Advertencia: Lenguaje vulgar, lime.


Capítulo 14

De novios

Aquella mañana el sol brillaba con intensidad, muchos estudiantes reían y hablaban animados, otros cansados esperaban sentados en alguna banquilla que el bus que los iba a llevar al aeropuerto llegara. Un grupo de chicas se habían acomodado en la banca más alejada de la multitud de 2°. A la sombra de un gran árbol de cerezos, la plática parecía más interesante que cualquier paisaje de Kantô.

― ¡Estoy diciendo que lo vi con mis propios ojos!―insistió Sasha.

―Pero eso no dice mucho ¿O sí?―preguntó insegura Ann.

―No sé ustedes―comentó Mine―pero creo que Sasha, exagera.

― ¿Es que no entienden? ¡Los vi!―exclamó exaltada la castaña, algunos compañeros cercanos a la banca de las chicas voltearon a verla, Sasha se cubrió la boca rápidamente y susurró―no es primera vez que veo a Ouji cerca de la Presidenta. Ustedes mismas lo han notado, entre ellos hay algo ¡Y anoche los vi!

―Pero ¿Qué viste exactamente?―preguntó curiosa Ann, el grupo se encogió inconscientemente cuando cada una se acercó más a Sasha, rodeándola en un pequeño círculo donde todas sus cabecitas estaban a media altura para poder escuchar con atención la respuesta.

―Vi a Bulma seguir de largo en el pasillo donde estaba su habitación. La seguí y la vi entrar al cuarto de Ouji―susurró mirando a cada una―tardó en salir. Esperé más de media hora, y no salió. Luego me fui porque me dio frío.

―Pero eso no dice nada… ¿Qué tiene que…?―el grupo de chicas se quedó viendo a Ann, intentando convencerla con sus gestos que estaba siendo demasiado ingenua― ¡Pero eso no dice nada!

―El primer día, ambos llegaron tarde al comedor―comentó Mine―Ann, creo que debes asumirlo de una vez. Vegeta Ouji está saliendo con la Presidenta.

―No lo sé―murmuró insegura Ann. Sasha suspiró y giró hacia el grupo conglomerado de alumnos que estaban de pie al sol, platicando y riendo― ¿Cómo puede ser tan puta? Estaba saliendo con ese chico de la escuela del Centro.

―No te preocupes, quizás Ouji la usó para liberar tensiones―contestó Mine, alzando ambas cejas intentando hacer énfasis en sus palabras―Bulma debió habérsele insinuado. Lo persiguió todo el año.

―Puede tener a cualquier chico―gruñó Ann― ¿Por qué tenía que fijarse en Vegeta?―preguntó amurrando sus labios en un puchero infantil.

― ¿De qué hablan?―el grupo volteó rápidamente a ver a Li, que se había acercado sigiloso―se ven sospechosas.

―Solo un chisme, nada que te interese―soltó Sasha desviando la mirada. Li frunció el ceño y miró a sus tres compañeras. Mine sonrió divertida y sin dejar de mirar maliciosamente al presidente de curso, habló.

―Yo creo que si le interesará a Li―murmuró sin dejar de sonreír burlonamente―es sobre Bulma.

― ¿Qué tiene?―preguntó a la defensiva el joven, se cruzó de brazos y esperó por una respuesta.

―Se acostó con Ouji―Sasha giró hacia Mine asombrada, bien, ella había comentado lo que vio pero no había querido decir explícitamente lo que no sabía con seguridad. Mine parecía disfrutar la reacción del Presidente Li, que miraba estupefacto y con el ceño arrugado a la chica―ahora sabemos porque Ouji quiso venir. Se la debió haber pasado de lo lindo follándose a Bulma ¿No?―el joven no respondió, se dio media vuelta y dejó al grupo nuevamente a solas― ¿Vieron su cara? Pobre idiota―rio mirándolo irse.

―Mine, no debiste decir eso―reprochó Sasha―le gusta Bulma desde el preescolar.

― ¿Por qué crees que lo dije? Ya es hora que se dé cuenta de la clase de zorra que es―Sasha guardó silencio, miró a Ann que tenía los mismos gestos que Li: la decepción y desilusión pintadas en el rostro. Suspiró, estaba segura que no solo ellos dos estarían así de deprimidos si la Presidenta y Ouji realmente estaban juntos.


(…)


Lo vio a lo lejos y no pudo hacer más que sonreír. Después de haber pasado días alejados, enojados e incluso tristes, ahora se sentía más dichosa que nunca. Su relación había pasado por altos y bajos para ahora estar donde estaban, y lo que importaba era que estaban juntos. A principio de año se conformaba con verlo en los recesos, se le declaró… la rechazó, sonrío al recordarlo, y luego se vieron en el taller de Artes. Una tontería los había acercado, y ahora lo conocía y mucho, y del chico solitario y que todo aborrecía al joven un poco más expresivo y que compartía-a regaña dientes, pero lo hacía-con sus compañeros ahora, había sido todo un año de progreso, y ella fue testigo en primera fila de aquello. Mirar al chico alíen junto al resto del club de baloncesto platicar al lado del bus, la hacía sentir un poco nostálgica. El viaje de estudios ya había acabado y eso significaba no verse por las vacaciones. La idea se le colaba en lo profundo de su pecho y le incomodaba.

No habían tenido oportunidad de estar juntos, no como querían al menos. Había sido una semana de paseos, comidas y risas, compartir entre todos y aunque él no exhibía una sonrisa en el rostro, creía que lo había pasado bien. No logró escaparse otra noche, por lo que había pasado aquella vez, era el único recuerdo íntimo que tenía de ese viaje. Pero no importaba, sabía que tendrían tiempo a futuro, porque lo de ellos recién comenzaba.

La maestra Rose no tardó en dar las indicaciones, cada grupo de 2° fue subiendo con calma en el bus correspondiente. Bulma caminó junto a sus amigas, volteó hacia atrás, dándole una última mirada a la región y sonrió. Definitivamente había sido su mejor gira de estudio. Subió animada por la pequeña escalera, sus amigas no necesitaron preguntar cómo se acomodarían al interior del transporte, suponían que la chica enamorada se iría sentada junto a su príncipe de cuentos bizarros y oscuros. Milk se quedó viendo como su amiga de infancia seguía caminando por el pasillo hasta el fondo del bus, Lazuli no tardó en empujarla para que se sentara, entre quejas, la morena obedeció.

―Deja de preocuparte―comentó la rubia. Milk ignoró su comentario ¿De qué servía seguir discutiéndolo? Lazuli la había atajado esa noche, cuando ambas vieron a su amiga salir del camerino y no dirigirse a su habitación precisamente. La rubia había sido clara "lo que pase, será decisión de Bulma", y claro, tenía razón pero no por ello dejaría de preocuparse. Bulma y Lazuli eran sus únicas amigas, sabía que tenía el carácter algo difícil de tratar y sólo ellas la toleraban.

Quería y se preocupaba por ellas y que Bulma estuviera con Ouji no le agradaba. En sí, no le agradaba su compañero de clases y sentía que no era adecuado para su amiga, pero Bulma pensaba lo contrario y parecía feliz, ahora al menos. Seguía pensando que el chico jugaba con ella, no confiaba en lo que proyectaba y no lograba entender como Bulma sí. Pero seguiría los consejos de la rubia, no se metería y estaría allí cuando su amiga lo necesitara. Suspiró y se dejó caer de lleno en el asiento, volteó hacia la entrada del bus justo a tiempo para ver al "novio" de Bulma-no podía considerarlo como tal si su amiga seguía oficialmente con Yamcha, y aunque la joven había sido clara en que dejaría al amigable chico, no vería a su compañero como el novio de su amiga hasta que lo hicieran oficial y lo asumieran en público-subir y pasar por el lado de sus asientos, su rostro serio y mirada despectiva le hizo fruncir el ceño. El chico era un arrogante, que se creía superior al resto, nadie estaba a la altura de él como para dirigirle la palabra. Lo siguió con la mirada, lo vio irse sin titubear al fondo del bus, directo al asiento en que su amiga estaba sentada, esperándolo.

―No entiendo que le ve…―susurró para sí misma.

―Es guapo, no lo puedes negar―comentó la rubia sin dejar de mirar su móvil.

―Pero no es un motivo suficiente para estar con alguien―se quejó la morena―Goku es guapo, pero también es gentil y amigable, pero Ouji no es ni uno ni lo otro. Es un idiota, y Bulma no es una chica para él.

―Se ven bien juntos―dijo después de un rato en silencio. Milk suspiró y negó meciendo la cabeza, giró hacia la ventana al mismo tiempo que el chofer encendía el motor del bus.


(…)


Su sonrisa era radiante. Tanto que lo encandilaba… sentía sus mejillas sonrojadas y esperaba que fueran solo impresiones suyas y poder aparentar indiferencia como siempre lo hacía, de pronto, todas sus emociones eran como pequeños insectos al interior de su cuerpo que lo inquietaban y le hacían difícil concentrarse, controlarse y pensar. Creía que tenía dibujado en la cara que amaba a esa loca chica, no le molestaba que el resto supiera lo de ellos pero le apenaba sentirse tan débil e impotente frente a lo que ella le hacía sentir. Le molestaba en general sentirse así, porque no podía adelantarse a los hechos, planear cada movimiento e incluso situación, se sentía a la deriva. Cada sensación era nueva para él, reconocer que la quería había desencadenado una serie de emociones y sentires, cada uno más envolvente y problemático que el anterior. En resumidas cuentas, se sentía perdidamente enamorado de su compañera de clases.

