Severus se despertó al escuchar una respiración profunda. Lo primero que hizo fue apuntar con su barita a la negrura del cuarto, pero pronto se relajó recordando que aquel sonido provenía del gran hombre pelirrojo que dormía en el pequeño sofá.

Los pies de Snape tocaron el piso en busca de sus zapatillas. Enrollándose en una de sus mantas se acercó. Los cabellos, largos y sedosos, se habían soltado de la goma y reposaban rebeldes sobre su rostro. Snape dio un paso más. La manta, que debería estar cubriendo a Bill, estaba casi en el suelo y el jersey que llevaba puesto, porque no había podido dejarle ropa de su talla, se había levantado dejando ver parte de su firme torso. Severus, alargó una mano dudoso, pero finalmente apartó aquellos mechones del color del fuego. El rostro de Bill era paz, la paz que algún día a él también le gustaría alcanzar. Todo él era hermoso. Apenas recordaba cual había sido la última vez que había dormido otro hombre allí. El oscuro profesor recorrió el cuerpo de Bill con la vista, memorizándolo. Parte de sus piernas se veían largas y poderosas hasta perderse bajo la manta. Incluso allí tumbado y tan profundamente dormido lo hacía sentir, en cierto modo, seguro. Era como si al menor ruido fuera a alzarse de un salto para protegerlo. Con sumo cuidado volvió a taparlo. No debería estar mirándolo así, no debería ni tan siquiera estar tan cerca de otro ser humano. No era nada más que un profesor amargado, un asesino mortifagó y cientos de cosas más que no quería… Que no tenía porque justificar. ¿Podría considerarlo su amigo? ¿Lo seguiría tolerando cuando lo supiera todo? No.

El joven se movió dando media vuelta. Murmuraba algo en sueños.

—Severus. —Repitió Williams con una sonrisa en los labios.

El profesor retrocedió aún sabiendo que lo había escuchado mal. Que idiota podía ser algunas veces pensó exasperado. A punto de volverse notó que algo lo sujetaba. La mano del aun dormido Bill se había asido con fuerza a él. ¿En quien estaría pensando? Snape observó su rostro, serenó, confiado. ¿Quien estaría ocupando sus sueños de tal manera que aun dormido se asía a aquella persona como si le fuera la vida? El agarre empezaba a cortarle la circulación podía haberse apartado simplemente y despertarlo, pero... no quería. ¿En qué demonios estaba pensando? No debía encapricharse con nadie. Tenía que terminar con aquella estupidez antes de que fuera a más.

********************************************************************

Ron estaba en una nube y desde ella, Amanda lo dominaba todo. La vida podía ser maravillosa incluso para un estudiante. Había aprendido un montón desde que ella había empezado a dar las clases. Sí, en esos cuatro días había aprendido mogollón. A sostener aquella mirada verde, a contar las veces que distraída enredaba un mechón de pelo en sus dedos. En resumen todo aquello que nunca le serviría para nada como la asignatura de pociones. Ojala cuando le llegaran las notas a su madre le sirviera de algo aquello.

De pronto Potter se puso en pie como si hubiera visto un fantasma.

— ¿Qué haces Harry?

El oscuro profesor entró en la clase dando pasos deliberadamente cortos y los puños cerrados tras su espalda. Así daba una sensación de una seguridad increíble, pero la realidad era que sus heridas todavía no habían sanado del todo.

—Me alegra que un alumno tan... peculiar como usted, Potter sepa algo sobre educación.

—Al momento el resto de la clase se alzó saludando a Snape.

Amanda se contuvo para no saltar sobre él y abrazarlo con todas sus fuerza conformándose con mostrarle su más hermosa sonrisa.

—Profesor. —Saludó con una ligera inclinación de cabeza. — ¿Se encuentra mejor? Siéntese. Le traeré la silla si quiere.

Severus levantó una mano para frenarla antes de que pusiera toda la clase patas arriba por él. Merlín, sabría de lo que era capaz aquella muchacha inagotable.

