Disclaimer: Todo lo que reconozcáis le pertenece a J. K. Rowling
El bullicio típico de las cenas de Hogwarts inundaba el Gran Comedor; conversaciones sobre quién había hecho qué durante las vacaciones se podían oír por todos lados, a pesar de que ya habían pasado dos días desde el regreso al colegio. Dos días durante los cuales las miradas de rencor y resentimiento de Leo me punzaban cada vez que nos cruzábamos por los pasillos o compartíamos alguna clase. Aunque había decidido soportarlas con dignidad, pues, la verdad, estaban merecidas, había llegado un punto en que la sola idea de cruzarme con Leo me ponía nerviosa.
Mirando hacia la mesa de Slytherin pude captar por enésima vez el gesto de desdén que el rubio me había estado dedicado en lo que llevábamos de noche. Roxanne, que había dirigido la mirada hacia el mismo punto, me miró con tristeza, consiguiendo que apartase por fin la vista del que pocas semanas antes había sido un amigo.
— No dejes que te afecten sus miradas y comentarios. —susurró Roxanne para que ningún oído indiscreto escuchase lo que decía.— Dentro de unas semanas se le habrá pasado.
— Eso espero. — Contesté con sinceridad. En cuanto habíamos pisado pie en el castillo y el resto de alumnos se había percatado de que Leo y yo ya no parecíamos llevarnos tan bien como antes, y que de hecho no nos dirigíamos la palabra desde nuestra llegada, los rumores se habían esparcido como la pólvora. Cuchicheaban entre ellos mientras observaban con ojo crítico nuestros intercambios de miradas, intentando determinar cuál había sido el motivo de aquel desenlace. Al parecer, aquel era el principal pasatiempo en un castillo tan pequeño (relativamente), donde todos nos conocíamos mínimamente.
Roxanne me dirigió otra sonrisa indescifrable y continuó comiendo sin añadir nada más. Intentando no notar las miradas que me llegaban desde la otra punta del salón, comencé a mordisquear sin ganas el delicioso quiche que habían preparado los elfos. A pesar de que la cena había comenzado hacía una media hora, James decidió hacer acto de presencia en aquel mismo instante. Todas las cabezas se giraron hacia el al verle entrar en solitario y caminar hacia donde estaba sentado Rhys, un par de asientos a nuestra derecha.
Dominique, haciendo gala de su inexistente sutileza, se giró hacia él mientras masticaba con elegancia.
— ¿Dónde has estado, Jamsie? —Leah soltó una risita al oír el apodo cursi que tan a menudo utilizaba Alisa para dirigirse a su novio. James, que normalmente se hubiese reído ante aquello, frunció el ceño y fulminó con la mirada a su prima.
— Hablando. —dijo todavía molesto y sin dignarse a tragar la comida que tenía en la boca. Dominique le dedicó un gesto de asco pero decidió no seguir insistiendo. Enseguida se dispuso a dar un monologo sobre lo sexys que eran los bíceps del bateador de Ravenclaw, olvidando por completo el hecho de que su primo se había presentado a la cena media hora más tarde y de un humor de perros.
Ignorando los halagos de Dominique y las miraditas seductoras que le estaba enviando al Bateador por encima de mi cabeza, seguí con la mirada fija los movimientos de James. Estaba sentado en una postura rígida y se limitaba a contestar con leves asentimientos de cabeza a los comentarios entusiastas de Rhys sobre Quidditch. Notando que alguien lo observaba, giró la cabeza en mi dirección y nuestras miradas conectaron. Fruncí el ceño con preocupación, pero James se conformó con contestar a mi pregunta silenciosa con un breve encogimiento de hombros.
Suspiré. Aquel no había sido el mejor inicio de semestre, pensé. Aunque todavía seguía intrigada por el inusual mutismo de James, decidí no indagar más por el momento. Pues aunque habíamos retomado nuestra amistad como habíamos podido, las cosas entre nosotros seguían algo incómodas.
