KONICHIWA:
"LOS PERSONAJES DE SAINT SEIYA NO ME PERTENECEN SON PROPIEDAD DE MASAMI KURUMADA, LOS PIDO PRESTADOS SIN NINGÚN FIN DE LUCRO SOLO PARA ENTRETENER. (LAS CANCIONES UTILIZADAS PARA ESTE FIC SON DE SUS RESPECTIVOS AUTORES)
"Deseo, pasión irracional.
Una mujer que le robó la vida, que le devolvió el corazón.
Espada de hierro, filo infernal.
Después de vivir, decidió perder la vida. El tiempo le dio la razón.
No te quise, pero te amé hasta el final.
*MeLoDy*
A LEER:
Sus manos temblaban, no podía creer lo que estaba observando. Busca la caja, relee las instrucciones ¿Se abra equivocado? Al parecer no, no. No se equivocó ¿Cómo es posible que un par de líneas en un termómetro pueden poner su vida en juego? ¿Qué tan seguras pueden ser esas pruebas? ¿Puede confiar?
Atrapada en una infinidad de preguntas siente la necesidad de buscarlo, el miedo estaba en cada centímetro de su cuerpo. Sale de su habitación no sin antes asegurarse de que esa prueba quedara fuera del alcance de los curiosos.
Camina por el pasillo pero no tardó mucho en enterarse que algo malo le sucedía al chico de cabellos verdes. Observa como sus hermanos esperaban afuera de su habitación, Ikki estaba de muy mal humor. Inclusive alejado de Violeta que solo lo observaba con cierto miedo. Sus pasos dudan, se acerca con cuidado pero en ese momento sale un doctor de la recámara. A escasos metros de ellos escucha su conversación.
—No puedo ayudar en mucho—suelta el médico observando a los muchachos.
—¿Por qué? ¿Qué pasa doctor?
—No reconozco sus síntomas, la sangre, ese tipo de dolor salido de la nada. Habría que llevarlo al hospital pero eso tampoco es recomendable. —Responde a las dudas del ruso.
—¿Por qué no es recomendable? A ver doc explíquese. — Seiya perdía la paciencia.
—Las altas temperaturas son peligrosas y cambiarlo de ambiente lo puede ser más. —Suspira—Mañana traeré el equipo necesario para obtener las muestras necesarias y llevarlas al laboratorio. Por el momento sugiero tenerlo aislado, temo a que sea algún tipo de enfermedad como la que ha consumido la vida de muchos de los ingleses.
Los caballeros y la diosa se observan a excepción del Fénix que se mantenía lejos de los demás, el médico se va y todos los demás se quedan con la duda de qué hacer. Eliza sentía que su corazón se salía de su pecho, camina y sin preguntar decide entrar en la recámara.
—¡Espera! —Athena intenta detener a la princesa pero es demasiado tarde.
—¡Shun! —La princesa grita al ver al joven de cabellos verdes respirando con dificultad, se movía ligeramente entre las sabanas y retenía gemidos de dolor en sus labios. —Shun— repite su nombre acercándose a él.
Se coloca las manos en la boca reteniendo un grito de angustia, estaba casi azul, las ojeras eran muy visibles. Siente su frente y manos, estaba muy caliente, un miedo terrible la invade por completo.
—Shun—susurra el peli azul al ver a su hermano en esas condiciones. Violeta que sigue de cerca al santo se apresura a detener a su amiga que estaba a punto de desmayarse.
—Shun—repite la princesa—¿Qué, qué le pasó? ¡¿Qué le pasa?!
—Aun no lo sabemos Eliza pero será mejor que salgas de aquí, no sabemos si…
—¡No me importa! —Se suelta del agarre de la dama. Se acerca nuevamente a él—Tiene mucha fiebre, hay que hacer algo rápido.
—No sabemos que tiene Eliza—responde Violeta a la desesperada súplica de su amiga. —En eso está el médico.
La princesa se inca, toma la mano del joven y este al sentirla lucha por abrir los ojos. Ella le sonríe y se acerca para darle un beso, Shun siente la necesidad de alejarla de él, pero su voz no sale de sus labios. La mira con ternura pero en ese momento un fuerte dolor de cabeza y de pecho lo atacan. Cierra los ojos con fuerza, suspira y suelta a la chica buscando apoyo en las sabanas, el dolor es insoportable, sus hermanos se acercan solo para observarlo. Impotentes de brindarle ayuda.
Shun lucha por mantenerse despierto, de enfrentar su dolor como lo ha hecho desde hace tiempo pero esa será la última vez que vean sus hermosos ojos verdes.
Shun
¿Qué es esto? ¿De dónde demonios proviene este dolor? Mierda, ya no puedo más, no lo soporto. Siento como si la cabeza me fuera a explotar, el aire no llega a mis pulmones, lo único que pasa por mi garganta es un fuego intenso que consume mis energías poco a poco. Mi cuerpo pesa, ni un solo dedo se mueve a mi voluntad. Ya no puedo, ¡Ahhh! Me cuesta reconocer que sucede a mí alrededor, hace unos segundos pude despertar a la voz de Eliza pero ahora todo sonido se ha vuelto un espeso eco. Murmullos, es lo único que entiendo, siento que pierdo la conciencia, siento un terrible hormigueo por todo mi cuerpo, Eliza… ¿Está llorando? ¿Qué pasa? ¿Un sonido? ¿Es un pito? Eliza… Chicos… Hermano… Eliza…
Fin Shun
…
El tiempo avanza y la situación empeora, Shun no vuelve a reaccionar. Por un par de noches sufrió de altas temperaturas, Eliza rezaba por su mejoría, no se apartaba de él ni un solo segundo. No comía ni bebía, solo lloraba. Una tarde todo cambio.
Estaba recostada a su lado, llorando, rezando, la respiración del caballero era escandalosa y pesada. Sostenía su mano entre las suyas, estaba igual de caliente que hace tiempo pero, en ese momento Shun aprieta su mano, ella reacciona observándolo solo para sentir como todo en él se desvanece.
—¡Shun!
…
Todo estaba en paz en el santuario, los caballeros restantes vigilaban el desolado recinto. El desesperante sol calcinaba todo a su paso, el aire seco obligaba a los seres vivientes a buscar refugio, pero toda esa paz se ve bruscamente interrumpida por un poderoso cosmo proveniente de la sala del patriarca.
Jabu y los demás observan la casa mayor tratando de interpretar el porqué del suceso, Marín, que era la que se encontraba más cerca del lugar se apresura a llegar a él. Entra y corre la cortina que salvaguardaba las doce armaduras doradas y las cinco de bronce. Dos de ellas resonaba llamando a alguien.
La amazona del Águila se acerca con paso lento, observando detenidamente la armadura de la sexta casa, brillaba poderosamente, como si tratara de comunicarse con alguien pero ¿Quién? Sigue y observa de reojo la otra armadura que deja escapar su cosmo ¿Andrómeda? ¿Le pasará algo a Shun? ¿Qué significa esto? Cree especular el porqué de la de bronce pero la dorada no hay razón alguna ¿Shaka intenta comunicarse desde el inframundo? ¿Qué pasa en la tierra para que se ponga en alerta? Pero si hay peligro ¿Por qué las demás no reaccionaron?
Llega hasta quedar frente a frente con la caja dorada, con lentitud posa su mano en ella sintiendo el poderoso cosmo que emana del ropaje sagrado.
—¿Marín? —Oficuo se acerca a su amiga. —Marín ¿Sabes qué pasa?
—No tengo idea Shaina, pero esto me da un mal presentimiento.
—¡Athena! ¿Crees que Athena esté en peligro? —La peli verde se asusta.
—No lo creo. De lo contrario las armaduras ya hubieran ido en su ayuda, en cambio estas dos solo están reaccionando a algo o a… Alguien. —Ambas observan a través de sus mascarás el suceso. —Todos—La peli naranja gira para observar a los otros cinco guerreros sagrados. —Vigilaremos este salón, no podemos abandonar estas armaduras hasta que encuentren a sus nuevos dueños. O averigüemos que Athena haya cumplido su objetivo en Inglaterra.
—Pero ¿Y las Doce casas?
—No tiene caso cuidar viejos templos vacíos Jabu—responde seria—Ahora esta casa y estos ropajes serán nuestra prioridad—Vuelve a voltear observando las demás armaduras pero sobre todo apreciando con cierto cariño la del León Dorado.
