Editado 22/12/2017


Death Note no me pertenece.

Puede haber OoC.


"Piensas que todo esto es un juego, ¿verdad? Bueno, si te disparo, no tendrás otra oportunidad como en el mundo virtual. Estarás muerto, nada más."

Mihael Keehl.


Capítulo 14:

Cuando Misa se despertó, lo primero que sintió fue su estómago darse vuelta.

Y un gran dolor de cabeza.

Abrió los ojos al sentir la luz del sol sobre su piel, y se contrajo de dolor como respuesta a las punzadas que le proporcionaba su estómago.

Lo entiendo, te intoxique con alcohol y ahora quieres vengarte, pero por favor, al menos espera a que me levante de la cama…

Miró por la habitación, y una horda de pánico la invadió al recordar y darse cuenta de que esta no era su habitación. Más aterrada estuvo al ver que solo llevaba puesta una camiseta blanca para cubrirla.

¡¿Qué demonios?!

Trató de recordar, pero su memoria estaba dañada. Lo último que su mente pudo retener fue ver a Sora en el club, y a unos chicos que bailaban con ella. Todo lo demás estaba borroso.

Él pánico la invadió al no tener idea de donde se encontraba. Tal vez se había ido con uno de esos chicos y ahora estaba en su casa, o podrían haberla raptado y abusado de ella…

Lo más rápido que pudo salió de la cama, y buscó con desesperación su teléfono celular. Sin importarle el dolor y la resaca que tenía, siguió revisando cada rincón, y pensando que era lo que iba a decirles una vez que llamara a los policías. Y a Natsuki también.

Metió la mano debajo de la cama, esperando encontrarlo allí, cuando unos golpes en la puerta hicieron que se frenara en seco. Tragó saliva y pensó.

Si tocan a la puerta, es muy probable que no sea un abusador…- se debatió mentalmente, mientras luchaba contra el dolor de cabeza y trataba de razonar.- Mierda, ¿qué hago?

:- ¿Señorita Amane, se encuentra bien?- preguntó una voz detrás de la puerta, y Misa se sintió un poco más relajada. Podía darse cuenta por el tono de voz y por sus palabras, que esa persona no iba a lastimarla. Así que respiró hondo, y dijo.- Si, pase.

Por suerte, Misa no había estado errada, y solo se trataba de un viejo que vestía como mayordomo, y que traía una bandeja llena de diversas cosas.

Estaba a punto de comenzar a bombardearlo con preguntas, cuando él la interrumpió.

:- Responderé a todas sus preguntas una vez que tome esto, y que se cambie.- le entregó un vaso con agua y una pastilla, y la ropa con la que había ido al bar.- Es para que se le pase un poco el dolor de cabeza. Una vez que esté lista, baje. El desayuno estará servido.

Luego de eso, dio media vuelta, saludó, y se fue. Misa dudo un momento en si tomar o no lo que le había dado, pero luego de que empezara a sentir como su cabeza latía, no lo pensó mucho más. Tomó toda el agua, y se dirigió al baño con la ropa, ahora sintiéndose un poco mejor.

Se miró al espejo, y casi gritó al no reconocer a la chica que este reflejaba. Tenía todo el maquillaje corrido, la cara completamente cansada, y el pelo despeinado y pajoso. No sabía si hasta estaba peor que los zombis que maquillan para las películas.

Como pudo se trató de arreglar. Se lavó la cara, y peinó un poco el pelo, para luego recogerlo en una colita. Si iba a haber gente tenía que lucir presentable. Con lo que podía, al menos.

Se puso de nuevo la ropa que había usado para salir, mientras pensaba de quien era esa camiseta blanca que llevaba, porque le resultaba bastante familiar. Además, quien había sido responsable de hacer que la tuviese puesta… o de traerla a este lugar, por supuesto.

Se concentró, mientras el dolor de cabeza iba disminuyendo, a tratar de recordar un poco más de lo de la noche anterior. Seguramente estaba en problemas, y necesitaba saber con exactitud que la había llevado a encontrarse en esta situación.

