Capítulo 14. Decisión imposible


Asurancetúrix llegó corriendo a la cabaña de Edadepiédrix y su señora. A él lo encontró lavando platos con su devantal puesto mientras que su mujer estaba dedicada a labores de costura. Los dos conyugues estaban hablando tranquilamente cuando el bardo apareció en la puerta. Ni que decir tiene que los dos se sorprendieron de ver al galo rubio allí de pie.

El bardo, por su parte, se sonrojó ligeramente cuando se dio cuenta de que los dos le miraban con desconcierto. Pero se recuperó pronto de la embarazosa situación en la que se hallaba y procedió a cumplir la orden del jefe de la aldea.

"Buenos días señor y señora Edadepiédrix" saludó amablemente Asurancetúrix. No quería parecer descortés y hacer que la pareja que estaba ante él se sintiera incómoda, pero sabía que el tiempo era oro y no podía malgastarlo innecesariamente.

"Buenos días muchacho, ¿qué es lo que te trae por aquí?" preguntó el señor Edadepiédrix cuando se recuperó él mismo de la ligera sorpresa que le causó ver al joven bardo allí de pie frente a él.

Su mujer también parecía sorprendida y desde que el bardo apareció en la puerta, dejó de lado sus actividades de costura y su mirada iba saltando continuamente entre su marido y el recién llegado, esperando ver qué era lo que estaba pasando y cuál era el motivo de su visita. Con sinceridad, le costaba comprender lo que podía llevar a que alguien como Asurancetúrix precisamente les visitara. No era que el joven bardo le fuera antipático, era solo que el músico prefería estar solo la mayor parte del tiempo para "componer" sus obras musicales, y su relación con los demás aldeanos era más bien… escasa. Por su supuesto, si se encontraba con alguien le saludaba, pero Asurancetúrix no solía ir a visitar a los demás aldeanos a menudo, simplemente, no era su modo de actuación habitual.

El hombre rubio por su parte miró al Edadepiédrix olvidando momentáneamente el cometido que le había llevado hasta allí.

"Esto yo…" comenzó a decir Asurancetúrix, entonces negó con la cabeza. No, no podía pasar más tiempo del estrictamente necesario allí. Debía volver cuanto antes a la cabaña de Abraracúrsix. Así que le dijo al hombre de túnica azul y pantalón blanco:

"Nuestro jefe desea verte Edadepiédrix"

El galo mayor soltó el plato que estaba a medio fregar y este cayó dentro del cuenco lleno de agua, salpicando gotas sobre el devantal que cubría sus ropas. Miró aún más sorprendido al galo más joven y preguntó:

"¿A mí? ¿Por qué?"

El bardo pareció impacientarse y de hecho, se estaba poniendo un poco nervioso, por lo que por toda respuesta dijo:

"El motivo… mejor cuando estemos ante él, pero debemos darnos prisa" se apresuró al interior de la cabaña y agarró la manga de Edadepiédrix instándole a ir con él. El galo mayor por poco tropezó sobre sus propios pies sorprendido por el repentino tirón, pero de algún modo consiguió mantener el equilibrio mientras decía:

"Sí, sí, ya voy"

Pero la actitud del bardo, así como la respuesta de su marido parecieron no agradar a la señora Edadepiédrix quien de inmediato se levantó con el ceño ligeramente fruncido, detestaba sentirse excluida de los planes de los hombres de la aldea, y más aún si en ellos estaba involucrado su marido. Tratando de ocultar la preocupación que se había despertado en su interior, les dijo a los otros dos presentes:

"Espera Edadepiédrix, primero debes acabar de fregar los platos"

El bardo miró a la mujer castaña, se estaba comenzando a sentir un poco desesperado, como si llevara una eternidad en esa cabaña aunque en realidad no hacía ni diez minutos que había salido de la cabaña de Abraracúrsix. ¿Por qué tal sentimiento de apresurarse? Él no lo sabía, sólo… sentía en su interior que si no se daban prisa, algo malo podría suceder, y ese sentimiento le atormentaba.

