Historia basada (adaptada) de la novela de la autora Drew Jennifer

Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling y a la Warner Bros.

Nota de la autora: Oh Dios el fin, de esta Historia Estoy feliz por cumplirles y espero que lo dsifruten. Con carino XOXO


"Sufre ahora, Pues tu gloria llegara,

Cuando menos te la esperes,

tu Felicidad a la puerta tocara".


Capítulo 12

Hermione llegó a su apartamento el domingo por la tarde, preguntándose por qué había dejado que Ginny la convenciera para pasar un fin de semana de consolación en Wisconsin.

Milwaukee en marzo no era sustituto para la soleada Las Vegas, sobre todo teniendo en cuenta que llovía o nevaba casi todo el tiempo. Habían ido al museo de arte, al cine, y habían jugado cientos de partidas de scrabble con la tía de Ginny entre pesadas comidas caseras. Lo más difícil había sido simular que se sentía animada.

A mediados de semana hizo su equipaje para Las Vegas, pero, finalmente, no se decidió a ir. Tal vez había sido una locura estropear una amistad con un hombre perfectamente agradable, sobre todo por un mal chico como Draco. Este tenía una incurable fobia contra el compromiso y ella había aceptado definitivamente que no tenían futuro juntos.

Por desgracia, su corazón estaba atrapado por sus sentimientos, pero no habría sido justo alentar a Harry cuando no había posibilidad de que llegara a amarlo. Era un tipo decente que no merecía sufrir.

Harry aceptó su negativa mejor de lo que había esperado. Tal vez fue un alivio para él que lo dejara antes de que apareciera el anuncio de su compromiso en la prensa. Así no tendría que contarla como su ex prometida.

Hermione no se había sentido capaz de salir con un hombre mientras deseaba estar con otro. Era posible que, cuando consiguiera sacarse a Draco de la cabeza y del corazón, encontrara a alguien más adecuado para ella, pero en esos momentos sentía que hacerlo le costaría una eternidad. Podía imaginarse a sí misma, mayor y con el pelo blanco, finalmente dispuesta para tener otro romance, pero limitada a la selección que pudiera hacer en el asilo.


Ya se había quitado los zapatos cuando se dio cuenta de que la luz de su contestador parpadeaba. El indicador mostraba que había cuatro mensajes. Apretó de mala gana el botón.

—Julie, si estás ahí, responde al teléfono. Era Draco. Habría reconocido su voz en cualquier lugar. ¿Por qué la habría llamado? Se suponía que estaba en Las Vegas con Harry. De todos modos, no tenían nada que decirse.

—Hermione, ¿dónde diablos estás? Soy Draco. Son las cinco.

Los dos mensajes siguientes eran más de lo mismo. Draco sonaba agitado, ansioso y enfadado. Hermione no podía imaginar por qué la había llamado tantas veces.

Marcó el número de su casa pero saltó el contestador. No dejó ningún mensaje ¿Qué podría haber dicho? ¿Y qué podría querer él?

El lunes por la mañana, Hermione estaba arreglando una corona de flores para un funeral cuando Draco entró en la tienda como un vendaval.

—¿Dónde has estado todo el fin de semana?

—¿Dónde he estado?—Hermione estaba demasiado aturdida como para responder. ¿Qué más le daba a Draco dónde había estado?

—Tenemos que hablar—dijo él, en voz lo suficientemente alta como para hacer que la jefa de Hermione saliera de su despacho.

—¿Hay algún problema?—preguntó la mujer.

—No hay ningún problema—aseguró hermione rápidamente—, pero si no le importa, voy a tomarme ahora mi descanso para el almuerzo.

—Yo haría lo mismo en tu caso—dijo su jefa, sonriendo pícaramente a pesar de que ya tenía tres nietos.


Hermione tuvo la loca idea de que Draco se la echaría al hombro y la sacaría a cuestas de la floristería si no se daba prisa. Tomó su abrigo y su bolso con él pisándole los talones. Luego, prácticamente la arrastró fuera de la tienda, pasándole un brazo por los hombros de manera que casi tuvo que correr para mantener su paso.