Cerró los ojos, mientras cabello rubio y pelirrojo se hacían presente en su mente. Cabello rubio y pelirrojo, rubio y pelirrojo, ¿será…?

¡Mello y Matt!

Qué demonios habían estado haciendo esos dos en ese lugar, Misa no tenía la menor idea; pero tampoco le importaba, por lo menos no en este momento. Salió del baño, y estaba hacer lo mismo para ir a buscarlos, cuando recordó que su celular seguía extraviado.

Se agachó, y lo encontró tirado debajo de la cama. Tal como esperaba, para su mala suerte, tenía no menos de diez llamadas perdidas y mensajes de Natsuki. Oh si, Misa estaba en problemas.

Se decidió por mandarle un mensaje (no quiera escuchar el castigo ahora), pidiéndole perdón; que se encontraba en lo de una amiga y que estaba tan cansada que se había olvidado por completo de avisarle. Por supuesto que era una mentira, pero era mucho mejor que decirle la verdad…

Por que ni ella misma estaba segura de cual era.

Guardó el teléfono en uno de sus bolsillos, y salió de la habitación.

Si me secuestraron, al menos sé que fue gente con clase.- pensó, mientras miraba toda la decoración y la estructura de la casa. Era magistral, elegante… perfecta.

Bajó con cuidado las escaleras cubiertas con terciopelo rojo, mientras debatía si en realidad esta podía llegar a ser obra de Mello y de Matt. Dudaba que ambos viviesen en un lugar como este, además de que era muy poco probable que ellos la hubiesen traído allí sin ayuda.

Al terminar de bajar todos los escalones, se encontró en la entrada principal de la casa, que no carecía del esplendor que habían tenido las demás habitaciones. Fue entonces donde Misa comenzó su búsqueda. En el peor de los casos, ella habría estado equivocada, y esta no era obra de Matt ni de Mello. Se quedaría cerca de la puerta, por si acaso…

Comenzó a caminar, buscándolos con los ojos en cada esquina, y evitando la cocina por completo. No quería que el viejo que había estado en su habitación antes la notara, prefería hacerlo sin que nadie estuviese pendiente de que ella estaba allí.

Perdiéndose en la decoración del lugar, no se dio cuenta que había interrumpido a otra persona en una de las habitaciones, hasta que ella habló:

:- Así que ya estás despierta…- comentó una voz que Misa logró reconocer al instante. Sentado en el piso, y haciendo una torre con distinta variedad de cartas, se encontraba el peliblanco que Misa había llegado a cuasi detestar.- Creí que Watari tenía instrucciones de mandarte a la cocina apenas te levantaras.

Se mantuvo callada. Si Near estaba allí, significaba que su hipótesis no estaba errónea del todo. Esto si podía tratarse de Mello y Matt. Y ahora que tenía al peliblanco a su disposición, iba a aprovecharlo. Obviando su declaración, le preguntó:

:- ¿Están Matt y Mello por aquí? Necesito hablar con ellos urgentemente.

Near dejó de concentrarse en la torre que casi terminaba de armar, y miró a Misa con expresión neutral.

:- No sé si eso sería muy conveniente. No creo que estén habilitados a dejar sus respectivas habitaciones, ni la casa, por mucho tiempo…

:- ¡¿Eso es lo que tú quieres, no? oveja blanca!- se escuchó un grito de una voz que Misa conocía muy bien.- Mello, cálmate idiota, solo bajamos a desayunar… no queremos que nadie sepa que estamos aquí.- agregó una voz más calmada, que venía detrás del rubio.

Misa dio media vuelta y sofocó un grito cuando vio la apariencia de Mello. Tenía la cara hinchada y un ojo morado, parecía que había sufrido de una golpiza. Y de a poco, la rubia fue recordando cada vez más cosas de la noche anterior…

:- ¡¿Estás bien?!- le preguntó a Mello, preocupada, cuando recordó que el rubio sí había recibido una golpiza; y que fue por su culpa. Era lo único que había podido evocar.

Se puso al lado del rubio y comenzó a examinarlo. Mello estaba rojo y trataba de cubrirlo, mientras Matt se partía de la risa. Luego hizo silencio, recordando que no debían estar fuera por mucho tiempo. Habían recibido su castigo en la mañana, acompañado por algunas quejas de Mello, pero al final ambos terminaron estando de acuerdo.

