Hola! Sí, lo sé, lo sé, no tengo perdón, ni excusa ni nada. Os prometí que tendríais este capítulo para navidad, y al final entre una cosa y otra no ha podido ser U.U...
Tan solo espero que este capítulo merezca la pena. Al menos, he hecho caso con las cositas que me pedisteis, y es bastante larguito. Un beso y... ¡A leer!
Cap. 14 Dulce navidad-Entonces... ¿te vas? –la voz de Kit sonaba casi con desesperación, conforme veía a Jess tirar de su baúl, ya lleno de ropa.
-Vamos, sólo será durante las navidades... siempre nos vamos todas...
-Sí, pero este es el primer año que yo me quedo y... me voy a sentir muy sola sin ti, Jess.
La rubia dejó su baúl en paz, y miró a su amiga con ternura.
-Venga, Kit... –la animó, sonriéndola-. Te quedarás con Lily, no estarás sola.
-Sí, lo sé... pero... ¡pero ella se pasa el día con James! Y Remus también se va. ¿No te das cuenta? Me voy a quedar sola...
-Bueno... siempre te queda Black –dijo, dándose la vuelta con la excusa de tirar del baúl para que la morena no viera su sonrisa pícara.
-No tiene gracia, Jess –dijo, molesta-. Sabes que no me soporta.
-Claro, cariño, claro... eh... ¿puedes sujetarme esta bolsa?
Y la chica la obedeció, a regañadientes, conforme Lily las alcanzaba en medio del pasillo, acompañada de Rachel.
Esta dejó su baúl en el suelo, casi sin fuerzas, y sonrió a las chicas.
-Bueno, parece ser que os dejamos solas ¿eh?
Kit sonrió cínicamente. Lily sólo asintió con la cabeza.
-Os echaremos de menos, chicas... –dijo, antes de interrumpirse al notar las manos de un chico abrazándola desde detrás-. ¡James!
El chico le dio un suave besito en sus labios, y Jess rodó los ojos. Junto a él iban los otros dos merodeadores.
-¿Y Pet? –dijo Rachel.
Sirius suspiró.
-Está algo... enfadado con James.
-¿Por qué? –preguntó Lily, preocupada.
-Por nada –se apresuró a contestarle el merodeador. ¿Cómo decirle que el chico también estaba loco por ella? No, eso jamás. Suficiente había tenido con la discusión que tuvieron la anterior noche en su habitación como para ahora encima traicionarle y contárselo a Lily.
-Ah... –dijo, frustrada-. En fin. ¿Os quedáis en navidad?
Remus negó con la cabeza.
-Yo me voy a casa, mis padres llevan al menos un mes volviendo loca a mi lechuza –suspiró con cansancio-. Está claro que hasta que no me vean no me dejarán respirar.
Jess sonrió.
-Yo también me voy a Londres.
La mirada del chico se iluminó, se acercó a ella, ignorando que los otros cinco tenían sus miradas clavadas en ellos.
-Oh, bien, entonces... Si quieres podemos... quedar algún día, no sé...
Los ojitos de Jess brillaron emocionados.
-Claro –dijo, tratando de que su exaltación no fuera demasiado evidente.
-¿Tú te quedas aquí, Sirius? –preguntó Lily mirando a Kit con disimulo.
-Sí... –murmuró-. Claro que me quedo aquí. ¿Dónde iba a ir si no? –rió con frustración-. ¿A la mansión de los Black?
Lily chasqueó la lengua.
Kit miró a su alrededor. Rachel se iba. Remus y Jess también. Quedaban Lily y James... y Sirius. Miró al chico con disimulo, que tenía la vista fija en el suelo, con sus manos dentro de sus bolsillos, visiblemente incómodo, mientras la parejita se hacían carantoñas y mimitos hablando de lo bien que se lo pasarían en Hogwarts en navidad.
-Esto va a ser genial... –murmuró Kit para sí misma, sin darse cuenta de que Sirius la había oído, y compartía su opinión.
25 de Diciembre. 10:00 Hogwarts. Dormitorio de las chicas. Gryffindor.
Lily dormía tranquilamente, revuelta entre sus mantas, tapándose en su inconsciencia para protegerse del frío que azotaba el castillo en las noches de invierno. Estaba completamente tendida a los brazos de Morfeo. La noche anterior había estado despierta hasta las dos de la madrugada junto con Sirius y James en la sala común, simplemente hablando de tonterías. Y había acabado agotada. Rendida. Ahora ya nada podría despertarla.
Nada.
Pero entonces se revolvió en sueños, moviéndose ligeramente, arrugando su nariz incómoda. Se dio la vuelta y quedó tumbada del otro lado en la cama. Frunció la nariz de nuevo, esta vez más frenéticamente. Le picaba, le picaba y no sabía por qué. Una especie de... ¿cosquillas? Abrió los ojos.
Aún con la vista nublada consiguió distinguir la figura de un chico sentado a horcajadas sobre su cama, con una pequeña pluma en sus manos, que frotaba con suavidad en su nariz, mientras reía divertido. Y así Lily terminó de despertar, y se irguió.
-¡James! –exclamó, molesta-. ¡Estaba durmiendo!
Él rió aún más fuerte, y apartó la pluma.
-Por eso estoy aquí –contestó simplemente-. Para despertarte.
La pelirroja alzó una ceja y le observó con escepticismo, antes de volver a tumbarse y cubrirse con la sábana hasta la cabeza. James tironeó de la manta.
