Capítulo XIV

Punto de acceso C al digimundo, en el centro de la ciudad de Tokio, Japón, en la Tierra

Junio 24 del 2085

Un muchacho corpulento de encrespado cabello negro y anchos lentes de montura de plástico se encontraba de pie frente al oficial en el acceso a los portales. En la ciudad había tres puntos de acceso al digimundo, clasificados de la A a la D, dependiendo de las condiciones de la visita al digimundo, el punto C por lo general estaba reservado a visitas de índole turísticas y escolares. El oficial miró nuevamente al chico sobre el carnet de estudiante donde aparecía la foto del joven y se podía leer el nombre Kintaro Haruno, ya había comprobado que el número del expediente del chico existiera en el sistema de la escuela que había expedido el carnet, pro algo seguía pareciéndome un tanto raro.

-¿Cuál es el motivo de su visita? -preguntó el hombre con voz autoritaria.

-Escolar -dijo el chico, pero parecía que el guardia estaba insatisfecho con esa respuesta-. Había una visita programada para hoy al centro botánico en el continente Sarvar del digimundo. Sucede que me retrasé y por eso me separe de mi grupo, pero ya estoy aquí y de verdad no puedo perderme esta visita.

El guardia hizo un gesto poco amigable. En efecto un grupo había pasado hace no más de veinte minutos, y si no mal recordaba habían hablado de alguien que les faltaba.

-De acuerdo, pero pediré que te escolten hasta que te reúnas con tu grupo -le indicó dejándolo pasar. El chico sonrió y avanzó pasando a un lado del guardia de recepción, ingresando a una gran estancia con varias filas delimitadas por barandales que guiaban a los recién llegados hasta una especie de detector, detrás del cual había un guardia.

El muchacho caminó con tranquilidad, se detuvo justo debajo del detector y espero hasta que este emitió un sonido agudo y una luz verde se encendió.

-Permítame su mochila por favor -pidió el guardia y el chico obedeció sin objeciones, el hombre abrió la mochila y miro dentro unas cuantas libretas, un termo con agua y un emparedado en una bolsa de plástico -, adelante -dijo y el chico continuó por el corredor que llegaba hasta la habitación donde estaba el portal.

Al pasar al guardia el joven no pudo evitar exhalar con alivio de forma discreta.

El chico llegó hasta el portal. Esperó su turno es final de la pequeña fila donde había solo un par de personas. Junto a un computador había un hombre vestido como guardia, pero, según pudo ver el muchacho, sin portar arma alguna. Su gran estomago se removió de forma peculiar y el chico apoyo su mano sobre el agachando la mirada.

-Tranquilo, aun no puedes salir -susurro y al levantar la mirada notó que el hombre de edad avanzada delante de él lo miraba extrañado. El chico sonrió apenado frotándose la barriga-. Un desayuno pesado y alto en fibra no fue buena idea -dijo con algo de nerviosismo, y el hombre se giró con un gesto de desagrado en el rostro.

El muchacho resoplo mientras la fila seguía avanzando.

Centro botánico de Sarvar, en el Digimundo

Junio 24 de 2085

El muchacho regordete dio un par de pasos observando a su alrededor con gran curiosidad. Varias personas pasaban por otros portales en línea al que el acababa de cruzar. Todo el lugar parecía lleno de vida y movimiento, se asemejaba a la terminal de un aeropuerto, con gente llegando y saliendo.

-Muchacho -lo llamó un oficial acompañado de un Dobermon. El chico camino hacia el-. Me dijeron que debía guiarte, así que no te alejes.

-Claro -contesto con sencillez el muchacho acomodándose los lentes.

Caminó junto al hombre y el digimon que lo vigilaba constantemente y se acercaba a él olfateándolo, lo que hacía que el chico se alejara un poco temeroso. El oficial se percató de ello.

-Dobermon, deja al chico, si tuviera algo prohibido los detectores se habían dado cuenta.

-Si -dijo el Dobermon alejándose con recelo del chico.

Siguieron caminando y el joven seguía mirando todo a su alrededor. De repente se detuvo a mitad del vestíbulo y el guardia lo miro con curiosidad.

-Disculpe, pero desde hace un rato necesito un baño -dijo el chico. El guardia asintió y señalo un corredor angosto cerca de la salida.

El muchacho caminó en la dirección que el guardia señalaba seguido de cerca por él y por Dobermon. Empujó la puerta del baño e ingreso a uno de los privados cerrando la puerta y tomando asiento sobre el retrete. Espero quiero unos segundos cerciorándose de que el guardia no ingresaría y luego comenzó a desabotonarse la camisa. Debajo de ella llevaba una especie de tela gruesa que comenzó a aflojar hasta permitir que el pequeño digimon parecido a un insecto lograra salir. Respirando de manera agitada.

-Ya era hora, me estaba ahogando.

-Baja la voz -le dijo el muchacho quitándose los lentes. El digimon saltó sobre su hombro mientras el joven se ponía de pie y salía del privado con cautela. Miro a su alrededor encontrando un conducto de aire-. Si no mal recuerdo los planos mostraban que ese conducto llega hasta el exterior del edificio, cerca de la vaya norte, no debe estar muy vigilada. Desde ahí llegaremos al bosque y podremos continuar con cautela hasta la base de Davis, deberíamos llegar mañana por la mañana si no hay contratiempos -explicó el chico de forma rápida y clara-. Vamos.

-¿Estás seguro de esto? -le preguntó el digimon con algo de duda. Saltando sobre uno de los lavabos para mirarlo de frente. Ken apretó los labios y los puños algo contrariado.

-Tú los viste, no le darán ni una oportunidad a Davis, y no me creerán si les explico, además si lo hago él se podría adelantar a nosotros. Por ahora contamos con la ventaja de poder llevar a cabo un ataque sorpresa.

-Pero no puedes hacer esto tú solo -le reclamó Wormon. Ken sonrió con tristeza mientras se acercaba y le acariciaba la cabeza.

-Si las cosas fueran al revés él lo haría por mí, en realidad lo haría por cualquiera en la mansión, lo sé, lo conozco -explicó sin dejar satisfecho al pequeño ser-, además, no estoy solo estoy contigo -Wormon entornó un gesto de inconformidad para después asentir.

-Odio que uses eso como argumento para convencerme -le dijo provocando una sonrisa en el rostro del chico que se quitó la peluca revelando una cabellera lacia y azulada.

-Bien, vámonos, antes de que vengan a buscar a Kintaro Haruno.

-Wormon rio ante el comentario del chico y luego se dirigieron al conducto de aire en el baño para salir de ahí.

"La semilla"

Mansión Riuga en Odaiba, Japón, en la Tierra

Junio 25 del 2085

Ken Ichijouji miró las esposas que lo aferraban a la mesa ubicada en la habitación que a rastras lo habían trasladado después de cruzar el portal al mundo real mientras suspiraba fastidiado.

Después de la huida de Davis del coliseo Kouta se había encargado de esposarlo con lujo de violencia, para trasladarlo a la mansión, donde pretendía interrogarlo. El chico se encontraba sentado en una silla acolchada de frente a una mesa de madera en una habitación a oscuras. No le costó ni un minuto deducir que se encontraba en el salón del tercer piso que ocupaban como aula de clases, si bien no podía distinguir nada frente a él, sabía que en el muro a la derecha de la entrada estaba el pizarrón blanco y junto a él la pantalla que utilizaban para ver videos, exposiciones y otras cosas en la clase de anatomía.

Ken suspiro nuevamente, aburrido y pensando en si toda esa situación debería despertarle temor, era evidente que esa era la intención, pero los cuchicheos detrás de la puerta que llegaban hasta él lo hacían muy difícil. La puerta se abrió luego de un par de segundos más, y el muchacho vio gracias a la luz del vestíbulo como entraban tres personas. La puerta se volvió a serrar, otros susurros se escucharon aunque Ken no sabía que era lo que discutían y luego el sonido de unos pasos le indicó que alguien se aproximaba a él. La persona frente a él dejó sobre la mesa un objeto metálico que emitió un ligero tintineo al tocar la superficie. Luego un interruptor de este fue accionado y se encendió una luz que lastimó ligeramente los ojos de Ken que ya se habían acostumbrado a la oscuridad. Al poder enfocar nuevamente la vista Ken vio a Kouta que lo miraba de forma intimidante y con los brazos cruzados. Ken permaneció en silencio, tranquilo y hasta cierto punto parecía aburrido, mientras Kouta parecía exasperarse al darse cuenta de que su maniobra para intimidar al muchacho no parecía surtir efecto.

-Muy bien Ichijouji, todo esto puede terminar rápido, depende de ti.

-Kouta, deja de ser un ridículo y quítame estas esposas -dijo con voz calmada Ken levantando las manos. El chico de cabello negro negó con la cabeza.

-Aunque esto también puede llevarnos toda la noche y créeme, no te va a gustar, también depende de ti.

-Escucha -le dijo Ken apoyando las manos en la mesa-, tengo hambre, no he dormido casi nada en las últimas setenta y dos horas, y si no es mucha molestia me gustaría poder darme un baño, quitarme esta ropa y lavarme toda la sangre de la cara -Kouta se cruzó de brazos.

-Primero tienes mucho que explicarnos Ichijouji -Ken bufo recargándose en el respaldo de la silla.

-Ya les dije suficiente mientras veníamos para acá.

-Eso lo decidiré yo, ahora tu eres mi prisionero, este tu calabozo y yo tu verdugo -Ken todo los ojos mientras negaba con la cabeza.

-Tú eres un lunático con delirios de grandeza, yo un pobre imbécil cansado y adolorido, y esto un maldito salón de clases.

-¡Basta! -exclamó Kouta golpeando la mesa con las palmas de las manos- ¡Habla ahora! ¡Dime todo lo que sabes!

-¡Hay por amor de dios! -dijo una voz femenina al fondo de la habitación y acto seguido la luz fue encendida por la chica. Se trataba de Yolei, quien estaba parada junto al apagador de la luz, sin lentes, con el pelo recogido en una coleta y sin la chaqueta del uniforme táctico, solo una camisa de tirantes blanca ceñida a su vientre plano y busto en desarrollo-, basta de tonterías.

-¿Podrías evitar meterte? ¡Estoy tratando de crear un ambiente aquí! -se quejó el chico de la gran cicatriz en el rostro.

-Pues no lo estas logrando -dijo Matt, que estaba sentado en el escritorio del otro extremo del salón. Igual que la chica, llevaba como prenda superior solo una camisa de tirantes, algo holgada y vieja.

-¿Donde esta Wormon? -preguntó Ken.

-¡Lo sabrás cuando contestes mis preguntas! -le espetó Kouta molesto.

-Abajo, en el comedor -dijo Yolei sin recelo alguno.

-¡Carajo! -se quejó Kouta.

Yolei no le prestó atención, solo camino hasta la mesa en que seguía esposado Ken, mi miro un segundo y vio como el chico le devolvía la mirada que continuaba siendo seria. La chica le sonrió mientras sacaba de un bolsillo de su pantalón un pequeño paquete que puso frente al chico.

-Una barra de granola -le explico-, te ves hambriento.

Ken no perdió tiempo y tomo la barra, abrió el paquete y devorando el alimento.

-No he comido nada desde ayer.

Yolei miró a Ken mientras este terminaba de comer. Kouta cruzó los brazos molesto mientras que Matt se limitó a permanecer en silencio, mientras pensaba en cómo habían resultado las cosas de ese modo. Frente a ellos tenían a Ken, el supuesto traidor del equipo y autonombrado Emperador, mientras al mismo tiempo otro de sus compañeros era un fugitivo que tenía consigo a Agumon, el compañero de Tai. De varios posibles desenlaces para aquella misión en los cuales el muchacho rubio había pensado, ni siquiera había considerado uno que fuera como lo que justamente les estaba sucediendo ahora.