—Sólo he venido a ver cómo iba todo.

— ¿No se queda? — Preguntó, pero antes de que respondiera continuó hablando. — ¿Todavía no está bien? Tiene que descansar. Aquí todo va genial. —Snape sonrió, una sonrisa suave casi imperceptible salvo para dos personas en aquella clase y ninguna de ellas era Amanda.

Si no la hubiera detenido a tiempo le hubiera sacado de allí en brazos quitándole toda dignidad.

—Estoy bien. —Recalcó. —Nunca me he encontrado mal y menos por una gripe, pero por lo visto protegemos tanto a nuestros... alumnos que me he visto recluido en mi...

—A punto estuvo de decir cubil, pero ese no era el momento y mucho menos el lugar aun hablando en un susurro como lo hacía—... mis habitaciones.

—Me dijeron que tenía que descansar y no podíamos visitarle. Si nos hubieran dejado yo hubiera ido. Seguro que se aburrió mucho.

—No. —Era insufrible estar encerrado en aquel cuarto, pero los días no habían pasado tan lento como esperaba. Supuso que entre la reunión con Lucius, la escapada para deshacerse de los objetos y… Williams el tiempo parecía haberse esfumado.

— ¿Volverá el lunes entonces?

—Mañana.

— ¡¿En serio?!

La exclamación de sorpresa fue seguida por algunos slytherins.

— ¿Le parezco el tipo de persona que bromea?

Amanda se rascó la cabeza con un dedo pensativa. A Ron en cambio no le hizo falta hacer esa cosa (pensar XD)… Bueno, ni a él ni al resto de la humanidad.

—Aquella vez en la que me dijo…

—Siga con su clase mientras voy a comentarle al director que mañana regresare a mi puesto.

********************************************************************

Tras ascender las escaleras de caracol entró en el despacho. Había llamado antes de abrir, pero muchas veces el viejo director estaba tan concentrado que no solía contestar a la primera. Estaba decidido a volver cuanto antes. Si estaba en condiciones de lidiar con Lucius y su trapos sucios podía dar clase a un montón de repelentes mocosos.

— ¿Severus, que haces aquí? Deberías estar descansando. —Habló el afable director al verlo entrar a su despacho. Dejando su papeleó a un lado caminó hacia él ofreciéndole asiento. — ¿Café?

—No. —Negó con la cabeza. —He venido a informarle de mi recuperación. Mañana podría empezar a dar mis clases.

—Bien, me alegra saber que estas de nuevo en perfecto estado de salud pero…—Dumbledore juntó sus manos como si le costara decir la siguiente palabra. —… Amanda está tan ilusionada con dar sus clases sola. Sería un buen dato en su currículum. Estaba seguro de que no te importaría retrasar tu vuelta un poco más. A fin de al cabo se te dijo que volverías el lunes no el jueves.

¿A caso trataba de castigarlo por algo? Snape lo miró con fijeza. —Probablemente por un día no haya una gran diferencia en su currículum. —sugirió.

—Es tan joven y encantadora que no sé… No quiero que piense que no apreciamos su gran trabajo. Todos estos días los alumnos han aprendido muchísimo. No, no quiero que pienses que lo hace mejor que tú. Desde luego que no, si no te hubiera dado otro puesto.

El reloj de la pared dejó escapar un sonoro gong antes de que lo hiciera el resto de los relojes. Bajo el estruendo casi ensordecedor escuchó al viejo director algo sobre que podría estar de profesor asistente para Amanda durante al menos una semana… si es que estaba repuesto del todo.

—Seguro que estos días Amanda habrá sido una grata compañía. — Habló de nuevo cambiando radicalmente de tema.

— ¿Amanda?—Preguntó Severus alzando una ceja.

— ¿No ha ido todos los días a verte?

—No. "Gracias a Merlín"—Pensó para él.

—Vaya. Estoy seguro de que la habrá surgido algo realmente importante para no ir. Le encanta estar contigo y hablar de ti. Es una chica tan encantadora. ¿No le habrás dicho nada para que no fuera verdad?