-Veeeeenga Lily, que es navidad... –trató de convencerla, consiguiendo por fin apartar la sábana de su cara. La chica lo miraba aún con los ojos entrecerrados.
-¿Navidad? –ronroneó, acurrucándose más, mientras James se inclinaba hacia ella-. ¿Eso no era el día 25?
James soltó una suave carcajada.
-Efectivamente, Señorita Evans. 5 puntos más para Gryffindor –la chica rió aún algo somnolienta. Él depositó un besito en la punta de su nariz-. ¿Sabes que incluso al levantarte estás preciosa?
La chica cogió su almohada y le golpeó, entre risas.
-¡Y tú sigues mintiendo fatal!
-¡Eh! –se quejó-. ¿A que te quedas sin regalo de navidad...?
Lily detuvo sus golpes y le miró con ojos brillantes.
-¿Me has comprado un regalo?
El chico asintió con la cabeza, sonriente. Ella se incorporó, emocionada. Él rió y movió su dedo índice de izquierda a derecha, reprobador.
-Ah, ah, señorita, tendrás que ganártelo primero...
-Oh, vamos, James... –se quejó, poniendo cara de pena.
Él fingió indignación.
-¿Crees que después de este recibimiento tan poco efusivo voy a darte algún regalo?
Ella sonrió, empezando a comprender. Alargó los brazos hasta enlazar sus manos detrás de su cuello, y mimosa le atrajo hacia ella. Él se dejaba hacer, satisfecho; y Lily se alzó para besarle con ternura y suavidad.
Cuando se separaron, James cerró los ojos, lamiéndose los labios, y suspiró.
-Eso está mucho mejor –dijo, y abrió los ojos de nuevo, sonriente.
Lily le miró orgullosa del poder que ejercía sobre él si se lo proponía.
-¿Qué opinas, Potter, me merezco el regalo o no?
-Humm... –murmuró, fingiendo meditar-. Bueno, vale por esta vez. Pero no te malacostumbres.
Lily rió, a la espera, mientras el chico se incorporaba quedando de rodillas en la cama, y buscaba algo en el bolsillo de su pantalón. Cuando sacó su mano, la tendió a Lily, dejando a la vista un paquetito envuelto en un papel dorado.
Lily se mordió el labio, y lo cogió.
-¿Qué es?
-Ábrelo y lo verás –dijo, sonriente-. Espero que te guste... es la primera vez que hechizo un objeto muggle y...
Más intrigada quitó el envoltorio y descubrió una cajita, claramente de joyería muggle. Sonrió.
-James, no tenías por qué comprarme nada... –se quejó, antes de abrirla.
-¿Vas a abrirlo o no?
La sonrisa de Lily se ensanchó, y con sumo cuidado abrió la aterciopelada caja. Cogió lo que había en su interior, mientras su boca se abría sorprendida. Era una cadena de oro, con un corazón como colgante. Miró a James. Él se desordenó el pelo, nervioso.
-Si... si abres el corazón... verás lo que...
-¡Oh! –dijo, comprendiendo. Metió su uña en la abertura que había en el corazón. Era un típico colgante muggle porta fotos. Su madre tenía uno, de sus padres; en una mitad aparecía la foto de su madre, y en la otra la de su padre. La verdad es que siempre había querido tener uno.
Pero al verlo, se quedó estática.
-Dios, James, esto es... es...
-¿Te gusta? –preguntó inseguro-. La foto no es especialmente romántica, pero...
Lily negó con la cabeza. ¡Claro que lo era! Probablemente era más especial que ninguna otra. No había necesitado ni dos segundos para reconocerla. Era una de las fotos que la cámara escondida en los vestuarios habían sacado de su primer beso con James, cuando él la engañó para besarla.
Lily le miró con los ojos brillantes. Puede que no fuera una imagen a simple vista romántica, puesto que ella estaba prácticamente petrificada, y era él quien la besaba casi a la fuerza. Pero la historia que venía tras de ese día era tan especial para la relación de ambos que Lily tenía que contener sus ganas de llorar.
-¿Que si me gusta? –exclamó-. ¡Me encanta, James! Es tan especial... –besó los labios del chico, emocionada-. Lo que no sé es cómo has conseguido esta foto. Quiero decir... pensaba que habías roto los negativos.
James se sonrojó con violencia, y se rascó la cabeza mirándola con timidez.
-Sí... er...bueno. De hecho... había una copia de las fotos. Quise revelarlas por mi cuenta, y... no sé, esta me gustó.
Lily alzó una ceja, divertida, mirando la foto del collar.
-¿Por qué?
James carraspeó, y se inclinó para mirar la foto junto a ella. En esos instantes el chico sujetaba la nuca de Lily y la besaba con suavidad, tratando de tentarla, mientras ella tenía las manos en su pecho, quietas, supuestamente para apartarle.
-Bueno, porque creo que es en esta foto donde literalmente te dejaste besar –murmuró.
-¡Yo no me dejé besar! –se quejó ella-. ¡Tú me besaste a la fuerza!
-¿Oh, si? –murmuró divertido, señalando las inocentes manos de la chica de la foto-. ¿Y qué me dices de esto? No estabas precisamente apartándome...
Ella rió, sonrojada. La verdad es que si miraba con atención, se podía ver como las manos de Lily acariciaban ligeramente el pecho de James, vacilantes.
-Ah, y mira –dijo, emocionando, señalándola de nuevo-. Aquí hay un momento en el que estás a puuuuuunto de besarme... mira tus labios. ¿Ves?
Lily sentía que sus mejillas ardían con fuerza.