Lamentablemente, acababan de desobedecerlo también en ese mismo momento. Y L no podía saber que estaban allí, menos hablando con Misa. Por lo menos si no querían terminar como uno de sus casos, lo mejor era guardar silencio.

:- Estoy bien.- dijo el rubio entre dientes, mientras trataba de librarse del agarre de Misa.- Solo son rasguños, nada que no haya tenido antes.- Matt rodó los ojos, pero prefirió no hacer ningún comentario. Mello no se controlaba, y lo que menos necesitaba era escucharlo gritar.

Una vez que terminó de chequear al rubio, miró a los dos chicos por un largo rato, y luego… les dio un golpe en la cabeza a ambos. Los dos se quejaron, mientras Near miraba la escena con una pequeña sonrisa en los labios, pero sin decir nada.

:- ¡¿Por qué demonios fue eso, mujer?!- exclamó Mello, mientras Matt le hacía señas para bajara el tono de voz. Misa se cruzó de brazos y los miró "molesta".- Ambos estuvieron en un lugar donde no tendrían que haber estado anoche. Podrían haberse metido en serios problemas...

:- Tú tampoco tienes la edad suficiente…- comentó Matt, pero Misa lo ignoró. En realidad, ella estaba preocupada por ambos, más aún por como Mello obtuvo esas heridas. Tenía el deseo de cuidarlos y protegerlos, algo innato en ella.

:- Eso no importa, estamos hablando de ustedes ahora; no de mí.- se los quedó mirando por un momento, y luego suspiró; era su única oportunidad, tenía que aprovecharla.- ¿Pueden decirme exactamente qué ocurrió ayer, y como terminé aquí?

Los chicos se miraron y comenzaron a reír. L tenía razón en cada cosa que decía. Misa Amane no tenía la menor idea de lo que había sucedido, y, por lo tanto, no recordaba para nada haber hablado o siquiera visto a su mentor.

Ella esperaba impaciente a que los chicos le dieran alguna pista, cuando el viejo de antes los interrumpió:

:- Ustedes dos no deberían estar aquí.- les dijo a los chicos, pero con un toque de calidez en su voz.- Y el desayuno está servido, señorita Amane, ¿le gustaría acompañarnos o prefiere que la escolte a su casa?

Era la segunda vez que hablaba con el hombre, pero no podía evitar querer pasar más tiempo con él. Parecía una persona demasiado agradable, y aunque no tenía la menor idea de quien era, sentía que podía confiar en él ciegamente. Estaba segura de que él había sido el que ayudó a los chicos a traerla hasta allí.

Miró el reloj, y recordó el mensaje apresurado que le había enviado a Natsuki. Entonces volvió a pensar en la idea de quedarse más tiempo. Necesitaba hablar con su nana personalmente, y lo antes posible, así que iba a ser mejor que se fuera a su casa en ese instante.

:- Creo que preferiría irme.- el viejo asintió con una sonrisa.- Prepararé la camioneta, acompáñeme por favor.- luego dio media vuelta esperando a que Misa lo siguiera. Pero esta, antes de irse, se acercó a ambos chicos y le susurro una pequeña amenaza:

:- No crean que me olvide de ustedes. Ya hablarán, a menos que quieran algún otro castigo…- no esperó a ver sus reacciones, y se dirigió a donde se había ido el hombre.

El patio era igual de glorioso que la casa, y cuando Misa vio la camioneta, no pudo evitar sentir que ya la había visto antes, solo que no sabía en dónde. Se subió, y luego de darle la dirección al hombre, partieron a la casa de la rubia.

Luego de un momento de silencio, decidió que tal vez sería mejor preguntarle qué demonios le había pasado. Así podría darle una respuesta coherente a Natsuki.

:- Em…- dijo, luego de un tiempo, un poco avergonzada.- Lamento decir esto, pero, ¿podrías repetirme tu nombre?

El hombre le sonrió a Misa por el espejo retrovisor.- Dime Watari, ¿Misa Amane, verdad?