Mientras esperábamos en el pasillo a que llegase el profesor Pearce para abrirnos la puerta de la mazmorra, Maya, Roxanne y yo hablábamos tranquilamente (más bien al borde de un ataque de pánico) de los EXTÁSIS que se aproximaban cada vez más rápido y de la montaña de temario que tendríamos que estudiar para ellos.
— Venga, adentro. —sin detenerse a penas, Pearce abrió la mazmorra con la llave que colgaba de su cuello y nos abrió la puerta para que entrásemos. Como siempre, me senté en una mesa junto a Leah, mientras que Maya se fue a sentar junto a Aiden.
En cuanto Pearce comenzó a explicar en qué consistiría la poción que prepararíamos, desconecté de allí y me sumí en mis pensamientos. Sabía que después me arrepentiría de ello, ya que Pociones era una de las asignaturas más importantes a la hora de conseguir un empleo como Sanadora, y que debía conseguir un Extraordinario sí o sí, pero últimamente concentrarme en clase suponía todo un reto.
Por el rabillo del ojo vi que James estaba teniendo las mismas dificultades para concentrarse. Con la cabeza apoyada sobre una mano, tenía la mirada perdida en la pizarra, donde Pearce ya había hecho aparecer los ingredientes necesarios para la poción.
Sobresaltándome, Leah se levantó del asiento para dirigirse al armario y coger lo necesario. Con disimulo comprobé que James tampoco se había dignado a levantarse y que Rhys lo miraba molesto por su apatía. Decidiendo que ya era hora de dejar las cohibiciones de lado, recorté un trozo de pergamino y escribí con rapidez.
«Despierta del coma y atiende, —Mila».
Con ironía, pensé que no era la más indicada para pedirle que se concentrase en la clase, pero decidí hacerlo de todos modos. Tras doblar varias veces el pergamino hasta conseguir un minúsculo cuadrado, se lo lancé y conseguí atinar al brazo en el que descansaba su cabeza. Con un sobresalto parecido al que había sufrido yo instantes atrás, despertó de su ensimismamiento y recogió el trozo de pergamino con suspicacia. Observé cómo lo desdoblaba y lo escaneaba con rapidez. Al ver de quién procedía la notita, me lanzó una mirada y me sacó la lengua.
Sonreí, contenta de ver el James de siempre y no el zombi que llevaba siendo desde anoche. El moreno le dio la vuelta al pergamino que le había lanzado y escribió su respuesta. Después me lo lanzó, con mejor puntería, logrando darme justo en medio de la frente. Oí como intentaba sofocar una carcajada y lo fulminé con la mirada mientras me frotaba el punto donde el pergamino me había dado. Ignorando las sonrisas socarronas que me lanzaba desde su mesa, desdoblé la notita y la leí con rapidez, sin poder evitar una sonrisa y un sonrojo.
«Estaba soñando despierto con la ropa interior que llevabas en Noche Vieja —J.S.P»
Sin saber muy bien cómo responder aquella nota (al fin y al cabo habíamos decidido quedar como amigos y nada más, pero aquello se trataba indudablemente de un coqueteo descarado), la guardé en el estuche para evitar que nadie pudiese encontrarla y sacar sus propias conclusiones (no es que fuese muy difícil deducir de qué hablaban las notas).
Leah me fulminó con la mirada al ver que se encontraba sola haciendo la poción. Me disculpé entre susurros y me dispuse a ayudarla, tratando de dirigir mi concentración a la clase en la que nos encontrábamos. James esperó varios minutos, ignorando las protestas de Rhys, pero al ver que no recibía respuesta, decidió escribir otra nota de nuevo. Ésta aterrizó ágilmente sobre mi libro de pociones. Haciendo caso omiso de la mirada interrogante que me estaba lanzando Leah, la desdoblé con disimulo para que el profesor Pearce no lo notase.