"Disculpe que me entrometa mi buena señora, pero me temo que el asunto es de extrema urgencia"

La mujer de vestido verde miró al bardo, ¿cómo se atrevía este hombre a mostrar tal actitud con ella? ¿Cómo podía estar dándoles órdenes a su marido y a ella? ¡Era intolerable! Por toda respuesta, se cruzó de brazos y comenzó a hablar nuevamente:

"Eso no es-"

"Tranquila querida, volveré lo antes posible y acabaré de fregarlos"

Esta vez, fue la voz de Edadepiédrix la que se escuchó. No quería que su mujer se enfadara, pues sabía que era terrible en semejante estado de ánimo, y no quería que nadie la viera de ese modo. Prefería que todos pensaran que era la mujer dulce y bondadosa que todos conocían. Le ofreció una tierna sonrisa que de inmediato tuvo como reacción que las facciones de su mujer se suavizaran. Aun así, ella no parecía dispuesta a rendirse tan fácilmente.

"Edadepiedrixín…" dijo en un tono ligeramente de súplica. Odiaba rebajarse a esta estrategia, pero al parecer no le quedaba más remedio. Sin embargo sus esfuerzos no parecieron dar sus frutos, pues el hombre mayor dijo nuevamente:

"No hay nada que temer querida. Volveré pronto"

Entonces ambos galos salieron de la cabaña sin esperar la respuesta de la mujer de pelo castaño.

Asurancetúrix casi parecía que arrastrara al pobre Edadepiédrix, quien no había tenido tiempo siquiera de coger su bastón. ¿Qué era esto tan urgente? ¿Le había sucedido algo a Astérix? por lo que le había contado su mujer, el guerrero de la aldea le recordaba perfectamente, no es que fuera difícil, pues cuando Astérix era un niño, él ya tenía el aspecto que presentaba en la actualidad… quizás con alguna arruga más, pero nada remarcable. Él se seguía sintiendo igual que hacía treinta años. Puede que solo quisieran que él le cuidara mientras los más cercanos al pequeño galo rubio buscaban el modo de cambiarlo de nuevo… pero eso era un poco absurdo, siendo un amigo tan cercano de Obélix, era poco probable que el gran galo perdiera de vista a Astérix, y menos teniendo en cuenta lo que sabían acerca de los planes de los romanos. No, debía ser otro el motivo por el que debía comparecer ante el jefe de la aldea.

El hombre mayor ignoraba lo que hacía que Asurancetúrix le arrastrara con suma rapidez, pero debía ser verdaderamente importante si una persona tranquila y pacífica como el bardo de la aldea actuaba de tal forma.

Al llegar a la cabaña de Abraracúrsix, Edadepiédrix fue prácticamente empujado al interior. Una vez allí, fue recibido por los rostros de su jefe, Tragicómix y el semblante preocupado de Obélix. Aunque el anciano desconocía los motivos por los que Obélix se hallaba en tal estado, le entristecía ver al repartidor de menhires de ese modo. Olvido parcialmente este hecho cuando la voz de Abraracúrsix llegó a sus oídos.

"Oh Edadepiédrix, me alegro de verte…" comenzó a decir el galo de túnica verde, pero de inmediato reparó en la apariencia demacrada del galo mayor, así que añadió al instante:

"Pareces un poco cansado, ¿habéis corrido mucho? ¿Necesitar descansar?"

A Edadepiédrix no le gustaba ser tratado como un anciano invalido. Sabía que era mayor, caramba, había visto crecer a muchos por no decir a prácticamente todos los habitantes de la aldea, pero él aún se consideraba lo suficientemente joven como para llevar a cabo las actividades cotidianas del día a día como cualquier otro aldeano.

Así que tras escuchar la última declaración de su jefe, una oleada de orgullo invadió su ser, y tratando de no sonar descortés, cambió de tema respondiendo:

"No, no, jefe, estoy bien, Asurancetúrix me ha dicho que se trataba de algo urgente, ¿es acaso algo referente a Astérix?"