-Vamos –la voz de Yolei lo sacó a él y a Kouta de sus pensamientos-, necesitas asearte, y comer algo.

-Espera… -intervino Kouta, pero la mirada gélida de Yolei lo detuvo.

-Si quieres considerarlo un prisionero está bien, pero hasta los criminales tienen derechos y esto es una exageración. Esta bajo tu custodia, de acuerdo, acompáñalo a su habitación para que se dé un baño, yo bajare a prepararle algo de comer –su voz era autoritaria, poderosa, y al muchacho no le quedo más que obedecer.

Asintió lentamente con la cabeza mientras la chica de cabello morado extendía la mano, pidiéndole las llaves de las esposas que Ken llevaba (quien también veía a Yolei con algo de temor). Kouta le dio las llaves y después de liberar al chico peli azul la joven se dirigió a la puerta, girándose al estar justo en el umbral para ver a los dos chicos.

-La comida no tardara nada, hagan rápido lo que les toca.

-Si –susurraron ambos al unísono. Matt contuvo su risa mientras que Yolei se marchaba y el salía detrás de ella.

Tai seguía con el pelo ligeramente mojado, con la ropa llena de lodo y la mirada clavada en el suelo. Seguía sentado en el sillón de la sala donde algunos otros estaban reunidos, repasando los recientes acontecimientos.

Como la misión había sido llevada casi en secreto, pocos conocían la verdadera situación. Para la mayoría en la base militar de HEDM a la que arribaron luego de la huida de Davis, los hechos consistían solo en que el emperador había escapado y nuevamente el enfrentamiento había dejado a un herido, aunque en mejores condiciones que Juri. Sobre Ken, Kouta lo trasladó a la mansión con motivo de interrogarlo y argumentando que era un testigo valioso, y dado que Charles se manifestó en apoyo del chico Ken fue llevado a la mansión junto con Wormon sin impedimento alguno. El resto de los chicos regresaron de inmediato, a excepción de Kari, quien se negó a irse hasta no recibir noticias del estado de Ryo. T.K. se ofreció a acompañarla y ambos en compañía de sus digimons tomaron asiento en la sala de espera.

Apenas llegaron Izzy y Henri se reunieron con Charles, Jijimon y Joe para darles los detalles de la fracasada misión.

Mimi había permanecido todo el tiempo junto a Tai, quien luego de ver como Davis se marchaba en su fortaleza flotante con Agumon no había dicho nada. Ella y Palmon habían trasladado a Tai casi a rastras hasta la sala donde aún seguía. Rika y Takato estaban sentados en una de las mesas con Juri, mediante una laptop que tenían enfrente, explicándole todo lo sucedido mientras que Guilmon y Terriermon jugaban más al fondo en la sala. Cody, con Armadillomon junto a él, charlaba con Suzie que tenía a Lopmon en su regazo, dándole un exhaustivo y detallado recuento de lo sucedido en la misión a la cual no había asistido por demanda de su hermano mayor, Henri, que había argumentado que era demasiado joven, y que había accedido solo después de que Cody le prometiera contarle todo lo sucedido en cuanto regresara a la mansión. Hirokazu y Kenta, inseparables como siempre, entraron a la sala sin la compañía de sus compañeros y se sentaron junto a Rika y Takato, quien les explicó que Rika estaba conversando con Juri en el hospital.

-Al final no se trataba de Ken, sino de Davis –resumió la chica de aspecto pálido que aparecía en la pantalla de la laptop.

-Sí, pero eso abre más interrogantes, ¿Por qué Ken escapó? ¿Por qué la trampa en su habitación? –cuestionó Takato haciendo un gesto muy similar al de Henri, cruzando sus brazos y agachando un poco la mirada intentando concentrarse.

-En realidad yo tengo otra duda más grande –dijo Kenta recargándose en el respaldo de su silla. En ese momento ingreso Mimi junto a Palmon a la sala cargando una pequeña taza de porcelana. La chica tomó asiento junto a Tai y le entregó la taza, el chico no pareció reaccionar pero Mimi insistió hasta que logró que Tai la mirara.

-Bébelo, te ayudará –le dijo el chico aceptó la taza.

-Gracias –musitó tomando la taza y dando un sorbo a su contenido.

-¿Y cuál es tu duda? –preguntó Takato interesado. Kenta se inclinó hacia delante mirando fijamente al chico que parecía algo nervioso.

-¿Cómo hiciste que Guilmon digievolucionara? –preguntó y pese al tono no tan alto de su voz, aquella pregunta sonó en toda la sala llamando la atención de todos los presentes, quienes prestaron atención a la charla que se llevaba a cabo en la mesa. Incluso Mimi levantó la mirada, apartándola del abatido rostro de Taichi, quien a pesar de haber escuchado la pregunta permaneció con la mirada sobre la taza que sostenía entre sus manos.

-Bueno…yo –comenzó a decir algo nervioso notando que Cody y Suzie dejaban sus asientos para acercarse más al chico para escuchar su explicación. Takato rio con nerviosismo justo antes de sentir su brazo ser empujado por la cabeza de Guilmon que busco hacerse un espacio debajo del brazo del chico y sobre su regazo, mirando al muchacho con curiosidad e inocencia. Takato le sonrió acariciándolo detrás de la oreja mientras levantaba la mirada-, la verdad es que no sé qué sucedió, solo… solo pasó.

-Pero creí que solo Tai y Matt podían hacerlo –Intervino Juri muy interesada en el nuevo tema de conversación-, ¿descubriste como hacerlo Takato? Eso significa que hay una clave, ¿verdad? –Tai levantó por primera vez la mirada, dirigiéndola al grupo alrededor del muchacho, en el cual ya se contaban también a Mimi y Palmon. El chico dio otro sorbo poniéndose de pie, deseoso de escuchar la respuesta de Takato.

-Bueno…no estoy seguro, solo…

-Yo quería proteger a Takato –intervino Guilmon-, pensaba solo en eso, y luego cuando Greymon estuvo a punto de lastimarlo, solo digievolucioné –Takato sonrió mientras asentía.

-Así es, en realidad yo pensaba justo en lo mismo, no me importaba que sucediera conmigo, solo quería que Guilmon estuviera a salvo y entonces… fue extraño –dijo el muchacho como si acabara de recordar algo, e instintivamente llevó su mano a su pecho-, fue como sentir una sensación cálida, que empezó en mi pecho, y se extendió por todo mi cuerpo.

-¡Es cierto! También yo lo sentí –declaró Guilmon-, además fue como si en un segundo mi mente hubiera estado en blanco, y al siguiente todo a mi alrededor se sentía diferente, la sensación del viento, la arena…

-Creo que en algún momento sentí como si mi respiración hiciera eco –dijo Takato con curiosidad-, como si...respiráramos al mismo tiempo –le dijo a Guilmon quien asintió.

-¿Qué quieren decir? –preguntó Rika y luego volteó a ver a Renamon quien la miró encogiéndose de hombros y con una expresión de confusión similar a la de la chica pelirroja.

-Su vínculo –intervino Tai, que seguía de pie junto al sofá.

-¿Vinculo? –Tai asintió aun con la mirada perdía en su rostro-. ¿Puedes ser más específico? –pidió Rika haciendo reaccionar a Tai, quien notó hasta ese momento que ahora la atención estaba sobre él.

-Es…bueno… -intentaba buscar la manera de decirlo.

-Tú y Matt –intervino Mimi-, regresaron con la capacidad de hacer que Agumon y Gabumon digievolucionaran aun pese a las torres negras, les preguntamos como lo habían logrado y dijeron que era difícil de explicar, creo que ya es momento de que lo intentes ¿no? –Tai miró a la chica que le devolvía la mirada de manera seria, muy distinta a la mirada compasiva que le había estado dirigiendo desde que Agumon había sido capturado. El chico suspiró asintiendo.

Cerró los ojos intentando recordar toda la charla que había tenido con Azulongmon ya bastante tiempo atrás, y tratando de poner en palabras claras todo lo que él les había compartido.

-Creo que debo empezar por esto –dijo abriendo los ojos topándose con las miradas expectantes de todos-, Tamer no somos nosotros, no es el humano con la capacidad de formar una conexión o vínculo con un digimons, sino el vínculo mismo.

-¿Cómo? –preguntó Takato, que al igual que Guilmon, miraba a Tai con curiosidad. Tai miró al chico y a su digimon.

-Cuando Guilmon digievolucionó, estaba discutiendo contigo, parecería que en ese momento no estaban siendo precisamente un equipo, pero el detalle está en que ambos pensaban en lo mismo, en mantener a su compañero, a su amigo fuera de peligro. Ambos tenían el mismo deseo, pensaban en proteger, en salvar, y debido a eso su vínculo se fortaleció.

-Pero… ¿Qué significa eso exactamente? –preguntó Mimi.

-Nosotros no hacemos que los digimons evolucionen, sino la conexión que establecemos con ellos, el hecho de romper las barreras que nos distancian. El digivice es una herramienta que hace que el vínculo sea más sencillo de establecer, pero por lo mismo se convierte en una herramienta estorbosa cuando dependemos de él. Las torres afectan el funcionamiento de los digivices, pero el vínculo que nosotros hacemos con nuestros digimons sigue siendo el mismo, sigue dependiendo de nosotros, y en cuanto más fuerte sea nuestro vinculo, más fuertes nos volvemos. No solo humano, no solo digimon –los tamers se miraron entre ellos y miraron a sus compañeros.

-Quieres decir que… -comenzó a decir Mimi con algo de desconfianza-, ¿Qué el digivice ni siquiera es necesario para la digievolucion? –Tai asintió.

-No el digivice, ni los emblemas, ni tarjetas azules –declaró el chico con mirada seria-, solo el vínculo que establecemos con nuestros compañeros.

El silencio reinó con esas palabras y todos se mostraban genuinamente conmocionados con aquella noticia.

-Es absurdo –dijo Rika cruzándose de brazos-. ¿Cómo es posible que podamos establecer el vínculo entre la energía de un digimon y un humano, sino es mediante el digivice que sirve como puente entre estos dos? –Cody asintió meditando la veracidad de las palabras de Rika.

-Quizá es por eso –escucharon la voz de Juri salir de las bocinas de la laptop-, quizá es porque lo creemos imposible, que lo volvemos imposible –Rika al escuchar esas palabras separó los brazos y despegó ligeramente los labios con una expresión de sorpresa.

La chica pelirroja pensó un instante en aquellas palabras y le dirigió una mirada a Renamon quien en ese justo momento también la volteó a ver a ella. No necesitaron intercambiar palabra alguna, pues en ese momento ambas intuyeron que pensaban en lo mismo, y sin decir nada más la chica se levantó de su silla y abandonó la sala en compañía de su compañera digimon.

Yolei se encontraba preparando un plato de fideos con verduras cocidas mientras que Matt, recargado en una encimera de la cocina al lado del fregadero miraba a Wormon jugando una partida de póker con Gabumon, Biyomon y Hawkmon. Pensó en preguntarle a la chica de cabello morado por el paradero de Kotemon, pero de inmediato pensó que debía estar con Kouta, vigilando Ken, y recordárselo a la chica no era una buena idea considerando su temperamento (y e que en ese momento sostenía una pequeña olla con agua hirviendo que con toda facilidad podía volcarle al chico encima si la hacía enfadar), por lo que se limitó a seguir ahí, callado y darle otro sorbo a la cerveza que había extraído del refrigerador, pensando en que quizá ya era tiempo de comenzar a pagarle a Kouta por dichas bebidas que el escondía y de las cuales dudaba que siquiera probara una.

