Banco en parque. Ficker D.A.T


La belleza de la naturaleza

Takeru


Había cosas que algunas personas no alcanzaban a ver. Los pequeños detalles de belleza del mundo humano. Un paisaje simple. Un tono anaranjado que parecía otra tonalidad. Eran cosas del otoño que muy pocos podían comprender.

Podía hacer frio. Podrías querer acurrucarte ya en tu mantita del sofá y no salir. Él podía comprender todo eso. Era un hombre que a veces las cosas pequeñas conseguían iluminarle y las más cotidianas, aburrirle.

Por ello, quizás se dio cuenta de cierto detalle en especial. También solía ser muy observador a su modo.

Frente al parque de su casa en otoño los árboles solían cubrir el suelo de sus cansadas hojas. Sus ramas dejaban caer el peso del año cada vez que el viento las sacudía para ayudarles. Estas caían y oscilaban su rumbo en diferentes zonas. Algunas hasta les gustaba perseguir a los niños o posarse sobre un bebé para hacerle reír.

Otras simplemente se posaban sobre objetos inanimados o se caían al suelo a la espera de que un zapato las partiera por la mitad, queriendo el descanso eterno.

A él le gustaban las que se posaban sobre aquel misterioso banco. Podía decir que era misterioso por el hecho de que nadie, absolutamente nadie, se sentaba en él. Fuera invierno, verano o primavera. Menos en Otoño.

Las hojas lo preferían. Lo usaban como lugar de descanso y los días de lluvia se pegaban al hierro de su asiento y la madera. Algunas caían a sus pies, otras se enredaban y bailaban alrededor de sus gruesas piernas.

Todo eso era una historia importante, impresionante, curiosa. Le gustaba verlas danzar y enamorarse de las cosas o personas mientras que los demás las ignoraban. Era el trágico momento de la naturaleza que era despreciada por aquellos cuya vida dependía.

Sacó su libreta y se apoyó contra la ventana mientras sus dedos apretaban el bolígrafo y escribía.

Si tenía éxito, prometía ir a sentarse a ese banco, dejar que las hojas le acariciaran y demostrar a la naturaleza lo agradecido que estaba con dejarle existir y ser capaz de ver la belleza en cosas que otros ni siquiera recuerdan.