-Bueno –admitió, rendida-. Lo que pasa es que besas muy bien, James... y no soy de piedra.
Él rió, y se acomodó a su lado en la cama, pasando una mano por su estrecha cintura para atraerla hacia él. Sin más miramientos la besó de nuevo.
-Yo también adoro cómo besas... –murmuró entre besos.
Ella sonrió, y cerró el colgante.
-¿Puedes ponérmelo?
-Claro... –dijo, mientras ella se recogía el pelo con su mano para dejarle acceso libre a su cuello, y él le colocó el collar, aprovechando para acariciar la piel a su paso. Pudo notar como un escalofrío recorría a la pelirroja-. Me alegro de que te haya gustado el regalo.
Ella dejó caer su pelo, y se giró de nuevo para mirarle.
-Yo... también tenía un regalo para ti, James –el chico la miró sorprendido-. Lo que pasa es que aún no he podido ir a buscarlo. Tuve que encargarlo y... bueno, ya sabes lo lentas que van estas cosas... siento mucho no poder dártelo hoy pero...
James la calló con un beso.
-No tenías ni por qué comprarme nada, tonta –dijo, acariciándole el pelo-. Pero ahora me has dejado intrigado, bruja. ¿Cómo es eso de que has tenido que encargarlo?
-No, no, Jamsey, no pienso decirte nada. Tendrás que aguantar tu curiosidad hasta entonces.
El chico puso su mejor cara de perrito abandonado. Ella soltó una carcajada, y negó con la cabeza.
-Si no, no sería una sorpresa, cariño.
Él chasqueó la lengua.
-Tendré que aguantarme, entonces...
-Sí, tendrás que aguantarte –sentenció, dándole un besito en la mejilla.
Londres, Woodside Park. 26 de diciembre. 12:45.
Hola, Jess.
Sí, soy Remus. Err... lo sé, lo sé, te dije que te llamaría por ese cachivache... teléfono o como lo llaméis. Y te juro que lo intenté. ¡Pero hay taaaaaantas teclas que uno se desespera ahí! Mucho más rápido enviarte una lechuza, por supuesto.
Oh, hablando de lechuzas. Me envió una carta James, ayer. Por lo visto las fiestas están animadas también por Hogwarts... je. Sí, puedes pensar todo lo mal que quieras, de hecho yo lo hago. James da mucho miedo cuando quiere, y si dice que su relación con Lily no puede estar mejor... es que la situación es para ponerse a temblar.
Ah, lo que sí me dijo también es que habían estado pensando (sí, ya era hora) y han llegado a la conclusión de que si no juntan ellos a Sirius y a Kit, ellos jamás lo harán por su cuenta. Sí, tenían una especie de plan o no se qué para juntarlos estas navidades... no sé, no sé.
Un momento. ¿Yo que hago contándote todo esto? Quiero decir, que yo te había enviado esta lechuza... eh, bueno, para felicitarte la navidad, sobretodo. Y también pues... mm... para... bueno. No sé si tendrás tiempo, o si no quieres pues simplemente me lo dices que yo te entenderé. Tan sólo me preguntaba si querrías... no sé, que tú y yo saliéramos esta tarde. Donde tú quieras. Si tú quieres, claro.
Emm... bueno, eso. Feliz navidad,
Remus.
Jess sonrió de oreja a oreja con la carta entre sus manos, y comenzó a dar saltos por su habitación, riendo de felicidad. ¡Remus la había invitado a salir! Con una rapidez sorprendente que asustó a la lechuza parda del chico, cogió una pluma, un trozo de pergamino, y escribió.
A las seis en mi casa. No llegues tarde. Se me acaba de ocurrir una idea genial sobre dónde podemos ir. Te encantará, lo prometo.
Tan sólo... abrígate.
Jess.
0o0o0
Lily se recogió el pelo en una cola alta, intentando en vano que ningún cabello se escapara. Kit, a su lado, simplemente leía un libro.
-Lils... me siento en el deber de recordarte que hoy no es el baile de Halloween –murmuró con cansancio-. ¿Se puede saber por qué te arreglas tanto?
La chica se miró en el espejo, divertida por el comentario de su amiga.
-¿Y qué que no sea Halloween? –preguntó, encogiéndose de hombros-. ¿Hace falta que lo sea para ir guapa?
Kit la miró con escepticismo.
-Vas a ver a James. –concluyó, suspirando amargamente-. Bien... entonces me quedaré aquí, cuando vuelvas me avisas y...
-¡Oh, no, para nada! –exclamó alarmada la pelirroja-. No, no vamos a ver a James. Simplemente quiero que... demos una vuelta por el lago y eso.
La morena alzó una ceja.
-¿Una vuelta por el lago?
-¿No puedo querer tener una conversación con mi mejor amiga tranquilamente?
Cerró el libro, aún mirándola con desconfianza.
-Sí, supongo que sí...
Lily sonrió con satisfacción y ambas bajaron las escaleras. Lo que no le había contado a su amiga era que efectivamente iban a ver a James. Pero no sólo a James, no... sino también a Sirius. James estaría con él en el campo de Quidditch. ¿Que por qué? Para juntarlos, por supuesto. Era muy cansado ver como los dos se comían con los ojos y no se atrevían a hacer nada para solucionar la situación.
Llegaron a los alrededores del lago, Lily casi andando a brincos; Kit observándola con el ceño fruncido. Y así como quien no quería la cosa, y hablando de tonterías, la pelirroja terminó llevando a su amiga hacia el campo de Quidditch.
Kit se paró en seco.
-Lily... ¿qué hacemos aquí?