La rubia asintió y sonrió.- ¿Crees que podrías decirme que fue lo que pasó ayer exactamente? Porque siéndote sincera solo recuerdo la mitad de las cosas.

:- No estoy enterado de todo, señorita; pero por lo que se, usted debe ser una buena amiga de Mello y Matt; ya que ambos aceptaron estar castigados para ayudarla y sacarla de ese club. La trajimos aquí, y luego se despertó. Es lo que único que puedo decirle con seguridad.- había dejado algunas cosas en la oscuridad, pero prefería que L resolviera sus asuntos con ella en privado.-Ya llegamos, señorita Amane.

:- Gracias.- le dijo Misa, mientras salía del coche.- En serio. Y… espero verlo pronto, Watari.

:- Un placer, Misa.- pronunció el hombre mayor y luego siguió su camino, mientras Misa rezaba para que este no sea su lecho de muerte.

Abrió la puerta despacio, pero, para su mala suerte, su nana se encontraba sentada en el comedor, ahora, fulminando a Misa con la mirada y con el teléfono en la mano.

Ella sonrió con nerviosismo.- ¿Lo siento…?- Natsuki negó con la cabeza mientras soltaba un gran suspiro. Se levantó de donde estaba y abrazó a Misa con todas sus fuerzas. Esta se quedó sorprendida al principio, pero luego le devolvió el abrazo con igual intensidad.

:- No vuelvas a hacer eso nunca, Misa Amane.- la regañó Natsuki, una vez que se separaron.- ¡Estuve a punto de llamar a la policía, Misa! De verdad estaba preocupada.- Misa le sonrió con disculpas y volvió a pedirle perdón. Estaba a punto de subir a su a habitación, cuando la voz de su nana volvió a detenerla.- No creas que te salvarás de esto tan fácilmente, niña. Una semana castigada. Ahora sube a tu habitación, y solo bajas a cenar, ¿de acuerdo?

Misa asintió con la cabeza, pero mientras subía las escaleras para ir a su habitación no pudo evitar sonreír. Amaba demasiado a esa mujer.

Llegó a su cuarto, y se desplomó en la cama. Se sentía completamente sucia, y cansada. El dolor de cabeza y de estómago seguían presentes, y el efecto de la pastilla que le había dado Watari comenzaba a acabarse. Gruñó para sus adentros mientras se levantaba y buscaba ropa más cómoda.

Se metió en la ducha. No podía explicar la hermosa sensación que sintió cuando el agua caliente entró en contacto con su piel. De a poco comenzó a lavarse y sacarse los restos de olor a ese bar; intentando, en el proceso, recuperar algunos recuerdos.

La historia de Watari cuadraba bastante bien con lo que ella había pensado. Pero, aun así, había algo que no le terminaba de cerrar. Un vacío, un agujero negro en su memoria…

Sentía que se había olvidado de algo sumamente importante.

Cuando terminó, media hora después, envolvió su cuerpo en una toalla y se puso la ropa fresca y perfumada que había elegido. Se sentía sumamente feliz de estar en casa.

Se acostó de nuevo, y decidió que haría exactamente lo que le dijo Natsuki. No planeaba salir de la cama en todo el día.

Aunque no le importaría recordar un poco más…

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

El domingo pasó más rápido de lo que Misa había pensado, y en un parpadeo ya se encontraba de vuelta en la escuela.

Teniendo que ver a Light, Takada, Mikami…

Y, por sobre todo, al idiota de Ryuga.

Por suerte, aunque estaban castigados, Matt y Mello iban a ir a la escuela. Y Misa iba a aprovechar a ver si podía sacarles un poco más de información sobre el viernes, y ya que estaba, algo sobre ese tal L.

Todavía no había descubierto su identidad, y la rubia planeaba atar todos los cabos sueltos.

Estaba caminando por el pasillo, cuando una voz familiar la detuvo. Se giró y vio a una Sora completamente avergonzada.

:- ¡Misa! Escucha, yo… de verdad lo lamento, por lo del viernes. Fue mi idea que vinieras, y tendría que haberte avisado antes de que nos fuéramos, de verdad, de verdad, lo siento.