Abraracúrsix no insistió en la materia, sabía por experiencias del pasado, en especial de cuando eran niños, que no era una buena idea meterse con Edadepiédrix y su apariencia. Ciertamente, para parecer tan mayor, en muchos aspectos Edadepiédrix seguía actuando como un joven. Además, el galo mayor había ido directo al grano, Abraracúrsix era muy consciente que probablemente Edadepiédrix era uno de los galos que había compartido más experiencias con Panorámix, estaba claro que no era un amigo tan cercano del druida como lo eran Astérix o Obélix, pero sin duda, era una de las personas, entre los aldeanos, con quien más había tratado el druida, y aunque lo que tenían que hablar no tenía nada relacionado con Astérix, al menos no directamente, probablemente lo que estaba a punto de decir podría afectar al galo mayor enormemente.

Pero a pesar de todo, ciertamente no podían perder más tiempo, debía informar a Edadepiédrix cuando antes de lo que sucedía y del plan que había urdido el más joven de los presentes para solucionar el conflicto actual. El jefe de la aldea se aclaró la voz e inició su explicación.

"Me temo que así es viejo amigo… no lo sabemos con total seguridad, pero es posible que Panorámix haya desaparecido" admitió con una mirada de tristeza en su rostro.

La reacción de Edadepiédrix no se hizo esperar, sus ojos se abrieron como platos y su boca se abrió con incredulidad ¿Panorámix? No, eso no podía ser cierto ¿verdad? Le estaban tomando el pelo, miró uno por uno a todos los presentes y cada uno de ellos presentaba el mismo aspecto, el rostro sombrío y mirando al suelo, incapaces de mirarle a los ojos.

"¡Por Tutatis y Belenos! ¿Entonces no sería mejor decírselo a todos los aldeanos?" dijo tras recuperarse de su conmoción anterior, a decir verdad, no entendía como el jefe de la aldea no había comunicado ya un hecho de tal gravedad como ese. ¿A qué esperaba? ¿A que el cielo cayera sobre sus cabezas? Estaba dándole vueltas a esta idea cuando la voz de Abraracúrsix llegó de nuevo a sus oídos.

"Por Tutatis no, aunque me gustaría advertir a toda la aldea, me temo que no podemos hacer eso, no queremos que cunda el pánico entre las gentes, pero por otra parte te necesitamos, por este motivo te he mandado llamar"

Edadepiédrix estaba sorprendido, por decirlo de un modo suave, no es que no se sintiera halagado de que decidieran contar con él, pero sinceramente, imaginaba que habrían elegido antes a Esautomátix o a Ordenalfabétix, ¿pero a él concretamente? Era… desconcertante.

"…"Abrió la boca para expresar sus dudas, pero ni un sonido, ni una palabra salió de sus labios, era como si de repente hubiera olvidado cómo se hablaba.

El jefe de la aldea pareció notar la vacilación y el desconcierto del galo mayor, así que procedió a explicarle el plan que pretendían llevar a cabo:

"Verás, queremos ir al bosque a buscar a Panorámix, pero no queremos alertar a los romanos de lo que hacemos por lo que sería una búsqueda disimulada, así que habíamos pensado que puesto que tú a veces vas al bosque para recoger setas o plantas, quizás nos querrías ayudar… pasarías más desapercibido que cualquier otro aldeano, ¿lo entiendes mi querido amigo?"