— ¿Qué?—Preguntó pensando que tenía problemas de audición.

—Vamos Severus, haríais tan buena pareja. No me digas que nunca has pensado en… Ya sabes formar una familia.

Snape reprimió una risa sarcástica y se guardó sus comentarios. ¿Quién iba a querer a alguien como él? Tal vez alguien desesperado o loco y aun así ¿Qué le daba derecho a él a ponerlos en peligro?, porque eso es lo que haría uniéndose a otra persona. Ahora solo podían castigarlo a él, pero ¿y si algún día encontrar a alguien adecuado?… Una vez lo hizo. Conoció a Lucius, un hombre con un poder tan grande y unas influencias tan impresionantes que no tenía que preocuparse por su protección y ahora…. Un lacerante dolor de cabeza comenzó a despertar.

—Recuerda que este domingo tendrás que ir con ella al pueblo. Confío en que te comportaras como un caballero.

—"¿No lo hago siempre?" — estuvo tentado a decir, pero tan sólo asintió y se dirigió con lentitud hacia la puerta. Estaba cansado, cansado de jugar a redimir sus pecados, cansado de ser un juguete. ¿Qué más le daba a él que el mundo se acabara?

A un paso de salir de allí el director volvió a llamarle.

— ¿Desea algo más?

Los ojos del aciano se volvieron rendijas, durante un escaso segundo, antes de preguntar.

— ¿Cómo fue tu última visita a Lucius?

********************************************************************

Cuando Bill abrió los ojos, en su habitación, se encontró con los de Sebastián observándolo a escasos centímetros. Weasley alargó una mano y lo apartó poniéndosela en la cara sin ningún miramiento. Si fuera cualquier otro simplemente hubiera preguntado qué pasaba o le hubiera apartado con mayor suavidad o diplomacia, pero era Sebastián y no entendía las cosas de otra manera. En el fondo Williams sabía que, si que las comprendía, pero ese ansia por enfadarlo y provocarle lo empujaban a extremos inimaginables. Aunque al mismo tiempo no era un hombre que hiciera o dijera algo sin un motivo por muy oculto que fuera.

—Vamos príncipe azul.

— ¿Qué?—preguntó Bill aun soñoliento.

—Es casi la hora de comer. A tu edad no deberías dormir la siesta. —Le dijo Sebastián revolviéndole los cabellos. ¿El día de tu cumpleaños te lo vas a pasar en cama?

—Ayer no dormí…—La frase de Weasley se interrumpió cuando notó un molesto dolor de espalda al sentarse sobre la cama. Al llevarse la mano a los riñones tuvo que escuchar la risa mal disimulada de su amigo.

—Así que sigues sin tener nada que contarme.

—No. —respondió tajante el pelirrojo.

—Tal vez si hubieras dormido en tu cama.

—No estoy de humor para tus preguntas.

Sebastián se dejó caer sobre la cama haciendo que se moviera. — ¿Y cuando lo estás?

Sin ganas de discutir Bill apartó el rostro, pero lo único que hizo fue mostrar a Sebastián que realmente algo no marchaba bien. Cualquier otro le hubiera dejado espacio, hubiera consentido esperar hasta que el otro quisiera hablar, hubiera dispuesto su hombro para aguantar las posibles lloreras y animado con efímeras esperanzas, cualquiera sí, pero es que se trataba de Sebastián. Los siglos le habían enseñado que las cosas no pasan porque si y que una pieza mal movida provoca un caos deliciosamente encantador. Hoy era un día tan bueno como cualquier otro para jugar al 'ajedrez'. El hombre rubio sonrió y fue una sonrisa pérfida.

Sin prestarle la menor atención Williams comenzó a vestirse. Recogió los pantalones de la silla metiéndose en ellos. Desdobló su camiseta interior, que estaba bastante arrugada y la deslizó por su cabeza hasta cubrir su ancho torso. No sabía si estar furioso consigo mismo o triste. Había pasado la noche en el cuarto de Snape, pero no se sentía bien porque al despertar, ya no estaba y para colmo… hablando con Amanda esta le había confesado estar enamorada de Severus. ¿Quién le había dicho alguna vez que no fuera hetero? ¿Dónde dejaba esa revelación sus sueños estúpidos? Nunca pensó realmente que fuera a poder corresponderle, ¿no?