Wormon parecía tranquilo, relajado y jugaba con buen ánimo con los digimons que tampoco tenían reserva alguna con él, Matt sabía que entre los digimons era más sencillo poder identificar sus intenciones entre ellos, al menos cuando eran jóvenes, y por tanto eran menos dados a desarrollar conflictos con otros digimons, por lo que sabía que si compañero confiaba en el digimon, este debía ser inocente de toda culpa, aun cuando Ken no lo fuera, cosa que él pensaba no estaba de más aun tomar en cuenta.

El rubio levantó la mirada de la mesa de la cocina viendo hacia el extenso comedor donde noto la presencia de una persona, que a mitad de la larga y ancha mesa dispuesta para recibir a una enorme cantidad de personas se encontraba la silueta de una chica de pelo corto que tenuemente se iluminaba por la poca luz que entraba del exterior de la mansión. Si sus ojos no lo engañaban se trataba de Sora, lo que respondía la otra pregunta que no había pronunciado pero que seguía rondándole en la cabeza, ¿Qué hacía Biyomon ahí? Matt se deslizó de la encimera apoyando los pies en el suelo y caminó hacia el comedor pasando por el umbral que dividía este de la cocina y se adentró en la oscuridad.

Por las dimensiones de la mesa el espacio para moverse en aquella enorme habitación era un poco angosto, esto también debido a la decoración en las paredes; algunas pequeñas mesitas con floreros que contenían flores artificiales y rosas cortadas de detrás de la mansión, varias vitrinas repletas de porcelanas y copas de cristal, e incluso, en el fondo, como flanqueando el ventanal de la habitación, un par de armaduras que en varias ocasiones se había preguntado quien habría llevado a ahí.

Alejando esas ideas de su cabeza, el chico rubio tomó asiento junto a Sora, que entre sus manos sostenía una botella de cristal ambarino como la que llevaba Matt, y frente a esta había una tacita de porcelana vacía (similar a la que Mimi le había entregado a Tai). Matt permaneció en silencio un momento viendo la expresión triste en los ojos de Sora, sin saber si estaba bien permanecer ahí en silencio, si debía decir algo para animarla, o si lo mejor era solo marcharse y dejar a la muchacha sola. Quizá ella lo percibiera en ese momento como un intruso incómodo.

Un suspiro profundo de la pelirroja sobresaltó a Matt que se recargó en el respaldo de la silla mientras que Sora lo volteaba a ver y sonreía de forma triste, mostrando los surcos que las lágrimas habían dibujado en sus mejillas. La pelirroja de cabello corto levantó la botella en sus manos mostrándosela a Matt esforzándose por sonreír.

-Creo que ya deberíamos pagarle por estas a Kouta –dijo dando un trago a la botella, Matt rio quedamente.

-Justo pensaba en eso, de lo contrario buscara otro escondite.

-No es, él más hábil para esconder las cosas, estoy segura de que podremos encontrarlas si hace eso –Matt rio al igual que Sora. El chico rubio recordó los días en que compartía conversaciones así con la joven junto a él, aquellos lejanos días en que compartían diálogos con un tono de complicidad que parecía desdibujar al resto del mundo, a sus pendientes y a sus tristezas, pero en ese momento no sucedió así, el rostro triste y cabizbajo de Sora seguía estando ahí, nítido a pesar de la oscuridad que los envolvía.

Sora se limpió un par de lágrimas que acababan de resbalar pos sus ojos con la manga de la chaqueta algo húmeda y con manchas de lodo seco.

-Té de azahar –dijo señalando la taza frente a ella-, Mimi me lo preparó, le llevó uno similar a Tai…él debe estar abatido –Matt no dijo nada, solo asintió, aquel detalle, que Agumon estuviera secuestrado, aun le parecía algo tan irreal, que no podía dar crédito por completo a que en realidad hubiera pasado-. Vine al comedor, porque no resistía ver a Yolei –dijo de repente la chica-, es mi amiga… por eso me siento mal.

-No entiendo –dijo Matt con desconcierto. Sora lo miró con una sonrisa triste en el rostro.

-¿Soy mala persona Matt? –preguntó dejando que otras lagrimas resbalaran por su rostro.

-¿Por qué lo preguntas?

-Por que desearía que hubiera sido Ken –dijo con pesar. Matt sintió una aguda sensación sobre su pecho al escuchar eso y un nudo se formó en su garganta-. Juri estuvo al borde de la muerte, Ryo está herido, Tai perdió a Agumon, y yo solo pienso en que desearía que hubiera sido Ken y no Davis –la chica apretó los puños y cerro con fuerza los ojos-, cuando pensamos que era Ken… tu no lo viste, ninguno de ustedes lo vio –decía entre sollozos-, Yolei estaba destrozada, la acompañé en ese momento. Y aun con eso, aun cuando sé que debe sentirse mal por Davis, de todas formas pienso que en su corazón debe haber un gran alivio al ver que Ken es inocente, y aun así desearía que fuera Davis el inocente.

Matt permaneció callado, presenciando la desesperación y la tristeza de Sora. El ya de antes tenía la sospecha de que su amiga sentía algo por el chico de cabello rojizo, pero ahora era como si de pronto no solo fuera una confirmación, sino que era una bofetada violenta contra él.

Sora continuaba sollozando, con los puños fuertemente cerrados sobre la mesa, en el momento en que Matt puso su mano sobre uno de ellos. La chica comenzó a controlarse y miró a su amigo, quien le sonreía de manera mustia.

-No eres mala persona –le aseguró, acercándose más a ella para envolverla en un abrazo en que la chica se sintió cómoda y reconfortada.

Permanecieron así durante un rato hasta que la luz del comedor se encendió y la pelirroja se separó deprisa del rubio para secar las lágrimas sobre su rostro, al ver que Kouta ingresaba al comedor empujando a Ken, que ahora vestía ropa limpia y llevaba el lacio cabello húmedo, estaba descalzo y las gotas sobre su ropa sugerían que el chico de cabello negro lo había hecho salir muy deprisa de la ducha y no le había dado tiempo suficiente para secarse antes de vestirse y bajar al comedor.

A empujones Ken tomó asiento frente a Matt y Sora, quien se había girado hacia una de las vitrinas y mantenía su mirada en esta para que el chico no notara que había estado llorando (aunque de poco le sirvió, pues Ken notó sobre la mesa un par de pequeñas gotitas que le dieron la pista clave para saber qué había sucedido antes de que el llegara.

Yolei se aproximó cargando una bandeja en la cual llevaba la comida de Ken, la cual dejó frente al chico, quien vio el plato con fideos y verduras emanando un ligero vapor que al llegar a sus nasales le hicieron respirar hondo, disfrutando del aroma.

-Date prisa para volver al interrogatorio –le dijo con brusquedad Kouta, para después recibir un fuerte y estridente golpe con la bandeja que Yolei sostenía en las manos, lo que lo hizo acuclillarse mientras se frotaba un gran chichón en la cabeza y un par de lágrimas salían de sus ojos.

-¡¿Quieres calmarte de una vez?! ¡Y ni creas que volverás a meterlo a ese salón como si fuera una prisión! ¡¿Te quedó claro?!

Ken miró ligeramente intimidado a Yolei, para después volver a mirar a Sora, quien a pesar de que estaba de espaldas a él, parecía estar conteniendo una risa divertida por el espectáculo ofrecido por Kouta y Yolei. El chico peli azul sonrió ligeramente, mientras veía el plato de comida frente a él y escuchaba los reclamos de Kouta contra Yolei y las respuestas que esta le daba.

-Lo siento –dijo en tono bajo, deteniendo la discusión de Kouta y Yolei, y llamando la atención de Sora, a quien iba dirigida esa disculpa. La pelirroja se giró, aun con los ojos llorosos y con una expresión algo desconsolada.

Ken la miró entristecido, tratando de seguir hablando.

-Lamento que todo esto esté pasando… lamento que te enteraras de esa forma, que todos lo hicieran, lamento mucho esta situación –Sora desvió la mirada, mientras secaba las ultimas lagrimas que escurrían de sus ojos. Respiró hondo buscando fuerzas en su interior para poder responderle al chico.

-No es tu culpa Ken –dijo finalmente.

-Bueno, eso aún está por verse –dijo Kouta recibiendo otro golpe de parte de Yolei, ante el cual Sora rio abiertamente y Matt sonrió por verla cambiar su expresión abatida por una un poco más relajada.

-Ahora come –dijo Yolei, como si de una orden se tratara y Ken asintió, mientras Wormon se aproximaba al chico andando sobre la mesa de madera.

Yolei se marchó en cuanto vio que Ken comenzó a comer, aunque solo lo hizo para ir hasta la sala para llamar al resto de los chicos y digimons, para que todos se reunieran en el comedor. Sentía que eso era lo más apropiado, puesto que no consideraba que Ken fuera un prisionero, y si sentía que era necesario que todos estuvieran enterados de lo que estaba pasando. Si bien era para ella poco factible que Ken fuera un enemigo, si reconocía que debía explicar bastantes cosas, y entre más pronto lo hiciera mejor, puesto que la situación no era nada simple, y si seguían tan a oscuras como en ese momento todo iba a estar peor.

Siendo así las cosas, antes de que Ken terminara de comer, en la mesa tomaron asiento todos los habitantes de la mansión que en ese momento se encontraban en la misma. Charles, Izzy, Joe, Jijimon y Gennai fueron los últimos en llegar. Izzy recorrió una silla del lado de la mesa en que estaba Ken, sentándose a un lado de Tentomon, y Joe se recargó en la pared frente al chico peli azul, siendo abordado por Gomamon, quien saltó sobre el en cuanto lo vio. Tras los últimos golpes del cubierto en la mano de Ken sobre el plato de porcelana, el silencio imperó en el comedor.

La disposición de los Tamers y digimons en el comedor parecía reflejar la situación que se vivía en ese momento, pues del lado en que estaba sentado el joven Ichijouji solo habían tomado asiento Yolei con Hawkmon, Izzy y Tentomon, Charles, Gennai y Jijimon. Mientras que de frente a ellos, algunos de pie y otros sentados estaban el resto de los Tamers y digimons. Kenta y Hirokazu flanqueaban a Guardromon y se recargaban sobre el digimon androide que parecía otra decoración de la habitación. Sora seguía frente a Ken, con Matt de un lado y Biyomon del otro. Gabumon, a un lado de Matt, sentía a su lado a Renamon, quien tenía a su lado a Rika, después Takato, Guilmon, Henri y Suzie quienes sobre su regazo mantenían a Terriermon y Lopmon respectivamente. Detrás de Matt Taichi se encontraba recargado en una de las vitrinas, con Mimi junto a él y junto a ella Palmon. Del otro lado de la mesa, junto a Biyomon, Cody se recargaba en el respaldo de su silla mientras que Armadillomon, echado a los pies del chico parecía dormir la siesta.

-Bien –dijo Kouta, que junto a Kotemon habían estado recorriendo el comedor por completo, en una especie de pantomima de guardias al asecho-. ¿Hablaras ahora? –Ken levantó la vista del plato vacío mirando al chico de la larga cicatriz en el rostro. Ken no parecía asustado o intimidado, más bien lucia tranquilo, ligeramente enfadado, pero con una expresión que parecía denotar que el dominaba la situación.

-Es…complicado de decir –dijo el chico juntando sus manos sobre la mesa.

-Ah, no te preocupes, conozco formas de hacer que hables con más facilidad…

-¡Kouta! –lo reprendieron varios de los presentes, con enfado y fastidio haciendo al chico refunfuñar mientras tomaba asiento junto a Cody cruzándose de brazos.

-En situaciones como esta parece se vuelve lo más común y lo más cliché esta frase –comenzó a hablar Jijimon con su voz áspera-, pero resulta que su función, si bien es simple y repetitiva, también es útil y bastante pertinente, así que lo diré –el digimon carraspeó un poco, como queriendo, sin lograrlo, aclarar su voz-. Comienza por el principio muchacho.

