catorce

Revelaciones


Londres


Kiki despertó con un fuerte dolor de cabeza, se sentía como si estuviera bajo los efectos de una resaca, y lo peor era que no había probado ni una gota de alcohol, todo se debía al humo y el polvo. La contaminación de la ciudad estaba acabando con él y apenas llevaba unos pocos días ahí. ¿Cómo iba a cumplir su misión de vigilar a los aprendices del Santuario si caía enfermo o algo peor? Tenía la ligera impresión de estar respirando veneno... tal vez exageraba. Londres era simplemente una ciudad grande como cualquier otra en cualquier parte del mundo, el problema era que él estaba acostumbrado al aire puro del Tíbet y del Santuario. Sólo tenía que concentrarse en respirar y sus pulmones acabarían acostumbrándose... o por lo menos insensibilizándose...

-Y mientras tanto, estoy deseando morirme –dijo con desaliento mientras le lanzaba una mirada de desesperación al espejo. No sólo se sentía enfermo sino que además lucía como tal.

Debería tomar algo que lo aliviara un poco... ¿un analgésico serviría? No sabía nada de medicinas... dormir un poco más parecía una buena idea, pero algo lo había despertado. ¿Qué podía ser?

Segundos después, Kiki marchaba a paso vivo hacia el Colegio, debía estar realmente mal para no haber comprendido antes que lo que no lo dejaba dormir era una terrible perturbación en el cosmos.

Una batalla.


Alhena salió del túnel dimensional al patio del Colegio San Pablo y se encontró en medio de una batalla. ¿Cómo era que el simple secuestro de un montón de niños, frailes y monjas había degenerado en algo así?

Quedándose donde estaba no iba a averiguarlo, así que se lanzó contra el primer enemigo que tuvo cerca, dándole un golpe al cuello con el filo de la mano, suficiente para romper las vértebras... pero su mano lo atravesó como si fuera bruma. ¡Era sólo una ilusión!

Y ni siquiera era la obra de un experto, todos los falsos guerreros era iguales...

¿Pero qué diablos le pasaba a Misty, que no buscaba al mago detrás de aquello y lo eliminaba, simple y sencillamente?

La berserker localizó al mago inmediatamente y corrió hacia él en línea recta sin cuidarse de nada más. Siempre quedaba el consuelo de saber que cuando el amo por fin se cansara de jugar con el tonto de Jean-Michel a ella le correspondería borrarlo del mapa.

Esteban advirtió que una berserker de armadura roja iba derecho hacia él y supo de inmediato que lo había identificado como el responsable de las ilusiones.

-Tengo un problema –dijo, sin lograr darse cuenta de si sólo lo había murmurado o si había gritado lo suficientemente fuerte como para que lo escucharan sus hermanos-. ¡Que alguien me ayude!

Alhena sonrió con anticipación, aferrando con más fuerza el puñal que prefería usar para asuntos de esa clase; el arma había sido forjada especialmente para ella, la empuñadura se acomodaba maravillosamente a su mano y la hoja estaba perfectamente equilibrada. El hechicero ("muy joven", pensó,"casi un niño...") estaba inmóvil, esperándola. Debía estar demasiado ocupado con la ilusión como para poder iniciar una defensa. Eso o...

Alguien estaba cuidándolo.

Sin demostrar siquiera que sentía dolor en la muñeca (aunque se iba extendiendo por el brazo), miró con aire indiferente al que la había sujetado. Sabía por experiencia que para parar un golpe suyo se requería mucha fuerza... algo que no hubiera esperado en ese delgado muchacho de ojos violeta que parecía haberla detenido con tanta facilidad.

-Suéltame –siseó.

El muchacho de ojos violeta sacudió la cabeza mientras que el otro, el mago, empezaba de repente un conjuro destinado a mantenerla inmóvil como una estatua por unas cuantas horas. Alhena lo ignoró. Sabía que no tendría tiempo suficiente como para terminarlo.

-Suéltame –repitió, un poco más alto.

-Ni loco que estuviera –respondió el muchacho-. No todos los días tengo la oportunidad de darle la mano a una mujer bonita.

Por un momento estuvo tentada a reír, mientras calculaba rápidamente que ese niño podría haber sido un berserker de élite si era capaz de hacer bromas en esas circunstancias. El otro no se había interrumpido, señal de que estaba acostumbrado a oírlo hablar de esa manera.

-Te di una oportunidad –dijo ella, con el mismo tono sereno.

Un destello de preocupación pasó por los ojos del muchacho.

-¡Corre, Esteban! –gritó, sin soltarla, en el momento en que ella encendía su cosmos.

-¡FUEGO DE ATE! –gritó Alhena, casi al mismo tiempo.


-Espera, Kamus de Erin.

Kamus sintió que se le erizaba la piel al escuchar esa voz, pero aún así se movió lentamente, para no demostrar su inquietud.

Los mismos ojos azules. El mismo cabello azul e igual de largo, aunque estuviera peinado de otra manera, y sin embargo... no supo si sentirse aliviado o todavía más preocupado que antes al darse cuenta de que esa persona no era Saga de Géminis.

-¿Sa... ¡Kanon! –exclamó Milo.

Kanon inclinó la cabeza a modo de saludo.

-Los berserkers están rodeando ahora la fuente. Los aprendices del Santuario y algunos jóvenes magos están protegiéndola, pero se les agota el tiempo.

-Lo sabemos –respondió Kamus-. Es por eso que vamos a entrar...

-Y ya se deshicieron de los pocos berserkers que quedaron como guardianes, pero si ustedes rodean a los que están combatiendo y atacan, los que están más cerca del centro ejecutarán a los que protegen la fuente antes de que puedan alcanzarlos, y creo que la prioridad aquí son esos niños.

-¿Qué propones? –preguntó Kamus.

-Otro camino, para que puedan entrar directamente al centro del patio del colegio donde se encuentra la fuente.

-¿Usando la Otra Dimensión? –intervino Milo-. ¿Cómo sabemos que podemos confiarte algo así a ti?

-Después de casi crucificarme con Agujas Escarlata, yo creo que ya deberías saber que no me pondría a tu alcance sin un buen motivo.

-De todos modos, la Otra Dimensión no nos sería de ayuda. Milo y yo aún podemos aparentar sustancia en este mundo porque nuestra muerte es más o menos reciente y nuestra fuerza es mayor que la de la mayoría de los guerreros de Danna, pero no por ello dejamos de ser espectros, sólo tenemos vida real en las Islas Afortunadas, y si pudimos volver aquí fue gracias a un espejo de Danna. Si usas la Otra Dimensión con nosotros, ese universo de bolsillo nos debilitará.

Kanon asintió.

-Estás bien informado.

-He tenido tiempo para estudiar.

-Pero no es la Otra Dimensión lo que vine a proponer.

-Fue lo que usaste para aparecer aquí tan de repente –respondió Milo.

-Sí, pero alguien más se encargará de llevarlos al colegio... si están de acuerdo, claro.

Milo y Kamus intercambiaron una mirada.

-¿Quién? –preguntó Milo.

-¿Qué? –preguntó Kamus.

Kanon sonrió levemente.

-Síganme.


Las llamas rojo-doradas de su cosmos deberían haber consumido a ambos muchachos instantáneamente, pero una corriente de aire helado las había desviado a tiempo. Alhena le lanzó una mirada de furia al responsable, otro chico, que no podía ser otra persona más que el príncipe de Erin, Ethan. Peor para él, ahora era un nombre más en su lista y además estaba demasiado ocupado en ese momento, luchando contra otros berserkers, como para ayudar de nuevo al mago y su amigo.

Pero para entonces alguien más había llegado junto a ellos, una chica de cabello azul y ojos castaños que había unido su voz a la del joven mago.

Alhena estaba empezando a disgustarse seriamente. La fuente estaba justo detrás de ese trío y no tenía por qué perder más tiempo.


-Bueno, nunca me lo hubiera imaginado –admitió Milo, con una mirada llena de sorpresa.

-Creí que era imposible –añadió Kamus, hablando pausadamente.

-¿Imposible, por qué? –preguntó Milo.

-Esa armadura fue dañada de una manera muy extraña en el siglo XVII o el XVIII, no recuerdo bien –respondió Kamus-. Tengo entendido que fue debido a eso que nacieron las Armaduras Tardías, como Fornax y Horologium.

-Cierto, pero esto funcionará –intervino Kanon, con algo de impaciencia-. ¿Les parece bien, o no?

Los ojos de Kamus se oscurecieron, pero fue Milo el que puso en palabras la desconfianza de ambos:

-Pareces muy interesado en ayudarnos.

-¿Qué quieres decir con eso?

-Si te preocupan tanto los aprendices del Santuario, ¿por qué es que no estás al servicio de Atenea, como lo estabas cuando lo de Hades? Sé que en el Santuario todos te dan por muerto –dijo Kamus.

-¡Es cierto! –apuntó Milo-. ¿Por qué el interés repentino?

-No es repentino y no tiene nada que ver con el Santuario o con Atenea, quien, por cierto, sabe perfectamente dónde vivo y cuál es mi número de teléfono. Hagan el favor de no perder tanto el tiempo. ¿Están dispuestos o no?

-Estamos dispuestos –dijo Kamus.

-Pero si esto es una trampa, desearás estar muerto –dijo Milo.

-Eso es algo que resulta escalofriante viniendo de alguien que ya lo está –respondió Kanon sin alterarse.

Milo estuvo a punto de responder, pero Kamus lo sujetó por un brazo al tiempo que sacudía la cabeza.

-Que sea rápido.

-Por supuesto –sonrió Kanon.


Kiki saltó el muro felicitándose por la facilidad con la que había eludido el cordón policial alrededor del colegio. Ahora sólo tenía que...

-¡Señor Kirkelen!

Aquello había sido dicho en voz muy baja, pero había sonado con tanta autoridad y urgencia como si hubiese salido de un altavoz.

-¿Hermana Catherine? ¿Qué hace usted aquí?

-¿Yo? ¿Qué hace usted aquí... y vestido de esa manera?

Kiki miró su armadura y sintió que estaba empezando a sonrojarse.

-Es larga historia...

-Es lo que suele decir la gente cuando está a punto de decir una mentira.

De repente, el Caballero de Aries se dio cuenta por fin de a quién le recordaba tan poderosamente la religiosa: eso era justo lo que habría dicho Mu.


-¿No debería haber alguien vigilando? –preguntó Terry con aire de duda mientras su padre, su hermana y él corrían hacia el lugar de donde provenía el escándalo del combate.

-No estarás quejándote por la ausencia de guardias –dijo Andy.

-Para nada, pero me parece extraño. Si yo quisiera secuestrar un lugar tan grande, trataría de mantener vigilado el perímetro, cuando menos. Así como está esto, hasta las Ardillas Rescatadoras podrían colarse dentro, justo como acabamos de hacerlo nosotros.

-Si pueden colarse en una frase tuya, las Ardillas Rescatadoras pueden colarse en cualquier parte –replicó Andy.

-No deja de ser extraño –intervino Shun.

Los tres se detuvieron en seco, atónitos ante el espectáculo de la batalla.

-¡Son dos ejércitos completos! –exclamó Terry.

-No –dijo Shun-. Sólo hay un ejército, el resto son ilusiones.

-¿Cómo lo...? Olvídalo, no debí preguntar.

-Buda debería darse cuenta de esas cosas –dijo Andy.

-Oye, no es tan fácil ver la verdad en el mundo material como en el espiritual –respondió Terry, con aire resentido.

-No irán a pelearse ahora... –Shun los regañó sin necesidad de levantar la voz siquiera-. Los necesito a los dos.

-Perdón –dijeron ambos al mismo tiempo.

Shun asintió ligeramente.


Misty se mordió el labio inferior con un gesto de impaciencia al sentir esos nuevos cosmos que empezaban a darle problemas, como si no tuviera ya bastantes. ¿Cómo habían llegado? ¿Acaso no había dejado suficientes berserkers vigilando el área? No era posible que la misma gente que había entrenado lo desobedeciera en algo así sumándose al combate...

-¡Cratos! –gritó Osvaldo.

-¿Y ahora qué?

Por toda respuesta, el Berserker de Zelos señaló en una dirección. Misty abrió mucho los ojos, sorprendido. Había una persona inmóvil en medio del combate, pero... era algo tan extraño. Parecía estar ahí y no estar al mismo tiempo y Misty acabó por darse cuenta de que era sólo la silueta de un ser humano, como un agujero en medio de la realidad. Una locura completa.

-Odio la magia –murmuró, encaminándose hacia quienquiera (o lo que fuera) que fuese.

A unos cuantos metros de ella, dejó de escuchar los gritos de los berserkers, una burbuja de silencio parecía rodearla y apartarla del resto del escenario. Misty decidió que podía apostar a que solo él y Osvaldo habían podido verla y que por eso se mantenía tan tranquila en medio de la lucha: no podía ser percibida por nadie que se encontrara en un éxtasis de guerra.

-¿Quién eres? –preguntó él, la curiosidad era demasiado fuerte.

Ni siquiera a dos metros de ella podía distinguir sus rasgos, pero advertía que llevaba puesta una armadura, aunque no pudiera determinar los detalles ni el color.

Escuchó la respuesta dentro de su mente. No como una voz, sino más bien como si su propia memoria estuviera formulando la palabra que debía definir a quien estaba mirando.