La pelirroja se dispuso a contestarle, pero no hizo falta. Tan pronto como la chica alzó la cabeza, distinguió la figura de dos chicos que volaban con sus escobas en círculo, riéndose sin parar. Sirius y James. La morena sintió un nudo en su garganta y por impulso se dio la vuelta dispuesta a marcharse. Y lo habría conseguido de no ser porque su amiga le agarró con fuerza del brazo, y llevándose los dedos a la boca, silbó con tanta intensidad que los dos chicos la oyeron y miraron abajo.
Unos cuantos metros más arriba, Sirius fulminó a su amigo con la mirada.
-Tú lo sabías –le acusó-. ¿No?
-Algo, sí... –murmuró, rascándose la cabeza, mientras con la otra mano saludaba a Lily, que trataba por todos los medios de agarrar a su amiga para que no se echase a correr.
-Sabes que te mataré. ¿Verdad?
Pero James le ignoró y descendió hasta dar pie, por lo que Sirius no tuvo más remedio que seguirle.
-Hola, Jamsei –dijo la pelirroja con felicidad, avanzando para darle un besito en los labios-. ¿Qué tal, Sirius?
Este sólo gruñó, malhumorado. No hacía falta ser muy listo para darse cuenta que aquel encontronazo con Kit no era más que un malvado plan de la parejita para juntarles.
-¿Vamos hacia el lago, James? –preguntó melosa la pelirroja, con una sonrisa divertida.
-Claro, cariño. Sirius, Kit... vamos, lo pasaremos bien.
0o0o0
Jess se miró al espejo por enésima vez, arreglándose el jersey azul cielo que llevaba puesto, a juego con unos tejanos. Chasqueó la lengua, con nada se veía bien. Y había descubierto que por mucho maquillaje que se pusiera, seguía teniendo la misma cara paliducha de siempre. A veces, odiaba ser rubia, le quitaba color a su rostro. Quizás debiera teñírselo de rojo...
-Ya te he dicho que así ya estás guapa... –repitió su hermano con cansancio, viendo su indecisión.
Ella no parecía tan convencida.
-No sé, el jersey... ¿me queda bien?
El chico negó con la cabeza, sonriendo. Hacía tiempo que no la veía tan histérica.
-Claro que te queda bien –insistió-. ¿Y él¿Es un buen chico?
Jess se sonrojó con violencia, mientras se peinaba con los dedos su larga melena, intentando darle algo de gracia.
-Él, sí... es un buen chico –dijo atropelladamente-, pero no estamos juntos ni nada por el estilo, así que no pienses nada raro.
El joven echó una carcajada, apoyándose en el marco de la puerta, mientras con su pulgar repasaba la línea de vello de su barbilla, observando a su hermana.
-Y no te gusta, claro... –comentó divertido.
-¡Tom! –gritó ella exasperada.
¡DING DON!
-Oh, mira, debe de ser tu Romeo.
-¡Abro yo! –anunció Jess ignorando a su hermano, bajando las escaleras de dos en dos. Tenía que ser él, tenía que ser él, tenía que ser él.
Llegó a la planta baja. Abrió la puerta. ERA él. Y estaba... impresionante. Vestido con ropa muggle, con unos vaqueros y una sudadera que le hacían verse incluso más atractivo.
-Hola, Remus –dijo.
Por alguna razón, no podía parar de sonreír.
0o0o0
James se sentó por fin en una roca cerca del lago, tirando de la mano de Lily para que se sentara a su lado. Esta sonrió y vio como su amiga la miraba con frustración. No hacía falta ser muy listo para darse cuenta de que Kit no quería estar allí. Claro que Sirius no parecía mucho mejor, y permanecía de pie, pegando patadas a una piedrecita que había en el suelo. Aquello era una tortura para ambos, y James y Lily eran bien conscientes de ello, pero las ganas que tenían de que lo arreglaran de una vez eran superiores a sus fuerzas. Y ahí estaban ellos, tratando de poner a sus dos amigos en una situación comprometida, con tal de que eso ayudara un poco.
-Odio el invierno –dijo Lily de pronto, mirando al cielo.
Kit frunció el ceño. Sirius rodó los ojos; como si le importara lo que a Lily le gustase o le dejase de gustar. James sonrió.
-¿Por qué?
-¿Que por qué? Mira el cielo, James. Son las seis de la tarde y parece que sean las diez.
La morena les escuchaba mordiéndose las uñas, sintiendo la presencia de Sirius cerca. Levantó la mirada, y al darse cuenta de que él también la estaba observando los dos bajaron la cabeza, azorados.
James, por su parte, mucho más tranquilo que la pareja, atrajo a la pelirroja con una mano en su cintura y le dio un besito en la mejilla.
-Pero si así es mucho más romántico, Lily... –dijo, consiguiendo que ella soltara una risita-. La oscuridad, los dos tan cerquita...
Kit contuvo el aliento, cada vez más incómoda. Sólo faltaba eso, que Potter se pusiera a enumerar las causas del romanticismo de la escena, mientras ella estaba pasando uno de los momentos más tensos de su vida, con Sirius Black a su lado.
-...con las estrellas brillando, los grillos cantando... sólo tú y yo y...
-Me voy a la habitación.
Tanto James y Lily como Sirius giraron sus cabezas para descubrir que la morena se había levantado. No hizo falta preguntar. Todos sabían por qué se iba. Claro que aquello no ayudaba mucho si Sirius se quedaba allí parado.
La pelirroja miró a su chico con complicidad. Y este entendió.
