Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.
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Sueño de Verano - Toma 14
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¿Cual sería la definición perfecta para aquella situación?¿felicidad contenida?. Es decir, habían hecho cosas mucho más vergonzosas que decir "te quiero", pero tan sólo esas dos palabras parecían haber cambiado por si sola toda la situación. Parecían haberles llevado paz.
Esa mañana mientras trabajaban se dedicaban miradas sutiles, ligeros vistazos en los cuales saltaban chispas y aleteaban mariposas. Se buscaban como haría cualquier pareja de enamorados, y los ojos azules de Ranma no dejaban de perturbarla, ya sin motivos para rechazarle, sin excusas para impedir que aquella noche la arrastrara a su habitación y cerrara la puerta hasta el amanecer.
Akane no sabía donde meterse, el calor no abandonaba su rostro, la vergüenza no daba tregua a sus nervios. Pero era feliz, realmente lo era. Se sentía flotar entre las nubes, muy lejos del suelo, se permitía soñar despierta con un futuro nuevo, puede que a su lado.
Quizás estaba yendo demasiado deprisa, todo avanzaba a gran velocidad, precipitándose hacia alguna parte en la que, esta vez sí, estaba segura de querer estar.
Profunda, testarudamente enamorada de un torpe sin modales, un pervertido posesivo, un artista marcial…
Suspiró sintiendo su pecho henchido, realmente quería que se pusiera sol, estaba deseando que terminara el día y saber lo que le deparaba la noche.
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"Yo también te quiero".
Tan pocas palabras y tanto significado. Eso quería decir que su torpe y negada confesión aquella mañana, aquella vez después de… no la había conseguido engañar, ella había entendido perfectamente su intención, sus propias palabras habían rozado su corazón y le habían imprimido el valor necesario para poner en claro lo que sentía por él.
Si tan sólo hubiese dejado las cosas tal cual, si no se hubiera empeñado en desdecirse, en ocultarse tras su torpe exigencia ya llevaría dos días durmiendo con ella. Torció el gesto pensando en el tiempo perdido, pero volvió a sonreír ante la seguridad que no iban a volver a desperdiciar un segundo más.
Llevaba todo el día buscando una excusa para acercarse a Akane, a veces si se cruzaban de frente intercambiaban miradas y rozaban torpemente sus dedos, como en una travesura, sonriendo como idiotas, no queriendo ser descubiertos en su mutuo secreto.
No recordaba una sensación similar, un momento más feliz. A sus ojos era hermosa, era tan perfecta que apenas y se creía lo que le estaba pasando. Claro que él tampoco estaba nada mal, reflexionó presumido.
Pero seguía habiendo algo en todo aquello que estaba mal. Seguía habiendo un secreto entre ellos que a estas alturas no sabía ni cómo abordar. ¿Esperar que jamás se enterara sería mucho pedir?.
No quería que nada estropeara ese momento, no permitiría que nada se interpusiera en su felicidad… así fuera él mismo. Se convenció de que se lo diría, pero no ese día. Sólo necesitaba un instante de tregua.
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— ¡No aguantar más! — exclamó la china dejándose caer a la sombra de un árbol, a un par de metros de la carretera.
El joven a su lado la miró cansado de sus múltiples protestas, pero concedió en hacer un pequeño descanso. Llevaban dos días caminando sin parar por carreteras secundarias, intentando pasar desapercibidos, buscando albergue en pequeños pueblos, y cada vez las cosas tenían menos sentido.
¿Tan valiosa era aquella joya para jugarse la vida?¿y quiénes eran exactamente los tipos que les habían secuestrado?.
— ¿A cuantos kilómetros queda Pekin?
Bai giró los ojos con el hastío escrito en ellos.
— ¿Japoneses no tener idea de cuan grande ser China?
— ¿Como quieres que sepa siquiera dónde estamos? es la primera vez que salgo de mi país.
— ¿Pensar que China ser igual que pequeña isla? ¡no poder continuar a pie!
— ¿Y cual sería el medio más rápido?
— Avión. —contestó secamente la chica mientras intentaba recoger sus cabellos en una coleta.
— Bueno, eso queda descartado… ¿y no puede venir tu estúpido hermano a buscarnos? aunque nos persigan, debe de haber una forma de despistarlos, no pueden tener vigilados los teléfonos de todo el país.