"Eridano"

Estuvo a punto de responder que eso era imposible, pero en ese momento no podía recordar la razón, y además no tuvo tiempo de decir nada: los contornos de la figura se volvieron borrosos y de pronto no era una silueta humana sino...

-¡Una puerta dimensional! –gritó Misty, tratando de atraer la atención de los demás berserkers.

En ese mismo momento las ilusiones creadas por Esteban desaparecieron por completo, ya no eran necesarias. Un terrible grito de combate se escuchó desde el otro lado de la puerta dimensional y una nueva oleada de guerreros se precipitó dentro del colegio ante la atónita mirada de los berserkers.

Esta vez no eran ilusiones, aunque tampoco podía decirse que fueran demasiado reales.

-¡Fantasmas! –gritó Osvaldo, esforzándose por hacerse oír por encima del estruendo de las armas y los gritos-. ¡Fantasmas guerreros, Cratos! ¡Son los guerreros de Nemain!

Por supuesto. Las almas de los héroes caídos en los campos de batalla a lo largo de la historia del pueblo de Danna se habían reunido ahí para un nuevo combate. Eran espectros, señal de que llevaban más tiempo en el mundo de los vivos de lo que permitía la fuerza de cada uno, pero los de voluntad más poderosa y mayor conocimiento del cosmos serían capaces de dar tan buenos golpes como cuando vivían...

Alhena miró con disgusto la ola de guerreros fantasmas que atacaba a los berserkers. Cuando volvió a mirar a los muchachos, se dio cuenta de que el hechizo de inmovilidad estaba casi terminado. Con un grito de rabia se soltó del chico de ojos violeta y saltó hacia atrás.

Con lo cual tropezó con Misty.

-Idiota –gruñó ella-. ¡Hay que salir de aquí ahora!

-No puedo creer que tú digas eso.

Uno de los otros jóvenes que rodeaban la fuente gritó algo que Alhena estaba demasiado furiosa como para entender del todo en ese momento, pero que quizá le resultaría más claro cuando tuviera tiempo...

-¡Ordena la retirada ahora, Cratos o estaremos atrapados entre dos fuegos! ¡Entre tres, mejor dicho!

Misty miró la dirección en la que señalaba Alhena. El Caballero de Virgo estaba ahí.

-De acuerdo.

Los berserkers se retiraron y por una vez Alhena agradeció las extrañas ideas de Jean-Michel acerca de cómo entrenar a las tropas. La retirada habría sido imposible si la autoridad del general no hubiera sido suficiente como para dominar a los berserkers en una situación tan desesperada.

Pero no lo diría en voz alta ni aunque su vida dependiera de ello. Especialmente si Ares estaba cerca para oír semejante cosa.

Y hablando de oír... mientras saltaba el muro, Alhena se dio cuenta de qué era lo que le había llamado la atención cuando aquel chiquillo rubio gritó.

No había sido tanto lo que dijo como el idioma en que lo dijo.

Francés.

Un muchacho de cabello rubio y ojos grises había gritado "Pére!" al estar cerca de Misty.

Era curioso que Misty, que había estado siempre tan dispuesto a discutir con ella, no hubiera tratado de evitar la retirada, justo después de oír eso...

-Perverso... digo, perfecto... –sonrió la berserker-. A Ares le encantará saber esto...


El Santuario


El Santuario en realidad no era un lugar muy grande, pero tenía un auténtico exceso de rincones, como el que estaba ocupando en ese momento. Algún día, cuando tuviera tiempo, reflexionaría acerca de por qué estaba en ese sitio como un escorpión ocultándose debajo de una piedra, cuando lo que en realidad le preocupaba era algo relacionado con unicornios. Y también sería bueno meditar sobre qué opinaría Freud al respecto...

¿Cuánto tiempo llevaba ahí? ¿Había llegado por su propia voluntad o acaso se había caído en un agujero y se había golpeado la cabeza? Al empezar a coordinar de nuevo tuvo la sensación de que había buscado estar ahí pero no sabía dónde pudiera ser que se encontrara.

¿Acaso había deseado que se lo tragara la tierra y algún dios particularmente bromista lo había escuchado? Tampoco había que descartar esa posibilidad...

Estaba tendido de espaldas, en el suelo. Un suelo blando, de tierra fresca pero no húmeda, sus brazos descansaban a los costados de su cuerpo y, en general, se sentía como si estuviera recién despertando de un sueño calmado y tranquilo, como no lo había disfrutado realmente desde que "ellos" lo habían llevado a la fuerza hasta la Fundación Graude.

Curioso que le viniera precisamente ese recuerdo, y (lo más extraño) sin dolor ni sobresaltos. De pequeño solía tener pesadillas con el día en que los empleados de la Fundación lo reclutaron para el entrenamiento y despertaba rechinando los dientes en un esfuerzo por no gritar ni echarse a llorar; sabía de sobra que todos los demás tenían historias idénticas para contar, excepto tal vez Ikki, que se había presentado voluntariamente, arrastrando consigo a Shun... y había exigido hablar con el señor Kido cuando Tatsumi se negó a aceptar al niño de cabello verde en el proyecto. Aquello siempre le había extrañado; una vez reunió suficiente valor como para comentarlo con Shun y éste le contestó que Ikki sabía exactamente qué esperar y qué no del señor Kido, porque lo conocía desde antes de la Fundación. Y que el señor Kido lo respetaba. Bueno, eso aclaraba por qué había permitido que Ikki cambiara de lugar con Shun, pero dejó a Jabu igual o peor que antes de preguntar.

Había algo que los Cinco sabían con respecto a Mitsumasa Kido que nunca habían comentado con los otros cinco.

Pero no era momento de estar dándole vueltas a ese misterio, sino más bien de levantarse. "Es hora de levantarse y brillar" solía decir su madre, "Me levantaré, si no hay más remedio, pero no me pidas que brille, tendría que conseguir un poco de radio o de polonio, como los Curie" respondía invariablemente su padrastro. Era un buen hombre, siempre cansado por una doble jornada de trabajo, pero siempre dispuesto a sonreír, a aplaudir una buena broma y a negar que no fuera el padre de Jabu. Pero él sabía muy bien que no lo era, siempre lo había sabido y cuando "ellos"... Jabu se cubrió la boca con ambas manos para ahogar un grito de espanto.

¿En qué parte de su mente había sepultado todos esos recuerdos? No había pensado en su familia ni una sola vez durante el tiempo en la Fundación, ni durante los años de entrenamiento en Algeria, ni durante los años transcurridos desde la batalla de las Doce Casas. ¿Por qué no había tratado de buscar a sus padres?

"Ella murió" la certeza estaba en su mente casi como si hubiera sido testigo de eso, no tenía la menor duda de que su madre había muerto poco después del secuestro ¿Acaso se lo habría dicho Tatsumi? ¿El señor Kido se habría tomado la molestia de darle el pésame? ¿O era una idea que había ido adquiriendo a fuerza de escuchar a Saori, la Saori anterior a Atenea, referirse a los niños de la Fundación como "los huérfanos"? ¿Cómo saberlo? Y era hora de levantarse y brillar, o por lo menos de levantarse aunque no brillara (imposible brillar sin los ingredientes adecuados), porque no había más remedio que averiguar dónde estaba, cómo y por qué.

Con algo de esfuerzo logró distinguir en la penumbra los escalones que había bajado, ya fuera caminando o rodando, para llegar hasta ahí. Las gradas estaban tan increíblemente gastadas por el paso de los siglos que las de las Doce Casas parecían nuevas en comparación. Debía estar en alguna parte debajo de la Bodega. Pero una parte mucho más vieja que el resto del Santuario. Miró los escalones con fastidio y de repente se dio cuenta de que no tenía deseos de regresar, en caso de que ese fuera el camino de regreso.

¿Qué había ahí antes de que Atenea construyera el Santuario durante la Era del Mito? Una montaña y muchas cabras, posiblemente... ¿o también algo más? Los Uránidas (los descendientes de Urano y Gea) no fueron los primeros dioses de Grecia...

Mientras se adentraba más en la oscuridad, fue repasando lo que sabía al respecto. Había sido motivo de bromas durante mucho tiempo el que Seiya estudiara arqueología en España y Jabu antropología en Francia. Tatsumi les había preguntado una vez si pensaban hacerse socios y montar alguna empresa de investigación de fósiles. Seiya le había respondido que sí y que pensaban empezar con él. Había sido una de las primeras ocasiones en las que se sintió capaz de reír con Seiya, sin preguntarse interiormente si no era él mismo el objeto real de la broma. Era por aquel entonces que las cosas empezaban a cambiar, aunque para él siguieron iguales, en apariencia, hasta hacía poco. Pero esas ideas parecían exigirle que regresara a la escalinata y saliera de ahí, de modo que las cortó de repente. La oscuridad resultaba más acogedora. El silencio. La soledad absoluta.

Bueno, no tan absoluta.

Había alguien más ahí, sólo que era difícil de distinguir en la oscuridad; un hombre alto, vestido con una túnica blanca.

-Eh... hola... –saludó Jabu.

"Hola."

Aquella voz le llegó acompañada por un soplo de brisa helada. Jabu se estremeció, no supo si por el frío repentino o porque había caído en la cuenta de que un fantasma acababa de devolverle el saludo.

Sabía de sobra que en el Santuario podía encontrarse más fantasmas por metro cuadrado que en ninguna otra parte del mundo, incluso había visto unos cuantos, pálidas figuras que se desvanecían en un parpadeo. Pero nunca había hablado con uno.

"Sabía que alguien llegaría aquí tarde o temprano, pero debo confesar que no eras mi primera opción."

-No hay problema. Que yo sepa, jamás he sido la primera opción de nadie. Por cierto, ¿qué lugar es este?

"El corazón del Santuario, la fuente de todo su poder. Supongo que querrás saber cómo llegaste hasta aquí"

-En realidad estaba pensando en preguntar su nombre primero.

El fantasma sonrió.

"Soy Saga."

No añadió ningún título, pero no fue necesario.

-Encantado... supongo. La verdad es que no tengo idea de lo que debería decir en un caso semejante.

"Está bien. Si estás aquí es porque necesitas respuestas. Trataré de ayudarte hasta donde me sea posible."

-¿Respuestas? Me gustaría conseguir unas cuantas, pero no estoy seguro de poder formular las preguntas correctas.

"Empieza por lo primero que se te ocurra, luego iremos encontrando el resto"

Jabu asintió brevemente.

-Bien. Siempre creí que Atenea misma era la fuente del poder del Santuario.

"Ya ves que no. El Santuario se construyó sobre una de las fuentes del poder de la Tierra. Es el poder de la Creación lo que lo alimenta. Pero además el Santuario fue diseñado para retener la mayor cantidad posible de ese poder, evitando que se dispersara por el mundo, como ocurre con las demás fuentes"

-¿Como una batería gigante?

"Eh... pudiera ser"

Jabu miró con más atención hacia la oscuridad que se extendía más allá del fantasma.

-¿Qué hay ahí adelante?

"La tumba de Atenea"

-¿Su tumba? ¿Por qué colocar una tumba en la fuente?

"Renacimiento, supongo. El poder encontrar la promesa de la vida incluso dentro de la muerte misma... o precaución quizá. Su cuerpo está seguro aquí y además sirve de protección a la fuente, de modo que no puede ser contaminada por el Círculo Negro ni utilizada por el Círculo Gris. Pero además un dios reencarnado no puede usar de todo su poder, sólo que volviera a su cuerpo original..."

-Y si Atenea tuviera necesidad de volver a la vida su cuerpo original, tendría a su disposición todo el poder del Santuario en el momento en que despertara.

"Precisamente. La precaución es parte de la sabiduría..."

-¿Y es sabio exponerse a la tentación?

"¿La tentación?"

-Tengo entendido que alguien dijo una vez que el poder corrompe.

El fantasma asintió como si Jabu hubiera recitado uno de las leyes esenciales del universo.

"Quien lo haya dicho, sabía bien de lo que estaba hablando. Por eso Atenea se protegió a sí misma encargando la vigilancia de su tumba a alguien que pudiera detenerla en caso de que cayese sobre ella la misma locura que afectó a los otros dioses de Grecia... aunque, lamentablemente, el puesto ha estado vacante los últimos cuarenta y seis años..."

-Eso es mucho tiempo. ¿Quién debía encargarse?

"Aioros de Sagitario."

Qué curioso, era justo lo que había imaginado.

-Él ya tiene un sucesor. Seiya.

"Por eso me sorprendió verte aquí. Era a él a quien esperaba. Debe haber un buen motivo para que hayas estado tan necesitado de respuestas como para llegar aquí."

-Pues tengo un problema que no me deja tranquilo, pero es algo personal.

"Los Caballeros de Atenea no tienen asuntos personales. El problema de uno es el problema de todo el Santuario."

¿Era una invitación para que le confiara el asunto? Por alguna razón, a Jabu le pareció que más bien sonaba como una orden, aunque dicha con el mismo tono cordial que había estado usando Saga desde el principio.

-¿Podrá guardar el secreto? –preguntó el Caballero de Escorpión, adoptando el "usted" sin poder evitarlo.

"Como una tumba." sonrió Saga.

Humor negro desde el más allá, sólo eso faltaba.

