EPÍLOGO
Se observó al espejo y sin poderlo creer aún, escuchaba un par de voces llamarle a gritos pero no podía dejar de ver su reflejo, pasaba ya sus 30 años y apenas lograba aceptar la oportunidad que se le estaba dando, ahora podía ver su realidad más de cerca y la aceptaba gustosa.
Su mirada brillaba, parecía que en cualquier momento se pondría a llorar de la emoción. Alice le ponía una hermosa gargantilla con una piedra preciosa color rojo. Le sonrió desde el espejo y negó con la cabeza.
—Sin lágrimas, tendré que volverte a maquillar.
—Lo siento. — Se disculpó dándose aire con las palmas de sus manos buscando calmarse.
—Mi turno.
Ginny comenzó a peinar su cabello, lo hacía con calma y paciencia. Hermione podía ver la melancolía en sus ojos pero ambas guardaron silencio, acomodó un moño bajo y algunos mechones se salían de éste y por el frente, parecían estar viviendo algo parecido. Usó las flores amarillas que habían llevado esa mañana y una a una las colocó por sus rizos castaños.
—No me queda duda que mereces ser feliz — Hermione asintió, no podía decir nada ya que sentía que en cualquier momento las lágrimas aparecerían.
Se levantó observando el reloj, podía escuchar en el piso de abajo como los invitados iban llegando. Abrió la ventana, sorprendiéndose que Severus estaba sentado en una de las bancas con la mirada fija en su habitación, quizá esperando que abriera las cortinas.
Sonrió al verlo y esas lágrimas parecieron irse, él le dio una disimulada sonrisa, siempre tan reservado y tan serio. Jamás creyó que se casaría con alguien así, pero sabía que no pudo haber elegido alguien mejor, cada cosa que Severus hacía demostraba la lealtad de sus sentimientos, y se maldecía por no haberse casado antes con él, aunque siempre decía que fue mejor así para que sus hijas presenciaran la unión.
—Hermione, es hora del vestido.
…
Bajó las escaleras mientras escuchaba a Alice gritarle a los meseros, al oficial del Ministerio, a Harry, a las chicas que aún acomodaban las flores, a Severus para que se pusiera donde le correspondía, y para finalizar a Hermione que se detuviera dónde estaba.
—Te he dicho que debes esperarla en el jardín… Severus no puedes verla antes de la boda carajo… Hermione no te muevas.
Ella se detuvo aun con las flores en la mano, pero no pudo subir porque Severus ya había llegado hasta donde estaba. La observó sin tocarla, cada centímetro de lo que él consideraba su perfección. Podía oler su cabello y aquel labial rosa que moría por quitar, el vestido liso y sencillo que ocultaba su regalo más preciado.
—Es de mala suerte Severus.
—No creas en estúpidas tradiciones muggles Alice. — Hermione sonrió abrazándolo, su futuro esposo rodeó su cintura alzándola y besándola hasta hacerla reír.
—¡No la beses aún!
—No requiero el permiso de nadie para besarla y tocarla, ahora largo.
Escucharon los furiosos tacones alejarse, no le dijo nada, solo necesitaba abrazarla y bailó con ella en el salón con lo poco que lograba llegar la música desde ahí. Se recostó en su hombro como si nada alrededor sucediera, cerró los ojos dejándose llevar por esa tranquilidad que él le otorgaba.
—¿No irás a huir cierto?
—Nunca. — La besó en la frente creyendo en su palabra y salió del salón.
…
Podía ver que temblaba al verla caminar hacia él, quizás todos los invitados parados la ponían nerviosa, Aurora brincaba desde su lugar provocando que esa corona de flores se le resbalara continuamente. Por fin Severus tomó su mano, lo corroboró, estaba tan ansiosa que temblaba y tuvo que ayudarla a llegar hasta su lado.
…
De perfil vio sus ojos alegres, tan llenos de ilusiones y vida, se giró a verlo tomando sus manos mientras el Ministro leía algo que él no comprendía, se reflejó en sus ojos castaños viendo a través de ellos ese dolor, el sufrimiento que el destino le preparó, vio su pasado y se enamoró de nuevo de ella.