Abraracúrsix miró a Edadepiédrix, que se había quedado en silencio su mirada dirigía al suelo de la cabaña, escuchando la explicación del jefe. La verdad, todo este asunto era… difícil de asimilar para el mayor de los galos, ¿dónde podía estar Panorámix? ¿Qué podía haberle sucedido? ¿Y si estaba herido? Realmente, con lo que estaban pasando con todo el asunto del pequeño Astérix, Edadepiédrix comprendía que el jefe rehusara la idea de hacer partícipes de esto al resto de aldeanos. Los nervios de todos ya estaban bastante alterados y hacerles partícipes de una noticia como esa no les ayudaría en nada. Levantando la vista, el galo de pelo blanco asintió diciendo:

"Lo entiendo"

Abraracúrsix asintió satisfecho con la respuesta. Entonces, se acomodó mejor en su silla elevada y dio la orden:

"Está bien entonces, no perdamos más tiempo, id al bosque a ver si encontráis a Panorámix"

Todos los que allí se hallaban respondieron al unísono:

"Sí jefe"

Entonces, sin tiempo que perder todos salieron de la cabaña. Obélix nada más salir, barrió con la mirada por los alrededores para ver si encontraba al pequeño Astérix. El galo pelirrojo estaba desconcertado, su mejor amigo e Ideáfix habían abandonado la cabaña hacía un buen rato y todavía no habían regresado. Realmente, el gran galo no recordaba mucho acerca de cómo era Astérix a los tres años, pero sí conocía bien a Ideáfix, y sabía que su fiel amigo no se comportaría así, haciendo que él se preocupara de este modo. No, Obélix sabía en el fondo de su corazón que algo andaba mal, aunque no sabía qué era ni qué podía hacer al respecto.

Para tratar de apaciguar estos sentimientos que inundaban todo su ser, se acercó a Asurancetúrix. El bardo probablemente debía haberle visto en algún momento cuando fue a buscar a Edadepiédrix. Al menos… eso era lo que esperaba Obélix. Puso suavemente una de sus grandes manos endurecidas por el oficio que había desempeñado durante años. Aunque era cierto que había veces en las que el tallista de menhires no recordaba la fuerza que tenía, perjudicando sin querer a la gente, también había ocasiones en las que era delicado, y esa fue una de esas veces.

Cuando el bardo sintió el toque del gran galo notó mucha suavidad en las acciones de Obélix, como si actuara con timidez o tal vez… ¿miedo? Ciertamente Asurancetúrix podía imaginar lo que estaba perturbando a Obélix, y sus sospechas quedaron confirmadas cuando Obélix habló:

"Esto… Asurancetúrix, ¿has visto a Astérix?"

El galo rubio se quedó quieto, pensativo. Ciertamente, desde que salió de la cabaña del jefe hasta que volvió a ella con Edadepiédrix, no vio al pequeño galo por ningún lado. Vio a otros niños, pero no a Astérix. También era cierto que con las prisas, ni siquiera había prestado atención en la gente que había a su alrededor, pero ¿cómo iba a decirle algo así a Obélix?

El bardo sabía que de todos los aldeanos, Obélix era sin temor a exagerar el que estaba más afectado por lo sucedido con el guerrero de la aldea. Él no era capaz de entender por completo la relación que tenían los dos galos, eran amigos, no, eran más que amigos, eran como hermanos, siempre habían estado juntos, lo habían hecho todo juntos, habían vivido un montón de aventuras ellos dos, por Tutatis, si hasta Obélix prefirió abandonar la aldea e irse al destierro junto a Astérix aunque él no había hecho nada en realidad. Sí, los dos galos estaban mucho más cerca el uno del otro de lo que lo estaban con cualquier otro aldeano.

Ciertamente Asurancetúrix no quería preocupar al galo pelirrojo más de lo que ya estaba, pero tampoco podía mentirle, así que contestó con total honestidad:

"Pues no, lo siento, no le he visto"

Obélix soltó el hombro del hombre de capa roja y se quedó de pie, perplejo, como una estatua, aunque el bardo apreció que temblaba ligeramente. No hacía frío, además… por algún motivo; la poción mágica probablemente; el repartidor de menhires apenas notaba el duro frío invernal del viento que soplaba con fuerza por aquellos lares en los meses de invierno. Así que para bien o para mal, Asurancetúrix estaba bastante convencido de que el temblor de Obélix era fruto del nerviosismo o del temor a que algo le hubiera sucedido a su mejor amigo.