-Alguien a quien aprecio me pidió que encuentre una joya que cree está guardada en el Santuario. Un carbunclo de un unicornio.

"El Esplendor de Occidente."

-¿Lo conoce?

Del rostro de Saga había desaparecido hasta el más leve recuerdo de una sonrisa.

"El Maestro Shion me contó una vez, cuando yo era niño, que un unicornio pidió refugio a Atenea hace siglos, poco antes de la batalla contra Ares de la que sólo sobrevivieron dos Caballeros de Atenea. El unicornio ayudó a proteger a Atenea y murió en la batalla, con los demás Caballeros."

-¿Y el carbunclo?

Saga calló por unos instantes, observando a Jabu como si lo evaluara.

"Si te dijera dónde está... ¿qué harías con él? ¿Dárselo a tu amiga?"

Jabu abrió la boca para responder que no lo sabía, que su mente y sus sentimientos eran una maraña de confusión y dudas, pero no llegó a formar la frase... ¿Cómo sabía el fantasma que se trataba de una amiga?


El Vaticano


-Espero que esté preparado para poner al mal tiempo buena cara... –dijo Raziel- porque hoy me toca cocinar.

Albiore sonrió débilmente, el niño ("no, el ángel" se corrigió de inmediato) realmente se esforzaba por animarlo. Y al otro lado de la mesa de la cocina estaba aquella... criatura... Anmael, sonriendo como una esfinge y sin apartar los ojos del antiguo caballero de Cefeo.

-Estoy seguro de que no será tan grave como tratas de presentármelo –dijo Albiore.

-Ciertamente –intervino Anmael-. Este niño es un magnífico cocinero.

Raziel estuvo a punto de dejar caer lo que tenía en las manos. Anmael tenía la lengua realmente afilada cuando se trataba de los demás ángeles, pero siempre tenía alguna palabra amable para él, como si no supiera lo mucho que lo incomodaba con eso... o quizá esa era precisamente la razón.

Tenía que repetirse constantemente a sí mismo que Anmael era el maestro torturador entre las Sombras y que aunque no tratara precisamente el maestro de la corrupción (ese era Asbeel) ni el de la desesperación (ese era Tamiel), tampoco podía ceder a esa tentación tan fuerte de reír con sus bromas y de aceptar sus elogios. Miguel le había advertido a él especialmente que tuviera cuidado y no se dejara engañar... y aunque Miguel no hubiese dicho nada, Raziel sabía que estaría alerta por iniciativa propia, ya que alguien tenía que cuidar a Azrael.

En todo caso, ¿por qué Anmael hablaba bien de su manera de cocinar? Las Sombras no comían lo mismo que los humanos…

Anmael empezó a jugar con un mechón de su cabello, trenzándolo y destrenzándolo, visiblemente molesto por el silencio repentino de Raziel. Desde la sala llegaban las voces de Azrael, Sheena y Marin.

-No me queda claro –protestaba la Amazona de Ofiuco-. Primero me dicen que era usted, Maestro, el responsable de la desaparición de Marin y ahora me sale Marin con que era algo necesario. Está bien, puedo aceptarlo, pero lo que sí quisiera que me explicaran es...

-Por favor, Sheena, haces demasiadas preguntas...

-¿Y qué hay de Albiore? ¿No era uno de tus mejores amigos, Marin? Te dicen que está vivo y que tiene serios problemas y te quedas tan tranquila.

-Estoy segura de que el Maestro habrá tomado la mejor decisión al respecto.

-Y yo empiezo a preguntarme si has aprendido algo de toda esta experiencia, Marin. Creí haberte dicho que ya no soy el Patriarca, no tienes por qué llamarme así.

-Es una cuestión de honor.

-... Con eso queda eliminada toda posibilidad de discusión, según parece.

Anmael suspiró.

-Quisiera que se marcharan ya... –dijo, lo suficientemente alto como para que lo escucharan desde la sala- sus voces son irritantes.

-No es muy agradable escucharte hablar de esa manera –dijo Raquel, que acababa de entrar a la cocina.

-No tenía intención de ser agradable, señora.

-Querida, con esa actitud acabarás convirtiéndote en una solterona amargada.

-¿Perdón, cómo dice? Oiga, señora, yo no...

-Y es una lástima, considerando esa carita tan bella, mi niña.

-¡¿Pero qué...? –Anmael estaba tan sorprendido y enojado al mismo tiempo que no podía encontrar qué decir.

Albiore consideró que era más prudente alejarse y salió al patio trasero de la casa mientras Anmael le dirigía una mirada fulminante a Raquel y Raziel se afanaba todavía más con las ollas, dando gracias al cielo porque estaba de espaldas a Anmael y éste no podía ver lo mucho que le costaba disimular la risa.

-¡No soy una chica! –logró exclamar Anmael finalmente.

Raquel sonrió con dulzura.

-Los otros han tenido la amabilidad de platicarme un poco acerca de ti, muchacho, dicen que tu especialidad es encontrar el punto débil de cualquiera y utilizarlo para enloquecer a... la víctima... –la sonrisa de Raquel se ensanchó al ver la expresión de desconcierto de Anmael-. Pues bien, quiero que pongamos algo en claro. Puedo ver a través de ti como a través de un vidrio y puedo darme perfecta cuenta de qué es lo que te molesta más. Así que tienes dos opciones, jovencito: o demuestras un poco de buena educación y frenas esos comentarios o voy a encargarme de que lamentes seriamente cada observación que hagas. ¿Estamos claros?

-No te conviene discutir con ella –apuntó Raziel-, ha estado casada dos veces y nunca perdió una sola discusión con ninguna de sus suegras.

-Hijo mío, ¿qué te he dicho acerca de meterte en conversaciones ajenas?

-Este... ni siquiera debería estar escuchando, ¿verdad? ¡Con permiso!

Luego de que el Ángel Violeta desapareciera casi tan rápido como Albiore, Anmael miró de nuevo a Raquel, cada vez más desconcertado.

-No pueden tratarte mal –dijo Raquel, suavemente-, creo que casi todos están muriéndose por hacerte callar de un manotazo y sin embargo se aguantan, por consideración a Azrael. Pero quizá no puedas contar con él para siempre, ¿sabes?

-Mejor que usted –replicó Anmael-, hace siglos que los conozco a los siete, sé exactamente cómo es cada uno y sé exactamente hasta dónde puedo llegar.

-No, no lo sabes. Estás midiéndolos por tu propia experiencia.

-¿Qué?

-Eres inmortal y piensas en ellos como en los mismos siete espíritus que conociste hace tiempo, pero no has tenido en cuenta que ellos reencarnan. Cada vez que regresan tienen una familia y una vida diferente. Son diferentes. Ahora también.

Anmael entrecerró los ojos y Raquel no pudo evitar sentir algo de inquietud al asociar la imagen del joven rubio con la de una serpiente agazapándose antes de morder, pero aún así continuó.

-Al único que estás lastimando es al que no quieres lastimar. Pensé que alguien debería decírtelo.

No hubo respuesta. Anmael no se movió ni cambió su expresión. Luego de esperar unos segundos, Raquel salió de la cocina.

Anmael resopló, había estado conteniendo la respiración sin darse cuenta; entonces miró la puerta cerrada con tanto odio que si alguien lo hubiese visto en ese momento no habría podido reconocerlo.

-Una madre. Estos siete idiotas se han conseguido una madre para protegerlos... la mía me va a matar cuando se entere de que una humana pudo hacerme callar... Claro, pero tenía que tratarse de una madre... Lo que más detesto de ellas es que siempre saben cómo proteger a sus cachorros y encima obligarme a darles las gracias por ponerme en ridículo...


Laboratorio Central de la Fundación Graude, Suiza


Salvador se removió, tratando de encontrar una postura más cómoda, sin dejar de mirar fijamente a la mujer que trabajaba sin descanso al otro lado del cristal blindado que constituía una de las paredes de su celda.

Había memorizado el lugar desde que lo habían hecho entrar ahí sin ningún miramiento, pero, al igual que los otros, no había pronunciado una sola palabra desde el momento en que quedó patente que nueve Guerreros no eran rivales contra una Sombra. Exael les había dado una buena paliza y sin duda había disfrutado haciéndolo, pero había tenido buen cuidado de no lastimarlos demasiado y no dejar inconsciente a ninguno. Un golpe con suficiente fuerza como para lograr eso podría alterar los resultados de los exámenes, o al menos esa era la idea que rondaba su mente con más fuerza desde que descubrió que los llevaban a un laboratorio.

Aquella mujer de cabello negro debía ser una aliada de Lilith.

¿Y qué diablos quería Lilith?

Aparte de la curiosidad científica, claro.

Bueno, fuera lo que fuera, ya tendría oportunidad de interrogarla al respecto. Por lo pronto tenían que salir de ahí primero.

Doce celdas rodeando una oficina-laboratorio, una sola puerta que parecía ser la salida más evidente. Nada de ventanas. Quizá estuvieran bajo tierra. Y una sola persona estudiándolos.

Por supuesto, sería imposible que ella los vigilara a los nueve al mismo tiempo o todo el tiempo.

No sería problema.


El Vaticano


-¿No habíamos pasado ya por aquí? –preguntó Junta por tercera o cuarta vez.

-Creo que no –respondió Jorge, por tercera o cuarta vez.

En realidad ninguno estaba muy seguro. Aquel extraño hotel era un auténtico laberinto, en el que todos los pasillos eran iguales y ninguna de las puertas tenía número. Hasta las plantas que adornaban los rincones parecían idénticas.

-Tal vez sería mejor que volviéramos a la recepción –apuntó Junta.

-Sí... a este paso no conseguiremos nada.

Habían entrado con toda la tranquilidad del mundo, como si fueran huéspedes, sin hacer ni recibir preguntas, y habían pasado mucho tiempo recorriendo el hotel de arriba abajo, sin averiguar nada.

Al estar a punto de desandar lo andado, una puerta se abrió y alguien salió al corredor.

Jorge captó sin proponérselo un pensamiento del recién llegado, un pensamiento lo suficientemente fuerte como para que Junta también se diera cuenta de que algo extraño pasaba, sin necesidad de recurrir a nada más que la propia intuición.

"¡Caballeros de Atenea!"

-¡Seguridad!

Si Sheena, Saori o alguno de los Cinco hubiera estado ahí, habría podido comentarle a Jorge y Junta que la voz de Julián Solo se había vuelto bastante más profunda en los últimos veinte años, y que el joven que alguna vez fuera la reencarnación de Poseidón era ahora un hombre que se parecía todavía más a las estatuas de Poseidón de la época clásica que Poseidón mismo. En especial cuando fruncía el ceño de esa manera, como si estuviera a punto de ordenar que se desencadenara un tifón.

Pero ninguno de ellos estaba ahí y Jorge y Junta sólo pudieron pensar que si ese era el dueño del hotel, en verdad tenía muy malas pulgas, lo cual no era adecuado para atraer clientes.

Mientras tanto, los agentes de seguridad del hotel llegaban a montones y de todas partes, como si surgieran de las paredes.


Colegio San Pablo


-Idiota... idiota... idiota... –repetía Milo una y otra vez.

-¿No crees que podrías decir otra cosa, para variar? –suspiró Kamus.

-No. Idiota... idiota... idiota... ¡No debí haber perdido de vista a ese maldito traidor!

Los dos guerreros de Nemain estaban en medio de la complicada labor de reorganizar su tropa de fantasmas y tratar de encontrar la salida antes de que el ejército inglés irrumpiera en el Colegio. Ambos habían confiado en que Kanon los ayudaría a salir de la misma manera en que habían entrado, pero no había ni rastro de él.

-Discúlpeme.

Milo miró un poco desconcertado a la monja que había llegado junto a él. Era la primera que le decía algo coherente, las demás parecían estar completamente aterrorizadas ahora que gran parte de su gente (y él mismo) estaban resultando demasiado traslúcidos para parecer sólidos.

-¿Sí?

-Soy la hermana Catherine, directora del Colegio. ¿Está usted a cargo de este... este... ejem, grupo de soldados?

-Yo estoy a cargo, hermana –intervino el otro antes de que Milo pudiera responder-. Soy Kamus de Ac... de Erin. ¿La puedo ayudar en algo?

-Sólo quería darle las gracias... y me preguntaba más bien si podía yo ayudarles a ustedes.

Por un momento Milo se imaginó una misa por el eterno descanso de sus almas...

-No se preocupe, hermana, saldremos de aquí enseguida y todo volverá a la normalidad.

-Depende de lo que entienda como "normal". Su gente parece un tanto desorientada.

-Hemos estado demasiado tiempo fuera de la dimensión que nos corresponde –explicó Milo-. Mientras estemos en Tir Nan Og, estamos vivos, pero en cualquier otro lugar somos fantasmas y... bueno... si nos quedamos demasiado tiempo aquí...

-Sinceramente, tío Milo, creo que la hermana capta la idea muy bien, será mejor que nos concentremos en encontrar la manera de ir todos rápidamente hasta la casa para usar el espejo –interrumpió Ethan-. Papá y tú pueden moverse lo suficientemente rápido como para no ser detectados, y los demás...

-¿Necesitan taxi, caballeros?

Milo quiso sujetar a Kanon (aparecido quién sabe como en medio del grupo) por el cuello de la camisa con la sana intención de darle una buena vapuleada, por el bien de la humanidad, pero sus dedos atravesaron la camisa y a Kanon sin ningún resultado, excepto una mueca de disgusto por parte del recién llegado.