Intentó esquivar cualquier contacto con los compañeros que tenía en frente y detrás mientras caminaba por el pasillo, se concentró en mirar su rostro sonriente que lo esperaba al fondo del bus. La vio cruzar palabras con algunos compañeros que pasaron por su lado, con los que se sentaban delante y detrás de ella. Bulma era como un sol, el joven recién se daba cuenta de que su amada era el centro del universo-para él-era como si todos alrededor giraran entorno a ella. Bulma era la estrella principal, todos la rodeaban y se maravillaban con lo que ella era. La joven tenía un poder magnético, un don-o quizá maldición-que atraía a todos, nadie era indiferente a la Presidenta. No sabía si ahora la veía de ese modo, o siempre fue así. Creía que recién lo notaba, porque el resto percibía desde antes lo que era Bulma y por ello, la hacían su Sol.

¿Cómo fue tan ciego? Mientras se acercaba a ella, se daba cuenta del tiempo que había perdido por sumirse en su apatía. Pensamientos como "Si la hubiera visto antes" "Si la hubiera conocido antes" "Si no la hubiera rechazado esa tarde" "Si hubiera actuado más caballerosamente", siempre rondaban en su mente. Habría sido tocado con su magia mucho antes, no se habría tardado en darse cuenta que estaba enamorado de ella. Bulma lo habría rescatado de su soledad mucho antes… pero no tenía caso pensar de ese modo, sus vidas ya se habían desenvuelto de esa forma, sus destinos ya se habían entrelazados y mientras la miraba, se decía que no la dejaría ir. No la quería lejos nunca más.

― ¿Por qué tardaste tanto en subir?―le reprochó Bulma cuando llegó a su lado.

―Esperaba que se despejara―comentó sentándose en el asiento vacío. Bulma frunció el ceño mientras se apoyaba en el vidrio de la ventana― ¿Qué?

―Nada―se apresuró en responder viendo su ceño fruncido y mirada indiferente. Se había acostumbrado a sus rasgos inexpresivos ¡Tantos años siguiéndolo! Los conocía y sabía que en Vegeta eran normal. El bus se puso en marcha y los cotilleos se oían sin parar. Bulma miró el paisaje unos segundos, sentía su vientre tenso y a la vez, sus tripas revueltas. Tragó saliva con dificultad y aunque sabía que había comenzado a temblar, movió su mano izquierda hacia él.

Vegeta vio su temblorosa mano. Entendió el gesto y no tardó en atraparla con la suya, rodeo su suave y temblante mano entre sus dedos y la guío hacia su muslo, apoyándolas ahí. Giró hacia ella, y no pudo evitar sonreír al verla esconder su rostro sonrojado, excusándose con mirar el paisaje. Después de unos minutos, ella dejó de temblar. Le gustaba ver y saber que no era el único que sentía con tal intensidad, que no era el único que se avergonzaba y que a la vez, anhelaba la cercanía del otro. Bulma era un ser lleno de luz para él, y sus reacciones y gestos lo llenaban de calor, él no era el hombre más amoroso ni gentil ni mucho menos considerado, pero esperaba ser lo suficientemente bueno para ella. No estaba acostumbrado a ese tipo de cosas como el darse la mano con alguien, pero por ella no le molestaba hacerlo. Podía luchar contra su timidez y vergüenza, todo por darle en el gusto.

La miró durante el camino, ella parecía dormitar, su frente pegada al vidrio a momentos rebotaba y fruncía levemente el ceño con cada choque; quiso probar cuanto tiempo soportaría los golpes hasta que despertara, pero se rindió rápidamente. No fue capaz de ver que se hacía daño-aunque fuera leve-por lo que no tardó en alejarla de la ventana, la atrajo hacia él con un breve movimiento de brazo y sin soltar su mano, su cabeza cayó suavemente a su hombro derecho y ni así la joven despertó. No se preocupó de fijarse a su alrededor por si alguien notaba que iban tomado de las manos o ahora que ella estaba durmiendo sobre su hombro, no le interesaba. Era su momento, donde por fin podían estar juntos sin esconderse en ese viaje, aunque ya estaba por terminar. Finalmente él también se rindió al cansancio y se durmió con ella.

No supo cuánto tiempo estuvo descansando, pero cuando entreabrió los ojos el bus seguía en marcha. Frunció el ceño y entrecerró los ojos para acostumbrarse a la iluminación del exterior que se filtraba por la ventana, pero su atención rápidamente se centró en su compañera de asiento quien miraba la pantalla de su móvil. Pudo ver en su rostro la preocupación, extrañado se acomodó lo suficiente para ver lo mismo que ella, pero cuando Bulma lo notó, escondió el aparato en su regazo. Vegeta frunció el ceño, la desconfianza fue automática.

Bulma notó su semblante perspicaz y lo único que optó por hacer fue sonreírle, intentar desviar la atención del joven de su estúpida reacción. Porque sí, lo fue. Si hubiera actuado normal y con calma, él no estaría comiéndosela con los ojos furiosos como ahora estaba.

―Parece que estamos por llegar―comentó desviando la mirada hacia el camino que se veía por la ventana.

― ¿Quién era?―preguntó con voz grave y en tono bajo, la joven mordió su mejilla interna, pensando qué responder― ¿Qué veías?―volvió a preguntar, pero esta vez su tono de voz fue golpeado, haciéndola respingar.

―N-nada―se apresuró en responder girando hacia él―imágenes virales―comentó nerviosa.

Vegeta guardó silencio por unos minutos, la desconfianza se había instalado en su pecho, una sensación que no era familiar para el muchacho de pronto floreció. Acechó con la mirada a su compañerita, sus ojos negros no se perdían detalle de su nerviosismo y eso para él era más sospechoso aun. En cosa de segundos, el joven se imaginó mil y un escenarios donde cada uno era más grave y perjudicial para él, que el anterior. La duda se había instalado, y la urgencia por saber la verdad, por querer disipar sus sospechas, había emergido como un volcán activo.

La joven no lo vio venir. La mano del chico alíen pasó delante de ella en micro segundos y tomó su móvil. Bulma se sobresaltó una vez que lo vio darle la espalda con su teléfono en mano, y tardíamente, intentó quitárselo.

― ¡Vegeta!―exclamó entre susurros, no quería armar un escándalo en el bus. Estiró sus brazos e intentó alcanzar su móvil, pero la amplia espalda del joven servía de muralla y le fue imposible atravesarla―devuélvemelo―exigió.

― ¿Nada?―preguntó mordaz, al mismo tiempo que giraba hacia ella y le mostraba la pantalla que él había visto y suponía, ella escondía. Bulma se quedó callada, muda miró el rostro serio del chico― "Hermosa, espero que nos veamos el fin de semana ¡Muero de ganas de verte!" ―leyó el mensaje del aparato, fingiendo una voz lenta y ridícula―sigues con ese imbécil―dijo acusador.

Bulma pensó sus opciones. Antes de siquiera poder visualizar una idea, él le lanzó el móvil. Alcanzó a agarrarlo entre sus manos, pero el impulso del lanzamiento hizo que la punta del aparato le pegara en el dorso de la mano derecha.

― ¡Podrías ser un poco más cuidadoso!―murmuró enojada mientras acariciaba su piel enrojecida por el golpe.

―Eres una mentirosa―continuó el joven sin prestarle atención―creí que terminaste con él ¿Qué pretendes? ¿Estar con ambos? ¿Estuviste mensajeándote con el idiota durante toda la gira de estudio?―preguntó entre dientes. Cuando la joven levantó la mirada, notó que tenía a solo un par de centímetros el rostro de Vegeta. La estaba intimidando, con querer o sin querer, como fuera el caso, la adolescente se sintió vulnerable con ese simple actuar. Tener a Vegeta cerca le provocaba muchas sensaciones, pero tenerlo enfadado e indignado no le causaba ningún sentir agradable. Titubeó al principio, tembló levemente intentando ordenar sus ideas, pero el rostro pintado con la ira de su compañero la nublaba― ¿Me viste la cara de imbécil?―gruñó, intentando hacerla hablar.

―Ya basta―murmuró, más para ella que para él―basta… ¿Por qué reaccionas así?―preguntó confundida. Vegeta alzó una ceja y le regaló una sonrisa torcida, casi burlesca―estás asustándome…

― ¿Y cómo quieres que reaccione? ¡Sigues con ese idiota!―parecía que el joven se controlaba, o eso creía Bulma. Podía ver lo furioso que estaba-nunca lo había visto así de mal-pero se cuidaba de alzar la voz, tanto ella como él parecían saber ubicarse.

―No tuve tiempo para hablar con él―comentó bajando la voz todavía más, y él se acercó nuevamente, no supo si por querer acecharla o si era para oírla mejor, quiso pensar que era la segunda opción―no terminaría con él por mensajes.

― ¿Por qué no?―preguntó con voz baja pero con un tono golpeado, sus ojos negros no perdían detalle de sus reacciones. Miraba sus ojos azules nerviosos, como un mar intranquilo, sus mejillas sonrojadas y sus labios temblorosos y más se enfadaba. No lograba concentrarse del todo y quería estar en su mejor condición intelectual para esa primera discusión de pareja.

―Eso está mal―comentó indignada―lo mínimo que se merece es un poco de respeto y no haré algo así―Vegeta iba a hablar, pero ella no se lo permitió―que tú no tengas costumbres sociales no es mi culpa, pero yo no soy así―no quiso verlo al decir lo último, pensó fugazmente que pudo herirlo al decir algo como eso pero rápidamente lo tachó, Vegeta no se sentía mal por casi nada.