Ken, que en todo ese dialogo miró fijamente a Jijimon asintió.

-Debió empezar hace dos años…en realidad, no lo sé, más bien hace dos años di cuenta de ello –dijo tratando de recordar-, Davis empezó a actuar algo extraño quiero decir, durante un tiempo supuse que era algo personal de lo que no quería hablar pero…su comportamiento… sus palabras… era como si no fuera la misma persona y no entendía el por qué.

Todos guardaron silencio escuchando al muchacho.

-¿De qué hablas? –Preguntó Cody-, jamás vi que actuara extraño, siempre fue el mismo chico que todos… -pero antes de terminar la frase Ken comenzó a negar con la cabeza y le dirigió una mirada seria.

-No espero que se den cuenta, eran cosas muy sutiles, quizá tan imperceptibles que solo alguien que lo conoce realmente bien podía darse cuenta –aseguro el muchacho-. Debo admitir que era realmente inteligente y hábil, ocultaba sus emociones, sus cambios a los ojos de los demás, pero había cosas tan sutiles, y otras que no lo eran tanto.

-¿Puedes ser un poco más claro? –pidió Matt. Ken bajó la mirada meditando.

-Después del ataque a Odaiba, pasó por temporadas de insomnio muy intensas, al principio creí que era una consecuencia del estrés de la batalla, pero después me pareció que era algo más. Como dije, al pensar que se trataba de algo personal, pensé que era lo mejor darle su espacio, no molestarlo con eso, pero se volvía cada vez más extraño, hablaba solo, como si tuviera discusiones, terrores nocturnos, y en más de una ocasión, cuando realizábamos misiones juntos decía y hacia cosas que me llamaban la atención. Su comportamiento en batalla era más agresivo, hostil y dañino, y las cosas que llegaba a decirme –el chico guardó silencio, cerrando los ojos y recordando aquellas escenas.

-¿Qué cosas? –preguntó Taichi.

-La naturaleza es el caos… el origen, la finalidad, el orden es el caos –dijo Ken recordando la voz de su amigo-, lo más extraño es que al decirlo aprecia estar en una especie de trance. Después de eso no pude dejar pasar varias coas, como que salía mucho de la mansión en su tiempo libre, y aunque seguía conviviendo con nosotros, constantemente buscaba estar solo, eso y sus calificaciones –dijo mirando a todos, como si quisiera que ellos confirmaran su sospecha.

-¿Qué quieres decir? –Preguntó Sora-, sus calificaciones mejoraron muchísimo después de lo de Myotismon, tan buenas como las tuyas, yo diría que incluso como las de Izzy o Joe.

-Exacto –dijo Ken-, ¿Davis un genio? No puedo ser el único que piensa que algo ahí no encaja.

-Eso no prueba nada –aseguró Henri-, quizá solo quiso esforzarse más y ya.

-¿El mismo idiota al que una vez le hicimos creer que la película "2012" estaba basada en hechos reales? –dijo Ken con escepticismo, el resto de los presentes parecía meditar aquella posibilidad.

-Bueno… un niño puede llegar a ser muy ingenuo –justificó Sora.

-Teníamos doce años cuando hicimos eso –escucharon una voz femenina que venía de la cocina, y al voltear se encontraron con Hikari, y detrás de ella T.K. quien, junto con Monodramon ayudaban a Ryo a mantenerse de pie-, fue una semana antes de la primera vez que nos reunieron a todos.

T.K. y Ryo avanzaron hasta una silla del comedor, donde el muchacho de cabello castaño tomo asiento. El chico parecía bastante fatigado, y se sostenía un costado mientras suspiraba en la silla.

-Akiyama –dijo Charles levantándose de su silla bastante alterado-, ¿Qué se supone que haces aquí? Recibiste un disparo, deberías estar en el hospital.

-Se negó a quedarse –dijo T.K. algo apenado mientras Hikari se sentaba junto al chico sujetándole la mano sin importarle que los demás los vieran.

-Amenazó con escapar y vagar por el desierto si no lo traíamos a la mansión –dijo Hikari-, y conociéndolo, no creo que estuviera bromeando –Ryo le sonrió de manera tierna apretándole la mano.

T.K. desvió la mirada esbozando una sonrisa divertida mientras que varios de los otros miraban con mucha curiosidad aquel gesto.

-Oigan… -dijo Tai quien también veía la escena aunque no muy contento-, ¿Qué se traen ustedes dos? –preguntó ligeramente alterado.

-Creo que es más que obvio que se traen –dijo Matt con voz neutra-, y no es lo importante en este momento, por favor, prosigue Ken –pidió el rubio. Ken asintió.

Tai siguió mirando a la pareja al final de la mesa con algo de incomodidad, mientras a él Mimi lo observaba con interés, y una expresión no muy contenta.

-Como les decía, esas cosas no pasaron desapercibidas para mí. Comencé a vigilarlo, supongo que él se dio cuenta, porque empezó a moverse con más cautela, y a distanciarse de mí, haciéndome las cosas más difíciles, aun así lograba obtener algo de información, y poco a poco me fui dando cuenta de algunas cosas. Sabía que estaba tramando algo, aunque no estaba seguro de que, hasta el día en que el Emperador apareció –el chico hizo una pausa, parecía algo incómodo y enfadado-. Por más que quise pensar que no podía tratarse de eso, sabía que era una posibilidad, y entre más investigaba las cosas encajaban más.

-¿A qué te refieres? –preguntó Joe.

-Supongo que ustedes también lo pensaron –dijo el muchacho mirando a Ryo, Kouta y a Henri-, solo alguien que nos conocía muy bien podía ser el responsable del ataque, y en los últimos meses Davis había estado estudiando bastante lo referente a las redes de portales de HEDM en el digimundo, durante ese mismo tiempo yo estuve investigándolo a él, rastreando sus movimientos, tratando de monitorear sus actividades sin que él pudiera percatarse de ello.

-Por eso estabas tan distanciado –dijo T.K. como si acabara de darse cuenta de algo. Ken lo miró y asintió.

-En los últimos meses había tenido poco tiempo para pasarlo con ustedes porque estaba tratando de descifrar que era lo que tramaba Davis. Y por ese motivo me consideraron un traidor –dijo volviendo a ver a Kouta, quien no había cambiado su expresión seria y continuaba con los brazos cruzados-. Como sea. Tras mucho trabajo, comencé a detectar las actividades de Davis dentro de la red de HEDM, y en general su trabajo desde el mundo real en el digimundo, programas demasiado avanzados y códigos que demostraban un increíble trabajo, algo demasiado avanzado incluso para las mentes más brillantes de la actualidad, creí que tenía la ventaja pero… -el chico se detuvo agachando la mirada y apretando los puños sobre la mesa.

-Él te descubrió –dijo Takato entendiendo lo que el chico quería decir.

-Fui muy arrogante al pensar que podía seguirlo y vigilarlo sin que él se diera cuenta –dijo levantando la mirada-, pero para su fortuna, en ese momento yo no era el único que estaba efectuando una vigilancia, y él tampoco era el único que actuaba de forma sospechosa.

-Henri, Kouta y Ryo sospechaban de ti, y Davis se dio cuenta de ello –dijo Tai.

-Cualquiera se daría cuenta de la hostilidad que ellos tres tenían hacia mí –dijo Ken sonriendo con desdén. Henri apretó el puño molesto consigo mismo, mientras que Ryo ni siquiera se atrevió a mirar a Ken en ese momento. El único que permanecía inmutable era Kouta-. Davis se aprovechó de eso, cuando ustedes me creyeron un traidor, y pensaron que la batalla era contra mí, se aprovechó de eso.

-Escuchó todo el plan que trazamos pensando que a quien capturaríamos era a ti –dijo Matt recargándose en el respaldo de su silla y cubriéndose el rostro con una mano-, no bromeaba cuando decía que no teníamos ni la mínima oportunidad contra el –bufó con enfado.

-Bonita historia –dijo Kouta recargando los codos sobre la mesa-, pero aún hay un par de cosas que no entiendo, ¿Por qué tenías una trampa en tu habitación? ¿Cómo sabías donde estaríamos? ¿Por qué atacaste a Henri? ¿Y por qué jamás dijiste nada si sabías que Davis era un traidor?

-No entiendes nada idiota –se quejó Ken y Kouta se levantó precipitadamente de su asiento. Cody lo sujetó de un brazo y el muchacho estuvo a punto de golpearlo pero se contuvo y volvió a tomar asiento. Ken permaneció tranquilo, respiró hondo y decidió continuar con su explicación.

-Como ya les dije, para nadie pasaba desapercibido que Kouta Ryo y Henri tenían algo en mi contra, cosa que tampoco Davis debió dejar pasar, por lo que estaba convencido de que tarde o temprano él se aprovecharía de esa sospecha y me inculparía, así que preparé la trampa en caso de que fuera necesario salir de la mansión en un momento complicado.

-¿No crees que hubiera sido más simple el que solo nos explicaras que estaba pasando? –le preguntó Rika.

-¡Ah! ¡Claro! Lo habría sido en caso de que me hubieran dado la oportunidad de dar una explicación, sin embargo no me consideraban un sospechoso, sino un culpable –dijo con voz dura-, tal vez Tai me habría dado el beneficio de la duda quizá, pero en cuanto al resto, me quedó muy claro cuando vi cómo me miraban el día en que encontraron el traje en mi habitación, que dijera lo que dijera no me creerían –Henri suspiró frustrado, sabiendo que el chico decía la verdad (el en ese momento más que sus compañeros se encontraba cegado por sus emociones)-, el maldito baúl ni siquiera era mío, no me di cuenta ni cuando lo metió a mi habitación.

El silencio volvió a reinar mientras todos sopesaban lo que se acababa de decir.

-¿Cómo sabías donde estaríamos? –preguntó Matt después de un rato.

-No lo sabía –respondió Ken con sencillez-, una vez que me fui de la mansión destruí mi digivice, porque pensé que intentarían rastrearme. Desde tiempo atrás comencé a montar un pequeño puesto de vigilancia que fui construyendo de a poco con cosas que tomaba del laboratorio, viejos equipos de cómputo y otros cuantos cacharros que nadie notaba cuando desaparecían, con eso fui analizando la información de las apariciones del Emperador, sus movimientos, despliegues, así como algunas pistas que obtenía de los rastreos que hacía de la información de Davis y de su digivice, al final logre elaborar un algoritmo con el que ubiqué un punto que parecía ser clave en todo esto, el coliseo, me dispuse a ir hasta ahí para esperarlo hasta que finalmente apareciera y confrontarlo frente a frente, pero ustedes aparecieron. Cuando vi a Henri creí que habían llegado ahí de la misma manera que yo, y en ese momento no pensé que fueran a estar todos presentes, por lo que pensé que dejar fuera de combate a Henri me permitiría llegar hasta Davis sin problemas, luego todo se complicó aún más y terminó como ya saben.

-¿Pero cómo cruzaste al digimundo? –Preguntó Mimi con gran curiosidad-, no pudiste haber utilizado un portal de HEDM, lo sabríamos, y los portales civiles están aún más vigilados, hay detectores muy avanzados para evitar el desplazamiento de artículos, o formas de vida –miró a Wormon-, no autorizadas.

-Bueno yo…

-Utilizó esto –dijo Joe mostrando una especie de tela algo gruesa-. Una tela hecha con polímero flexible que puede evadir casi cualquier tipo de detección –explicó el chico y Ken asintió-. Esta tecnología es de la más avanzada y además reservada para el uso militar, se espera poder desarrollar trajes y blindajes especiales que sean indetectables con sonar, infrarrojo y prácticamente cualquier cosa –Joe parecía muy sorprendido.

