Lamento mucho la tardanza, estuve de vacaciones y ciertamente fueron algo ajetreadas, no tuve la oportunidad de escribir mucho sobre Naruto. Lo siento. Pero, al fin hemos llegado al término de la saga del pasado. La conclusión sobre la vida y obra de Itachi, el cómo Hinata se vio involucrada en todo esto y el papel que desempeñó Kakashi en todo su recorrido.

Sinceramente espero lo gocen, con ustedes:


-14-

Spavento.


¿Somos amigos?

¿Amigos? Yo diría que somos más que eso.

Pero, me quieres ¿No?

—… Claro que sí.

Entonces hazlo por mí… tú y yo le debemos la vida, sin él… nosotros nunca… hubiéramos podido ser...

No quiero dejarte atrás. No más… no ahora.

Nunca harías eso. Confió en que volverás conmigo, siempre vuelves.

Dos años habían pasado tras aquella falsa fiesta y él continuaba sintiéndose tan asqueado como esa vez. De nuevo, estaba atrapado en medio de un festín protocolizado. La vida de etiqueta no había dejado su cotidianeidad debido a que, al ser ya un oficial condecorado, tenía que seguir asistiendo a todos esos eventos en donde se exigía un papel destacable.

Nunca lo había dicho en voz alta, pero los despreciaba con todo su ser. Estar ahí tan sólo era un recordatorio de una vida pasada, con lujos, prestigio y familia a la cual frecuentaba disfrutando secretamente. La vida no podía ser más cruda y esa sensación de ensoñación se deshacía en sus manos como simples gotas de agua.

Itachi se miró en el reflejo de un florero de bronce que estaba frente a su silla. La celebración era grande porque no sólo lo habían ascendido a él sino a diez oficiales más. Uchiha Itachi acababa de convertirse en un capitán. Ahora tenía el poder de mandar a otros soldados de rango inferior y de participar en las asambleas de defensa en caso de ser solicitado. Su estatus era envidiable. Muy pocos hombres eran ascendidos tan rápido, a excepción e algunos soldados destacados como lo fueron los del proyecto Scaramuccia, Itachi era de los pocos casos que sobresalía con creces sobre otros. Comprendió pues, que la fama de su familia no sólo era por tratarse de una descendencia real, sino porque en realidad éstos se habían ganado a pulso su prestigio.

Sin poderlo resistir más entregó sus respetos a la corte de altos mandos y se despidió de la fiesta. No lo soportaba más y lo único que ansiaba era regresar a su departamento y dormir hasta que se le pasara el efecto sedante del alcohol que había tomado.

Mientras caminaba, pues se había negado en aceptar el transporte, notó algo extraño a su alrededor. Era de noche, eso sí, pero aun así todo lucía demasiado tranquilo. Llevó rápidamente su mano a su arma que resguardaba entre sus ropas. No estaba alucinando, realmente alguien le seguía y sus pasos se escuchaban tranquilos tras él. Itachi se detuvo de abrupto y tal como pensó el susodicho también lo hizo. Entonces emprendió a correr, lo hizo tan veloz como pudo y efectivamente, le persiguieron. Corrió hacia un parque, estando vacío y con follaje por los arboles cercanos, podría camuflarse.

Justo cuando pudo invertir los papeles y verificar a su perseguidor éste se detuvo a unos metros y volteó hacia donde estaba parado. Un relámpago aluzó el espacio y el resplandor metálico del arma de Itachi le indicó a aquel hombre que no dudaría en tirar del gatillo.

El hombre finalmente extendió las manos en son de rendición e Itachi suspiró cansado, aunque algo borracho podía defenderse, sólo que no estimaba que tan bien. Afortunadamente el sujeto decidió rendirse.

—¿Por qué estabas siguiéndome?

—Es usted, ¿Uchiha Itachi?

—¿Quién desea saberlo?

—Entonces sí lo eres. – dio un paso al frente e Itachi aumentó la presión en el arma.

—Alto. – disparó y el tiro rosó peligrosamente la cabeza del aludido, éste se detuvo de inmediato y puso sus manos al frente.

—No es necesario que intentes matarme. – suspiró con una fatiga cordial. —Soy el viejo alumno de Minato Namikaze, ¿Te has olvidado de mí?

—Por supuesto, ¿Por qué habría de creer que eres un estudiante de ese hombre? No sé quién eres y me temo que no quiero saberlo.

—Soy Hatake Kakashi. –descubrió su rostro, Itachi le miró atentamente y frunció el ceño.

—¿Hatake Kakashi? No lo creo.

—¿Los años te han quitado lo genio, muchacho? – intentó bromear con él, más no parecía de la clase de hombres que se toma las cosas con gracia.

—Hatake Kakashi no es más que un fantasma, él no existe más.

—Claro que existo.

—Pruébalo.

—Soy el último que queda de la brigada Scaramuccia… todos han muerto.

—Entonces eres un hombre tan importante como despreciable. –a pesar de estar a oscuras Kakashi presentía que el Uchiha sonreía.

—¿Me matarás? – dudaba de la integridad del chico, desde su último encuentro no había escuchado nada bueno de su parte. La clásica historia de un chico trastornado por el pasado le causaba intriga, según recordaba, Itachi era tan fiel a Minato como lo era él.

—Si tú fueras yo… ¿Lo harías? – Kakashi cayó en cuenta de que él también lo estaba poniendo a prueba y sintió una ola de sorpresa junto a una llena de orgullo.

—Tramposa comadreja. – agregó riendo entonces Itachi bajó su arma.

—Ha pasado mucho tiempo, Hatake Kakashi. – se le acercó a paso lento. —Vamos a un sitio con más luz. – navegaron por las sombras en absoluto silencio y a la expectación de no toparse con algún otro soldado. Cuando llegaron al departamento de Itachi lo primero que hizo Kakashi fue quitarse la pasada capa que portaba consigo.

La imagen de un vagabundo, con el cabello largo, lleno de cicatrices mas no en el rostro, convenció al capitán que éste no había tenido ninguna clase de suerte desde su desaparición de aquel pueblo costero.

—Habla de una vez, ¿Por qué me has buscado?

—¿Buscado? – Kakashi negó lentamente al tiempo que se sacudía el cabello. —Todo lo contrario, ha sido… una coincidencia.

—Las coincidencias no existen. –argumentó el Uchiha alzando una ceja.