Ambos salieron de su habitación.

—Recuerda que me prometiste… —Comenzó a decir Bill sin detenerse en su caminó a la última clase de la tarde.

—Que no hablaría de Eric, ni de cosas raras sobre ti y Amanda. —musitó como si se tratara de una lección muy bien aprendida.

Weasley paró en seco y cruzó sus anchos brazos sobre el pecho dedicándole una expresión severa. — ¿No se te olvida nada?

—Ni hablare de mi esposo, ni de relaciones… inusuales, ¿Era esa la palabra que utilizaste?— Bill lo miró de soslayo descubriendo otra gran sonrisa.

El cuerpo del rubio se pegó tanto al suyo que Williams podía sentir su aliento en el rostro. — ¿Tienes algo contra los hombre?—preguntó en un susurró mientras deslizaba una mano sobre su muslo. —No me lo digas. Vives frustrado porque te gusta el director, pero es demasiado mayor para complacerte. —los labios rozaron su oreja juguetones, pero el pelirrojo le dio un fuerte empujón haciéndole perder el equilibrio aunque no se cayó.

—A veces eres repugnante.

Antes de que alguien doblara la esquina y se acercara a ellos Sebastián escuchó unos pasos. Quien atravesaba los pasillos no corría, pero parecía querer llegar cuanto antes a su destino porque sus piernas daban largas zancadas.

El rostro de Williams cambió su expresión ceñuda por otra en cuanto vio de quien se trataba.

—Profesor Snape. —Saludó el más joven.

—Profesor Weasley. — Severus ni se paró ni alzó la cabeza para mirarlo.

Williams supuso que tendría prisa, pero tenía que preguntarle si podría verlo después.

—Profesor espere un momento. Quédate aquí Sebastián.

—Claaaaro. —respondió su amigo inocente.

Weasley anduvo tras Snape hasta alcanzarlo. Antes de hablar miró a ambos lados. — ¿Ha pensado ya si quiere venir a mi fiesta, Severus? Me gustaría que viniera.

El profesor parecía sopesar si contestaba mientras lo observaba. Hoy llevaba una túnica negra nueva que no le queda tan ajustada como la anterior, probablemente un regalo por su cumpleaños. Tenía que terminar con aquella tontería antes de que fuera a más, antes que su tolerancia o su encaprichamiento por él se convirtieran en otra cosa.

— ¿Qué fiesta? —Preguntó Snape como si no supiera de que hablaba.

—Hoy es mi cumpleaños.

—Supongo que entonces debería felicitarle. — ¿Por qué demonios no le era indiferente que aquellos comentarios lo hirieran?

—Yo... No es necesario...— ¿Habría hecho o dicho algo que justificara aquello? De veras que esperaba que no fuera así.

—No, no voy a ir. — La respuesta volvió a sonar fría como el hielo.

— ¿Por qué? No...

—Escúcheme bien. —Le cortó. —Esa fiesta debería ser sólo para amigos y familiares y es por eso, que no debería ir. —Al mirar sobre el hombro de Bill se fijó en Sebastián. Por un momento Snape se descentro al creer que había visto como los ojos de aquel desconocido pasaban de verdes a rojos. —Y Profesor Weasley, no es necesario que vuelva a llevarme nada a mis habitaciones ya estoy repuesto del todo y no necesito que me importunen y, no vuelva a llamarme por mi nombre.

Los puños de Bill se apretaron con fuerza. Estaba harto. — ¿Qué demonios te he hecho?

Sin decir más Snape se volvió desapareciendo de nuevo.

—Déjame solo. —Le pidió Bill a su amigo al sentirlo cerca.

— ¿Tanto te gusta?—Preguntó con suavidad.