-Robe información de tu computadora, y obtuve una muestra prototipo de la tela sobre la cual trabaje hasta perfeccionarla. Luego de eso ingrese a la base de datos de una escuela que tenía programada una visita a un centro botánico cerca del coliseo y cree un perfil falso, así me hice de una identidad y con la tela pude pasar sin que Wormon fuera detectado por los aparatos.

-Brillante –aseguró Gennai sorprendido-, simple y brillante.

-No lo alientes –dijo Charles mirando al anciano con cierto recelo-, ciertamente fue muy ingenioso lo que hiciste, pero también muy arriesgado, además de ilegal. Extraer material de HEDM fuera de las instalaciones donde están seguras es un grave delito y un acto verdaderamente irresponsable.

-Lo sé -admitió Ken-, pero no me quedaba de otra.

-¿Y dónde están esos artículos? –preguntó Jijimon intrigado.

-En una bodega en los muelles que he estado rentando hace unos meses con un nombre falso, ahí sigue todo, al menos eso creo.

-¿Por qué no dijiste nada? –preguntó Sora, que en esos momentos se encontraba recostada en la mesa, con la cabeza sobre los brazos mirando la madera fijamente.

-Cierto –dijo Kouta con voz más ruda-, si sabías que Davis era un traidor ¿Por qué no dijiste nada? ¿Por qué dejaste que te inculpara? ¿Por qué no compartiste con tu equipo tus sospechas?

-¡¿Es en serio?! -Exclamó Ken molesto levantando sede su silla-. ¿De verdad… lo preguntas? –el chico respiraba agitadamente-. Ustedes cuando empezaron a sospechar que alguien de la mansión estaba detrás de todo esto pensaron de inmediato en un traidor, en un enemigo, en alguien contra quien debían pelear, no les dije nada porque sabía cómo actuarían, porque sabía que lo atacarían, quería proteger a mi amigo.

-¡Proteger a tu amigo! –Rika también se levantó de su asiento furiosa-, Juri está en el hospital por culpa de tu amigo, ¿Qué lo vuelve a el más importante que a ella?

-No digo que ella sea más importante, y si no le dije nada a nadie era porque quería enfrentarlo yo solo.

-Pero somos un equipo –dijo Joe-, amigos, ¿recuerdas? –Ken rio por lo bajo agachando la mirada, sin volver a tomar asiento.

-¿Amigos? –Dijo con tono escéptico-, ¿crees que somos amigos? ¿Crees que somos un equipo? No hay confianza, si al primer indicio de problemas hay sospechas entre los miembros de un equipo es que no hay confianza, entonces son hay un equipo. Si fuéramos amigos…no, si tan solo fuéramos un equipo en lugar de pensar en un traidor, en un enemigo habrían pensado en un amigo que se encuentra en aprietos, en un problema, que no actúa por su propia voluntad, lo sé por qué es lo que sé que está pasando con Davis, es imposible que él sea así –declaró sin un ápice de duda-. Yo lo conozco, y sé que jamás le haría daño a nadie. Pero ustedes… ustedes solo ven a alguien a quien derrotar, ¿y me preguntan por qué no les dije nada? –Dijo echando un largo vistazo a todos los presentes-, yo les pregunto, ¿se lo merecían? ¿Merecían que les dijera? Habrían intentado lastimar a Davis, lo sé, porque no dudaban en lastimarme a mí –el chico se dejó caer en su asiento después de eso. Wormon se acercó a él algo preocupado y el chico le acarició la cabeza- Quería evitar que pasara esto, pero ustedes lo arruinaron.

Ni siquiera Kouta o Rika tenían algo que decir en ese momento. Nadie podía decir nada, para todos era difícil.

Tai permaneció con la mirada en el suelo durante un rato, hasta que algo llamó su atención, y levantó la mirada para ver a Ken, quien seguía cabizbajo y en silencio.

-¿Por qué…? –dijo con voz débil. Ken levantó la vista y lo miró, al igual que varios otros-, ¿Por qué…? ¿Por qué estás tan seguro? ¿Por qué no tienes ni una pisca de duda? Sé que es tu amigo pero… Ken desvió la mirada meditando un poco las cosas, y luego suspiró como decidiendo que de nada importaba decir un poco más.

-El emperador es un sádico, un transgresor como el mismo lo dijo, Davis no es nada de eso. Llevo de conocerlo años, desde antes de que conociéramos a nuestros digimons, el ya desde entonces sabía que quería convertirse en un Tamer, era lo que más deseaba en la vida, quería hacerlo porque tenía el fuerte deseo de dedicar su vida a proteger a otros.

-Las personas pueden cambiar –argumentó Matt, Ken negó con la cabeza.

-Él no –dijo con seguridad-. Cuando cumplimos once, comenzamos a asistir a misiones junto a un equipo más experimentado, nuestra función era solo observar. Fuimos a una pequeña aldea en Sarvar, fuertes lluvias habían producido inundaciones y un equipo de apoyo asistió para dar algo de ayuda, mientras estábamos ahí una presa se desbordó y el pueblo volvió a quedar bajo el agua. Nos refugiamos en terreno alto junto a la mayoría de los habitantes, y de la nada, en la corriente pudimos ver a una niña que era arrastrada por el agua. Davis ni siquiera lo pensó, se arrojó al agua para rescatar a la niña, sobra decir que no pudo hacer mucho y los dos fueron arrastrados por el agua hasta que lograron sujetarse de las ramas de un árbol que crecía en el risco. Luego un equipo de rescate los subió y ambos sobrevivieron.

-¿Y eso que a que va? –preguntó Henri de brazos cruzados. Ken levantó su mirada seria y dura dirigiéndola al muchacho de cabello negro.

-Davis se arrojó para salvar a esa niña y cuan do le pregunte por que lo había hecho, dijo que por que no podía ver a alguien en un problema como ese y simplemente dejarlo pasar. Alguien que piensa algo como eso no creo que sea capaz de convertirse en un tirano como el emperador de los digimons, algo cambio… algo no está bien desde… -Ken guardó silencio, como si no estuviera seguro de continuar.

-¿Desde qué…? -inquirió Tai. El chico levantó la mirada y se apartó el pelo de la cara para después apoyar su codo sobre la mesa y su rostro en la palma de su mano.

-No sé cómo explicarlo pero… todo comenzó a cambiar desde el ataque de Myotismon, es como si él hubiera empezado a convertirse en otra persona –el chico miró al resto llenándose de enfado-, ¡Esto es a lo que me refiero! –Exclamó exasperado-, no creen en lo que les estoy diciendo, solo me tildan de loco, pero créanme, no es él, y no sé por qué pero algo cambió drásticamente y sé que no actúa por su propia voluntad…

-El Snimon –susurró débilmente Yolei cortando el dialogo de Ken y llamando la atención de todos. Charles se inclinó hacia adelante volteando a ver a la chica junto a Ken.

-¿Cómo dices? –preguntó el hombre apoyándose en la mesa. Yolei levantó la vista saliendo de sus cavilaciones.

-Cuando terminó la batalla, ¿recuerdan que un Snimon atacó y se llevó a Hikari? –Todos comenzaron a hacer memoria-, Tai fue tras ellos y regresó con ella, pero antes de llevársela, atacó a Davis…o algo así.

-Fue como si le escupiera algo –dijo Mimi recordando la escena. Tai sintió todo su cuerpo entumecerse mientras recordaba aquel suceso. El digimon no tenía intenciones de atacar a ninguno de ellos, sino que su objetivo era llegar hasta Hikari y él sabía por qué, sabía que ese digimon había sido enviado por los seres oscuros que buscaban a la joven castaña, lo que no solo le confirmaba a él que lo que decía Ken era posible, sino que también le hacía creer que todo ese resultado no era nada al azar.

Charles mientras tanto parecía estar meditando todo lo dicho por Ken. Apoyó los codos sobre la mesa y su barbilla sobre sus manos mientras trataba de buscar la razón para que el chico actuara de esa forma, aunque pensar que todo se debía al ataque de un digimon era un poco extraño, no podía negar que existía una posibilidad de que fuera cierto, además de que resultaba mejor que pensar que uno de los Tamers era un traidor y un enemigo, tanto para él, como para los ahí reunidos que aunque no lo dijeran en voz alta, se notaba que se debatían entre el hecho de creer en que Davis era una amenaza o una víctima de algo más grande.

Gennai volteó a ver a Charles al igual que Jijimon, parecía que ambos meditaban las mismas cosas que el hombre de traje.

-Es… -Joe rompió el prolongado silencio en que todos se habían sumido, aunque de manera titubeante y algo tímida-, ¿posible? –completó finalmente la frase con un tono lleno de duda. Charles resopló.

-Si lo es hay que averiguarlo –sentenció con el tono que utilizaba cuando una conversación llegaba a su final-. Ken –llamó el hombre al chico que lo volteó a ver-, ¿tienes más información sobre los movimientos de Davis? –preguntó sin sonar de forma acusadora como Kouta había estado insistiendo en sonar todo ese tiempo. Ken asintió sin comprender muy bien el porqué de la pregunta.

-Sabía que estaba construyendo algo, aunque nunca pensé que una fortaleza de esa magnitud.

-Dijiste que estuviste rastreando sus movimientos, ¿no? –Preguntó Izzy-, si disponemos de la información que has reunido es posible que podamos seguirlo, encontrar un patrón y poder prever donde se encontrara después.

-Es probable –coincidió Joe. Charles miró a Ken, quien le devolvió la mirada algo inseguro.

-¿Estarías dispuesto a compartir lo que sabes con nosotros? –preguntó y el chico terminó esbozando un gesto vencido.

-Creo que no me queda de otra –masculló con resignación-, los llevaré a donde tengo mi equipo y mis archivos –dijo aunque parecía estar pidiendo autorización al hombre de traje.

-Vayamos –dijo Charles levantándose de la silla-, rápido, no podemos perder más tiempo –Izzy también se levantó, luego los imitó Ken, pero en ese momento agachó la mirada y se ruborizó un poco.

-Antes de salir –dijo algo apenado-, ¿puedo ponerme los zapatos? –pidió y Charles miró los pies descalzos de Ken.

-Adelante –dijo el hombre y Ken se retiró. Kouta parecía estar a punto de seguirlo pero Cody lo sujetó de la muñeca. El arquero volteó a ver al muchacho que sin dirigirle la mirada le habló.

-Creo que ya es hora de que lo dejes en paz –le aclaró con sencillez y Kouta apretó el puño algo molesto.

Todos comenzaron a levantarse y a retirarse, algunos cuchicheos mostraban que las dudas seguían en ellos, pero también que daban pie a la posibilidad de que lo que decía Ken fuera verdad, sobre todo el asunto de que no era culpa de Davis, o que él no era en verdad un enemigo.

Casi todos abandonaron el comedor, dejando solo a Tai y a unos cuantos más ahí. Mimi posó su mano sobre el hombro del chico que la miró en ese instante.

-Tai… -lo llamó ella algo preocupada.

-Creo que… quiero estar un momento solo, ¿de acuerdo? –dijo con el tono más tranquilo que fue capaz de utilizar. Mimi bajo su mirada entristecida y asintió.

-De acuerdo –masculló débilmente dejando que el chico se apartara.

Tai avanzó hasta las escaleras y vio ahí a Ryo que intentaba subir. Estuvo a punto de ayudar al chico cuando Hikari se le adelanto acomodándose debajo del brazo del chico al cual en lugar de ayudar a subir obligó a retroceder dirigiéndolo al pasillo al costado izquierdo de las escaleras.

-Kari… -intentó protestar el muchacho pero la voz energía de la chica castaña lo obligó a callar.

-Ah no, el trato era que te traería a la mansión pero que te quedarías a dormir en la enfermería, no estas como para andar subiendo y bajando escaleras. Dormirás abajo y mañana te traeré el desayuno.