—¿No puedo saludar a un viejo conocido? – Kakashi se sentó en una silla desocupada, lucía demasiado cansado como para argumentar otra intención.

—El tiempo no lo ha tratado bien, coronel.

—Ya no soy más un oficial. Renuncie a mi posición cuando maté a Akasuna Sasori… y hablando de muertos, ¿Minato-sensei…? – Itachi le miró sin emitir ninguna clase de sonido, como si estuviera estudiándole. Kakashi malinterpretó ese silencio. —¿Lo ejecutaste? ¿Has traicionado a nuestro maestro?

—He dejado muchas cosas atrás. – aseguró el pelinegro. —No te esfuerces en rememorarlo, tú también lo hiciste.

—Tienes razón. – el rostro del veterano se dibujó en una amargura y depresión que supo Itachi debió soportar por mucho tiempo. Como una herida incurable que no puede sanarse más que con tiempo. —Supongo que ello no me convierte en mejor que tú. – Itachi no dijo nada al respecto, se limitó a caminar al otro lado de la habitación y tomar un vaso con agua. —¿Por qué regresaste a Montemer? ¿No hubiera sido mejor quedarse en el extranjero y huir de esos cerdos?

—Esa pregunta podría hacerla para contigo. – el noble miró al soldado. —¿Por qué volviste a este país?

—Porque no tenía un propósito.- admitió Kakashi con crudeza. —Y porque no tuve el valor… de acabar con ello.

—Suicidarse no cambiara casi nada. – aseveró el Uchiha.

—Traicionar a tu maestro… ¿Eso lo haría?

—A diferencia de ti… yo sí he pensado en algo. – Itachi arrastró una silla a su lado. —Dígame, coronel, ¿Sigue en forma? – Kakashi alzó una ceja.

—Reconocería esa mirada en cualquier sitio… no importa cuánto tiempo pase.

—¿Ah sí? ¿Qué mirada?

—La misma que yo tuve hace cuatro años…

—Me alegra que aún lo recuerde, coronel. – Kakashi alzó una ceja. —Usted no continuará vagabundeando por los rincones de esta patria. Tengo un plan y… admito que me sería de mucha ayuda.

—¿Qué puede ofrecerte un hombre como yo?

—Más de lo que imagina. – Itachi sonrió. —No sólo tendrá la oportunidad de tomar venganza… sino de hacer justicia.

—Justicia… es una palabra muy pesada de llevar.

—Menos mal que mi espalda es de hierro…

—¿De hierro? – Kakashi soltó una pequeña carcajada. —Oh, no, chico. Si eres lo que creo que eres, entonces tu destino es destruir esas espaldas… de romper las espadas de aquellos que te han hecho daño.

—¿Cuento contigo? – Kakashi soltó un suspiró tras un buen rato.

—¿Qué rayos estás planeando?

—Continuar con el legado de mi maestro.

Era impresionante como podían avanzar los años sin la menor dificultad.

Kakashi retiró la máscara que ocultaba su identidad, miró a Itachi, quien tenía una lesión punzante en su brazo izquierdo, estaba suturándose sin anestesia ni la menor señal de dolor. Como si fuese lo más normal del mundo. El caos atrás de esa escena le causaba escalofríos a Kakashi. El homicidio perfecto siendo detenido por apenas unos instantes; incluso era posible que Danzo estuviera muerto, ¿Quién podría sobrevivir a semejante tortura? Itachi se había vuelto un ser humano vil, pero de la misma manera que él había hecho justicia por su propia mano, sus acciones habían cambiado el rumbo del país.

Tras la desaparición de Danzo, sin más simpatizantes del movimiento totalitarista, toda la estructura política de su reinado comenzó a fragmentarse. Uchiha Itachi, Spezzaferro, como le conocían otros, había asesinado o "desaparecido" a toda su corte. Lo peor de toda la red de muerte y venganza, era que algunos pocos dentro de la milicia comenzaron a aprovechar dichos sucesos. Sin los simpatizantes de Danzo cerca, podrían crear a su antojo una nueva nación, esta vez sin un yugo piramidal, sino más bien algo que pudieran elegir con pleno uso de sus facultades. La idea de una república enfermaba a Danzo, pues creía que muchas de las personas que habitaban el país no tendrían la educación suficiente para entender lo que ello significaba. Además de que ya había sacrificado mucho para tener el poder. Un cambio así simplemente le haría perder lo que con tanto trabajo había armado.

Por lo que, al momento del asalto para recuperar al líder militar, Itachi consideró que algunos soldados habían sido generosos con su manejo. No era que Itachi necesitase de ayuda para escapar. No le pesó en nada defenderse y disparar contra sus compañeros, pero en parte pudo ver la sorpresa y la duda entre los soldados. Es decir, ¿Por qué él, siendo un oficial sobresaliente, tomaría venganza de esa clase contra su mismo gobierno? Las preguntas estaban en el aire y uno que otro comenzaba a pensar que no era un asunto sujeto hacia Minato Namikaze, como lo habían hecho creer. La historia podía ofrecer pruebas inequívocas y los relatos siempre podían cambiarse.

No obstante, en esta ocasión, se hallaban los últimos estudiantes del General Amarillo uno frente al otro. Kakashi esperó a que Itachi se dignase a decir algo. Se le veía frustrado pero también sumamente meditabundo. Planteó en su mente, que sin duda, Itachi estaba recapacitando de todas sus acciones y cómo estás al igual que aquellos que juró eliminar habían cambiado la historia. En medio de su interrogatorio, Danzo confesó partes de la vedad y ello marcó un parte aguas en los ideales del chico.

—¿Qué pasará ahora? – preguntó Kakashi. —Toda la milicia sabe lo que has hecho, lo que hemos hecho. – corrigió repentinamente. —Nos perseguirán como animales, el asesinato es un delito grave.

—No es necesario que me impartas clases cívicas, lo sé perfectamente. – se alzó de donde yacía posado y comenzó a vendar su brazo. —Esto no se ha terminado. – suspiró. —Sé que no podré andar por ahí con libertad, he matado a varios hombres, Kakashi-san. Todos culpables por el mismo crimen que yo he cometido.

—¿Te entregarás?

—Aún no lo sé. –Itachi se le acercó. —Ahora sólo soy un despojo de lo que solía ser. El camino que escogí es demasiado complicado.

