Hoooolaaaaa genteeee! Bueno, aquí un nuevo capítulo, espero les guste!
Fairy Tail es de Mashima-sensei
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Anteriormente…
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"Era como si le hubiera clavado un témpano de hielo en el corazón. Sui sintió que sus palabras lo atravesaban como una verdad indiscutible. ¡Qué idiota había sido! Allí estaba, aferrándose desesperadamente a la idea de que Lucy había sido rescatada por el barco de las hadas. En el caso de que estuviera a bordo, no había sido un rescate. Y aunque si guiera viva esa misma mañana, tal vez no lo estuviera mucho tiempo. Erza había dicho la noche anterior que ahogarse era una forma dulce de morir. No creía que la muerte a manos de las hadas fuera tan azucarada."
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Capítulo 13
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Imagen rota
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— Cuánto tiempo llevo aquí? —preguntó Lucy cuando Natsu entró en el camarote con una bandeja de comida.
— Buenos días para ti también! —dijo, sonriendo.
— Cuánto tiempo llevo aquí? Cuántos días? – Lucy ignoró el saludo.
— Mmmmmm, veamos… — dijo él, dejando la bandeja en el escritorio frente de la cama.- Yo diría que han sido... tres días con sus noches. No, no, espera, me equivoco… Cuatro. – terminó diciendo con una gran sonrisa, que le quitaba edad y lo hacía parecer un niño. Lucy se sonrojó.
Cuatro días y cuatro noches. Lucy se estremeció. De no habérselo dicho, no habría tenido ni idea. Desde su llegada al barco, le había resultado imposible seguir el paso del tiempo. Tampoco le había ayudado mucho que su reloj se hubiera parado y que no hubiera ningún otro en todo el camarote. Y atrapada allí, con la cortina corrida, casi no podía ver la luz del día. Además, se sentía exhausta la mayor parte del tiempo, lo que aportaba a aumentar su desorientación.
— Te traje algo de comida caliente — dijo él —. Probablemente tienes hambre.
Y la tenía..., pero también tenía preguntas que hacerle, aunque Natsu era cada vez más hábil en eludirlas. La tentaba a comer, ella se sentiría cansada y al final se olvidaría de lo que le quería preguntar. Pero no, esta vez sería diferente.
— Natsu, dónde está mi hermano?
— No lo sé, Lucy — dijo Natsu —. Si lo supiera, ya te habría dicho.
— Ya han pasado cuatro días — dijo ella —. Quiero ver a Sui. Necesito saber dónde está, si está bien...
Estaba a punto de llorar a causa de su agotamiento, frustración y miedo! Le daba tanta rabia tener estos momentos de debilidad, justo cuando más necesitaba sacar fuerzas y demandar respuestas.
— Lo siento, Lucy. En serio que lo lamento, pero no tengo ninguna respuesta para ti. Solo el capitán puede responder esas preguntas.
— Entonces tengo que ver al capitán — dijo ella de pronto, decidida —. Me llevarás ante él?
— Antes tendré que hablar con él. No puedo llevarte a su camarote sin avisar.
— Por qué no?
— …Hablaré con él, Lucy.
— Hoy? Esta noche? — Lucy se llevó las manos a la cabeza—. Es de día o de noche?... Natsu…ya no lo sé.- Le temblaba el cuerpo y la voz.
— Es de noche, Lucy — respondió él, cogiendo sus manos temblorosas y sosteniéndolas entre las suyas —. Sí, hablaré con él esta noche — añadió con dulzura, no quería verla sufrir —. Y ahora, quieres hacerme el favor de probar esta comida mientras está caliente?
— Seguirá caliente — dijo ella —, como siempre. Es como estas velas que nunca se acaban. — Se levantó y se quedó mirando una de las lámparas de cristal —. Llevo aquí cuatro días y las velas no se han consumido y han estado siempre encendidas, excepto cuando las apagué una a una. Y entonces se volvieron a encender todas de golpe. Explícame eso Natsu! – La voz de la chica fue aumentando hasta convertirse en un grito histérico, estaba harta de tanto misterio y rarezas.