Tai observó algo incómodo la discusión entre Kari y Ryo mientras estos se perdían dando vuelta hacia la izquierda después de la entrada a la cocina, dirigiéndose a la enfermería de la mansión. Aquella escena por algún motivo lo hacía sentir incomodo, pero de cualquier forma no tenía cabeza para enfocarse mucho en eso en ese instante, pues poco le tomo asocial la imagen de la joven castaña ayudando al muchacho a caminar, con el momento vivido años atrás tras el ataque en Odaiba, la aparición del digimon que se llevó a la chica y ahora los sucesos que parecían comenzar a tener sentido.

El chico continuó su camino subiendo las escaleras. Al llegar al piso en que se encontraba su habitación siguió subiendo, contrario a lo que el mismo esperaba, pues pensaba en recluirse en su habitación, sin embargo continuó subiendo hasta llegar a la planta alta y de ahí se dirigió a las escaleras que daban acceso a la terraza de la mansión. Llegó hasta ahí y contempló el amplio espacio vació casi por completo, solo una esquina del techo estaba ocupada por una especie de jardín donde creía pasto, algunas pequeñas flores y un par de bancas estaban dispuestas bajó las ramas de un árbol sintético.

El chico caminó en círculos por un instante llevándose las manos a la cabeza con frustración, pensando en Agumon, en Davis, en Hikari, en las torres, el digimundo y aquellos seres anónimos que de alguna forma seguían causándole daño a él y a las personas que conocía.

Lleno de aquel mar de sentimientos dejó salir un grito que resonó por toda la terraza y se marchó con el viento que en ese momento soplaba con ligereza. El castaño volvió a gritar un par de veces antes de dejarse caer de rodillas y comenzar a dar puñetazos al concreto sobre el que estaba parado. Se detuvo después de un momento apoyando la palma de la mano sobre la superficie, viendo en el guante que cubría su palma y dejaba descubiertos sus dedos las marcas de los golpes que acababa de dar para liberar toda su frustración. Su respiración era agitada y notaba un par de gotas de sudor resbalando por su frente.

-Veo que aun tienes esa explosiva personalidad –escuchó una voz detrás de él. Tai se giró para ver un par de botas negras de cuero, más arriba un pantalón negro que llegaba hasta una hebilla plateada. Una camisa de cuello y finalmente una gabardina negra cubría a aquel hombre que miraba a Tai con una sonrisa burlona en el rostro. El individuo se quitó el sombrero de ala dejando que el viento meciera su cabello negro que le llegaba hasta la altura de la barbilla en la cual crecían cortos y gruesos bellos faciales.

-James –susurró Tai mientras se ponía de pie.

-Es un gusto volver a verte muchacho, aunque lamento que no esté aquí Agumon –dijo con simpleza el sujeto.


Ryo se recostó sobre la cama en la enfermería. Era un espacio no muy grande, ni con las condiciones para dar atenciones médicas muy elaboradas, pero al menos era el lugar idóneo para que el chico continuara su recuperación después de la misión que acababan de enfrentar.

Luego de dejarlo recostado, Hikari regresó al consultorio médico para buscar algunas cosas y Ryo la observaba fijamente caminar entre las varias camas repartidas en el lugar. Desde su lugar podía ver a través de la ventana el exterior oscuro de la mansión, lo que de alguna forma lo hacía sentir bien, pues no había cosa que odiara más que el hecho de sentirse encerrado, y Kari por supuesto que lo sabía.

Monodramon se acercó al chico mirándolo con algo de preocupación mientras que Hikari regresaba acompañada por Gatomon, quien cargaba una manta mientras que Hikari empujaba un pequeño carrito sobre el cual había una jarra con agua y un vaso. Ryo se acomodó recargándose en la cabecera de la cama sintiendo una ligera punzada de dolor que lo hizo hacer un gesto de incomodidad, que por supuesto no pasó desapercibido para Kari.

-Deja de moverte, debes descansar –le dijo con tono de reproche al muchacho que dejó salir una pequeña risa mientras que Hikari servía agua en el vaso y se lo entregaba a Ryo que bebió con calma. La chica miraba con curiosidad al muchacho que notó ese gestó y le devolvió la mirada algo contrariado. Kari lo notó y sonrió algo apesadumbrada-, ¿ya te habían disparado antes? –preguntó con algo de miedo, el chico dejó el vaso a un lado y la miró a los ojos.

-Hace dos años, solo fue un rozón en la pierna, ¿recuerdas mi cicatriz? –dijo lo último con tono sugerente a lo que Hikari bufó con fastidio.

-No empieces –dijo levantándose y dándole la espalda.

-¿Por qué estás tan molesta? –preguntó el chico.

-¿Por qué debías arriesgarte tanto? –lo enfrentó ella.

-Es mi trabajo.

-¡Es el de todos! –Le espetó bruscamente-, pero no por eso andamos todos queriendo detener las balas con nuestros cuerpos.

-¡Oye, yo no hice eso!… no era lo que quería hacer al menos.

-Pero es lo que pasó –dijo aun con dureza la chica. Ryo suspiró mientras extendía su mano como pidiéndole a la chica que la tomara. Kari accedió poco a poco y permitió que el muchacho la jalara hasta que tomó asiento sobre la cama, junto a él. Ryo comenzó a acariciar el rostro de la chica sonriéndole con ternura. Hikari le sonreía de la misma forma mientras pasaba su mano sobre el pelo revuelto del chico-. Me preocupo por ti –le dijo mientras acercaba su rostro al del chico.

-Y agradezco que lo hagas –le aseguró Ryo que también comenzaba a acercarse a Hikari con lentitud, mirando fijamente sus labios.

-Ejem –escucharon aclararse la voz sonoramente a Yolei desde el umbral que conectaba con el área de amillas de la enfermería. Hikari de inmediato se separó de Ryo quien en ese momento cerro los ojos como fingiendo que dormía.

-Yolei… yo em… solo estaba…

-Kari –dijo ella con tono serio-, digamos que las explicaciones son innecesarias –le dijo mientras dejaba algo que cargaba en sus manos sobre el regazo de Ryo quien reaccionó en ese momento y miró a la chica de lentes y luego a Hikari que estaba algo ruborizada-. Eres mi amiga y respeto tu espacio y privacidad –le dijo con amabilidad, para luego ver al chico castaño que sonreía algo apenado-, y tú –dijo con voz más agresiva-, Hikari es mi amiga así que si te atreves a hacerle algo te juro que vas a querer volver a estar en el hospital por una bala –le espetó causando la risa de Hikari y el nerviosismo del muchacho.

-Que linda al venir a verme –contestó Ryo algo contrariado.

-Solo vine a dejar esto –dijo señalando la laptop blanca sobre el regazo de Ryo. El chico miró el artefacto con curiosidad.

-Pensé que podía resultarte aburrido estar aquí solo, así que le pedí a Yolei que la trajera –explicó la chica y el muchacho levantó la mirada observando a Hikari con una expresión que parecía decir "¿Solo?", a lo que Hikari asintió. El chico bufó mientras volvía a ver la laptop y algo en ella llamaba su atención.

-¿Y a Yolei no le importa prestarme su computadora? –preguntó algo contrariado. Yolei y Hikari se miraron la una a la otra desconcertadas.

-¿De qué hablas? –preguntó Yolei.

-Esa es mi computadora Ryo –aclaró Hikari. El chico volvió a ver la computadora con atención.

-Corrígeme si me equivoco, pero, ¿no es esta la computadora que utilizan para cargar los digimentals en las terminales? –Hikari asintió aun desconcertada-, en Cempoal Town te vi a ti utilizarla –dijo a Yolei-, creí que era tuya –terminó diciendo mientras dejaba otra vez la computadora en su regazo.

-No, pertenece a Hikari, ella es siempre la encargada de realizar el puente para cargar y preparar los digimentals –Ryo asintió comprendiendo las cosas, nunca había hablado sobre eso con la chica.

De repente el chico pensó en algo, y mientras seguía observando la computadora parecía darse cuenta de algo que había dejado pasar por alto.

-Kari –dijo casi en un susurro. La chica emitió un pequeño sonido que le hizo saber a Ryo que le prestaba atención-. ¿Alguna vez le prestaste tu computadora a Davis? –la chica pareció desconcertada por la pregunta.

-Si… la última vez fue un día antes de ir a Cempoal Town, ¿por….?

-Carajo –dijo el chico mientras comenzaba a inspeccionar por todos lados la computadora.

Ni Yolei ni Hikari comprendían su comportamiento y quedaron aún más desconcertadas cuando el chico casó la batería del aparato y comenzó a ver en la ranura de esta. Yolei estaba a punto de preguntar qué era lo que estaba haciendo cuando el chico sin previo aviso golpeó el aparato hasta desprender una parte de él dejando al descubierto los circuitos y componentes de la computadora.

-¡¿Pero qué haces?! –preguntó Hikari sorprendida y molesta. Ryo no contestó, pero entre los cables de la computadora encontraron un pequeño artefacto que hacía de puente entre las conexiones que iban del disco duro a la tarjeta madre.

-Miren –dijo mostrándoles aquel pequeño artefacto-, poco se de computación, pero bastante de espionaje, y esto no es parte de la computadora –les explicó.

-Pero… ¿Qué significa? –pregunto Yolei.

-Dijiste que Hikari es la encargada de transportar los digimentals, ¿no?

-Algo así –dijo Yolei-, la computadora de Hikari es la única que se conecta de forma directa con el sistema de almacenamiento para los digimentals que Joe e Izzy diseñaron, y por eso ella es la encargada de cargar en las terminales los digimentals –explicó. Ryo se apresuró a arrancar el pequeño aparato del resto de la computadora y se lo entregó a Yolei.

-Ve con Joe, revisen los digimentals, ¡rápido! –exclamó Ryo y la chica, sin protestar, asintió y se marchó corriendo.

-Ryo, ¿qué piensas? –preguntó Hikari preocupada.

-Si tu computadora se podía conectar con el sistema de almacenamiento de los digimentals y Davis se conectó a tu computadora… espero estar equivocado –dijo resoplando con frustración.


James se dirigió hasta el pequeño jardín en la terraza de la mansión y se agachó para rosar con sus manos la hierba fresca. Levantó la mirada contemplando las flores sembradas cerca del barandal de mármol que bordeaba todo el techo. Era una gran variedad de flores de distintos colores, que resplandecían con vida con la luz de un par de pequeñas lámparas de exterior en el suelo que se habían encendido de repente luego de que Tai notara la presencia de James.

-Esplendido jardín, aunque el árbol sintético hace que pierda belleza –dijo mientras se ponía de pie-, no entiendo por qué extender tanta vida y luego coronarla con algo muerto –Taichi se acercó al hombre mientras este se volvía a colocar el sombrero de ala en la cabeza. A pesar de los años y de que Tai había crecido varios centímetros, James seguía rebasándolo con un buen tanto.

-¿Qué haces aquí? –preguntó sin rodeos el muchacho.

-Decidí que era buen momento para hacer una cordial visita, ¿Cómo has estado? –Tai apretó los puños y los dientes al escuchar a James quien parecía inmutable. El chico se movió tan rápido como le era posible hacia el hombre lanzándole un puñetazo, sin embargo no logro golpear nada y atravesó el cuerpo del hombre cayendo al suelo-. Por favor no hagas eso –pidió James.

-¿Qué? ¿Enviaste una imagen holográfica a hablar conmigo? –preguntó Taichi mientras se ponía de pie.

-Algo así, lo importante es solo que hablemos –explicó el hombre.

-Después de todos estos años –dijo el chico mientras negaba con la cabeza-. Cuando desapareciste en Odaiba, creí que volvería a verte, había ocasiones en que lo esperaba, pero jamás volviste a presentarte, y ahora lo haces, ¿Por qué?

-Creo que sabes la respuesta –dijo con sencillez. Tai desvió la mirada mirando hacia el oscuro bosque que se extendía frente a la mansión.