—No somos más que remanentes de una vieja era. – Kakashi contempló su rostro tan oscuro como era lo normal. —Creo… que regresaré ser lo que era antes… un vagabundo, sólo que ahora, me buscarán para llevarme a la horca por múltiples crímenes.

—No necesariamente. – el lugar en donde estaban estaba escondido en una cámara subterránea, cerca de las cloacas. Era el mismo sitio en donde Kakashi había escondido a Minato sin embargo la iglesia en donde se tenía acceso ahora estaba demolida. Itachi tomó un trozo de papel y comenzó a escribir, Hatake lo observó un buen rato y cuando finalmente lo vio terminar supo qué estaba pasando.

—Tomas decisiones muy rápido, Uchiha.

—Mi vida será diferente a partir de ahora. Soy un traidor a la vista del gobierno, a la vista del pueblo, a la vista de los extranjeros, a la vista de mi hermano… - recitó con evidente pena. —No me importa lo que piensen todos, excepto él. – escribió el remitente y se lo extendió a Kakashi. —Entrégale esta carta a Sasuke. Está al otro lado de la frontera norte, ¿Podrías buscarlo por mí?

—¿Por qué no lo haces tú?

—Si yo me aparezco frente a Sasuke él intentará matarme y yo… no podría evitárselo. – comprendió sus sentidas palabras, Kakashi tomó con parsimonia la carta y la guardó entre sus pertenencias.

—¿Qué piensas hacer?

—Eventualmente me encontrarán… y a ti también. – Kakashi asintió. —Pero no tienen por qué hacerlo, no si tú no existes. – Kakashi alzó una ceja, ahora intrigado.

—No entiendo lo que dices.

—Tomaré tu lugar, Kakashi-san. Ellos sólo conocen una cara detrás de Spezzaferro, no conocen a Meneghino. Tomaré todo lo que tu identidad pueda otorgarme, te liberaré de todos los problemas que te ocasioné y tú pagarás esta deuda entregando mi última voluntad a mi hermano menor. – Kakashi se quedó de una pieza. Le costaba digerir lo que Itachi planificaba. Todo era tan repentino que incluso supuso no lo había planeado en ese momento, sino ya de mucho tiempo atrás.

El objetivo de la máscara era para que no los reconocieran y el hecho de que siempre hicieran las cosas por separado sólo provocaba la creencia de que los dos eran la misma persona en lugares diferentes. Itachi era indudablemente un genio, pero ahora que se sometía a su propio ocaso, las posibilidades de huir de toda una vida le producían escalofríos y a la vez una súbita satisfacción.

—Si te conviertes en lo que soy, entonces deberás guardar un secreto.

—Scaramuccia, sí lo sé.

—No el arma, esa ya no existe, pero sí la posibilidad de recrearla. – Itachi le miró interesado. —Todo lo que necesitas saber se encuentra en este país, aún existe dentro de cuatro paredes, protegido de toda curiosidad y megalomanía.

—¿Estás diciendo… que aún es posible recrear el infierno que Danzo planeaba? – Kakashi asintió. —¡¿Por qué has guardado esa información todo este tiempo?!

—Porque yo sabía que nadie más podría hacerlo. Créeme, he deseado en muchas ocasiones terminar con todo, tomar un arma y volarme los sesos… pero, no puedo. Soy demasiado cobarde como para suicidarme.

—¿En dónde se esconde esa información?

—Septum Borealis. – el nombre mítico cayó de golpe en Itachi, quien estuvo tentado a reír, pero dadas la situación no lo hizo.

—¿El lugar de los cuentos?

—El que creas eso lo convierte precisamente en el lugar más seguro del mundo. – Itachi abrió los ojos sorprendido, era cierto, Kakashi decía una verdad insospechada.

—Has estado ahí. – afirmó, Kakashi asintió.

—Si tomas mi lugar en la realidad, tomarás mis secretos. ¿Entiendes bien lo que significa? Serás el único, además de mí, en saber sobre la existencia de aquel libro peligroso.

—Sí, lo entiendo. – Itachi se acercó más a Kakashi y colocó una mano sobre su pecho, en el sitio en donde había guardado el sobre que iría para su hermano. —Tú aceptarás también mis secretos. No sé si volveré a verte Kakashi-san, pero espero que, al igual que yo cuidaré de tu memoria, tú lo harás de la mía.

—Cerremos el trato, Itachi. – Kakashi tomó una navaja y se cortó la palma derecha después le extendió la mano. Itachi asintió y tomó la misma cuchilla, se cortó un poco y el líquido carmesí brotó. Ambas manos se unieron en una extraña comunión.

—A partir de ahora dejaremos de existir. Tú no me conocerás y yo no te conoceré, ¿Te parece?

—De acuerdo. – Kakashi retiró su mano. —Acerca tu oído, voy a decirte en donde está Septum Borealis: Lacus Njëzet E Shtatë Pwynt Suche 14 Metaxy 2 Momentum Et Seconde Of Loihi Kanaha Több Tucat Syn Éna 28 Minute Ershi Miao, Leuchtend Himmel Mongerote. –susurró muy bajito e Itachi asintió cuando terminó. A simple vista lucía difícil, pero estaba seguro podría resolverlo con el tiempo.

Después de ello Kakashi retrocedió y se dio media vuelta. Tal y como lo habían pactado, ellos ya no se reconocerían.

Por un momento el mundo se detuvo. Sasuke miró con una ardiente expresión el rostro de Kakashi, quien gozaba de aquella seña tan particular. Sonrió sin ocultar su satisfacción, el menor estaba en shock y no lo culpaba. Recordar de golpe tantas cosas seguro lo habían dejado paralizado, pero el rehacer sus creencias respecto a su hermano era aún mejor.

Cuando Itachi murió Kakashi lo vio partir con una deuda no escrita en el aire. El joven Uchiha había cumplió con su palabra, pues tras asumir el mando por las operaciones contra los altos mandos del nuevo gobierno, nadie se fijó en él. Todo pasó demasiado cómodo hasta el día en que se reencontró con Itachi y la sombra de la muerte reclamó su alma desdichada.

Sasuke hizo una mueca que no supo interpretar tomó un leño y lo lanzó al fuego, éste saltó debido al objeto y lo hizo brasas. Después dirigió su vista a Kakashi, como si espera a que dijera algo más.