La lluvia no lo dejaba ver, se llevó el cabello mojado hacía atrás y siguió caminando por las calles solitarias y oscuras. Sentía el ligero rastro de la magia de Hermione y continuó por el largo de la calle hasta atravesar un parque. Se detuvo confundido, dejó de sentirla y no detectaba que Draco le hubiera mandado la señal, a lo lejos comenzaba una larga y transitada avenida y fue cuando vio su larga cabellera.
—Granger…
Caminó más despacio al no sentirla tan lejos, pensaba solamente seguirla y ver hacia donde se dirigía, sería bastante incomodo que su ex profesor la estuviera siguiendo, personalmente él opinaba que esa casa en la que vivía y la fiesta infantil de Lily habían terminado por quebrarla, si tan sólo Potter no fuera tan idiota lo habría visto.
Pudo verla caer en las escaleras y levantarse con dificultad, Severus soltó un bufido de cansancio.
—Torpeza o embriaguez…
Empezó a subir esperando que ella bajara para que no lo viera, se detuvo confundido cuando Hermione se detuvo a mitad del puente, ella se quedó inmóvil alzando su cara hacía el cielo. Levantó uno de sus pies cruzando el barrote.
—No… — Severus subió las escaleras tan rápido como pudo, no perdiendo la vista a su ex alumna que solamente se sostenía de las manos viendo hacia abajo, quizás buscando el momento que la orillara a saltar —¡Granger!— le gritó sin obtener resultados.
Notó el puente solo, sin que nadie notara lo que sucedía. Hacía tanto tiempo que Severus no tenía miedo, ese sentimiento que se depositaba en el estómago haciendo sus movimientos lentos. Vio sus manos soltar la barra de metal, se desapareció con un plop para poder llegar a sostener su mano mientras caía.
Mantenía sus ojos cerrados cuando él evitó la caída, la odió en ese momento, esa debilidad que le recordaba a lo que él había sido y era noche tras noche, y odió esa tristeza y desesperación que la habían llevado a tomar esa decisión.
—El agua hará que su mano se resbale — le gritó por fin, no comprendía su mirada, era como si le suplicara que la soltara y al mismo tiempo le suplicara ayuda a algo que ella no lograba comprender.
—Usted no quiere hacer esto Granger.
—¿Y usted qué sabe?
—Lo veo en sus ojos, está pidiendo ayuda a gritos silenciosos.
—¡Suélteme!— con el movimiento que hizo, provocó que su mano se resbalara un poco más, el pocionista buscaba ayuda en quién provocaba en esos momentos una tragedia.
—Haga que esas muertes hayan valido algo, deme la mano— Severus le extendió su brazo, pero ella negó con cierta duda —No sea tonta ¡Maldita sea deme la otra mano!
El pocionista se estiró más a ayudarla, pero ella no se movió, todo había sido consecuencia de lo que había bebido, estaba confundida y se había dejado cegar por el dolor, por sus recuerdos y un presente que no le estaba ayudando en nada, su llanto era tan profundo que casi podía sentirlo, sufría de tal manera que sólo él podía comprenderla, era el miedo, la ira y la frustración la que la habían orillado a tomar esa decisión pero no era la correcta y ella lo sabía, tan sólo necesitaba algo que la hiciera creer en que todo saldría bien.
—No la dejaré caer Granger…
Se quedó quieta por unos instantes pero no cooperó con Severus, sabía que era una locura pero subió sus pies un poco más arriba logrando alcanzar su otro brazo, ella lo observó con miedo cerrando los ojos, ya no sabía que era peor, caer y morir y ser salvada.
—Tranquila, ven.
Cuando logró abrazarla para ponerla a salvo la escuchó sollozar aún más fuerte, la dejó sobre el concreto quitándose el abrigo y secándolo con magia para darle un poco de calor, se agachó hasta donde estaba ella y la cubrió abrazándola, por instinto común era lo único que podía hacer.
—Tiene que quitarse esa ropa mojada, ahora le vendrá bien descansar.
—Me lo quitaron todo, mi esposo, mi hija, mi familia, todos esos sueños… estoy muerta ya — escuchó a penas su voz que se contenía por no quebrarse.
—Nada de lo que yo le diga ahora funcionara Granger, cualquier cosa usted la ignorará, venga conmigo.
—Con Harry no… — pidió apretando sus manos, él la vio en silencio pero asintió, era lógico. Estar con esa familia, ver a niños pequeños y ese amor que se demostraba la pareja la estaba consumiendo poco a poco.