-Eso fue muy desagradable, Milo.

-Puedes agradecerle a tu buena estrella el que se me esté agotando el tiempo –Milo tuvo que hacer un gran esfuerzo para serenarse-. ¿Dónde diablos estabas?... Eh, perdón, hermana.

-No se preocupe, en lo que va del día he pensado y dicho cosas peores –respondió la hermana.

-Reúnan a los guerreros –dijo Kanon, sin molestarse en contestar la pregunta-, Eridano abrirá la puerta dimensional para que puedan regresar a Erin.


El Santuario


Un caballero y dos amazonas recorrían el lugar, con todo el aspecto de estar buscando a alguien, sin mucha prisa.

-Si me preguntan, les diré que esta es una soberana pérdida de tiempo –protestó Jenny.

-No estamos preguntando –dijo Cipriano.

-Por eso lo estoy diciendo sin que me pregunten. Deberíamos buscar a Mylagros e irnos con ella a Inglaterra ahora mismo. Digo, la puerta principal no es la única salida que tiene el Santuario.

-Sí, pero escaparnos ahora podría significar el no volver nunca –dijo Ana.

-No sería la primera vez que nos echan.

-Sí, pero la vez pasada no fue por orden de Atenea en persona.

-Ahora tampoco lo sería, sino por orden de la arpía...

-Jennifer, serénate. Estás hablando de salir del Santuario sin permiso y llevándonos a Myly-chan. Sabes que Ana y yo te seguiríamos hasta el fin del mundo (ya lo hemos hecho), pero piensa un poco en Mylagros y también en Shiryu. No los metas en un problema –señaló Cipriano.

-Está bien, me rindo... por el momento.

Cipriano se detuvo y elevó las manos al cielo.

-¡Gracias, Dios mío, me ha hecho caso!

-Que no se te haga costumbre –gruñó Jenny.

-Eh, ustedes dos –interrumpió Ana-, ahí está Jabu.

El Caballero de Escorpión caminaba despacio, con la mirada baja. Alcanzarlo no fue ningún problema para el trío.

-Ey, Jabu, la bruja quiere que te reportes... ¿Jabu?

No hubo respuesta y Jenny se puso frente a Jabu... caminando hacia atrás al darse cuenta de que él no iba a detenerse.

-¿Hice algo como para que me apliques la ley del hielo? Esta semana no recuerdo haberte hecho ninguna broma demasiado pesada... ¡Oye, Jabu, despierta!

Tampoco entonces hubo respuesta y la amazona miró desconcertada a sus compañeros.

Cipriano sujetó cuidadosamente por un brazo a Jabu, para hacerlo detenerse, eso hizo que Jabu saliera de su ensimismamiento y los mirara por un instante, sin dejar de caminar.

-Piscis Austrinus, Doradus, ¿cómo están? –saludó con voz apenas audible.

-Nosotros bien, pero tú te ves fatal –dijo Ana.

-¿Ah, sí? –Jabu no parecía interesado-. Cipriano, por favor, suéltame, alguien podría pensar algo raro...

-Eh...

-¿Te encuentras bien, Jabu?

-Sí, lo estoy...

-Es que tienes los ojos inyectados en sangre.

-No me digas...

-Como si hubieras... ¿Jabu, has estado llorando?

Jabu se detuvo y le dedicó una sonrisa inusualmente dulce.

-¿Por qué habría de llorar? Todo está bien.

Y siguió caminando.

-Yo diría que está en shock –señaló Cipriano-. No podemos obligarlo a reportarse con Saori y Lilith en ese estado, será mejor que lo acompañemos... no vaya a ser que le pase algo.

Las chicas asintieron.


El Vaticano


Anmael salió al patio trasero de la casa, rumiando su disgusto. Albiore estaba ahí, contemplando el cielo y meditando sobre sus propios problemas, pero Anmael no aprovechó la oportunidad para mortificarlo, no se atrevería a hacerlo por algún tiempo...

Lo que siguió fue demasiado rápido. La figura oscura que saltó el muro, golpeó a Albiore y se lanzó contra Anmael se movió con una velocidad mareante. La Sombra Azul sólo tuvo tiempo de cerrar los ojos y contener la respiración antes de que un par de fuertes manos lo sujetaran por los hombros y lo estrellaran violentamente contra la pared. Se golpeó la cabeza y estuvo viendo estrellas (aún con los ojos cerrados) durante unos cuantos segundos.

Una voz sobradamente familiar le habló al oído, las manos del otro habían abandonado sus hombros y ahora se cerraban alrededor de su cuello, posiblemente para evitar que gritara pidiendo ayuda.

-Araquiel se está volviendo loco buscándote, hermanito.

Anmael abrió los ojos y esbozó una sonrisa aterrorizada.

-Hola, Tamiel, ¿qué cuentas?

Los ojos de la Sombra Añil estaban demasiado cerca de los suyos para el gusto de Anmael, que odiaba particularmente la forma en que su tío le echaba las manos al cuello cuando estaba enojado. Una escena así era precisamente el primer recuerdo que afloraba en su memoria con respecto a su lejana infancia.

-Acabo de decírtelo, cerebro de hormiga. Todos los tecnomagos están dedicados a buscarte, la construcción del palacio se ha interrumpido y Araquiel parece un conejo asustado esperando la respuesta del mensaje que le envió a nuestra madre para avisarle que huiste de casa...

-Pero ella sabe... fue su idea... ¡ugh!

Tamiel apretó el cuello de Anmael, sólo por un instante, pero lo suficiente para obligarlo a callarse.

-No me interrumpas, bebé. Me tiene sin cuidado si estás aquí por tu gusto o por orden de ella. De hecho, ustedes dos me importan un comino. Es solo que no puedes darte el lujo de tomarte vacaciones a estas alturas de los proyectos que tenemos pendientes.

Anmael consiguió emitir un sonido que lo mismo podía ser un gemido de dolor que una señal de asentimiento, pero que pareció agradar a Tamiel, quien sonrió ligeramente.

-Ahora escucha cuidadosamente, porque solo voy a decírtelo una vez: quiero que uses esa habilidad tuya que desperdicias tan alegremente y me hables del punto débil de una persona que ha estado dándole guerra a Exael últimamente, indícame cuál es la mejor forma de llevarla a la desesperación y te dejaré seguir jugando por un rato más antes de avisarle a Araquiel dónde te escondiste...

Albiore salió de su aturdimiento luego de un par de minutos para contemplar una escena tan extraña que al principio creyó que sería parte de alguna pesadilla. Azrael estrangulando a Anmael... Bueno, posiblemente cualquiera de los otros ángeles estaría feliz de deshacerse de la Sombra... ¿pero Azrael? ¿Y qué era lo que estaba diciendo? Un dolor terrible palpitaba en la cabeza de Albiore, pero aún así pudo darse cuenta de que aunque la voz era idéntica, la forma en la que hablaba era un tanto distinta que la del Azrael con el que había conversado ese día.

-¿Estás seguro de que eso será suficiente?

-Sí –respondió Anmael, aparentemente con bastante esfuerzo.

-Más te vale que me hayas dicho la verdad, bebé, o vendré a buscarte y lo pasarás realmente mal.

-¡Ya lo estoy pasando mal! ¡Suéltame!

-¡Cállate! ¿Acaso quieres que...? Claro, por supuesto, te encantaría que nos escucharan y viniera alguien a ayudarte, ¿no es así? ¿Quieres que te dé un buen motivo por el cual gritar?

-Anm... –la puerta de la cocina se había abierto en ese momento y Albiore pudo contemplar a un segundo Azrael paralizado por la sorpresa en el umbral.

El que sujetaba a Anmael ladeó un poco la cabeza para contemplar al otro, Albiore casi podía imaginárselo sonriendo.

-Hola, Azrael. Está magnífico el clima hoy, ¿verdad?

-Suéltalo, Tamiel.

-¿Qué cosa?... Ah, te refieres a Anmael... No te preocupes, enseguida me voy, sólo vine a saludar a mi hermanito.

Tamiel besó la frente de Anmael y lo soltó, muy despacio, para luego saltar de nuevo el muro y desaparecer con tanta rapidez como cuando había llegado.

Azrael miró el muro, luego a Albiore, que ya estaba poniéndose en pie, y finalmente a Anmael, que seguía apoyado contra la pared, con los ojos cerrados y una expresión de asco absoluto.

-¿Están bien los dos?

Albiore asintió, pero Anmael se tapó la cara con las manos y empezó a llorar histéricamente mientras se deslizaba hasta quedar sentado en el suelo.

Azrael suspiró y se arrodilló junto a él.

-¿Es en serio, Anmael? Estoy algo cansado y no quisiera tener que aguantar una broma tan pesada...

El llanto se intensificó. Azrael sacudió la cabeza resignadamente.

-¿Qué quería Tamiel? Si vino a llevarte de regreso, pudo haberlo hecho tranquilamente antes de que yo llegara, ¿no es así?

-Vino a pedirme un favor –sollozó Anmael.

-Pues vaya que tiene una forma desagradable de hacerlo –murmuró Albiore.

-Escúchame –dijo Azrael, con el tono de alguien que está haciendo un gran esfuerzo por no hablar con demasiada dureza-. No puedo entender bien lo que dices si estás tapándote la boca y llorando al mismo tiempo... y, la verdad, no estoy muy seguro de si estás llorando de verdad o estás riéndote de mí. Así que trata de tranquilizarte y háblame normalmente. ¿Qué vino a pedirte?

Los sollozos (¿las carcajadas?) se calmaron poco a poco, pero Anmael no apartó las manos... sin embargo, su voz se escuchó mucho más clara.

-Exael está muy disgustado con una chica que le ha estado estorbando en sus últimas misiones y le pidió a Tamiel que le ayude, él vino a consultarme sobre la mejor manera de quebrantar un espíritu particularmente fuerte...

Mientras Anmael hablaba, una pequeña arruga vertical entre las cejas de Azrael iba haciéndose cada vez más pronunciada...


Rodorio


Deidre parecía distraída mientras contemplaba el ir y venir de la gente desde una de las ventanas de la casa. Asbeel había estado afuera, vigilando, hasta hacía unos minutos. ¿Por qué la observaba tan atentamente? Sólo era un hada metida a aprendiz de demonio.

Fue por la cercanía de Asbeel más que por ninguna otra cosa que se convenció de que estaba cerca de lograr su objetivo. Si la Sombra la buscaba así, era porque estaba a punto de dar con el Carbunclo.

Había sido una buena idea recurrir a Jabu, el Caballero no podía negarle su ayuda a una dama en desgracia...

Eso le provocó una sonrisa amarga.

Sí, Jabu había prometido ayudarla, pero al hacerlo tenía una expresión tan extraña, una mirada casi desconocida... y sus ojos se oscurecieron tanto que por un instante tuvo la sensación de que eran casi negros. No se había dado cuenta hasta entonces de que los ojos de Jabu cambiaban de color con facilidad, yendo del castaño claro al azul oscuro y viceversa en cuestión de segundos, un bonito detalle...

¿Y por qué, estando tan cerca de lograr su objetivo, por qué se ponía a pensar en cosas como esas cuando debería estar ayudándolo?

Decidida, se levantó con intención de ir al Santuario para encontrarse con Jabu y preguntarle si había habido suerte.

O tal vez mejor no le preguntaría nada sobre el Carbunclo, nada más lo invitaría a una malteada o algo y le pediría que le contara alguna anécdota interesante.

Eso también sonaba como un buen proyecto.


El Santuario


-¿Hacia dónde es que vamos, Jabu? –preguntó Ana.

-No sé a dónde irán ustedes.

Habían llegado al anfiteatro y Jabu subía con paso veloz las gradas que conducían al trono del Patriarca.

-¿No confías en nosotros, amigo? –dijo Cipriano.

-¿"Amigo", dices? –Jabu se detuvo frente al trono y los miró por encima del hombro-. Es curioso, pensé que no tenía amigos en este sitio.

-Oye, me ofendes. Nosotros tres somos tus amigos.

-Gracias. Es bueno escuchar algo así por una vez en la vida.

-¿No vas a decirnos qué es lo que te ocurre?

-A mí... pues no me pasa mucho que digamos. Esto debería ser algo completamente normal... sólo que no me lo esperaba... llegó de golpe...

-¿La adolescencia? –preguntó Jenny.

Jabu sacudió la cabeza.

-Ojalá... Ustedes son los expertos por aquí en historia de la Orden, ¿no es cierto?

-Algo hemos estudiado al respecto.

-¿Qué me pueden contar sobre los caballeros que han usado la armadura de Unicornio?


Lilith miró de reojo a Asbeel, que había llegado a hablar con ella, pero con la excusa de informar a Saori sobre las investigaciones de la policía con respecto al antiguo Patriarca del Santuario. Saori se había negado a recibirlo (tal y como él esperaba), pasándole el problema a su consejera.

-¿Continuaste vigilando a Deidre como te lo ordené?

-Así lo hice. Efectivamente se trata de una descendiente de Bosque y Lluvia...

Los tres amigos se miraron desconcertados entre sí, pero Jabu estaba esperando una respuesta y Ana tomó la palabra.