―Entonces lo verás de nuevo―gruñó molesto―me niego. Mándalo a la mierda ahora, quiero ver que lo hagas―exigió. Bulma giró hacia él sorprendida, no pensó en ese momento que el chico del que estaba enamorada la estaba celando y eso demostraba que la quería en serio, al contrario, fue lo suficientemente inteligente para saber que eso estaba mal y que no podía repetirse. Relamió sus labios al sentirlos secos, tragó saliva y negó sin mirarlo. Él por su parte frunció el ceño todavía más al ver su negativa, el calor en su pecho se expandía por su cuerpo y creía que en cualquier momento se pondría a escupir llamaradas.

―No lo haré de ese modo―susurró no muy convencida consigo misma. Intentando buscar las palabras adecuadas para la importante charla que tendría a continuación. Le costaba pensar, le costaba buscar las palabras exactas y le costaba imaginar cómo él se lo podía tomar. A su parecer era un tema serio, si Vegeta no comprendía su punto de vista ni lo que le diría, su relación no tendría futuro y eso le dolía. No quería pensar que el sueño que persiguió por tantos años al final no resultara, pero no podía seguir con él si la relación se daría de ese modo. Ni por él ni por nadie, Bulma Briefs se dejaría pasar a llevar de ese modo. Con más convicción, giró hacia él y lo encaró―no haré lo que me pides.

― ¿Disculpa?―preguntó él, confundido e incrédulo por su respuesta.

―Acepto tus disculpas―asintió ella, jugando con la situación. Pero la había pillado desprevenida, ahora estaba más tranquila y podía actuar como se debía, con seguridad. Vegeta abrió la boca sorprendido al escucharla tomarle el pelo, se sonrojó de rabia, dispuesto a quejarse respiró profundamente, sin embargo ella no se lo permitió―no puedes prohibirme que vea a alguien, no puedes quitarme mis cosas ni invadir mi privacidad y no puedes ordenarme nada, soy tu novia no tu hija―Vegeta quedó mudo.

El joven guardó silencio por unos minutos, Bulma lo miraba fijamente, intentando descifrar algo, lo que fuera que le delatara qué pensaba. Pero él no expresaba nada, sus ojos negros poco a poco se fueron apagando, la furia se fue apagando. La joven esperó un par de minutos más para que él hablara, no estaba segura de continuar hablando pero creía que era necesario dejar en claro ciertos puntos y si él no diría nada, era su responsabilidad ponerlos en la mesa. Su relación recién empezaba, y debían hablar las condiciones. Quería creer que Vegeta no sabía desenvolverse en lo que ahora tenían, y que lo que acababa de presenciar no sería una conducta repetitiva, no era sano mantener una relación con celos y sometimiento. Ella no quería eso, y no lo soportaría ni de él ni de nadie.

―No quiero que lo nuestro…―susurró sin mirarlo―sea de este modo. Entiendo que debí decirte que aún no terminaba con Yamcha, pero no creí que era importante después de todo sabes que es a ti a quien quiero. Lo siento―giró hacia él con timidez, pero Vegeta no la miraba. Tragó saliva, quizá lo que diría podía sepultar su relación que con suerte había iniciado y la idea le aterraba, pero ¿Qué más podía hacer? Debía decirlo, él debía escucharla―pero aun así, no te da derecho a revisarme mis cosas. Confía en mí, yo confío en ti―sonrió, pero él siguió sin mirarla.

Bulma suspiró y se dejó caer en el asiento. Pasaron minutos en que la tensión entre ellos parecía que podía verse, no recordaba haberse sentido así de incómoda antes con él. Después de cinco minutos, intentó tomar su mano pero él se la quitó rápidamente, como si el contacto le diera asco y fue allí que la joven entendió que definitivamente el humor de Vegeta era malo, muy malo. Pero no podía estar más ajena a la realidad.

―… ¿Puedo llamarte en las vacaciones?―preguntó girando hacia él. Frunció sus delgadas cejas cuando no vio reacción alguna del chico, contuvo el suspiro y guardó silencio. No se verían en las vacaciones, lo habían conversado en una ocasión durante la cena. Vegeta se iría durante todas las vacaciones a Europa junto a su familia-Ghost incluido-la única alternativa de contacto era vía internet y telefónica, pero si continuaba con esa actitud lo veía difícil.

No sabía en qué había quedado su relación, el mutismo de Vegeta no le decía nada y ya no tenía ánimos de exigir su respuesta, confiaría en los sentimientos que cada uno habían expuesto. Se supone que se querían ¿No? Una discusión como esa no les debería afectar, pero no dejaba de pensar que la negativa de Vegeta a hablar le jugaba en contra, que tarde o temprano esa actitud podía cansarla ¿Actuaría como un niño caprichoso cada vez que no se salía con la suya? ¿Le haría la ley de hielo cada vez que se enojara? ¿Se negaría a hablare cada vez que no estuviera de acuerdo con sus ideas?

No quería una relación así. Suspiró y miró por la ventana, ya podía ver el aeropuerto y serían las últimas horas que compartiría con Vegeta hasta que regresaran a clases. Y algo le decía que no tendría noticias de él durante las vacaciones.


(…)


Dejó su bolso en medio de la sala, lo lanzó a la mesa de centro pero rebotó y terminó en la alfombra. No se molestó en ir a recogerlo. Caminó desganada hacia la cocina, vio a su madre pelar unas verduras y siguió de largo hacia la nevera.

Su madre al oír la puerta del refrigerador volteó hacia atrás y exclamó sorprendida al verla, Bulma cerró la puerta y con una botella de agua en mano la saludó.

―Creí que tenías una cita hoy―murmuró su madre, volviendo a centrarse en las verduras.

―De allí vengo.

― ¿Tan temprano acabó?―preguntó sin mirarla. La joven susurró un desanimado "ajam", lo que la hizo dejar de prestarle atención a su labor y voltear hacia ella― ¿Qué ocurre? ¿Por qué estás tan triste, cariño?

―Terminé con él―murmuró sin mirarla. La mujer secó sus manos en su delantal y no tardó en acercarse a ella para rodearla en un abrazo que creyó era necesario―estoy bien, mamá―respondió recibiendo su abrazo.

―Está bien sentirse mal―comentó su madre mientras le acariciaba la espalda con movimientos circulares―te gustaba desde hace mucho tiempo ese chico ¿No?

― ¿Qué? ¡No, mamá!―exclamó alejándose de ella―estás confundida, terminé con Yamcha―respondió frunciéndole el ceño.

―Ah―asintió la señora, sin entender del todo― ¿No era el mismo…?

―No―dijo molesta, empezaba a irritarle la poca atención que le daba su madre cuando le contaba sus cosas. Por eso prefería confiarle sus tonterías a Tights, su hermana mayor si la escuchaba―Yamcha va a otra escuela, mamá. El chico que me gusta de hace años va en mi misma escuela.

―Ah―repitió la señora― ¿Entonces, porqué tan triste?―preguntó alejándose de ella y volviendo a su misión de pelar patatas.

―Uhm… no lo sé―murmuró pensativa―supongo que es normal…―desvió la mirada hacia la botella en sus manos, intentando restarle importancia a lo que decía. Sabía con exactitud qué era lo que le tenía deprimida, pero no tenía caso comentarlo con su madre, no la entendería ni escucharía. Pero necesitaba desahogarse, por lo que habló de todos modos―madre… no fui una buena novia―la mujer al oírla, detuvo el cuchillo y volvió a voltear hacia ella. Cuando Bulma sintió que tenía toda la atención puesta en ella, siguió―lo engañé… un par de veces…

― ¿C-cómo dices?―preguntó riéndose nerviosa. Bulma sentía sus mejillas sonrojadas y trataba de no balbucear, pero le era difícil. Después de unos segundos de respirar profundamente se calmó.

―Lo engañé con Vegeta―comentó y su madre no necesitó tarjeta de presentación para saber de quien hablaba, al joven hijo del prestigioso abogado lo recordaba muy bien.

―Oh…―exclamó sorprendida-fingiendo sorpresa-sabía que su hija sentía cosas por el dueño de Ghost, lo que no recordaba era que salía con el otro muchacho, pero ahora el panorama le quedaba más claro―oh bueno… a veces, hacemos cosas que no podemos evitar―comentó, intentando buscar palabas que pudieran hacer sentir mejor a su hija.

―Pero Yamcha no se lo merecía…

―Nadie se lo merece, supongo―explicó pensativa la mujer―pero ya pasó ¿Se lo dijiste a Yamcha?―la adolescente asintió moviendo la cabeza―ya veo… bueno, fue lo mejor que pudiste hacer, cariño.

―Lo sé―murmuró pensativa―pero él no lo pensó de ese modo―susurró para sí misma.

― ¿Y que hay con Vegeta?―preguntó su madre sin escuchar lo último que había dicho la joven. Bulma la observó tomar el cuchillo otra vez y seguir pelando verduras, se tomó su tiempo para responder. Pensando qué debía decir y qué no. No se sentía lista para confesar lo que había hecho en la gira de estudio, no creía que pudiera decirlo en un buen tiempo.

―Se me declaró… algo así―susurró lo último―creo que estamos juntos.

―Felicitaciones―sonrió su madre―era lo que querías ¿No?―Bulma no respondió.

La acompañó unos minutos más en silencio, la verdad era que lo que siempre quiso fue un noviazgo sacado de película con Vegeta. Era lo que imaginaba antes de conocerlo y ahora que lo conocía, sabía de ante mano que eso no era lo que obtendría al estar con él. Ni siquiera sabía a ciencia cierta si estaban juntos, después del desaire que le hizo al final del viaje y de sus nulos mensajes en el mes de vacaciones que ya había pasado, no tenía nada claro. Dejó la botella en la mesa y salió de la cocina, caminó por la sala de estar directo hacia el pasillo, hasta subir por las escaleras. A medio camino se devolvió a buscar su bolsa al recordar que su móvil estaba allí.