-Davis –susurró de forma casi inaudible. James asintió.

-El Emperador de los digimons se está volviendo un peligro muy grande –James caminó hacia el árbol y se recargó en el barandal de mármol mirando hacia abajo, algunas luces de la mansión estaban encendidas, pero en su mayoría la oscuridad dominaba-. Un lugar muy grande, demasiado para tan pocas personas, ¿Cuántas habitaciones tiene? ¿Cuarenta? ¿Cuarenta y cinco? Además tienen una piscina, ¿verdad? Que maravilloso sitio, no sé por qué decidiste irte.

-¿Lo sabías verdad? –dijo Tai como si no estuviera poniendo atención a las palabras de James. El ser suspiró levantando la mirada hacia el cielo estrellado.

-¿Qué ese chico Motomiya estaba detrás de algo? –Preguntó y luego guardó un silencio reflexivo-, sí, creo que lo sabía.

-¡¿Y no dijiste nada?! –Exclamó Tai molesto-, la última vez que nos vimos, lo que sea que le está sucediendo acababa de empezar, ¿no es cierto? –James se giró para ver a Tai sin decir nada-, ¿no se te ocurrió que era el momento pertinente para advertirme sobre lo que estaba pasando?

-Así lo hice, no quisiste escuchar –respondió con dureza.

-¿En qué momento? –dijo Tai con un tono de súplica. James camino sobre el césped hacia él.

-Te dije que Hikari se convertiría en un peligro, el plan era ese –Tai volvió a apretar con fuerza los puños, pero contuvo su deseo de lanzarle un golpe a James, sabía que de todos modos no serviría de nada.

-Davis no era el objetivo, era Hikari –dijo con enfado Tai-, querían que ella se convirtiera en… ¿en la Emperadora? –James hizo un gesto.

-Más o menos –contestó. Tai bufó lleno de frustración y comenzó a respirar agitadamente. Se tranquilizó lo suficiente para poder continuar con la charla.

-Explícame exactamente qué está pasando –pidió el chico. James sonrió como si esa pregunta fuera lo que estaba esperando todo ese tiempo.

-El ataque a Odaiba tenía la finalidad de causar miedo entre la gente, y de ser posible, apoderarse de aquella cuyo destino es heredar el poder de la oscuridad. Myotismon estaba seguro de que aplastaría a todos los que se opusieran a él, pero esa seguridad que él tenía no era compartida por otros personajes que han permanecido escondidos, solo observando, a raíz del final de la batalla –James comenzó a caminar sin alejarse mucho de Tai, con las manos detrás de su espalda-. Como último recurso se pensó en darle a la chica un empujón en la dirección correcta, si no era capturada, al menos podía sembrarse en ella la semilla para que cumpliera con su destino.

-¿Qué exactamente? –exigió Tai que le explicara.

-Eso, la semilla –dijo James-, hablo de forma literal –Tai pareció desconcertado. James volvió a sonreír burlón-. Hace muchos años existió una planta que al madurar despedía unas esporas que al encontrar un huésped lo hacían actuar contra su voluntad, sacando lo peor de él, agresividad, odio, deseos ciegos de destrucción. Los oscuros solían utilizar esa planta en contra de sus enemigos y veían como entre ellos se destruían. La espora era conocida como "la semilla del mal".

-¿Fue lo que le hicieron a Davis? ¿Ese digimon le implanto esa semilla? –preguntó Tai impaciente.

-Algo así –dijo James provocando otro bufido frustrado de Tai-. La planta se extinguió luego de la guerra contra Tyson y sus aliados, los sobrevivientes se encargaron de destruir todo rastro de ella, pero de algún modo, lograron revivirla, o algo parecido. No era la misma planta, pero actuaba de forma similar, al menos eso era lo que se esperaba que hiciera. Era una versión sintética, y que probablemente no funcionaria, o tendría efectos negativos, incluso podía llegar a causar la muerte de la chica, pero se decidió correr el riesgo.

-Quieres decir que… ¿pudieron haber causado la muerte de Hikari o Davis? –James asintió.

-Entenderás que ese tipo de detalles son considerados como daños colaterales asumibles –su voz monótona enfureció aún más a Tai-. Como sea –dijo para evitar al chico comenzar a reclamarle-, al no ser Hikari la que recibió las esporas, se pensó que no estaba de más ver como respondía el cuerpo del otro chico a la presencia de la nueva semilla del mal, y durante estos años no han hecho nada más que observar como Davis se convertía en lo que ahora conocen como el Emperador de los digimons, un resultado en cierto modo inesperado, pero también bastante conveniente, después de todo, la sola presencia de ese chico esta por desatar un evento mucho más grande –aseguró James.

-¿Qué cosa? –preguntó el castaño.

-Guerra –James dejó de pasearse alrededor de Tai y se detuvo de frente a el-. Si las cosas siguen como están pronto una guerra comenzara, creo que ese es el objetivo de Davis en estos momentos.

-¡El no actúa por su voluntad! ¡Tú lo dijiste!

-¡Bien! No lo hace, de todas formas lo va a hacer –dijo James con algo de exasperación-. ¿Sabes? Podrías ser un poco más amable, vine hasta aquí a contarte todo eso con la intención de ayudar.

-¿Ayudar? –Dijo Tai con un tono entre molesto y socarrón-, si quisieras ayudar habrías hablado mucho tiempo atrás.

-Comprende, ni yo sabía que era lo que podía pasar, esperaba que la semilla no germinara, que su poder fuera insuficiente o… -el hombre se detuvo suspirando y cerrando los ojos.

-O que muriera –completó Tai-, esperabas que Davis terminara muerto –el hombre guardo silencio.

-Era mejor que lo que ahora está pasando, si él hubiera muerto no estaríamos en esta crisis –Tai avanzó un par de pasos hacia James.

-Si tu hubieras hablado antes, todo esto no estaría pasando –le espetó y el hombre permaneció inmutable frente a él. Tai se dio la vuelta y avanzó unos cuantos pasos alejándose de él-. ¿Hay una cura? –Le preguntó volviéndose hacia él-, ¿existe una forma de revertir el efecto de la semilla? ¿De recuperar a Davis?

James bajó la mirada mientras metía sus manos en los bolsillos de la larga gabardina.

-Si no existe, ¿estás dispuesto a hacer lo que sea necesario? –le preguntó con tono sombrío.

-voy a salvarlo como sea –declaró Tai.

-¿Y si no se puede? No solo se trata del digimundo, también de este mundo, y recuerda que él está en poder de Agumon ahora, ¿te imaginas que puede llegar a pasar? –Tai retrocedió un paso enfurecido al recordar a su amigo-. Hay mucho en juego, y tú eres el único que puede resolver todo esto.

-También soy un arma –le dijo mirándolo de frente con gran enfado-, también soy el arma de esos señores oscuros, ¿Por qué confías en mí entonces? –James sonrió de lado.

-Si lo que piensas es que solo te pido que hagas cosas difíciles sin pensar que tú puedes ser una amenaza te equivocas –le aseguró-, si tú te vuelves un peligro me aseguraré de que haya quien pueda detenerte –Tai se quedó sin palabras, bajando la mirada-. ¿Entiendes? La salvación de la vida es lo más importante, y en estos momentos tú debes tomar las decisiones difíciles y no flaquear, es parte de ser el líder –Tai levantó la mirada con tristeza y furia mezcladas para mirar a James una vez más, quizá la última vez.

-Un líder debe ver por sus aliados, y creo que sería tomar la salida fácil simplemente abandonar a un amigo. Me sacrificare si es necesario, pero no sacrificare a nadie –James suspiró negando con la cabeza, luego levantó la mirada sonriéndole al cielo nocturno.

-Los humanos son tan complicados –dijo con tono más relajado-. Está bien, si vine a decirte todo eso era con la intención de que tomaras la mejor decisión, supongo que la mejor decisión que puedes tomar no es la que yo tomaría –dijo mientras comenzaba a alejarse-, pero será difícil –le aseguró mientras caminaba hacia el barandal.

-¿Qué quieres decir? ¡Espera! –le gritó tratando de alcanzarlo, James subió al barandal y se giró hacia Tai-, ¿Entonces existe una cura? ¿Eso es lo que tratas de decir? –James asintió.

-Si… creo que se le puede llamar cura –dijo con una sonrisa en el rostro.

-Entonces, ¡Dime cual es! ¿Cómo la consigo? –James rio ligeramente.

-Es muy curioso ¿sabes?, ya la encontraste –le dijo no logrando que Tai comprendiera de que hablaba-. Ya te lo dije una vez, pero lo volveré a decir.

-¿Qué cosa?

-Ojala que no te equivoques, o todos lo lamentaremos –y dicho eso el hombre se desvaneció.

Tai permaneció de pie mirando al lugar donde había estado James, sin estar seguro de que la visita de aquel hombre le había servido de algo o solo lo había complicado más todo.

-Ahí estas –escuchó una voz detrás de él. Tai se giró y vio a Kouta caminando hacia el mientras se sacudía la negra cabellera-, te he estado buscando abajo, Ryo se dio cuenta de algo –dijo cuando llegó hasta él.

-¿Qué pasa? –preguntó Tai ocultando las emociones que le habían provocado ver a James ahí.

-Al parecer el malnacido de Davis no solo se llevó a Agumon, también acaba de robar los digimentals.

-¡¿Qué?! –exclamó Tai sorprendido.

-Sí, invadió el sistema de Joe e Izzy y se llevó los digimentals, no los robo todos, pero logró extraer cinco antes de que lográramos detenerlo, de cualquier modo no es muy alentador. O nos quiere dejar sin defensas o planea hacer más daño aún, ese hijo de perra –Tai frunció el ceño al escuchar a Kouta y caminó junto a él hacia el interior de la mansión.

-Debemos encontrarlo, y pronto.

-Claro que sí, ese imbécil pagara por todo –Tai se detuvo en seco al escuchar al muchacho que lo miró desconcertado-, ¿Qué te pasa?

-¿Por qué hablas de él así? –le preguntó. Kouta reaccionó sorprendido.

-Pues… porque es un gusano embustero, ¿Qué no te sientes traicionado? Se llevó a Agumon, la pregunta es por que tú no estás deseoso de apalearlo.

-¿Qué no aprendiste nada de lo que acaba de pasar? ¿De tu error al acusar a Ken? –Kouta parecía ofendido.

-Bien, lo acepto, ¡Me equivoque de hombre! Eso no cambia las cosas, sigue siendo una amenaza y nosotros los encargados de detenerlo –dijo con voz enérgica.

-¿Cómo puedes decir que es una amenaza? ¡No sabes lo que está pasando! –exclamó con furia Tai.

-No, no lo sé, pero pienso averiguarlo, en cuanto lo capturemos, te prometo que le preguntaré –Kouta sonaba igualmente furioso. Tai negó con la cabeza.

-No dejas de pensar que él es un enemigo –Kouta rio burlonamente.

-¿No te habrás tragado todo el cuento de Ken sobre que no sería capaz o sí? Tai tu y yo sabemos cómo funciona el mundo, y que las personas pueden hacer cosas aún peores si tienen la posibilidad, el solo trata de hacer quedar bien a su amigo.

-Exacto, ese es el detalle –le reclamó el chico-. Protege a su amigo, protege a un amigo –Kouta frunció el ceño.

-No te entiendo –Tai suspiró frustrado.

-No escuchaste nada de lo que dijo, ¿verdad? No entiendes lo que él estaba haciendo –Kouta seguía sin entender a qué quería llegar Tai-. Trato de proteger a un amigo, ustedes solo vieron algo raro y de inmediato pensaron en una traición. Tú, Ryo e incluso Henri pensaron de inmediato que solo había una explicación para que alguien actuara asó, y tenía que ser que era un traidor, un enemigo.