-El primer Caballero de Unicornio llegó al Santuario en 1517. Se hacía llamar Licorne sin aclarar si ese era su nombre, su apellido o su título como Caballero. Se ignora la fecha de su nacimiento, su lugar de origen, su lugar de entrenamiento y el nombre de su maestro, aunque por el uso de la palabra "Licorne" ("Unicornio") podría pensarse que era de origen francés. Hubo rumores de que había sido entrenado por la misma Atenea, algunos afirmaban incluso que no había sido entrenado sino creado por la diosa.

-Era una persona extraña –continuó Jenny-, no hablaba casi con los demás caballeros, no participaba en las ceremonias y al parecer estaba dispensado de reverenciar a Atenea. Se sabe que el Patriarca de aquella época trató de hablar con la diosa al respecto y ella le respondió algo así como "Está desorientado, el cambio fue muy brusco, pero cuando comprenda lo que he hecho por él, demostrará su agradecimiento como es debido". Los demás lo consideraban una persona huraña, reaccionaba casi con violencia si alguien lo tocaba, aunque fuera por casualidad... hay un dato en el diario del entonces caballero de Virgo, comentando que Licorne parecía estar en la Orden contra su voluntad.

-La armadura original de Monoceros no era muy distinta de la que utilizaste tú, pero Licorne le añadió un detalle. Al unirse a la Orden hizo que le fuera colocado a la armadura un rubí, a la altura del corazón. Se dice que era una piedra mágica, pero no se aclara en ninguno de los registros en qué consistía esa magia –dijo Cipriano.

-Licorne tuvo oportunidad de probar su valor en 1520, durante la Guerra Sagrada entre Ares y Atenea. Realizó verdaderas hazañas de valor y fue uno de los diez caballeros que Atenea envió al Hades a perseguir a Ares cuando se refugió en el reino de su tío. Eso le valió ser uno de los caballeros contra los que Hades juró una venganza especial. Se dice que su muerte fue terrible, pero no se aclara cómo sucedió. Sólo se sabe con seguridad que confió el rubí de su armadura a Phillippe de Pegaso antes de morir, pidiendo que fuera dado a guardar al Patriarca –dijo Ana.

-Doce años después el Patriarca entregó el rubí al siguiente Caballero de Unicornio, quien, casualmente, era pariente de Licorne y llevaba el mismo nombre. Sin embargo, el segundo Caballero de Unicornio no hizo colocar el rubí en la armadura y tampoco se sirvió de él. Según se cuenta, afirmó una vez que sólo una Guerra Sagrada podría obligarlo a valerse de la gema –dijo Jenny.

-Y, efectivamente, ninguno de sus sucesores utilizó el rubí, hasta el siglo XVIII, cuando Evandro de Unicornio lo hizo colocar de nuevo en la armadura... en 1743 se inició la Guerra Sagrada entre Hades y Atenea. Evandro murió justo aquí en una de las primeras batallas, cuando los Masei de Hades lograron abrirse paso hasta el interior del Santuario. Se desconoce qué sucedió con el rubí, aunque algunos afirman que fue destruido o llevado al Hades. No ha habido nada más que pueda destacarse de los siguientes caballeros de Unicornio, excepto que ha habido uno en cada generación de caballeros desde 1517 hasta que tú aceptaste la armadura de Escorpión –concluyó Cipriano.

-Eso contradice un poco lo que me habían dicho... a menos que él estuviera tomando a todos los unicornios como uno solo... ¿Seguros de que no había algo más? Un dato trivial...


-Bosque, y Lluvia. Los protectores del Unicornio... ¿Crees que Deidre vino aquí a buscar el Carbunclo?

-Positivamente. De otra manera no puedo explicar el que haya hecho amistad precisamente con Jabu... Si ellos encuentran el Carbunclo, hay un 50% de posibilidades de que Unicornio vuelva a la vida a través de su descendiente tan pronto como éste toque el rubí.

-¿Y el otro 50%?

-Unicornio podría despertar unos pocos días después del primer contacto. Pero lo que es definitivo es que despertará.

-Hay que evitarlo a toda costa –exclamó Lilith-. Nada se esconde de la mirada de un unicornio y con todos los problemas que tengo ahora no puedo permitirme el lujo de que Unicornio abra los ojos y empiece a ver verdades ocultas. ¡Ya fue bastante difícil enviar lejos a Ten y Sora!

-Bueno, sí, hay algo más, pero no parece muy importante, aunque el Maestro Shion lo mencionaba varias veces en su diario... –dijo Ana.

-¿Qué cosa? –preguntó Cipriano.

-Bueno, es que como Shion tuvo oportunidad de ver varias generaciones de caballeros de Unicornio, había algo que le llamaba la atención... Antes de Jabu todos los caballeros de Unicornio, absolutamente todos, han tenido los ojos negros. Jabu es la única excepción. Y ahora que lo pienso, también es el único caballero de Unicornio que ha estado en una Guerra Sagrada y no ha utilizado el rubí.

-Bueno, pero es que el rubí se perdió... ¿Y además cómo iba a saber que existía? –dijo Jenny-. Los datos que encontramos nosotros estaban en la biblioteca privada del Maestro Shion. Aparte de nosotros, creo que sólo Saga leyó alguna vez al respecto.

-No puede decirse que yo haya participado realmente en las últimas guerras sagradas. Lo que hice siempre fue hacerme a un lado y cederle el paso a las personas competentes... Creo que no lo leyeron todo –dijo Jabu, que estaba examinando las grietas en la base del trono.

-¿Ah, no?

-Olvidaron, o no encontraron, un detalle más que está en el diario de Shion... él estuvo junto a Evandro de Unicornio mientras éste agonizaba a los pies de este trono y supo dónde había ido a parar el rubí. Saga lo leyó en el diario de Shion y me lo dijo a mí...

-¡¿SAGA? –exclamaron los otros tres.

Jabu los miró divertido. Todavía tenía los ojos enrojecidos, pero al menos había recuperado la sonrisa.

-Su fantasma, más bien.

Finalmente, Jabu encontró la grieta que buscaba y sacó un pequeño envoltorio que quizá alguna vez fue un pañuelo de lino, pero que ahora era una red casi desintegrada de hilos sin color reconocible, más polvo que tela... y dentro de eso había algo duro que captó la luz del sol por primera vez en siglos y devolvió un destello purísimo. Un rubí.

-¿Ese... ese es el rubí? –preguntó Jenny.

-Es un rubí. El rubí que adornaba la armadura de Unicornio durante las Guerras Sagradas, como una muestra de dolor por parte de los descendientes de Licorne por tener que traicionar sus ideales luchando como guerreros.

-¿Qué?

-Así como lo oyes. Una lágrima de sangre sobre el corazón, eso es lo que representa este rubí para los Caballeros de Unicornio, y por eso sólo era utilizado cuando Atenea les ordenaba entrar en combate.

Jabu terminó de sacudirle el polvo al rubí y se lo guardó en la bolsa de la camisa, los demás tuvieron una sensación extraña, esa era más o menos la posición que tendría que ocupar el rubí en la armadura de Unicornio...

-¿Que tengo que reportarme con Saori y Lilith, me dijeron?


-Y los unicornios además tienen una habilidad especial para expulsar demonios –añadió Asbeel-, eso nos traería muchos problemas. ¿Puedo sugerir una solución definitiva?

-No.

-Puedo hacer que parezca un accidente.

-Una muerte en este momento, por muy accidental que fuera, alteraría a Saori y podría romper todo lo que he estado tejiendo a su alrededor. Ya sabes, podría ponerse a pensar en todo lo que han significado sus caballeros para ella y podría querer reconciliarse con los demás. No, no conviene matarlo... Pero Jabu aún tiene los ojos azules... eso significa que no conoce su herencia... ¿qué se sabe de su familia?

-Los registros no están actualizados, eso tenía que haberlo hecho Anmael...

-Anmael está ocupado de momento con otro encargo que le hice.

-Bueno, lo más reciente que tengo es que la madre murió y que el padre vive en Japón.

-Hum. Te diré qué vamos a hacer. Yo me encargo de sacar a Jabu del Santuario y mantenerlo vigilado para que no encuentre el Carbunclo y tú irás a Japón. Busca al padre.

-¿Y cuando lo encuentre?

-Aplica una solución definitiva a ese problema.

Asbeel hizo una reverencia y estaba a punto de retirarse, pero miró una última vez a Lilith.

-¿Y si a pesar de todo el Unicornio despertara?

Lilith hizo un gesto de impaciencia.

-Pues entonces enviaremos a Anmael a una cacería de unicornios.

Eso hizo sonreír a Asbeel.


El Vaticano


Seiya examinó el papel en el que había anotado la dirección señalada por Vanessa y luego miró de nuevo la casa que estaba frente a él, al otro lado de la calle. Sí, ese era el lugar.

Cruzó la calle sintiéndose algo tranquilizado después de un viaje tan largo y lleno de inquietudes. Si había algo que podía causarle angustia era el tener que esperar. No le molestaba si tenía que correr hasta su destino, pero las horas en el avión, y luego el recorrido en taxi desde el aeropuerto habían sido suficientes como para ponerle los nervios de punta. Había sido un viaje, sí, había estado en movimiento trasladándose de un lugar a otro, sí, pero había sido un viaje pasivo durante el cual sólo podía mirar su reloj y sentir que se ahogaba dentro de esos vehículos tan cerrados.

¿En qué momento había dejado de parecerle soportable la idea de permanecer en un sitio cerrado? No podía recordarlo, pero debía relacionarse con todo el tiempo que pasaba al aire libre.

En todo caso, no pudo meditar mucho al respecto, al ir acercándose a la casa, descubrió que había dos personas en el portal de entrada. Una mujer pelirroja y otra de cabello verde.

-¡SHEENA, MARIN! –exclamó.

-Hola, Seiya –saludó la pelirroja.

-Pero... pero ¿qué haces tú aquí? ¡Medio Santuario se ha vuelto loco buscándote!

-¿Ah, sí? Bueno, no tardaremos mucho en regresar.

Era evidente que no iba a recibir una explicación, así que no preguntó más.

-¿Y tú, qué haces aquí? –preguntó Sheena.

-Busco al Maestro Keres...

-Está ahí dentro, pero yo que tú no entraría hasta dentro de un rato –señaló Sheena.

-¿Y eso por qué?

-Por la razón por la que nosotras nos salimos... es muy incómodo estar en medio de una discusión familiar.

-¡Esto es una locura! –gritó Rafael, sin la menor esperanza de que alguien fuera a escucharlo. Azrael lo miró y por un momento pareció que estaba a punto de decir algo, pero en ese momento alguien contestó el teléfono en la agencia de viajes con la que estaba tratando de comunicarse y se concentró en otras cosas. Rafael buscó a Miguel con la mirada-. ¡Dile algo, Miguel! ¿Vas a dejar que se vaya así como así?

-Por lo que a mí respecta, puede hacer lo que le dé la regalada gana –refunfuñó Miguel-. Aquí todos sabemos que mi opinión no vale nada para monsieur Azrael.

Azrael no se dio por aludido.

Anmael se mordió el labio inferior y empezó a trenzar y destrenzar un mechón de su cabello. Sólo Raziel permanecía en silencio mientras Azrael hablaba por teléfono y los demás discutían sobre si alguien debía o no acompañarlo a la Isla de la Reina Muerte, para tratar de proteger a la chica que Tamiel pretendía secuestrar.

Aunque en un principio los siete Ángeles habían estado de acuerdo en investigar a los guerreros del Zodiaco Chino, la verdad es que algunos de ellos pensaban que su verdadera prioridad era Lilith y no la leyenda perdida que no tenía relación alguna con los Primordiales, excepto porque éstos habían jurado a Yu Huang proteger a los guerreros. Pero era la palabra de la Primera Generación, no se relacionaba con ellos, que pertenecían a la Séptima y no habían sido llamados para prestar ese juramento. Aún así, Azrael parecía sentirse obligado a evitar que la chica sufriera algún daño, por su doble condición de Ángel y Patriarca, pero eso justamente sólo servía para irritar más a Miguel, que no encajaba muy bien el que su hermano tomara disposiciones como esas sin molestarse en consultarle primero.

Y además, la noticia del posible secuestro venía de parte de Anmael. Ya Gabriel lo había señalado muy bien: ¿y si ese asunto era una trampa para atrapar a Azrael o quizá a todos? Pero Azrael no escuchaba a nadie más que a sí mismo.

Anmael solo observaba y escuchaba, sintiéndose más incómodo por momentos. Esperaba que Azrael lo llevara consigo, ya que no sería propio de él dejarlo en manos de los otros Ángeles, sabiendo que se llevaban como perros y gatos, pero si los demás preferían conservarlo con ellos en calidad de rehén y a él llegaba a parecerle una buena idea... si algo le sucediera a Azrael en la isla, la culpa (y la venganza) recaería sobre Anmael, ya fuera que lo acompañara o no... pero sería mejor acompañarlo... por su propia seguridad.

Y con todos discutiendo a gritos, le era imposible escuchar lo que hablaba Azrael con la gente de la agencia de viajes, así que no podía adivinar si había decidido o no que lo acompañara... eso estaba crispándole los nervios.

¿Tamiel se había referido a su situación como "unas vacaciones"?

Definitivamente Tamiel era un idiota.