—¿Por qué haces esto?—preguntó más anonadada que enfadada por la actitud de Draco.

El abrió la puerta de su furgoneta, ilegalmente aparcada frente a la puerta de la floristería.

—Sube, por favor.

—¿A dónde vamos? ¿Qué pasa?

—Eres tú la que tiene que dar las explicaciones.

—¿Sobre qué?—ella no sabía si enfadarse o romper a reír histéricamente—. ¡Draco, contéstame!

Draco no condujo muy lejos, y tampoco habló mucho. Se detuvo frente a un restaurante chino a cuyos lados había una tienda de ropa y una joyería.

—No pienso salir hasta que me digas qué está pasando—dijo Hermione.

—Claro que vas a salir—Draco sonrió por primera vez.

Una sonrisa maliciosa que provocó un cosquilleo por todo el cuerpo de ella—¡No, lo digo en serio!

Draco abrió la puerta del acompañante, soltó el cinturón de Hermione y luego la tomó en brazos para sacarla de la furgoneta.

—¡Bájame!—Hermione le rodeó instintivamente el cuello con los brazos, temiendo que la dejara caer.

—¿Prometes portarte bien?

Por algún motivo que ella no lograba discernir, Draco parecía estar disfrutando intensamente.

Asintió con la cabeza y él la dejó en el suelo. Luego la tomó de la mano y entraron en la joyería.

—Nos gustaría mirar unos anillos de compromiso—dijo al dependiente, asombrando por completo a Hermione—. Esa bandeja parece bastante interesante—añadió, señalando a través del cristal del mostrador.

Volviéndose hacia Hermione, dijo: Elige uno... a no ser que ya sea tarde. El que quieras. No me importa el precio.

Alzó la mano izquierda de Hermione y examinó su dedo anular vacío, aparentemente satisfecho.

—¿Qué diablos estás haciendo?—el corazón de Hermione latía aceleradamente.

¡Aquello no podía estar pasando! Debía haberse quedado dormida y estaba soñando. Mas aun cuando en la radio comenzó a sonar la canción de Bruno Mars Marry you.

It´s a beautiful night
We´re looking for something dumb to do
Hey baby,
I think I wanna marry you

Is it the look in your eyes,
Or is it this dancing juice?
Who cares baby?
I think I wanna marry you

Well I know this little chapel
On the boulevard
We can go
No one will know
Oh come on girl
Who cares if we're trashed
Got a pocket full of cash
We can blow
Shots of patron
And it's on, girl

Don´t say no no no no no

—Te estoy proponiendo matrimonio. ¿Qué si no? Ése es bonito—Draco señaló un gran diamante solitario.

—¡Ni siquiera hemos tenido una primera cita real!

El dependiente, un hombre calvo de mediana edad, dejó de sacar bandejas, con expresión de sentirse tan confundido como Hermione.

—Podemos saltarnos los preliminares. Ahora vamos a seguir mis reglas—dijo Draco.

—¿Qué reglas? ¡Tú no quieres casarte!

—¿Estás segura?

Just say yeah yeah yeah yeah yeah
And we´ll go go go go go
If you´re ready like I'm ready

'Cause it´s a beautiful night
We´re looking for something dumb to do
Hey baby,
I think I wanna marry you

Is it the look in your eyes,
Or is it this dancing juice?
Who cares baby?
I think I wanna marry you

I'll go get a ring
Let the choir bells sing like oooh
So what you wanna do?

La mirada que Draco dedicó a Hermione podría haberla derretido. Sólo duró un instante, pero mostró un lado completamente diferente de él, su faceta de impetuoso enamorado.

—¡Frena un poco, por favor! Deja que me haga a la idea—ella se sentía tan confusa como feliz.

Draco tomó las manos de Hermione en las suyas.