Así que eso fue lo que pasó…- recodó la rubia, mientras Sora se acariciaba el brazo, incómoda.

:- Esta bien, Sora.- dijo Misa, y era de verdad. No le iba a guardar rencor, era una estupidez.- No pasa nada, la próxima deberíamos ir a otro lugar, ¿no te parece?- ahora la pelirroja parecía estar más tranquila, y Misa sonrió. Iba a decir algo, cuando una persona a la que Misa no deseaba ver en absoluto, interrumpió.

:- No me sorprende. Sinceramente Amane, eres una de las personas más débiles que conozco.- comentó la bruja de pelo negro al pasar por al lado de Sora, y por lo visto, escuchar su conversación.- Solo una tonta ingenua perdonaría así de rápido.- la expresión de Sora cambió por completo, y Misa tuvo que controlarse para no romperle la cara en ese mismísmo instante.

:- Vete, Takada; tu presencia no es necesaria aquí.- la morocha rodó los ojos, mientras varios alumnos comenzaban a prestarles más atención de la necesaria. Kiyomi, quien ahora podía aprovecharse mucho más de la situación, sonrió.- Light piensa diferente, Misa. Oh… espera, por supuesto que tú no lo sabes ¿Cuánto tiempo estuvieron juntos exactamente?, ¿tres días?

Ahora Misa estaba roja de ira, y la mirada de casi todos los estudiantes que pasaban por ahí estaban puestas en las dos chicas.- Al menos yo estuve con él, Takada. ¿Qué me dices tú? Solo eres su admiradora, al igual que el idiota de Mikami. No son nada.

:- ¡Ja!- exclamo Kiyomi, ahora claramente ofendida, mientras sus manos se cerraban en dos puños.- Al menos yo no me pongo a rogar para que me perdone. ¿Qué tan patética puedes llegar a ser?- para este punto, la tensión se podía cortar hasta con un tenedor. Las dos estaban midiendo cual iba a saltar primero y dar el primer golpe. Todos los estudiantes que miraban esperaban exactamente lo mismo.

:- ¿Qué están haciendo?- preguntó una voz que hizo a las dos chicas girarse. Light se encontraba parado con los brazos cruzados, y una mirada completamente fulminante.- Por favor, estamos en la escuela, lleven esta clase de discusión a otro lado. Misa, tu eres la presidenta, esta clase de cosas no pueden pasar. Lo sabes.

Si esa clase de comentario hubiese venido antes, Misa se hubiera quedado callada, hubiese asentido y se habría alejado, como sucedió el primer día de clases. Sin embargo, ahora estaba completamente enfadada. Con Light, con Takada, con todo el mundo.

Y le importaba una mierda lo que pudiese llegar a pasar, pero ya no iba a agachar la cabeza.

:- Vamos, Amane ¿O acaso no entiendes castellano?- ahora le hablaba a Light.- ¿Dime cómo demonios llegó a ser presidenta?, porque, de verdad aún no logro comprenderlo.

:- Vete a la mierda.- Takada se giró con la boca abierta, Light la miró igual de sorprendido.- Ambos, pueden irse a la mierda. No tengo por qué soportar esto. Tu eres una malnacida que solamente busca tener la atención de un chico que nunca va a dársela.- ahora miraba a Light.- Y tu… ya no se ni que decirte, Light. Solo sé que estoy cansada de ustedes, de todos. Y que, por mí, todos se pueden ir a la mismísima…

:- ¡Señorita Amane!- los que habían comenzado a reírse se quedaron callados, y Misa tragó saliva; esto no era bueno.- Esa no es la clase de vocabulario que esperamos para la presidenta de la sociedad de alumnos, ¡por amor de dios!- la profesora de literatura observó a todos los estudiantes que estaban rondando por el pasillo.- ¡Todos ustedes a sus clases, de inmediato! Takada y Yagami también, no quiero volver a ver a nadie fuera durante el periodo de clases, ¿soy clara?

