14. Morning Bird
Aterrizó en el hangar. Todo permanecía a oscuras, la noche estaba lo suficiente avanzada para que los habitantes de la Bebop estuvieran con toda probabilidad dormidos.
Avanzó entre la oscuridad, cosa que no le resultó difícil al conocerse el camino como la palma de su mano.
Se dirigió al servicio, encendiendo la luz al entrar. No se molestó en cerrar la puerta sino que la dejó abierta mientras se deshacía de la chaqueta y la camisa.
Frente al espejo observó como la sangre manaba por la carne y como ésta había adquirido una apariencia rosada.
Su cuerpo, torneado por el ejercicio, sin un solo gramo de grasa más que músculo, se reflejaba en el cristal con la herida atravesando la mitad de su abdomen, tensándose cada vez que una punzada de dolor procedente de la llaga le recorría la espina dorsal.
Escuchó unos pasos metálicos acercarse y no tuvo que pensar demasiado para adivinar de quién se trataba.
- ¿Dónde has estado? – Preguntó Jet parándose bajo el umbral de la puerta. – ¿No sabes que existen los teléfonos?
Parecía algo molesto aunque a la vez resignado.
Spike no dijo nada, solamente siguió mirando su reflejo.
- ¿Te has peleado? – Inquirió su compañero fijándose en la herida.
- Ojalá. – Respondió con voz queda pensando en la espada de Vicious apoyada en el apartamento de Faye esperando para darle una última estocada y en el rostro de ésta iluminado únicamente por el reflejo del metal tornando su mirada más apagada.
- ¿Pero cómo es que….?
- ¿No me creías cuando te lo dije? – Le respondió volviéndose a su compañero – Siempre sangra.
Jet miró entonces con aire preocupado el aspecto del corte, realmente tenía mala pinta para tratarse de una herida recibida casi más de un año atrás. Lo normal sería que no quedara más que una fea y profunda cicatriz a juzgar por el tamaño de la raja y sin embargo parecía que ésta no tuviera más de unos días. A pesar de poder ver las marcas de las puntadas la herida todavía supuraba a través de una línea abierta en la carne como si ésta se resistiera a unirse de nuevo.
- Te echaré un poco de desinfectante. – Se ofreció Jet acercándose al armario y sacando el bote junto con unas gasas.
- Trae. – Cogió Spike sin darle tiempo a rechistar. – Ya lo haré yo. Buenas noches.
Y con esto salió del baño y se dirigió directo a la habitación. No tenía ganas de hablar, la noche no había resultado como esperaba y lo único que quería era estar solo para poder reflexionar.
- ¡No manches las sábanas! – Escuchó como éste le decía desde el pasillo.
A punto estuvo de soltar una carcajada, ahora esa idea ni se le había pasado por la cabeza.
El líquido entró por el corte expulsando una espuma rojiza que fue resbalando por la cintura hasta que lo presionó con las gasas. El agudo escozor fue disminuyendo en intensidad a medida que la herida se iba desinfectando. Sabía que no cerraría del todo, sabía que le molestaría durante un tiempo hasta que le diera una mínima tregua para luego volver a atacar de nuevo.
Quería librarse de aquello de una vez pero cada vez se tornaba aún más complicado, más confuso y con sentimientos encontrados. Sabía que no debería sentirse traicionado, al fin y al cabo ella nunca había sido leal a nadie y siempre que podía había intentado quedarse con la recompensa para ella solita, de hecho habían manteniendo por ambas partes la difusa relación que sostenían en no más que una tácita indiferencia, sin embargo aquello traspasaba lo personal adentrándose en un terreno que creía que ninguno había atravesado en los días que formaron equipo. Siempre había tenido la falsa idea que Faye odiaba a Vicious, que sabía que era un tipo peligroso al que era mejor evitar y que de hecho lo había procurado. Ahora resultaba evidente que había estado equivocado.
No soportaba estar engañado
Se tumbó en la cama. Ésta estaba deshecha. No era raro ya que había salido bastante apresurado como para preocuparse por aquella menudencia.
Con el desinfectante en la mano y en la otra un cigarro vertió de nuevo el líquido sobre la herida sangrante. Incomprensiblemente la carne siguió supurando soltando abundante espuma blanca que manchó el pantalón.
Cómo dolía, escocía como demonios. Entrecerró los ojos concentrándose en el cigarro que fumaba. Lástima que no tuviera un trago de whisky que echar en esos momentos.