—¿No nos estás mintiendo, verdad? – fue Naruto quien hizo la pregunta Sasuke regresó la mirada con un deje de acusación.

—Es la verdad. ¿Por qué mentiría? No tengo nada que ganar con todo esto. –Sasuke pasó saliva ante su comentario. Era increíble ver como todo su mundo se desmoronaba y volvía a armarse.

—¿Estuviste ahí? – la pregunta fue insuficiente y Sasuke la corrigió. —Cuando murió, ¿Estuviste ahí? – Kakashi asintió. —¿Cómo… pasó?

—No estoy seguro. – se encogió de hombros. —Pero estaba malherido, seguramente lo emboscaron. Nos reencontramos en la mañana, charlamos un poco y casi como una brisa Itachi desapareció. Fue todo casualidad, yo iba caminando por la calle en la que se desplomó. Quise ir donde él pero ya había otra persona cerca, dos para ser exactos.

—¿Quiénes? – lo vio apretar los puños.

—Dos transeúntes que nada tenían que ver con este embrollo. – Kakashi miró inevitablemente a Naruto, él lo comprendió.

—Hinata. – dijo con temor a la par que Kakashi asentía.

—No puedo culparlos en realidad. Itachi estaba alucinando por la falta de sangre y el dolor, ella tenía una memoria privilegiada, ¿Quién lo hubiera dicho?

—¿Qué quieres decir? – Sasuke alzó una ceja.

—Itachi reveló la ubicación de Septum Borealis, al menos la clave y eso sólo desató más problemas.

Con un paso inconstante, destellos de sangre en la ropa y el suelo, sudor que se filtraba por cada poro existente y un aliento que se escapaba por las rendijas de sus dientes, Itachi no resistió más hasta que se desplomó frente a un callejón en la oscuridad de una noche citadina. Se arrastró lo más posible, la cabeza le estaba matando y dadas las arcadas ya casi no podía vomitar nada más que saliva.

Los bastardos que le habían atacado usaron de todo tipo de armas para herirlo, incluso veneno impregnado en las cuchillas. Acomodó la cabeza, veía puntos luminosos y sentía que su corazón se aceleraba como si fuera a explotar. La muerte estaba cerca y sin pretenderlo mucho comenzó a recitar palabras al azar presa de la locura ocasionada por la ansiedad y el malestar físico.

—¡Cielo Santo! – un hombre se inclinó hasta él y le sostuvo los hombros. —¡Rápido, Neji, busca ayuda!

—¡Sí, padre! – Itachi no podía verlos pero sí escucharlos. Su visión estaba borrosa y tan llena de motas negras y blancas a causa de los fosfenos provocados por la dilatación de sus pupilas.

—¿Estás bien? – preguntó reiteradamente el hombre. Itachi dejó caer el cuello hacia la acera y miró en su delirio la figura fina de una niña la cual le miraba pálida, seguramente aterrada. —¿Cómo te llamas? ¡¿Qué pasó?! – insistió el hombre. Itachi parpadeó y regresó el rostro hasta el caballero, entonces inició a recitar.

— Lacus Njëzet E Shtatë Pwynt Suche 14 Metaxy 2 Momentum Et Seconde Of Loihi Kanaha Több Tucat Syn Éna 28 Minute Ershi Miao, Leuchtend Himmel Mongerote. – lo dijo entrecortado pero intento pronunciar lo mejor posible. Tras decir esto tosió y llevó una mano a su pecho estrujando la tela sobre su corazón. —Recuérdalas… esas palabras recuérdalas… - insistió con poca cordura.

—Por lo que más quieras resiste, todo estará bien, sólo… sólo no te muevas… - Hizashi Hyuga apreció su cuerpo ensangrentado.

—Ellos… estarán tras esas palabras… protégelas con tu vida… - instó nuevamente el dolor desaparecía con parsimonia, era casi mágico.

—¿Ellos? ¿De quienes estás hablando?

—La cúpula… los prioritarios… -fueron las últimas palabras de Uchiha Itachi. El cuerpo del joven se desvaneció lentamente hasta caer en peso muerto. Hizashi lo sostuvo con firmeza y apretó aún más su arrugado rostro debido a la tensión.

—Oye, ¿Puedes oírme? ¿Muchacho? ¡Oye, resiste! – lo sacudió un poco pero al ver cómo su cabeza caía al suelo con flacidez aguantó la respiración al darse cuenta que estaba muerto. Depositó el cuerpo con cuidado y regresó la vista a Hinata, su pequeña sobrina.

—Tío Hizashi, el muchacho está…

—Retrocede Hinata, no lo mires. – dijo él con temor y la niña a punto de llorar le obedeció.

Neji llegó unos minutos después con un policía. El oficial se apresuró a tomarle el pulso pero tras un rato regresó su vista a los presentes y negó con pesar. No pasó mucho tiempo para que la zona se llenara de policías, se tomó la declaración de Hizashi quien por cierto no fue capaz de decir el cantico, debido a que no logró aprendérselo, pero sí dijo el pésimo estado en el que estaba el joven. Después de dos horas se hizo su levantamiento.

Kakashi miró de lejos toda la escena como el resto de los espectadores esa noche. Apreció con intriga todo lo sucedido y para su pesar, observó como las dos personas que habían escuchado el secreto sobre Septum Borealis se esfumaban entre la multitud. El peso del deber golpeó sorpresivamente a Kakashi. Itachi había revelado de la peor forma lo que él tanto le había costado proteger.

Ya no podría hacer nada por su amigo, pues sería inútil, mas sí podría hacer algo para continuar ocultando el cántico de personas equivocadas. Kakashi siguió al hombre y los niños, su sorpresa aumentó aún más al darse cuenta que se trataba de un noble.

Decidió que primero los observaría. La niña dudaba hubiera escuchado algo claro, dado que Itachi boqueaba, él por su parte a pesar de presenciar el momento y no acercarse a él pudo identificar palabras desde el sitio en donde estaba oculto. Si esos nobles sabían interpretar sus moribundas palabras estaría en problemas. El proceso duró al menos una semana. Kakashi era demasiado bueno como para que los guardias se dieran cuenta. Observaba con mayor determinación a Hizashi, pues él había sido quien lo sostuvo en su lecho de muerte. No obstante no parecía haber nada que delatara sospechas en él. El hombre era demasiado trabajador y abstraído. Desde aquella noche no pareció mencionar nada del incidente. De vez en cuando algunos policías visitaban la casa de la familia Hyuga buscando indicios de algo, pues habían levantado una investigación por tratarse de una muerte violenta, pero Hizashi no dijo más de lo que había dicho el día de la declaración.