Había pasado un mes de vacaciones, un mes en que se había juntado con Yamcha dos veces. La primera vez él no le reprochó que terminaran, pero ahora… ahora había sido algo diferente. Frunció el ceño al recordarlo, aun pensaba cómo se había enterado de lo que había pasado con Vegeta en las termas. Lo más probable era que alguno de sus amigos se lo hubieran dicho pero ¿Cómo se enteraron ellos? ¿Acaso alguien los había oído esa noche? De solo pensarlo la vergüenza nublaba sus pensamientos. Entendía que se hubiera molestado, estaba en su derecho después de todo.

Al llegar a su dormitorio, miró su cama y sin pensarlo demasiado cerró la puerta y se lanzó a la suavidad de su cubrecama, su bolso cayó al suelo y sin querer pensar en nada ni nadie, cerró sus ojos. Pero su mente tardó en apagarse, no podía quitarse de la cabeza los reproches de su ex novio. Su rostro pintado por la rabia, sus palabras hirientes-las merecía, lo sabía-y sus gestos despectivos, jamás pensó verlos en un chico amable como él. Ahora creía más que nunca en dos cosas: uno nunca terminaba de conocer a la gente y, según la situación uno podía ver qué clase de persona era con la que trataba. Los malos momentos hacían nacer lo negativo de todos.

¿Qué había que hacer para que su lado negativo saliera a flote? No mucho, después de todo siempre estaba allí, latiente y siguiéndole, camuflado, pero estaba allí. La duda principal que la asaltaba era ese chisme que le habían dicho a su ex novio, si Yamcha sabía ¿Quiénes más estaban al tanto de lo que había hecho con Vegeta? Ahora se arrepentía de no haber oído a la maestra Rose, la mujer tuvo razón todo el tiempo. No debieron usar esas instancias para cosas así, si hubieran esperado a estar en un momento único de ellos dos, nadie se habría enterado. A pesar de que según ella habían actuado con precaución, al parecer no había sido suficiente. Solo esperaba que aquello no circulara en la escuela, o es más, que se quedara en el olvido durante ese verano. Después de unos minutos, la joven cayó rendida al sueño.

No oyó los golpes en la puerta, su madre tuvo que entrar y sacudirle el hombro para despertarla. La joven asintió a su madre, sin estar despierta del todo, y secó la saliva de su barbilla.

― ¡Bulma!―exclamó su madre―despierta, el almuerzo está servido―murmuró regañándola―tu padre está hambriento, no lo hagas esperar―la joven asintió sin dejar de restregar sus manos en sus ojos.

Al levantarse, se tropezó con su bolso. Refunfuñó y lo chuteó sin darle importancia, bajó rápidamente antes que volviera a subir su madre. Para la hora de comer, sus pensamientos ya se habían calmado. Todo lo ocurrido con Yamcha había quedado en el olvido, incluso sus dudas sobre el chisme. Platicó con su padre y madre, su humor habitual estaba de vuelta por lo que su madre dejó en el olvido su preocupación después de haber visto su carita triste.

Ayudó a su madre a recoger los platos, como no le gustaba como lavaba la loza solo eso podía hacer. Subió nuevamente a su cuarto pensando en ver alguna serie mientras hablaba con sus amigas para ponerse de acuerdo en ir a la playa o piscina, alguna cosa que las entretuviera antes de que las vacaciones acabaran. Al entrar a su dormitorio cerró la puerta, recogió el bolso y sacó su móvil antes de colgarlo junto a los demás, pero la luz verde parpadeante en la pantalla táctil llamó su atención. Su estómago se tensó al pensar en las posibilidades: insultos de Yamcha, disculpas de Yamcha, un nuevo rumor… y en menor medida, él. Después de ni siquiera despedirse esa tarde en el aeropuerto, y de ningún saludo ni mensaje de su parte, podía confirmar al 100% que él estaba furioso, y sabía que si lo estaba seguiría haciéndole la ley de hielo, pero era imposible no ilusionarse.

Se había obligado a no contactarlo, era él quien estaba molesto después de todo cuando incluso la que debía estarlo era ella. Bien, sabía que el no haberle dicho que no terminó con Yamcha en su momento no fue del todo bueno, pero la reacción de Vegeta no había sido adecuada ni digna de alabar. Estuvo mal, muy mal. Más allá de los celos que le pudo provocar, fueron sus gestos y actitud violenta las que la alertaron. Por mucho que lo quisiera, no podía tolerar esas cosas. Ninguna mujer podía ni debía tolerar que la pasaran a llevar de ese modo, ella era una persona al igual que él y no merecía ni gritos ni órdenes. Ambos debían tener su espacio, de eso era más que consciente pero él parecía no tenerlo en cuenta cuando sin pedirle permiso revisó su móvil.

Suspiró nerviosa y desbloqueó el aparato, para su sorpresa, fue la posibilidad más baja la que se exponía en la pantalla. Miró estupefacta el mensaje de Vegeta, no se atrevió a abrirlo. Miró su escritorio y su portátil, lo pensó unos minutos y prefirió responderle vía notebook, sería más cómodo que la pantalla de su móvil. Encendió su ordenador rápidamente al mismo tiempo que revisaba el mensaje, se sorprendió al ver que tenía una llamada perdida y dos mensajes en su red social, todo de él. Sintió su rostro enrojecer ¡Él la había intentado contactar urgentemente y no le respondió! ¿Y si quería terminar con ella? ¿Y si creía que estaba molesta por no haberle respondido ni la llamada ni el mensaje? El registro de la llamada le indicaba que había sido hace tres horas. Pensó unos segundos y asintió a sí misma, estaba con Yamcha a esa hora y no oyó el móvil. Abrió la ventanita del chat y lo primero que vio fue la hora antes que el texto en sí, el mensaje fue dos horas después de la llamada. Él esperó antes de insistir en contactarse con ella ¿Eso era bueno o malo? Tragó saliva nerviosa y sacudió su cabeza meciendo su melena de lado a lado. Lo averiguaría si leía el mensaje. Antes de leerlo, respiró profundamente, sentía su corazón latir con fuerza en su pecho y sus manos no tardaron en temblar.

Miró de una vez por toda la ventana de chat y sintió el aliento irse de su pecho. Sus mejillas se incendiaron en cosa de segundos, y sus ojos se humedecieron rápidamente, una sonrisa boba adornó sus labios y rápidamente secó sus ojos con la manga de su camiseta.

Leyó las primeras dos palabras más de una vez, pero el "Lo siento" no lograba imaginarlo con su voz. Lo había dicho antes, en la gira de estudio, pero seguía siendo algo difícil de creer. No todos los días Vegeta Ouji se disculpaba, aunque fuera por mensaje. Mientras su ordenador se iniciaba, continuó leyendo las pocas palabras que había enviado.

"Lo siento. ¿Estás enojada?"

Relamió sus labios y miró su estado de conexión, maldijo por lo bajo cuando vio que estuvo hace una hora conectado, pero le respondió de todos modos. Ingresó a su red social rápidamente y buscó el contacto del chico alíen, abrió la ventana y respondió: "¿Por qué de todo lo que hiciste y dijiste, te disculpas?". No quería ser ruda ni mucho menos aparentar estar molesta, realmente no sabía por qué exactamente le pedía disculpas. A su parecer había dicho y hecho varias cosas por las que debía disculparse, y conociéndolo, no creía que reconociera sus errores, no todos al menos. Una vez que envió su respuesta, pensó que quizás él creería que estaba molesta, releyó su respuesta y creía que le faltaba un poco de tacto, no quería seguir distanciados y cualquier detalle podía influir en ello.

Antes de pensar en qué más decir, él respondió. Bulma parpadeó sorprendida, hace no más de dos minutos que lo vio desconectado ¿Es que acaso estaba atento a su respuesta? Quería creer que sí.

"Por todo", respondió tajante el chico. Bulma sonrió ¿Había servido decirle lo que pensaba en el bus? Es más, ¿Sería acaso que en todo ese tiempo que no se hablaron, él estuvo pensando en ello?, antes de poder responderse, él lo hizo. "Tenías razón en todo". Y Bulma contuvo las ganas de chillar por la emoción. No es que exagerara, si se trataba de Vegeta, era más que razonable que se alegrara. Su compañerito de clases era un chico particular, era difícil entenderlo y lograr que él comprendiera al resto, pero esta vez había resultado, él había entendido y no podía sentirse mejor al respecto. Tenían futuro, fue lo primero que pensó. Sí él podía entender ese tipo cosas significaba que su relación no tenía por qué temer al futuro, podían solucionar sus problemas. Podían actuar como una pareja madura a su parecer.

"También lo siento" respondió rápidamente. Y pasaron toda la tarde platicando, poniéndose al corriente sobre ese mes en que no se habían visto.


(…)


Odiaba la playa, pero allí estaba, bajo un girasol sobre una manta, viendo como sus amigas se embetunaban de lo que esperaba fuera bloqueador solar. Suspiró cansada y miró a su alrededor, el lugar estaba repleto de familias y grupos de amigos que habían tenido la misma idea que ellas. Volvió a mirar a sus amigas, Lazuli vestía un hermoso trikinis de color celeste, mientras que Bulma prefería un traje de baño de dos piezas de color rosa. Ambas a su parecer se veían hermosas pero estaban enseñando demasiada piel. Ella usaba un traje entero de color burdeo, pero una remera cubría su torso y el pareo sus piernas. Miró a Lazuli dejar la botella que Bulma había traído y de puro aburrimiento la tomó, leyó la etiqueta y se escandalizó. Exclamó sorprendida llamando la atención de sus amigas que voltearon rápidamente a verla.