La llevó en brazos aun cayendo el agua sobre de ellos, bajó el puente y caminó con ella, sintiendo su respiración en el cuello y escuchando un ligero sollozo, algunas frases y peticiones que era imposible de realizar. Mientras caminaba algo dentro de él se empezaba mover, tan lamentable que una mujer como ella fuera a terminar de esa manera, su mejor alumna, pero no podía hacer nada por ella, ahora sólo le podía llevar a su casa y darle una noche de paz.
Subió las escaleras de La Hilandera, después de una pelea, gritos, llanto, impaciencia e intranquilidad ella estaba en sus brazos llorando, sus manos arrugaban su ropa ya seca, y él la mecía acariciando su cabello, no podía decirle nada que calmara su dolor, lo sabía, tan sólo le estaba dando la libertad absoluta de que podía llorar y desahogarse.
Con un hipido se dio cuenta que por fin había logrado dormirse, la vio recostada en su pecho, su rostro rojo por el llanto y una respiración más pausada, la inocencia se marcaba aún en sus facciones, y le parecía imposible como una chica tan bella podía llegar a sufrir tanto. Pudo levantarse, debió hacerlo, o mínimo soltarla pero tampoco lo hizo, cerró los ojos y durmió con ella, sin motivo ni razón alguna, lo hizo.
…
Verla día tras día, ser poseedor de las primeras sonrisas y los detalles que poco a poco ella tenía con él, un café por la tarde o darle la túnica antes de ir a trabajar, no podía olvidar el olor al llegar a casa, de la cena que había preparado ella, dejo de comer en la calle para poder cenar con ella. No olvidaría su primera risa, fue con él, y esa dependencia que él creó, la sutileza con la que decía que tenía que comprar cosas en el súper, esperando que él la acompañara, la seguridad que se veía en su rostro cuando él caminaba a su lado.
El romanticismo y la ternura que tenía esa mujer, no se daba cuenta o quizás cuando ella lo empezó a querer se odió porque un hombre la estaba haciendo sentir, pero no pasaba por alto cuando ella provocaba un roce de manos, la sonrisa esperanzadora que le daba, queriendo decir algo y callando todo.
Viendo todo eso fue imposible no enamorarse de ella, no empezarla amar de esa forma tan tranquila, tan leal, no pidiendo nada y solo conformándose con verla sonreír, comprobarle que fue posible que ella pudiera volver a vivir.
…
Se mordió el labio bastante nerviosa y sonrió viéndole a los ojos, sus preciosos ojos castaños brillaban de tal manera que no podía dejar de verla. No podía creer que esas primeras miradas tímidas y tristes se fueran a convertir en una llena de vida, de alegría y de una pasión que no moría mientras él la siguiera tocando.
—Acepto — dijo ella intentando normalizar el tono de su voz, no tenía idea de lo que había dicho el Ministro y no importaba, ese acepto era suyo mucho antes que la misma Hermione lo aceptara.
No podía negar que su petición de matrimonio le sorprendió, la única vez que ella logró dejarlo sin palabras, y nunca fue tan feliz. Más aún cuando ella quiso una boda en forma y no una privada entre ellos, quiso que fuera en su casa, con amigos y familiares, queriendo de esa manera que todos fueran testigos de su unión.
—¿Severus?
—Mmmm…
—El Ministro te preguntó… — él se quedó callado perdido en sus recuerdos, no podía evitarlo, ella sonriendo, el primer beso, la forma en que luchaba por respetarla, cada día estaba grabado en su memoria —… debes decir acepto… creo.
—Claro que acepto — dijo rotundo, no esperando a que el Ministro dijera nada, él la tomó de la cintura y la besó.
Vio a sus hijas sonreír, Aurora aplaudía y brincaba desde su asiento, su hija mayor, la prueba más grande del amor que se tenían, la prueba de que detrás de esa tormenta, podía encontrarse una luz que diera un nuevo motivo para ser feliz, y su pequeña Adeline que los observaba con curiosidad, la pequeña traviesa que lleno la casa de alegría, y finalmente vio a Hermione a los ojos, la mujer que sin proponérselo le había dado esa oportunidad que no había creído merecer.
SS&HG
La joven se probaba la túnica color rojo quemado, sonrió luciéndola con un brillo en su mirada, asintió tomando la siguiente y afilando la que se había probado primero. A un lado de ella su hermana pedía sus túnicas para el siguiente año en Hogwarts, pero veía a su hermana con curiosidad, una mirada cómplice aparecía en ambos rostros y una risita que casi logró delatarlas.