Los niños por otro lado era algo diferente. Neji, el mayor no fue problema. Él no estuvo ahí cuando Itachi dijo la frase, Hinata por otro lado, sí le causaba cierta sospecha.

Era una niña muy aplicada, introvertida, pero muy inteligente. Leía bastante en su tiempo libre más las cosas que su padre le hacía estudiar. No estaba consentida, como creyó que debían ser las niñas de esa clase de familias, sino todo lo contrario. Descubrió además que los padres de los niños eran gemelos y a juzgar por sus obligaciones Hinata era hija del hermano mayor.

Pasó otra semana observándola y justo cuando creyó que no descubriría nada el destino volvió a dejarlo anonadado. Hinata estaba sola en el jardín. Comía un pastelillo y estaba escribiendo algo en un pequeño diario. Kakashi la observaba desde una distancia prudente y bien camuflado. Era un ex soldado después de todo. Veía que Hinata escribía algo con detenimiento y al final, alzó un poco el papel para iniciar a recitar. Kakashi fue capaz de leer sus labios. La chica había memorizado perfectamente todas las palabras claves.

Eso sí que era una sorpresa. Kakashi se sintió enfermó ante esto. Se había hecho una promesa el momento en el que Itachi murió. Se había dicho a sí mismo que no podría confiar en nadie más el secreto de Septum Borealis y para su mala suerte, una niña pequeña e inocente, que había estado en el lugar y la hora equivocada esa noche… se acababa de convertir en su objetivo.

Kakashi se fue de ahí y meditó, meditó mucho hasta que finalmente… concluyó en lo que tenía que hacer. Tomó su arma y preparó un plan. En verdad que lo lamentaba, pero no le quedaban más opciones… un muerto más en su conciencia no haría mucha diferencia, ¿O sí?

El día en el que finalmente conoció a Hinata ésta estaba paseando solitaria en un parque. Era raro para una niña de al menos unos doce u once años pasearse por ahí sin supervisión, por lo que estimó se había escapado a la vigilancia de su padre. No la culpaba, puesto que el hombre podía ser demasiado asfixiante, no obstante suponía que no podría tener una mejor oportunidad que esta.

La vio sentarse en una banca frente a los columpios. Quizá estaba pensando si subir o no, quién sabe. Kakashi se acercó silencioso y al ver que ella no respondía a esto se sentó a su lado. La chica dio un respingo cuando lo vio ahí. Vestía formal, no como antes, que aparentaba un vagabundo. Tenía el rostro descubierto, se había maquillado para ocultar las cicatrices y hecho cambios en el cabello. Sus años de forajido le habían enseñado bastante.

Hinata guardó silencio, estaba nerviosa debido a que no esperaba encontrarse con ningún desconocido. Kakashi por su parte la miró y ella por reflejo correspondió a su mirada. Éste sonrió y le extendió una mano, en forma de saludo.

—Buenas tardes señorita.

—Bu-Buenas tardes. – educadamente tomó su mano e hizo una pequeña reverencia. Kakashi sonrió un poco.

—Me llamo Sukea, ¿Cómo te llamas?

—Hinata. – Kakashi asintió y quiso morderse la lengua, ¿Qué diablos pretendía presentándose? Simplemente le haría más difícil la tarea a la hora de acabar con todo.

—Es un placer, Hinata.

—El gusto es mío. – dijo con perfecta educación.

—¿Ibas a subir a los columpios? – los señaló y ella asintió. —¿Por qué no lo haces?

—Oh, estaba… pensando. Pero lo haré en un momento.

—Ah, ya veo.- Kakashi aclaró la garganta, incluso había intentado modificar un poco su voz. —¿Te gustan las adivinanzas, Hinata? – la chica le miró de soslayo y asintió con timidez. —Perfecto, yo estoy atorado con una tal vez puedas ayudarme, pareces ser muy lista. – ella se sonrojó por el halago. Kakashi recitó el poema y los colores se hicieron mixtos en las facies de Hinata. Ella lo reconocía no cabía duda. —¿Sabes qué podría significar? – negó rápidamente. —Luces sorprendida, ¿Ya lo habías escuchado antes? – ella esquivó su mirada. —Veo que sí. – Entonces Kakashi abrió su abrigo. Hacía frio y si sus cálculos no le fallaban quizá nevaría. Cuando descubrió su cintura mostró su arma. Hinata se puso pálida e hizo un amago por salir huyendo, mas Kakashi era más rápido y la tomó de un hombro, petrificándola en el acto.

—¿Qué va a hacer? – casi lloriqueó Kakashi le miró un momento y tomó su arma para dejarla frente a ella.

—Hay algo que debes saber, Hinata. – comenzó a decir, la niña no podía estar más horrorizada. —Al hombre que dijo esas palabras, sí, ese mismo que murió en el callejón… lo mataron otros hombres muy malos. – sin pretenderlo demasiado comenzó a llorar. —No grites, no hagas escándalo, por favor. – Kakashi señaló con la mirada la pistola. —Ahora, déjame terminar, ¿Sí? – la niña asintió asustada. —La cuestión es, pequeña, que lo que te has aprendido de memoria es algo sumamente secreto. ¿Lo entiendes? ¿Sabes lo que es un secreto? – ella volvió a asentir ahora con la nariz acuosa. —Bien, pues… en el mundo sólo hay dos personas que conocen ese poema; tú y yo. En mi caso juré que nunca se lo diría a nadie y bueno, no sé qué pienses hacer tú.

—No le diré a nadie, lo prometo. – gimoteó quedito.

—La cuestión es esta. – Kakashi se inclinó un poco para quedar frente a frente. —Esas palabras son peligrosas. Si alguien más se entera sería fatal, ¿Entiendes? Muchos podrían morir, no sólo gente que no conoces, pueden ser personas que tú quieres como tu padre, tu hermana o tu primo. – ella tembló le pareció escalofriante que ese extraño supiera de los miembros de su familia. —Si tú dices algo sobre este secreto cosas malas podrían suceder, ¿Lo comprendes? – Hinata asintió mientras se limpiaba las lágrimas.