— ¿Cómo...?

—Bill, mi buen amigo, no te ahogues en vasos de agua. —Respondió sereno antes de adelantarse dejándole a solas.

Los ojos del rubio volvieron a tornarse rojos brillando en la oscuridad. Nadie jugaba con sus piezas y menos aún, con sus amigos. El profesor Snape iba a enterarse.

********************************************************************

Snape apagó las velas de su habitación y se acostó. Era temprano, pero se encontraba exhausto. No quería ver a nadie. Sin preguntas, sin miradas, sin nada que le recordase que en aquel mundo no estaba solo. Ansiaba la tranquilidad de su cuarto, ansiaba volver a encontrarse a gusto en la soledad de aquellas cuatro paredes. Las gotas de lluvia golpeaban contra el cristal y ocasionalmente algún relámpago iluminaba la habitación. Las noches así le hacían sentir intranquilo. Noches como esas eran las favoritas del señor tenebroso para llamar a sus discípulos. Apagó la vela de su mesilla de un soplido y se recostó. Aun recordaba esos inmensos y lúgubres pasillos que lo condujeron a la sala principal donde aguardaba, subido en su altar, todavía recordaba sus ojos, fríos y sin vida, que se clavaban en él como si pudieran leer su alma. Un nuevo rayo ilumino la estancia.

—«Ábreme»—Una suave voz, como la brisa de la mañana se escuchó.

Severus, se alzó apoyándose sobre un codo. ¿Qué había sido eso? —Lumus.

—«Ábreme»— volvió a escuchar. Era tan sólo un susurro, pero…

— ¿Quién anda ahí?— preguntó varita en mano mientras se dirigía hacia la fuente del sonido. Sus pasos lo llevaron hasta el lugar donde escondió no hacía mucho la caja de Lucius. Apartó la mesa y abrió la tabla del suelo. La cogió entre sus manos.

Volvió a escuchar la voz insinuante que lo invitaba a abrirla una y otra vez. Sus dedos acariciaron la suave superficie de la caja, como hipnotizado por sus deseos de libertad.

—«Ábreme»

Asió el cierre de la caja y lentamente comenzó a levantarlo. Con un leve la caja se abrió.

—No… no puedes haberme dado esto…— Snape la cerró de nuevo y la apretó con fuerza notando como las esquinas se clavaban en su manos. — No es justo, Lucius…. no deberías haber me dado eso. — Gritó lanzando la caja contra el suelo. Un nuevo rayo iluminó la habitación. La caja se abrió de nuevo dejando ver su contenido. Un medallón de plata de forma ovalada. En un lado se podía ver el dibujo de dos serpientes entrelazadas y alrededor en latín se leía claramente "Slytherin por siempre".

—«Ábreme»— Volvió a escucharse aquella voz salir del medallón.

Snape cerró los ojos tratando de no pensar, de no recordar un momento en el que comenzó a desear más de lo que creyó poder merecer… Pero lo único que consiguió fue ver aquellas imágenes con mayor claridad. Sus primeras navidades en Howards cuando no era más que un crió.

—Así que estas navidades no vuelves a casa. — Se oyó la voz de Malfoy a sus espaldas.

Snape se volvió. —No, Lucius. Este año mi padre no quiere que vuelva.

— ¡Va! No te pierdes gran cosa. Ya me gustaría a mí pasar las navidades sin mis padres. No te pierdes nada.

—Es fácil de decir cuando sabes que ellos quieren estar contigo. — Respondió el joven Snape, pero al momento se mordió los labios.

— ¿Y si te vienes conmigo? Seguro que a ellos no les importa.

—No, es mejor que no. Sólo te causaría problemas. Ya sé cómo es tu padre. Estaré bien.

—Mira. — exclamó al tiempo que sacaba un colgante de debajo de su jersey.

— ¿Qué es?

—Es un pensadero. Si quieres puedo meter en el mis recuerdos de las navidades y cuando vuelva veras que no te has perdido gran cosa. ¿Qué te parece?