Natsu sonrió, negando con la cabeza.
— Ya te dije que este no es un barco como los demás.
— Entonces, qué tipo de barco es? – Lucy dijo más tranquila, casi en un murmullo.
Su pregunta quedó en el aire. Él miró al espacio que los separaba como si estuviera esperando arrancarle al aire las palabras correctas. De pronto una leve sonrisa apareció en sus labios, y levantó la vista.
— Es el tipo de barco en el que las chicas guapas como tú se cansan y debilitan si no comen. – le hizo un guiño a Lucy - Ven, la cocinera lo ha hecho especialmente para ti. Se le romperá el corazón si ve que no has comido, te lo aseguro.
— S-si tan rico está, co-come tú — dijo ella, aún sonrojada por las palabras del joven.
El negó con la cabeza.
— No tengo hambre… – dijo Natsu, mientras la miraba con algo en los ojos. Algo que la hacía sentir exaltada y sofocada. Algo que le provocaba un hormigueo desde los pies hasta la raíz del pelo y le apretaba el abdomen.
— Ya, ya. Si eso te hace sentir mejor, comeré – Intentó que la voz le saliera normal. Según ella lo consiguió.
Lucy pasó junto a él sin mirarlo y se sentó en el escritorio. En la bandeja, había un gran cuenco lleno de estofado caliente. Olía bien. Había también una jarra con leche y un tazón con azúcar, canela y vainilla. Como siempre, la cuchara estaba envuelta en una servilleta almidonada de tela blanca. Y, como siempre, a Lucy le resultó imposible resistirse. Desenrolló la servilleta de la cuchara y espolvoreó la mezcla de azúcar con especias sobre la leche. Se quedó mirando cómo el calor de la leche derretía el azúcar y todo se hundía como si fuera una pequeña isla desapareciendo en un blanco mar; luego metió la cuchara en el cuenco de estofado y se puso a comer con voracidad.
— Muy bien, ya vas a ver como enseguida te sientes mejor — dijo Natsu, que se había sentado en el borde de la cama mientras ella comía.
Se supone que un estofado así debiera aportar energía, estaba lleno de verduras y carne. Pero, como el resto de la comida que había probado en ese barco, ese estofado la dejó satisfecha pero cansada. Lucy se apartó del escritorio y miró a Natsu.
— Pones droga en la comida? – soltó ella sin más.
— Qué? — dijo él, con los ojos incrédulos y riendo.
— Ya me escuchaste. Cada vez que bebo o como algo en este barco, me siento agotada. Luego duermo durante varias horas,... O lo que yo creo que son horas. En realidad no me doy cuenta del paso del tiempo.
— Lucy, el otro día estuviste a punto de ahogarte. Cuando te encontré apenas estabas con vida. El cuerpo, la mente, tardan un tiempo en reponerse. No crees que tal vez aún necesitas dormir y descansar?
Dicho así, tenía bastante sentido. Natsu Dragneel tenía un curioso talento para calmar sus peores miedos. Parecía capaz de encontrarle un sentido a todo, pero cuando la dejaba, cuando ella se despertaba sola, ese temor angustioso e intenso volvía a apoderarse de ella.
— Me tengo que ir — dijo él, levantándose—. Buscaré al capitán y le preguntaré si sabe algo de tu hermano. Tienes razón. Debes hablar con él. No es justo.
Se dirigió a la puerta.
— Seguro que no puedo acompañarte? Daría cualquier cosa por salir un rato de este camarote.
El negó con la cabeza.
— Debo ir solo. Pero te comprendo, de verdad. A mí no me gustaría estar encerrado aquí, aunque es uno de los mejores camarotes del barco. — Señaló el cuarto de baño —. Y uno de los pocos con cuarto de baño incluido. Pero como te dije, es por tu propia seguridad. No tardaré mucho, y mientras estoy fuera...
—Ya lo sé —dijo ella—: que no mire por la ventana.
— Iba a decir que intentaras no preocuparte. Pero sí, ya que lo mencionas, por favor, no corras la cortina.
