TREGUA
Ya hacía una semana desde que encontraran los cofres de oro y los hombres estaban deseosos de llegar a puerto y gastar parte de sus ganancias,pero Flint tenía otros planes, y así se lo hizo saber a su contramaestre. Los dos estaban reunidos en el camarote del capitán. Elda también había sido requerida a la reunión, aunque había intentado rehuir el compromiso, Flint había insistido en que estuviese presente.
- Si volvemos ahora hasta que no se gasten todo lo que tienen no habrá modo de que vuelvan a embarcar.- Argumentaba Flint.- El objetivo de este barco y de cualquier barco pirata ya sabes cual es-. Le decía a Billy mientras este lo escuchaba serio.- Así que de momento no volveremos a Nueva Providencia, buscaremos más botines.
- Los hombres no estarán contentos.- Le advirtió.
- Diles que su bolsa crecerá.
Billy movió la cabeza, nada convencido.
- ¿Se trata de usted verdad?, no ha conseguido lo que quería y no parará hasta tenerlo.- Miró fijamente a su capitán, este le devolvió la mirada,en su boca una mueca de desagrado.- Lo veo en sus ojos, esta obsesionado con algo, nos arrastra a todos en lo que diablos sea lo que busca. ¿Se cree que no veo como nos usa para su propósito sea cual sea?.- Billy miró a Elda buscando algo de ayuda, de apoyo, pero ella seguía callada, sin intervenir.
- ¿Te estas negando a obedecer mis ordenes?.- Preguntó Flint en tono cortante.
- No capitán, pero si cuestiono los motivos.
- Todo son quejas, siempre con la amenaza de un motín.
- Deles un poco de margen.- Insistió el contramaestre.- Necesitan unos días para disfrutar de lo conseguido.
- No tengo tiempo para esto-. Dijo levantándose con furia.
Billy lo miró, y apretando las mandíbulas se enfrentó a él.
- No es justo capitán, le obedezco y le sigo sin cuestionarle, cumplo sus ordenes aunque no las encuentre razonables o justas. En cambio usted no confía en mi, no me cuenta nada, así como quiere que confíe, que le defienda ante la tripulación.
- Eso de que no me cuestionas deja que lo dude.- Hizo una pausa.- Pero lo acepto porque es parte de tu trabajo, en cuanto a mi silencio es cosa mía, tengo mis motivos, y no tengo por que compartirlos contigo, mientras os llene la bolsa no tenéis derecho a queja.
Elda estaba inquieta y preocupada, entendía a los dos hombres, sus motivos, pero no podía intervenir en favor de Billy aunque una parte de ella creyera que tenía razón. No podía poner en duda a su capitán, era una situación incomoda y difícil y por eso había intentado rehuir la reunión.
Billy seguía buscando su mirada, que intercediera entre el capitán y la tripulación, pero ella seguía callada, limitándose a escuchar.
- Pero seguro que ella si que los conoce.- Afirmó Billy mirando dolido a Elda.- Hace tiempo que sirvo bajo sus ordenes, cumpliendo con mi deber pero a eso a usted le da igual.- Billy estaba más dolido que enfadado.
- ¿Billy, me estas desafiando?.- Flint instintivamente se llevó la mano a la pistola que colgaba de su costado y Billy hizo lo mismo. Los dos mirándose a los ojos.
Elda también se puso de pie, alerta, en las palabras y actitud de Flint veía esa obsesión ciega , fue consciente de que Flint no se detendría ante nada ni ante nadie con tal de conseguir su meta, de hacer realidad una promesa que tenia gravada a fuego en su ser.
- ¡Siéntate!.- Le ordenó Flint secamente y ella obedeció, pues no quería empeorar la situación.
- Capitán, solo le pido que piense en sus hombres, es lo que un buen capitán hace.- Dijo Billy alejando la mano de su pistola y adoptando un tono más pacífico.
Esta vez Flint miró a Elda, su ceño fruncido y una mueca de disgusto en los labios. Ella lo miraba con atención, en sus ojos un ruego, una suplica. Flint supo interpretar su mirada. Apartó la mano de la pistola y juntó las manos tras su espalda. Miró fijamente a su contramaestre.
- Algún día tu y yo no tendremos suficiente con las palabras.- Lo miró de reojo.- Nos parecemos más de lo que piensas.- Hizo una pausa.- Voy a seguir tu consejo, volveremos a Nueva Providencia, pero con una condición.
- Le escucho.- Billy exhaló un suspiro de alivio.