Lucius, posó el colgante en sus manos, Snape lo miró como hipnotizado. Era un medallón de plata en cuya cubierta se veían dos serpientes entrelazadas. El pequeño Severus esbozó una tímida sonrisa.

—Gracias.

—No tienes porque darlas. — El chico rubio dio media vuelta dispuesto a marcharse, pero en el último momento se detuvo. —Severus.

— ¿Sí?

Una pérfida sonrisa apareció en los labios de Malfoy. —«Ábreme»—

Snape volvió a su presente deseando una vez más no estar allí. Volvió a vestirse y sin pararse a recoger el artilugio se dirigió a las caballerizas.

********************************************************************

—Buenos tardes, profesor. —Saludó Sebastián cuando pasó frente a él. Snape acababa de entrar pensando que podría disfrutar de unos minutos de tranquilidad en compañía de los Thestrals, pero estos debían de haber salido para ejercitarse y en su lugar estaba aquel hombre alto y rubio vestido de forma extraña.

—Sois el amigo del profesor Weasley.

—Digamos que algo así. — Una suave mueca se dibujo en su rostro al ver un gesto en el oscuro profesor. —Sebastián se inclinó ligeramente para saludar. —Mi nombre es Sebastián.

—Espero que disfrute de su estancia aquí.

—Lo haré. —Respondió sentándose de un salto sobre una de las puertas de la caballeriza. Desde allí ambos se observaron. —No es necesario que se marche profesor, de hecho, —Snape se sobresaltó muy a su pesar cuando sintió al otro hombre rozarle el brazo. No hacia ni cinco segundos estaba sentado en el otro extremo y de pronto se había presentado a su lado. ¿Qué clase de magia era esa?—he venido a hablar con usted.

—Hay mejores lugares para hablar que unas cuadras. — Respondió dándose media vuelta.

—Lo que tengo que discutir no nos llevara mucho tiempo. — De nuevo Snape volvió a sorprenderse al pensar que sus ojos se habían convertido por uno instante en rojos.

—No quiero que vuelvas a acercarte a Bill. —El profesor trató de rebatirlo, pero Sebastián no se dejo interrumpir. —No sé qué pretendes y tampoco me importa, pero has de saber que Bill me pertenece y sólo es cuestión de tiempo que acabe en mi cama. Cuando termine con él puedes quedarte con los pedazos y pegarlos como te venga en gana, pero mientras tanto no te quiero cerca. No todos los hombres son como un Kleenes pero Williams si y lo llevare en mi bolsillo.

********************************************************************

—Vendrá. —Le aseguró Sebastián a su amigo una vez que hubo regresado a la sala. Bill no hacía más que ir y venir de un lado a otro mientras agradecía las felicitaciones. Tendría que estar contento puesto que al menos había conseguido convencer al director de que llevar sombreritos no se llevaba ya y que no era necesario que nadie se disfrazara.

— ¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Mira. —Habló el rubio señalando hacia la puerta. —Te dije que vendría.

Snape avanzó por la sala con paso decidido y los puños fuertemente apretados. ¿Quién demonios se creía aquel hombre para decirle que podía o no hacer? No era quien para decirle que no acudiera al gran salón, ni se volviera a acercar a Williams. No era nadie. En el fondo le daba igual que le hubiera dicho que Bill era su juguete y que sólo era cuestión de tiempo que acabarían juntos. Le había confesado que para él no era más que un pañuelo de un solo uso y que después podría quedarse con los restos. Puede que Snape estuviera disgustado con Bill, pero no permitiría que aquel imbécil le dijeraque hacer. Estaba arto de que todo el mundo pensara que podía someterlo. No permitiría que le hicieran daño. —Los puños de Snape se apretaron con más fuerza ante aquella idea.

— ¿Y por que parece estar tan cabreado?

—William tus dudas…

—Severus. —saludó un poco rígido el pelirrojo. Aún recordaba las duras palabras de Snape aquella mañana, pero al verlo entrar era como si nada hubiera sucedido. Lo extrañaba y se odiaba por haberle contestado.

