Descargo de responsabilidad: Harry Potter y casi todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.

Traducción al castellano, autorizada por la autora, del original en francés Il fallait bien ça

Autora: labulle

Hacía falta todo eso

Capítulo 14 – Corazón hecho pedazos

Harry estuvo recorriendo los pasillos del castillo sin rumbo fijo, masticando su furia, seguido siempre de cerca por los aurores. La tercera vez que pasó frente a la estatua de la bruja tuerta decidió que más le valía calmarse y dejarse de dar un espectáculo tan triste. No sabía donde ir, no quería cruzarse ni con Ginny, ni con Draco… y mucho menos con Ron y Hermione.

En ese momento vio a Colin Creevey que venía de la biblioteca cargado con una pila de libros más alta y más pesada que él.

–¡Harry! ¿Cómo andás, macho? Te vi en el entrenamiento. Excepcional como siempre, si hubiera tenido la cámara…

Colin lo exasperaba, siempre hablando hasta por los codos y siempre tan obsesionado con él.

–¿Que estás haciendo? Si querés te acompaño, tengo que llevarle estos libros al profesor Snape. ¡Si tenés ganas podés venir conmigo!

–No, Colin, gracias… pero no estoy con ánimos … –haberle dicho "para aguantarte" hubiera sido la verdad pero innecesariamente cruel, aunque ganas no le faltaron de decírselo– …para ver al profesor Snape.

–Te entiendo, a mí tampoco me seduce la idea de tener que ir a verlo pero me sorprendió cuando… –Colin se interrumpió de golpe y se puso colorado– …bueno, no veo por qué tendría que ocultártelo, estaba mirando de nuevo las fotos que te tomé durante la última práctica de quidditch, son realmente…

–Perdón, Colin, pero me tengo que ir… nos vemos más tarde. –Harry escapó a grandes pasos, no quería saber los detalles sobre las fotos.

–Siento mucho tener que interrumpir su caminata por el castillo. Pero ya esta misión es muy fastidiosa, y esto de errar sin rumbo… –Stanislas había hablado con tono duro y lo miraba con manifiesta hostilidad.

Harry iba a replicarle de mal modo, pero se dio cuenta de que el auror tenía razón, al menos en parte, tenía que terminar con esa comedia ridícula… les dijo que iba a la biblioteca a terminar un deber de Pociones. Entró y cerró con un portazo, lo cual le ganó una reprimenda de madame Pince.

oOo

Ron no sabía bien para qué había venido, pero ya era tarde para echarse atrás. Marchaba por el pasillo de los subsuelos y Malfoy venía hacia él. Juntó valor y cubrió a grandes pasos el último trecho que lo separaba del Slytherin, quien lo contempló con una expresión entre impaciente y divertida.

–¡Malfoy!

–¡Weasel! [comadreja]

No hizo caso del apelativo burlón, ya estaba habituado y no había venido para pelearse por algo así.

–¿Qué es lo que le has hecho a Harry?

–¡Ah! ¡Si supieras…! Pero quizá convendría que precisaras más tu pregunta, es posible que estemos hablando de cosas distintas.

Ron se sintió de golpe muy torpe. Sí, había tratado de provocar a Harry diciéndole que hablaba más con el hurón que con ellos, y que parecía más amigo de él que de ellos. Pero ahora que lo pensaba, era todo tan ridículo.

–Yo… ¿de qué estaban hablando hace un rato? ¿Desde cuándo se hablan sin insultarse?

–No creo que sea asunto tuyo. ¿Por qué estás tan interesado?

–¿Por qué estoy tan interesado? Me interesa porque Harry es mi mejor amigo… y a vos te odia… y habla más con vos que conmigo…

–Lo único que me faltaba, tener que soportar tu ataque de celos. ¿Por qué no te vas a hacer tu crisis existencial a otro lado? No tengo tiempo para perder con vos, Weasel.

–¡Basta de…! ¡No negás que mantenían una conversación normal! –Ron no cabía en su asombro, su peor pesadilla se confirmaba, Harry y Malfoy se hablaban… eso sólo podía significar una cosa… las presiones que Harry había tenido que soportar habían terminado por superarlo… y probablemente se había dado por vencido y había perdido toda voluntad de oponérsele a Voldemort…

–¡Ni te imaginás la de cosas que hacemos juntos!

–¿Ah sí? ¿Se puede saber qué, por ejemplo? –rugió Ron.

–¡Nos acostamos juntos, claro!

Ron, que ya estaba al borde de un ataque de apoplejía, se puso lívido… pero poco a poco fue recuperando el color… sintió cierto alivio… lo que Malfoy había dicho era ridículo.