- Les dirás a los hombres que no tendrán las 60 monedas para gastar,no quiero que desaparezcan durante días, o que los maten para robarles el dinero.- Billy iba a protestar pero Flint lo acalló con un gesto de la mano.- El Sr. Dufresne dará a cada hombre dinero para gastar a gusto, pero no la totalidad de sus ganancias, el contable llevará un registro del dinero de cada marinero, todo se hará rigurosamente.
- Así se asegura de que volverán-. Dijo Billy.- Nadie pierde.
- Exactamente. Habrá muchos que querrán robarnos el oro conseguido, solo falta que se lo pongamos en bandeja. Creo que es una decisión justa.
Billy asintió, no estaba convencido del todo, sabía que los hombres se quejarían, pero tenia que admitir que era un buen modo de proceder, por experiencia propia sabia lo que pasaba cuando los marineros tenían dinero, aunque el plan era en beneficio de Flint, cosa que le enfurecía, ese plan a la larga beneficiaria a sus compañeros, y en el fondo, eso era lo que tenía que hacer un capitán y él como contramaestre. Velar por la tripulación.
Así que salió a cubierta y notificó a sus compañeros de las órdenes de su capitán.
- No es justo, ese dinero es nuestro, nos lo hemos ganado.- Dijo un marinero llamado Jack
- Estas son las ordenes y son por vuestro bien y vuestra seguridad, el dinero estará a buen recaudo en el barco,tendréis lo necesario para corremos una buena juerga y para comprar lo que necesitéis.
- Yo no necesito que nadie guarde mi dinero-. Gritó otro marinero, y muchos le secundaron.
- A ver chicos, muchos de vosotros seguro que no mantuvieseis la boca cerrada y largasteis que íbamos a por el oro del Urca, así que más de uno estará esperando nuestra llegada.- Los miró a todos, y éstos parecieron entenderle.- No hemos conseguido todo el oro, pero tenemos más de los que tienen ellos, es mejor hacerlo de esta manera, eso evitará que os lo gastéis todo de golpe y evitará que os maten para robároslo, estando aquí en el Walrus nadie osará enfrentarse a Flint para robarlo.- El argumento de Billy era bueno.
- Yo ya se defenderme-. Gritó otro marinero sacando una cuchillo del cinto mientras otros marineros asentían al gesto.
- Estas son las órdenes.- Insistió Billy, su tono se había vuelto más autoritario.
Los hombres estaban mas convencidos, pero aún tenían dudas y recelaban.
- Nuestro dinero no puede estar mejor que en el Walrus. Flint lo protegerá y yo confío en mi capitán.- Intervino con timidez Jimmy, el ayudante de cocina, y todos miraron al chico, pues Jimmy era tímido y callado y les sorprendió que participara de la discusión.
- Tienes razón Jimmy, el capitán lo hace por nuestro bien.- Era una verdad a medias, pero el resultado era beneficioso para ellos,aunque no la intención de Flint, y Billy lo sabía.
- Entonces yo estoy conforme con que el capitán guarde mi oro.
- Yo no necesito que nadie haga mis cuentas.- Gritó Bob Nueve Dedos.- Me basto yo solo, no necesito ayuda.
Muchos asintieron al argumento del viejo marinero. Elda miraba a los hombres, a Flint y al joven ayudante alternativamente.
- Yo ni se de números ni de letras.- Dijo avergonzado el muchacho bajando la vista al suelo.- A sí que estoy conforme con las ordenes del capitán, esta bien que alguien vele por mis intereses.- Concluyó su argumento.
La sinceridad del chico pareció calar en las mentes y corazones de los piratas, y éstos acabaron asintiendo pues sus palabras no eran desacertadas.
Elda estaba apoyada contra la barandilla de proa, escuchando. El argumento del chico era claro y tenia razón, pero ella sabia las intenciones y lo que movía a Flint y por primera vez sintió crecer la furia dentro de ella. Vio como jugaba con sus hombres, como los utilizaba . Alzo la cabeza hacia el castillo de popa donde estaba Flint, con porte erguido y desafiante. Y una parte de ella lo admiró por su determinación, y otra parte lo maldijo por su sangre fría, lo maldijo por haberse permitido cambiar de ese modo. Finalmente pensó en que también lo compadecía. Había jurado ayudarle y lo haría, no siguiéndole ciegamente en su Odisea personal, si no que intentaría ayudarle a encontrar de nuevo el camino, a que se congraciase de nuevo con el mundo.
Tras la intervención del joven Jimmy hubo un cambio de actitud en los hombres, algunos a regañadientes, pero todos acabaron acatando las órdenes del capitán, ahora sus mentes ya distraídas pensando en como se gastarían la parte que recibirían.