Finalmente se dejó caer vencido por el escozor. Su pecho bronceado destacaba contra la blancura de las sábanas.
Pensó en el apartamento de Faye, en aquella silla y ella vuelta de espaldas. En su herida cubierta a medias tapando su nívea piel. Deseó de veras arrancar esas vendas y descubrir que escondían debajo, impedir con sus propios dedos que se cerrara aunque eso entrañara tener que tocarla y más bien deseara zarandearla hasta que pudiera descubrir qué pasaba por su cabeza.
Cerró los ojos del todo dejando escapar un suspiro, el sonido brusco de la lluvia golpeaba contra la cubierta metálica mientras su mente volvía la vista atrás como si alguien hubiera abierto una puerta largamente cerrada. Recordó aquella noche en el cementerio bajo un fuerte aguacero como este. Aquella última vez que había tenido a Julia entre sus brazos.
Los labios que otras veces había besado con efusión no le llenaron como tiempo atrás sino que fue incapaz de devolverle el beso. Apenas experimentó sensación alguna, más bien parecía sumido en un profundo letargo, el mismo sueño del que era consciente a cada instante y del que quería despertar, aquel que se tragaba en ocasiones sus emociones aún a pesar de haber corrido en su busca meses antes hasta el mismísimo Calisto.
Recordó entonces las noches en que sí se sentía despierto. Las noches en las que el deseo por Julia le invadía, en las que la acuciante necesidad de saborear sus labios y acariciar su cuerpo le apremiaba.
Todavía la recordaba tumbada a la tenue luz. Su sonrisa serena mientras él la observaba, el pelo cayendo en cascada por su espalda y sus ojos azules devolviéndole una velada complicidad.
Parecía que habían pasado siglos pero por primera vez se permitió rememorarlo desde hacía un año. Hizo un esfuerzo por traerlo a su memoria como si de una vieja película se tratase, como si fuera un simple espectador y no le perteneciera.
Ya se había revuelto demasiado a su alrededor, los Red Dragon, Vicious, el Red Eye, Julia y ahora Faye. Faye y Vicious.
Echó una calada mientras volvía a verte agua oxigenada sobre la herida.
¿Cómo había sido tan tonto como para creer que podía dejarlo atrás? Sabía que el destino siempre había jugado con él, le había manejado a su antojo. No iba a dejar ahora de hacerlo porque él lo desease sino que contraatacaba con más fuerza si cabía.
Sintió impotencia por no haberlo previsto, por haber menospreciado a Faye y por no haber supuesto que hasta el que creía más inofensivo también guardaba sus propios secretos, secretos oscuros como los suyos.
Le fastidiaba y en cierto modo tenía que admitir que había aprendido a tolerar a Faye e incluso a congeniar con ella, una aprovechada que no dudaba en robarles las recompensas si podía pero con la cual habían formado un dispar y eficiente grupo de trabajo.
Apenas hacía unas horas que había jurado no entrometerse, dejar que los Red Dragons atrapasen a Faye, pero no podía permanecer como si estuviera ciego, como si no fuera consciente de que algo se removía y que si no tenía cuidado llegaría a salpicarles. Tenía que estar al tanto, adelantarse, controlar lo que fuera que pudiera ocurrir. No iba a ayudar a Faye pero debía saber a qué atenerse.
Tanto como para tomar venganza como para pedir su ayuda los Red Dragon no le dejarían en paz si se lo proponían. Aunque su instinto estaba más que mermado todavía podrían ser molestos. Con Vicious al frente, habían acabado encontrándoles a todos, esperando la mejor oportunidad para golpear y lo había hecho bastante bien.
Tendría que contactar con Batty, otra de las cosas que le molestaba sobremanera. Aparte de querer huir de su pasado en la organización y no conseguirlo, ahora tenía que acercarse a ellos y tratar con aquel tipo que nunca le agradó. No era alguien con el que le gustase tener relación, no era leal y poseía una personalidad un tanto cruel aunque por suerte, si es que podía llamarlo así, siempre había notado que éste le procesaba una curiosa admiración, quizás aquello le ayudara para descubrir algo.
Todo esto le recordaba sin remedio a aquellos tiempos en la mafia, en las reyertas, en el contrabando, en las reuniones en lugares inverosímiles, en Mao preocupándose siempre de él como si fuera su propio hijo y en tantas otras cosas…y sentía ese viejo olor, el de las traiciones y las guerras, el de las pistolas y las flores, la lluvia y la confusión merodeando a su alrededor.