–¡Será una expresión de deseos tuya! Sólo a vos se te puede ocurrir decir algo tan retorcido.

–Y yo que estaba convencido de que te lo ibas a creer al pie de la letra. Y ahora coloradito, te convendría dar media vuelta y escapar de acá lo antes posible, la varita se me salta en la mano; vos no llevás anteojitos, ni tenés cicatriz, ni aurores que te protejan. Más te vale no tentar al diablo. Estás solo en los subsuelos, territorio Slytherin, podría ocurrir un accidente.

–No creas que te tengo miedo, Malfoy. Pero ya me cansé de tener que respirar el mismo aire que vos. Me voy porque no quiero asfixiarme.

Ron dio media vuelta y partió, apretando fuertemente en el bolsillo la varita con la mano… por las dudas. Por alguna razón le había parecido que esa vez las amenazas de Malfoy no habían sido del todo vanas.

Iba a tener que plantearle a Hermione todo lo que pensaba, sabía que no le iba a gustar lo que le tenía que decir.

oOo

Harry se había pasado varias horas garrapateando sobre un pergamino en la biblioteca, aguantándose los suspiros aburridos e impacientes de Stanislas. Tenía la intención de no bajar a comer para no tener que cruzarse con Ron y Hermione, pero eso había resultado demasiado para Stanislas, se había puesto a despotricar que una cosa era tener soportar el aburrimiento, pero encima que los obligara a ayunar…

No quería que se multiplicara la animadversión que ya le tenía el auror. Decidió bajar al Gran Salón, pero no se sentó en el lugar habitual sino en el otro extremo, junto a un grupo de alumnos de primer año. Cuando terminó de comer, los gruñidos del auror lo convencieron de que lo mejor era volver directamente a los dormitorios.

En la sala común no se cruzó con nadie. Cuando entró en la habitación Ron se estaba acostando, pero era claro que había decidido ignorarlo por completo, apenas lo vio entrar se apresuró a cerrar las cortinas alrededor de la cama.

oOo

La luz de la luna iluminaba el cuarto, no podía conciliar el sueño. En parte por la luz, en parte porque estaba inquieto recordando el duelo con Draco y la pelea con Ron.

Quería creer que el Slytherin había tenido una especie de gesto hacia él, al haberle propuesto medirse como iguales. ¿Quizá era su forma de decirle que las cosas habían cambiado entre ellos? ¿Que ya no lo consideraba más como un enemigo sino como un compañero de juegos?

Quería creerlo, eso lo llenaba de esperanza… y también le daba miedo… miedo de decepcionarse

Las campanadas de la Torre Norte dieron las cuatro. Seguía sin poder dormirse. Pensaba en Draco… en los brazos de Draco en los que podía acurrucarse… en los labios que quería picotear… en los cabellos que quería acariciar… cada pensamiento le agrandaba el ansia en el pecho.

Tenía necesidad de verlo. Sabía que una vez en sus brazos ya nada tendría importancia, era lo que necesitaba para olvidarse de todos los pesares.

Sin detenerse a reflexionarlo, tomó el manto y bajó. No tuvo problemas para escabullirse. Ya aproximándose a la puerta del Slytherin le entraron algunas dudas. Quizá no le iba a gustar que lo despertara en medio de la noche. Pensó si no sería más sensato volver por donde había venido. Finalmente se decidió. Dio tres suaves golpes en la puerta y esperó ansioso. Le entraron dudas, ¿y si no estaba solo? ¿y si no estaba allí? ¿y si no había oído…? No era precisamente una hora normal…

Después de un rato cuando ya se decidía a irse, la puerta se abrió.

–Potter.

El corazón pareció enloquecérsele en el pecho. Draco estaba con el torso desnudo y los cabellos desordenados. Tuvo que contenerse para no abrazarlo y acariciárselos.

–Eh… perdón… ¿te molesto?

–No, claro que no… me paso toda la noche en vela esperándote.

Harry estuvo a punto de sonreír… había sido una ironía obviamente… pero le habría gustado pensar que era cierto.

–¿Supongo que querrás entrar? –el tono de Draco no era frío pero quizá tenía un dejo de fastidio.

–¿Estás solo?

–No, pero ya sabés… cuantos más seamos tanto más divertido… –dijo haciéndole un gesto para que entrara. No había nadie más en la habitación.

–¿Siempre contestás a las preguntas con una mentira?

–No siempre, solamente a las preguntas pelotudas.

La mano no parecía venir bien. No entendía qué era lo que lo impulsaba a permanecer allí, pero ni siquiera intentó resistirse. Entró y al pasar se frotó deliberadamente contra Draco.