…
Llaman a un médico, el grito de Eliza hizo reaccionar al castillo completo, falsas esperanzas se embargaron en los corazones de los santos pero el señor de bata blanca solo les dio malas noticias.
—El joven ha caído en coma. —Suelta guardando su equipo médico en su maletín.
—¿Qué quiere decir? —Athena se acerca a él.
—Tal parece que su cuerpo ha reaccionado en modo de defensa, se ha desconectado de su mente. Lo único que tenemos en frente es un cadáver que aun respira. —Todos observan como el doctor acomoda los brazos del chico a la par de su cuerpo, sube la sábana para cubrirlo hasta lo hombros. Suspira, lo observa nuevamente odiando tener que dar malas noticias. —No creo que vuelva a despertar.
…
Observando por la ventana estaba una tierna chica de cabellos rosa, suspira dejando que una lágrima caiga por su ojo derecho. Una presión en su pecho la lastimaba, un miedo la atormentaba ¿Será cierto?
—Shun—Suspira Sakura entrecortada por el llanto. —Por favor, sea lo que sea que estás haciendo regresa. Por favor— Suplica abrazando su almohada haciendo presión en su pecho.
Afuera de su habitación la escuchaba su hermano, nuevamente la oía llorar, él también presiente que algo le pasa a su amigo, iba a entrar pero prefiere regresar a su recámara. Camina lento pero una gota de agua salada cae por su ojo deseando volver a ver al más extraño y bueno de sus amigos.
…
—¿En que piensas hermano?
—¿Acaso no sientes eso Aoi?
—Desde hace días.
—Te has comunicado con Martita.
—No sabe nada, está igual que nosotros, preocupada y triste.
Ambos gemelos continúa con sus deberes, desde hace días que el recuerdo de Shun se presentaba acompañado de un lazo negro, miedo crecía en su interior. ¿Solo quedarán cinco amigos ahora?
…
Yue luchaba por resolver su tarea, desde que Shun se fue le costó más las materias de números y eso que estudiaba también medicina, malhumorado como estaba lanza el lápiz a la pared quebrándolo en el acto. Tiene miedo, suspira.
—Mierda Shun, desde hace meses que te fuiste y ni siquiera se te ha ocurrido mandarme una puta carta. —Habla para sí mismo. Camina para su ventana observando el cielo —Escúchame bien hijo de puta, no sé qué diablos estás haciendo pero más te vale volver pronto, sino la próxima vez que te vea me encargaré de partirte las bolas.
Suspira.
—Shun…
Shun
¿Qué pasa? ¿Qué es esto? Abro los ojos sintiendo como si acabara de salir de un profundo mar. Mi cuerpo está entumecido, mi garganta seca y mis recuerdos confusos. No logro visualizar nada, todo está muy oscuro y el ambiente pesado, mi cuerpo se bambalea. Me pongo de pie y trato de buscar algo en donde sujetarme. ¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí? ¿Quién soy yo?
Camino y no encuentro nada, mi garganta se seca, intento tragar algo de saliva y solo siento un terrible ácido desgarrándome la garganta, en menos de lo esperado siento como si algo me atravesara el cuerpo, caigo de rodillas y finalmente mi rostro encara el duro suelo. Un cansancio me llena el ser, mis ojos pesan, no quiero cerrarlos, tengo miedo ¿Qué pasa? ¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí? ¿Quién soy?
—Shun.
—¡Shun!
¿Qué es eso? Oigo que alguien grita ¿Una mujer? Es una dulce voz que llama incesantemente, está llena de dolor y desesperación. ¿Quién es Shun? ¿Por qué la oigo? ¿Quién es?
—Shun.
Sigue hablando, su voz me reconforta, aunque al mismo tiempo me preocupa. Por favor no te calles, sigue hablando, continua, no pares.
Levanto el rostro intentado descubrir el origen de esa dulce voz, pero inesperadamente otras se suman a su llamado, son voces masculinas ¿Quién es Shun? ¿Por qué lo llaman así? ¿Qué pasa? ¿Por qué no responde? Intento incorporarme pero simplemente no puedo, siento ganas de vomitar, un calor insoportable aparece en mis pulmones, el dolor incrementa pero ni siquiera tengo fuerzas para gritar.
—Shun
—Eliza.
Ese nombre sale escaso en un suspiro por mis labios, ¿Quién es Eliza? Su nombre me es tan familiar, tan seguro, tan necesario de pronunciar. Necesito saber, necesito recordar, recordar que es lo que pasa. Dolor que aumenta dentro de mí, pero en este momento un luz celeste sale del centro de mi pecho, la observo de reojo pero llega a un poder impresionante que no puedo mantener los ojos abiertos, el aire me falta, el ambiente se pone cada vez más pesado. Dios… Basta… ¡Basta!
Un ruido me distrae y siento como algo me tomara de los brazos y me estrella a lo que parece ser una pared, siento una cosa ligosa, áspera, observo a mi alrededor pero no logro ver nada, busco, grito para saber que pasa pero no hay señales de respuesta alguna, excepto en este momento.
El ambiente se empieza a aclarar, logro ver lo que parece ser es mi cuerpo ¡Serpientes! Las cosas que me mantienen sujeto a la pared son serpientes de diversos colores pero de un grosor espeluznante, me enrollan todo el cuerpo, mis brazos, piernas y tronco. Su agarre es cada vez más fuerte que llego a pensar que mis huesos se volverán añicos. Las miro con horror, aléjense. ¡Fuera!
—¿Qué pasa? ¿Te asustan unas simples serpientes? —Giro mi rostro hacia donde proviene esa misteriosa voz, una sombra aparece delante de mí, poco a poco empieza a tomar la forma de un humano, vestimenta griega, presencia imponente y de un rostro sereno pero perverso, creo que ya lo he visto. Yo conozco a ese personaje pero… No lo recuerdo, su presencia hace que mi cuerpo deje de sentir a esas cosas rastreras, se acerca a mí, sus ojos negros me paralizan y no puedo apartar mi mirada de él. ¿Quién es? ¿Qué pasa?
—¿Qué sucede Shun? ¿No me recuerdas?
—¿Cómo me llamó? —¿Mi nombre es Shun?
—¿Acaso no recuerdas? —Me pregunta con sorna— ¿Te gustaría recordar?
No sé cómo logre contener ese grito, una de las serpientes que rodea mi cuerpo me muerde con toda su fuerza, mi cuerpo convulsiona. Imágenes invaden mi mente, guerras, dolor, muerte…
Los reptiles vuelven a morderme, más imágenes se aparecen, el dolor aumenta. No puedo pronunciar palabra, basta, déjenme, suéltenme. ¡Mierda basta!
—¡Basta! —Suplico, muerden, muerden, y vuelven a morder. — ¡Basta! ¡Ah, ah! — Un suspiro se atora en mi garganta.
—¿Qué pasa? ¿Acaso no querías recordar? —Observo como se ríe, las malditas continúan mordiendo, mi cuerpo convulsiona, siento que mi cabeza estalla y de pronto sangre sale por mis labios y mi nariz… Empiezo a recordar. —Tienes suerte que no sean serpientes, ellas se llaman "Pitones" No tiene veneno sino… —Se me acerca—Ya estuvieras muerto. —Una última mordida en el área del corazón y ahora las pitones se vuelven piedra. Sigo sangrando, levanto la cabeza y lo observo.
—Delfos. — Al susurrar su nombre me observan con una sonrisa diabólica, todo ha vuelto a mi mente.
—Es hora Shun, dime ¿Qué prefieres?
—¿Qué intentas decir?
—Mueres ahora o prefieres despedirte de tus amigos.
—No importa lo que pase conmigo, ellos impedirán que hagas lo que te plazca.
—¿Estás seguro? — Se voltea— He hecho mi santa voluntad desde hace meses y nadie se ha dado cuenta.
—¿Dónde estamos?
—Estamos dentro de tu cuerpo— susurra. —Llevas inconscientes dos semanas, y ya llego el momento en que vuelva a encontrarme cara a cara con la maldita de Athena. — Gira— ¿Te gustaría ver?
—¿Qué?
En ese momento desaparece de mi vista, intento moverme pero me es imposible, una luz aparece delante de mí, en realidad son dos que pronto se vuelven una. Mi corazón se acelera al ver mi habitación, la observo por completo pero mi cuerpo no me responde, en este momento entiendo que mis ojos se abrieron no por mi voluntad. ¿Qué diablos quiere Delfos?