Todo el mundo asintió, pero Misa no tuvo el tiempo suficiente para escaparse.- Usted y yo tenemos que hablar, Amane.- Misa volvió a tragar saliva con más fuerza; estaba en graves problemas.- Por su lenguaje inadecuado y por mantener a los alumnos fuera de sus clases, estará el resto de la semana castigada. Tiene suerte que hoy estoy de buen humor, porque prácticamente podría suspenderla.- Misa se mantuvo neutral pero por dentro estaba rodando los ojos. Como si esa señora estuviese en algún momento de "buen humor".- Hoy se llevó a cabo una feria de ciencias en el salón de química, y se encuentra completamente sucio. A las tres empezará a limpiarlo y no se irá hasta que termine. Tenga un buen rato, señorita Amane.- se estaba yendo, pero antes de dar vuelta en una esquinza, le gritó.- ¡Vuelva a clase antes de que hable con el director!

No tuvo que esperar por otro aviso.

Mientras caminaba a clase, no pudo evitar pensar que había perdido el control. Todas esas cosas que había dicho, no era para nada normal en ella…

¡Amaba a Light, ¿Cómo pudo hacerle algo así?! No tenía sentido, para nada. Con Takada era otra cosa, pero jamás había discutido con su amor, salvo cuando rompieron, y tampoco había planeado hacerlo. Fue algo espontaneo, impulsivo.

Y por alguna razón se había sentido genial.

Lástima que ese era Light, y que, por ese improvisto, había retrocedido como diez casilleros, y estaba peor que a principio de año.

Eres una tonta, Misa Amane.- se regañó a si misma mientras entraba a clase, y se acomodaba en su asiento, tratando de no hacer contacto visual con nadie, sobre todo con el castaño que estaba a su lado.- Y ahora te ganaste otro castigo.

Tuvo muchas ganas de darse la cabeza contra el escritorio. Pero se aguantó; se aguantó.

.-.-.-.-.-.-.

Al terminar las clases, se dirigió al salón de química, en el que tendría que cumplir su castigo. No iba a seguir metiéndose consigo misma, ya había tenido suficiente. Así que, en silencio, hizo todo el recorrido hasta el tercer piso, tomó una escoba y un cesto de basura, y entró al aula.

Lo que no se esperó, para nada, era encontrar el salón relativamente limpio, y a Hideki Ryuga sentado en uno de los escritorios; con un trapo en la mano.

Eso sí era absurdamente increíble.

Se miraron por bastante tiempo, hasta que Misa no pudo resistirlo más, y pegó su cabeza contra la puerta por la que acababa de entrar. Fuerte.

Reprimió un aullido de dolor mientras pensaba por qué demonios su vida tenía que ser tan complicada. ¿Qué hacia él aquí?, ¿por qué tiene que estar en todos lados?

:- Amane, si sigues haciendo eso, me temo que tu cerebro trabajará peor de lo que ya lo hace.- comentó Ryusaki, mientras terminaba de pulir el escritorio en el que estaba sentado.

:- Cállate.- gruñó Misa, pero cesó de hacerlo. Había comenzado a dolerle la cabeza.- No estoy de humor para tus juegos, ¿qué demonios haces aquí?

:- Lenguaje.- corrigió el pelinegro con su cara neutral de siempre, y Misa se felicitó por el autocontrol que poseía. No estaba de buen humor, y cada comentario que él hacía causaba que la rubia estuviese un paso más cerca de volverse loca y explotar.- No es que sea de tu incumbencia, pero me ausenté, según el director, demasiadas veces a clase. Era esto, o una suspensión.

Increíble.- gruñó, mientras agarraba con fuerza la escoba y comenzaba a barrer. Pero luego otra idea apareció en su cabeza; sonrió.- Oye, no te falta poco para terminar, y ambos sabemos que preferiría no lidiar con tu presencia en este momento… así que te dejaré que termines, ya que te veo muy entretenido, y yo volveré a casa.

Ryusaki la miró, evaluando si se trataba o no de una broma. Y al ver que había dejado las cosas en una esquina, decidió hablar.- Si piensas que voy a cubrirte, la respuesta es no, Amane. Por lo que escuché, tienes órdenes de permanecer aquí hasta que el lugar este limpio. Así que no te irás hasta que eso pase.