― ¡Se estaban echando bronceador!―gritó mientras las apuntaba con el dedo― ¿Saben lo peligroso que es hoy en día los rayos UV?

―Sólo será un poco―sonrió Bulma―debe notarse que disfrutamos nuestras vacaciones.

―Estamos muy pálidas―murmuró seria la rubia. Milk suspiró, no tenía caso explicarle al par de chicas lo grave a lo que se exponían al tomar sol por culpa del calentamiento global.

Bulma limpió sus manos en su toalla, que luego lanzó a la arena sin cuidado. Tomó su bolso y buscó su móvil, después de unos minutos batallando con los cachivaches que tenía dentro de su bolso, logró encontrarlo. Lo revisó, suspiró y lo guardó nuevamente. La morena no se perdió de ese detalle, y es que no era primera vez desde que se habían juntado esa mañana en que la joven parecía estar pendiente de su móvil.

― ¿Ocurre algo?―preguntó. Tanto Lazuli como Bulma giraron hacia ella, por lo que no le quedó más remedio que explicarse un poco más―hace rato que miras tu celular, parece que esperas algo ¿Qué anda mal?

―Ah…―Bulma sonrió sin ganas, evitando las miradas de sus amigas. A pesar de que siempre había oído que le gustaba hablar demasiado, por alguna razón cuando se trataba de algo verdaderamente importante para ella, no le era fácil hablarlo. Sabía que sus amigas no tendrían problema con oírla, pero no le parecía cómodo ni buena idea hablar de lo que le preocupaba en particular. No quería que la juzgaran, después de todo sabía que estaba actuando tontamente―no es nada.

―No te lo compro―respondió Lazuli casi al instante.

―Tampoco yo―concordó Milk. Bulma suspiró y tomó su botella de agua, la pasó de mano en mano unos segundos y terminó por sentarse bajo la sombrilla de su amiga.

―Es que… no he podido hablar seguido con Vegeta―susurró―la conexión no es muy buena, y la diferencia horaria no es mucha, pero afecta.

―Tranquila―murmuró Milk, sonriéndole―pronto las clases comenzaran y podrán verse todos los días. ―Bulma sonrió en respuesta y asintió, a pesar de que no le agradaba su compañero de clase, tenía que aceptar que su amiga estaba enamorada y que tenía una relación con el chico misterioso. No le quedaba más opción que darle apoyo y ánimo cuando lo creía necesario

―Tienes razón―asintió la joven―bien… ¡Nada de deprimirme!―se puso de pie segundos después, se estiró al sol y con una sonrisa dibujada en sus labios volteó hacia Lazuli―toma el brazo derecho de Milk, yo tomaré el izquierdo ¡Hay que lanzarla al agua!―el rostro de la morena mutó de una sonrisa amiga a expectación en cosa de segundos, Lazuli no tardó en sonreír y hacer caso al plan de la joven alegre. La morena alcanzó a chillar y salir de su cómoda manta en la sombra, antes de que ambas jóvenes la alcanzaran.


(…)


No podía creer lo largo que tenía el cabello ¡Ya sobrepasaba su hombro! Pero a pesar de lo mucho que le alegraba, ahora le traía un problema del que casi se había olvidado ¿Qué peinado se hacía? Quería lucir fresca, bella y a la moda ¿Cómo conseguía todo eso? Hizo una mueca mirándose en su espejo, sus dedos se movían nerviosos sobre la superficie de la mesita de su tocador. Sus ojos zafiro bajaron a sus cajas llena de coles, moños, cintas, trabas y pinches, y nada se le ocurría. Miró la hora, aún quedaba tiempo de sobra. No quería irse apurada, era su primer día de clases y más importante ¡Vería a su novio después de los meses de vacaciones! Se decidió por dos horquillas de mariposas con las que sujetó un mechón en su lado izquierdo y otro en su lado derecho. En cosa de minutos tomó su bolsa y salió de su habitación.

Desayunó con sus padres y Tights. Su hermana tenía más tiempo de vacaciones, no la envidiaba porque si estuviera en su situación, más tiempo estaría sin ver a Vegeta. Después de cepillar sus dientes, de despedirse de sus padres y de guardar su almuerzo, finalmente se puso sus patines y salió de su casa. La mañana de primavera era fresquilla, pero se podía sentir que la brisa de madrugada pronto se iría dando paso a un lindo y cálido día. Bulma tenía los mejores ánimos y deseos, no había podido dormir bien por la noche a causa de las ansias, pero no se sentía mal por ello. Había hablado con el chico alíen-que ahora era su novio-por la noche; él y su familia habían llegado de Alemania la tarde previa al inicio de clases. Por lo que supo, su padre había coordinado con una tal Nana para que comprara y organizara sus materiales y uniformes. Aun no sabía porque se habían quedado tanto tiempo en otro país, por un momento pensó que se debía a la enfermedad del diablillo, pero si algo grave pasara, Vegeta se lo diría ¿No?

Cuando llegó al establecimiento, saludó a los encargados de la portería, a algunos compañeros que conocía y respondió saludos de otros que no recordaba pero a ella la conocían debido a su cargo. Al recordar su cargo, rápidamente vino a su cabeza que aún no preparaba el discurso para la re postulación a Presidenta estudiantil que sería la próxima semana ¿Qué pasaba con ella? normalmente eso ya no sería un tema… bien, sabía porque lo había olvidado. Las primeras vacaciones teniendo un novio le habían pasado la cuenta. Ya fuera pensándolo, hablando y soñándolo… la distrajo más de lo que pensó.

Ahora su sala quedaba en el tercer piso, todos los tercero estaban en la última planta y aunque llegó literalmente con la lengua afuera a la última planta, intentó disimularlo respirando profundamente. Sintió un aura diferente rodeada de compañeros del mismo grado, algunos le sonrieron y saludaron como el año anterior pero algo era distinto y no sabía con exactitud porque. Se sintió incómoda, algunas sonrisas y murmullos fueron extraños y prefirió acelerar el paso y llegar rápidamente a su sala.

― ¡Buenos días!―saludó alegremente, pero su sala llena de compañeros que conocía desde niños, se sentía igual que en el pasillo. Incómodo y tenso. La saludaron como de costumbre, pero no era igual. No entendía de que se perdía.

No quiso darle más vueltas al asunto, ¡Nada arruinaría el primer día de clase! El primer día en que no se conformaría con solo ver a Vegeta Ouji formado en el gimnasio cuando el Director le diera la bienvenida al año escolar, el primer día en que no lo miraría a la distancia, que no lo perseguiría ni imaginaría que lo compartía con él. Sería el primer día desde que lo había conocido, en que sería como lo imaginó. Siendo novios. Dando brinquitos como una niña pequeña caminó a la fila en que siempre se sentaba, junto a la ventana. Saludó a Lazuli que ya estaba instalada en el primer puesto de la fila junto a las cosas de Milk, por lo que supuso que nuevamente por llegar minutos más tarde que ellas, se sentaría atrás.

― ¿Y Milk?―preguntó sonriente mientras dejaba sus materiales debajo de su mesa.

―Fue al C―comentó mientras tecleaba en su móvil―creo que dijo algo de llevarle a Goku.

―Ah ya veo―sonrió―realmente piensa declarársele este año ¿Eh?―comentó mientras se sentaba, miró a sus compañeros y se percató de como un grupo de chicas giraron rápidamente hacia otro lado cuando las vio, alzó una ceja y con disimulo le susurró a su amiga― ¿No crees que están actuando algo raro?...

―Si―concordó sin mirarla―dame unos días para averiguar qué les pasa a esas urracas―susurró imitándola. Bulma sonrió al escucharla y antes de hablar, oyó a un compañero saludar con efusividad a Vegeta. Giró rápidamente hacia la entrada, se rio por lo bajo cuando el chico alíen intentó responder el saludo con un movimiento de cabeza a secas ¡Seguía igual de apático con el mundo! Pero no con ella… él levantó la mirada en ese momento, casi corroborando sus pensamientos. Se miraron fijamente, sin pudor ni disimulo. Bulma le sonrió, sentía sus mejillas sonrojadas y él-para su sorpresa-le devolvió la sonrisa, una sonrisa torcida y algo traviesa según la joven, pero sonrisa al fin y al cabo. Sonrisa que guardaría para siempre. Miró atenta qué asiento elegiría, pero nuevamente se sorprendió cuando el chico siguió de largo por todas las filas y dobló en el último pasaje entre su fila y la tercera. Parpadeó confundida al verlo tan cerca y todavía más cuando lo vio detenerse a su lado, mover la silla junto a la suya y poner su mochila sobre la mesa junto a la suya… ¿Serían… compañeros de banco? Su corazón no paraba de latir y seguramente lo miraba con cara de boba, pero no podía creer lo genial que sería ese año ¡Todos sus sueños se estaban cumpliendo!

― ¿Re-re-realmente te sentarás acá?―preguntó cuándo lo vio sentándose en silencio.

―Buenos días, compañera―saludó con ironía― ¿Qué tal tus vacaciones? ¿Las mías? Aburridas, gracias por preguntar. ―Bulma frunció el ceño y suspiró con pesadez, antes de pensar en una respuesta oyó un murmullo a su espalda, volteó hacia atrás y notó como Sasha le sonreía con nerviosismo en el fondo del salón. ― ¿Te molesta que me siente aquí?―giró con rapidez hacia él, negó antes de responder, meciendo un par de mechones sobre sus hombros.

― ¡No, como crees!―negó―claro que me agrada, es solo que… me sorprendió―susurró avergonzada―te advierto que hablo mucho en clases.