-Oye no fue lo único que pensamos, supusimos que podía tratarse de alguien actuando por chantaje o algo asó.

-¿Y por qué a Ken lo acusaron como traidor? ¿Por qué tanto odio hacia él? Entiende que por eso fue que nunca dijo nada, por temor a lo que le podía llegar a pasar a Davis si lo consideraban el objetivo. Kouta no puedo creerlo, que después de todos estos años, y de lo que hemos vivido, tu precisamente saltaras de esa forma a acusar a alguien sin conocer su versión de la historia –él chico entre abrió la boca incapaz de decir algo-, deberías darte cuenta de tu error. Iré a ducharme, en serio creo que lo necesito –dijo antes de dejarlo ahí, pesando un poco las cosas.


Matt se encontraba en la parte de atrás de la mansión, recargado en la pared fumando un cigarrillo con la cigarrera en una mano. Gabumon permanecía junto a él aunque sin decir nada, el silencio entre ellos era algo ya bastante habitual que a veces lo que resultaba extraño era que conversaran muy animadamente, aunque por supuesto, solían tener momentos de esos.

T.K. y Patamon llegaron hasta donde estaban. Matt lo volteó a ver y luego volvió a mirar hacia el bosque oscuro.

-¿Escuchaste a Tai? –preguntó T.K. después de un rato. Matt se aclaró la garganta mientras arrojaba la colilla de su cigarrillo.

-¿Te refieres a su desesperado grito? Si, lo escuche –le contestó sin mucho ánimo.

-No me imagino como debe sentirse en estos momentos –expresó el muchacho con desanimo. Matt asintió pero sin decir nada, mientras que T.K. se agachaba para acariciar a Gabumon que reaccionaba bien ante las caricias del joven.

-Si… es algo complicado –coincidió Matt aunque parecía que casi no le estaba prestando atención.

T.K. notaba el estado disperso de su hermano y al ponerse de pie intento descifrar lo que este pensaba. Se recargó junto a él mirando hacia la nada por un instante mientras él también se perdía en sus propios pensamientos. Cuando parecía que las cosas no podían complicarse más, resultó que aún era posible.

-¿Te preocupa? –preguntó T.K., y Matt lo miró interrogante-, lo que pase, lo que nos pase, a los niños elegidos, parece que somos la prioridad de Davis en estos momentos.

-La verdad es que no sé qué pensar, Ken parece muy seguro sobre lo que opina de Davis, y quizá tenga razón pero, ¿eso ayuda? ¿Nos beneficia en algo? Tal vez si pero tal vez no, y eso también es un problema –concluyó el muchacho.

-Elegidos…. –susurró T.K.

Matt volteó a ver a su hermano que parecía estar pensando detenidamente en algo.

-¿Qué ocurre? –preguntó después de un rato de silencio.

-Nada solo…pensaba en el nombre que nos dieron, ¿Qué extraño no te parece? Los elegidos. En su momento lo hicieron solo como una forma de referirse a nosotros pero…pareciera que hay más en esas palabras de lo que pensaron en un principio.

-¿Crees que es obra del destino? –bromeó Matt. T.K. se rio un poco negando con la cabeza.

-No exactamente, aun así es extraño, creo. Y ahora nosotros estamos en medio de todo esto, queramos o no, ¿te das cuenta? Es Davis a quien enfrentamos ahora, y eso nos hace estar aún más inmiscuidos en todo lo que ocurra, sin dejar de pensar en todo lo demás.

-¿Lo demás? –preguntó Matt intrigado.

-Bueno… una vez que encontramos a nuestros compañeros no es como que tengamos la posibilidad de tener una vida, lo que se dice normal, pero aun así, dentro de lo peculiar parece que siempre nos toca lo más extraño, desde el día en que conocimos a Tai hasta este momento –Matt pensó un momento en eso, considerando que el muchacho tenía la razón-. Elegidos –repitió el chico-, ¿Por qué? ¿De verdad somos tan importantes? ¿Somos capaces de enfrentar los retos que vengan en el futuro?

-¿Qué clase de retos crees que enfrentaremos? –preguntó Matt desconcertado.

-No lo sé –confesó el castaño-, pero no creo que sea algo simple, eso casi te lo puedo asegurar.

-T.K. –lo llamó Patamon, y el joven reacciono viendo como el digimon escalaba por su pierna. El pequeño ser le sonrió amistosamente mientras el chico lo cargaba y se acomodaba entre sus brazos y su pecho-, yo estaré contigo, pase lo que pase –T.K. sonrió por esas palabras agradecido de la amistad de su compañero.

Matt miró a Gabumon, quien también sonrió, sin decir nada dejó en claro que pensaba igual que Patamon, cosa que a Matt también le dio ánimos.

Dentro de la mansión, recargada en la pared estaba Rika, escuchando, sin haberlo querido, la conversación entre los hermanos y los digimons. La joven se dio la vuelta para marcharse, procurando no ser vista ni escuchada por el par de rubios en el exterior.


Taichi salió del baño con una toalla alrededor de su cintura mientras con otra se secaba el pelo. Había decidido que tomar una ducha serviría para relajarlo un poco, aunque en realidad no había servido de nada. Mientras se bañaba no dejaba de pensar en Agumon, y en ese momento, en el silencio de la habitación que compartía con el digimon, la cual entre ambos habían adornado poniendo una radio vieja sobre un pequeño mueble de madera entre la cama del chico pegada a la ventana y la de Agumon a un lado, y que siempre estaba encendido, aunque no siempre el chico y el digimon coincidieran en que escuchar. Tai se sentó sobre la cama de Agumon, mirando desde ahí que sobre el ropero en que estaba su ropa había una televisión pequeña a la cual estaba conectada una vieja consola de videojuegos que habían conseguido al día siguiente de su enfrentamiento mano a mano con el Emperador.

El chico agachó la mirada apesadumbrado, mientras se levantaba de la cama y caminaba hacia el ropero para buscar algo de ropa. En ese momento recordó el cesto de ropa sucia completamente lleno que tenía dentro de su baño, y tras buscar en los cajones y solo encontrar ropa del uniforme de HEDM se percató de que debía lavar pronto.

-Carajo –dijo sintiendo que el día solo podía ir empeorando.

Abrió una de la otra puerta del ropero con la esperanza de encontrar algo entre las chaquetas y pantalones de color gris y tras sacarlo todo encontró hasta el fondo una vieja y raída manta. De inmediato reconocía que era la manta en que había llegado envuelto a la mansión, y se sentó en el piso recordando con nostalgia aquel día. Luego comenzó a extender la manta encontrándose en ella algo que había olvidado por completo y se sorprendió al percatarse de cuan descuidado había sido. El chico tomó entre sus manos el libro con empastado de cuero revisándolo con atención, y luego se percató de la rasgadura en la tapa que le recordó el papel doblado que nunca llegó a abrir.

Hurgó en la rasgadura sin éxito y luego comenzó a buscar en la manta aquella nota sin encontrarla. Volvió a tomar el libro y comenzó a pasar las hojas con la esperanza de encontrar la nota entre ellas. Encontró varios dibujos de digimons, notas y descripciones y cosas que parecían poemas o acertijos. Finalmente pasó una página encontrando un dibujo que reconoció al instante, era una imagen muy bien lograda de Agumon, aunque se veía algo diferente al Agumon que él conocía y con el que había compartido tanto, de cualquier forma logró conmoverlo aquel dibujo. La descripción sobre él era sencilla, nada que no hubiera escuchado o descubierto el mismo antes, pero aun así sentía como si hablara de su amigo. Tai pasó con excesiva rapidez la hoja arrancándola del libro. Suspiró fastidiado al ver lo que acababa de hacer y trato de poner la hoja nuevamente en el libro.

Mientras lo hacía se percató de otro dibujo, algo que parecía ser una planta, era un dibujo muy detallado y que venía con una extensa explicación escrita alrededor de la imagen. Tai miró con atención la hoja hasta que sus ojos se posaron sobre el título escrito con resaltadas letras.

-La semilla del mal –susurró mientras levantaba más el libro y comenzaba a leer con verdadera atención.


Takato miraba el techo de su habitación pensativo, con un brazo debajo de la cabeza y él otro sobre su pecho sosteniendo fuertemente su digivice, el símbolo de su amistad, su compromiso y su conexión con Guilmon, ese digimon peculiar, algo torpe y muy curioso que conoció casi por coincidencia en un viaje escolar a un laboratorio de HEDM. Recordó haberse separado del grupo, perderse rumbo al baño y cuando menos lo esperaba toparse con ese pequeño ser rojo que comenzó a jugar con él con regocijo. Ese mismo día en la tarde, contrario a lo que pensaba que era imposible y cumpliendo el pensamiento más irrealizable que en su vida había tenido, el de seguir al lado de ese pequeño ser, se cumplió y regresó con el digimon a casa. Desde entonces muy pocas veces había permanecido lejos de él.

Los últimos años habían crecido juntos y madurando en cierta forma. Guilmon siempre había destacado siendo un digimon de alto poder que en ocasiones llevaba a la gente a hacer la odiosa pregunta que el muchacho detestaba "¿Porque es tu compañero y no de alguien más fuerte?". Eso de ser fuerte para Takato jamás había sido algo importante, para el bastaba con ver al digimon cometiendo una que otra travesura inocente para asegurarse que estar con él era lo correcto, y lo mejor que le había pasado en la vida.

-Guilmon -llamó el chico al digimon que ocupaba una cama individual pegada a la ventana, a un lado de la del muchacho. Su nariz silbaba y sus piernas pataleaban de vez en vez. El muchacho sonrió-, jamás te alejes ¿Quieres? -Dijo con una sonrisa conmovida.

Un segundo después la puerta de su habitación (el jamás cerraba con seguro aunque nadie lo sabía) se abrió, dibujando bajo el marco una silueta delgada que camino casi de puntillas introduciéndose en la habitación, detrás de ella otra silueta, igualmente esbelta, pero con cola se adentró, y luego de cerrar la puerta ligeros pasos se escucharon. La segunda silueta en entrar se deslizó hasta la cama de Guilmon sentándose en ella, con la espalda pegada a la ventana, como si desde ahí pretendiera vigilar todo el cuarto. La otra presencia, de pasos más lentos y medidos llegó hasta la cama de Takato, empujando al muchacho para recostarse en el colchón y jalando la frazada del chico para cubrirse con ella.

-¿Rika? -dijo sorprendido el chico.

-No queríamos dormir solas -le respondió la pelirroja ocupando el pecho del chico como almohada mientras abrazaba su cuerpo.

-Siempre haces tu voluntad sin importarte lo que piensen los demás -dijo con tono divertido.

-Solo cállate Takato -le dijo sin cambiar de posición.

El chico sonrió mientras abrazaba a la intrusa en su cama y le besaba la cabeza con ternura.

-Descansa -le dijo cerrando los ojos.

-Jamás te alejes, ¿Quieres? -le pidió sin levantar la vista y el muchacho asintió con la cabeza mientras sonreía.

-Jamás lo hare -dijo infundiéndole la confianza que tanto necesitaba ella en ese momento.

Fin

…naaa como creen

En el próximo capítulo…

-¿De verdad tenemos que ir por él? ¿No creen que el vendrá por nosotros?

-La prioridad es recuperar a Agumon.

-¡Te metiste con la gente equivocada!

-Actívenlo… ¡Solo háganlo!

-¡¿Qué demonios fue eso?!

-Declaro al equipo especial Niños elegidos, incapaz de actuar en esta situación, y suspendidos de toda actividad por tiempo indefinido.


Gracias por leer, gracias a anaiza18 y a maxtime por sus comentarios y a todos los demás que siguen leyendo esta historia.

Siéntanse libres de comentar y espero contar con su presencia en la próxima actualización.