Entró en el bar, la barra estaba casi atestada aunque no era de extrañar a esas horas, era el momento de mayor afluencia en el local. Una nube de humo invadía el ambiente sobrevolando el lugar e impidiendo vislumbrar con normalidad igual que si se tratase de un día de niebla. Al fondo se encontraban las mesas de billar donde solían ir a pasar el rato e incluso alguna que otra vez a hacer negocios. La hilera de lamparillas verdes proyectando la luz sobre los tapetes le ayudó a ubicar a sus camaradas. Atisbó a Vicious mientras se acercaba, éste aún con la gabardina puesta se apoyaba en el palo de billar mientras esperaba su turno. Le saludó con un leve movimiento de cabeza aproximándose a la mesa. Jerry también estaba a su lado, en su mano sostenía un Manhattan, su coctel preferido, del que daba buena cuenta. Era increíble como un hombre con tan poca clase siempre prefiriera las bebidas preparadas antes que tomarse cualquier cosa a palo seco, le hubiera pegado más, en cambio no le faltaba ni la cereza roja al fondo de la copa. Phil por su parte ojeaba el periódico sin mucha convicción pasando las hojas sin cesar.
No fue hasta que se paró frente al billar cuando Spike se dio cuenta de que no conocía a la mujer que se reclinaba sobre el tapete de espaldas a él. Ésta golpeaba en ese momento la bola blanca, que haciendo una carambola logró que la verde y la morada se colaran por la tronera de una forma casi milimétrica.
- Increíble. Siempre consigues sorprenderme – dijo Vicious exhibiendo una magnífica sonrisa que resaltó aún más en su atractivo rostro.
- Entonces te asombras por muy poco – le respondió ésta mientras se incorporaba.
Vicious se rió apoyándose sobre el billar. La mujer dejó el palo y tomó un cigarrillo que ya encendido descansaba en uno de los ceniceros de la mesa, contemplando como Vicious se preparaba para tirar.
En ese instante, sin que Spike hubiera hablado o se hubiera movido de donde estaba, ésta se volvió hacia él devolviéndole la mirada que éste le dedicaba con curiosidad. Lo primero que percibió fue la calma que desprendía su mirada, examinándole sin apresurarse a averiguar quién era o a dirigirse al grupo para averiguarlo. Ambosse observaron en silencio hasta que él tomó la iniciativa:
- Con Vicious nunca se sabe. – Comentó Spike dirigiéndose a ella - Te dirá lo que quieras oír aunque después te dé una paliza sin despeinarse.
- Conmigo no tiene que marcarse un farol, puedo ganarle con los ojos cerrados. – Le respondió ésta con sonrisa confidente y en ese momento fue como si atrajera la luz del local a su rostro.
- Me sorprende que alguien pueda hacerlo. No sabe perder ni a las cartas – Contestó.
- Tú debes de ser Spike – Dijo la mujer entonces tendiéndole la mano. – El único que puede tomarle el pelo sin correr peligro. Yo soy Julia.
Spike la observó mientras le estrechaba la mano. Aquella mujer era peligrosa, no tenía duda. Lo supo desde el momento en el que se dio la vuelta rodeada de una extraña aura angelical, el pelo rubio sujeto por las gafas de sol y a la vez cayéndole por los hombros, atrayendo la atención sin pretenderlo, o por lo menos eso era lo que daba la impresión, y como tal, captó su interés.
Vicious se acercó a ambos y posando la mano sobre el hombro de Spike afirmó:
- Y es el único por el que daría mi vida. Spike. Aunque todavía le quedan un par de lecciones de aprender en el billar es un rival duro de roer.
Éste volvió su mirada a su amigo sin perder de vista a Julia, quien solemnemente se giró para continuar con la partida golpeando la bola con delicadeza pero con la fuerza justa para que chocara con la roja y acabara colándose por la tronera.
- Eso habrá que verlo – les dijo Julia con aquella encantadora y felina sonrisa, sentándose en el borde de la mesa mientras tomaba el taco.
- He de avisarte que le gusta jugar duro – Le advirtió Vicious a Julia dedicándole una mirada afectuosa que no escapó a la atención de Spike.