"Debería haber vuelto hace rato, estoy preocupado por él" dijo con voz ligeramente temblorosa.

El bardo de la aldea se sorprendió ante eso, no era capaz de recordar ningún momento en el que la voz de Obélix hubiera vacilado. Se notaba que estaba realmente consternado por la respuesta que acababa de recibir, con total seguridad, esa no era la respuesta que esperaba.

Tragicómix, que había notado que tanto Obélix como Asurancetúrix se detenían y había escuchado además, su conversación, se acercó a los dos galos y con voz tranquilizadora le dijo al gran galo:

"Obélix, no tienes nada que temer. Mientras esté en la aldea, nada malo puede sucederle. Además, Ideáfix está con él. No podría tener mejor guardaespaldas" no quería sonar despreocupado o indiferente ante lo que pudiera pasarle a Astérix, pero el sentido del deber le instaba a cumplir la misión que les había estado encomendada.

Obélix miró a Tragicómix a los ojos, y en cuando sus miradas se encontraron, el galo más joven pudo percibir una cantidad inmensa de dolor y miedo allí. La ironía de la situación era que, seguramente si Falbalá fuera la que estuviera en la situación de Astérix y él en la de Obélix, probablemente, Tragicómix estaría actuando del mismo modo que el galo pelirrojo. No tenía ninguna duda de ello. Pero precisamente por eso, debía mantener la cabeza despejada, sin permitir que otros asuntos le distrajeran, debía ser la voz de la razón en esta situación.

Obélix se quedó allí de pie, mirando al galo de pantalón azul y blanco, sabía que Tragicómix estaba en lo cierto, pero no podía pensar en otra cosa que en asegurarse de que Astérix estuviera a salvo. ¿Dónde se había metido? ¿Por qué no habían regresado ni él ni Ideáfix? Necesitaba saber que al pequeño galo rubio no le había pasado nada. Había una voz en su cabeza que le instaba a ir primero a por su mejor amigo.

"Sí eso es verdad, pero sigo pensando que a Astérix le ha pasado algo, debo encontrarlo" dijo finalmente con voz suave. Sumado a todo lo que ya estaba sintiendo Obélix, un sentimiento de angustia estaba presente en su corazón e iba creciendo y creciendo, oprimiéndole de tal modo que hasta se le hacía difícil respirar.

Tragicómix miró a Obélix con tristeza, a pesar de que sabía que lo que iba a decir no ayudaría en su situación, sí sabía que necesitaba a Obélix en esta misión. Como cazador de jabalíes, él era uno de los que mejor conocían el bosque, y probablemente, era el que conocía mejor los lugares en los que podrían hallar a su druida.

"Obélix, no tenemos tiempo, debemos encontrar a Panorámix" explicó intentando no parecer demasiado duro.

Los ojos de Obélix se abrieron ligeramente. Sabía que tenían una misión, sabía que debían buscar a Panorámix, sabía que le necesitaban, sabía que Tragicómix no le decía esas palabras para hacerle daño, es que simplemente…

"No puedo-"

"Claro que puedes Obélix" le cortó el galo de melena rubia. Sabía que quizás se había precipitado, pues Obélix retrocedió unos pasos ante las repentinas palabras de Tragicómix. Así pues, el galo más joven tomó una respiración profunda y siguió hablando "sé que no estoy tan cerca de Astérix como tú, pero créeme si te digo que estará bien aquí. Tan pronto como volvamos, yo mismo te ayudaré a buscarle"

Obélix se quedó mirando a Tragicómix, acababa de ofrecerse a buscar a su amigo, le ofrecía todo su apoyo cuando él solo había intentado escabullirse de tener que acompañarles al bosque. Una terrible oleada de vergüenza hizo que sus mejillas se sonrojaran y casi se sintió como si estuviera ardiendo de fiebre, el galo de pantalón a rayas miró al suelo, incapaz de mirar al galo que estaba en frente de él ¿cómo había podido ser tan egoísta?