—Este fin de semana volé a Las Vegas para persuadirte de que no te casaras con Potter. Te busqué en cada hotel y casi me volví loco al no encontrarte. ¡No me digas que no recibiste mis mensajes!

—Sí, los cuatro. ¿Pensaste que iba a casarme con Harry?

—Bueno, Selene dijo que... ¿por qué ir a Las Vegas si no planeabais una rápida boda en una de sus innumerables capillas? Sí, también comprobé éstas.

—¡Tonto!—dijo Hermione afectuosamente—. Harry ganó el viaje por ser el mejor vendedor del trimestre. Íbamos a tener habitaciones separadas, pero no fui. ¿De verdad volaste a Las Vegas para detenerme?

Draco parecía dispuesto a comérsela como desayuno. — ¿Qué has dicho?

—Que Harry ganó el viaje y...

—No, antes de eso.

—Que no fui.

Draco la miró un momento, perplejo.

—¿Que no fuiste?—repitió.

—No.

De pronto, Draco pasó de ser un tornado a convertirse en un muchacho atrapado con la mano metida en la caja de las galletas. Hermione no sabía a cuál de los dos amaba más.

— ¿Por qué hiciste una locura como esa? ¿Por qué fuiste tras mí?

El dependiente volvió a colocar en su sitio la bandeja que sostenía y se retiró al final de la tienda, simulando no escuchar.

—¿Por qué, Draco?—insistió Hermione. Tenía que saberlo. Todo su futuro dependía de ello. Era posible que, a fin de cuentas, no tuviera que esperar a conocer a un agradable octogenario en el lejano futuro.

Draco se había quedado mudo. Hermione no lo habría creído si no lo hubiera visto.

—No tenemos por qué hablar aquí—dijo con suavidad, y lo guió fuera de la tienda.

Una vez en la furgoneta, Draco recuperó el habla.

—Cuando pensé que te habías ido con Potter para casarte...—se interrumpió y tomó las manos de Hermione me di cuenta... temí... pensé que iba a perderte para siempre.

—No voy a casarme con Harry. No lo amo. Pero tú nunca has querido verte atado a una mujer.

—A ninguna mujer de las que conocí antes de encontrarte.

Draco se inclinó e hizo lo que debería haber hecho hacía mucho tiempo: besar a Hermione con todo el amor de su corazón. Sus bocas se unieron sin freno alguno.

—Te quiero—dijo, y sus palabras salieron del fondo de su garganta. Hermione no había oído nunca nada tan hermoso—. Te deseo—continuó, apoyando una mano entre sus piernas, y la besó en el cuello—. Pero no quiero que pasemos nuestra luna de miel en la cárcel—añadió, apartándose—. No podemos hacer nada en un aparcamiento.

—Draco...

—No puedo vivir sin ti, Hermione.

—No tienes por qué hacerlo.

—Haré lo que sea para estar contigo. Ya me he torturado lo suficiente, pretendiendo que valgo algo sin ti. Estoy dispuesto a alquilar un esmoquin, a hacer el numerito del arroz...

Let's just run, girl
And if we wake up
And you wanna break up that's cool
No, I wont blame you
It was fun girl

Don´t say no no no no no
Just say yeah yeah yeah yeah yeah
And we´ll go go go go go
If you´re ready like I'm ready

'Cause it´s a beautiful night
We´re looking for something dumb to do

—Draco, por favor, no...

—¿Que no te diga que te quiero?

—No... Sí. Si que quiero que me ames, Sí ámame.—Hermione se llevó una mano de Draco a los labios y le besó los dedos, necesitando tocarlo para asegurarse de que aquello estaba pasando realmente—. Pero no quiero que te cases conmigo.

—Yo quiero hacerlo...

—¡No! Es demasiado precipitado... no tienes por qué hacerlo. No hagas algo de lo que luego puedas arrepentirte sólo porque...

—¿Porque estoy loco por ti y voy a morirme si no hacemos el amor de inmediato?

—Creo que voy a tomarme un descanso más largo para almorzar.