— ¡Hermano de Bai no ser estúpido!. Siempre estar muy ocupado con sus negocios… y además... — se interrumpió pensativa.
— Además... — continuó Shouji, intentando hacerla hablar.
— ...además, enfadar mucho cuando descubrir que Bai meterse en tantos líos.
El joven no pudo evitar estallar en carcajadas, se dejó caer hasta el suelo y miró a la chica con lágrimas en los ojos a causa del ataque, ella parecía seriamente contrariada.
— ...o sea, que eres capaz de escapar de unos secuestradores, de pedir la ayuda de un policía retirado del servicio y huir por medio mundo… ¡y temes a tu hermano!
— ¡No tener gracia!
— Oh, sí que la tiene. — continuó riendo, pero al ver su cara de fastidio, su hermosa expresión con el ceño fruncido alzó la mano y casi por accidente rozó su mejilla, acariciándole con la punta de los dedos. — No te preocupes, encontraré la forma de llevarte a casa. — dijo protector.
Se puso en pie repentinamente tímido por sus propios actos y comenzó a caminar sin mediar palabra. A su espalda no pudo ver como la expresión de la chica cambiaba, su rostro colorado ante el contacto dio paso a una expresión extraña, al borde del llanto.
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¿Porqué las horas habían transcurrido de manera tan absurdamente lenta?, ¿qué demonios pasaba con el sol interminable, con la tarde agónica?. Salió a toda prisa del set de rodaje, o más bien del lugar de castigo, estaba cansado pero la perspectiva de ver su rostro le hacía recuperar sus menguadas fuerzas.
Sí, realmente no tenía intención de dejarla escapar de sus garras, pensaba vigilarla toda la noche, personalmente. La distinguió a lo lejos, charlando alegremente con su hermana como solía hacer, por suerte el estúpido de su ex—novio no molestaría, al parecer no tendría el alta hasta el día siguiente, y para entonces no habría dejado un solo recuerdo de él en su cabeza. Los borraría todos con sus besos, con sus caricias, la haría conocer la desmesura en el agotamiento, suplicante, entregada, suya. Siempre suya.
Se acercó a las dos hermanas con la esperanza de que Nabiki no abriera su gigantesca boca para soltar una nueva amenaza. Aunque si lo hacía le importaba bien poco, que tratase de arrebatarle su buen humor si es que podía.
— Vaya Ranma, precisamente hablábamos de ti. — dijo la productora sonriéndole mordaz, a su lado Akane enrojeció intentando esquivar su mirada.
— ¿De veras?
— Sí, comentábamos lo "satisfechas" que estamos con tu trabajo.
El chico de la trenza levantó una ceja y les dirigió miradas alternas a ambas hermanas, varias veces. El silencio se volvió tan incómodo que Nabiki no tuvo más remedio que estallar en una gigantesca carcajada.
— Oh, vamos, no te pongas tan serio. — dijo apoyando una mano en su hombro de forma cómplice. — Pero recuerda bien nuestro trato, cuñadito, que no se te olvide.
Ranma tragó saliva y asintió imperceptiblemente.
— Y una cosa más, esta te la digo como hermana mayor: si le haces daño a Akane… acabaré contigo.
Y parecía decirlo muy en serio, la productora volvió a sonreír antes de alejarse, dejándolos al fin a solas. El artista marcial la vio marchar con la impresión, una vez más, de que aquella mujer era extremadamente peligrosa, realmente capaz de todo.
Volvió la cabeza para ver la pequeña chica que nerviosa retorcía el bajo de su vestido con ambas manos, tan adorable que le costaba pensar en todas las ocasiones en las que se había enfadado con ella. Se llevó una mano a la cabeza, sacando a relucir su propia timidez.
— Has… ¿has tenido un buen día? — preguntó de forma estúpida, intentando romper el hielo.
— S-sí, no ha estado mal…
— Hoy hemos avanzado bastante con la grabación, dicen que acabaremos pronto. — continuó él con la conversación intrascendente.
— Ya apenas quedan un par de escenas, anoche mismo terminé los guiones.
— ¿Anoche?
— Sí… me costó dormir.
— Oh, vaya… entonces imagino que estarás cansada.
— ¡No! es decir… sí, pero…
De nuevo otro silencio, un pozo de incomodidad, un paréntesis en el que ambos estaban completamente fuera de lugar.