Panorámix podría estar herido, en peligro o quién sabe dónde y él solo pensaba en encontrar a un niño que probablemente solo estaba jugando dentro de los muros de la aldea, donde no corría peligro alguno.

Obélix levanto nuevamente la mirada solo para encontrar unos ojos que le miraban con afecto y comprensión. El gran galo sonrió débilmente y dijo con voz suave:

"Gracias Tragicómix, eres un buen amigo"

El hombre más joven sonrió con simpatía antes de añadir con voz sincera:

"Po ti y por Astérix haría cualquier cosa, mi mujer y yo os debemos la vida. Bien no perdamos más tiempo, cuando antes encontremos a Panorámix, antes podremos buscar a Astérix"

Obélix le devolvió la sonrisa. Recordaba muy bien esa aventura, cuando conocieron a Falbalá, cómo se enamoró de ella, la decepción que tuvo al ver que ella estaba enamorada de Tragicómix, el temor que tuvo cuando Astérix desapareció tras su pelea en los baños termales… ahora que pensaba en ello, las sensaciones que tuvo esa noche eran similares a las que sentía en este momento. Quizás solo era coincidencia, realmente a su amigo no podía pasarle nada grabe estando en la aldea.

Obélix ignoró lo mejor que pudo todas sus emociones, desterrándolas hasta el fondo de su mente. Y se encaminó junto con sus compañeros hacia el bosque. Sólo esperaba que podrían encontrar a Panorámix cuando antes.


Sentía el viento otoñal de Armórica golpeando su rostro, moviendo su cabello blanco a su antojo, un viento considerablemente más frío del que estaba acostumbrado a sentir habitualmente en estas fechas, un viento que provocaba que su capa roja se azotara en el aire como si de un látigo se tratase. Pero todo eso no le importaba.

No, Lucius Flordelotus estaba feliz. Parecía que finalmente los dioses se habían puesto a su favor. Tenía no uno sino dos prisioneros galos de la aldea de los irreductibles. Dos de los más peligrosos cabe añadir. Se los entregaría al Cesar y sería recompensado por su lealtad y sus acciones por el bien del Imperio y quizás… ¿quién sabe? Puede que el César llegara a nombrarlo su sucesor. Eso sería absolutamente maravilloso. Y todo por la ayuda de un niño y de un viejo.

El senador romano dirigió su mirada a su prisionero más joven, quien seguía acurrucado en el mismo sitio y tenía la cabeza agachada, negándose obstinadamente a mirar a su captor. Su cuerpo estaba temblando incontrolablemente, aunque el romano no podía saber si era por el traqueteo del carro o por el miedo que sin duda estaba sintiendo el pequeño galo. A él sin embargo le gustaba imaginar que Astérix estaba temblando de miedo, ese pensamiento no hacía más que acrecentar su satisfacción personal.

Miró entonces a su segundo prisionero. El druida también permanecía en la misma posición que cuando abandonaron el campamento, seguía mirándole con odio evidente, aunque el enviado del César advirtió que de vez en cuando el hombre barbudo lanzaba miradas llenas de preocupación al más joven de los presentes. No hacía falta ser un genio para adivinar que el druida se preocupaba mucho por la seguridad del niño.

Con esta contundente evidencia, Lucius Flordelotus estaba completamente seguro que Panorámix no intentaría escapar.

El senador romano sabía que debía darse prisa, por lo que, dio otro golpe de látigo para obligar a sus caballos a acelerar el ritmo. Cuando antes abandonara el bosque antes estaría fuera de peligro.

Una sonrisa de anticipación apareció en el rostro del senador romano, esto iba a ser maravilloso. El hombre estaba tan absorto pensando en su futuro que se sorprendió cuando un anciano con bastón, túnica azul y pantalón blanco le salió al paso. El enviado del César tiró de las riendas, para frenar los caballos e inmediatamente les recondujo para que esquivaran el hombre, pero lo que no pudo prever fue que uno de sus prisioneros reconociera al anciano.