Apretó los puños, pero decidió que usaría otro tipo de estrategia. Iba a ignorarlo; podía vivir con eso. Además de que hacía varias semanas que no le dirigía la palabra.

Agarró la escoba bruscamente y comenzó a juntar los restos de basura que yacían en el piso de madera. Estuvieron en silencio por un tiempo, pero lamentablemente, Ryuga lo interrumpió:

:- Armaste un gran escándalo hoy, Amane. La verdad, no te creía muy capaz de aquello, estoy bastante sorprendido.- supo que se refería a lo que había pasado con Light y Takada. Iba a decir algo pero él siguió.- Pero… ¿rogar para que no termine contigo?, ¿es en serio? También eres más patética de lo que pensaba…

Oh por amor de…

:- ¡¿Puedes cerrar la boca?!- había tocado un nervio. Y si había mandado todo a la mierda antes, nada la frenaba para hacerlo ahora.- Nadie pidió tu opinión. No la necesito, y no la quiero. Así que por el poco tiempo que esté aquí, si es que vas a hacer algún comentario ofensivo, solo… ¡solo no lo hagas y punto!

Esperó una respuesta, una reacción, algo, pero por supuesto, no obtuvo nada. La miró con su característica expresión aburrida, pero cuando la rubia se dio vuelta para seguir barriendo, ahora con más fuerza, no pudo evitar sonreír, aunque sea de forma leve.

:- Estás un poco irritada, o… perdiste la paciencia que tenías cuando discutías conmigo. Se ve que, el no hablarte por varias semanas te causó alguna clase de efecto…- estaba pensado en voz alta, pero aun así Misa sabía que lo decía a propósito. La estaba provocando, como solía hacerlo todo el tiempo.- Eso, o en realidad extrañas otra cosa de mí. Algo que estoy muy seguro no compartiste con Light. Al menos no después de esa vez que los encontré en la sala del consejo…

El mismo Ryusaki se había sorprendido por lo que había dicho. No había querido sonar de esa manera, y definitivamente, no había querido filtrar más información de la necesaria. Solo esperaba que la rubia, siendo como era ella, no lograra captarlo. O, por lo menos, que su memoria siga igual de intacta…

Ese maldito, ¿cómo se atreve a soltar algo como eso? Y para tú información idiota, bese a Light las mismas veces que te bese a ti, lamentablemente. Como si quisiera que eso se repitiera. Yo jamás, jamás, jamás, haría de nuevo algo como…

Oh.

Oh no.

OH POR AMOR DE DIOS, NO.

Miró a Ryusaki con temor dibujado por todo su rostro, mientras su memoria terminaba de rellenar los espacios vacíos que habían quedado del viernes. Ese algo que le faltaba. Ese algo era…

Por favor, no puede ser, él… él no…

:- ¡PERVERTIDO!- el pelinegro suspiró mientras se preparaba para lo que iba a venir. Misa había soltado la escoba, y miraba a Ryusaki con un profundo odio y asco en los ojos. Lo señalo con un dedo.- Tú…, ¡tú abusaste de mí! Eres un maldito pervertido. Ahora sí, estás acabado. Voy a llamar al director, a la policía, al… al, ¡maldito servicio secreto si hace falta! Eres un, un…

:- ¿Terminaste?- preguntó el futuro detective con aburrimiento, mientras a Misa se le enrojecía la cara por gritar, y respiraba con dificultad.- Si me dejaras explicar, Amane, estoy seguro de que entenderías. Ya que sé que no recuerdas todo con detalle como yo lo hago, así que…

:- ¡Por supuesto que lo recuerdo, idiota! Abusaste de mí, ¡eres un maldito pervertido!

:- …Así que,si note callas, no podré decirte que la comenzó todo en realidad fuiste . Justo como la otra vez. Por lo que no tienes derecho de llamarme pervertido, ni nada por el estilo.

Misa soltó un grito de frustración, negándose a seguir en la misma habitación que ese… ese… ese espécimen. No iba a poder soportarlo.

Se dirigió a la puerta, pero cuando trató de abrirla, estaba cerrada.