— Han pasado muchas cosas desde que nos conocimos, ¿no crees? — dijo de nuevo Ranma.
Ella sonrió con la comisura de sus suaves labios.
— Parece que hubieran pasado años y sólo hace unas semanas.
— Quieres… es decir… ¿quieres que hablemos? — propuso él sintiendo su corazón brincar en su pecho, ella levantó la vista y clavó en él sus ojos, que con la iluminación del reciente atardecer habían adquirido el mismo color que la arena de la playa.
— Sí. — respondió sonrojándose.
No hacían falta más palabras entre ellos, caminaron de regreso a sus habitaciones, uno al lado de otro sin atreverse a pronunciar un sonido. No fue hasta que llegaron a la escalera que daba paso desde la playa a los apartamentos cuando Ranma se atrevió a acariciar su mano, tomándola con ternura, invitándola a seguirle en silencio.
Y ella se dejó arrastrar sintiendo la increíble calidez de la escena, lo bucólico de su encuentro, la mal disimulada sonrisa del hombre que amaba al dirigirle fugaces miradas.
Él la guió una vez más a su habitación, la hizo entrar y no le dio un solo segundo de paz. Tan pronto cerró la puerta a su espalda apoyó ambas manos contra la superficie, dejándola atrapada entre él y el tablón. Akane apenas pudo tomar aire antes de que apresara su boca con la suya, besándola con una dulzura desconocida, una dedicación impropia que intentaba expresar en aquel gesto sus desatados sentimientos.
Ronroneó a la vez que relajaba los brazos y la atrapaba definitivamente entre su cuerpo y la madera, tan dichoso que querría haber prolongado aquel momento para siempre.
Akane rió separándose de sus labios, desvió el rostro divertida y él pareció contrariado.
— Ranma, apestas a sudor. — susurró en voz baja y el chico de la trenza se apartó de ella apoyando de nuevo las manos contra la puerta.
— Ah vaya, lo siento, llevo todo el día con esas dichosas escenas de acción y…
De nuevo la cantarina risa de la guionista interrumpió el hilo de sus pensamientos.
— ¿Porqué no te das una ducha?, yo iré a buscar algo para cenar.
Él arrugó el entrecejo, esbozó un mohín encantador lleno de fastidio, realmente llevaba todo el día deseando estar exactamente donde estaban. Una idea pervertida atravesó su cerebro.
— También podemos ducharnos juntos. — dijo con voz ronca, cediendo a sus más primarios instintos.
— ¿No íbamos a hablar?
— Hablaremos después.
Akane volvió a reír y él descubrió que aquel sonido no hacía más que incentivar sus ansias de ella, realmente le volvía loco.
La guionista se puso de puntillas y besó un segundo sus labios antes de tomar el pomo de la puerta.
— Tienes treinta minutos. — le dijo guiñando un ojo mientras salía de la habitación, y Ranma se debatió entre ir tras ella o hacerle caso. Refunfuñó antes de entrar al baño y girar la llave de la ducha.
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Con una sonrisa imborrable la joven escritora caminó, casi brincó hasta los puestos de comida cercanos a la carretera. Varios de los trabajadores del rodaje rondaban el lugar entre horas, reconoció a unos cuantos de ellos y les saludó de forma educada con ligeras inclinaciones de cabeza.
Se decidió por el puesto de tallarines fríos, se sentó en uno de los altos y viejos taburetes que había en la barra y esperó pacientemente a ser atendida.
— Dos raciones de tallarines para llevar, por favor — aunque se lo pensó mejor. — Y una de katsudon con extra de carne.
Ranma debía de estar cansado después de tanto esfuerzo a lo largo del día, seguro que tendría hambre.
— Marchando señorita. — contestó de inmediato el cocinero, ella le regaló una sonrisa que denotaba su excelente humor.
— Pareces contenta.
Giró la cabeza rápidamente, ¿cómo no se había percatado antes de su presencia?. Sentada en otro taburete alto Kodachi revolvía con desinterés los tallarines de su plato. Apoyaba un codo en la barra y sobre la mano su mejilla, aburrida.
Akane se tensó repentinamente.
— Kodachi, que sorpresa — dijo lentamente, sin poder esconder su incomodidad — Pensaba que no te gustaba la comida rápida.
