Nada— confirmaron las cuatro damas al unísono.
Sasuke se desesperó internamente. ¿Qué mierda había pasado para que todo terminase así? La fiesta al comienzo había sido normal, luego mejoró cuando él y Sakura entendieron sus diferencias y consiguió besarla. Cerró los ojos recordando el dulce y adictivo sabor de sus rosados labios. Sasuke sacudió la cabeza, no estaba el escenario para desvariar en aquellos momentos. Tras el beso ella había ido con el resto de las damas y él con los lores. La cuestión era, ¿qué había pasado para que Sakura desapareciese repentinamente?
—¿Sabéis si antes de llegar hasta vosotras le pasó algo?— les preguntó con suma seriedad.
—Sí— contestó Lady Hinata— se cruzó con lo que ella llamó un hombre escalofriante, pero no me acuerdo del nombre…
—Otubak, ella dijo que se llamaba Otubak, lo sé porque no está invitado— respondió Lady Ino con el ceño y los labios fruncidos.
—¿Otubak?— repitió incrédulo Sasuke— no hay nadie que se llame así.
—Lo sabemos, es la primera vez que escuchábamos tal nombre, por eso insistimos en que os informara rápidamente— intervino Lady Temari con el mismo porte de seriedad que él.
—¡Maldición!— soltó Sasuke con enfado— si la hubiese buscado antes nada de esto habría sucedido.
—No os culpéis, Excelencia— le tranquilizó Lady Hinata.
—Continuad buscando, tiene que estar en alguna parte— les ordenó Sasuke al tiempo en que desaparecía para hacer lo mismo.
Lo primero que sintió Sakura fue un fuerte olor a putrefacción, humedad, defecaciones y sudor. Después, su piel le informó de la baja temperatura del lugar en que se encontraba. Agudizó el oído y escuchó tanto gritos desesperados como risas escalofriantes. Finalmente abrió los ojos y parpadeó varias veces para que la vista se acostumbrara a la luz. Lo primero que vio, fue la pálida cara de Lord Orochimaru que tenía dibujada una malévola sonrisa en la cara.
—Bienvenida a la sala de torturas de mi castillo, Lady Sakura.
Y hasta aquí llega este capítulo, espero que os haya gustado y preparaos para el siguiente donde se revelará la mayor trama de esta historia.
Espero actualizar cuanto antes este y los otros fanfics.
Merezco reviews?
