Adrián se dejó caer sobre la cama con un suspiro de cansancio. Había sido un largo día, pero lo que lo había dejado completamente sin fuerzas era su dilema interior. ¿Cómo se habían torcido las cosas de aquella manera? Probablemente la culpa fuera solo suya, pensó, por coquetear con Marinette en primer lugar. En ningún momento había pensado que aquello llegaría tan lejos. Ni que él mismo pudiese llegar a sentir algo tan intenso por ella... justo en el momento en las cosas con Ladybug parecían estar avanzando también.
¿Cómo era posible? Todavía estaba profundamente enamorado de la superheroína, de eso no tenía ninguna duda. Pero al mismo tiempo se sentía inevitablemente atraído hacia Marinette. Y besarla de nuevo aquella tarde, y de aquella manera, había sido...
Reprimió un suspiro. «¿Puede alguien enamorarse de dos personas a la vez?», se preguntó muy confuso.
–Bueno, a ver, ¿qué te pasa ahora? –preguntó Plagg mientras engullía su último trozo de queso–. Tus dos chicas te han besuqueado, ¿no estás contento?
–¡No son «mis dos chicas»! –exclamó Adrián. Pero se puso colorado.
–Vamos a ver, si te gustan las dos, y tú les gustas a ellas, ¿cuál es el problema?
–El problema es que no puedo estar con las dos, Plagg. No está bien.
El kwami se quedó mirándolo un momento y luego sacudió la cabeza desconcertado.
–Pasarán miles de años y seguiré sin entender a los humanos –declaró–. Tanto lloriqueo sobre el poder del amor y la importancia de los sentimientos y ahora que tú tienes el doble de... amor y sentimientos y todo eso... resulta que «no está bien». Cuantas más novias mejor, ¿no?
–Eso no es así, Plagg. –Adrián gruñó, frustrado–. Es inútil hablar contigo.
–¡Oye! –protestó él–. Lo entiendo mejor de lo que piensas. Tienes que elegir entre las dos. Lo que estoy intentando señalar es que esa norma es absurda. Porque una de las dos sufrirá. Y tú también.
Adrián disimuló una sonrisa al comprobar que, pese a su actitud displicente, Plagg estaba preocupado por él.
–Si estás decidido a elegir –prosiguió el kwami–, supongo que Ladybug es la mejor opción, ¿no? Llevas suspirando por ella desde que te conozco. Y los dos sois superhéroes. Y está Tikki –añadió como quien no quiere la cosa.
–Sí –asintió Adrián, pensativo–. Ladybug es la mejor opción.
–¿Pero...? –adivinó Plagg.
Adrián sacudió la cabeza y no contestó.
–Y entonces, ¿qué? –preguntó Tikki–. ¿Vas a empezar algo con él?
Marinette dirigió una mirada melancólica a las paredes de su cuarto. Había retirado todas las fotos de Adrián porque sentía que no tenía derecho a mantenerlas allí ahora que dedicaba sus ratos libres a besarse con Cat Noir.
Sacudió la cabeza, tratando de librarse de aquel pensamiento. Era mucho más que eso. Había un sentimiento real detrás.
Eso era lo que más la asustaba.
–Creo que ya ha empezado, Tikki –murmuró–. No sé cuándo ni cómo ni por qué, pero... me parece que Cat y yo ya estamos juntos. De alguna manera.
–¿Y has decidido si vas a hacerlo como Marinette... o como Ladybug?
–No –admitió ella–. Pero no voy a decidirlo yo.
Tikki flotó ante ella y le dirigió una mirada desconcertada. Marinette sonrió.
–Dejaré que sea él quien decida –explicó–. Quiero causarle el menor daño posible, así que esperaré a que tome una decisión... y, elija a quien elija... la tendrá.
Se estremeció nada más pronunciar aquellas palabras. ¿Estaba decidida a decirle que sí a Cat Noir, como Marinette o como Ladybug? Unas semanas atrás no lo habría creído posible.
–Tikki –murmuró–. No es una locura, ¿verdad? Quiero decir... que se trata de un sentimiento real. Si estuviese cometiendo una equivocación, si me encontrase... confundida o algo así... ¿me lo dirías?
Ella sonrió con dulzura.
–Te lo diría, Marinette. Y estoy bastante segura de que lo que sientes por Cat Noir, sea lo que sea, es real.