—No… no diré nada… gu-guardaré el secreto. – sollozó y tras esto Kakashi asintió para después suspirar.

—Sí, sí, quiero creer que no lo harás.

Hubo un silencio sepulcral entre ellos y milagrosamente nadie se atravesó por el parque en esos momentos. Kakashi miró alrededor veloz y fijó nuevamente la vista en su víctima. Una extraña sensación de asco se apoderó de sí mismo cuando comprendió el pánico dibujado en los ojos de la pequeña. Meditó nuevamente la situación y tras pensarlo con detenimiento se le ocurrió algo. Si todo salía bien no tendría por qué matarla, pero si no…

—¿Te gustan los juegos, Hinata? – ella asintió de forma casi imperceptible. —Vamos a jugar, ¿Está bien? – Kakashi abrió el compartimiento del cañón y comenzó a cargar las balas.

—Sí. – dijo ahogada en lágrimas.

—Camina… - señaló la salida del parte. —Sin detenerte. No mires atrás, porque si lo haces el juego se acabará, ¿Comprendes?

—Sí, lo entiendo. Si miro hacia atrás… moriré.

—Chica lista. – Kakashi sonrió un poco. —Dicen que los niños y los ebrios siempre dicen la verdad y como verás, no puedo arriesgarme. Si tú caminas sin mirar atrás… confiaré en ti, Hinata. Sabré que puedes guardar ese secreto, pero si volteas… sabré que no podrás. ¿Entiendes? Camina, ve a casa… y por favor, hazme ver que me equivoco. – entonces Kakashi le apuntó con el arma y ella asustada se levantó de un salto. —Camina despacio. – dijo como última indicación. Hinata dio media vuelta y comenzó a andar. —Si volteas lo notaré… - advirtió. La chica caminó casi mecánicamente hasta la salida del parque, estaba llorando a mares pero no se detuvo.

Kakashi por otro lado sintió un escozor en los ojos. Jamás se había permitido ser tan cruel y menos con un niño. Mientras Hinata avanzaba se repetía en voz baja pero consistente una cosa…

—No mires atrás, no mires atrás, por lo que más quieras, no mires atrás…

Persiguió a la niña hasta que la vio entrar en su casa. Una vez hecho esto, Kakashi retiró el arma y desapareció entre las calles como si nada hubiera pasado. Tan sólo se detuvo una vez y fue para limpiarse los ojos, pues los tenía algo acuosos.

—Aún dos semanas después de nuestro encuentro en el parque acosé Hinata para preveer que no dijera nada del incidente. Debí asustarla mucho, la niña calló férreamente durante toda la temporada y a juzgar por lo que ha pasado ahora nunca se lo dijo a nadie. – Kakashi sintió la mirada acusadora de ambos jóvenes, pero en especial la de Naruto, quien apresado entre las cobijas y cuerdas se removió su importarle el dolor. La indignación en su rostro era mucho más visible que el dolor.

—Eres despreciable. – dijo con una distorsión vocal debido a su ira. —¡Maestre Kakashi, cómo pudiste! – el veterano no respondió a su agresividad, sabía que no serviría de nada.

—En el pasado hice muchas cosas de las cuales no me enorgullezco. Acabo de contarte mucho de mi vida, supongo que el amenazar a una niña inocente no es tan grave si las comparas.

—¡Aún así! – Naruto gritó con furia. —¡Lo que le hiciste a Hinata es despreciable!

—Calma tu humor, Naruto. – insistió Kakashi. —Todos hemos perdido cosas en esta guerra, en vez de sentir lástima por la chica, deberías mejor mirarte a ti mismo. Deberías odiarme por abandonar a tu padre y al mismo tiempo honrado de ser su hijo.

—¿Honrado yo? ¿Por ser hijo de Namikaze Minato? – protestó rabioso. —¡Lo que me has dicho no cambia nada! Minato nos abandonó a mi madre y a mí para pelear una batalla que no le incumbía. Prefirió a sus amigos en lugar de su familia y mira cómo terminó todo, esos hombres asesinaron a mi madre a sangre fría y yo casi muero con ella si no fuese por su heroísmo. ¿Quieres héroes? Mi madre es uno de ellos. – entonces dirigió su vista a Sasuke, aún con el impulso de elocuencia. —Al parecer continua vivo, entonces si es así, ¡¿Por qué demonios no vino él en persona?! ¡¿Por qué si sobrevivió todo este tiempo jamás volvió?! – sus gritos y el roció frío de la montaña comenzaban a lastimar su garganta. —¡Minato Namikaze murió el día en el que se marchó! Papá me abandonó para cumplir con algo más que una simple revolución, él se libró de nosotros, él… él… simplemente huyó. – terminó por callar, pues ya casi no tenía aliento.

Los otros dos se miraron uno a los otros. Sasuke respiró hondo, la descripción de la muerte de su hermano lo había azorado hasta el punto de dejarlo sin habla. Mas si Naruto podía decir lo que pensaba entonces él también.

—Por mucho tiempo odie a Itachi. No sólo me abandonó sino que también me amenazó con matarme si yo lo seguía. Viví con tanto rencor… pero un día, recibí una carta de él a manos de un hombre que apenas conocía. Me sentí intrigado y furioso, las palabras escritas ahí no podían ser de aquel hombre tan despreciable que me había dejado para irrumpir en una nación traidora. Conforme crecí y me volví un adulto decidí investigar más, unirme al ejército y formar un futuro que me dejara descubrir el porqué de la fascinación de Itachi hacia Montemer. Averigüé poco, su nombre era un tabú. – sin pretenderlo demasiado tocó el muñón de su brazo faltante. —Minato me dijo hace tiempo que Itachi era un hombre valiente, que en realidad él buscaba justicia… pero no le creí. Yo siempre supuse que era un descarado, un maldito que había buscado el poder antes que a su familia… - Naruto le miró sin poder entender todo su monólogo. —No sé si créete, Hatake Kakashi, pero… tomaré lo mejor de todo esto. Itachi murió ya hace años, creo… que es inútil odiarlo por más tiempo. – entonces sus ojos se toparon con los azules de Naruto. —Minato fue un cobarde, eso no lo negaré. Tampoco voy a decir nada que lo justifique… pero desafortunadamente para ti, yo le debo mucho así que… lo odies o no, cumpliré mi palabra.