―¡Basta Ady!
―¿No te da nervios volver a verlo? ¡Por Dios, parezco yo más emocionada! Recomiendo decírselo a papá, donde se entere armara una grande en todo el colegio.
―Se lo diré cuando termine la maestría, ¿acaso quieres que me quede sin tutor? ¡Me falta un año! Además papá debería entender, él y mamá se llevan algunos… años ― argumentó tomando la siguiente prenda.
―Claro, 9 años no son comparados con 20 pero ella no era su alumna y no empezó a andar con ella cuando tenía 16…
―¿Me estas criticando a mi o a él?
―A ninguno… ¡Es tan sexy… prohibido y morboso! ― Aurora terminó por arrojarle un abrigo tan pesado que la hizo tropezar sobre el taburete.
―¿Algo más señoritas? ― Las dos se asustaron cuando apareció la dependienta de pronto.
―Sí, estoy esperando los vestidos bajo pedido de Hogwarts.
―¿Maestría? ― la joven asintió ― ¿Gryffindor?
―Lamentablemente si señorita ― dijo una voz arrogante detrás de ellas, un joven de unos 15 años apareció recargado en la puerta con una mirada llena de superioridad.
―¿Lamentablemente? ― le retó Adeline ―. Estamos muy orgullosas de nuestra casa, para tu información.
―Y es por eso que Slytherin ha ganado la copa por cuatro años seguidos ― respondió con arrogancia.
―Bueno ignoren al inadaptado ― Adeline le dio la espalda mientras Aurora reía nerviosa.
―Joven Snape, sus túnicas están listas, ¿gusta probárselas?
―Yo… yo las traigo ― se apresuró a decir la hija de la dependienta, le llevo las túnicas corriendo. Tan sólo una niña de 13 años y luchaba porque ningún suspiro saliera de su boca.
―Confío en el trabajo de tu madre, pero te agradezco las atenciones por supuesto ― le dijo inclinándose ante con ella con educación y respeto, casi logrando que la niña riera en un ataque de nervios ― Con su permiso ― se despidió dejando unos galeones en la mesa.
―¡Pero que arrogancia por Merlín!
―Gracias hermanita.
…
Dentro de los tres Snape, Aurora parecía la más nerviosa por tomar el tren y Adeline guardaba esa sonrisa cómplice con ella, si no eran lo suficientemente cuidadosa terminarían por ponerse en evidencia frente a sus padres. El más joven de los Snape asentía y asentía ante todas las recomendaciones de su madre y las amenazas de su padre.
—¿Has comprendido todo Alec?
—Sí mamá. — Respondió con respeto, pero su mirada estaba fija en ese alumno de Hufflepuff, capital del maldito equipo de Quidditch, inmediatamente el joven le dio un presente a su hermana "pequeña" y ella pareció tan sorprendida que terminó por abrazársele del cuello. Eso provocó que el Slytherin casi saltara sobre de él, sino es porque su padre terminó por sostenerlo de la chaqueta.
—¿Qué es lo que acabo de decirte Alec?
—¡Es un Hufflepuff! ¡Con Adeline!
—Ya hablamos de eso, ella cumplió ya la mayoría de edad este verano y puede estar con quién ella elija y si yo que soy su padre no me he opuesto, tú debes hacer lo mismo.
—Es muy poca cosa para ella.
—¡Basta Alec! Sube al maldito tren e intenta comportarte, espero que al menos por esta noche no hagas perder ningún punto a tu casa. — Le echó en cara con reproche.
—¿Qué más da? Los recupero al día siguiente — el joven le dio un beso a su madre y asintió a su padre en forma de despedida, subiendo al tren sin perder de vista a su hermana.
—¿Viste cómo me respondió?
—Sí — dijo Hermione riéndose — es tan arrogante como tú.
—Que graciosa.
…
Y de nuevo comenzaba otro año para el matrimonio Snape, con los hijos en Hogwarts y los negocios que tenían funcionaban en perfecto estado. Alice era la supervisora de uno de ellos, su pequeña hija Eileen se marchaba el siguiente año a Hogwarts y podría dedicarse a expandir el negocio.