Marinette sonrió y suspiró.
–Sí, a mí también me lo parece.
Ladybug llegó al lugar de la cita a la hora acordada y se encontró con que Cat Noir ya estaba allí, encaramado al alero. Su corazón se aceleró al verlo.
–Buenas noches, Cat –saludó.
–Buenas noches, Ladybug –respondió él con una media sonrisa.
Ella se sentó a su lado, manteniendo las distancias a pesar de lo mucho que deseaba abrazarse de nuevo a él. Pero había detectado un cambio en su humor habitual. Cat Noir se mostraba serio y reconcentrado, como si se dispusiera a pasar un examen difícil.
–Querías hablar de algo importante, ¿no es así? –le preguntó con suavidad.
–Sí, yo... –Cat Noir inspiró hondo, le dirigió una mirada de soslayo y sonrió de nuevo–. Es algo complicado y... aunque he pensado mucho en ello, a lo mejor no consigo expresarme como me gustaría.
Ladybug alzó una ceja, desconcertada.
–Quiero decir... –trató de explicarse él– que necesito que me dejes hablar... sin preguntas ni comentarios... hasta el final. Porque es una larga historia, y si pierdo el hilo quizá no sea capaz de retomarlo.
Ella inspiró hondo, inquieta.
–Cat, ¿es serio?
–Es difícil, al menos para mí. Por eso necesito que me escuches. Porque tengo que decírtelo, y si no lo hago ahora, más adelante quizá no encuentre valor para hacerlo.
Ladybug tragó saliva y le oprimió el brazo, mostrándole su apoyo.
–Adelante, puedes empezar cuando estés listo –lo animó–. Te escucho.
Cat Noir respiró profundamente varias veces. Ladybug notó que estaba muy nervioso, por lo que no retiró la mano de su brazo. Él parecía encontrar fuerzas en aquel contacto, porque le sonrió de nuevo y empezó, incapaz de mirarla a los ojos.
–Ladybug, te quiero. Esto ya lo sabes porque te lo dije el otro día, durante la batalla contra Iceberg. No fue una ocurrencia ni algo que surgió en el momento. Estoy enamorado de ti de verdad. Desde hace mucho tiempo.
Ladybug sintió que se derretía. Abrió la boca para responder, pero entonces recordó que él le había pedido que no lo interrumpiera. De modo que asintió, animándolo a que continuara.
–Esa noche te conté también que había besado a Marinette –prosiguió él–. Y te juré que no volvería a hacerlo.
Ella reprimió una pequeña exclamación de sorpresa. Lo había olvidado por completo. Comprendió de pronto que a él lo torturaba la idea de que le había hecho una promesa que no había sido capaz de cumplir.
Pero se suponía que Ladybug no podía saber aquello, de modo que permaneció callada, sintiéndose muy culpable ante la angustia de su compañero.
–No sé lo que sientes tú por mí –continuó Cat Noir–. Tengo la sensación de que te gusto un poco, y esta tarde, durante la incursión en el banco, me has b-besado –concluyó enrojeciendo–. En otras circunstancias te pediría salir. Te suplicaría que me dieras una oportunidad. Todavía lo deseo. –Inspiró hondo y continuó–. Pero no puedo, Ladybug, porque no te merezco.
Ladybug tenía los ojos llenos de lágrimas.
–Cat Noir, yo... –empezó, pero él alzó la mano para pedirle que le permitiera continuar.
–Hoy mismo he vuelto a ver a Marinette. He intentado mantenerme lejos de ella, pero no he podido. Hemos vuelto a besarnos –confesó, muy avergonzado–. Sé que probablemente pensarás que soy un embustero y un sinvergüenza y que he jugado con tus sentimientos. Si me odias o no quieres volver a verme lo entenderé. No estoy viendo a Marinette por capricho ni porque sea un ligón. Tengo... tengo sentimientos hacia ella. Sentimientos muy profundos que hasta hace unos días ni siquiera sabía que existían. No sé si es posible estar enamorado de dos chicas a la vez, pero es lo que me está pasando a mí ahora mismo.
Se detuvo un momento y la miró de reojo, estudiando su reacción. Pero ella, conmovida, se sentía incapaz de hablar.
Cat Noir, malinterpretando su expresión, bajó la cabeza, muy avergonzado.