Eliza, Ikki. Ambos están durmiendo a mi lado, una a cada lado de la cama y mi cuerpo inerte en medio, ¿Qué quieres Delfos? Mierda, un mal presentimiento me invade, la impotencia me mata ¿Qué planea ese malnacido? Hermanos, Eliza, Athena, tienen que detenerlo.
Tengo un recuerdo borroso en mi memoria, hay algo que no puedo recordar pero me provoca cierto pavor, ¿Qué es? Mierda necesito recordar. Una noche, Delfos, el diamante… Eliza. Mi Cabeza me empieza a atormentar, poco a poco las imágenes vuelven. Mierda. Siento como mis pupilas se dilatan, una angustia terrible me ahoga, Eliza corre peligro, Eliza tiene el tercer fragmento, son tres. Delfos, Eliza y yo.
—Eliza—susurro su nombre— ¡ELIZA!
Fin Shun
La princesa se despierta de golpe, un extraño presentimiento le golpeó el corazón. Gira su rostro observando al chico de brillantes esmeraldas y al verlo con los ojos abiertos su mente imagina buenas noticias.
—¡Shun! —Grita acercándose a él—Shun— toma su mano, dejando que una lágrimas caigan por sus ojos—¿Shun? — Pero el santo no le responde.
Ikki despierta de golpe al escuchar las suplicas de la princesa, la observa llorando y luego presta atención a su hermano, sus ojos están abiertos pero muertos, sabe que eso no es buena señal. Eliza respira agitado, temiendo lo peor. Lo sigue llamando a voz en cuello pero era hablarle a la pared.
El corazón de Ikki se detiene, cierra fuertemente sus ojos dejando que una intrépida lágrima describa su destrozada alma. Iba a levantarse para cerrar los ojos de su hermano pero en eso un poderoso cosmo llama su atención.
El aire cambia, el ambiente se siente pesado, Eliza poco a poco se empieza a asfixiar con algo invisible y finalmente un poderoso relámpago oscurece todo rastro de vida en Inglaterra.
En cuestión de segundo los caballeros y la diosa se presentan en la habitación del santo de las cadenas observando al dios de la magia entrar como Juan por su casa.
El rostro de la peli lila palidece pero el del dios solo muestra una macabra sonrisa.
—Gusto en volver a verte Athena. Veo que la vida siempre es buena contigo.
La deidad no sabe responder, su propósito era evitar que volviera y en estos momentos está parado a escasos pasos de ella. ¿Para qué diablos fue todo su plan? ¿Para que ir y destruir la reunión familiar? ¿Por qué los diamantes no reaccionaron?
—Que pasa mi querida diosa ¿Por qué no respondes?
Athena simplemente no podía hacerlo, el dios camina con lentitud pero el Pegaso no lo dejó avanzar más.
—Ni un paso más Delfos o te juro que aquí mismo te hago trizas.
El dios levanta una ceja serio viendo como él y dos caballeros más cubren a la deidad de la tierra.
—¿Acaso no saben lo que es el respeto, caballeros? —El dios levanta su mano tronando dos dedos dejando que un extraño poder emanara de él.
—¿Qué diablos…?
—¿Qué es esto?
El Dragón y el Cygnus sienten como sus cuerpos se mueven en contra de su voluntad inclinándose hacia la maligna presencia.
—¿Qué le has hecho a mis amigos? —Seiya levanta sus manos dibujando las 13 estrellas de su constelación guardiana. Iba a lanzar su ataque pero Delfos no lo permitió.
Sin ver sus movimientos el santo de bronce es lanzado contra la pared del castillo atravesando toda la estructura real por completo, todos los presentes se quedan estáticos ante tal poder.
Ikki observaba todo en silencio y Eliza tuvo que sentarse, estaban sucediendo cosas demasiado extrañas y el miedo la domino por completo. Observa al ser extraño que ahora invadía la habitación y había llamado a Saori ¿Diosa?
El Dios no da un solo paso más observando todo, sonríe con sorna acomodando su túnica negra, en eso los pasos apresurado de alguien entrando por el hueco que dejó el cuerpo de Seiya interrumpe en la sala.
Violeta se asoma por el hueco con los ojos inundados en lágrimas, sin entender que es lo que está pasando intenta esconderse al ver al nuevo inquilino en el castillo. Ikki la observa temiendo lo peor, en cambio Delfos la observa extrañado.
—Veo que no eres normal chiquilla. —Susurra el dios a la peli azul—¿Cómo es que sigues de pie?
Nadie en la sala entendió sus palabras, a excepción de Violeta.
—¿Tú fuiste el que hizo esto? —La dama de compañía no se refería al hueco en la estructura, sino que desde que el relámpago se estremeció en el cielo ella despertó dándose cuenta que todo ser viviente en el castillo había quedado inconsciente, los animales, los empleado y el rey y su hijo estaban fuera de sí.
—A la escoria hay que acabarla de un solo golpe.
Ikki logra ver como lágrimas caen en silencio por sus ojos, pero no actúa, los sentimientos nunca han intervenido en las guerras santas y no lo empezarán a hacer ahora.
—Eres un infeliz— Todos voltean a ver como Seiya regresa a la habitación por la ventana, estaba herido por el tremendo golpe recibido pero nada grave, tal perece que Delfos no lo quiso matar. Violeta aprovecha la distracción del Dios para ir junto a su amiga.—¿Cómo te atreves a hacerle eso a gente inocente?
—La basura nunca dejará de ser basura, no importa su posición social caballero. Eso lo debes saber muy bien.
—¿Qué pasa Seiya? —Athena seguía paralizada pero al escuchar las palabras de su caballero un mal presentimiento la invadió.
—Todo lo que tenía vida ha quedado inconsciente Athena, las plantas, los animales… Las personas…
—¿Qué? —Hyoga apenas podía hablar, su cuerpo al igual que el del chino seguían congelados en el suelo. El dios sonríe de lado.
—Arruinas las sorpresas caballero pero creo que es momento de que todo el mundo se entere.
Truena nuevamente sus dedos, todos esperan algo malo pase pero lo único que cambia en la habitación es que en los ojos abiertos de Shun empieza a aparecer un brillo azul, al igual que en su pecho, sin necesidad de palabras todos empiezan a encajar las piezas del rompecabezas.
Ikki siente que su sangre empieza a hervir, un poder inimaginable crece en su interior y observa con odio a la diosa. Hyoga y Shiryu siguen sin creerlo y Seiya solo cierra los ojos con fuerza odiándose a sí mismo.
—¿Qué pasa? ¿Por qué esas caras? ¿Acaso…?—Delfos actúa con avaricia—¿Acaso su diosa no les dijo nada?
—Delfos…—Athena iba a hablar pero el dios la interrumpe.
—¿Athena no les dijo? —Da un paso en dirección hacia el santo inconsciente pero Ikki interviene en su camino. —No hace falta caballero que protejas un cuerpo.
—Shun aún no está muerto.
—¿A no? —Sonríe —Puedo arreglar eso.
Los ojos del Fénix se dilatan al observar la expresión del dios, este levanta la mano. Esta tenía la posición como si estuviera sujetando algo, como si lo levantara. El peli azul gira observando como el brillo aumentaba. El poder de Delfos se incrementa, la presión en su mano subía. El pecho del peli verde se empieza a levantar a tal punto que deja su cabeza colgando, Ikki impotente solo observa temiendo lo peor.
Eliza observa todo sin poder actuar, Violeta la sujeta por los hombros si entender que es lo que pasaba realmente, Athena, Shiryu y Hyoga están de la misma manera. La diosa desea actuar pero la incertidumbre y la desesperación la inutilizaban en ese instante.
Delfos sonríe —"Hasta luego Shun".
La mano del dios se cierra dejando salir un poderoso cosmo acompañado de una luz cegadora, todos los presentes tienen que cubrirse por la potente luz, Ikki entrecierra los ojos mientras sus brazos le cubren el rostro, pero no puede evitar ver que le pasa a su hermano. En ese momento su corazón se detiene.
Ve claramente como algo sale del pecho del joven santo de las cadenas, se mantiene suspendido unos segundos y luego su cuerpo cae estrepitosamente quedando medio cuerpo colgando al borde de la cama. El brillo de sus ojos se extingue y una línea de sangre sale de sus labios, nariz y ojos.