Severus y Hermione planeaban salir de vacaciones tan pronto como arreglaran los últimos detalles, el pocionista estaba en la oficina de su boticaria central y veía tantos folletos como podía, había varios lugares a los que valía la pena ir, debía comentarlo con su esposa. No se dio cuenta en qué momento su puerta fue abierta y su privacidad invadida, pero al ver a la joven que estaba frente a él, lo olvido.
—Qué cara tan seria… ¿qué veías?
—Me iré de vacaciones con Hermione, ¿a qué debo el honor de tu visita? Pensé que ya te habías olvidado de mí — le reprochó viéndola a los ojos.
—Eso nunca — le aseguró abrazándole, Severus rio al sentir esa alegría juvenil que le otorgaba ella — Mira a quién traje.
—¡Claire! Ven acá — la pequeña pelirroja de dos años abrazó a su padrino tan pronto como pudo — ¿Les hace falta algo Lily?
—No te preocupes, estamos bien. Incluso he podido ahorrar y nos cambiamos a un departamento más grande.
—Sino fueran tan orgullosa de aceptar mi ayuda o la de tu padre — le recriminó con sutileza.
—No podría, ustedes me advirtieron que ese matrimonio no me llevaría a nada bueno, al menos quiero demostrar que puedo hacerme responsable de mis acciones y con el trabajo que me diste… es suficiente ayuda con eso.
—No olvides que cualquier cosa…
—Estas ahí para mí — terminó asintiendo con cariño —, gracias, hay días que no sabría que hacer sino te tuviera.
El encuentro fue interrumpido cuando una lechuza atravesó la oficina de Severus, dejo una carta sobre el escritorio y se fue tan rápido como llegó, cuando el pocionista vio el sello un gesto de enojo apareció en su rostro de inmediato. Dejo a la niña sobre el escritorio y abrió la carta, arrugándola en el acto.
—No tiene ni 24 horas en el maldito colegio.
—¿Alec? Bueno… es joven y…. ¿a dónde vas?
—Con su madre.
—Es tu esposa — le dijo con fastidio — No creo que debas molestarla, fue a llevarle flores a Rose, eso es sagrado… ¡Se va poner furiosa! — le gritó para que alcanzara a escucharla.
—¡Furioso estoy yo!
Lily guardó silencio mordiéndose el labio, no estaba tan seguro quién de los dos podía ganar esa pelea, él por el mal comportamiento de su hijo o Hermione cuando la interrumpiera a gritos en pleno cementerio, en un acto tan íntimo y privado.
…
Aquellas orbes azules veían a Hermione con devoción, se había convertido en una preciosa mujer, exitosa y alegre, le gustaba contemplar cómo había podido recuperarse de su partida, saber que pudo lograrlo y no tuvo que atormentarse más tiempo en su tumba al verla destrozada y en un estado tan deprimente que llegó a llenarse de rabia. Su pequeña hija se encontraba sentada de espaldas a él mientras Ron le peinaba, al igual que él le fascinaba disfrutarla así tan feliz, siempre hablando de lo que hacían sus hermanos, lo dichosa que era, y lo mucho que seguía extrañándola. Siempre existía una mirada y unas palabras de amor para Ron, éste siempre asentía pero comprendía que había un hombre que le enseñó a amar de nuevo.
Su hija reía cuando su madre les contaba lo que habían hecho esas vacaciones y se sorprendió con la nueva noticia de Aurora, vio a su papá sorpresivamente y sonrió también. Pero esa sonrisa se cortó cuando una carta fue azotada en la tumba, ambos alzaron la vista para ver ahí al pocionista con un rostro excesivamente furioso, casi fuera de control.
―¿Qué es eso?
―¡Tu hijo!
―¡Oh por Dios! De nuevo es mi hijo, cada vez que llega una queja de Hogwarts es mi hijo pero en las premiaciones de Pociones, Defensa contra las Artes Oscuras y Aritmancia era tu hijo también ¿no? ― le dijo Hermione intentando calmarse.
―No intentes desviar el tema, ese chico es incorregible.
―¿Quisieras esperar a escuchar su versión?
―¡Lee esa carta! ― Hermione leía la carta con rapidez, palideciendo de pronto y poniendo una cara preocupada, tragó en seco pensando en todas las consecuencias que podría traer el carácter de su pequeño hijo ― ¡Ni una maldita excusa! No quiero escuchar de tus labios que lo proteges, que lo estas disculpando o algo parecido, porque no servirá ¿me has entendido? ¡Tan pronto lo expulsen se irá a Durmstrange!