Sirius, por supuesto, aún tenía la vista fija en Kit, y en como sus caderas se contoneaban mientras se alejaba de ellos a paso rápido. Se le quedó la boca seca. Siempre había tenido muy claro que era una chica muy guapa, pero jamás se había percatado de lo atractiva que resultaba estando incómoda, con las mejillas sonrosadas y mordiéndose las uñas tan frenéticamente.
Y entonces lo descubrió. Todos tenían razón. Quería a esa chica. Por mucho que le costase admitirlo.
Cuando el animago la perdió de vista alzó una ceja. ¿La parejita del año llevaba demasiado tiempo sin hablar o eran impresiones suyas? Les miró, y al instante se arrepintió de haberlo hecho.
-Oh, por favor... –masculló con una mueca de disgusto, levantándose.
Se estaban besando. Y bastante apasionadamente, cabía decir. Sirius no habría podido adivinar dónde exactamente estaban las manos de James. Y la verdad... tampoco quería saberlo.
0o0o0
Remus sostenía los patines en sus manos, y miraba a la chica con desconfianza.
-¿Y dices... que esto es seguro?
Jess rió, terminando de abrocharse los suyos.
-Claro, Remus. Confía en mí.
-No, si yo confío en ti, pero... pero esto de andar encima del hielo...
La chica sonrió, dándole un golpecito en el hombro.
-Vamos, no tengas miedo, es muy fácil. Es una tradición muggle...
-Ya... pues a mí la palabra muggle no me trae mucha confianza –ante la expresión dolida de la chica se apresuró a añadir-. No es por molestar, Jess, pero... no sé. Para empezar ese... ese juego que tenéis, el... Ruby o algo así. ¡Por Dios, si se tiran unos encima de otros a matarse!
La chica soltó una pequeña carcajada.
-Se dice rugby, y si me permites la observación, Remus, el quidditch no es mucho más pacífico. ¿O hace falta que te recuerde cómo acabó James simplemente por caerse de la escoba?
El chico suspiró.
-No, no hace falta que me lo recuerdes –apuntó.
Ella sonrió con satisfacción, y señaló a sus pies con su mano, expectante.
-Entonces póntelos.
Remus la miró con resignación. Después de todo... no podría ser tan malo¿no? Tomó aire, armándose de valor, y se calzó las extrañas zapatillas en sus pies, preocupándose por atar los cordones bien fuerte. Jess le observó orgullosa.
-Vamos a la pista.
El licántropo tragó saliva, y se esforzó por sonreír.
-Voy a morir.. –murmuró para sí mismo cuando la chica comenzó a subir los tres escalones de madera que conducían a la plataforma de hielo.
Ella parecía encantada, y nada más hacer pie en la pista dio una pequeña vueltita, con los brazos estirados y la cabeza echada hacia atrás, riendo.
-¡Me encanta! –exclamó, divertida, y por alguna razón Remus se relajó.
Bueno, al menos dejó de estar tan histérico.
Se agarró bien al subir las escaleras, y sujetó firmemente la barandilla antes de apoyar su pie en el hielo. Bien, primera fase concluida. Ahora sólo quedaba el otro pie.
-¡Vamos, Remsie, lo estás haciendo muy bien! –le animó divertida-. Ahora sube el otro, venga.¿Te ayudo?
-No, no hace falta –dijo, más por orgullo que por otra cosa, puesto que SABÍA que un poco de ayuda no le vendría mal.
Oh. ¿Qué diablos? Iba a subir a la pista, e iba a patinar. ¿Acaso no podían todos esos muggles? Dios, si hasta había niños. Él iba a poder. Sí. Y le demostraría a Jess que sí era capaz de hacerlo.
Apretó sus labios, e impulsándose en la barandilla, subió su otro pie.
Y entonces ocurrió. Sin saber muy bien cómo, Remus acabó dándose de bruces en el suelo.
-¡AU! –se quejó llevándose una mano a su espalda, mientras seguía tumbado.
Jess se tapó la boca, en un esfuerzo por no reír. Lo que no podía ocultar era una sonrisa de oreja a oreja, la mar de divertida. Se acercó a él, agachándose ligeramente, y le tendió la mano.
-No pasa nada, Remus... –le dijo-. Es normal caerse la primera vez.
El chico le miró con frustración, sintiéndose ridículo al tratar de levantarse y solo conseguir que sus pies resbalaran aún más.
-El hielo está muy duro, por si no lo sabías... –se quejó, dolorido.
Ella rió.
-Bueno, bueno, deja de llorar... Y déjame que te ayude de una vez, Lupin. Yo te enseñaré a patinar.
El chico la miró dispuesto a negarse rotundamente, pero al hacerlo recapacitó. ¿Cómo decirle que no a ese par de ojitos brillantes?
0o0o0
Kit se apoyó en el alfeizar de la ventana de la sala común, y profirió un largo y profundo suspiro. Miró el paisaje, aburrida. El cielo estaba repleto de nubes densas y blancas, que anunciaban seguramente una buena nevada.
Echaba de menos a Jess. Al menos con ella todo era mucho más fácil. Lily estaba con Potter todo el rato, y eso la excluía, o mejor dicho la incluían, y eso era mucho más incómodo, teniendo en cuenta que Sirius entraba en el plan también. Si Lily se creía que no se había dado cuenta de que todo era una treta, la subestimaba cuanto menos. Kit tenía bastante claro que tanto James como Lily pretendían juntarles a toda costa. ¿Pero para qué? Era un caso perdido. Ella y Sirius jamás tendrían nada. El chico era demasiado orgulloso, y muy poco fiel para su gusto.