— Adaptarse o morir, no todos los días puedo cenar en un caro restaurante y menos con este asqueroso trabajo. — terminó de apartar su plato de tallarines con asco.
— Has cambiado mucho, antes siquiera me dejabas acercarme a los puestos de golosinas. — recordó Akane con nostalgia, sonriendo inconscientemente.
— Tu sin embargo no has cambiado nada — se giró en el taburete, mirando atentamente a la guionista. — Sigues siendo una zorra.
Dio un respingo, su corazón se encogió en su pecho y miró a la chica que tenía delante como si no la conociera.
— ¿Ya te has acostado con él? seguro que no paraste hasta conseguirlo, siempre has sido igual.
— ¿Pero qué demonios te pasa?, ¡yo no te he hecho nada! ¡incluso he procurado alejarme de ti todo lo posible!.
— Puedes engañar a los demás, pero no a mí. Siempre fingiendo inocencia, poniéndole esa carita mona a los hombres… así conseguías las mejores notas en el instituto, y después en la facultad no era muy diferente. Akane Tendô, la chica más famosa de todo el campus, siempre la estrella de las fiestas, siempre el foco de atención… y ni aún así te conformaste con todo lo que tenías.
— ¡Basta ya Kodachi!, ¿hasta cuando vas a estar enfadada conmigo? ¡han pasado años!
— ¡Éramos amigas!
— ¡Lo habríamos seguido siendo si no te hubieras vuelto loca!
La chica de afilada mirada bajó del taburete, sus labios habitualmente pintados de un extravagante carmín aquella noche se veían especialmente pálidos. Su pelo negro, siempre recogido en una coleta lateral caía sobre su hombro, lacio, apagado. Se acercó a ella con la mirada embravecida, saltando chispas.
— ¿Loca? — sonrió sin felicidad — ¿Y cómo debería haber reaccionado ante la traición de mi mejor amiga?
— ¡No te traicioné! ¡no ocurrió nada!. Cuando te lo conté simplemente estallaste y la pagaste conmigo sin razón, ni siquiera me quisiste escuchar, tú sólo… me abofeteaste y después ignoraste por completo mi existencia. — dijo dolida, sintiendo como se abrían sus viejas heridas del pasado.
— ¿Piensas que sigo enfadada por eso? — preguntó la chica de largos cabellos, mientras las sombras volvían sus rasgos invisibles.
— ¿Eh?
— Lo que más me molesta de todo es que sigues haciendo exactamente lo mismo. Sigues fingiendo que no te enteras de nada. — Kodachi se giró airada y se alejó del lugar sin darle ocasión a Akane de replicar, de contestar siquiera algo coherente. Se quedó con las palabras atascadas en su garganta y lágrimas de muda frustración acumulándose en sus ojos, las cuales despreció de un solo gesto.
Intentó tranquilizarse respirando profundamente varias veces.
— Señorita ya está listo su pedido, son 950 yens.
La voz del cocinero la trajo de vuelta al mundo real, se apresuró a sacar el dinero a la vez que las palabras de Kodachi se repetían una y otra vez en su cabeza, atormentándola sin descanso ni consuelo.
Era verdad, nunca se enteraba de nada. Nunca había comprendido en qué dirección iban los pensamientos de Kodachi, mucho más espinosos que los suyos. Habían sido buenas amigas, en realidad ella había sido su mejor amiga durante toda su adolescencia, ¿cómo podían haber terminado así?.
Tomó las raciones de comida perfectamente empaquetadas y un par de palillos de madera, comenzó a caminar cabizbaja de regreso a sus habitaciones. Y no puedo evitar recordar, que su cabeza se llenase de todas esas imágenes dolorosas, de esas frases que le habían afectado tanto años atrás.
"...Akane Tendô, la chica más famosa de todo el campus..."
"Sigues siendo una zorra"
¿Realmente era así? ¿era aquello que le había llamado Kodachi?, por un momento se sintió sucia, casi pueril, no podía dejar que le siguiese afectando tanto la opinión de los demás. Simplemente y por primera vez en su vida se estaba dejando llevar, ¿tan malo era?, ¿tanto rechazo provocaba su comportamiento?.
Arrastró los pies escaleras arriba, atontada, casi rogando porque Ranma ya hubiese acabado su ducha y se diera prisa en acogerla entre sus brazos, haciéndola olvidar su poco afortunado encuentro.