Ikki observa sin decir una sola palabra, su hermano yace muerto ante sus ojos sin que él haya hecho algo por detenerlo. Eliza siente que pierde el aire, se recuesta intentando controlarse, sus ojos no pueden ver más allá que el demacrado cuerpo de Shun. Por instinto se abraza el vientre y sus brillantes ojos miel dejan derramar gotas de agua salada.
La princesa y los demás presentes alzan la vista topándose con un objeto brillante, los caballeros sienten una incontrolable angustia, pero la pelirroja solo puede seguir observando esa luz, sus manos se aguadan y caen a sus costados, su presente se elimina y queda hipnotizada por lo que observa. Ahí, en el interior de su cuerpo empieza a nacer algo, sus ojos se obscurecen para que dé apoco empiece a nacer una luz celeste en el centro de ellos, nadie la observan, nadie sospecha, nadie tiene tiempo para ponerle atención.
—¿Eso…? ¿Eso es…?—Hyoga habla con dificultad observando el objeto brillante, Delfos sonríe y con su cosmos hace que eso se acerque a él. Alza su mano, poco a poco la luz disminuye dejando a la vista el fragmento del diamante.
—Así es caballero—Lo voltea a ver—El santo de Andrómeda portaba el segundo fragmento. —Su sonrisa se amplía al observar su rostro lleno de angustia y desesperación. Con la otra mano truena dos dedos liberando al Dragón y al Cisne de su poder. Ambos solo sienten que son liberados pero están tan fuera de sí que no atinan a actuar en contra del dios.
—¿Qué pasa Athena? ¿No piensas decir nada? —La diosa lo observa con odio. —Vamos, explícales, resuelve sus dudas.
—Athena—Susurra Shiryu—¿Tú sabías esto?
—Si. —Responde cerrando fuertemente sus ojos.
—¿Entonces qué demonios venimos a buscar? —Hyoga se estaba alterando, con lágrimas en sus ojos voltea a ver a su diosa—Responde Saori.
—Venimos a buscar el tercer fragmento Hyoga. —Le contesta alzando la voz—Desde un principio supe que Shun portaba uno en su interior, pero no podía decirlo ya que en esos días él estaba muy resentido con nosotros. Si le decía la verdad, solo lo hubiera herido más de lo que ya estaba. Fue lo único que se me ocurrió.
—¿Entonces cuantos putos fragmentos son? —La voz ronca del Fénix hace temblar a la diosa.
—Son tres Fragmentos. —Responde Delfos moviéndose al centro de la habitación. —Uno es el que tengo yo. —En ese momento un fuerte resplandor nace de su pecho, dejando salir el fragmento que portaba en su interior. —El segundo es el que él portaba y el tercero…—Gira su rostro hacia donde están las damas escondidas en el fondo de la habitación. —Lo tiene alguien más de este castillo.
El dios cierra los ojos mientras se posiciona justo en el centro de todos los presentes, al abrirlos estos empezaron brillar de la misma forma en como lo hicieron los ojos de Shun anteriormente.
—Caballeros ¿Acaso no se preguntan por qué son tres los fragmentos del diamante y no dos como los hicieron creer anteriormente?
—Ahora que lo mencionas tiene lógica.
—Ilústranos Delfos—Shiryu continúa con la irónica oración de su amigo el ruso, ambos observan con odio y lágrimas en los ojos al intruso presente.
—Ja, ja. Me gusta su actitud. —Muestra una macabra sonrisa—Todo en este mundo está regido por la ley del Triángulo divido. Alma, espíritu, cuerpo. Agua, cielo y tierra. Paraíso, Infierno y Tierra. Por lo cual no parece nada extraño que el diamante se fragmentara en tres.
"Como pueden observar el fragmento que yo tengo contiene mi presencia, el que tenía su difunto amigo contiene el poder y por último el fragmento faltante contiene…
—Las almas de las estrellas oscuras.
—Correcto Dragón, ya veo porqué te llaman el cerebro del grupo.
—Gracias, es un honor.
—Ya basta de ironías, llegan a un punto de aburrirme. —Lo voltea a ver, se aclara la garganta y los observa a todos uno por uno—Ahora ¿Quién es el dueño del tercer fragmento? —Deja escapar una pequeña risa mientras sus ojos brillantes rastrean la habitación.
En ese momento Violeta se empieza a quejar, suelta a la princesa y se abraza retrocediendo, su respiración se vuelve entrecortada y termina tirándose al suelo por el terrible malestar que ahora la está atacando. El Fénix la observa temiendo que ella sea la portadora, gira su rostro para ver al dios sonreír. Ya le quitaron a su hermano, no iba a permitir que Violeta se fuera también. Estaba a punto de encender su cosmo pero en eso el dios continúa con su amena visita.
—Violeta—Susurra el caballero de la llama.
—Como dije anteriormente, veo que eres una mujer con algo escondido—Prosigue avanzando hacia ellas. —Primero, no quedaste inconsciente como todo los demás humanos, y ahora no mueres, me das curiosidad ¿Sabías? Pero para tu fortuna no tengo tiempo, el Planeta me espera. — Ríe nuevamente acercándose—Vamos mi querida Eliza.
Toda la sala se queda pasmada al escuchar el nombre de la princesa en sus labios. En ese instante la pelirroja levanta la vista observando al dios, en sus ojos también estaba ese brillo azul y en el centro de su pecho también se podía observar el trozo del diamante faltante. Ahora que estaban los tres reunidos un poder sobrenatural se percibe en la recámara. Los caballeros sienten como empiezan a perder la fuerza, la diosa tiene que recostarse en la pared más cercana. Seiya se aleja de la ventana para ir con Saori mientras todos solo observan como la princesa se levanta y sigue al dios en su camino.
El dios coloca su mano en el pecho de la chica.
—Es hora—Susurra, y cuando iba a arrancar el fragmento algo sucede, frunce el ceño confundido por la reacción del trozo. Indaga un poco más para descubrir que es lo que sucede. —Ya veo—Le habla a la chica quien parece ida del mundo real. —Veo que nos portamos mal Eliza… Pero este pequeño inconveniente no cambia mis planes en lo absoluto.
Levanta su mano colocándola a centímetros del rostro de la chica, en ese momento ella cierra sus ojos y cae inconsciente en los brazos de dios. Camina con ella hacia la ventana pero Hyoga lo detiene.
—Espera maldito ¿Qué piensas hacer con ella?
—Eso no es algo que te incumba.
—Por supuesto que sí. Es la mujer que mi amigo amaba, no permitiré que le hagas daño a ella también.
—¿Acaso no te parece más misericordioso, Cisne que la envíe al lado de Shun de una vez por todas?
—Puede que sea misericordioso para ti Delfos, pero no permitiremos que le dañes un solo cabello a Eliza—Shiryu se coloca en posición de ataque al igual que el rubio.
—No creo que se atrevan a atacar teniendo a la chica en mis brazos —La observa con detenimiento. —Que jugarretas las del destino ¿Verdad? El portador del fragmento que contenía mi poder era un santo de la poderosísima Athena, que estaba destinado a enamorarse de esta chica, quien también portaba un diamante. Ni siquiera a mí se me hubiera ocurrido semejante idea.
—¡Delfos! —Grita Athena desde lo lejos en la habitación.
—La guerra ya está perdida Athena, los fragmentos están conmigo. Quédense a esperar su muerte tranquilamente, así como dejaron que Shun lo hiciera.
Esa frase fue un golpe directo al corazón de todos, el dios desaparece entre las sombras de la noche junto con Eliza en sus brazos.
—¡Eliza! —Grita en vano la dama de compañía al ver como su mejor amiga se iba, con dificultad se pone de pie sujetándose de la pared. Lágrimas caen por sus ojos. —Dios mío ¿Qué pasa? —Susurra con el corazón en la garganta.
Por unos segundos todo queda en silencio, la impresión era tal que no sabían que hacer, hasta que Seiya deja escapar un poco de la cólera que lo invadía.
Apretando su puño estampa un fuerte golpe en la pared del castillo haciendo que este temblara y se agrietara, todos reaccionan ante su actitud.
—No podemos quedarnos aquí, Delfos cometió un grave error al no matarnos cuando pudo.
—¿Por qué no nos habrá matado?
—Porque piensa que solo somos ratas insignificantes—El Fénix responde a la duda del peli negro. Todos lo voltean a ver, observan como cuidadosamente toma el cuerpo de su hermano y lo coloca en el centro de la cama. Con lágrimas en sus ojos limpia los rastros de sangre de su rostro con sus manos. Lo acomoda como si solo estuviera durmiendo, levanta la sábana para cubrirlo hasta los hombros. Lo observa con detenimiento odiándose más de lo que anteriormente lo hacía.