Vicious no tuvo que decir nada para que él se percatara en el instante de que estaban juntos y no le extrañó que se hubiera fijado en ella, en el poco tiempo que había estado allí se había dado cuenta de que poseía algo que atrapaba la mirada y seducía, y no era solamente su impresionante figura con aquel traje de cuero negro que llevaba y ese pelo dorado cayendo por su espalda. Era misteriosa y eso la convertía en peligrosa. Le intrigó donde la habría conocido aunque intuía que no era ajena a su mundo, el de la mafia.
- Tu turno – Le tendió Julia el palo.
Spike lo tomó y sin dudar golpeó la blanca que a su vez empujó primero a una y luego a otra de las bolas de rayas hasta acabar las dos dentro de una de las troneras y una tercera lo bastante bien colocada para una siguiente tirada.
- ¿No tienes miedo de nada? –Le preguntó Julia apoyada en Vicious.
- No – Respondió devolviéndole el palo y yendo hacia la barra.
Mientras se quitaba la chaqueta y esperaba a que le sirvieran el whiskey observó a su mejor amigo y a la mujer hablar entre risas. Definitivamente era peligrosa.
Llegaron a congeniar bastante bien los tres. A menudo salían a tomar algo, a jugar al billar o simplemente a cenar. Spike siempre procuró mantenerse alerta, sabía que no le era indiferente la personalidad de Julia ni su extraño magnetismo y por lo tanto siempre conservaba una medida distancia con ella como si intuyera que en el momento que traspasara la línea no habría vuelta atrás.
Y todo hubiera ido bien si no hubiera sido tiroteado aquella noche semanas después.
Se despertó sobresaltado. Casi oía su voz tarareando una melodía que no conocía, una canción que no quería que parara, pero no había nadie, sólo la habitación que ocupaba en la Bebop tal y como estaba cuando se quedó dormido.
¿Se le aparecería su fantasma para recordarle que el pasado había pasado y que no tenía que volver a él cada vez que cerraba los ojos? Seguramente sí, su burlona suerte no perdía oportunidad.
Casi de inmediato tomó el intercomunicador y marcó el código que había obtenido gracias a uno de sus contactos. Al otro lado de la línea sonó la voz de Batty tan grave como de costumbre.
- Batty, ¿qué tienes pensado? – Interrogó Spike apenas al instante en el que éste descolgaba el teléfono.
- ¿Spike? – Inquirió extrañado para luego adoptar un tono más animado - ¡Qué agradable sorpresa! ¿Cómo me has localizado?
- No tenéis talento para permanecer a la sombra.
- Qué halagador. Todo lo contrario de ti. Eres tan escurridizo como una anguila, pero al fin y al cabo es lo que un Red Dragon debe de ser y aunque te empeñes en menospreciarnos podemos sorprenderte.
- Permíteme dudarlo. – Replicó el cazarrecompensas.
-¿Y a qué se debe tu llamada, Spike? ¿Tienes ya lo que nos pertenece? ¿Has convencido a tu amiga?
- No tengo nada que ver con eso. No esperes que mueva un dedo para devolverte el cargamento – Mintió, ya lo había intentado. – No es de mi incumbencia. Los problemas que tengáis con Faye son cosa vuestra. Aunque no es de extrañar que estéis tan nerviosos, he oído decir que esa droga es diferente. ¿Se puede saber a quién rindes cuentas?
- Y lo es. Es algo único. – Afirmó sin añadir nada más al respecto – Y en referencia a tu insinuación, no hay nadie por encima de mí en la organización, así que estás hablando con quien lleva el control. Si tienes algo que contar, puedes hacerlo directamente conmigo.
- No me creo que tú dirijas los Red Dragon. – Sentenció Spike apoyándose en la almohada que había doblado contra la pared momentos antes. Le costó un poco hacerlo a pesar de que la herida tuviera un mejor aspecto después de desinfectarla.
- Si estás tratando de convencerme de tu talento no tienes por qué hacerlo. Siempre he admirado tu manera de luchar, tan parecida a la de Vicious cuando todavía le quedaba algo de cordura, igual que la de un animal salvaje. El talento para adelantarte al enemigo os identificaba a ambos y la extremada fidelidad, por lo menos cuando creías en nuestra causa. Todavía me pregunto qué pasó para que perdieras la fe.
- La mafia no es una religión – le recordó molesto tomando el encendedor de la mesilla.
- Si lo es. Es una forma de vivir y tú eras perfecto, tan certero como el puma atrapando a su presa.