—¿Por qué el maestro te hizo venir por su hijo? – interrumpió Kakashi.

—Minato está enfermo.- admitió Sasuke. —Hace unos años se le diagnosticó una enfermedad que lo está acabando lentamente. Actualmente y con las secuelas de la guerra no es capaz de andar por ahí solo. Su estado es deplorable. Tsunade, la misma mujer de tu relato, se ha encargado de atenderlo. Me pidió que buscara a su hijo porque quería hablar con él.

—Pierdes tu tiempo, yo no quiero saber nada de él. – vociferó Naruto.

—No es algo que me incumba. – Sasuke encogió los hombros. —Tampoco lo que pienses, yo sólo he venido en busca del pierrot llamado Arlequín del circo de los Hermanos Remolino, quien supuestamente es hijo del General Namikaze.

—No puedes obligarme…

—¿En serio? – Sasuke lo señaló, estaba atado y herido, sin duda a su merced.

—Escaparé.

—¿Ah sí? – le desafió con una mirada de autosuficiencia y Naruto sintió que su interior relampagueaba. Kakashi soltó una carcajada ante esto.

—Ustedes podrían llegar a ser buenos amigos.

—¡Eso jamás! – dijeron al mismo tiempo y tras verse correspondidos en sentimientos esquivaron sus miradas con terquedad.

—A eso me refería. – sonrió Kakashi.

—Además… no podría irme sin saber qué sucedió con Hinata. – ahora el humor de Naruto se ensombrecía. —Fue secuestrada por ese patán.

—Lo sé. No puedo evitar pensar que todo esto es culpa mía. – suspiró Kakashi. —No auguro nada bueno para ella. Si está a merced de ese loco, podría hacerle cualquier cosa.

—Con más razón no puedo ir con este matón. – señaló a Sasuke con la cabeza. —Debo encontrarla, le prometí que la protegería de cualquier cosa, además fue por mí que ella escapó de casa.

—Olvida a la chica. – puntualizó Sasuke con un tono despectivo que sólo hizo enojar más a Naruto.

—¡¿Qué la ignore?! ¿Y qué me dices tú, qué no estabas tras su pista? ¡Estabas cazándonos esa noche! – acusó Naruto removiéndose nuevamente.

—Hmp. No soy un cazarrecompensas. – se defendió con altanería. —Su padre me pidió que la encontrase, pero en realidad no es algo que me importe.

—¡Maldito! – gruñó Naruto. —Maestre Kakashi, usted la metió en esto, debe hacer algo. – ahora señaló al viejo soldado.

—¿Yo? Eh, supongo que tienes razón. – se encogió de hombros. —¿Pero qué sugieres que hagamos? No sé a donde pudieron llevarla y, siendo honesto, no creo que pueda sobrevivir tanto. Al menos no hasta que ellos la obliguen a revelar el poema. No hay nada seguro, Naruto.

—¡Tiene que haber una forma!

—¡Suficiente! – Sasuke se levantó mosqueado. —No vamos a hacer nada más que largarnos de aquí. – se lo dijo a Naruto. —Vendrás conmigo te guste o no. – se acercó hasta él con intenciones de cargarlo y marcharse, Kakashi por su parte tan sólo observó pero Naruto fue más perspicaz. Rodó aún con el cuerpo herido y trató de alejarse de Sasuke. Forcejeó con los amarres inútilmente y cuando éste ya estaba por alcanzarlo soltó una mordida certeza, Sasuke gruñó y separó los dedos al darle una patada que provocó que Naruto abriera la boca. Rápidamente talló su mano lastimada. —¡Desgraciado! – reclamó listo para darle otra patada y Naruto volvió a reaccionar girando a tiempo, mas al hacerlo comenzó a rodar sin poder parar.

Sasuke lo detuvo antes de llegar al lago nuevamente

—¡Suéltame! – pidió arrogante Naruto. —¡Yo mismo rescataré a Hinata!

—Deja de decir tonterías. – lo llevó de regreso a la fogata donde Kakashi continuaba esperando.

—Ustedes son parecidos. – opinó recibiendo una mirada hostil por parte de Sasuke.

—Discrepo. – prácticamente lanzó a Naruto cerca del fuego. —¿Por qué simplemente no lo dejas estar? – cuestionó ofuscado, estaba sangrando nuevamente del hombro y de forma profusa.

—No puedo hacerlo, no traicionaría a Hinata, le hice una promesa.

—¿Por qué te preocupas tanto por ella? Prácticamente son desconocidos. – gruñó Sasuke.

—No, Hinata y yo nos conocemos desde hace tiempo… - giró la cabeza a un lado con algo de pena.

—Claro… - respiró para intentar calmarse, las emociones iban y venían esa noche. —No tengo tiempo que perder, mi esposa me espera y a ti tu padre.

—No iré con contigo. – volvió a reñir.

—No estoy pidiendo tu opinión.

—¡Lucharé!

—No podrías hacer nada…

—¡Tengo que regresar por Hinata!

—Ella es historia. – reiteró con algo de crueldad.

—¡No lo es! – Naruto se agitó e hizo ademán de intentar liberarse, luchó hasta cansarse y cuando se dio cuenta que las lianas continuaban firmes respiró para resistir el dolor del disparo. —No la abandonaré, la buscaré y si tú intentas detenerme escaparé…

—No veo que logres nada. – Sasuke se inclinó hasta Naruto para quedar de cuclillas.

—¿Quieres apostar? – y logrando liberar su brazo sano Naruto intentó alcanzar a Sasuke, éste retrocedió pero no pudo evitar que tomara lo que había intentado desde el instante en el que se liberó. Naruto se apoderó del arma de Sasuke la cual estaba en su cintura. El Uchiha retrocedió sorprendido y también Kakashi quien no esperaba nada de dicha discusión.

Naruto le apuntó tembloroso debido a la adrenalina y el dolor, además de la pérdida de sangre. Sasuke sonrió de lado y colocó su brazo sano en si cadera, como si le retara.

—Bien, pues supongo que esta es la parte en la que me disparas, ¿No es así? – soltó una pequeña sonrisa burlona.

—No tengo nada que perder. – tenía el rostro tan arrugado que la juventud de Naruto parecía escapar de su faz. —Iré por Hinata, la rescataré y haré lo posible para defenderla de ese maldito.