Esperaba que Draco lo tocara, que lo besara… pero sus deseos se vieron frustrados. Draco se limitó a pararse frente a él… a la espera. ¿A la espera de qué? No hubiera sabido decirlo con certeza. Las veces anteriores la atracción había sido recíproca… habían empezado juntos o Draco había tomado la iniciativa. En ese momento no sabía cómo podría reaccionar, sentía cierta inquietud de que pudiera rechazarlo. Se le aproximó lentamente, tratando de controlarse y de no saltarle encima. Draco tenía los ojos fijos en él, la expresión en ellos era indescifrable podía bien tratarse de hastío… o de deseo… o de impaciencia… o de timidez… Pero las ansias que sentía por él eran lo único que le importaba en ese instante… las ansias y cómo satisfacerlas.

Harry le posó los labios sobre el cuello y las manos sobre las caderas. Multiplicó los besos pero el Slytherin no mostraba ningún tipo de reacción, no lo rechazaba… pero tampoco lo animaba a seguir. Sintió que su decisión empezaba a flaquear, pero su deseo crecía… en tanto no lo rechazara no se echaría atrás. Le acarició los cabellos sedosos y le pareció detectar un imperceptible estremecimiento, eso le dio fuerzas para continuar. Jugó con la boca y con la lengua recorriéndole la mandíbula y los codiciados labios. Los frotó, los besó delicadamente, los lamió. Logró una brecha y se inmiscuyó en el interior.

No sabía si la falta de reacción era un juego o una forma de castigarlo por no haber querido que entablaran un duelo como debía ser. No le importaba, sin embargo, Harry estaba dispuesto a jugar.

Abandonó los labios y se arrodilló sin perder contacto visual. Nunca se le hubiera ocurrido que podía ser capaz de tamaña audacia, pero las sensaciones que se le suscitaban eran exquisitas. Frotó deliberadamente el género del boxer que cubría el bulto de la entrepierna y luego la boca ardiente subió y trazó sobre la piel desnuda una estela húmeda hasta el ombligo. Jugueteó concienzudamente explorándolo con la lengua. Sonrió al oír a Draco lanzar un gemido, su propia verga se le endureció aun más. Dejó atrás el ombligo y subió más, y fue el turno de las tetillas que mordisqueó y succionó delicadamente. Y finalmente volvió a la boca.

Miró directo a los ojos de Draco, desafiante, como diciéndole: "¿Vas a poder resistirte mucho más?" Todo indicaba que no, el deseo parecía haberse enseñoreado de los ojos grises.

Sonrió contra los labios, pero no trató de forzar el ingreso. Quería que fuera Draco el que lo buscara. Por una vez era él el que controlaba, él quien le hacía el amor; y la experiencia era increíblemente excitante.

La verga se le impacientaba dolorosa, la apretó contra Draco, el Slytherin finalmente cedió y abrió los labios recibiéndole la lengua juguetona. El aliento de Draco era fresco, sabía a menta. Quizá por eso había demorado en abrirle, quizá se había tomado un momento para prepararse…

Las lenguas batallaban rápidas y las caderas se frotaban urgentes. Harry le acariciaba la piel que parecía arder y se estremecía bajo su tacto. Finalizados los preliminares, la pasión decidió demandar sus fueros. Y todo pareció desencadenarse de golpe, como en las veces anteriores. Los movimientos se volvieron rápidos, desordenados, como si hubieran estado contenidos demasiado tiempo, ansiosos de mitigar un deseo que parecía inextinguible.

Se deshicieron en segundos de toda la ropa que se interponía. Lo importante era que cada centímetro de piel estuviera en contacto con la del otro, que pudiera ser besada, mordida, arañada por la pasión devoradora. La cama los había acogido abrazados, las piernas enredadas, las bocas sellándose una a la otra en un beso que parecía no tener fin.

Harry se le ubicó encima, la vista de Draco debajo de él, jadeante, con las mejillas enrojecidas y los labios congestivos se le antojaba la imagen más maravillosa y lo transportaba al borde del clímax. Le hundió la cabeza en el cuello al tiempo que le acariciaba el interior de los muslos.

Pero no pudo ir mucho más lejos, Draco pugnó con violencia para invertir las posiciones y un instante después, Harry se encontró debajo. No hizo falta que Draco dijera nada para indicarle que ésa era la única alternativa admisible. Harry la aceptó de buen grado y lo rodeó con las piernas ofreciéndosele sin restricciones.

Una sonrisa victoriosa y efímera flotó por un instante en los labios del Slytherin. En ese instante Harry tuvo la cierta convicción de que estaba enamorado de Draco.