—Tómate el resto del día.

Hey baby,
I think I wanna marry you

Is it the look in your eyes,
Or is it this dancing juice?
Who cares baby?
I think I wanna marry you

Just say I do
Tell me right now baby
Tell me right now baby, baby
Just say I do
Tell me right now baby
Tell me right now baby, baby
Oh

It´s a beautiful night
We´re looking for something dumb to do
Hey baby,
I think I wanna marry you

Is it the look in your eyes,
Or is it this dancing juice?
Who cares baby?
I think I wanna marry you


Tres días después, Hermione aún se sentía como si estuviera montando en una montana rusa que nunca se detuviera. Estaba loca de felicidad, y tan enamorada que no creía que una sola vida le bastara para acostumbrarse a estar con Draco.

—¿Qué te parece?—Draco entró con ella en brazos en la habitación del hotel de Las Vegas y la tumbó en la cama.

—¡Es maravilloso!—Hermione no estaba hablando de la habitación con sus cortinas de brocado y el mobiliario francés.

—Y ahora, señora Malfoy—dijo Draco, cerrando rápidamente la puerta—, ¿qué te gustaría hacer primero?

—Um... jugar a la ruleta.

—La ruleta—Draco hizo que aquella palabra sonara erótica—. De acuerdo, pero antes voy a darte un auténtico beso de recién casado.

—¿Otra de tus reglas?—Hermione se levantó y se apoyó contra él.

—Se acabaron las reglas. Draco la besó profunda y apasionadamente, ocupando o sus dedos en desabrocharle los botones de la chaqueta blanca del traje. Bajo ésta, Hermione sólo llevaba un sujetador de encaje que cayó rápidamente al suelo. Después le quito la breve falda y le bajó las medias.

Hermione pensó que era increíblemente erótico estar desnuda entre los brazos de un hombre vestido de traje, sobre todo si ese hombre era Draco.

—¿Crees que nuestras familias nos perdonarán alguna vez por haber huido para casarnos?—preguntó con voz ronca, mientras Draco le acariciaba la espalda con las manos.

—Hemos tenido que hacerlo. No había tiempo para buscar un vestido.

Draco empezó a hacer algo maravilloso con su lengua, a la vez que deslizaba las manos para abarcar los glúteos de Hermione. La presionó contra sí hasta que ella casi bailó de anhelo.

—Es posible encontrar uno rápidamente. Tú lo demostraste—pero no era posible pensar con la lengua de Draco jugueteando con uno de sus pezones y su mano entre las piernas, separándoselas...

—Ya se vengarán—prometió él—. Lo celebraran hasta que les supliquemos que paren.

—Será divertido. Pero nada sería nunca tan divertido como hacer el amor con Draco.

Hermione no necesitaba tener experiencia para saber que era un amante maravilloso; suave y cuidadoso la primera vez, juguetón cuando ella estaba tensa, anhelante cuando ella estaba dispuesta. La primera vez, en el apartamento de Hermione, Draco se quedó asombrado, al saber que era su primer amante.

—Señora Malfoy—dijo, maravillado—. Mi esposa, mi amor.

—¿No has olvidado algo?—Hermione alzó las manos y le desabrochó los botones de la camisa.

Draco se desvistió rápidamente. Hermione ya había perdido cuenta de cuántas veces se habían fundido sus cuerpos, pero, cada vez que sucedía, el placer aumentaba.

Cada vez que estaba con Hermione era la primera vez para Draco, sólo que infinitamente más satisfactoria. La deseaba ahora incluso más que cuando se fueron de la joyería. Le parecía imposible que sólo hubieran pasado tres días.

La tumbó de nuevo en la cama y la besó hasta que sus labios se inflamaron de pasión y sus pezones se endurecieron.

Estaba totalmente seguro de haber hecho lo correcto casándose con ella tan rápidamente. No podía imaginar su vida sin ella. Hermione era maravillosa, sensual, seductora y la mujer más agradable que había conocido. Aún sentía sudores fríos cuando pensaba en lo cerca que había estado de perderla.