Ella asintió. Natsu le sonrió y luego salió por la puerta, cerrando con llave tras de sí.
Lucy volvía a estar cansada. Por supuesto. Tenía que haber algo en la comida. Y aunque no dejaba de intentar apagar el incienso, este no hacía más que volver a encenderse, impregnando todo el camarote de su denso aroma a vainilla y jazmín. Al principio el olor le había parecido delicioso... pero ahora empezaba a ser sofocante. Tenía sueño. Mucho sueño.
No! Tenía que mantenerse despierta y alerta! Era muy importante. Tenía que mantenerse despierta y esperar a que Natsu regresara. Buscó con la mirada algo con lo que pudiera pasar el rato. Sus ojos se posaron sobre los cuadernos y las plumas del escritorio. De pronto, tuvo un arranque de inspiración.
Tomó la bandeja del escritorio y la dejó en el suelo. Luego escogió uno de los cuadernos, lo abrió con cuidado y tomó una pluma.
«Día cuatro — escribió —. Estofado. Natsu ha ido a preguntarle al capitán por Sui. También le pregunté por las velas y si mi comida estaba drogada...»
Leyó las palabras que había escrito. No era la gran cosa, pero le ayudaría a controlar mejor el paso del tiempo.
Justo en ese momento escuchó ruidos en cubierta: pisadas y voces. Dejó la pluma y fue hasta la cortina. Con la ventana cerrada, solo era posible distinguir las voces si estaban muy cerca o si alguno de los tripulantes gritaba. En ese momento no entendía lo que decían, lo que indicaba que no estaban junto a la ventana. Eso significaba que podía arriesgarse a mirar.
No era la primera vez que desobedecía las órdenes de Natsu, ni la segunda ni la tercera. Había aprendido a abrir solo un poco la cortina y a ocultar la luz de las velas pegando la cara al cristal.
Volvió a hacerlo, mirando de un lado a otro del puente, en busca de algún rastro de la tripulación. Al principio la cubierta parecía vacía. Luego, por el rabillo de ojo, vio a un grupo de gente apiñándose cerca de uno de los pretiles. Intentó captar sus voces, pero estaban demasiado lejos.
— Vamos, acérquense un poco —susurró.
Como si sus palabras hubieran sido un hechizo, el grupo comenzó a alejarse del pretil y entró en su campo visual. Lucy se pegó aún más al cristal, intentado evitar a toda costa que se filtrara el más mínimo rastro de luz.
Vio cómo la gente pasaba junto al ojo de buey. Oyó fragmentos de frases, pero no pudo distinguir nada coherente. Se dio cuenta, sobresaltada, de que uno de los miembros del grupo era el hombre que la había mirado la otra noche cuando estaba asomada a la ventana. Brain, así se llamaba. Y no era que la hubiera visto, sino que parecía haberle visto las entrañas. Recordó cómo se había desfigurado su cara, cómo había sacado fuego por los ojos. Pero entonces parecía un hombre normal. Acaso se había imaginado la extraña metamorfosis? Tal vez sí. Tal vez solo había sido un sueño febril.
Oyó cómo volvían a abrir la puerta. Natsu. Rápidamente, soltó la cortina y volvió de un salto a la cama.
Natsu entró silenciosamente, cerrando otra vez con llave.
— Ya hablé con el capitán — dijo.
— Gracias. — A Lucy se le aceleró el corazón—. Qué dijo? Está Sui aquí?
— Me dijo que tu hermano está a salvo pero que no está a bordo de este barco.
— No está a bordo? Entonces, cómo sabe que está a salvo?
— Lo sabe y punto.
Lucy sintió cómo volvía a invadirle la frustración.
— Y cuándo va a venir el capitán a hablar conmigo?
— No esta noche, Lucy. No puede.
— Entonces llévame tú a hablar con él.
— Ahora no es el momento, Lucy. El capitán tiene muchos otros deberes que atender.
Muchos otros deberes? Qué podía ser más importante que aquello? Qué tipo de monstruo era el capitán para ignorar sus súplicas? Cómo podía ser tan cruel? Estaba a punto de llorar.