- Eso no tiene nada que ver conmigo. – Sentenció apretando un cigarrillo entre sus dedos.
- No creo que hayas perdido ese instinto depredador. El dragón, aún viejo, siempre conserva las cualidades que le hicieron fiero y el anhelo de la guerra en sus venas. Sabes que hay un sitio para ti. Siempre lo has sabido. Muchos te admiran, te respetaban ya y después de lo que hiciste te seguirán hasta la muerte.
- No te he llamado para hablar de eso. – Le aclaró el cazarrecompensas soltando el cigarro sobre las sábanas - No estoy interesado.
- ¿De veras? Yo creo que nunca has podido olvidar lo que eres. – Le dijo aquél con voz incrédula.
- ¿No tienes miedo de que usurpe tu puesto?
- No, de ningún modo. Solamente quiero lo mejor para los dragones y tú lo eres.
Spike se tensó ante sus palabras. Resultaba tan extraño que le tentaran con formar de nuevo parte de la organización. Nunca hubiera imaginado que después de haberse cargado parte de su edificio pudiera encontrarse en esta tesitura, con una oferta de los dragones rojos por volver al mundo oscuro que le había visto crecer. Resultaba de lo más raro y a la vez de lo más asqueante.
Recogió el cigarro y lo dejó en la mesilla junto con el encendedor. Esa mañana no le apetecía nada echar una calada.
- Te deben de estar presionando mucho para que me ofrezcas volver después todo lo ocurrido. – Expresó con palabras el cazarrecompensas lo qué pensaba que era el verdadero motivo de su oferta.
- Eso no tiene nada que ver. Los ancianos murieron, Mao también y Vicious que intentó ocupar su lugar lo hizo bajo tus manos. No hay nadie que me dé órdenes.
- Si tú lo dices. – Respondió Spike suspicaz. Todavía no podía dar crédito que aquél llevara la organización. - ¿Qué pensáis hacer?
- Tu amiga tendrá que tener mucho cuidado.
- No es mi amiga. – Remarcó incomodo.
- Si te empeñas. Ese Red Eye es muy importante. El cuello de la señorita Valentine pende de un hilo y no dudaré en partírselo en dos.
- ¿Pero por qué el peyote?
- Veo que andas muy bien informado. No siempre hay que innovar, buscando en el desván se encuentran cosas muy interesantes.
- Por eso a lo mejor nadie ha recurrido a ello. Es peligroso….
- Agradezco tu preocupación – le cortó con falsa cortesía – pero lo tenemos controlado. Los White Tiger no serán más que un recuerdo y no el incordio que siempre supusieron. La distribución desde el centro de la producción nos llevará al pleno dominio del territorio y con ello no habrá cabida para los dos. La ley de la evolución.
- ¿Entonces ahora os dedicáis a la fabricación de droga como forma de supervivencia?
- Vivir de cosas más loables no es un negocio rentable, ya lo sabes.
- Os debe haber resultado difícil lograr manipularlo… – Intentó averiguar Spike pero Batty le volvió a interrumpir.
- No puedo contarte nada a no ser que tu intención sea regresar. Entiéndelo – dijo irónicamente. – No es que piense que vas a delatarnos a la policía pero no puedo airear nuestros asuntos tan fácilmente.
- Tampoco tendría nada que contar.
- Spike, piénsalo.
Éste no contestó. No había nada qué pensar.
- No hace falta que me contestes ahora. Ya hablaremos. Lo único, te agradecería si todavía tienes alguna relación con Valentine que le hagas saber lo qué es mejor para ella, puedo ser piadoso aún después de haber hecho un estropicio con los nuestros, eran prescindibles, ¿me entiendes? De todas formas, me alegro de haber hablado contigo.
Colgó. No le importó, tampoco tenía mucho más de lo que hablar con él. Si tenía que volver a oír cómo le ofrecía que se uniera a ellos terminaría por vomitar así que fue un alivio dejar de escuchar su voz. Si no hubiera sido por Faye no hubiera vuelto a cruzar sus pasos en sus asuntos cómo para que ahora le vinieran a convencer de regresar a ese cenagal.
Se dejó caer en la cama resbalándose por las sábanas y echándose cuan largo era sobre ésta. Qué poco le apetecía tener que levantarse.