— ¿Os conocéis?— Preguntó Williams tratando de entablar una conversación con Snape mientras señalaba al hombre rubio.

—Sí, le conocí esta tarde y sé perfectamente quien es, Es un estúpido.

—Mira Sebastián, te conocen. —Respondió irónico. — ¿Qué demonios has hecho ahora?—Murmuró.

—Esas son palabras muy fuertes para un profesor ¿No cree? —Para Sebastián las situaciones tirantes no eran nuevas, pero si muy divertidas.

Todos se sentaron ocupando sus puestos, Amanda junto al director, Sebastián junto a ella y Bill al otro lado de su amigo hasta que Sebastián escuchó un carraspeó a sus espaldas.

—Este es mi sitio. —Le avisó Severus con suavidad, pero no dejando ningún lugar a la discusión. El hombre rubio se levantó frunciendo el ceño, pero mientras el profesor podía verle el rostro.

La noche pasó tranquila, en principio. Amanda dio conversación al profesor y a Bill pero por lo visto sólo el del cumpleaños parecía estar de humor para responder.

En el momento de la tarta fue anunciado y las luces se apagaron de golpe. Snape hubiera jurado que Sebastián se encontraba en el otro extremo de la habitación pero al segundo siguiente de encenderse se encontraba, en el centro de la sala, frente a ellos con el pastel en las manos. Las velas titilaron mientras el hombre rubio se acercaba colocándola sobre la mesa con solemnidad.

—Antes de que comencéis a cantar por un día tan especial como es el nacimiento de nuestro amigo y compañero. —Habló Sebastián. —De donde yo vengo se acostumbra a dedicar unas palabras al homenajeado y como su amigo más… antiguo me tomare la libertad de ser yo el escogido. ¿Qué puedo decir de Williams? Mi buen amigo es un gran hombre. —Dijo con una sonrisa haciendo una pequeña pausa. —Es un gran hombre, pero no por su cuerpo si no por su gran corazón. A su edad cuenta con un montón de cicatrices aun no habiendo participado abiertamente en ninguna guerra. Es voluntarioso, inteligente y pronto formara una familia… o al menos debería. Porque aunque la mayoría de sus compañeros de curso ya tienen a sus esposas o esposos Williams aun no tiene eso que tanto anhela. —Weasley le dirigió una súplica silenciosa pero este no se calló. —Anhelas alguien que puedas llamar tuyo, alguien al que proteger, anhelas más de lo deberías cuando podrías tenerlo todo ya. Imagina un par de piernas regordetas corriendo hacia ti y llamándote papa. — Sebastián volvió a hacer una pausa pero esta vez no fue para causar más tensión si no para pensar por un instante en lo que iba a hacer porque sabía que aquello le iba a hacer daño. —Pues sopla las velas y pide que este año se acabe la posibilidad de que seas sacrificado en el altar de las Trasninsens.

Snape tenía calor y bebió un largo trago de su jarra de agua en aquel mismo instante la dejó escapar toda. No lo había oído bien se dijo.

Bill se puso en pie mirándolos a ambos. El director trató de disimular una risa mientras Mcgonagall lo miraba severa. Amanda era la única que parecía no saber de que hablaban.

— ¿Altar de las Trasninsens? —preguntó insegura. El resto de la sala estalló en carcajadas.

De nuevo Sebastián desapareció para ponerse detrás de Amanda. Sujetando sus finos hombros se agachó hasta poner sus labios sobre su oreja y susurró. —si Amanda, Bill aun puede ser ofrecido como sacrificio como se hacía en aquellas tierras con las muchachas más bellas y vírgenes. Amanda se sonrojó avergonzada.

El resto de la velada fue un suplicio para Bill aunque trató de fingir que todo estaba bien no se atrevió a mirar a Snape. Nunca había bebido alcohol pero aquella noche se le antojo el mejor lugar donde ahogarse.

****************************************************************

—No vayas tan rápido que nos vamos a caer. —Le dijo el rubio mientras trataba de ayudarlo a llegar a su habitación.