—"Perdóname Shun, en verdad lo siento hermano. No pude protegerte una vez más, no logré venir a tiempo esta vez. Por favor hermanito perdóname"
Se limpia con brusquedad las lágrimas en sus ojos, gira hacia la ventana.
—Ikki…
—Será mejor que guardes silencio Saori y ruégale a los dioses que Delfos te mate primero porque de lo contrario seré yo el que lo haga.
—¡Ikki! —Seiya se le enfrenta al escuchar la oración de su amigo—Ikki…
—¿Qué Seiya? Si voy a combatir en esta guerra no será por esa maldita, dime ¿Qué hubieras hecho si tu hermana corriera el peligro que Shun corrió? ¿Si te hubieran ocultado que ella portaba algo maligno y que ¡muriera en tus narices sin poder hacer absolutamente ni una sola mierda!? Si voy es para vengar la muerte de mi hermano, no confundas las cosas.
—Si vas a matar a Saori primero lo tendrás que hacer conmigo.
—Que gentil…
—Porque yo también sabía lo del diamante.
—¿Qué?
—Seiya—Hyoga y Shiryu lo observan con asombro, Ikki solo mira el suelo con rabia y odio, regula su respiración para no actuar como un loco.
—Yo también lo sabía—Continua el Pegaso —Así que primero me tendrás que matar a mí.
Ikki analiza despacio la confesión de Seiya, Hyoga y Shiryu simplemente no lo pueden creer, por un momento se desconectan del mundo pero la reacción abrupta del Fénix los obliga a regresar.
Sin aviso las manos morenas de santo están en el cuello del Pegaso, Seiya está completamente inmóvil, la fuerza que utilizaba su compañero es brutal, su vista se empieza a obscurecer pero no pone resistencia. Los otros dos santos corren a ayudar a su amigo, Shiryu toma por la espalda a Ikki mientras que Hyoga intenta alejar las peligrosas manos del cuello de Seiya.
—¡Ikki, suéltalo! —Shiryu intenta con más fuerza pero el enojo estaba cegando al caballero. Lagrimas caen por sus mejillas y estaba dispuesto a matar en este instante al caballero de Pegaso.
—¡Ikki, basta! — Hyoga empieza a elevar su cosmo al igual que el pelinegro. El Dragón lo toma por los brazos y lo jala al mismo tiempo que el caballero de los hielo congela sus muñecas. Por fin Seiya puede volver a respirar, Shiryu no suelta a Ikki mientras que este intenta regular su furia.
El castaño tose y Hyoga lo ayuda a ponerse de pie, con lentitud Shiryu suelta al peli azul mientras la diosa lo observa con temor. Ikki levanta la vista con sus ojos inyectados de sangre observando a todos los presentes.
—Cuídate las espaldas Pegaso.
—Ikki ya basta. —Interviene Hyoga—Por favor, tenemos que detener a Delfos. Si matas a Seiya de todas maneras…
—Eso no me devolverá a mi hermano. —Lo interrumpe. —Eso lo se Hyoga, pero les aviso que no permitiré que la próxima vez se metan o los mataré también.
—Ikki…
—No puedo creer que sigan defendiéndolo, acaso ¿Me vas a decir que ustedes también lo sabían?
—Ello no tenían nada que ver—habla la diosa.
—Claro—le responde con sorna el santo—La única asesina aquí eres tú.
—Por favor…
—¡Por favor una mierda Shiryu! ¿Qué hubieras hecho tu si a Shunrei le hubiera pasado esto? ¿O a Eri? O que Seika fuera asesinada por un golpe a traición. —Sus palabras eran pronunciadas llenas de odio y estaba con la espada desenvainada para herir a quien se le ponga enfrente.
Forma puños en sus manos, mientras unas débiles lágrimas caen por sus ojos, se voltea al sentir como otro relámpago toca la tierra y después varios cosmo se empiezan a sentir en el ambiente. Delfos está listo para destruir la tierra, camina hacia la ventana observando como todo en el ambiente estaba muerto. El reloj dejó de caminar para muchas personas, el tiempo se detuvo y es su obligación hacer que corra de nuevo.
—Fénix—Susurra Ikki. En cuestión de segundos una luz naranja aparece en el cielo y que se dirige a una increíble velocidad hacia ellos. Todos se cubren los ojos y al poder volver a ver, la imponente ropa cubre el cuerpo del caballero.
Violeta solo observaba en silencio lo que ocurría, se acerca a la cama para observan el rostro pacifico del peli verde, sus ojos se llenan de lágrimas. Levanta la vista al escuchar las peleas entre los extranjeros pero cuando ve que de la nada Ikki viste con algo que parece ser una armadura su mente se llena de más dudas. Una persona en sus cinco sentidos se alejaría de ahí corriendo, pero ella necesitaba saber más. Pasa al lado de la cama, ignorando a todos los demás. Ikki la escucha aproximarse a él, su corazón sucumbe ante ella. Suspira y la única lágrima que le quedaba cae en ese instante, evitando que ella lo vea llorar.
—Ikki—susurra la joven al estar a escasos centímetros de él. Los caballeros la ven sin decir absolutamente nada.
—Ahora ya sabes lo que somos Violeta—suspira el decir aquello—Será mejor que te alejes de mí.
—No—Responde decidida, y se acerca más a él—No sé qué es lo que ocurre, no sé qué es lo que realmente son. Pero de algo estoy segura. Hay algo que se con certeza…—Levanta su mano y la posa sobre el puño del peli azul. —Y es que no quiero alejarme de ti.
Ikki no la voltea a ver, suspira más profundo al sentir su pequeña mano sobre la suya, la escucha sollozar y su corazón se parte nuevamente. Cierra los ojos tratando de serenarse.
—Traeré a Eliza de regreso y, después me alejaré de ti. Conmigo solo correrás peligro, toda la gente que quiero muere y no permitiré que eso pase contigo.
Sus palabras le dolían a la joven pero las entendía.
—Eres libre en hacer lo que quieras Ikki, si deseas irte, no te detendré. Solo quisiera que supieras que prefiero un infierno contigo que un cielo sin ti. —Suspira mientras baja la mirada, se contiene para no llorar. —Por favor—suplica entre el llanto—Cuídate.
Despacio ella se aleja de él regresando a la par de Shun, Ikki la observa de soslayo, su corazón se vuelve hierro mientras de un salto desaparece por la ventana. La dama lo ve partir, con las ultimas fuerzas que le quedan acerca la silla que antes estaba usando su mejor amiga, se sienta a la par del chico observándolo con ternura. Estira su mano despejando su blanco rostro de unos mechones rebeldes. "¿En serio estas muerto Shun? No permitas que nada le pase a Eliza, tampoco a Ikki. Shun, no nos abandones.
La habitación está llena de una tención indescifrable, Hyoga y Shiryu se observan mientras que Seiya está recostado odiándose. Saori no sabe qué hacer en estos momentos pero no puede permitir que las cosas empeoren.
—Tenemos que detener a Delfos. —Suelta la diosa acercándose a la ventana. —Se está moviendo y es nuestro deber destruirlo.
—Alguna sugerencia diosa.
Seiya levanta la cabeza al escuchar la voz socarrona del ruso, Shiryu ni siquiera se mueve.
—Bien—continúa Hyoga—Ir, tres contra cuarenta pitones. No es nuevo.
—Esperemos que Ikki no actúe como un animal pero su furia nos da una especia de beneficio. —Suelta el Dragón—Es hora de irnos.
En cuestión de segundos también ambos portan sus armaduras correspondientes.
—Seiya—el nombrado ve a su amigo el chino—Cuando todo esto termine no esperes que te defendamos de Ikki. Esto ya está fuera de nuestras manos.
Los dos siguen el camino del caballero de la llama, quedando solos la diosa y el castaño.
—Esto se nos salió de las manos.—Susurra el Pegaso acercándose a Athena mientras su armadura lo cubrían.
—No podemos dejarnos llevar por estupideces Seiya, tenemos que derrotar a Delfos.
—¡No son estupideces! —Grita eufórico el santo—Mierda Saori, Shun murió de un golpe a traición ¿Acaso esto era lo que querías? ¿No te importaba Shun?
—Si no sabes será mejor que guardes silencio. —Seiya se da cuenta de la voz temblorosa de su diosa. Retrocede bajando el rostro y suspira.