–No te estoy pidiendo nada. Ni siquiera tengo derecho a pedirte que lo entiendas, porque ni yo mismo comprendo por qué. Ni estoy tratando de excusarme. Solo... comparto esto contigo porque es la verdad y tienes derecho a conocerla. Comprenderé perfectamente que te enfades conmigo, cualquier cosa que pienses de mí la aceptaré, porque sé que todo esto no es justo para ti. Pero necesitaba que lo supieras.
»No tengo intención de seguir así para siempre. Sé que tengo que elegir, y lo haré, porque, independientemente de lo que yo sienta, no me parece correcto jugar a dos bandas. Yo no soy así.
Ladybug tragó saliva y enterró el rostro entre las manos, tratando de ocultar las lágrimas que amenazaban con escapar de sus ojos. Cat Noir se acercó a ella de inmediato e hizo ademán de pasar un brazo por sus hombros, pero lo retiró en el último momento.
–Lo siento, Ladybug –susurró angustiado–. Siento mucho todo esto, de verdad. Yo no quiero confundirte ni hacerte daño, ni a ti ni a Marinette, y por eso... –inspiró hondo antes de continuar–, ya he tomado una decisión.
Ella alzó la cabeza para mirarlo. Pero él apartó la vista otra vez.
–O-oficialmente tú y yo seguimos siendo solo amigos –prosiguió; volvió a respirar profundamente–. En cambio, Ma-Marinette y yo ya hemos empezado algo. No sé qué es, ni si ella querrá seguir adelante, pero... le voy a pedir salir. Y por eso ya no voy a molestarte más con... lo que siento por ti. Para mí serás una amiga muy querida y nada más, porque... bueno, si se diera el caso de que tú qui-quisieras estar conmigo... yo no podría aceptar, po-porque...
No fue capaz de continuar. Dejó caer la cabeza, hundió los hombros y se apartó un poco de ella, temblando.
–Ya está, ya lo he dicho –musitó.
Ladybug solo podía tratar de imaginar lo duro que había sido para él pronunciar aquellas palabras. Le pasó un brazo por los hombros, tratando de conformarlo. Sentía que el nudo que tenía en la garganta le oprimía también el corazón.
–¿Es realmente lo que quieres? –susurró.
Pero Cat Noir sacudió la cabeza.
–Lo que realmente quiero no lo puedo tener, Ladybug –respondió con una sonrisa de cansancio–. Pero me consideraré un gato muy afortunado si Marinette acepta estar conmigo a pesar de todo. No se trata solo de que me sienta responsable, ya te lo he dicho. Me gusta mucho... y creo que me estoy enamorando de ella también.
–¿Y si te dice que no? –La voz de Ladybug era apenas un susurro, pero él la oyó perfectamente–. ¿Me lo pedirías a mí después?
–No –respondió él–. No quiero que seas mi plan B, Ladybug. No puedo decirte ahora que he elegido a Marinette y correr a suplicarte después con el rabo entre las piernas si resulta que ella me rechaza. Sería muy grosero por mi parte. Pero –añadió guiñándole un ojo, con un atisbo de su viejo humor–, si eres tú quien me pide salir a mí, no puedo asegurarte que sea capaz de resistirme a tus encantos.
Ladybug sonrió y lo estrechó con afecto.
–Qué cosas te pasan, gatito –murmuró.
–¿No estás enfadada conmigo? –tanteó él.
Ella negó con la cabeza, pero no dijo nada. No sabía qué podía decirle. Sentía que tenía la llave para evitarle todo aquel sufrimiento y no se le permitía utilizarla. «Lo compensaré», se prometió a sí misma. «O, mejor dicho, Marinette lo compensará».
Permanecieron un momento así, abrazados.
–Gracias por ser sincero conmigo –dijo ella al final.
–Gracias por no odiarme –murmuró él.
Ladybug reprimió un nuevo suspiro. Finalmente, Cat Noir se puso en pie, con cierta dificultad. Aunque trató de disimularlo, su compañera se dio cuenta de que le temblaban las piernas. Se incorporó también y colocó las manos sobre sus hombros para mostrarle su apoyo.
–Todo está bien, Cat Noir –le aseguró–. Tienes razón; hemos coqueteado un poco pero no hemos empezado nada serio. Por mi culpa, sobre todo. Porque me lo he pensado demasiado, y es lógico que te hayas cansado de esperarme y quieras pasar página. Ojalá te vaya muy bien con Marinette y seas feliz. Te lo mereces.