El pelo gris de Vicious le caía sobre la cara acariciándola fútilmente. Sus labios entreabiertos besaban los suyos, posesivos y entregados a la vez, un beso inesperado que ella le devolvía con la misma rabia que él imprimía. A través de sus párpados entornados, sus ojos de un gris apagado y taciturno la miraban fijamente anclándola a él, casi como una danza hipnotizadora. Tenía una mirada perdida, misteriosa y enigmática, portadora de esa extraña complejidad, de un pasado atormentado, tan magnética como perturbada. Tan similar como dispar a aquella que le atraía a su pesar.
Notó sus manos subiendo por su cintura, acariciándola lentamente, recorriendo su cuerpo como un perfecto amante. Le sintió en su cuello, sus labios trazando un camino de besos húmedos por la garganta parándose en el hueco de su hombro. Su lengua cubriendo la hondonada que formaba su clavícula.
Éste se regalaba en sus formas, suave y delicado, con una ternura inusitada. Su cuerpo desprendía un calor sorprendente para un aspecto tan frío y carente, aparentemente, de emociones externas. Sus manos casi le quemaban por allí donde pasaba y la agitación en su estómago se tornaba creciente con cada centímetro que recorría de su piel.
La tenue luz de un atardecer nublado de otoño colándose por los cristales oscuros, el ruido sordo de la calle amortiguado por el sonido de la pasión de su interior y el calor incrementándose sin cesar, todo aquello sobrepasaba sus sentidos y su razón como un borracho superado por la bebida que ajeno a la realidad pierde la verdadera percepción y deja fluir el mundo a su alrededor en un extraño estado de contemplación.
Subió por su pierna, dibujando los huesos prominentes de su rodilla y avanzando hasta el borde de su vestido casi en la línea en la que comenzaba la media.
Se revolvió inquieta. Quería tocarle, tirar de él, pero no podía, sus manos no respondían.
Vicious la atrajo hacia él asiendo su cintura por debajo de la ropa y tomando su boca mientras lo hacía. Sus labios apretándose con fuerza contra los suyos al igual que lo hacían ahora sus cuerpos. El calor apenas era soportable. Estaba ardiendo, casi en un estado febril. La cabeza le daba vueltas, inconsciente de algo que no fuera él y su abrumadora proximidad, y el aroma de su piel invadía sus sentidos mientras éste se aferraba aún más a ella.
Sentía que iba a perder el conocimiento de un momento a otro, su cuerpo no respondía y cuando Vicious dejó sus labios para descender por su cuello, su cabeza cayó laxa hacia atrás incapaz de sujetarse por sí sola.
A través de sus párpados cerrados podía notar como la luz iba disminuyendo en intensidad sumiéndola en la penumbra y en un total aturdimiento hasta caer en una completa oscuridad que apenas duró unos instantes. De repente un fogonazo la deslumbró, casi como un relámpago que la cegaba a pesar de tener los ojos cerrados y que continuó destellando durante varios segundos.
Abrió los ojos para encontrarse inesperadamente con un cielo abierto, apenas pincelado de azul que se derramaba sobre lo que parecía unas abruptas llanuras infinitas solamente jalonadas por escarpadas montañas a la lejanía. El viento soplaba tímidamente pero la golpeaba cargado de pequeñas partículas de tierra polvorienta que castigaban su piel como si fueran minúsculos cristales.
Vicious ya no se encontraba allí, no quedaba rastro de su presencia y aún así el calor seguía siendo insoportable, casi asfixiante. El sol brillaba intensamente en lo más alto del firmamento y el aire apenas parecía pasar por su garganta.
Estaba tumbada en el suelo entre matorrales secos y ralos y aunque intentó levantarse para escapar del calor inaguantable, le era del todo imposible. Seguía sin poder moverse.
Un pájaro atravesó el cielo frente a sus ojos y tan rápido como apareció se perdió de su vista. Quiso seguirlo con la mirada pero la limitada movilidad recuperada en su cuello pareció abandonarle de nuevo, incapaz siquiera de girar la cabeza.
A su lado escuchó de pronto un siseo y casi pegado a su oído el ruido de algo que arrastrándose por la tierra avanzaba lentamente, moviéndose por la arena a su alrededor. Notó como se alejaba y después se acercaba otro poco, y de nuevo se volvía apartar para aproximarse cada vez más, casi rozando su piel pero sin hacerlo. No podía ver de qué se trataba y casi parecía aprovechar esa circunstancia para jugar con ella, aproximándose siempre oculto a la escasa visibilidad de ésta, inquietándola, confundiéndola, incapaz de reconocer si estaba a un milímetro o a un kilómetro de distancia, ni cuándo ni dónde.