—¿Qué tengo que hacer ahora?
—Ahora debes ir con tus compañeros, Delfos acaba de resucitar a sus pitones.
Ambos buscan el origen de la voz de Nike, esta aparece en el báculo de la diosa que se adentra a la habitación y se posiciona en la mano derecha de la misma.
—¿Todos?
—Así es Athena, pero no los despertó a todos en este lugar. Delfos planea destruir los puntos de resistencia de la tierra.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Quince de sus pitones acaban de despertar en el santuario, su deber es destruirlo. Puedo sentir que no son de un poder destructivo grande, por esa razón su número es su fuerza. Tres están en las Islas de Andrómeda, ya que es la unión del mar junto con la tierra. Tres despertaron en rozan, tres llegaron a Siberia, dos en Jamir y cuatro en Cabos Unión en busca de Sorrento y Julián Solo.
—¿Solo diez intentarán detenernos?
—No lo subestimes Pegaso, estos diez, así como tú los llamas despectivamente son los más fuertes guerreros que están al servicio de Delfos. Pero de ellos cuatro son los mortales: Liasis, Antaresia, Python, pero la mano derecha de Delfos es Alethinophidia. La raza superior de las boas o pitones. A ellos es a quien deben tener.
—¿Alethinophidia? —Athena cree recordar ese nombre.
—Es el guerrero que derrotó a los doce Caballeros Dorados en la anterior guerra santa.
—¿Los doce? —El rostro de Seiya palidece.
—Ve caballero, no hay tiempo que perder.
Seiya duda por unos segundos, pero después obedece a la orden de la diosa y sigue a sus compañeros.
—Athena—la nombrada le presta atención—Ve a la parte superior del castillo y has un campo de fuerza que cubra todo Londres. Esto hará que el poder del diamante no les llegue a los guerreros de Delfos en el exterior y tus otros caballeros los derroten.
La diosa asiente y sigue su camino ignorando a Violeta quien sigue observando el rostro del santo caído.
Seiya corre sintiendo un peso extraño en su camino, el tiempo se ha detenido y debe apresurarse si quiere que pronto vuelva a correr. Sigue la presencia del cosmo de Delfos pero al llegar observa como Ikki, Hyoga y Shiryu observan la entrada del bosque. Esta está cubierta por una especie de neblina de la cual emana un poderoso cosmo.
—¿Qué es lo que está sucediendo?
—El cobarde de Delfos ha creado un campo de fuerza alrededor del bosque. —Shiryu responde a la duda del castaño. — Es similar al que utilizó Saga en la casa de Géminis, no importa que tan dispuestos estemos al entrar, regresaremos al inicio.
—Maldito. ¡Mierda! Tenemos que hacer algo.
—Ikki ya entró varias veces y fue el mismo resultado—responde Hyoga.
Seiya aprieta los puños con frustración.
—¡Pero no nos podemos quedar aquí! ¡Delfos—lo llama a voz en cuello— da la cara, maldita sea!
Justo en ese momento la tierra se movió con brusquedad haciendo que los santos se tambalearan, observan el cielo que se ha quedado sin rastro de estrellas o de luna, en eso el ambiente empieza a tener un olor fétido y una voz grave sale del interior del bosque.
—Bienvenidos caballeros, ¿Qué modales son esos? Solamente estaba esperando a que todos juntos llegaran a la fiesta.
—Déjate de juegos maldito y enfréntanos. —Seiya no tiene reparo en gritarle al dios esperando a que por fin comience la batalla.
—Creo que deberías controlar tus impulsos Pegaso, si tan ansiosos están por morir no los voy a detener.
Ignorando la realidad de esas palabras, nuevamente la tierra empieza a temblar, esta vez con más fervor. Es imposible quedarse de pie pero se ven obligados a separarse porque de la tierra nacen unas enormes paredes hechas de piedra dándoles a ellos cinco caminos a escoger.
—Para hacerlo más interesante, cada uno debe escoger un camino, todos son iguales, todos tienen dos guerreros, todos llevan a mi castillo. La única diferencia es que detrás de uno no hay un pitón dorado esperando, solo dos simples guerreros fáciles de derrotar. Y como son cinco… ¡Ay!… Disculpen, ahora solo son cuatro, bueno, quedará un camino vacío. No importa. Escojan el suyo y lleguen a mí, sino es que mueren en el intento.
Los caballero se observan entre sí, a excepción del Fénix que mantenía sus ojos cerrados, había cinco entradas de las cuales una quedaría vacía, Seiya no puede evitar sentir culpa y los demás melancolía.
Ikki empieza a avanzar pero la voz de Shiryu lo detiene.
—Ikki, no podemos actuar a lo loco. No sabemos que puede estar tramando Delfos.
—No hay nada que pensar Dragón. Sin importar el camino todos nos encontraremos con esos mentados pitones dorados. La tarea es fácil, llegar, matarlos e intentar no morir. Así de simple. Delfos ya lo tenía todo preparado.
Sin dirigirles la mirada toma el tercer camino dejando a los demás shockeados por su forma de responder.
Al cabo de unos minutos todos comprenden que las palabras de Ikki tenían lógica, pero entonces a Shiryu le surge una duda.
—¿Por qué solo hay diez pitones esperándonos?
—Porque los demás están destruyendo en mundo.
—¡¿Qué?! —Hyoga lo mira atónito, se pone enfrente del castaño exigiendo una explicación. Seiya lo observa, y les cuenta lo que Nike les dijo a él y a Athena. Los santos ahora sienten que tienen más responsabilidades encima, después de ponerse de acuerdo cada uno toma su propio camino. Seiya elige el primero, Shiryu el quinto y Hyoga el segundo. El cielo se tiñe de un color violeta y el olor fétido empeora. La batalla ha comenzado.
…
Delfos
La tierra y los humanos me dan asco. Desde que salí del castillo del rey, me di cuenta que este espeso bosque era el lugar perfecto para que mis queridas pitones jugaran un poco, con una pequeña cantidad de cosmo el bosque se extendió unas doscientas hectáreas más dándome la libertad de crear un castillo y un área de juegos para que los santo de Athena distraigan a mis amadas creaturas. Ahora los cuatro corren como unas liebres recién liberadas de su cautiverio solo para dirigirse hacia la muerte. Mis pitones doradas ya sintieron sus cosmos aproximándose, ahora cada una escogió a su presa, la verdad que no me sorprende su elección.
Ahora debo encargarme de esta querida dama que me ha cambiado los papeles, aunque la verdad no mucho. Giro sobre mis pasos encontrándome con su hermosa figura encadenada a una de las paredes del improvisado pero poderoso castillo. Sus muñecas elevadas sobre su cabeza pero estiradas a los lados, siendo ligeramente torturadas por los grilletes que ejercen presión en su piel. Su cintura, busto y caderas decoradas con las poderosas cadenas que le impide el movimiento y por último sus tobillos que corren las misa suerte que sus muñecas. Tiene una figura hermosa, una piel tan suave que por un leve segundo siendo lástima por ella, el cabello de fuego, suelto y algo enmarañado le da un toque angelical a su pálido rostro. El blanco vestido que porta ahora esta rajado y sucio y no carga su fino calzado cazado dejándome contemplar sus hermosos pies.
Con los ojos cerrados hace que me entren esos deseos carnales que identifican a todos los seres humanos, pero, tengo cosas que hacer, humanos que matar y a santos que desaparecer.
Me acerco a ella, estiro la mano derecha y empieza a aparecer el trozo de diamante que tenía el santo de Andrómeda, en ese momento los trozos de la chica y el mío responden. Con la mano izquierda extraigo el mío acercándolo al otro, en este momento siento un jalón que me ciega por un momento, al recuperar la visión los dos fragmentos se han vuelto uno, mi poder se intensifica y siento un enorme deseo de destruir todo lo que tenga a mi paso, sentir la sangre de Athena en mis manos. Crear un nuevo génesis en donde yo seré el amo y seños. Pero aún tengo que recuperar el tercer fragmento que sigue en el cuerpo de la princesa. Bueno, en teoría sigue dentro de su cuerpo.
Coloco el fragmento justo delante de su vientre y ella se empieza a quejar y a retorcer, poco a poco abre sus brillantes ojos dorados observándome con odio y miedo, esos sentimiento me encantan.
—Hola Eliza, veo que ya despertaste.
—¿Quién… quién…?