―¿Papi el profesor Snape era enojón cuando lo conociste? ― preguntó Rose abrazando a su padre.
―Demasiado, él hablaba y hacía temblar a más de la mitad del salón, era extremadamente aterrador.
―¿También te daba miedo papi?
―¿Qué? ¿A mí? ¿Miedo? No, claro que no princesa, yo nunca le tuve miedo ― mintió alzándosele el pecho ―, tu tío Harry temblaba al escucharlo o cuando lo regañaba, pero yo nunca le temí.
―¿Y mami?
―Tu mamá también le temía pero no te preocupes, que ella lo solucionará echándolo de la habitación un par de noches y ese señor suplicara su perdón princesa.
―¿El profesor le teme a mami?
―¡Como a nada en el mundo!
―¡No lo volveré a repetir Snape! Te atreves a llevarte a mi hijo lejos y te quedas con todo, me voy con él ¿me has entendido? ― Hermione acomodó las flores en ambas tumbas y le dio un beso con las manos en forma de despedida.
―¿A dónde crees que vas?
―A mí casa, tú… ni llegues.
―¿Me estas echando? ― La discusión se vio interrumpida cuando la lechuza de su hijo dejo caer la esperada carta, Hermione fue quién la tomó de inmediato ―. Aurora nunca dio esos problemas, siempre fue impecable en su comportamiento y educación y Adeline era inquieta pero… Alec…
―Alec también es tu hijo, aunque sea varón es tu hijo idiota, y no se irá, no lo expulsaran, acaba de informármelo. Puedes terminar ya el drama. — Su esposo le arrebató la carta ante la mirada aterrada de Hermione.
―Bueno aun así iré a Hogwarts a disculparme con el profesor Green, y me llevaré a Alec para que le pida una disculpa y… ― se quedó callado cuando terminó de leer la carta de su hijo ―. Matare al muy hijo de perra.
―¿Y dónde quedará la disculpa?
―¡Tocó a Aurora! Alec debió matarle a golpes.
―¡Lo mandó a enfermería! ― le dijo escandalizada, la carta fue clara, por fin Alec había descubierto el romance que su hija mantenía con su tutor de Runas Antiguas, debía estar agradecida que Alec no le había provocado daños mayores.
―Ese maldito cretino, voy ir a Hogwarts y exigiré la renuncia de ese tipejo, luego lo denunciaré por abuso, sacaré a Aurora de ahí, mi princesa siendo acosada por ese maldito, Alec actuó tal como le enseñé, debía proteger a su hermana.
―Ya es tu hijo de nuevo, y tu gran orgullo ― escupió con enojo Hermione ― espera, aún no vayas a Hogwarts, debemos hablar con Aurora, no sabemos que pasó.
―Alec los vio en su despacho… haciendo… sabrá que cosas.
―Quizá… pues…
―¿Quizá qué? ― preguntó con fastidio ―. ¿Sabes algo? ¿Algo que yo ignoro? ― El silencio de su esposa lo hizo soltar un bufido ―. ¡Por Merlín ya dime!
―Le dio el anillo este verano, se casan cuando termine la maestría.
―¿Qué?
―Lo ama Severus ― el pocionista se quedó completamente callado y la vio con enojo y tristeza.
―¿Desde cuándo esta con ese bastardo? ¡Responde!
―Ella te lo contará todo cuando venga en vacaciones, ahora vamos a escribir a la directora para agradecer que el profesor lo haya disculpado y no lo expulse.
―No, iremos a ver a ese idiota para que… me dé la cara.
―Severus… Aurora ya está haciendo su vida con él, debemos aceptarlo. ― La vio con coraje y frustración.
―No. ― Hermione suspiró derrotada.
Cuando Severus se dio la vuelta para retirarse una Aurora apresurada llegaba corriendo, el temor se notaba en su cara y parecía que se iba desmayar en cualquier momento.
—Hija, ¿qué haces aquí?
—Papá… yo… fui a buscarte a la oficina, Lily dijo que estarías aquí.
—¿Aurora saliste de Hogwarts sola?
—Hoy por la mañana… cuando Alec mandó la carta, creí que llegaría antes — confesó bajando la vista.
—Yo solucionaré esto princesa.