—¿Tú? Por favor. Esa mujer está involucrada en circunstancias que dudo seas capaz de medir. ¿Por qué simplemente no dejas eso antes de que te lastimes? – desde la espalda y a la altura del cinturón Sasuke sacó una segunda arma. —Ahora, ¿Quieres apostar quien es más rápido? – la mano de Naruto se estaban cansando y el temblor que era fino al principio ahora era mucho mayor.

Quizás no muchos esperaran que Naruto fuera capaz de hacer locuras, pero en su situación todo parecía jugar a su favor, al menos con la desesperación. Naruto sonrió para asombro de los presentes y sin dudarlo se llevó el arma a la cabeza. Sasuke alzó una ceja y Kakashi soltó una risa volátil.

—No creo que pueda ganarte. – admitió. —Pero de algo estoy seguro, si yo muero… todo tu esfuerza se habrá ido al carajo.

—No tienes el valor. – retó Sasuke. —Además, si te matas, ¿Quién rescataría a esa mujer?

—Maestre Kakashi lo hará, confió en que lo hará. – Sasuke miró rápidamente al susodicho, esto no dijo nada, sólo amplió su sonrisa. —¿Qué importa si yo no puedo verla? Mientras esté a salvo es suficiente.

—Por favor… - chasqueó Sasuke con irritación, había sido una noche muy larga. —¿Por qué haces esto?

—Por el mismo motivo que tú lo haces. Tienes esposa no, ¿Supongo que debes entender un poco lo que siento? – las palabras de Naruto no pudieron ser más certeras. Sasuke abrió un poco los ojos y se vio al descubierto. Ciertamente, él estaba ahí por petición de Sakura, pero no sólo porque ella hubiera insistido, sino porque, fuera de todo, Minato Namikaze le había ayudado durante su adolescencia, convirtiéndose en su tutor un tiempo. Evidentemente Sakura lo adoraba, él no tanto como su esposa, pues consideraba a Namikaze como el incitador del comportamiento de su hermano, no obstante a pesar de fingir que lo odiaba, no podía negar que sin él, muchas cosas hubieran sido diferentes.

Sasuke bajó lentamente el arma y sonrió ante Naruto. El rubio, al ver esto supo que había vencido. Dejó caer su mano cansado con el arma cargada, un silencio solemne se instaló entre los dos.

—Creo que esto lo decide todo. – Kakashi se levantó de donde estaba sentado y se acercó. —Tienes razón, Naruto. No podría dejar a esa chica sola otra vez. Voy a ayudarte.

—¡Gracias, Maestre!

—En cuanto a ti, Sasuke. ¿Por qué no te nos unes?

—¿Bromeas?

—Sé que lo que haces es importante, pero creo que Naruto lo dejó muy claro. A menos que quieras llevar un cadáver, ¿No sería mejor que además de todo recibas una recompensa por parte de un noble?

—El dinero no me interesa.

—¡Entonces ayúdame a concluir un legado! – profetizó el de cabellos plateados.

—¿Legado? ¿Qué legado?

—El de tu hermano. – Sasuke frunció el ceño. —Creo saber qué harán ahora. A no ser que ellos sean capaces de resolver el cántico necesitarán de la chica, es una ligera esperanza, pero aún posible. Si ella lo dice, entonces no habrá vuelta atrás, los llevará a donde creo.

—¿Septum Borealis? – dijeron los dos jóvenes al mismo tiempo. Kakashi asintió.

—Estoy casi seguro que se debe tratar de algún miembro de la cúpula del país. Alguien que haya sobrevivido a toda esta guerra, alguien que todavía recuerda a Scaramuccia como un arma potencial. Si lo que creo es cierto, entonces tenemos por dónde empezar.

—¡Wow, maestre Kakashi, eres todo un zorro! – halagó Naruto.

—No me interesa continuar con la locura de Itachi. A diferencia de él, yo sí tengo algo que perder.

—Y perderás más, te lo puedo asegurar. – respondió Kakashi. —Si no hacemos algo por encontrar a la chica o detener esto, si la información para recrear a Scaramuccia es encontrada, no sólo será una persona, sino cientos las que mueran. – Kakashi sonrió nuevamente. —Además, ¿Tienes realmente opciones?

—Puedo obligarlos a venir conmigo.

—Sí, eso sí. Pero velo de esta forma, desde el instante en el que supiste sobre el secreto que guardo te has convertido en otro guardián. Si este país se destruye serás tan responsable como yo, Itachi o Hinata. – Sasuke siseó con evidente molestia. —Descuiden, tengo un plan.

Estaba decidido, el viejo Meneghino no caería tan fácilmente y lamentablemente, Il Capitano tuvo que doblegarse, pues entre un bufón y un alborotador no era capaz de triunfar su malhumor.

¡Esto es traición! ¡Traición a la patria!

Por favor, usted ya no está calificado para continuar siendo el líder de este país. Es momento de evolucionar. Le agradezco por quitar a la familia real del camino y por ello no voy a refundirlo en la cárcel, eso y por todos los favores que le debo, pero considérese a partir de ahora destituido de su cargo.

¡No se quedará así! ¡Vas arrepentirte por esto!

Mi Führer, es evidente que continúa conmocionado por lo del secuestro y su maltrato, comprendemos su conmoción, descanse.

¡Jamás descansaré! ¡¿Me oyes?! Recuperaré mi reino así tenga que buscar en cada rincón, recuperaré mi antigua gloria.

Spavento somos todos, mi Colombina. Tenemos miedo, morimos de ansiedad, pero ciertamente eso no podrá detenernos. Grandes héroes se han ido, grandes traidores y numerosos pecadores. Yo soy parte de ellos, pero a diferencia de todos la derrota no perfila en mi camino.

Continuará…

Spavento en Comedia Del Arte es también un personaje de la categoría de Il Capitano, como su nombre lo indica vendría siendo el Capitán Esptantado o espando, según se denomine. Ahora bien, ya estamos entrando al climax de esta historia, es decir, el climax en el tiempo presente. Espero no falten muchos capítulos para terminar. Por que ciertamente esta proyecto se ha hecho enorme.

Espero sus comentarios y opiniones, muchas gracias por leer.

¿Merece un Comentario?

Yume no Kaze.