—Delfos querida, mi nombre es Delfos. — Ella se observa, y luego a nuestro alrededor, la duda se expresa en su mirada, me gustan estos sentimientos. —Cálmate querida, aun no morirás.
—¿Qué está… está pasando? —sus ojos se llenan de lágrimas, intuyo que recuerda al caballero caído.
—¿Acaso no lo sabes? ¿Acaso tu padre no te comentó sobre Athena y sus caballeros? — Ella procesa los nombres que le he dado, abre sus ojos lo más que puede, abre la boca y luego vuelve a cerrarla, sabía que no ignoraba por completo el asunto de los dioses.
—¿Acaso no eran solo… solo leyendas?
—No mi querida Eliza, Athena es real.
—Athena, Poseidón y…
—¿Hades? Si, y todos los doce olímpicos más. Y los dioses menores, los magos y demás seres que el imbécil humano cree que solo son—suspiro —leyendas.
—Mi padre me contaba—se queda muda por un rato, sus ojos se llenan de lágrimas—sus historias, los caballero de bronce, un torneo que lo observó todo el mundo, constelaciones. Todo, ¿Todo era verdad? — su rostro palidece más y me observa a los ojos, las lágrimas cesan—Shun. —Susurra perdiendo la voz en el acto.
—Si Eliza, Shun era un caballero muy poderoso pero que estaba en mi camino, ahora descansa en paz. Pero no te alteres mi bella princesa, muy pronto estarás con él. —Sonrío ante su horror, el haber confirmado su miedo de la muerte de Shun me da placer. —Sé que tienen dudas cariño—acero mi mano a su rostro y lo acaricio—pero trataré de resumírtelo.
"Todo lo que es mitológico es verdad, las historias que te contaba tu madre eran ciertas, las que continuaba tu padre también. Ahora, todos los humanos están inconscientes querida, es como si le hubieran puesto pausa a la película. No viven pero tampoco están muertos. Excepto tu amiga Violeta, bueno, no tiene nada importante. Pronto Athena caerá y todo el mundo que conoces quedará en el recuerdo de los muertos.
Frunce el ceño y aleja mi mano de un movimiento brusco.
—Mátame de una vez entonces. Si tanto es tu maldito deseo de destruirnos mátame, hazlo. ¡Hazlo, maldita sea! —Lágrimas rebeldes caen por sus ojos. Pero en sus ojos arde una furia que me agrada ya que esa furia alimenta al diamante que porta dentro de sí.
—Créeme linda, ya lo hubiera hecho y toda esta agonía no la estarías viviendo. Pero, fuiste tan traviesa que ahora el diamante ha cambiado de dueño pero el nuevo dueño ni siquiera es humano, así que te necesito con vida hasta que todo esto termine, no desesperes, pronto terminará.
—¡Maldito! —Me grita, intenta moverse pero le es imposible, el diamante queda suspendido en el aire, cerca de su vientre succionando la energía de la chica. Ahora el diamante está completo. Me alejo de ella observando a través de la ventana, los caballeros se acercan a sus primeros contrincantes, las dos pitones restantes se quedarán aguardando en el cuarto camino, esperando mi orden de ir a matar a Athena cuando ya esté lo suficientemente débil por mantener el campo de fuerza. Es el momento del inicio de una nueva guerra santa.
…
Shun
Aún no estoy muerto, ¡mierda! No puedo moverme, apenas siento el aire entrar a mis pulmones. Eliza, ese maldito se llevó a Eliza y ninguno pudo hacer nada. Athena, mi hermano, Seiya. Lo escuché todo. Nike, el diamante, yo, estaba consciente en ese momento y lo sigo estando. Violeta está a mi lado llorando por Eliza, por Ikki, por mí y no puedo hacer absolutamente nada. No puedo dejarme morir aquí. ¡No!
Abro los ojos, me mantengo atrapado por estos reptiles petrificados, siento el frío calando en mis huesos, si me dejo ir por un solo segundo sé que moriré pero ¿Qué puedo hacer? ¿Todo mi poder estaba en el diamante? No, de eso estoy seguro, mi cosmo siempre ha nacido de mí. Dejo escapar un suspiro sintiendo como mi mundo poco a poco se va obscureciendo. Pero ¿Cómo puedo recuperarme? ¿Qué debo hacer? Eliza… Ikki… Athena…
Empiezo a dejar de sentir mi cuerpo, mis manos van tomando un color celeste y mi cabello se está volviendo blanco. ¿Son señales que me están indicando que moriré? Debo… Debo… ¿Qué, qué es eso? Algo está llegando al centro de mi corazón, una… Una luz magenta. ¡La Armadura de Andrómeda! Ella me está apoyando. Andrómeda, ayúdame una vez más por favor, Athena bríndame un poco de tu poder. Necesito levantarme, necesito…
Fin Shun
…
Los caballero de Athena vigilan de cerca la recámara del patriarca, ahora que las cuatro armaduras de bronce salieron a socorrer a los caballeros, están todos en guardia ya que sintieron el nacimiento de poderosos cosmos amenazando el recinto sagrado. Marín y Shaina aguardan en el interior cerca de los ropajes dorados, esperando el momento para atacar.
La amazona del águila se voltea observando la única armadura que no fue en busca de su guerrero, ahora esta se encuentra brillando poderosamente pero sin hacer movimiento alguno. La observa con intriga, y de soslayo observa a la de virgo que ahora está inerte. Oficio se percata de la alteración de su amiga, abre la boca pero en eso un poderoso estruendo las saca a ambas de su ensueño.
La tierra retumba con el compás de unos poderosos cosmos que caen del cielo, salen del cuarto oculto para el al salón del patriarca, pero al hacerlo las visitas ya las estaban esperando.
—¿Quiénes son ustedes? —Marín se pone en guardia alzando sus puños mientras Shaina la secunda detrás.
—Con que ustedes son las amazonas de plata, he escuchado mucho de ustedes. Un verdadero placer.
—Ya déjate de sandeces y quién demonios son ustedes— La peli verde avanza hasta colocarse enfrente de la silla del patriarca, pero para de golpe al sentir tres cosmos alrededor suyo.
—¿Pero qué diablos…?— Marín observa como las sombras se acercan a ellas, el mismo estilo de armadura y con un poder impresionante.
—Mucho gusto amazonas, soy Demec de Liasis.
—Andanteo de Phyton.
—Chrastnis de Antaresia.
—Zac de Alethinophidia. —El último guerrero posee una voz profunda y demandante. —Es su fin guerreras, eviten resistencia y prometo darles una muerte rápida.
—Son guerrero de Delfos—susurra Shaina al reconocer las clases de guerreros que son, mira a su compañera que lo reta. La amazona del águila no se inmuta y observa con odio al traidor.
—Veremos quién muere primero—Marín lo reta elevando su cosmo y, en cuestión de segundos puede sentir como en las afueran del salón del patriarca los demás caballeros de bronce libran otra batalla con más intrusos irrumpiendo el santuario.
Los lentos y agonizantes segundos se siguen multiplicando, Reda y Spica se ven en serios líos con tres de los pitones que irrumpen la agonizante Isla de Andrómeda, el lugar sagrado de los cinco viejos picos corre riesgo, el eterno hielo de Siberia es testigo de la muerte innecesaria de sus habitantes. La torre de Mu se ve cruelmente destruida y Sorrento esconde a Julián mientras sus escamas vuelven a su cuerpo para otra imprevista batalla.
Violeta
Con cuidado suelto la mano de Shun, mi dirijo hacia la ventana destruida. El cielo se ha vuelto gris, no hay señal de ningún astro en él. El aire es denso y pesado, en ocasiones siento que me mareo y las náuseas crecen en mí. Trato de llenar mis pulmones con lo que creo que es el oxígeno, cierro mis ojos dejando escapar un par de lágrimas.
Pienso en Ikki, en Eliza. La familia real. ¿Cómo puede ser que todo mi mundo se derrumbe en un segundo?
¿Qué pasó con mis sueños de niña? ¿Con las travesuras de Eliza? ¿Con mi inesperado amor hacia ese furibundo extranjero? ¿Qué paso con la sonrisa de Eliza?
Dejo escapar un pesado suspiro, con el dorso de la mano me limpio con brusquedad las lágrimas mientras maldigo en susurros. "Algo poco propio de una dama" me riñe mi subconsciente pero ¿Cuándo he sido una verdadera dama? Solo deseo que esta maldita pesadilla termine.