—No papá — lo detuvo con firmeza —. Es verdad lo que dijo Alec, pero no se aprovechó de mí… yo… él es mi prometido y… tenía tiempo que no lo veía, ¿papá?
—Estas confundida, pero unos días en casa te ayudarán a…
—No, no me alejaré de él — Severus vio la angustia en su rostro y temió tanto —. Nos casaremos en un año, le amo mucho papá.
—Aurora… — Severus quiso sacarla de Hogwarts, matar a ese profesor de quinta, hacerle saber que merecía algo mejor, pero vio sus ojos, sus orbes color ámbar aún tan brillantes, radiantes, llenos de vida, ilusionados. Guardó silencio y asintió, no pudo alejarla de ese imbécil que se la arrebataba, no podía ser el culpable de oscurecer su mirada —. En dos años, y tendrá que pedir tu mano como corresponde y respetarte.
—¡Lo hace!
—Debe hacerte feliz y cuidarte.
—Papá no te preocupes, estaré bien.
La joven abrazó a su padre, por primera vez en muchos años él tembló al sostenerla, le dolía el pecho al comprobar que había crecido. Hermione respiró por fin, sabía que no podía hacerle daño a Aurora pero le sorprendió con qué facilidad había aceptado el matrimonio.
—Voy a llevarte a Hogwarts.
—Puedo ir sola por chimenea.
—No, iré para hablar con… el profesor Green, debo dejarle claras un par de cosas, seguro que Alec no lo hizo.
—¡Papá!
—Iré y es mi última palabra. — Hermione rió divertida, por mucho amor que les tuviera Snape no dejaría de ser Snape —. Y apresúrate que tu madre y yo saldremos de viaje esta noche.
—¿En serio mamá?
—Así es cariño… aunque no sé a dónde… locuras de tu padre.
Severus tomó su mano y comenzaron a caminar a la salida del cementerio, Aurora a la par empezaba a enumerar todas las virtudes del prospecto, su madre sonreía con ternura mientras que su padre intentaba no caer en la histeria, al final terminó viendo a su esposa y sonriendo también, si ella no estaba preocupada él no debería de estarlo.
―Papi el profesor parece muy triste ¿si habrá boda?
―Sí hermosa, pero debes comprenderlo ese profesor idiota intenta quitarle a su princesa ― respondió con comprensión abrazando con fuerza a Rose.
―¿Tu también habrías actuado así?
―¡Por supuesto! Usted es mía señorita ― le dijo haciéndola reír y abrazándola, caminó de regreso al ver que Hermione se había ido, pero volteó una vez más para ver su silueta alejarse ― Eres feliz mi Herms… valió tanto la pena…
FIN
N/A: Bueno con esto terminamos con este fic, gracias a todos por tan buen recibimiento, espero les guste el epilogo. Nos seguimos leyendo en Oculto y Una promesa no cumplida. Besos
Yetsave: Bueno yo también creía que podría quedar sin epílogo, pero algunas chicas lo pidieron. Besos
Lynette P. Broderick: Gracias por tus bellas palabras, nos seguiremos leyendo en los otros fics, por ahora no quiero iniciar el nuevo, pero quizá en julio lo pueda empezar. Besos
Samaria Reed: Perfecto, esa es la intención, que les guste. Nos seguimos leyendo guapa, saludos.
Yazmín Snape: Cumplí con la promesa, espero te haya gustado como quedó al final… y no soy cursi.
Issis Snape: Tu me amas a tu conveniencia, pero te tengo una buena noticia en una semana quizá ya tenga el capítulo del fic que quieres. Besos
Snape Eileen: Hola guapa, es comprensible. Todas nos queremos casar con él, espero hayas disfrutado el epílogo. Besos
Lily Ann Snape: Epílogo entregado, espero te haya gustado. Gracias por comentar. Besos
Lui Nott: Si recuerdo, siempre me agarras en los finales, y es bueno, ya que a veces me demoro en actualizar. Decidí complacer a algunas chicas que me pidieron el epílogo, ahora si me dedicaré a "Oculto". Nos seguimos leyendo. Besos
Xerxes Eli: Niña hermosa, gracias por seguir mi historia hasta el final, espero haya sido de tu agrado el epílogo. Besos
Eydren Snape: Y con esto finalizamos el fic Eydren, gracias por comentar. Besos