Natsu le dio la espalda, como si se dispusiera a salir de la habitación.
— No me dejes sola — le dijo con la voz quebrada.
Él se giró, sonriendo.
— No me iba a ir. — Tenía algo entre las manos. Era el espejo que Lucy había encontrado sobre el cofre lacado. El que no tenía cristal.
— Toma esto — le dijo.
Ella lo miró interrogativamente.
— Confía en mí. Es un regalo del capitán.
Un regalo? Un espejo roto como regalo? En serio? Ese capitán cada vez le caía peor. O acaso le intentaba hacer una broma?
— Tómalo — dijo Natsu.
Lucy se encogió de hombros. No perdía nada, aunque tampoco le salvaría la vida. Pero, al sostener el ornado espejo entre sus manos, ocurrió algo extraño. De su interior comenzó a salir un hilo de niebla. Brotaba del mismo espejo, del hueco en el que debería estar el cristal. Lucy miró a Natsu, confundida, pero apenas pudo verle, ya que la niebla se extendía muy rápidamente. Antes de darse cuenta, estaba en vuelta en una densa niebla. Comenzó a sentirse muy mareada.
Y entonces, la niebla se disipó. Pero ya no estaba en el cama rote. Estaba en una cubierta. Miró los tablones del suelo y vio que eran de color marrón, a diferencia de los tablones pintados de rojo que había visto anteriormente en el barco. Volvió a levantar la mirada y allí, apenas a un metro de ella, estaba Sui.
— Sui! — dijo, riendo y corriendo hacia él. Pero al correr, él pareció alejarse de ella. O más bien, la distancia no se redujo. Dejó de correr, consciente de que, en realidad, no se había movido.
— Sui! — llamó de nuevo. Él no pareció oírla.
Entonces lo comprendió. Por muy real que pareciera, aquello era solo una visión. Podía ver y oír a Sui, pero el proceso no funcionaba a la inversa. No importaba, era mejor eso que nada. Mucho mejor.
Estaba claro que se trataba de Sui, aunque llevaba unas ropas que no eran las suyas. Eran las ropas de un marino. Pero parecía satisfecho. Vio cómo corría hacia un gran mástil. Estaba tirando de una cuerda. Se dio cuenta de que estaba izando una bandera. Alzó la vista y vio las tibias y la calavera. Sui estaba en un barco pirata!
Luego la visión se volvió borrosa otra vez. Lo estaba perdiendo. Qué pronto había terminado!
— Solo un poco más — suplicó —. Por favor, un poco más.
Pero la niebla se tornó densa a su alrededor. Y entonces, cuando volvió a disiparse, vio que estaba de nuevo en el camarote, con el espejo roto entre las manos.
Natsu estaba de pie ante ella.
— Y bien... te gustó el regalo del capitán?
Ella asintió, sintiendo una gran calma y euforia.
— Sí. Sí, me gustó. Por favor, dale las gracias de mi parte.
— Lo haré — dijo Natsu sonriendo.
— Dile... dile que lo entiendo.
Natsu se la quedó mirando, intrigado.
— Que lo entiendes? Qué es lo que entiendes, Lucy?
— Todo — dijo ella, sonriendo levemente—. Ahora lo entiendo todo.
Natsu aún parecía asombrado.
— Y me parece que no hace falta que te lo explique...
— Mmmmm, será mejor que lo hagas, Lucy. No tengo ni idea de qué estás hablando.
Ella negó con la cabeza, algo divertida por cómo disimulaba Natsu.
— Lo que quiero decir, Natsu, es que por fin caí en cuenta de que estoy muerta. Ahora me doy cuenta de que esa noche morí ahogada. Tú no me rescataste, al menos no en el sentido convencional de la palabra. Me sacaste del agua y me trajiste aquí. A este... a esta especie de lugar de espera. Pero Sui está bien. Está vivo. Ahora me doy cuenta, y el capitán me ha permitido volver a verlo solo un instante. Me siento tan feliz, Natsu... No te lo imaginas. Estoy muerta, pero me siento inmensamente feliz!
O.O!
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