El Santuario


Vega terminó de guardar en una caja las últimas cosas de Misha que quedaban en la habitación que el muchacho había ocupado durante los últimos años. Había aprovechado que Hyoga estaba en la Casa de Libra, conversando con Shiryu, para llevar a cabo esa tarea. El Caballero de Acuario había encajado muy mal las revelaciones del joven que había resultado ser su primo y no quería remover la herida pidiéndole que la ayudara a guardarlo todo.

No necesitaba ningún don especial para darse cuenta de que la ausencia de Misha sería larga. De repente se había dado cuenta de que le dolía tanto como le habría dolido saber que un hijo suyo se marchaba así, sin despedirse siquiera. Como un hijo, sí, esa era la palabra.

Teniendo ya el nombre completo de Misha, había podido localizar al resto de la familia Bratsk. Había hablado por teléfono con un anciano de voz firme y una dama dulce y encantadora, al fondo se escuchaban risas y voces que cantaban en ruso, los primos del abuelo de Hyoga, o tal vez los hijos o nietos de éstos. Había sido difícil entender a la madre de Misha, ya que la dama era originaria de Moscú, no de Siberia, y el acento al que Lyra estaba acostumbrada, el acento de Hyoga y Misha, era bastante diferente. Pero habían hablado durante mucho rato acerca de sus familias, ahora eran amigas como si se conocieran de toda la vida.

A la primera oportunidad había que convencer a Hyoga de ir a visitarlos. El abuelo estaba ansioso de ver a su nieto... Pero primero había que resolver las dificultades del Santuario.

Mientras cerraba con llave la habitación, cayó en la cuenta de que no había revisado las últimas solicitudes de salida del Santuario. Eran muchos los que querían salir de ahí y nadie estaba recibiendo permiso de hacerlo.

El disgusto flotaba en el aire, como un mal presentimiento.

Habría que comentárselo a Saori, con mucho tacto, cuando pudiera encontrarla sola.

No había ninguna razón para que Atenea los retuviera a todos como prisioneros ahí... Es decir, para que Lilith los retuviera a todos como prisioneros.


Londres


Shun se despidió de Andy y Terry en la puerta de su habitación del hotel y entró, suspirando aliviado. Había sido una verdadera fortuna poder escapar del colegio antes de ser notados y ahora los chicos solo iban a recoger sus cosas y a Ginsei para ir al colegio "oficialmente". No podía negar que le tranquilizaba bastante el no haber tenido que probarlos a los dos en un combate auténtico, pero a la vez estaba muy preocupado. Algo grande había sucedido, pero no podía averiguar de qué se trataba...

-Hola, cielo –saludó Esmeralda.

-Esme-chan... ¡¿Oye, pero qué estás haciendo aquí?

La joven tenía un par de camisas en las manos y le sonrió con dulzura mientras les buscaba acomodo en el ropero.

-Bueno, pues estaba desempacando...

-Oh... Debo haberme equivocado de habitación, en la recepción dijeron que esta era mi llave... ¡Un momento, esa es mi ropa!

-Pues claro, y sí es tu habitación, la mía es la del frente, vine a ayudarte a desempacar.

-No tenías que molestarte –dijo él, cerrando la maleta, con aire avergonzado.

-Por Dios, Shun –replicó ella, sacando más ropa de la otra maleta, que estaba fuera del alcance de Shun-. Ya sabes que tengo un hermano, para mí no es ninguna novedad ayudar a un chico a guardar su ropa. Y si todos los hombres se parecen, realmente te vendrá bien que alguien te ayude a ordenar...

-Pero...

-¿Qué es esto?

Esmeralda había encontrado una pequeña caja de sándalo entre unos pañuelos y un par de libros.

-¿Eso? No es na...

Esmeralda sonrió y abrió la caja, dentro había un collar de lapislázuli y granate que la dejó boquiabierta por un instante.

-Es muy bonito... aunque las piezas son un poco grandes para mi gusto... –murmuró-. ¿Era de June?

-No –Shun, ya resignado, estaba terminando de desempacar-. Fue algo que sucedió en la batalla de las Doce Casas. Se enredó en una de las cadenas de Andrómeda y nunca pude devolvérselo a su dueño... creo que era de Saga, aunque nunca pude confirmarlo.

-Curioso, no pensé que un servidor de Atenea usara algo así...

-¿Por qué lo dices?

Ella le señaló dos piezas que, junto con una perla, formaban el centro del collar y eran las únicas que tenían algo grabado, las demás solamente estaban pulidas.

-Las perlas significan lágrimas. En la pieza de lapislázuli está la imagen de un pavo real, emblema de la diosa Hera, y en la pieza de granate está la imagen de un trípode y un fuego encendido, el emblema de Hestia... o quizá de la diosa romana Vesta, que era su equivalente.

-Mmm –Shun examinó el collar con atención-. Nunca lo había notado. Cuando todo eso terminó estábamos demasiado ocupados con otras cosas y sólo lo guardé en la caja...

-Pero viajas con el collar.

-No sé por qué lo metí en la maleta. Quién sabe en qué estaría pensando.

Esmeralda estuvo tentada a hablarle de la legendaria capacidad de los Caballeros de Virgo para sentir la dirección que tomaría la corriente de la historia y de cómo se podía incrementar su intuición por la sola presencia de una descendiente de los Primordiales. También estuvo a punto de decirle que el dolor que encerraba ese collar era casi palpable y que lo había afectado a él de alguna manera durante el tiempo que lo había conservado, pero decidió que no valía la pena preocuparlo con los efectos colaterales de una pena que no le correspondía a ninguno de los dos. El collar, por lo visto, buscaba a su dueño y eso era lo que había impulsado a Shun a meterlo en la maleta, pues bien, cuando apareciera el dueño, se lo entregaría y eso sería todo.


Isla de la Reina Muerte


Fénix supo que algo andaba mal desde que notó lo silencioso que estaba todo. Empuñó cuidadosamente la caña de pescar, lista para usarla como arma si fuera necesario, y examinó los alrededores con desconfianza.

Una risa burlona que parecía venir de todas partes le confirmó que estaba en serios problemas.

Ismael estaba ayudando a arreglar unas redes cuando tuvo el presentimiento de que alguien cercano a él tenía problemas. Como las únicas personas cercanas en su vida habían sido sus padres adoptivos, ya muertos, y los otros guerreros del Zodiaco Chino, asumió que debía ser Fénix quien estaba en alguna dificultad.

Ikki lo vio soltar las redes y alejarse con paso apresurado y lo alcanzó. Ninguno de los dos dijo nada, no hacía falta que se pusieran de acuerdo.

Cuando llegaron a la parte de la playa donde Fénix había prometido pescar el almuerzo, encontraron sólo la caña.


El Santuario


Jabu frunció el ceño, cosa que ya se le estaba haciendo costumbre y que por lo general irritaba mucho a Saori. Había llegado a su oficina, ciertamente, pero solo después de que Lilith hubiera puesto a medio Santuario a localizarlo. Y había llegado acompañado por Piscis Austrinus y Doradus, que no eran precisamente los primeros en la simpatía de la diosa. Y, para terminarla de arreglar, no había puesto atención a lo que ella quería decir, porque luego de saludar simplemente le soltó a quemarropa que solicitaba su permiso para salir del Santuario.

-¿Vas a dejarme sola y sin quien me ayude? –reclamó airada.

-En realidad lo que quería era avisarte que saldré para Japón mañana temprano. Necesito localizar a alguien que...

-De ninguna manera –interrumpió Lilith.

Jabu no se dignó a mirarla y continuó hablando.

-Se trata de mi padrastro. Tengo que hablar con él y pensé que es posible que aún viva en Japón...

Lilith dio un respingo y se apresuró a interrumpirle. ¡Asbeel la había prevenido justo a tiempo! No podía darse el lujo de aceptar que Saori le diera permiso a Jabu de reunirse con su padrastro.

-Tú vienes conmigo a Inglaterra, y ya no se hable más. Realmente necesito que me acompañes –dijo Lilith.

-¿Por qué no te vas al infierno, mejor? –estalló Jabu-. ¡Estoy tratando de localizar a mi familia!

-Un caballero de Atenea no tiene más familia que la Orden misma –dijo Saori, cortando de golpe lo que estaba a punto de ser una pelea con todas las de la ley-. Acompañarás a Lilith a Inglaterra. Cuando hayan cumplido con su trabajo, entonces hablaremos de ese viaje a Japón.

-¿Pero por qué yo? –todavía protestó Jabu-. No son asuntos del Santuario lo que quieres que tratemos ahí, sino de las Empresas Kido. ¿Por qué alguien que no tiene más familia que la Orden misma va a estar en la obligación de atender negocios ajenos a la Orden? Si hay problemas administrativos, que la acompañe Tatsumi.

-Desgraciadamente –suspiró Lilith-. Ya hace años que va siendo tiempo de que Tatsumi se retire. Y da la casualidad de que tú conoces el funcionamiento del negocio. ¿O es que me han informado mal y no eres tú uno de los miembros del Club Disney que llevan cinco años realizando el trabajo de Tatsumi a escondidas de Saori?

Jabu se puso blanco y luego se mordió el labio inferior. ¿Cómo se había enterado? ¡Tatsumi había jurado no decir ni una palabra! Después de todo, era una humillación demasiado grande para el anciano el haber tenido que pedirle ayuda cuando la labor de administrar las Empresas y el Santuario al mismo tiempo había probado ser demasiado pesada para un hombre de su edad. En efecto, desde hacía cinco años la única función de Tatsumi en las Empresas del abuelo de Saori se limitaba a poner su firma en las disposiciones que habían tomado Shiryu, Shun y Jabu. Y ahora Lilith revelaba el secreto en la misma cara de Saori...

Y encima se atrevía a referirse a ellos como "el Club Disney", aludiendo a una serie de bromas pesadas que ellos tres (y algunos más) le habían gastado unos años antes, cuando aún no era la persona más influyente del Santuario. En aquel entonces nadie había sabido quiénes eran los bromistas, que pasaron a la historia como un misterio más entre los muchos que cobijaba el Santuario (y "una travesura del Club Disney" era la frase habitual para referirse a un golpe que no se sabía de dónde había venido)... pero todo parecía indicar que Lilith estaba enterada al menos de su identidad... y quizá también de las de sus cómplices.

-Tatsumi no sabe mentir –dijo Saori, un poco divertida con el cambio de colores del Caballero de Escorpión-. Lo supe desde el principio, porque tu estilo de redacción es completamente diferente al de Tatsumi y todos sabemos que él nunca ha aceptado que nadie redacte nada en su lugar y jamás firmaba nada que no hubiera sido escrito por él mismo. Así que lo primero que pensé fue que alguien estaba falsificando su firma, pero resultó ser auténtica... Jabu, amigo, puede parecer que no presto atención a los negocios, pero puedo asegurarte que no tengo un pelo de tonta.

-¿Y por qué no dijiste nada? –reclamó Jabu, que ya había recuperado el aplomo suficiente como para empezar a enfurecerse. Por lo visto, Saori pensaba (o fingía creer) que él era el único. ¿Así que su estilo de redacción era diferente al de Tatsumi? Pase, pero tampoco se parecía al de los otros dos...

-Porque eres mucho mejor administrador que Tatsumi. Así que hagámoslo oficial –sonrió Saori-. El empleo es tuyo. Ahora, retírense los dos. Los quiero mañana en Inglaterra y resuélvanme esa transacción con las Empresas Solo tan bien como si yo misma me encargara de todo.

-Eso sería un desastre que nos llevaría a la quiebra –gruñó Jabu.

Esta vez fue Saori quien frunció el ceño.

-Te estás volviendo tan insolente como Seiya, limítate a cumplir con mis órdenes.

Jabu hizo una reverencia y se marchó.

Ana, Jenny y Cipriano intercambiaron una mirada y se apresuraron a alcanzarlo.

-¡Espera, Jabu!

-¿Qué ocurre?

-¿De casualidad no necesitas un ayudante? –preguntó Ana.

-¿O, mejor dicho, tres? –completó Jenny.

-¿Tan desesperados están por salir de aquí que serían capaces de trabajar para lograrlo?

-Saori tiene razón: pasas demasiado tiempo con Seiya... Pero es verdad. Seríamos capaces de trabajar con tal de que nos dejes acompañarte a Inglaterra. Hay un pequeño conflicto ahí que debemos resolver.

Jabu los estudió por unos segundos.

-Les diré qué: uno de ustedes irá conmigo a Inglaterra si los otros dos aceptan hacerme un favor en Japón...


Colegio San Pablo


Ginsei paseaba por los jardines del colegio. En su primer día de clases, había sido la primera en estar lista y no le había quedado más que esperar a que los otros aprendices se dignaran reunirse con ella para ir a desayunar todos juntos.

Por un momento realmente había extrañado a Misha, él hubiera hecho que todos llegaran a tiempo, pero tampoco podía quejarse, aún era muy temprano y además la mayoría estaban agotados por la batalla de la víspera.

Era realmente una desdicha que a ella no la hubieran dejado participar, o tal vez había sido una gran fortuna. Conociéndose como se conocía, podía afirmar que sólo habría hecho el ridículo.

Sacando la pieza de marfil, se internó por una arboleda con la intención de tallar un poco más la figura mientras esperaba... mala suerte, había olvidado la gubia en la habitación. Sólo le quedaba caminar un rato más.