Flint asintió en reconocimiento cuando Billy lo miró, éste le devolvió el saludo y luego con grandes zancadas fue hacia popa donde tenia cosas que hacer.
- Has estado muy ocupado todo el día-. Le dijo Elda cuando se cruzaron en cubierta, era ya media tarde.
- Si, tengo trabajo-. Fue la evasiva respuesta de Billy y desapareció por las escaleras que llevaban a la cubierta inferior dejando a Elda desconcertada.
Estaba pensando en la actitud del contramaestre cuando vio a Jimmy subiendo agua por babor.
- ¿Puedo ayudarte?.- Le preguntó ella en tono amable.
El chico la saludó
- Oh no señora-. Le contestó.- Este es mi trabajo
- Bueno, es que ahora mismo no tengo nada más que hacer.- Insistió ella
- Este no es trabajo para la matasanos-. Vio que el muchacho enrojecía, avergonzado.- Lo siento- Se disculpó.
Elda rió y Jimmy pareció relajarse.
- Tranquilo, soy la matasanos, no me has ofendido-. Le dijo sonriendo.- Entonces ¿ no puedo ayudarte?
- No señora, si el capitán se enterase me castigaría por haberlo permitido.
- Has sido muy valiente al intervenir.- Le dijo ella con un sonrisa y él se encogió de hombros.
- He dicho la verdad.- Dijo sonrojándose.
- No debes avergonzarte por no saber leer, la mayoría de este barco no saben.- Le dijo ella intentando animarle.
- Lo se.- Contestó él.- Pero cuando veo esos libros, los mapas... me gustaría tanto saber que cuentan, que dicen.
- Bueno, nunca es tarde para aprender.- Aventuró ella.
El sonrió con tristeza.
- Para mi si, señora.- Le contestó mientras le saludaba de nuevo y desaparecía por las escaleras dirección a la cocina.
Elda se quedó pensativa, viendo como el muchacho volvía a sus quehaceres en la cocina, y de repente supo lo que tenia que hacer, así que se encaminó hacia el camarote de Flint.
- Esto no es una escuela.-Le contestó molesto , estaba de pie ante su mesa, revisando unos mapas cuando Elda entró. La idea de enseñar a leer a Jimmy no sabia si le divertía más que enfurecía.
- Pero James, lo haríamos en su tiempo libre,supongo que tendrán turnos de descanso.- Le dijo con ironía
El la miró con un brillo de enojo en sus ojos, pero despareció al ver la sonrisa burlona de ella.
- Y luego qué, ¿enseñarle de números? O mejor aún, ¿a coser heridas?
- Pues no estaría mal tener un ayudante.
- Venga ya, estaba de broma.- Contestó él alzando los brazos.
- Pues yo no, quiero enseñar a ese chico y tengo tiempo para hacerlo. La mayor parte del día me paseo por cubierta o estoy encerrada leyendo, quiero sentirme útil y ya que no me permites ayudar en cubierta...
- ¿Y si el resto también quiere que les enseñes qué? Entiendo tus motivos y son muy nobles, pero no puedo hacer excepciones ni concesiones. Ya sabes como es la vida en un barco, no puedo otorgar privilegios.
- James, desde que me ayudó con los heridos tras el abordaje al Argo, que le he estado observando, es buen chico, es listo, querido por la tripulación, es trabajador, y tiene curiosidad por aprender. Dale la oportunidad de ser algo más que un ayudante de cocina.
- Mmmm...
- Se que a ti también te cae bien, y habló a tu favor.- Intentó ella.- Creo que es el único que realmente te ve como un héroe.
- Ah no.- Dijo él serio.- No juegues con eso.- Ella le miró de reojo.- Es cierto, es un buen chico, pero yo ya hice mi parte cuando le ofrecí servir en el Walrus.
Ella le interrogó con la mirada.
- Lo encontré deambulando por el puerto, se había escapado de un orfanato, estaba en los huesos.
- Vaya, por fin un poco del antiguo oficial McGraw.- Exclamó ella alzando los brazos al cielo.
- Es cierto que se ha esforzado mucho y que aprende rápido, pero de momento no lo puedo autorizar Elda, lo siento. Quizá más adelante.
- ¿Que diferencia hay en hacerlo ahora o más adelante? No lo entiendo. Además ahora tendremos unos días de relativo descanso, ¿no?
- Tengo otros planes para ti.- Y no añadió nada más.
- ¿Que quieres decir?.-Inquirió ella sorprendida
- Ahora no podemos hablar, cuando lleguemos a Providencia te lo explicaré. Y ahora por favor retírate.