«Personalmente creo que el rosa y los corazoncitos blancos te sientan muy bien —J.S.P»
Me giré en su dirección y entrecerré los ojos. James se limitó a reírse y hacer caso omiso a mis gestos de exasperación. El silencio reinaba en el aula, interrumpido únicamente por el borboteo de los calderos y el tintineo metálico de las balanzas que los alumnos estaban usando. Soltando un quejido, porque al fin y al cabo había sido yo la que había iniciado aquel tonto juego, cogí otro de los trozos de pergamino que había recortado y escribí con fuerza mi respuesta, con la esperanza de que James notase mi incomodidad y decidiese dar por finalizado de una vez aquel intercambio de notas.
«Déjate de tonterías o nos van a castigar —Mila»
Le lancé la notita con un movimiento rápido, asegurándome primero que Pearce no se encontrase en las inmediaciones. La contestación de James tardó pocos segundos en aterrizar de nuevo sobre mi libro de pociones que seguía cerrado y abandonado.
«Nop —J.S.P.»
Resoplé irritada ante su respuesta infantil, pero no pude evitar que se formase una pequeña sonrisa en mi rostro. Leah volvió a mirarme entre molesta y curiosa, pero le hice un gesto con la mano para darle a entender que luego se lo explicaría todo. Como en la mayoría de clases había sido yo la que había preparado las pociones, Leah decidió no insistir para que la ayudase, decidiendo devolverme el favor.
«Eres inaguantable. —Mila»
Le eché una ojeada a mi reloj de muñeca mientras esperaba que James leyese la notita y escribiese su respuesta. Quedaban apenas quince minutos para que acabase la clase. Sonreí contenta al recordar que después teníamos dos horas libres. La sonrisa se esfumó rápidamente de mi rostro cuando me acordé de que le había prometido a Dominique y a Geraldine que las ayudaría con Defensa Contra las Artes Oscuras. Un trozó de papel doblado aterrizó sobre mi mano, sacándome de golpe de mi ensimismamiento.
«Sí, pero me amas de todas formas. —J.S.P.»
Resoplé por enésima vez en lo que llevábamos de clase.
— ¡Potter, Herrero! —la voz grave y enfadada de Pearce me sobresaltó. Levanté la vista y vi que el hombre de mediana edad y calvo nos miraba con el ceño fruncido y un gesto de irritación.— Se han pasado las clase entera sin hacer nada y enviándose notitas. —James no parecía haberse amedrentado en absoluto por el tono de voz del profesor, pues seguía sentado en su posición relajada y sonreía (lo cual sólo conseguía enfurecer aún más a Pearce).— ¿Se creen que estoy ciego? —El resto de alumnos había dejado de atender a sus pociones y se había girado para observar la reprimenda, mientras intercambiaban susurros curiosos.— ¡20 puntos menos para Gryffindor y castigo mañana por la noche!
Dejé escapar un quejido lastimero. Era la primera vez que me castigaban en lo que llevaba de año, y aunque en Bellver no había tenido un expediente limpio, rara vez había sido castigada por los profesores. Lancé una mirada de resentimiento hacia James mientras me hundía en el asiento, deseando que sonase la campana de una vez. James me dedicó una sonrisa impecable que dejaba ver sus dientes, al parecer poco preocupado por el castigo que acabábamos de recibir.
A pesar de todo no pude evitar sentirme contenta. Aquella era la primera conversación normal (aunque mediante pergaminos) que habíamos tenido desde el inicio del año. Leah me miró con sospecha, sin poder entender muy bien por qué estaba tan feliz tras haber recibido un castigo, pero sonreí de todos modos, encantada de que por fin la relación entre James y yo volviese a la normalidad; a lo que había sido hasta ahora.
Este ha sido un capítulo un poco más corto de los que suelo escirbir, pero me he divertido mucho haciéndolo.
No dudéis en decirme lo que os ha parecido :)