―No solo en clases―respondió él sin mirarla. Bulma frunció sus delgadas cejas, detuvo-le costó trabajo-cualquier indicio de impulsividad, las ganas de gritarle y discutirle como habitualmente lo haría cuando estaban a solas, ya que no era así. Estaba en el colegio, rodeados de compañeros y debía actuar como la intachable alumna que era, tendría que esforzarse para que los encantos de Vegeta no la alteraran demasiado.

―Como sea―gruñó sin mirarlo― ¿Trajiste almuerzo? ¿Comemos juntos?―preguntó sonriéndole.

―… ¿Solos?―Bulma pestañeó un par de veces, moviendo sus largas pestañas que lo encandilaron. Casi al instante giró hacia delante al ver a Lazuli que los observaba atenta, entonces entendió su pregunta. Giró hacia su novio que la miraba fijamente, y asintió con rapidez. No podía presionarlo, sabía que intentar que sus amigas lo conocieran un poco sería algo muy lejano―seguro.

La maestra Rose llegó antes que Milk, la joven se disculpó con vergüenza y al igual que muchos, se sorprendió al ver al joven misterioso junto a su amiga. Se sentó al lado de Lazuli y así, la maestra comenzó con la charla de inicio de clases. Bulma miraba a Vegeta a hurtadillas, él sin que ella se diera cuenta también lo hacía. La adulta en el salón también se sorprendió al verlo allí junto a la joven, no olvidaba aquel encuentro en el hostal y verlos le confirmaba que lo de ellos no había sido algo pasajero, y le gustaba la idea. Ambos eran jóvenes con prometedores futuros, lo único que esperaba era que el rendimiento académico de ambos no se opacara por su relación.


(…)


Estaba nerviosa, quizás igual o más que la primera vez que estuvo a solas con su novio, por aquel entonces no se conocían como ahora. Miraba a su padre servirse vino y platicar con su madre de unos amigos que tenían en otra región, y ella no dejaba de revolver sus frijoles en su plato. No tenía apetito, su estómago estaba tenso y a la vez flojo, era extraño pero ya casi normal cuando se trataba de su nueva relación y aun así, no se acostumbraba.

Podía mentir, lo sabía… pero algo le hacía ir por delante con la verdad ¿Qué? No tenía idea, quizás era la necesidad de cuidar lo que tenía con Vegeta. No quería que nada se interpusiera en su relación; se llevaban bien en el colegio, como compañeros de mesa no mucho. Vegeta la regañaba por usar demasiado espacio, y ella se quejaba de que no entendía sus necesidades por embellecer su espacio personal. En general, los primero cuatro días de clases tenían un balance positivo. En los recesos se juntaba con sus amigas, él-sorprendentemente-con los chicos de su club de baloncesto ¡Le entusiasmaba tanto verlo con sus amigos! Aunque Vegeta negara de la amistad del grupo de chicos atléticos. Almorzaban juntos en la azotea, y pasaban momentos íntimos que costaba ponerle atajo.

― ¿Ocurre algo, cariño?―preguntó su madre. Bulma respingó en su asiento y negó con rapidez, moviendo su pelo suelto―no has probado tu comida ¿No te gustó?―preguntó entristecida.

―N-no es eso―sonrió nerviosa―… es que…―el nudo en su garganta fue automático, sus mejillas sonrojadas le hacían sentir más pudorosa aun y no sabía cómo calmarse. Sabía que actuar apenada sería peor, por lo que prefirió escupir lo que tenía que decir― ¿Puedo… quedarme el fin de semana donde Vegeta?―la pregunta ya estaba planteada, el silencio que le siguió la hizo estremecerse. Levantó la mirada con timidez, su padre la miraba serio y aparentemente confundido y su madre pensativa―él me invitó… me gustaría ir y―

― ¿Qué tienes con ese niño?―preguntó su padre interrumpiéndola.

―Eh… somos novios―respondió dudosa ¿Su madre no le había dicho nada? Tragó saliva con dificultad, su padre no solía mostrarse serio ni preguntón.

― ¿Por qué yo no lo sabía?―preguntó alzando una ceja y Bulma sintió que el ambiente de pronto se había vuelto tenso.

―Cariño, no juegues con la niña ¿No ves que la estás asustando?―murmuró su madre sonriéndole, el hombre suspiró y bebió de su copa. Bulma no entendía nada― ¿Quieres quedarte a dormir?

―Bueno… eh… yo―sus mejillas no podían tornarse más rojas, sus padres la miraban fijamente y los nervios nublaban sus pensamientos―me invitó a quedarme… yo…

―Creo que es momento de que conversemos profundamente…―Bulma parpadeó confundida, miró a su padre y pudo notar su nerviosismo, carraspeaba su garganta y desviaba la mirada. Volteó hacia su madre, la mujer rubia apartó su plato y se cruzó de manos, mirándola con una sonrisa amable comenzó diciendo―hija, a veces… cuando un hombre y una mujer se quieren mucho, tienen ciertas necesidades y deseos que surgen de repente. Sobre todo a tu edad―Bulma guardó silencio, miró pálida a su madre y trató de apagar su mente unos minutos ¿Realmente le darían "la charla"?

Quizá lo mejor hubiera sido mentir, decir que iría a quedarse donde Lazuli o Milk. No creía que pudiera haber algo más incómodo que sus padres le dieran una charla de sexo.


(…)


Ambos estaban igual de ansiosos, miraban la hora de vez en cuando en su móvil y reloj del salón, se miraban entre ellos, ella jugaba con su portaminas entre sus dedos y él movía su pie derecho de modo inquieto. Por fin era viernes, y como todos los años, era el día de la semana en que tenían solo medio día de clases. La primera semana de clase había sido agradable, la joven creía que sería solo el inicio del año escolar, que con el tiempo se volvería mejor. Compartir tantos momentos con su novio lo haría diferente.

Vegeta por su parte, no podía negar que sus días tenían un toque mucho más divertido y reconfortante. Desde que la había conocido que su vida se había llenado de colores y ahora, que estaban juntos de forma oficial, la diversidad de emociones y momentos que vivía lo tenían ¿Por qué no decirlo? enamorado. En sus vacaciones había tenido una lucha mental, entre dejar de lado su orgullo y comprender sus errores, avergonzado de sí mismo, el joven llegó a la conclusión de que ella lo hacía mejor persona. No negaba que le daba celos que otros la miraran, o que fuera tan sociable, pero ella tenía razón… no podía cambiar su forma de ser, ni mucho menos obligarla a alejarse de cosas o personas, tenía que aprender a tolerar todo ello. Y confiar en ella, como ella lo hacía con él.

Cuando el timbre sonó, ambos se levantaron rápidamente, ya habían guardado sus cosas en sus bolsos, la impaciencia y ansiedad era protagonista de la pareja de adolescentes. Bulma se despidió de sus amigas, Vegeta siguió de largo y la esperó en la salida de la sala. Ninguno fue consciente de las miradas de sus compañeros de clases; no se escondían, hablaban, discutían y se reían delante de cualquiera, su relación estaba en la boca de muchos pero la pareja estaba tan inmersa en su noviazgo que no se daba cuenta.

Vegeta la apuró para sacar su bolso del casillero, ella se molestó y lo regañó de regreso y así, entre quejas y palabreos, ambos salieron del colegio ese día viernes.

― ¡Eres demasiado lenta!―se quejó el chico―tengo hambre y en cualquier momento la pizza llegará a mi casa―gruñó caminando rápido.

― ¡Quizá podría apurarme si no llevara tanto peso! Como tú solo cargas tus cuadernos ¡Hmp!―respondió molesta.

―Que molestia…―gruñó él al mismo tiempo que se detenía, Bulma giró hacia él sin dejar de fruncirle el ceño pero no duró demasiado cuando Vegeta le quitó el bolso de un tirón y comenzó a caminar dejándola atrás. Bulma sonrió triunfante y trotó para seguirlo, y con mejor ánimo, se abrazó a su brazo libre de carga.

―Gracias―le susurró y besó su mejilla con rapidez, sonrió con picardía al ver su mejilla sonrojada― ¿Tomamos un taxi?―preguntó una vez que cruzaron a la siguiente cuadra.

―Dejé el auto por aquí―Bulma asintió y se acurrucó todavía más. Después de la incómoda y vergonzosa charla de sus padres, terminaron por darle permiso. Se quedaría desde el viernes hasta domingo, al final… había dicho una pequeña mentirita: que no estarían solos. Ella lo supo desde un principio, después de todo los viajes por el pequeño endemoniado chico seguían en su curso. No podía negar que la idea de estar todo un fin de semana a solas con él la tenía nerviosa, sabía que no se dedicarían solamente a ver películas, conversar y jugar con Ghost y la idea le aterraba un poco.

El camino fue en silencio, ella recién entrando en cuenta de lo que significaba ese fin de semana, iba acariciando las tablas de su falda. Llevaba ropa de cambio en su bolso; cuando Vegeta la había invitado a quedarse pensó en ir el día sábado, pero el joven se rehusó y la convenció de irse el mismo día viernes después de clases. No podía negar que le gustaba el entusiasmo de él por estar con ella, pero ahora que lo pensaba quizás era por lo que su madre le había dicho… "a cierta edad los hombres y mujeres tienen ciertas necesidades…" o algo así había dicho ¿Sería acaso que Vegeta, le había invitado sólo para tener sexo? No… no creía que él fuera capaz de eso, él la quería ¿Por qué dudaba? Suspiró profundamente, sabía de ante mano que su novio a menudo le demostraba esas necesidades que su madre había dicho, pero eso no significaba que no la quisiera realmente. Lo que le preocupaba o más bien, la hacía pensar en el asunto, era que no había quedado con muy buena impresión del sexo después de su primera vez y era más que probable que él quisiera repetir aquello, y no sabía si debía darle en el gusto simplemente porque lo amaba o negarse por egoísmo puro.