Y cuando estaba a punto de alzarse sobre ella, acercándose con rapidez, el ruido desapareció haciéndose un profundo silencio. Nada se movía ya ni tampoco notaba su presencia.
Sin embargo, aunque se había librado de ese peligro, el sol seguía pegando con fuerza y la piel le escocía como si se hubiera metido en una bañera rebosante de agua abrasando y en vez de salir corriendo, se quedara metida en ella. Tenía la garganta tan reseca que apenas podía tomar saliva, le amargaba y notaba los labios tan agrietados que estaba convencida que si intentaba hacer un movimiento se le partirían, sangrando con profusión.
Experimentó cierta aprensión tumbada en el suelo sin poder mover un ápice de su cuerpo y apretando los ojos con fuerzas para evitar quedar cegada por el sol.
Notó que algo la rozaba proveniente de sus pies y que ascendía por sus piernas cubriéndola entera hasta tapar su rostro. Parecía una tela liviana, que estaba segura nadie había colocado y que hizo que el calor desapareciera al instante como si hubiera estado en el interior de una habitación a pleno sol y la puerta se hubiera cerrado de golpe resguardándola completamente a pesar de que la tela era suave y parecía realmente fina a juzgar por el tacto sobre su piel.
A esto le siguió una repentina oscuridad. Y aunque todavía permanecía cubierta por la tela sintió como el suelo desaparecía debajo suyo haciéndola caer sin más. Notó como literalmente el corazón se le detenía, dejando de bombear y como el pulso que latía en sus venas se paraba. Abrió los ojos para encontrarse que estaba mirando sin ver, que no había nada que mirar porque la oscuridad era completa. El aire moría en sus pulmones sin encontrar la salida ni tampoco el camino inverso. Todas las funciones vitales de su cuerpo habían dejado de funcionar y ella se encontraba dentro de aquel cuerpo inerte que caía sin parar cubierto aún por esa tela que no parecía desprenderse de ella como si se hubiera adherido al igual que una segunda piel.
Cuando estaba a punto de perder la consciencia, escuchó una voz grave y cascada que provenía de dentro de su cabeza, que con tono afable le hablaba:
- No tengas miedo. Siempre hay dos caras en una moneda, una máscara con dos rostros. Pueden convivir si hay equilibrio, pero siempre si forman parte de uno mismo. Si no es así, el orden tenderá a restaurarse y lo perdido perdido será, morirá o te envenenará el corazón.
- Spike – Su voz extinta escapó por su garganta sin pretenderlo.
Se revolvió encima de las sábanas donde las ropas se desperdigaban totalmente desordenadas y al lado de la cama, caída sobre la alfombra, la espada junto con la funda seguían allí.
Faye despertó, incorporándose al instante contra la pared. De su puño cerrado cayó sin darse cuenta uno de los viales de Red Eye que rodando por el suelo acabó perdiéndose debajo de la cama. Le dolía la cabeza como si hubiera pasado una borrachera, casi podía notar como la habitación todavía seguía dando vueltas aunque iba deteniéndose poco a poco. Después de la conversación con Spike la rabia le había invadido. Se recordó a si misma tumbada en la cama aferrada al Red Eye, impulsada a olvidar. A punto había estado de abrirlo y se sintió aliviada de no haber cometido semejante tontería, no era una niña asustada como para refugiarse en estúpidas drogas sintéticas que solo los pusilánimes utilizaban.
Sin embargo recordó el sueño que había tenido momentos antes de despertarse, no había sido el opresivo azul sino algo totalmente nuevo y desconcertante. Al recordarlo se enfadó consigo misma. Quizás hubiera sido mejor probar aquella dichosa mierda y acabar con las tonterías.
- ¡Maldita sea! ¿Me estás tomando el pelo? – Se reprendió con amargura como si ella fuera la causante.
¿Qué significaba todo aquello?
Como si tuviera un resorte debajo suyo se levantó de pronto y se apresuró a ponerse la chaqueta. Debía evitar concederle tiempo para pensar en ello, aquello estaba enterrado y olvidado. Actuar era lo único que haría, moverse y dejar escapar lo que no le interesase.