Suspiró de nuevo, haciendo que el cristal se empañase con su aliento, y con su dedo empezó a dibujar formas extrañas, hasta que se halló a sí misma dibujando corazones como una imbécil. Se mordió el labio. Era una estúpida.
Lentamente empezó a trazar una línea entre los corazones, rompiéndolos. No tenía sentido ilusionarse por nada.
-¿Por qué los rompes?
Kit se tensó al oír una voz a sus espaldas. O estaba teniendo alucinaciones o era Sirius quien había hablado. Temerosa, giró su cabeza, y efectivamente se lo encontró, a escasos decímetros de distancia de ella, mirándole serio.
La morena borró todo lo escrito con la palma de su mano. Sirius sonrió de lado, y se acercó más a ella.
-Quedaban más bonitos enteros¿sabes? –comentó, mirando la ventana.
Ella bajó la cabeza, y se dispuso a irse. Sin embargo Sirius la rodeó con su brazo para escribir algo más. Dibujó un corazoncito, bastante más imperfecto que los que había dibujado ella, pero en el fondo un corazón.
-Así mejor.
Kit miró a la ventana y vio el dibujo del chico. Tragó saliva, incómoda, teniéndole tan cerca. Hacía tanto tiempo que no estaban así... y dibujando en una ventana, era de locos.
Sirius sonrió al ver la inquietud de la chica, y se inclinó para escribir de nuevo. Esta vez, al lado de el corazón, escribió sus iniciales, y al otro lado, las de Kit. Esta sintió como toda su sangre se concentraba en sus mejillas. Él seguía serio, admirando lo que había escrito. Las manos de Kit empezaban a temblar, sujetándose en el alfeizar casi sin fuerza. ¿Qué le estaba diciendo con aquello?
Sirius escribió de nuevo, esta vez con más lentitud, y Kit esperó nerviosa a que terminara, antes de leer:
'LO SIENTO'
Los labios de la chica se entreabrieron inconscientemente. Estaba sorprendida. ¿Realmente Sirius le estaba pidiendo perdón? Por... ¿por lo sucedido con Drew, o por su pelea o...?
-Yo... –murmuró, sin saber qué decir.
Él la miró triste.
-He sido un gilipollas –dijo sinceramente, consciente de que tenía razón-. Sé que no tenía derecho a enfadarme contigo así en el baile, ni a besar a esa chica ni...
Kit le miraba con los ojos brillantes. Él tomó aire.
-Pero es que estaba muy celoso, Kit –dijo finalmente-. Y entiendo que te enfadaras conmigo.
Ella negó con la cabeza, bajándola con timidez. Él tomó su barbilla y la obligó a levantarla de nuevo para mirarle.
-Pero yo quiero que me perdones... –le pidió-. Suena egoísta que te lo pida así, pero... pero es que necesito que me perdones, Kit. Quiero que estemos como antes. Sí, aunque estuviéramos con esa ridícula norma anti-besos –dijo con frustración-, al menos era mejor que esto.
Kit se mordió el labio.
-Sirius, no sé qué tratas de hacer... –dijo, tratando de ignorar el escalofrío que le había producido su simple caricia en la barbilla-, pero conmigo no funciona. Yo no soy como tu club de fans¿sabes?
El chico la soltó, dolido.
-¿Qué tienen que ver ellas aquí, Kit? –le espetó.
-Nada, Black –respondió, tratando de zafarse, pero él la cogió del brazo-. Suéltame.
Pero el chico no la soltaba, y por muchos esfuerzos que hacía por liberarse no lo conseguía.
-No voy a soltarte –dijo simplemente-. No hasta que me digas qué pasa ahora. Creía haberte pedido perdón, no sé por qué de repente te pones a la defensiva...
-¡No me pongo a la defensiva! –se quejó, tratando con más fuerza de soltar la mano de Sirius de su brazo, aguantando las ganas de llorar.
-Sí te pones a la defensiva. ¡Y no sé qué he hecho mal, Kit! –dijo, con frustración-. Pensaba que lo arreglaríamos si yo te pedía disculpas pero...
-¡Sirius, no puedes arreglar todo poniendo nuestras iniciales en un corazón como si fuéramos niños! –al fin una lágrima cayó por su mejilla-. Es más que todo eso... besaste a Drew... y tu historial amoroso es tan largo que... yo sólo sería una más. ¿No lo entiendes? Yo no quiero eso. No quiero que me utilices como un trapo y que después me tires a la basura.
-Kit –dijo el chico mirándola seriamente-, yo no te utilizaría nunca.
Aflojó la presión que ejercía su mano, y con la otra le secó la lágrima de la mejilla. Kit no dijo nada, sólo miró al suelo.
-Yo soy orgulloso. Mucho –reconoció-. ¿Crees que si fueras cualquier chica habría tirado mi orgullo para intentar arreglar esto contigo?
Ella vaciló. La verdad, era extraño, sí.
-No eres cualquier chica... –repitió, ruborizándose ligeramente-. Eres mi chica.
Ella tragó saliva.
-No tenemos nada, Sirius...
-Te recuerdo –dijo, con una sonrisa divertida-, que tú y yo estábamos saliendo juntos. ¿O es que no lo recuerdas?
Ahí ella no pudo reprimir una sonrisa.
-Sí, bueno, hasta que Remus me besó y tú me echaste la culpa de todo –protestó, aún evadiendo su mirada.
Él pasó de agarrar su brazo a coger sus manos entre las suyas.