Él se percató de su silencio impropio en ella pero no dijo nada, Bulma siempre decía lo que pensaba, tarde o temprano, era cuestión de tiempo. Antes de llegar a su casona, vio al repartidor de pizza afuera del portón. El trueque fue eficiente, entregó el dinero y el par de cajas todavía calientes se las pasó a la joven silenciosa que miraba el intercambio.

―Pude cocinar algo―comentó la joven mientras se acercaban a la gran casa.

―Uhm… quizá mañana―respondió estacionando el automóvil bajo techo.

Él cargó con los bolsos y las cajas de pizza, Bulma lo siguió por el pórtico sin dejar de admirar las flores del ante jardín, cuando el joven abrió la puerta, un rayo blanco salió a toda velocidad, lanzándose con fuerza sobre la adolescente haciéndola caer de bruces al suelo. Vegeta tardó en reaccionar, su novia en el suelo con las piernas alzadas lo desconcentraron y ver sus bragas en el momento no ayudó.

― ¡Ghost!―dijo firme, pero el cachorro ahora enorme, no lo tomó en cuenta. El can lamía eufórico la mejilla de la joven, movía su cola de lado a lado y Bulma solo podía reír y quejarse a momentos cuando las enormes patas del perro se enterraban en la carne de su torso― ¡Abajo!

― ¡Está enorme!―exclamó alegre― ¿Extrañaste a mamá, eh? También te extrañé, bebé―murmuró con voz infantil. Vegeta suspiró y prefirió seguir su camino, no sabía cuál era más terco, si el can o ella.


(…)


Peinó su cabelló pensativa, miraba su reflejo sin percatarse de lo que veía. Su vientre se sentía pesado, y sus mejillas no dejaban de sonrojarse. La noche había caído, el día había pasado más rápido de lo que hubiera querido y mientras ella se miraba en el espejo, Vegeta estaba del otro lado de la puerta esperándola, probablemente en la cama. Intentó por todos los medios que los momentos entre ellos no se volvieran demasiado candentes, entre Ghost, películas, comida y series, lo había conseguido. Pero la noche era diferente… no había tenido que preguntar dónde dormiría cuando vio su bolso en su dormitorio.

Suspiró, dejó su peineta sobre el lava manos junto a su cepillo de dientes y salió del baño, no conseguiría nada quedándose tanto tiempo allí. Llevó sus manos sobre sus mejillas, intentando que sus palmas heladas calmaran el intenso rubor que las decoraban. Al salir, levantó su mirada con timidez hacia la cama, Vegeta revisaba su móvil, notó que vestía su pijama que consistía en una remera azul y un pantalón corto del mismo color. Su pijama era similar, solo que su remera se asemejaba más a un top ajustado, y el juego de prendas era de color rosa. Ghost al verla caminó hacia ella sin dejar de mover su cola, Vegeta al oír las uñas del cachorro chocar en el suelo, giró hacia ambos y frunció el ceño.

―Ve a tu cama, Ghost―ordenó con su voz grave. Bulma se inclinó a la altura del cachorro y acarició su cuello y cabeza.

―Déjalo dormir con nosotros―pidió sin mirarlo, por un momento pasó por su cabeza la idea de usar al perro para que su noche fuera tranquila, recordó haber leído en un par de ocasiones que algunas mujeres usaban a sus hijos para excusarse del sexo al hacerlos dormir en la cama matrimonial junto a los padres ¿Por qué no intentarlo con Ghost? ―quiero dormir con él―dijo haciendo un puchero a último momento.

―No―respondió tajante, no dando espacio para discusión ni dudas―ven a la cama, estás enfriándote.

Bulma, rendida, caminó hacia la cama. El joven no se movió, él se había acomodado en el lado derecho del espacio, por lo que gateó para llegar del otro lado de la cama que, sin saberlo, le regaló un tentador panorama de su cuerpo al adolescente; Vegeta la admiraba en silencio, desde que la volvió a ver en el retorno a clases que no dejaba de pensar en lo difícil que era encontrarla fea en algún momento. Esperaba que verla por la mañana, con el pelo enmarañado y la saliva corriendo por su barbilla, le hiciera pensar que era imperfecta, que era real. Por otra parte, el deseo de repetir lo que había pasado entre ellos en el viaje de estudio se hacía más presente que nunca, cada noche lo recordaba y era el único material que tenía y prefería, para satisfacer sus fantasías con su novia, le costaba creer que después de haber concretado aquello, seguía deseándola con tanto ímpetu.

La miró sin disimulo, la joven lucía un suave bronceado que le corroboraba la información que ella le había contado durante las vacaciones, y en parte le molestaba en cierto grado. Saber que había vivido experiencias divertidas sin él le inquietaba más de lo que debería, y era el reconocer que ella incluso sin él cerca, tenía cosas que hacer, con quien divertirse y pasar el tiempo. No se sentía necesitado como a él le pasaba con ella, no dejaba de pensar que era un poco injusto.

Bulma se acomodó a cierta distancia del joven, 20 centímetros para ser exactos. Vegeta alzó una ceja, ahora no solo su mutismo de medio día le advertía que algo andaba mal con ella, se le sumaba su distante actuar, sus pocas ganas de estar con él. Lo notaba, cada vez que la tocaba y besaba, ella no solía seguirle el juego por más de cinco minutos, a veces menos. Era imposible sentirse seguro al percatarse, ¿Había hecho algo que la incomodó? ¿Estaba molesta? ¿Se había arrepentido de estar con él? La inseguridad era pan de cada día para el adolescente, tragó saliva tratando de calmar los nervios.

― ¿Pasa algo?―preguntó mirándola fijamente, la joven pegó un respingo que hizo mover toda a cama, Vegeta no necesitó una respuesta verbal para saber que sí, algo pasaba. Dejó su móvil sobre su cómoda, se apoyó en la pared y volvió a mirarla―dime qué te pasa.

―N-no es nada―aseguró sin convicción. El silencio le alertó de su pobre intento de convencerlo, suspiró. Al final, si quería que su relación progresara, la clave era la comunicación, si Vegeta quería hablar lo mejor era aprovechar la instancia y hacerlo pero ¿Cómo comenzaba? No podía decirle sus miedos cuando él no había expresado de modo directo qué quería, era imposible no sentir pudor en ese momento. Su corazón latía fuerte en su pecho, el calor era difícil de tolerar―estoy un poco nerviosa… ¿Qué tontería, no?―rio nerviosa, su risa rápidamente se calló cuando vio el rostro serio pero a la vez comprensivo de su novio.

― ¿Por qué estás nerviosa? No es primera vez que estamos juntos en una cama―comentó confundido. Ella asintió sin mirarlo, y Vegeta intentó acercarse, buscar su rostro para poder descifrarlo. La joven volteó hacia él cuando sus rostros se encontraron, el adolescente volvió a su lugar para poder darle espacio, podía sentir su incomodidad y no quería empeorar la situación―nada pasara que no quieras…―comentó, y al ver sus ojos zafiro iluminados, se rindió. Su noche apasionada no se concretaría.

Vegeta no era tonto, pudo entender rápidamente la reacción de la joven al soltar aquella frase cliché y conciliadora, comprendió entonces su problema. Su novia tenía algo en contra de lo que él quería, no había punto medio en ese tema, o lo hacían o no lo hacían, y él se inclinaba por el no. Lo que ella quisiera y le hiciera sentir mejor. Suspiró derrotado y apagó la luz de su lámpara, se recostó sin decir nada y esperó a que ella hiciera lo mismo. Bulma no apagó su lámpara, no sentía que la conversación hubiera terminado.

― ¿Estás molesto…?

―No―respondió rápidamente―un poco decepcionado―los rasgos de la joven se pintaron de congoja ¿Decepcionado? ¡Eso era peor que molesto! ¿Estaba molesto con ella? naturalmente. Sintió su pecho doler, como si una espada hubiera atravesado su corazón y sus ojos se humedecieron casi al instante, estaba haciendo todo mal… por fin eran novios y arruinaba cada momento ¡No tendría su familia feliz en el futuro si se comportaba de ese modo! Mientras la joven se debatía mentalmente, el adolescente observaba el techo pensativo, buscando las palabras exactas para explicarse, ajeno al descontrol de la chica―no me gusta que te guardes esas cosas… somos una pareja ahora ¿No? Me pediste que confiara en ti antes, te pido que confíes en mí ahora. Si algo te molesta, dilo.

―Vegeta…―susurró sorprendida, sintiendo que la espada que había rasgado su pecho se convertía en una flecha que cupido había lanzado al oírlo― ¿Cómo es que…―su voz se entrecortó, llamando la atención del chico que giró rápidamente a verla. Bulma contenía el llanto, sus labios temblaban en una mueca graciosa que al chico le asustó e inquietó. Se reincorporó de un brinco y se acercó a ella para contenerla.

― ¡¿Por qué lloras?! ¿Qué pasa?―preguntó angustiado ¡La había vuelto a hacer llorar! Se sentía el peor novio del mundo.

― ¿Co-cómo es que…―repitió la joven, intentando decir correctamente su pregunta―haces que me enamore más de ti?―y rompió en llanto. Un llanto infantil, un poco escandaloso y puro, tan puro que el joven no pudo hacer otra cosa más que contemplarla «eso debería preguntarlo yo… tonta» pensó.