Tomó el cajón de la mesilla, tapó los viales con el doble fondo y lo introdujo en el armario. Recogió la funda y la katana y envainándola se la ató a la espalda procurando que la empuñadura no sobresaliera por su hombro. Para terminar se cubrió con una gabardina que sacó del armario. Al ponérsela la espada quedó escondida de la vista como si no la llevase. Ajustó la pistola a su costado y el cuchillo dentro de su bota.
Con decisión se dirigió hacia la puerta, al abrirla el vial de Red Eye caído bajo la cama reflejó momentáneamente la luz proveniente del pasillo, el recipiente vació quedó abandonado en la habitación resguardando el secreto que por el momento sólo él conocía.
Salió a la calle, al pisar la acera miró instintivamente hacia el Blue Moon, el letrero de la puerta estaba apagado y la verja cerrada a la mitad. Por la ventana vio al barman con la fregona, que pasando el suelo, echaba insistentemente alguna que otra ojeada a la calle. Al pasar a su altura por la acera contraria éste se le quedó mirando con una expresión expectante en su rostro. Faye le obvió y siguió andando.
Para cuando llego al hangar la luna ya se había puesto hacía rato. Abrió la puerta y se introdujo en el garaje. Encendió la luz para descubrir a la Red Tail aparcada en mitad de la estancia. Se apresuró para subirse a la nave y con el mando a distancia la persiana se elevó para dejar salida a la Personal MONO motores rugieron con un ronco gruñido y al instante emprendieron el vuelo.
Tomó altura antes de que se abrochara el cinturón. Desde arriba los edificios pronto se vieron mucho más pequeños y comenzaron a pasar rápidamente. El cielo empezaba a clarear, anunciando el amanecer. Desde el interior de la nave, con las luces de abordo a medio gas observó el mapa que reflejaba el ordenador siguiendo las coordenadas que le iba indicando. Encendió la radio y la dejó en la cadena que estaba sintonizada, una de esas cadenas de viejos éxitos, aunque a ella siempre le sonaban a nuevo.
A esa hora a penas se cruzó con alguien, la ruta que había elegido atravesaba la gran llanuraalejándose del tráfico más comercial. A través del cristal de la nave, a sus pies el gran lago parecía una enorme perla reflejando los tempraneros rayos solares. También podía ver el río serpenteando entre los accidentes geográficos creando sinuosos meandros a lo largo del paisaje hasta descender abruptamente formando una cascada que desaparecía en una interminable arboleda que luego se estrechaba para acompañar el río a lo largo de su cauce. A su izquierda éste se adentraba por los suburbios de una pequeña ciudad. En este punto Faye giró a la derecha marcando las coordenadas para continuar la ruta y perdiendo de vista tanto el río como la ciudad. Al terminar de teclear en el ordenador, tomó una manzana que había dejado en la guantera la última vez que se montó en la Red Tail, recostándose contra el sillón al mismo tiempo que con su mano libre pulsaba varios de los interruptores en el techo de la nave.
Dio el primer mordisco observando la espada de Vicious y la gabardina debajo de ésta. Enseguida apartó la mirada para dirigirla de nuevo a su frente, el sol comenzaba asomarse por el horizonte en un magnífico amanecer cuyos rayos dorados se colaban por el cristal. Bajó el resguardo que llevaban aquellos tipos de naves en el cristal frontal para evitar deslumbrarse, como una especie de película transparente que filtraba la luz disminuyendo la intensidad con la que traspasaba la luna. Siguió tomando la manzana mientras vigilaba el rumbo y lo ajustaba de vez en cuando.
Para cuando divisó su destino ya había dado cuenta de la pieza de fruta hacía un rato. Se incorporó tomando los mandos de la nave para cambiar el modo a tipo manual, manejando de nuevo completamente la nave. Estaba a punto de entrar en la ciudad y el tráfico requería del pilotaje personal.
Apagó la radio y se concentró en adentrarse por aquella urbe, la ciudad que servía de sede de los White Tiger. El aspecto desde el aire era el mismo que cualquier ciudad, el centro de negocios se podía observar perfectamente desde cualquier rincón, sin embargo los suburbios cambiaban el perfil de la metrópolis con edificios viejos y sucios donde se movía la actividad encubierta. Ahora solamente quedaba encontrar a los White Tiger.
Y otra vez aquí…Un nuevo capítulo para esta historia interminable. Espero que lo disfrutéis. Ya me contareis….
Fuerza y Honor.
Besos!
Life is but a dream…keep dreaming, I will always take care of your dreams.