-Pues por eso. Quiero que lo volvamos a intentar... Esta vez sin tener que fingir, simplemente porque tú y yo queremos; porque nos gustamos –notó a Kit sonrojarse-. Podemos tomárnoslo con calma, claro...
Kit pareció meditar la idea, y suspiró.
-Me harás daño –repitió, tozuda.
-Puedo jurarte que no.
-¿Y si... y si sale mal?
El chico rió y colocó sus manos en los dos lados de la cara de Kit.
-Bueno, eso es algo que no sabremos si no lo intentamos. ¿No crees?
Ella le miró dudosa, pero con su corazón latiendo con fuerza, pidiéndole a gritos que aceptara la propuesta de Sirius de una buena vez. Aún con miedo, terminó por sonreír levemente.
-¿Eso es un sí? –dijo esperanzado.
Ella, como toda respuesta, se puso de puntillas para darle un besito en la mejilla, y le abrazó. Sirius se quedó estático en un principio, algo aturdido con su respuesta, tan simple y sencilla como un casto beso en la mejilla y un abrazo, y que sin embargo había provocado tanto en él. Pasó sus manos a la estrecha cintura de la Gryffindor, y la atrajo más contra su cuerpo. Ella enterró su cabeza en el hueco entre el cuello y los hombros del chico, haciéndole cosquillas inconscientes con su respiración.
Él besó su pelo, cerrando los ojos para disfrutar de la agradable sensación de estar abrazados. Y así, Sirius se dio cuenta que de haber sabido que se sentiría tan bien estando así con ella, le habría pedido perdón mucho antes.
Sintió a la chica suspirar.
-Kit...
-¿Hmm? –murmuró somnolienta.
-¿Crees que podríamos... olvidarnos de esa estúpida regla anti-besos?
Ella rió suavemente.
-Estaba esperando a que me lo pidieras...
El chico no necesitó oír más, y con una sonrisa tomó el rostro de Kit entre sus manos, se inclinó, y rozó sus labios con los de ella.
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Jess se frotó sus manos enrojecidas por el frío, soplando contra ellas para darles calor. Había anochecido, y aquello podía notarse perfectamente en el clima londinense. Habían pasado el resto de la tarde patinando, o al menos intentándolo. Al menos, la rubia había conseguido que Remus se aventurara a soltar la barra e ir un poco a su aire (de la mano de ella, por supuesto). Y al final, después de muchas caídas, se lo habían pasado bien. El licántropo tenía que reconocerlo.
Este, por su parte, llevaba a sus labios un vasito de plástico lleno de delicioso chocolate caliente que había conseguido comprar en una tienda contigua a la pista de hielo. Digno manjar de dioses, había dicho al probarlo. Aún seguía ardiendo, pero al menos eso le proporcionaba algo de calor a su cuerpo; cosa que ahora Jess envidiaba. El chico la vio abrazarse más a sí misma, hundiendo su barbilla en el cuello de su abrigo.
-Hace frío ¿eh? –dijo, sonriendo.
La calle estaba únicamente iluminada por la suave luz de las farolas del barrio. Jess miró a Remus y fingió una carita de pena.
-Estoy helada... –murmuró, con sus manos temblando, agarradas a sus brazos con fuerza para resguardarse.
Remus no se lo pensó dos veces antes de acercarse a ella lo suficiente como para rodearla con un brazo y atraerla hacia su cuerpo, mientras su otra mano aún seguía sosteniendo el chocolate. Jess sonrió, ruborizada, y apoyó su cabeza en el hombro del chico, mientras se dejaba abrazar. Seguían caminando. Remus miró al cielo distraídamente, mientras disfrutaba del sentimiento de tener a la rubia tan cerca de él.
-Parece que va a nevar.
Jess miró también al cielo. Ni una estrella. Y la luna se veía borrosa, tapada por una espesa capa de nubes blanquecinas que daban aún más oscuridad a la noche. Asintió con la cabeza.
-Sí, eso parece –dijo simplemente. Pronto llegarían a su casa.
Remus suspiró.
-A veces admiro a los muggles... –comentó.
Jess soltó una carcajada.
-Va en serio, Jess. Lo del hielo, por ejemplo –alzó las cejas, exasperado-. ¿Te haces idea de lo que me duelen las rodillas de tanta caída? Merlín...
-Vamos, vamos, Remus... no ha sido para tanto –dijo, dándole un golpecito con su brazo-. Además, no se te daba mal...
El chico la miró escéptico. Ella sonrió.
-Bueno, no muy mal. Es decir, sí, pero... no terriblemente mal para ser tu primera vez.
Remus rió.
-Admítelo. Patino fatal.
Jess rió aún más.
-De acuerdo, vale, patinas fatal –admitió, y se ganó un buen ataque de cosquillas por parte del chico.
Ella empezó a reír, y a chillar para que parase, retorciéndose mientras él seguía, y cuando al fin logró zafarse le tapó la boca con su mano, divertida.
-No hagas eso, Remus –dijo, con una risita-. Odio las cosquillas. Y mi casa está aquí al lado.
El chico apartó su mano, mirando a su alrededor a las casitas adosadas que había.
-¿Ah sí? –dijo curioso-. Humm... no me lo digas, me acordaré. ¿Es la 22?
Jess sonrió.
-Sí, veo que te acuerdas –dijo, y señaló su portal-. Es esta.