Oh por favor, esto tiene que ser una maldita broma.

:- Por favor, por favor no me hagas esto…- rogó en silencio, mientras el pelinegro se levantaba de donde estaba y caminaba hacia la puerta.- Si tanto apuro tienes, entonces ábrela y vete, Amane.- Misa rodó los ojos y apretó los puños.- Por supuesto que la abriría, idiota ¡pero está cerrada con llave!

Ahora el pelinegro lucia sorprendido, aquello no había estado en sus planes. La rubia gritó por ayuda, pero fue en vano. Misa se movió de donde estaba, y comenzó a caminar en círculos por toda la habitación.

Estaba entrado en desesperación ¿Quién sabe cuánto tiempo iban a estar así? No podría aguantarlo. Iba a terminar matando a Ryusaki antes de que anocheciera. De eso estaba más que segura.

Necesitaba salir, ahora.

Comenzó a gritar de nuevo, y tuvo grandes deseos de llorar, pero se contuvo. Lo que menos necesitaba era que él la viese en ese estado. Luego de varios minutos, el pelinegro le pidió a Misa que guardara silencio; aunque siguiera gritando no iba a servir de nada, nadie los estaba escuchando.

La rubia, sin embargo, lo hizo más fuerte. Pero al cabo de diez minutos, y al notar que el chico se había ido a sentar en su posición característica, se calló.

:- ¿Quién demonios pudo haber hecho esto?- pregunto Misa al aire, olvidándose por un segundo que estaba en la misma habitación que el pelinegro.

:- Por lo que creo: o fue el conserje creyendo que no había nadie… o mismo podrías haber sido tú.

:- ¡¿Yo?!- preguntó Misa, incrédula. El pelinegro se encogió de hombros.- Todo puede ser posible. Tal vez tienes la llave aquí y solo lo haces para perjudicarme. Sé que hasta correrías riesgos si eso implica que yo me vea en una mala situación.

:- Preferiría no quedarme encerrada en la misma habitación que un pervertido. Gracias.- dijo Misa con asco, recordando que era lo que había pasado después de la fiesta.

:- No soy un pervertido.- sentenció el pelinegro, ahora un tanto irritado.- Y si te soy sincero, eso es mejor que ser una adolescente patética que le ruega a su novio para no romper con ella. Sabiendo la verdad, no estoy tan mal como tú; si vemos las estadísticas…

Se acabó.

Más rápido de lo que canta un gallo, Misa se levantó de donde se encontraba sentada, dirigiéndose a donde se encontraba el pelinegro. Este, como reflejo, se levantó, quedando varios centímetros más alto que la rubia. Pero a ella ya nada le importaba, estaba en un momento impulsivo, donde lo único que quería era hacerle daño. Y era lo que iba a conseguir, cueste lo que cueste.

Formó un puño con su mano, y lo agarró de la remera que este traía puesta. Ryusaki la miró sorprendido, y luego con advertencia. Tenía mucha más fuerza de la que aparentaba.

:- Amane.- dijo, casi en un susurro, pero con el mismo tono de advertencia que Misa recordó, uso en la habitación.- Soy más fuerte de lo crees, tú…- pero no lo dejo terminar, y posó sus labios sobre los de él bruscamente, haciendo que al chico se le cortara la respiración.

No supo porque lo había hecho exactamente; solo que quería vengarse, y luego de saber que él había abusado de ella en un momento de debilidad, tenía demasiados deseos de hacerle exactamente lo mismo. Y esa oportunidad había sido perfecta. No podía desperdiciarla.

Luego del momento de sorpresa, el futuro detective se dio cuenta de lo que estaba haciendo, y estuvo a punto de separarse, pero Amane se colocó más cerca, aprisionándolo contra el escritorio; haciendo que perdiera casi todo el control.

Casi.

Ryusaki profundizó el beso, y, con un movimiento rápido, cambió de lugar con ella, haciéndola estrellarse contra la madera del mueblo. La rubia soltó un gemido, que hizo que la piel se le pusiese de gallina y que su necesidad creciera mucho más.

No, esta vez no iba a poder detenerse.

No es que quisiera, tampoco.