Me paso las manos por el cabello, esta suelto y enredado ¿Qué me importa? Giro ya que me siento algo mareada pero al fijar mis ojos en la cama, esta está vacía. Busco con desesperación en la recámara y, escondido en las sombras cercanas a la pared que fue atravesada por el cuerpo de Seiya observo una silueta.
Un cuerpo perfectamente formado, con una armadura magenta. Posee unas extrañas cadenas que no paran de moverse, por un breve segundo creo que son serpientes que buscan desesperadamente a su presa.
Con pasos lentos esa sombra se acerca, por inercia retrocedo pero me veo forzada a detenerme ya que llegué al final del suelo. Observo con temor al hombre que está enfrente de mí, lleva los ojos cerrados, su cabello ya no es del verde vivo sino uno opaco y tenebroso, su piel es casi transparente pero el poder que emerge de él es extraño. No me da confianza pero tampoco me da desconfianza, no sé qué pensar. Mi cuerpo tiembla pero, él abre sus ojos.
—Shun—Susurro, ¿Acaso no estaba muerto?
Sus ojos son completamente azules pero sin pupila, un azul chinto, fosforescente que me da un escalofrío por todo el cuerpo pero no tengo miedo o, talvez si lo tengo. Se sigue acercando hasta quedarse a una distancia prudente de mí. Busco apoyo en una de las paredes cercanas ¿Qué es lo que sucede aquí?
—Violeta.
Su voz es la misma, en sus fantasmagóricos puedo percibir tristeza ¿Es el mismo Shun?
—Shun—esta vez mi voz sale más decidida de mi garganta, quero dar un paso hacia él pero no puedo. — Shun, ¿Eres tú? ¿Cómo?
—No puedo morir todavía Violeta.
—Eliza… —La voz me sale a medias al recordar a mi amiga. —Tus ojos…
Parece que me ignora porque sigue avanzando, se coloca a mi lado y observa el cielo, cierra los ojos mientras suspira.
—Te prometo que te traeré a Eliza de vuelta, por favor Violeta quédate aquí y vive ya que será lo único que le quede a Ikki.
¿Lo único? ¿Qué quiere decir con eso? Todavía estoy un poco aturdida con todo esto de los dioses y los caballeros pero solo espero que no sea lo que estoy pensando.
Antes de que pueda decirle algo más Shun desaparece de mi vista. A una velocidad impresionante se pierde rumbo al bosque. Mis piernas parecen gelatina, con dificultad me introduzco a la habitación. En medio de ella me dejo caer y las lágrimas no tardan en aparecer, no entiendo nada, quiero cambiar el rumbo de las palabras de Shun, deseo que esto tan solo será una maldita pesadilla. ¡Mierda! Me abrazo esperando con eso calmar el frío que me cubre por completo, aunque este frío no creo que venga precisamente de afuera. Sigo llorando, tienen que volver y explicarme qué diablos es esto. ¿Por qué el rey y las demás personas quedaron inconscientes y yo no? ¿Qué es esto del cosmo? ¿Dioses? ¿Acaso no era solo mitología?
…
Shun
Flash Back
—Shun… Shun…
¿Quién es?
—Shun…
¿Nike?
—Shun despierta, no te rindas.
—Nike—Apenas puedo hablar—Nike ¿Qué… Qué diablos…?
—Shun, la guerra sagrada ha dado inicio. Debes resistir, debes levantarte de esa cama, eres el único que puede derrotar a Delfos
—¿Qué? —¿Qué yo soy el único que puede derrotar a Delfos? ¿Acaso no me ve? Apenas puedo responderle, mi cuerpo no me responde. Quiero hacer algo, no puedo quedarme como un inútil. ¡Mierda ¿Cómo ayudo?!
—Shun, eres el único que puede derrotar a Delfos ¿Qué no entiendes? El diamante principal estaba en ti. Tú también puede controlar el diamante. Delfos no solo se llevó el fragmento de ti, se llevó tu cosmo y parte de tu vida también, es energía extra que necesita pero tú puedes recuperarla. Shun debes luchar y destruir el diamante pero…
¿Pero? ¿Qué quiere decir ese "pero"? no tengo fuerzas para responderle, ni siquiera puedo hacer el intento de moverme.
—Shun al momento de destruir el diamante debes tenerlo completo, las tres piezas deben haber desaparecido y haberse vuelto solamente una. Así ni tú, ni Eliza correrán peligro ya que sus vidas están ligadas a los fragmentos, si destruyes un fragmento, la persona que es la portadora también morirá.
¿Eso quiere decir que si solo destruyo el fragmento de Delfos todo estará bien?
—No Shun, si solo destruyes el fragmento del Delfos su poder maligno quedará y volverá a despertar, posiblemente en alguna generación tuya. Como le dije a Athena hace meses, deben destruir mínimo dos fragmentos para evitar que él regrese. Shun son los tres fragmentos unidos o… uno de ustedes perderá la vida.
Fin del Flash Back
Cuando la voz de Nike desapareció supe que tenía una oportunidad. Por un segundo creí que mi vida se extinguiría pero Athena me dio un poco de su cosmo-energía, ahora el poder de mi fragmento ha vuelto a mí, pero ahora mi cosmo es muy diferente, ya no solo es el cosmo que mi maestro Albiore me entregó, ahora tengo el un poco del poder de Delfos bajo mi control. Puede que sea un juego sucio pero no tengo elección.
Sigo el rastro que me indica el diamante y me encuentro con cinco caminos, puedo sentir el cosmo de mis hermanos en pelea. Mis cadenas no paran de moverse, el poder maligno las excita, las impulsa a pelear, extrañamente también tengo ese deseo. Hay cuatro cosmos que sobre salen de los otros seis que hay aquí. Supongo que son las pitones doradas. Observo el cielo y el tiempo se agota, no sé qué le pueda estar pasando a Eliza ¿Seguirá viva? Tiene que estar viva, el cuarto camino, el cuarto camino no tiene una pitón dorada.
Sin pensarlo dos veces corro a través de él, Eliza… Mi mente no deja de pensar en ella, Eliza ¿Por qué diablos tengo un mal presentimiento? ¿Por qué Delfos dijo que ella le trastornó los planes? ¿Qué putas significa que ella se portó mal? ¡Mierda! Mi cabeza me empieza a doler.
Sigo avanzando, el camino parece eterno pero pronto comenzará la diversión. Un imbécil me mira con cara de plato, se pone en guardia, mierda, no tengo tiempo para esto.
—¿Qué diablos hace un caballero de Athena aquí? —Su poder es peligroso, pero no tanto como los dorados —¿De dónde diablos saliste? ¿Por qué no sentí tu cosmo?
¡Mierda, quítate de enfrente! Intento pasar pero me intercepta elevando su poder.
—Será mejor que te apartes, no quiero hacerte daño.
—Tú eres el santo que se supone que estaba muerto pero, ¿Qué es ese poder que siento dentro de ti? ¿No se supone que tus ojos eran verdes? —La paciencia se me agota, cada segundo es preciado para mí.
—¡Será mejor que te quites del camino! —Estoy desesperado, no tengo control de mis acciones ni de mis pensamientos. Maldita sea ¡Quítate!
—Primero pasarás por mí…
Fue un impulso, no pude controlar mi poder. Lo único que sé es que una impertinente furia me llenó las venas de ira. Mis sentidos se nublaron y mis ojos dejaron escapar un poderoso brillo azul que me cegó por un instante.
—Thunder Wave.
El susurro fue inevitable, las cadenas salieron disparadas a una velocidad tan rápida como la luz, mis ojos captan como es brutalmente atravesado por las múltiples cadenas de mi ataque, entran y salen varias veces triturando a su presa frente a mis narices. Pero no siento culpa, ni remordimiento o tristeza. Solo odio e ira. El pobre malnacido solo me ve con horror. Las cadenas salen de su cuerpo con trozos de sus órganos en ellas. Las veo detenidamente, por un momento se convirtieron en serpientes. Suspiro.
La imagen del caballero de Andrómeda negro viene a mi mente, ¿También tengo esa habilidad? La verdad no me importa, la pobre rata queda a mis pies, le atravesé el corazón, los pulmones, el hígado y el cerebro.
Una lágrima de sangre cae de mi ojo derecho, pero no hay sentimientos acompañados… Paso a su lado, continuo mi carrera, hay otro malnacido a pocos metros de distancia, tampoco siente mi cosmo. Delfos… Eliza.
Continuará…
Gomene, lamento la demora.
Nos vemos en el siguiente capítulo.
*MeLoDy*