"¡Edadepiédrix!"

¡No! No lo podía creer, pero ¿de parte de quién estaban los dioses? En un segundo estaban contigo y al siguiente te dan la espalda. ¿Cómo era esto posible? Cuando el anciano reconoció al hombre barbudo, sus ojos se abrieron como platos, sin duda no se esperaba que su druida estuviera en posesión de sus enemigos.

Al menos es un viejo, pensó Lucius Flordelotus. Si hubiera sido un galo más joven, quizás habría supuesto una mayor amenaza, pero un hombre de la edad de ese galo, no era tan peligroso.

Cuando su mente asimiló lo que acababa de ver, el hombre mayor de inmediato comenzó a gritar:

"¿Panorámix? ¡Panorámix! ¡Oh por Tutatis tienen a Panorámix!"

¿A quién gritaba? El senador romano esperaba que no hubiera nadie más en el bosque, esto sí que podría suponer un problema. Se volvió para mirar a sus espaldas, y lo que vio provocó que una maldición silenciosa escapara de sus labios, pues ahora al lado del galo anciano, el cual estaba señalando en su dirección, había un par de galos más, uno rubio y otro pelirrojo, el rubio tenía una túnica azul y pantalón blanco y estaba más cerca del anciano, mientras que el pelirrojo era grande, muy y muy grande y miraba su mirada de inmediato se dirigió hacia donde señalaba el mayor de los tras galos.

Otra voz se escuchó entre los árboles, sin duda otro galo, ¿cómo podía haber tantos galos en el bosque? Habían notado la ausencia del pequeño galo. La voz de entre los árboles gritó diciendo:

"¡Edadepiédrix! ¿Dónde estás?"

El galo mayor ignoró la pregunta que le habían hecho y por su parte gritó tan fuerte como pudo:

"¡Se están escapando!"

Esa declaración fue más que suficiente como para provocar que el galo gordinflón iniciara una carrera de persecución. Lucius Flordelotus se sorprendió por la rapidez que mostraba el hombre a pesar de ser tan claramente gordo.

Entonces recordó vagamente que el centurión del campamento de Babaorum le había mencionado que había un galo que no necesitaba tomar poción mágica para manifestar sus efectos ¿era este galo? De ser así, tenía que hacer algo rápido o le acabaría alcanzando en muy poco tiempo. el senador romano estaba tan concentrado en pensar un plan alternativo que se sorprendió al escuchar al hombre que le perseguía gritar:

"¡Eh romano suelta a Panorámix, por Tutatis!"

Lucius Flordelotus gruñó con frustración ante las palabras del galo. Entonces con un golpe de látigo instó a sus caballos a acelerar el ritmo, intentando poner la mayor distancia posible entre él y de Obélix. De repente, en la periferia de su visión, vio cómo su cautivo más joven se movió del lugar en el que se hallaba, apareciendo de este modo, y para disgusto del enviado de César, en el campo de visión del galo que les perseguía.

Obélix vio a su mejor amigo aparecer y sus ojos se abrieron como platos mientras que su corazón dio un vuelco. ¿Qué hacía allí Astérix? ¿Por qué no estaba en la aldea?

"¿Astérix? eh tú, suelta a Astérix y a Panorámix, por Belenos" gritó con todas sus fuerzas, intentando no mostrar el pánico que nuevamente había nublado todos sus sentidos. Astérix, su amigo, su mejor amigo, su hermano le miraba con ojos llenos de miedo, sin duda esperando a que él le liberara de las manos de su captor, a Obélix le bastó una mirada para comprender que el niño galo quería desesperadamente estar con él, bajo su abrazo protector, a salvo de los romanos. No, Obélix no permitiría que ese hombre se llevara a Astérix lejos de su gente. A pesar de que no le gustaba sentir odio, en estos momentos no pudo evitarlo, estaba furioso con el hombre que conducía el carro. Estaba furioso por llevarse a Panorámix y estaba furioso porqué además de algún modo había conseguido coger a Astérix.

