Disclaimers:

Los personajes aquí presentes no me pertenecen, son propiedad de Craig Bartlett.


-No puedo creer que sea su prima… me siento como un completo idiota…- se lamentó Arnold mientras sostenía una bolsa de hielo sobre el moretón que Nathan le había provocado con el golpe que le propino.

-¿Tu? Pero, si el que te golpeo fue el, ¿Qué no es él el idiota?- dijo Gerald desconcertado sentándose, a lado de Arnold sobre su cama.

-Bueno… hasta cierto punto…

-¿A qué te refieres?

-Bueno…. El me golpeo con una razón de respaldo

-Y, ¿Cuál es esa?- preguntó Gerald desconcertado y curioso, luego de escuchar la razón, Gerald no pudo hacer más que molestarse con Arnold -¡CON RAZON TE GOLPEO! ¡ERES UN TONTO!- le grito Gerald levantándose de la cama y caminando por el cuarto frente a Arnold.

-Y, ¿tu desde cuando defiendes a Helga? Según recuerdo la llamaste "gruñona y mandona insensible"- dijo Arnold indignado ante la reacción de su amigo.

-Arnold, si, Helga es una maniaca obsesiva, gruñona, mandona, y todo lo que tú quieras, pero si hay algo que no es, es una cualquiera, y menos una chica fácil. Amigo, estás hablando de Helga G. Pataki- exclamo Gerald moviendo los brazos efusivamente.

-Sí, lo sé. Pero no lo pensé antes de decirlo…

-Sí, eso es obvio- Arnold solo lo fulmino con la mirada.

-Me refiero a que, las palabras solo salieron de mi boca, es que cuando la vi con llegando con él en ese estado yo solo… solo…

-Dilo, hermano. TE CEGARON LOS CELOS- le dijo Gerald suspicazmente.

-¿Celoso, yo? ¿De Nathan?- Gerald solo asintió sonriente –Claro que no, Gerald. ¡Eso es ridículo!

-¿Por qué?

-Porque eso significaría que me gusta Helga, y eso es imposible

-Arnold, ríndete. La besaste la última vez que fuiste a su casa, en la pijamada no le quitaste la vista de encima, te pusiste celoso cuando Nathan la llevo a la escuela, y la insultaste sin razón. Arnold, estas perdido.

-Yo diría que estoy enfermo.

-¡LO ADMITES!- grito Gerald señalando a Arnold con una sonrisa burlona.

-¿Qué? ¡CLARO QUE NO!- dijo Arnold levantándose de la cama.

-Claro que si…- le reto Gerald –Admítelo, Arnie, te trae loco.

Arnold solo se quedó pensativo; se sumergió en sus pensamientos con la mirada perdida en el suelo.

-Creo… creo que tienes razón Gerald… ¡NO PUEDO CREERLO!- dijo el rubio tumbándose en su cama –Gerald, ¿Qué pasa conmigo? ¿Cómo me fui a enamorar de Helga G. Pataki?

-No lo sé, amigo. Creo que perdiste la razón.


Estuvo MUY corto, lo se, pero quería dejar la parte donde Arnold por fin lo aceptaba consigo mismo aparte de todo lo demás. Además de que ya se me quemo el ceso y ya no se como continuar jajajaja y no quería dejarlos sin actualización, voy a actualizar durante la semana, se los prometo. Ya tengo laptop otra vez jaja. Espero les haya gustado y si no díganme y lo borro para reescribir la escena jajaja.