Bill se soltó negando con la cabeza tratando de no escucharlo. Con una mano frente a sus ojos y la otra en la pared trató de avanzar manteniéndose en pie. Los pasos de Sebastián lo siguieron a una distancia prudencial.

—No es tan grave como crees. A ella…— El joven rubio no pudo continuar su frase al ser agarrado por el cuello y estampado contra el muro del corredor.

— ¿Por qué?—preguntó Williams con los dientes apretados.

Sebastián lo miró triste. —Algún día lo entenderás. —De nuevo una sonrisa acudió a sus labios. Las manos de Bill aflojaron su agarre dejando que de nuevo los pies de su acompañante tocaran el suelo.

—Lo dudo mucho Sebastián. No quiero… no quiero volver a verte.

Severus se encaminó hacia las habitaciones de Williams, pero aún no conseguía convencerse de porque. El comentario de su amigo había sobrado de eso no cabía duda y le había dolido verlo el resto de la noche callado. Antes del incidente le había parecido… muy animado con la celebración. Había sido extraño, al entrar Williams parecía estar serio pero al verlo alzó la vista mostrándole una amplia sonrisa como si sinceramente se alegrara de que estuviera allí y eso… había provocado una sensación agradable en su pecho, una calidez que dudaba mucho haber sentido antes. Quería protegerlo… Severus sabía de sobra el dolor que provocaba las burlas. Le diría que sentía mucho su reacción, que no tenía de que preocuparse y que sin lugar a dudas Sebastián por muy amigo suyo que fuera era un idiota. ¿Cómo pudo decir algo así en frente de todos? ¿Bill virgen?… No podía ser. Que absurdo. Pero por alguna razón que no acertaba a descubrí aquello le agradaba. Le gustaba pensar que aquel hombre de cuerpo robusto era como un templo por explorar. Por mucho que los hombres lo negaran ser los primeros les hacía sentir especiales.

Snape llamó a la puerta, pero retrocedió al instante al escuchar un sonoro puñetazo al otro lado. Bill había golpeado la puerta con todas sus fuerzas y se apoyaba contra la madera con ambas manos y la frente. —Déjalo de una vez Sebastián. Si. Me gusta alguien y me gusta muchísimo y sé… que no tengo ninguna posibilidad, pero… ¿porque lo tienes que hacer más imposible de lo que es? —preguntó con una mezcla de rabia y algo más.

Snape no supo que decir. ¿Cómo iba a decirle ahora que no se trataba de su amigo y que había escuchado algo tan íntimo? Sería lo que le faltaría para no levantar la cabeza al menos hasta fin de curso por lo que sabía sobre él.

—Sólo quería que todo saliera bien por una vez. No creo haber pedido tanto. Por una vez… Sólo una vez. —susurró.

Severus volvió a oír algo de nuevo, como la espalda de Bill se arrastraba por la puerta hasta caer sentado. ¿Cómo iba a decirle que era él quien estaba escuchándolo todo? ¿Cómo iba a dejarlo así?.... ¿Quién demonios era el que le gustaba si no era ni Amanda ni Sebastián? En aquel instante se maldijo por hacerse tal pregunta. Tenía ya suficientes problemas pero al mismo tiempo… Snape alargó una mano apoyándola en la puerta como si eso pudiera solucionar algo.

Notar como alguien rozaba el brazo del oscuro profesor, ver como se giraba el pomo y la puerta era empujada moviendo al gran hombre que se recargaba contra ella fue todo uno. Bill se alzó de golpe tratando de encararse con Sebastián pero no fue a él a quien vio.

El cuerpo de Snape casi dio un paso atrás por instinto pero permaneció inmóvil contemplándole. La camisa medio desabrochada y fuera de sus pantalones el pelo revuelto y aquella expresión mitad furia mitad dolor que surcaba el rostro del joven. No supo que paso por su cabeza para pronunciar aquellas palabras pero Snape lo hizo aun sabiendo que se arrepentiría.

— ¿Puedo pasar?