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— ¡Mierda! ¡mierda, mierda, mierdaaaaaaaaaaaaa! — maldijo una y otra vez la pelirroja estupefacta golpeando el grifo de la ducha y cerrándolo definitivamente, ¿se podía ser más inoportuno?¿no había momento peor para que se estropeara el agua caliente?.
Se envolvió con una toalla resoplando insultos y volvió a dirigirle una nueva mirada colérica a la vieja instalación.
O se daba prisa o estaría metido en un buen lío.
— Agua caliente, necesito agua caliente. — repetía una y otra vez, pero era muy obvio que desde luego no la hallaría en aquella habitación. No le quedaba más remedio que buscarla afuera.
No lo pensó demasiado, sin duda y según sus cálculos Akane aún tardaría un rato. Fue por eso que abrió la puerta sin pensar, fue por eso que mientras terminaba de abrocharse su camisa china salió de la habitación en busca de la tan ansiada agua que le devolviera a su cuerpo original.
Fue por eso que no vio a la chica morena, escondida tras el pequeño recoveco de una de las puertas, completamente estupefacta.
Tampoco escuchó sus suaves lágrimas, y para cuando cayó sobre sus rodillas, con la respiración tan agitada que pensaba que iba a desmayarse ya se encontraba muy lejos.
No tardó en regresar, apenas fueron cinco minutos lo que tardó en dar con una tetera, y cuando lo hizo lo primero que encontró fue una bolsa con comida, tirada en mitad del pasillo.
Ranma arrugó el entrecejo extrañado, antes de levantar la vista y encontrarse a Akane acurrucada junto a su puerta, con la cabeza entre las rodillas, esperándolo.
— Ey, ¿que haces ahí? — preguntó inocentemente, aproximándose a ella y agachándose para estar a su altura.
Su petulante sonrisa no tardó en dejar entrever la preocupación en su rostro, había algo que no iba bien, la chica apenas se inmutó por su presencia.
— Akane, ¿ocurrió algo? — volvió a insistir cada vez más preocupado.
Extendió su mano cauteloso, casi rozó la piel de su antebrazo cuando ella muy lentamente levantó el rostro.
Sí, definitivamente había algo que no estaba bien. Costaba pensar que fuera la misma chica que unos minutos atrás le sonriera, era una persona completamente diferente.
Sus ojos marrones le devolvieron una mirada muerta, más fría que el hielo.
— Basta ya… — susurró tan débilmente que el chico de la trenza tuvo que esforzarse en oírla — ...estoy cansada.
— ¿Akane?, ¿pero qué demonios te ha ocurrido? no me digas que…¿¡han vuelto a intentar herirte!?¿es eso? — dijo a la par que buscaba de forma histérica cualquier señal en su piel, hizo amago de tomar su muñeca para examinarla, pero ella pareció encogerse aún más sobre sí misma, evitando el contacto.
— ...tenía razón, estaba en lo cierto desde el principio…
— ¿De qué demonios estás hablando? ¡así no puedo entenderte!
— Tu… me has mentido.
— ¿Qué?
— Qué tonta, qué estúpida he sido…
— ¡Deja ya de farfullar! ¡habla claro! — exclamó cada vez más frustrado, y en contestación Akane se puso en pie, se levantó y caminó hacia las escaleras, dándole la espalda.
Ranma dio un respingo, realmente no sabía lo que estaba pasando, solo sabía que de nuevo su relación con la terca guionista había vuelto a sufrir un altibajo.
— Vi a mi amiga Ranko saliendo de tu habitación. — dijo ella, aún dándole la espalda, no quería volver a mirarle a la cara.
Y en ese momento el artista marcial sintió como le partía un rayo. Toda su sangre abandonó su rostro y pareció quedarse estancado en sus pies, inamovible.
— Escucha...
— Se estaba vistiendo… — relató Akane, aún incrédula.
— No es lo que estás pensando. — intentó defenderse con voz débil, avanzando un paso hacia ella.
— No quiero oírlo, me he cansado de tus mentiras. — terminó comenzando a bajar por la escalera, cada vez más deprisa, acelerando sus pasos al mismo ritmo que se aceleraba su corazón. Iba a explotar, iba a morir de angustia.