Sonrió sin burla, de simple felicidad, felicidad por tenerla a su lado, felicidad por sus sentimientos correspondidos, felicidad por haberla conocido. Se sentía no merecedor de tan bella persona, pero en su situación… no le quedaba más opción que cuidarla y velar que se sintiera igual que él, satisfecho y feliz por lo que había entre ellos. No llevaba mucho tiempo de haber reconocido que la amaba, de novio llevaban menos pero ¿Por qué sentía que estaban destinados y que lo suyo no terminaría? Era raro, fue la primera vez para el adolescente en que se proyectó con ella, que en cuestión de segundos se vio en un futuro junto a ella, y le gustó lo que veía.

La abrazó, ella sollozó unos minutos más y él no dejó de acariciar su espalda. Después de su episodio emocional, la joven se levantó y volvió al sanitario. Vegeta se recostó y cerró los ojos, descansando un poco del día que a pesar de no haber hecho mucho, lo había agotado. No la sintió regresar, se durmió de un momento a otro y despertó solo cuando sintió el brazo de ella rodear su cintura. Al abrir los ojos notó la oscuridad del cuarto, ¿Cuánto tiempo se había dormido? La respiración de su compañera era tranquila, su llanto ya se había ido.

― ¿Estás despierto?―susurró la joven.

―Si―respondió firme, ella se apegó a su cuerpo y tuvo que concentrarse en no perder la cordura cuando sus curvas chocaron con sus músculos.

― ¿Crees… que me duela?―preguntó apenada. Vegeta frunció el ceño sin entender, guardó silencio unos minutos intentando comprender su pregunta pero finalmente se rindió.

― ¿Qué cosa?―preguntó al mismo tiempo que la abrazaba y giraba para quedar de frente, ambos de costado abrazándose y mirándose sin verse en realidad en la oscuridad de su dormitorio.

―Y-ya sabes… el sexo, volverlo hacer ¿Dolerá?―preguntó apegándose más a su pecho― ¿A ti te dolió la primera vez?

―No―respondió―no sé si te duela… creo que con la práctica lo averiguaríamos―Bulma sonrió y antes de que él pudiera seguir hablando, se inclinó y buscó sus labios. Primero chocó con su mentón, sus labios tantearon hacia arriba hasta atrapar la boca de su novio y él no tardó en seguirle el juego.

Sus labios encajaban tan bien… Bulma sentía que podía pasar todo el día prendada de su boca, y él no tenía problema con darle en el gusto. El joven no tardó en sentir su miembro viril despierto, por lo que alejó su pelvis de la de ella, rompiendo el abrazo que mantenían. Su novia se percató y en cosa de segundos lo siguió, sorprendiéndolo. Con su pierna izquierda se abrazó de la cadera de él y la guío de vuelta a su refugio, entre sus piernas. Él jadeó en su boca al sentir el contacto entre sus zonas íntimas, el calor se había liberado encendiendo todo a su paso.

Bulma sabía que si no lo detenía ahora, terminaría pasando lo que la tenía nerviosa y preocupada, pero él tenía razón. No sabría la respuesta a menos que practicarán, y verlo entusiasmado por la práctica la motivaba a continuar. Además, el temor era con la penetración, todo lo demás la excitaba al igual que él. Cada caricia que Vegeta le daba la encendía, ella no era ajena a sus toques y atenciones. Intentando dejar el miedo a un lado, las manos de la adolescente se metieron debajo de la remera del chico, tanteando su piel con caricias suaves y traviesas, palpando cada surco de su torso varonil. Él, para hacerle la tarea más sencilla, la empujó con cuidado dejándola boca arriba; se quitó la remera para hacerle más fácil la inspección y a la vez, sentir su cuerpo más directamente.

Sus manos no se quedaron atrás, recorrieron impaciente por la curva de su muslo, su cadera aun cubierta por la molesta tela de su pantalón corto, para finalmente escabullirse debajo de su top. Ella tembló ante su tacto demandante, se estremeció elevando su pecho para chocar con el suyo en el intento de controlar lo que le provocaba, sin dejar de besarla siguió con su marcha. Meneó su cadera sobre la suya, sus palmas ahuecaron sus senos protegidos por su brasier mientras que las manos de ella recorrían su espalda. Sus bocas se movían sin tregua, luchando por quien devoraba al otro, cada beso más intenso que el anterior, quitándose el aliento y compartiendo sus salivas. Ella gemía en su boca, y él mordisqueaba su labio inferior, excitándola todavía más. La joven sentía su ropa interior húmeda, la fricción entre su intimidad y la erección de Vegeta le hacía sentir bien, demasiado bien.

El joven se separó solo para poder desnudarla. Ella no se lo impidió y lo ayudó en el proceso, para apresurar el asunto desabrochó su brasier rápidamente, sin darle tiempo a los dedos impacientes del chico por hacerlo. Vegeta tragó saliva ansioso cuando sus manos desnudas probaron la suavidad y textura de sus senos, volvió a empujarla en contra de la cama y subirse a su cuerpo, sin soltar sus nuevos juguetes retomó sus labios. Sentía las manos del joven palpar firmemente sus montes, hundir sus dedos y masajear su palma sobre cada uno, a la vez que su erección hacía más presión en su intimidad.

―Quiero… follarte―interrumpió el beso con su voz grave― ¿Podemos…?―susurró sin aliento, sintiendo el goce que la fricción de sus cuerpos les obsequiaban.

―Sé gentil―pidió, él sonrío triunfante y volvió a besarla.


(…)


Los rayos del sol brillaban con intensidad, más los jóvenes amantes no se enteraban de la agradable mañana que les esperaba afuera. Mientras que sus cuerpos se abrazaban, el can despertó de un brinco. El ruido que hicieron sus uñas en contra del suelo no despertaron a ninguno de los dos, no se molestaron en cerrar las puertas ya que estaban solos por lo que el cachorro no tuvo problema para salir del dormitorio.

Ella se quejó cuando el brazo de él la aprisionó con más fuerza, casi envolviéndola con su cuerpo, él se aferraba a su menuda cintura, y ella ni se enteraba. Por un momento abrió los ojos, observó su cabello lacio y en cuestión de segundos se ubicó en el espacio tiempo, volvió a dormirse a los segundos después.

Despertó de un brincó cuando oyó pasos acompañados de ladridos en el pasillo, frunció el ceño confundido, intentó entender qué estaba pasando pero había despertado tarde y cuando una persona entró a su dormitorio recién se estaba reincorporando aun un poco adormilado.

―Hijo, ¿Por qué no nos ayudas a preparar el desayuno? Nana no vendrá y―los ojos negros del joven se quedaron estáticos en el sujeto que estaba en el umbral de su cuarto. Al igual que los del adolescente, los ojos negros del adulto se quedaron quietos sobre las dos figuras sobre la cama.

Vegeta notó como su padre dio una rápida repasada al dormitorio, mirando las prenda de sus pijamas en el suelo, las cobijas esparramadas y luego volvió a centrarse en ellos. Casi sin procesar que su padre los había descubierto, sus mejillas se incendiaron por cuenta propia.

―Los espero abajo para comer―comentó el hombre y cerró la puerta.

Entonces lo procesó. Bulma se movió entre sus brazos, volteó hacia ella y miró su rostro, sus mejillas tenían un tinte rosa precioso que sin quererlo le causaba ternura, pero la ternura mutaba a lujuria cuando sus ojos se centraban en su desnudez. Pero no había tiempo para pensarlo, su fin de semana a solas se había arruinado y encima, su padre se había enterado de la peor manera que la había invitado; por primera vez en sus 17 años, el joven se sintió profundamente avergonzado, tanto por la situación en la que había sido descubierto, como porque fuera su propio padre quien lo hubiera visto.

Quería hacer un hoyo en la tierra y lanzarse, no solo, con Bulma a su lado, esconderse y no saber del mundo ni darle explicaciones a nadie. Odiaba la adolescencia.

La odiaba.

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N/A: ¡LO SIENTOOOOOOO! TANTO PERO TANTO! por la demora... no sé cuanto tiempo pasó desde el último cap, pero creo que fueron más de dos meses y bueno, antes que nada les cuento el porque: Mi seminario de Título, los otros fic y mi ánimo. Sé que es un rollo viejo, pero quería terminar mi Seminario, darle prioridad y como bien saben algunas, tengo otros fic y voy rotando las actualizaciones. Y bueno, el ánimo no ha sido una buena compañera últimamente, por todo eso y más, lo siento :/

Respecto al cap, quería mostrar un poco el como será la relación del par ahora, no ahondaré en detalles de cada día que viven juntos, habrán varios saltos temporales porque solo quiero darle pinceladas a ese último año escolar, como mencioné antes, no quedan muchos capítulos para que termine el fic, no más de 3 creo. Quise que la primera discusión que afrontaran fuera por el tema de los celos, no quise dejar como que Bulma dejara pasar algo así, es decir, ninguna mujer debe tolerar aquello y según el contexto de este fic, que es de época moderna, esos temas son delicados. Los celos no son algo bueno en ninguna relación y era algo que debían afrontar tarde o temprano. Por lo mismo, que es de época moderna y otro mundo y todo eso, que me imagino a ambos actuando de ese modo, cariñosos o preocupados de que funcione lo que tienen. Él no tiene experiencia en relaciones interpersonales pero por ella puede hacer un sacrificio y Bulma vive su mundo de hadas y ensueños al estar con él y está convencida de que será el padre de sus hijos xD por lo que no quiere que su relación muera por nada en el mundo.

Bueno, acabo de terminar de editar, así que si se colan faltas ortográficas, letras revueltas, menos o demás, lo siento...

Gracias a quienes dejan review y nos estamos leyendo en otra actualización :)

Gracias por comprender!

Saludos y que estén todxs muy bien :)