Había varios bancos de piedra a la sombra de aquellos árboles, y en uno de ellos, para sorpresa suya, había un muchacho profundamente dormido.

El saco de su uniforme estaba cuidadosamente doblado para servirle de almohada y unos cuantos libros y cuadernos descansaban al pie del banco. Ginsei se detuvo junto a él, preguntándose si debía despertarlo, quizá él también estaba por entrar a clases. Mientras dudada, el muchacho se encargó de resolver el problema despertando por sí solo.

-¿Qué miras? –preguntó con un bostezo.

-¿Yo? Uh... nada...

-¡Oh, ratas! ¡No me digas que me volví invisible otra vez!

-¿Eh? ¿Invisible? No, claro que no...

-¿Entonces, no me estabas mirando a mí?

-Oye, yo... –Ginsei buscó con desesperación algo inteligente qué decir, y no encontró nada-. ¿Es normal para ti dormir en los bancos?

-Sólo cuando estoy medio muerto de cansancio. Además, mi compañero de habitación ronca.

El muchacho se sentó, miró su reloj y se puso el saco con toda parsimonia, para luego recoger sus libros y mirar a Ginsei de un modo particular. Una mirada no demasiado directa, pero que parecía abarcarla completamente, eso la hizo sentirse incómoda, pero al mismo tiempo tuvo la impresión de que ya lo conocía.

-¿Nos habíamos visto antes, de casualidad? –preguntó ella, lo más educadamente que pudo-. Mi nombre es Ginsei Kido y llegué ayer de Grecia.

-Jamás nos hemos visto en esta vida, ni en ninguna de las anteriores. Esta es la primera vez que tú existes y aunque mi alma es muy antigua, jamás he pasado mucho tiempo en Grecia.

¿Era alguna especie de broma o aún estaba medio dormido? Y sin embargo, le resultaba tan familiar...

-¿Pero has estado en Grecia alguna vez?

-Ahí nací. Nada más. He crecido en otros lugares.

El muchacho se levantó y volvió a dirigirle esa mirada extraña.

-Mi nombre es Braulio, que significa "Espada de fuego", por eso mi emblema como Caballero de Némesis es una espada... una espada y tres círculos que representan los tres reinos: cielo, tierra e infierno. Yo elegí la espada, pero las Triadas me asignaron además los tres círculos, supongo que es alguna especie de broma de parte suya, por mi habilidad particular de moverme por esas tres dimensiones sin pertenecer realmente a ninguna. Pero con lo que te he dicho, debería bastar para que me conocieras bien. La espada es de doble filo y atraviesa los tres círculos, dividiendo pero unificando a la vez, por eso se decidió que a mí me correspondería el papel de decirte verdades dolorosas, de la misma manera que Némesis es la parte de la Justicia que debe encargarse de la venganza contra los criminales y de los reveses de fortuna para los que son demasiado felices, a fin de convertirlos en personas mejores. Puedes decir que represento al mal que ocurre para bien. Así que, por favor, no me juzgues demasiado aprisa, te equivocarás si lo haces y eso sería problemático para todos.

Ginsei estaba cada vez más desconcertada, pero él seguía hablando sin inmutarse.

-Y tú eres la hija de la actual reencarnación de Atenea, pero aún no posees ningún emblema, a menos que quieras usar los de tu madre. Algún día serás la Amazona Dorada de Géminis y ese es un título que quizá sepas llevar con más dignidad que el que ostentas ahora, de princesa del Santuario. Me alegra haberte conocido ahora, que aún eres un ser humano como los demás.

Dicho eso, Braulio empezó a alejarse. Ginsei se quedó paralizada por un momento y luego corrió tras él.

-¿Qué quieres decir con eso de "un ser humano como los demás"?

-¿Qué diferencia a los Caballeros de Atenea del resto de los mortales?

-... El dominio del Cosmos, un caballero de Atenea posee un alto grado de desarrollo en su sexto sentido, y es capaz de alcanzar el séptimo y el octavo.

-Y, eventualmente, el noveno, con lo que su parte mortal dejaría de existir y se haría merecedor de la inmortalidad, como los antiguos dioses de Grecia. Tú aún no logras despertar siquiera tu sexto sentido, eso aún te permite ser humana. Cuando llegues al séptimo, las cosas podrían cambiar.

-¿Por qué habrían de cambiar?

-Porque el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe en forma absoluta. El día menos pensado tendrás que repetir eso en presencia de Atenea.

Aún sin comprender nada, Ginsei empezó a sentir una corriente de furia.

-¿Por qué hablas así de mi madre? ¡Ella es la sabiduría encarnada!

-De nada sirve la sabiduría sola. Cuando al intelecto se le deja solo, sus errores son mucho peores que los de la ignorancia.

La chica respiró hondo, sin darse cuenta de que estaba apretando los puños, ni de que Braulio podía percibir un leve resplandor plateado que empezaba a rodearla.

-¿Esas son las verdades amargas que quieres decirme?

-Una parte de ellas. Lo segundo que debo decirte, de parte del hermano de tu madre, es una advertencia...

-Mi madre no tiene hermanos...

-Tiene más de los que imaginas. Pero me refiero al único de ellos que ha sido su gemelo alguna vez. Cuando se lo menciones, ella te lo explicará... espero. En fin, tu tío desea que te haga saber que pesa una maldición sobre los descendientes de Zeus...

-La maldición de Urano, ya la conozco. El hijo que será más poderoso que el padre y destronará al rey de los dioses...

-En la generación de Atenea ese peligro fue conjurado al desterrar al dios que debía destronar a Zeus. Ahora, tú formas parte de la siguiente generación de descendientes de Zeus...

-¿Quieres decir que yo podría ser la que destronara al rey del Olimpo? ¿Estás bromeando?

-También pudiera ser que Némesis regresara de su destierro. O tal vez pudiera ser que cualquiera de los muchos descendientes de tu abuelo que rondan por esta Tierra se encargue de cumplir ese papel, pero es algo que es mejor que lo sepas y que estés advertida al respecto, si vas a ser tú quien lidere algún día a la Orden de Atenea. La tentación del poder será muy grande cuando seas Amazona. Y también tendrás que estar alerta por si alguno de los que comparten tu sangre cae en esa tentación. Hay otros hermanos de tu madre que podrán confirmar lo que te digo.

-No me gusta oír estas cosas.

-Sin embargo eres tú la que me sigue. ¿Tu intuición te dice que debes prestarle atención este desconocido?

Era una posibilidad.

-Ha de ser mi sexto sentido –replicó ella, burlona.

Braulio sonrió.

-Quizá. Pero ya casi es hora de ir a desayunar y mis hermanos me esperan. Fue un placer hablar contigo.

-Un momento, por favor. ¿Nos encontraremos de nuevo?

-Eventualmente.

-¿Y cuál es tu apellido, Braulio?

-Seadragon. Braulio Seadragon, a sus órdenes, princesa Ginsei.

-Solo Ginsei, hasta tener un título mejor.

Eso hizo que la sonrisa del muchacho fuera más amplia.

-Ese es el espíritu –dijo con aprobación.

Ginsei corrió a reunirse con los otros aprendices. Mientras se dirigían al comedor, recordó que aún tenía la pieza de marfil en la mano.

Al abrir la mano, descubrió que ya no tenía un trozo informe de marfil. Era algo que parecía una medalla, cuyo borde estaba adornado con ramas de olivo encerrando la figura de la Niké de Atenea, que a su vez tenía una estrella en el centro.

La contempló durante largo rato y luego se la guardó en un bolsillo sin comentarlo con nadie.

Su cosmos de alguna manera se había activado (¿por la ira que había sentido en algún momento, por la sola presencia de Braulio o porque ya era el momento adecuado?) y había esculpido el marfil de acuerdo con la personalidad de su dueña.

Ginsei tenía un emblema.


El Santuario


Afrodita vio pasar a Saori, pero no hizo ningún movimiento para alcanzarla. El fantasma sabía de sobra que no sería bien recibido, así que continuó su propio camino.

No era que necesitara caminar para ir de un lado al otro del Santuario, pero tampoco tenía nada mejor que hacer y en los últimos días, con Saga tan absorbido por su misión y el resto de los fantasmas negándose a dirigirle la palabra, se había dedicado a disfrutar de esa nueva e inesperada libertad.

Tampoco podía decirse que fuera muy libre, ahora, al igual que Saga, estaba confinado a los límites del Santuario, pero eso era un mundo mucho más amplio (al menos físicamente) que el que le ofrecían la armadura de Piscis y su sola imaginación.

Verena había resultado ser una chica encantadora, y Chandra era muy simpática también, pero ninguna de las dos era muy dada a conversar con fantasmas, sobre todo porque se suponía que las dos estaban muy ocupadas buscando la manera de exorcizarlo, así que era mejor no molestarlas, no fuera que luego tuvieran problemas con Saori por fraternizar con el enemigo.

Saga estaba más ocupado que cuando vivía, Sheena y Marin estaban ausentes, y el Santuario estaba repleto de caras nuevas. No quedaba ni uno solo de sus antiguos amigos, y no podía decir que hubiesen sido muchos alguna vez. Quizá era mejor, de todos modos, nunca había gozado de muy buena fama y si quería hacer nuevas amistades sería mejor no empezar con "Hola, soy Afrodita de Piscis, me llamaban 'el Caballero de la Belleza' y era el sujeto de confianza de Saga cuando estaba poseído por Ares. Yo lo ayudé a engañar a media Orden durante trece años, asesiné a traición a Albiore de Cefeo y estuve a punto de matar de Shun, ese encantador chiquillo que ahora es Caballero de Virgo... Dime, ¿te gustan las rosas?". Esa era otra cosa, las rosas... era increíble la forma en que habían descuidado su jardín. No quedaba ni rastro de sus rosas de perfume mortal, ni de las rosas pirañas ni las rosas sangrientas, ni nada. La casa de Piscis se había convertido en un yermo que casi le había arrancado las lágrimas cuando la contempló de nuevo después de tanto tiempo... A Marin no se le daba mucho la jardinería y además las rosas le traían malos recuerdos.

Pero la tierra seguía siendo fértil, aunque estaba un poco seca... Solo por probar, trató de activar su cosmos para conjurar una rosa. Había algunos restos de tallos y raíces aquí y allá y tal vez podría revitalizarlos...

El resultado fue satisfactorio a medias. El rosal retoñó, pero no como él esperaba, las ramas, las hojas, hasta las espinas tenían una apariencia extraña, no como un rosal real sino como una idealización de un rosal, como si fuera parte de su imaginación y no de su memoria. Y la única rosa que consiguió era traslúcida... como un fantasma.

"Bueno, no sé ni por qué me sorprendo. ¿Qué más puede conseguir un espectro, aparte de rosas espectrales?" Murmuró con resignación.

-A mí me parece bonita.

Mylagros estuvo a punto de reírse al darse cuenta de que en verdad había asustado a aquel fantasma que ahora la miraba con la expresión de un niño atrapado a la mitad de una travesura. Era poco frecuente que uno de los fantasmas del Santuario hiciera algo más que solo pasar como una sombra y desvanecerse en el aire, ese espectro era casi material, una presencia demasiado cercana como para pasarse por alto...

-Mi nombre es Mylagros de Sculptor, mis amigos me llaman Myly –dijo ella, con una sonrisa.

El fantasma sonrió también.

"Soy Afrodita, antiguo caballero de Piscis."

-Encantada.

"¿Puedo llamarte Myly?"

-¿Por qué no?

"Gracias. ¿Te gustan las rosas, Myly?"


Colegio San Pablo


-¿Tienes un minuto? –preguntó Mitsumasa.

Andy intercambió una mirada con Terry y éste asintió y se adelantó con el resto del grupo.

-¿Qué es lo que deseas, Mitsu-kun?

-Una respuesta.

-¿A qué pregunta?

Mitsumasa se interpuso en el camino de Andy, impidiéndole alcanzar al resto del grupo.

-Andreia, te he hecho una misma pregunta cuatro o cinco veces y siempre me respondes con evasivas. Ahora que ya eres Amazona de Andrómeda y tu posición en el Santuario se ha consolidado, vuelvo a preguntarte...

-No quiero hacerte daño –interrumpió la chica-. He estado tratando de hacértelo entender por todos los medios que conozco...

-Incluyendo el darme celos con Misha.

-¿Celos? Mihail difícilmente sabe que existo. Creo que con él tengo menos oportunidades que Diana Nemo...

-Bueno, me alegro infinitamente de enterarme de que no hay nada entre ustedes dos. Ahora, volviendo a lo nuestro...

-No hay "lo nuestro", perdona que te lo diga con tanta dureza, pero veo que es inútil usar indirectas contigo.

El muchacho se mordió el labio inferior tratando de disimular la fuerza con la que lo había golpeado eso.

-Pronto seré también un Caballero de Atenea y...

-No, no lo serás.

-¿Piensas que no tengo capacidad?

-Tienes la capacidad, pero no la vocación. ¿Has pensado en ser un druida? Serías un druida superior, pero como caballero sólo serías mediocre. Tienes que estar en aquello donde tengas el corazón...

-Pero mi corazón...