Comenzó a correr en cuanto sus pies pisaron la fría arena, sin rumbo ni intención de llegar a ninguna parte. Corría esperando que así nadie viera sus lágrimas, que la noche se tragara su pena.
— ¡Espera! — escuchó a su espalda, giró la cabeza incrédula viendo como aquel… ser repugnante la seguía.
— ¡Márchate!
— ¡No es lo que tu crees! ¡no se trata de eso!
— ¡Déjame en paz!
Aceleró el ritmo de la carrera, sentía el sudor condensarse en su frente, el aliento cansado mientras su piernas la conducían entre la oscuridad, atravesando el pueblo, bordeando la costa. Casi por instinto llegó al mismo lugar donde habían estado rodando, la noche era tan oscura que le impedía ver dónde ponía los pies, continuó avanzando sabiendo que Ranma la seguía a corta distancia, hasta que finalmente se detuvo, acorralada.
Se asomó con angustia al lugar donde terminaba el camino, a sus pies se abría un precipicio con una caída de cinco metros y debajo tan sólo el mar, retrocedió asustada por el bramar de las grandes olas de espuma blanca.
Volvió a girarse buscando una escapatoria, pero era demasiado tarde. Allí estaba él de nuevo, con su imponente silueta recortándose contra el cielo. Respiraba cansado por la carrera, pero se mantenía firme, alzó las manos intentando tranquilizarla.
— Tienes que escucharme. — suplicó acercándose a ella un paso, y Akane retrocedió instintivamente otro tanto.
— ¡No te acerques!
— Akane, por favor, es peligroso que estés ahí, tan sólo…
— Tú… ¡has estado jugando conmigo todo este tiempo!
— ¡No!, yo… hay algo que debería haberte dicho pero me daba demasiado miedo, temía que pensaras que soy… un bicho raro. ¡Tenía miedo de que te alejaras de mí!
— ¿Qué relación tienes con ella?¿¡porque me habéis hecho esto!?, ¿qué demonios quieres de mí? — gritó Akane mientras las lágrimas se escapaban sin control de sus ojos y retrocedía un paso más.
— No… — suspiró agotado, no había forma de decirlo suavemente — … puede que no lo entiendas, pero ella en realidad no existe.
— ¿Estás mal de la cabeza?, ¿a quién pretendes engañar con un cuento así?, ¡ella es… era mi amiga!
— ¡Sigue siendo tu amiga! es decir…
— ¡La engañaste, tu… ella...! — no pudo continuar, estaba dolida, no, más que eso, se sentía completamente engañada y no sabía por quién sentirse más decepcionada. Ranko…¿Ranko la había estado engañando? ¿todo ese tiempo?, ¿pero qué demonios estaba pasando?.
— ¡Yo soy Ranko! — soltó a bocajarro, sintiéndose vacío, sabiendo que sus manos y sus piernas habían comenzado a temblar incontenibles. Había esperado demasiado para decírselo, lo había echado todo a perder, y ahora la única persona que le importaba estaba allí, mirándole con miedo, con repulsión.
— ¿Te estás riendo de mí? — contestó la morena incrédula.
— Ya se que es difícil de entender, hace tiempo sufrí una maldición que…
— ¡Estás loco! ¡estás realmente loco! — gritó ella mirándole como si no le conociera, Ranma arrugó el entrecejo e intentó acercarse un paso más pero Akane retrocedió y perdió ligeramente el equilibrio, miró de nuevo el borde del acantilado, abriéndose hambriento bajo sus pies.
— Tienes que creerme, nunca pretendí engañarte, jamás quise mentirte. Intenté contártelo un par de veces pero siempre surgían otras cosas, por favor…
— Mentiroso. Me has mentido todo el tiempo, y yo...yo… — "yo me he enamorado de ti como una tonta" pensó sintiendo sus mejillas arder, se abrazó a sí misma mientras la brisa marina revolvía sus cortos cabellos.
— Te vi por primera vez aquel día de lluvia.
Akane levantó la mirada, incrédula.
— Te paraste y me ofreciste tu paraguas, después me invitaste a comer...
— ¿Ranko te lo contó? — preguntó mientras se encogía su corazón.
— ...y al día siguiente nos volvimos a encontrar, pensé que debía de ser un milagro, apenas me creí mi propia suerte. Pensé que no volvería a verte y resultó que eras la guionista de aquel libro. Debería habértelo dicho entonces, pero me faltó valor.