Se acercaron hacia la barandilla, y Jess se apoyó contra ella, mientras Remus la miraba sonriente. Se quedaron en silencio. ¿Minutos?. ¿Segundos? El chico podía ver como el pelo rubio de Jess se movía suavemente con el viento. Bebió un último trago de chocolate, antes de dejarlo apoyado en la barandilla también. Ella se mordió el labio.
-¿Sabes? –dijo él rompiendo el silencio, al cabo de un rato-. A pesar de tanta caída y todo eso... me lo he pasado genial, Jess.
El corazón de la chica se aceleró. Sonrió.
-Yo también, Remus.
Él sonrió también, algo azorado, sin saber muy bien qué hacer.
Y entonces, un inocente y blanco copo de nieve cayó sobre el hombro de Jess, contrastando con su abrigo negro. Remus rió y lo cogió entre sus dedos. Ella le miró y rió también.
-Al final sí que va a nevar...
Un nuevo copo cayó, esta vez en la frente del licántropo, que justo entonces alzaba la cabeza para mirar al cielo. La risa de Jess se volvió más fuerte, y lo tomó por la barbilla para que bajara la cabeza. El chico la miró curioso. Ella se sonrojó con violencia, viendo como podía malinterpretarse su acto.
-Yo... yo... em... tienes un... un copo en la frente y...
Remus se sonrojó también.
-Oh –dijo, contrariado-. Claro.
El copo resbaló por su frente. Ella soltó una risita.
-Lo tienes en la nariz. Justo ahí –dijo, señalándola.
Él la observó con atención. Sus mejillas sonrosadas, sus ojos marrones brillantes, sus labios algo secos por el frío formando una tímida sonrisa. Y Remus entonces lo supo, simplemente lo supo. Era la chica más bonita que había visto en su vida.
Y quería besarla. Sabía que si no lo hacía, se arrepentiría. Tragó saliva.
-Quítamelo... –murmuró, con voz ronca.
Y ella obedeció, y llevó un dedo a la nariz del chico, para intentar apartar el copo de nieve. Y casi como un instinto, llevó sus labios a la punta de su nariz y depositó un suave besito, llevándose el trocito de nieve. Remus sonrió. Jess hizo lo mismo, aunque terriblemente sonrojada.
-Perdona, es que... adoro la nieve. Y estaba ahí tan apetecible que...
Remus le puso un dedo sobre sus labios, silenciándola mientras la miraba con dulzura.
-Jess... ¿Tienes idea de lo mucho que me gustas?
La chica se quedó estática. Entreabrió sus labios, tratando de decir algo. Él rió, y tomó su barbilla con su mano, acercándola más a él, mientras su otra mano pasaba a acariciar su pelo.
-Yo... bueno, tú también me gustas mucho, Remus.
Él le dio un besito en la frente. Ella cerró los ojos, con una sonrisa, y pronto notó como el chico se inclinaba más hacia ella, atrayéndola más a él, y la besaba. Remus sabía a chocolate, tal y como siempre la chica imaginó. Sus labios se movían con suavidad sobre los suyos, acariciándolos con una dulzura exquisita. Jess supo que jamás se había sentido tan bien.
Remus profundizó entonces el beso, queriendo desesperadamente probar su sabor, sentir al completo a la chica. Y así pronto su lengua encontró la de ella, y se acariciaron con algo de incertidumbre al principio, con decisión al final. Cuanto más se intensificaba, más aumentaba el deseo de hacerlo aún más íntimo entre ellos, e inconscientemente las manos del chico buscaban el cuerpo de ella sobre la gruesa ropa, y las de ella se introducían bajo el abrigo de él. El chico jadeó contra sus labios cuando sintió sus frías manos en su propio cuerpo, y la apoyó contra la barandilla para besarla mejor.
La falta de aire fue lo único que pudo separarles. Permanecieron con las frentes aún tocándose, respirando entrecortadamente, con los ojos cerrados.
Remus suspiró, aún con el corazón luchando por salir de su pecho.
-Merlín... –murmuró, rozando su nariz con la de ella-. Me moría por hacer esto...
Ella abrió los ojos.
Y sonrió.
Se miraron, con los labios aún húmedos e hinchados por el beso. Jess llevó su mano al cabello del chico, para jugar lentamente con un mechón de pelo.
Se separó de él, caminando hacia detrás, subiendo las escaleras hacia la puerta de su casa. Remus la miró desde la barandilla, con una sonrisa en sus labios.
-¿Sabes? Besas aún mejor que en mi imaginación... –dijo ella feliz, deteniéndose unos instantes antes de desaparecer por la puerta guiñándole el ojo.
La sonrisa del licántropo se ensanchó, y cerró los ojos mientras hacía sus manos un puño en señal de triunfo. Se alejó de allí, silbando una canción muggle que había oído en la pista de hielo, dando brincos, como si estuviera todavía en una nube. Aquel había sido un buen día. Un MUY buen día.
Hola holita lectorcitos. ¿Qué?. ¿Os ha gustado? Decidme que sí, decidme que sí xDDDD... bueno, espero que se os haya pasado el enfado y que me dejéis un review chuli chuli.
¿Sabéis que ayer hizo justo un año que publico en esta pagina? Yess! XDDDD un añito ya con vosotros jajajaja. Este fic creo que lleva un poco menos, pero no mucho. Llevará 9 meses o así xD. Bueno, espero que eso, que seáis buenas y dejéis muchos reviews... q la vez pasada recibí 25! Me disteis mi mejor regalo de cumpleaños! (sí, fue el dia 10! XDDDD) Se aceptan ciberregalos y tal...
un beso a todos!
DrEaM-KaT
Miembro Weaver
MoS