Saber que era realmente suya era como mirar al mundo con nuevos ojos. Aunque la euforia no durara para siempre, su amor sí lo haría. No había nada que deseara más que hacerla feliz.

Se colocó sobre ella, admirando su exquisita belleza, la suavidad de su piel, la plenitud de sus senos. Cuando le separó las piernas quiso aullar de felicidad al ver su respuesta. ¿Cómo era posible que hubiera estado con ella más de un día sin haber hecho todo lo posible para hacerla suya cuanto antes?

Estar dentro de Hermione no se parecía a nada de lo que había experimentado hasta entonces. Un momento parecía perdida en sensaciones; al siguiente acariciaba su hombría o deslizaba las uñas por sus glúteos. Con cualquier otra mujer, aquello habrían sido meros trucos eróticos, pero había tanto amor en las caricias de ella que él siempre se quedaba maravillado y más excitado de lo que nunca hubiera creído posible.

—Te quiero—no se cansaba de decirlo, pero cuando, antes de lo que había esperado, el asombroso clímax de Hermione disparó el suyo, no pudo dejar de repetirlo.—Te quiero, te quiero, te quiero.

Después la acunó contra su pecho, adormecido, pero sin querer dormir, sabiendo el poco descanso que necesitaba para querer volver a hacerle el amor.

Lo más maravilloso era que lo que sucedía entre ellos no era sólo sexo, o ninguno de los otros términos que Draco había utilizado hasta entonces. Sólo podía llamarlo «hacer el amor», porque eso era.

Alzó la mano izquierda de Hermione y miró su anillo de casada y el diamante del anillo de compromiso.

—¿Te gusta?—preguntó, acariciándole la mano.

Hermione lo admiró un momento. Luego alzó la cabeza para mirar a Draco y sonrió, feliz.

—Me encanta. Pero tú me encantas aún más. No tenías por qué haberte casado conmigo, ya lo sabes.

—Probablemente he cometido un terrible error—bromeó él.

—Lo digo en serio, Draco. Me habría quedado contigo para siempre de todos modos, sin ataduras. Me habría acostado contigo.

—Ya lo hiciste. No me casé contigo para meterme en tus braguitas.

—Me habría sentido feliz sólo con salir contigo—insistió Hermione, anhelante—. No tenías por qué haberte precipitado para que nos casáramos. No querría que acabaras arrepintiéndote.

—Teníamos que casamos. Está en el libro de las reglas.

—¿Qué libro?—preguntó Hermione, arrugando la nariz.

—En el que pienso escribir. Como encontrar al hombre adecuado y casarse con él—dijo Draco, estrechando a Hermione contra sí—. Tenía que casarme contigo.

—¿Porque había comprometido tu honor?

—Porque te quiero demasiado como para dejar que te quedaras con un memo como... ¿cómo se llamaba?

—¡No puedo creerlo! ¡Estás celoso!

—Ya no.

Draco se tumbó sobre ella, preguntándose si una vez más sería... No. Definitivamente, no sería demasiado.

—Te amo—dijeron simultáneamente.

—Sólo hace un rato que nos hemos casado y ya estamos pensando lo mismo—dijo Hermione, y dejó escapar una risita que enloqueció a Draco.

—¿Vamos a jugar a la ruleta?—bromeó él.

—Somos las dos únicas personas que hay en Las Vegas que volverán a casa siendo más ricas sin haber entrado a un casino.

Fin


DIOS! hasta aqui! llegamos al fin

Despues de tantas locuras y dramas quedaron juntos.

Esta parejita siempre ha sido la que mas me atrae, por que con ellos nada es facil, nisiquiera pedir matrimonio.

Les quiero agradecer a todos los que me siguieron fielmente apesar de los inconvenientes ustedes hacen que un escritor siga adelnate sin importar que. GRACIAS!

Hasta La proxima historia.

Nos leemos

XOXO!