— Basta…
— Después las cosas comenzaron a complicarse entre nosotros, por más que lo pretendía no podía acercarme a ti. Tu solo aceptabas a Ranko, sólo hablabas con ella… sé que no estuvo bien, sé que hice trampa, ¡pero era la única manera de protegerte!.
— ¡Basta! — gritó Akane con la garganta seca, sintiendo como el temor se adueñaba de su mente. — Eso no tiene ningún sentido, tú y ella estábais compinchados desde el principio, vosotros… — sus ojos se abrieron de pronto ante el fugaz pensamiento que se formó en su cerebro — … fuisteis vosotros, vosotros me atacasteis.
— ¿¡Qué!? — exclamó incrédulo el chico de la trenza. — ¿cómo puedes pensar eso? — hizo amago de acercarse un poco más, pero adivinó algo extraño en los ojos de Akane. Ella se encogió, giró la cabeza, aterrada, atrapada como un pobre animalillo y eso hizo a Ranma sentirse como la peor escoria de la tierra.
Realmente le temía, ella esta asustada… de él. No supo ni que decir, lo había jodido todo.
— ¡Yo jamás te haría daño! — exclamó desesperado — Entiendo que ahora mismo no puedas confiar en mí, entiendo que no creas una sola palabra de lo que te digo, pero al menos déjame que lo demuestre.
La chica morena le miró cargada de una inexplicable angustia, de nuevo esa parte de ella que era tan débil a sus palabras, esa parte ciega y sorda que necesitaba creerle a pesar de todo. La enterró sin compasión bajo todas sus sospechas, no podía permanecer indolente a lo que sus propios ojos le habían mostrado.
— ¿En cuantas cosas más has mentido? ¿te llamas siquiera como dices? — preguntó interrumpiendo la momentánea quietud que se había instalado entre ambos.
— Akane, por favor… — suplicó él.
Y fue entonces cuando la chica dio un paso en falso, ni siquiera supo cómo pasó, simplemente apoyó el pie para descubrir que no había suelo, no había nada.
— Kyaaaaaa — gritó a la vez que resbalaba y se quedaba precariamente sujeta a una roca que sobresalía del acantilado, agarrándose con todas sus fuerzas.
— ¡AKANE! — Ranma se precipitó como un loco en su busca, no pensó en su propia seguridad, no pensó en nada que no fuera ella. Se asomó con sus pupilas moviéndose espídicas y cuando la encontró le tendió la mano, angustiado.— ¡Sujétate!
— ¡No necesito tu ayuda!
— ¿¡Cómo puedes ser tan cabezota en un momento como este!? — exclamó incrédulo a la par que estiraba el brazo y agarraba su muñeca, sintiéndose aliviado por el contacto.
— ¡He dicho que no me toques! — dijo zarandeándose, intentando romper el agarre.
Ranma escuchó un ligero ruido, proveniente justo debajo suyo. Una gota de sudor resbaló por su sien en cuanto sintió como la roca sobre la que estaba tumbado cedía, se derrumbaba poco a poco inclinándose cada vez más.
Cayó sobre Akane y la arrastró consigo, escuchó su mudo grito antes de tomarla con fuerza a pesar de sus protestas y envolverla en un fortísimo abrazo, empujó su cabeza contra su pecho y su otra mano cernió su cintura a la suya propia. Se preparó para el impacto. El mar se los tragó de un bocado.
Se hundieron sin remedio bajo más de cuatro metros de agua y sal, sus ropas se volvieron pesadas, Akane movió sus extremidades a la vez que se atragantaba, tragando agua, todo le daba vueltas, estaba demasiado oscuro. Fue entonces cuando unos brazos la agarraron bruscamente por las axilas y después de unos angustiosos segundos la sacaron a flote, de nuevo bajo el cielo. Escupió semi-inconsciente dejándose arrastrar hasta la orilla, hasta que finalmente sintió la arena.
Había perdido ambos zapatos y aquellos brazos no dejaban de arrastrar su menudo cuerpo sin compasión, hasta que no hubo más agua y se quedó tendida en la arena, terminando de vomitar los restos del mar que aún permanecían en sus pulmones.
Se movió sabiendo que su rescatador también se encontraba tumbado justo a su lado, tendido, agotado por el esfuerzo. Giró el rostro poco a poco para descubrir unas facciones conocidas, un rostro que no le era ajeno.