Acabaron casi al mismo poco después, fue un orgasmo arrollador que los dejó casi sin aliento y temblorosos pero maravillosamente satisfechos. Luego de unos instantes, Draco rodó a uno de los costados.

oOo

Mas tarde la respiración se le había ya normalizado, había estado contemplando a Draco durante largos minutos. Tenía los ojos cerrados pero no dormía. Había entrelazado las manos detrás de la cabeza. Su cuerpo desnudo se ofrecía en todo su esplendor para delicia de los ojos de Harry.

Siguiendo un impulso repentino, Harry se le acurrucó bajo el brazo, le rodeo el torso y le apoyó la cabeza sobre el hombro. Se sentía transportado de felicidad, así era como había soñado estar durante tantos días.

Draco no se movió ni dijo nada pero Harry lo sintió ponerse tenso. No entendía por qué ese cambio así de golpe, ¿había hecho algo mal? Draco se desprendió de él algo bruscamente y se levantó. Pretextó tener mucha sed.

Lo observó dirigirse al baño, oyó el agua que corría segundos después. Se incorporó un poco y estiró la mano para alcanzar la sábana que había quedado a los pies de la cama. Se cubrió.

La espera pareció prolongarse largamente. Finalmente Draco regresó, se había puesto una bata con la insignia de Slytherin.

–¿Qué pensás que estás haciendo, Potter?

Harry no se había esperado la pregunta, ni la dureza del tono.

–¿Qué historia te imaginaste? ¿La de dos tiernos enamorados intercambiando palabras melosas? ¡Ay mi chupentincito de frambuesa! ¡Ay mi tartita de jalea!

Las palabras lo hirieron hondamente, sintió que lo inundaba la tristeza.

–Draco, yo…

–¿Draco yo qué? ¡Haceme el favor! Si pronunciás las palabras que me imagino ibas a decir te ataco con un Avada.

Harry sintió con vergüenza que las lágrimas se le escapaban. ¿Cómo podía ser tan cruel después de lo que habían compartido?

–Ah, no me vengas con ésas, Potty. Para aguantar lloriqueos hubiera preferido una Hufflepuff.

La pena y el dolor le abrieron paso a la ira y al rencor. ¿Cómo se atrevía a usarlo de esa forma y a desecharlo como a un forro? Con rabia se secó las lágrimas con el dorso de la mano, se levantó rápidamente y empezó a juntar sus ropas desparramadas sobre el suelo.

Draco lo miraba sin decir nada. Con un gesto de suficiencia que le afeaba el rostro, un rostro que podía ser tan sublimemente bello cuando transparentaba placer.

Las lágrimas que le seguían brotando eran ahora de furor y de humillación. Lo invadían ideas de violencia, de atacarlo con todos y cada uno de los hechizos más agresivos que conocía.

–¿Pero qué carajo te esperabas! ¿Creíste seriamente que esto podía significar algo más que sexo? ¿Dónde estuviste todos estos años que nos detestamos?

–¡Callate, Malfoy! ¡Y por mi barrio, los que se detestan no se acuestan juntos! Pero quedate tranquilo, no voy a volver a importunarte.

–¿Querés jugarte algo? –se burló cruel– Ah… y por favor, nada de poemas inflamados, ni kilométricas cartas de amor, ni cajas de bombones en mi puerta.

–¡Basura de mierda! Sos más rastrero de lo que nunca hubiera imaginado.

Se vistió a toda prisa y se dirigió hacia la puerta para escapar cuanto antes de ese antro de desdicha.

–¡Potty!

Estuvo a punto de no hacerle caso y de salir sin prestarle atención, pero fue más fuerte que él, se dio vuelta.

–Te agradecería que la próxima vez retengas a tu amigo con rienda más corta.

Lo miró sin entender de qué le hablaba.

–Me refiero al Weasel, que me vino a hacer planteos sobre nuestra "relación".

–No tengo la menor idea de qué me estás hablando. Si tenés que decirle algo, decíselo vos directamente, ya sos grande.

–Me gustaría, Potty. Pero puede resultarle muy peligroso. Estuvo a punto de atacarme cuando le dije que nos acostábamos juntos. ¡Ya te podrás imaginar!

Harry sintió que se mareaba y que las piernas se le aflojaban. ¡No podía ser cierto!

–¡Estás mintiendo! – le volvían a brotar las lágrimas, la sonrisa de suficiencia de Draco se le tornaba poco nítida…

–Preguntale, él te va a saber decir… Aunque quizá esté demasiado enojado y se niegue a hablarte… quien sabe…

Le pareció que el suelo se le abría bajo los pies. Salió como un autómata y se fue sin el portazo que hasta un momento antes había tenido la intención de dar al irse.

oOo