Se abrazaron, emocionados.
–No sé si podré, bichito –dijo Cat con la voz rota–. Pasar página, quiero decir.
Ladybug tragó saliva. «Maldita sea, Tikki», pensó. Se moría de ganas de besarlo, de asegurarle que todo estaba bien, que no tenía que elegir porque había encontrado a la chica que estaba buscando. Apretó los dientes para que las palabras «Puntos fuera» no escaparan de sus labios en un momento de debilidad. Nunca antes había deseado tanto revelarle a Cat Noir su verdadera identidad, y en ese instante comprendió que se había enamorado de él.
Cerró los ojos y enterró el rostro en su hombro, temblando.
–Todo se arreglará –le prometió–. Después de todo, los gatos tenéis siete vidas, ¿no? –sonrió.
–Ojalá las tuviera –murmuró él–, para poder dedicarte al menos una de ellas.
Ladybug alzó la cabeza para mirarlo a los ojos. Leyó en su mirada que sentía deseos de besarla, y estuvo tentada de dejarse llevar. Pero no quería ponerle las cosas más difíciles. Se separó de él con un suspiro y dijo:
–Es hora de que me vaya. ¿Estarás bien?
Cat Noir respiró hondo y desvió la mirada.
–Lo estaré. ¿Y tú? Siento haber tenido que cargarte con todo esto...
–Por supuesto que estaré bien –cortó ella, colocando la yema del dedo índice sobre sus labios para hacerlo callar–. Soy Ladybug, ¿recuerdas? –concluyó guiñándole un ojo.
Él sonrió por fin.
–Eres increíble, ¿lo sabías?
–Y tú un sentimental. No pierdas más el tiempo conmigo y ve a cortejar a tu chica. Seguro que te está esperando.
La sonrisa de Cat Noir se ensanchó.
–A tus órdenes, milady –respondió con una reverencia.
Ella dejó escapar una risita antes de despedirse con un gesto y alejarse de allí, balanceándose entre los tejados.
Cat Noir la vio marchar con un extraño peso en el corazón.
«¿Qué he hecho?», se preguntó. Tenía la sensación de que estaba cometiendo un gran error. Ladybug era la chica de sus sueños... y había renunciado a ella para estar con Marinette, sin saber siquiera si estaría dispuesta a iniciar una relación con un superhéroe al que apenas conocía.
El corazón le latió un poco más deprisa al pensar en ella. Era cierto que las cosas parecían avanzar entre los dos, a juzgar por los besos que habían compartido aquella misma tarde en el callejón. Pero no era aquel el único motivo por el que Cat Noir la había escogido a ella.
Había estado muy enamorado de Ladybug. Todavía lo estaba, de hecho. Pero tenía que admitir que no sabía quién era, no conocía su rostro ni su nombre; y, aunque podía resultar tentador mantener un romance en los tejados bajo la luz de la luna, Cat Noir era consciente de que eso no era la vida real.
Marinette, en cambio, era su amiga y compañera de clase. Incluso aunque él no pudiera revelarle su verdadera identidad, podría pasar mucho más tiempo con ella. Y verla todos los días.
Sonrió, un poco más animado, y se puso en marcha hacia el balcón de Marinette.
Ladybug aterrizó sobre su cama y murmuró:
–Puntos fuera.
Se transformó inmediatamente en Marinette y depositó un par de galletas en el plato de Tikki, aunque ni siquiera se molestó en mirarla.
–Marinette... –dijo ella, apenada.
–Ahora no, Tikki. No estoy de humor para hablar.
Salió de nuevo al balcón, tratando de asimilar todo lo que acababa de pasar. Había dado por supuesto que Cat Noir elegiría a Ladybug y, sin embargo...
A ella no le importaba en realidad, pero estaba preocupada por Cat. Temía que hubiese escogido a Marinette solo porque se sentía responsable por haberla besado, y no porque realmente la prefiriera a Ladybug.
Pero no pudo seguir pensando en ello, porque enseguida divisó la figura de Cat Noir corriendo por los tejados... hacia ella.
NOTA: Esto me está saliendo más dramático de lo que pretendí cuando lo empecé, pero os adelanto que Ladybug tiene razón: todo se arreglará :). ¡Gracias por leer!