— ¿Ran… ko? — preguntó a duras penas con su escaso aliento, la pelirroja también giró la cabeza, muy seria, sin una sola palabra que decir su pecho subía y bajaba con su respiración.
Sus ojos azules se posaron en los suyos marrones, la atravesaron confesando todo, gritando su terrible secreto. Akane tragó saliva, sus cabellos se pegaban a su fijo rostro, sus labios habían perdido el color a la par que sus mejillas, ahora todo era blanco y negro.
— Ranma… — comprendió aún a pesar de no querer hacerlo, de no encontrarle lógica alguna a todo cuanto estaba pasando, pero de nuevo no podía negar lo que habían visto sus propios ojos.
Cuando se lanzó tras ella era un hombre, y ahora… ahora su amiga Ranko la miraba con aquellos iris en los que tantas veces se había sumergido. La pelirroja se irguió repentinamente, puso recta su espalda y se giró hacia ella.
— ¿Te encuentras bien? — preguntó con sinceridad, y Akane no puedo evitar el verla por primera vez de forma diferente, mucho más… masculina.
— ¿De veras eres tú? — insistió escrutándole — ¿Cómo...?
— Es el agua — se apresuró a aclarar. — Con el agua fría me transformo y con la caliente vuelvo a ser yo. Ocurrió hace años cuando estaba entrenando en china. He intentado encontrar un cura, pero…
Akane se puso rápidamente en pie, se apresuró en darle la espalda, se quedó quieta unos cuantos segundos y Ranma vio que había comenzando a apretar los puños.
— No lo puedo creer…¡no lo puedo creer! — exclamó furiosa.
Él se sintió encogerse ante su enfado, pensó que le golpearía, cerró los ojos con fuerza pero el golpe no llegó, en su lugar Akane adquirió un rubor que pasaba del rojo al morado, sus manos temblaban sin control.
A su respiración agitada ahora se unían sus ojos secos, tan abiertos que parecían que iban a salirse de sus órbitas en cualquier momento. Apretó los labios, juntó los dientes, intentó tomar aire… nada funcionaba.
— ¡Tú! tú-tú-tú…¡aaaaaahhhh! — gritó haciendo aspavientos con las manos y caminando furiosa por la playa, plantando sus pies con la fuerza de un bigfoot.
El chico de la trenza suspiró derrotado viendo como la figura se alejaba a toda prisa de él. Se llevó ambas manos a su rostro femenino, realmente lo había jodido del todo.
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Hola a todos,
¿Que decir que me disculpe de tan larga ausencia?. Me entretuve, estuve trabajando en otro proyecto (Crisantemo) y perdí el hilo de esta historia por completo. Me bloquee un poco (y eso que soy de esas personas que piensa que de los bloqueos se sale escribiendo) y de pronto no sabía como llevar este fic hasta su correcta conclusión. Pero ya pasó, tengo un reto personal, Sueño de Verano va a terminar este mismo verano.
Gracias a todos por leer y por seguir este fic apesar de los meses que han pasado. Muchas gracias por todo vuestro apoyo.
Gracias también a Nodokita, por toda su ayuda.
Contestando reviews: Lulupita (gracias por tus palabras, sí, creo que enfadó, jajaja), Akane Tsukino (en este fic el personaje que más problemas me supone es Akane, es muy compleja y a la vez un tanto inmadura...de hecho es el personaje que más evoluciona a lo largo de la historia. Veremos a ver que ocurre de ahora en adelante ;)), Dulcecito311 (sí, por lo menos han sido sinceros el uno con el otro...), lolita (empecé a escribir este fic con la idea de hacer un lemon un tanto enrevesado. Nunca más haré nada parecido porque al final me está dando demasiados quebraderos de cabeza, pero me alegra saber que te gusta.), susyakane (¡gracias! yo tampoco sé muy bien donde anda ese panda...), Jorgy (Hola nena, solo mandarte muchos besos y ya hablamos ;)), Akai27 (aún queda alguna que otra escena de las que te van a gustar...), Chiqui09 (gracias a ti por leer, van a ir cayendo más y más pistas al respecto), Zagashi (yo también adoro el drama, gracias por leer) y Sany (terminaré, terminaré, no te preocupes).
Nos leemos en breve, ¡prometido!.
Lum.