- Pero... - Intentó ella
- Te estoy dando una orden, cúmplela.- Y dio por terminada la conversación.
Elda salió confusa y enfadada, no entendía la actitud de Flint, quería hablar con Billy saber su opinión al respecto de enseñar a Jimmy, lo encontró hablando con uno de los carpinteros. Esperó a que acabaran y se le acercó.
- Billy ¿puedo comentarte una cosa?
El la miró mientras se limpiaba las manos con un trapo.
- Ahora no, estoy ocupado.-Fue la tajante respuesta de él.
- Solo será un momento.- Insistió ella.
- He dicho que estoy ocupado, ¿por que no vas a hablar con Flint?.- Le soltó.
Ella lo miró sin entender aquella actitud.
- ¿A que te refieres?.- le preguntó.
- ¿De verdad me lo preguntas?.- Fue su respuesta, ella lo miraba, esperando una explicación.- Esta mañana, en su camarote, podías haber hablado, pero te has callado. ¿Ahora si que quieres hablar?.- En su tono había ironía.
Entonces ella lo comprendió.
- Billy no podía apoyarte, aunque tuvieras razón, no podía desautorizar a nuestro capitán, y tu lo sabes.
- Déjalo, tu lealtad o lo que sea que tienes hacia él te ciega.
- Billy, eso no es verdad. Le cuestiono si es necesario, ¿te crees que estoy de acuerdo con todo lo que ordena?, pero ahora es mi capitán.- Intentó explicarse.- Hay unas normas y tu las conoces.
Él la miró y luego sin decir nada más se alejó.
Elda se quedó atónita, no esperaba aquel sermón. Sus palabras sorprendentemente le habían dolido, tenía que reconocer que le importaba lo que él pudiese pensar de ella. Vio como se alejaba dirección al castillo de popa, se mordió el labio y decidió desaparecer. Así que fue a su rincón preferido, en proa, apoyada en el mástil que sujetaba el foque, viendo como el mar rompía contra el buque con toda su fuerza. Allí estaba tranquila, nadie la molestaba, y podía pasarse horas tan solo viendo el océano delante suyo y mirando hacia arriba,viendo como las velas se henchían con el viento, haciendo avanzar al Walrus. Y allí se quedó, dormida , hasta que el grito de un marinero que anunciaba cambio de guardia la despertó.
Descargaron el botín conseguido del abordaje del Argo y luego y tal y como Flint había prometido, cada hombre tubo parte de su oro, como la vez anterior se establecieron turnos de vigilancia, todos bajarían a tierra, pero el Walrus no se podía quedar sin centinelas.
La mañana había sido muy ajetreada con la descarga de la mercancía, Elda quería hablar con Billy, ahora ya no se sentía dolida, estaba molesta, casi enfadada por el comportamiento de él, pero éste parecía haber desaparecido, Flint reclamó su atención y por el momento Elda se olvidó de él.
- Acompáñame.- Le ordenó mas que pidió,su semblante grave.- Vamos a dar una vuelta
Ella se extrañó de tal ofrecimiento, pero le siguió. Anduvieron un buen rato hasta que se alejaron del bullicio del puerto, el sol caía a plomo y les hacia sudar en su paseo por la playa, Elda seguía esperando que Flint hablara.
- Tengo una misión para ti, algo de suma importancia.- Dijo deteniéndose cuando creyó que ya se habían alejado suficiente de oídos indiscretos.
- Tu dirás, me tienes muy intrigada.
Él la cogió por los hombros y la miró atentamente.
- Necesito que me ayudes a esconder el oro.- Dijo finalmente, y ella no pudo quedarse más asombrada.
- ¿Qué quieres decir con esconder?
- Quiero que vayas a Londres con el oro.
- ¿A Londres? Pero...
- Escúchame bien.- Le dijo mirándola fijamente.- Había pensado en enterrarlo en algún islote, pero implicaría a demasiadas personas, y he pensado que estará mejor custodiado en un banco, delante de sus narices.
- Pero tanto oro suscitará preguntas, no se puede...
- Tengo contactos, con sobornos puedes conseguir casi todo.- Dijo triunfante Flint.
Ella le miró perpleja.
- Lo tenias todo penado, ¿eh?
- Bueno, todo no, pero encontrarnos a sido una bendición. Solo puedo confiar en ti.
- ¿Y como lo haré? Un cofre no pasa desapercibido James y toda la isla pronto sabrá lo que encontramos.
- No te preocupes, lo tengo todo planeado. El oro irá escondido en varios toneles, y viajaras con los toneles en el Hope, un barco que hace algún tiempo adquirí en una subasta. Eleanor nos ayudará.