El carro pasó en ese momento por encima de una piedra que hizo tambalear el vehículo y a sus ocupantes. Astérix con un grito ahogado impactó contra el lateral del carro dándose un golpe en la cabeza y se quedó completamente inmóvil. Cuando Obélix vio esto, su sangre hirvió, no solo le separaban de su mejor amigo sino que además, por culpa de los romanos él podía resultar herido precisamente cuando no podía defenderse. Esto ya era demasiado. Sin pensar en nada, el gran galo aceleró el ritmo, quería llegar cuando antes a ese carro, quería salvar a sus amigos, quería que ese romano se arrepintiera por lo que había hecho, quería borrar la expresión de miedo y horror del rostro de Astérix.

Con la sacudida, Lucius Flordelotus y Panorámix simplemente parecieron perder el equilibrio. El romano logró mantenerse firme y no caer, pero Panorámix no tuvo tanta suerte. El movimiento repentino le hizo caer hacia adelante, y como estaba atado, el druida utilizó uno de sus pies como punto de apoyo y la rodilla de su otra pierna como otro. Dejó escapar un suspiro de alivio al ver que no había caído del carro, lo que sin duda de haber sucedido habría podido ser muy doloroso, en especial con la velocidad que llevaban.

El hombre mayor miró entonces al niño para verificar su estado, y al ver que no se movía el pánico se apoderó de él. Miró al galo pelirrojo con ojos asustados y le dijo:

"¡Obélix date prisa! ¡Tienes que sacar a Astérix de aquí!"

A pesar de que habló con voz firme, Obélix fue capaz de percibir el miedo en la voz de Panorámix, a decir verdad, no sabe si fueron las palabras de su druida o su propia determinación lo que hicieron que Obélix se olvidara de todo lo que había a su alrededor y en su mente hubiera únicamente una idea, el traer a sus amigos de vuelta a casa sanos y salvos.

Lucius Flordelotus miró por encima del hombro tras escuchar las palabras del hombre barbudo, y cuando se dio cuenta de que su perseguidor estaba ganado terreno, sabía que debía tomar una decisión y pronto. Miró a Panorámix y después a Astérix, y tras sopesarlo momentáneamente, decidió volver a su plan original de ir con un solo rehén a Roma.

Aunque le carcomía la idea de no poder llevar a ambos galos con él, sabía que si tenía al menos a uno de ellos, todo el pueblo seguiría siendo vulnerable.

Tras soltar un ligero gruñido por lo que estaba a punto de hacer, miró nuevamente a Panorámix y le dio una patada haciendo que el druida perdiera el equilibrio, tambaleándose peligrosamente cerca del borde del carro. En ese momento otro bache en el camino terminó el trabajo iniciado por el romano y Panorámix cayó del transporte en el que iba.

Siento mucho, mucho muchísimo haberme retrasado, sé que dije que intentaría tener el capítulo listo para antes de fin de año, pero por desgracia no me fue posible, pasó todo enero y tampoco pude… ¡Hasta ahora!

No diré que no haya tenido tiempo, pero… hace menos de un año murió mi abuela y desde entonces, la relación con una parte en concreto de la familia se ha vuelto un poco tensa y esto, quieras o no, te afecta a la hora de escribir, lo mismo sucede con la calidad del capítulo, siento si no es todo lo bueno que podría ser.

En fin esperemos que con la ayuda de Dios, poco a poco todo vuelva a la normalidad.

Y ya para finalizar, como siempre gracias a todos los que han leído mi historia, a los que la tienen entre sus favoritos y especialmente, agradecer a: Zeragii y a Fan de Basil de Baker Street por vuestros comentarios. No sé cuándo podré actualizar nuevamente, pero espero que no tarde tanto como esta última vez.