-No está en la Orden. Y el mío no está contigo, Mitsu-kun. Tú solo continúas como aprendiz de caballero porque tienes esa loca esperanza de conseguir que yo te haga caso, lo único que puedo decirte es que trates por lo menos de ser fiel a ti mismo. No deseas ser un Caballero de Atenea.

-Bueno, está bien, lo admito. No quiero serlo. ¿Cambia eso la situación? ¿Si te hago caso y renuncio al entrenamiento para empezar mi aprendizaje como druida, me aceptarías? ¿Aceptarías a un servidor de Danna donde rechazas a un servidor de Atenea?

-Tampoco. No es por ti, el problema soy yo, no tú.

-¿Por qué?

El resto del grupo ya estaba muy lejos y Andy empezaba a molestarse realmente. ¿Cómo era posible que un ser humano fuera así de terco?

-Ya que insistes tanto...

El viento sopló con fuerza entonces, revolviendo el cabello de Andy, que ese día lo llevaba suelto. El vendaval arrancó una rama de un árbol, que fue a caer cerca de ambos jóvenes sin que ninguno lo notara.

-Creo que no viviré mucho tiempo –dijo ella por fin.

-... ¿Estás enferma?

-No. Pero es algo que he presentido desde que nació Terry. Él es uno de los cinco Budas, enviado a proteger al sucesor de Hades...

-¿Y ese sucesor eres tú?

-No, pero yo estoy aquí para asegurarme de que él pueda cumplir con su misión. que hay una muerte relacionada con la misión de Amida y no permitiré que sea la muerte de mi hermano.

-¿Estás diciéndome que piensas morir en lugar suyo?

-La misión de Andrómeda es sacrificarse por el bien de los demás.

Mitsumasa la contempló boquiabierto.

-¡Estás loca, Andreia!

El viento se hizo más fuerte y Andy empujó a Mitsumasa a un lado.

-Déjame pasar. Y no, no estoy loca. Cuando estudies con los druidas, pídeles que te enseñen a interpretar los presagios, entonces te darás cuenta.

-¿Cuenta de qué?

Andy volteó a mirarlo sólo por un instante.

-De que el viento murmura "muerte" en los árboles, desde hace mucho tiempo. Y el momento de esa muerte está más cerca con cada latido.

Ella se alejó para alcanzar al grupo y Mitsumasa esperó un poco antes de seguirla. Era cierto lo que ella decía, lo sabía porque él, que sabía también un poco de presagios, había escuchado a un búho pronunciar un nombre unas cuantas noches atrás, dando a saber que esa persona moriría antes de terminar el mes, no había sido el nombre de Andy el que había pronunciado el pájaro.

Pero tampoco iba a decírselo.

¿Quería servir de sacrificio para salvar la vida de alguien? Bien, pues él se encargaría de asegurarse de que Andreia siguiera viva, sana y salva, aunque no quisiera saber de él, o dejaría de llamarse Mitsumasa.


El Santuario


Saori se detuvo en la Casa de Géminis, examinando el lugar con todos sus sentidos. Siempre se había preguntado por qué, habiendo tantos fantasmas en el Santuario, nunca había visto el de su madre. Tampoco ahora logró percibir su presencia, pero un soplo frío al que ya estaba acostumbrada le anunció la llegada de Saga.

"¿A qué debo el honor de esta visita tan inesperada?"

¿Era solo idea suya o Saga le estaba hablando con indiferencia?

-Solo pasaba por aquí.

"Como medio mundo."

Más bien le hablaba con irritación... ¿o era que estaba preocupado por alguna cosa que no quería que ella supiera?

-Saga... ¿qué edad tenías cuando te trajeron al Santuario?

"Dos años. Viví aquí desde entonces."

-¿Y antes?

"En Rodorio, Kanon y yo nacimos en la aldea y ahí fue donde nos dejó mi madre..."

-¿Dónde está ella?

"¿Cómo dices?"

-Su tumba, quiero decir. Nunca he visto su tumba... porque ella murió, ¿verdad? Poco después de que yo naciera...

"El mismo día. Quemamos su cuerpo y esparcimos sus cenizas, ella lo pidió así, para que no hubiera poder sobre la Tierra capaz de hacerla volver de entre los muertos."

-¿Y eso por qué?

"Temía que alguien la utilizara para dañarte después."

-¿Como Ares, por ejemplo?

Saga asintió gravemente.

-Ella pensaba en todo, ¿no es así?

"Demasiado, diría yo."

Saori sonrió con amargura.

-No podía evitarlo, después de todo, era la reencarnación de la primera diosa de la Sabiduría...

"No lo era."

-Tú mismo me dijiste que su nombre era Metis, como la madre de la primera Atenea...

"Ese es el nombre que ha tomado en sus sucesivas encarnaciones, pero en su primera vida se llamaba Hera, diosa del Matrimonio y la Familia"

-Oh, eso lo aclara todo... ¿Por qué no me lo habías dicho antes?

"¿A qué te refieres?"

-Nunca había entendido cómo fue que Ares se apoderó de ti en esta vida. Pero si nuestra madre era la diosa Hera...

"¿Qué hay con ello?"

El fantasma, como siempre que Saori hacía alguna alusión a su parentesco, lucía incómodo, incluso se apartó de ella unos cuantos pasos. Aún así, Saori se armó de valor para continuar.

-En tu primera vida fuiste uno de los Dióscuros, ¿no es cierto?

Saga asintió.

"Fui Pólux, hermano de Cástor, Helena y Clitemnestra, e hijo de Zeus y Leda, quien era esposa de Tíndaro de Esparta. ¿Qué hay con ello?"

-Tú amabas mucho a tu medio hermano...

"Por puro egoísmo. Cástor era el único ser humano capaz de soportar mi mal carácter, si él no hubiera existido, yo hubiera sido un ermitaño..."

-Mentiroso. Me consta que lo querías mucho. Cuando entraste a la Orden, lo único que pediste fue que tu hermano pudiera acompañarte.

"Atenea no lo permitió, ya que Cástor no tenía la sangre de Zeus. Aún así, no nos separamos, aunque él no fuera Caballero de Atenea. Otro dios le brindó su protección y por eso ambos pudimos servirte, hasta que llegó nuestra muerte. Vivimos como hermanos, morimos como hermanos y fuimos sepultados juntos"

-Siempre tuvieron más orgullo del que podía esperarse, Cástor te siguió por su cariño hacia ti y no porque le importaran los ideales de Atenea, fue por eso y no porque no fuera un semidiós el que no lo aceptara entonces, pero eso no podía dejar de despertar su admiración. Así que supliqué una gracia especial para ustedes dos cuando llegó la oportunidad de que reencarnaran por primera vez...

"Que los hermanos que fueron hijos de diferente padre en su primera vida pudieran ser gemelos idénticos en las siguientes... Siempre te lo he agradecido."

-Sí, pero eso fue un error. Atenea quiso hacer un bien y sólo logró lastimarlos a ambos. Manipular su reencarnación permitió que Ares se aprovechara del don de Zeus para tratar de reemplazar con su alma el alma de uno de ustedes. Por eso se apoderó de ti, porque sabía desde antes que nacieras que serías un semidiós y un caballero y que estarías bajo una protección especial por ser hijo de Zeus y... ¡Lo siento tanto, Saga, perdóname!

El fantasma la miró con sorpresa.

"Nunca se me habría ocurrido. Pero no fue tu culpa y además esas cosas ya no tienen importancia."

-De todos modos, necesito tu perdón.

"¿Por qué?"

-No lo sé. Sólo sé que siento un dolor extraño en el alma desde hace algunos días... como si algo malo se aproximara al Santuario. Habrá una muerte en la familia. Y tengo miedo.

"¿De cuándo acá le haces caso a los presagios?"

-Pues…

"Hablemos de otra cosa, ¿quieres? Ginsei se despidió de mí. Dijo que la envías a estudiar fuera. ¿Es cierto?"

-Sí.

"También me dijo que Shun se casa de nuevo…"

Saori sonrió con algo de burla. Era demasiado obvio el esfuerzo de Saga por distraerla de pensamientos tristes. El chismorreo nunca se le había dado bien a ninguno de los dos.

-Kanon se casó, ¿sabías? Tiene dos hijos… -replicó ella, nada más para ver qué tan desactualizado estaba él de noticias.

"Tres."

¿Qué? ¿Entonces, la desactualizada era ella?

-¿Tres?

"El tercero es adoptado."

La expresión de sorpresa de Saori era casi cómica.

-¿Cuándo te dijo eso? A mí no me lo ha contado.

"¿Decírmelo? Lo supe por Eridano. La última vez que hablé con Kanon fue hace 17 años, no lo he vuelto a ver desde entonces."

-¡Pero estuvo aquí cuando vino a decirme que se casaba! Pensé que se las habría arreglado para comunicarse contigo aunque fuera por escrito.

"…¿En serio? ¿Él estuvo aquí?"

-El muy descarado me trajo una invitación. Y cuando le dije que debía haber pedido permiso antes de proponerle matrimonio a ella, ¿sabes lo que me contestó? ¡Pues que se había acostumbrado a pedir perdón en lugar de pedir permiso!

"…¿Te invitó?"

¿Por qué parecía tan desconcertado?

-Sí, me invitó.

"¿Y fuiste?"

-Claro, tenía que ver eso. No podían ponerse de acuerdo ni para decidir si sería una boda civil o religiosa, ni por cuál religión casarse primero. Tienen distintos credos, lo que me confunde todavía más. No sé que hace ella en la Orden.

"¿Y él vino a invitarte?"

-Estás dando vueltas, Saga. Ya te dije que vino.

"No pasó por aquí."

-Lo recibí en Aries… -Saori comprendió de repente qué podía estar incomodando al fantasma-. Es decir… ¿no vino a saludarte?

"No."

Era increíble todo el dolor y resentimiento que podía caber en una sola sílaba.

-No lo entiendo. Si él sabía que estabas aquí…

Saga abrió mucho los ojos.

"Eso… Oh, no, no, no…"

-¿Qué?

"¿Cómo iba a saberlo? ¡Él no percibe a los fantasmas desde lejos! ¡Ninguno de los dos podía hacer algo así!" Saga empezó a caminar de un lado a otro hablando consigo mismo. "¡Por supuesto! ¿Cómo no me di cuenta antes? ¡Y todavía la semana pasada no quise que Eridano le dijera nada de mi parte! ¡Debe creer que lo odio…! ¿Pero por qué no ha venido a verme él mismo?"

-¿Ha… hace cuánto que conoces a Eridano?

"Dos años."

Imposible.

-Saga… Lilith me dijo… me dijo hace años… que Kanon, Eridano y tú se conocen desde niños.

"No es así. Conocí a Eridano cuando se metió aquí para buscar algunas pertenencias de Kanon. Pensé que estaba tratando de robar y le di un buen susto."

-Me habría encantado ver eso.

"Oh, es un recuerdo que atesoro. No creerías la forma en que chilló. Después, mucho después, fue que me habló de su relación con Kanon."

-¿Y de verdad no la conocías?

"No. Némesis la tomó bajo su protección hace 17 años. Antes de eso estaba en América y no sabía nada del Santuario ni de la Orden."

-… ¿Kanon puede haberla conocido de antes?

"Sí. La familia de ella estuvo en Grecia de vacaciones cuando éramos niños. Jugaron durante un día y ninguno supo el nombre del otro hasta que volvieron a encontrarse, después de la guerra contra Hades, cuando ella ya tenía la armadura de Río Eridano."

-…¿Crees que eso sea cierto? Es lo que ella te contó, ¿verdad?

"Sí, pero sé que es cierto. Es terca y manipuladora, pero también es una pésima mentirosa."

-Entonces… ¿Lilith me mintió?

"No sería la primera vez."

Luego de un largo silencio, Saori habló de nuevo.

-Saga… Kanon no viene a visitarte… porque yo le prohibí que viniera al Santuario.

"¿Por qué? Él debía ser mi sucesor…"

-Lilith me convenció de que ustedes tres, Némesis y Keres estaban confabulados para manipularme.

Saga la miró sin comprender al principio todo lo que implicaba el engaño de Lilith.

"Debería sentirme indignado por una acusación así, ¿no? Pero alguien que intentó matarte, no una sino varias veces, no tiene mucho que alegar en su defensa" respondió, finalmente.

-Saga…

"No he sido un buen hermano. Es natural que desconfíes de mí."

El silencio se alargó unos minutos.

-Tú… lo dijiste… -el asombro en la voz de Saori consiguió que Saga volteara a mirarla, extrañado-. Finalmente lo dijiste…

"¿Que he sido un mal hermano?"

-¡No! ¡Que eres mi hermano!

"Eh…"

-¡No tienes idea de cuánto he esperado oír eso de alguno de los dos!

Saga bajó la mirada por unos instantes al comprender que Saori estaba a punto de llorar, pero reaccionó enseguida e hizo algo que no había intentado nunca y que jamás imaginó que haría, hasta ese momento. Saori ahogó una exclamación de sorpresa cuando la figura espectral la abrazó. Era como estar rodeada por una niebla helada y no resultaba confortante en lo mas mínimo, como habría podido serlo un abrazo real, pero el gesto la conmovió.

Y, mientras daba rienda suelta a las lágrimas que había estado conteniendo durante tantos años, se dio cuenta de algo: no importaba que fuera un abrazo completamente intangible. Era más de lo nunca había recibido de nadie.

Continuará...


notas:

Pére = papá.