- A cambio de una considerable suma,supongo.
Flint asintió.
- Muy previsor y muy listo. - Le contestó ella.- ¿Ese era tu plan desde el principio? No me habías dicho nada.- Le recriminó ella.
- No sabia si eras la misma que conocí en Londres hace 10 años.- Contestó él .-Pero al confirmar que tu afecto y confianza siguen igual, empecé a urdir un nuevo plan.- Se explicó él.
- Tienes muchas cartas escondidas James.
- He aprendido a ser cauto y a pensar por adelantado. Cuando decidí irme de Londres y comenzar esta nueva vida, abrí una cuenta donde deposito todo lo conseguido. Espero tener algún día suficiente dinero para hacer de Providencia un sitio prospero y legal como Thomas quería.
- ¿No levantará sospechas que me vaya?, acabo de incorporarme a tu tripulación.
- Yo doy las ordenes y tu las cumples, no hay más explicaciones que dar.
Elda movió la cabeza, asintiendo.
- ¿Y una vez en Londres?
- Te daré los documentos e impresos necesarios para que el oro sea ingresado en una cuenta que te facilitaré. Llevo tiempo planteándolo, comprando favores a través de intermediarios. Eleanor me ha ayudado. No tendrás problemas. Usaras el apellido de tu madre, y serás mi hombre de confianza.- Hizo una pausa.- ¿Aceptas?
Ella no contestó enseguida, volver al bullicio de Londres, al gentío, a esa ciudad gris y llena de humo no le atraía lo más mínimo. Pero también se le abría una oportunidad para indagar en un asunto que hacia tiempo que la inquietaba y preocupaba.
- ¿Dudas?.- Le preguntó él
- Es una enorme responsabilidad. Agradezco sinceramente la confianza que depositas en mí.
- Solo tu puedes hacerlo.- Le dijo con vehemencia.- ¿Aceptas?
Y ella le tendió la mano que el estrechó con fuerza y con una sonrisa de alivio en sus labios.
- Partirás mañana al alba.- Le informó él.
- ¿Tan pronto?.- Estaba abrumada.
- No podemos perder tiempo, el oro tiene que salir de la isla enseguida. Supongo que no tengo que decirte que no debes hablar de este asunto y no podrás despedirte de nadie.
Ella lo miró sin entender, él enarcó las cejas y por fin compendió
- ¡Billy! Te refieres a Billy-. Flint asintió
- No hay nada entre nosotros.- Dijo ella quitándole importancia
- ¿Estas segura?. - Insistió él.
Ella calló.
- Tengo ojos, veo como Billy te mira, y la otra noche sin quererlo os oí hablar.
- James, es complicado
- No, no lo es.
- Desde que perdí a Hideaki si.
El la miró desconcertado.
- ¿En todo este tiempo no ha habido nadie?
Ella se encogió de hombros.
- Nadie serio James. Porque lo nuestro no se puede decir que fuese algo serio.- Él le sonrió con afecto, recordando el breve tiempo que habían estado juntos.
- Pero fue intenso-. Le dijo guiñándole un ojo y ella soltó una carcajada.
- Ya sabes lo que quiero decir.
- Comprendo.- Se limitó a decir él.- Bueno, es cosa tuya
Ella asintió.
- Ahora mismo creo que las cosas con Billy están algo tirantes.- El enarcó una ceja.- Esta enfadado porque no lo apoyé en la reunión del otro día.
- Actuaste bien y él lo sabe.
- Lo sé, pero tu no tenías razón y él si. Supongo que se sintió traicionado.
- Actuaste correctamente.
- ¿Seguro?
- ¿Que quieres decir?.- Le preguntó sin entender.
- No se James, tengo miedo de que el cariño que siento por ti pueda cegarme y no ser imparcial en todo este asunto. Billy me hizo dudar, la verdad. A veces tu comportamiento es irracional, obsesivo.
- Agradezco la sinceridad, de verdad, pero es él quien se equivoca, - Ella se mordió el labio. - Y aunque Billy no lo sepa, no solo fueron sus argumentos los que me convencieron, fuiste tu. No tienes porque hablar, entiendo tus miradas y gestos, por eso te quería en la reunión.
Ella suspiró.
- Te quiero a mi lado.- Sus ojos la traspasaron con la mirada.- No me falles.
- No puedo irme sin más, no quiero irme dejando las cosas así.
- NO puedes explicarle nada, lo sabes.
- No hace falta que le explique los motivos, solo que tengo una trabajo que me has ordenado hacer y por eso me marcho.
El rumió pensativo y finalmente asintió en consentimiento.
CONTINUARÁ...
