DISCLAIMER.- No soy dueña de Inuyasha y toda su cohorte de maravillosos personajes, si lo fuera; Aome no habría pasado las de Caín con el orejas de perro, Kikio se habría quedado bien muerta. Shippo y Rin serian hijos de Sessho y Aome, Naraku no habría existido, porque Onigumo se habría muerto de hambre y todos serían muy felices; pero en fin…. Doña RUMIKO T. Decidió otra cosa… Se la vie…

Nota: cada salto de línea, es un cambio en la línea de tiempo de la historia : ) enjoy!

CAPITULO CATORCE

Permanece a mi lado, cuando se apague mi luz,
y la sangre se arrastre y mis nervios se alteren
con punzadas dolientes.
Y el corazón enfermo
y las ruedas del tiempo giren lentamente

Permanece a mi lado, cuando el camino se acabe.
Y lo recorrido no sea más que un recuerdo,
un instante suspendido en el tiempo, en la eternidad.
Y la verdad me alcance, y la vergüenza se rinda.

Permanece a mi lado, cuando todos se hayan ido.
Y la soledad me amenace,
y la oscuridad me envuelva.
Cuando el sonido de tu voz sea el último nexo con la vida.
Y tus ojos me miren y tus labios me besen

Permanece a mi lado para no perderte ahora,
para quererte siempre, y así protegerte
de la llama incandescente que derriba las puertas
y aplasta las vidas, dejándolas muertas,
en espantosa huida.

In Memoriam A.H.H. (fragmento)
Alfred Tennyson

¿Cuánto dura un instante?

¿Qué sonido se escucha cuando el alma se parte en mil pedazos?

¿Cómo se vive sin corazón?

¿Cómo logras superar la terrible soledad? ¿Llenar el vacío? ¿Recuperar lo que una vez fue?

¿Es… posible?

Aome permanecía en medio de la luz, una multitud de frágiles estrellas la rodeaba, la cálida corriente de energía espiritual, que ya le era familiar; le recorría el cuerpo suavemente.

El pulso del tiempo la arrastraba lejos de Sesshomaru, hacia su tiempo…lejos de su hogar. El pozo estaba sellado, el árbol de magnolia había dado hasta la última parte de su energía para enviarla de regreso a su tiempo.

Su tiempo

¿Qué representaba ahora su trabajo en el hospital? ¿Su familia? ¿Sus amigos?

Era imposible pretender que podría retomar el hilo de su vida en donde lo dejo… no cuando su vida estaba tan llena de su amado youkai.

No cuando su amor la llamaba a traves de los siglos, desgarrándole el corazón con su dolor. Un dolor que era un reflejo cruel del que le inundaba ahora.

El sello la lastimaba…la drenaba de toda esperanza.

Tristeza era una palabra muy corta para lo que la consumía mientras flotaba a la deriva en el flujo espacio tiempo… Devastación, se le acercaba bastante.

Sentía la locura que poco a poco llenaba la hermosa mente de Sesshomaru…transformándolo en una bestia…

Pero él lo superaría. Finalmente el deseo de Totosai se vería realizado…Nada impedía ahora que Hiyori diera a luz un heredero para su Daiyoukai.

El futuro estaba a salvo.

Lentamente las lágrimas rodaron por su rostro…Las dejo caer, demasiado abrumada por la realidad…Sesshomaru y ella no estarían juntos…En el fondo no debía sorprenderle; el Sengoku Jidai después de todo, solo le había dado lagrimas….

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- ¿Era necesario hacerme esto? Te serví fielmente durante siglos…jamás desafié tu autoridad o traicione tu confianza…¿Por qué no me explicaste todo?... - Totosai se sujetaba la cabeza fuertemente con ambas manos. Tratando en vano de comprender la historia que su visitante nocturno acababa de relatarle, ordenando adecuadamente el cumulo de recuerdos sepultados que había en su memoria.

Se sentía muy traicionado. Su señor no solo había desconfiado de él, sino que además lo había manipulado con hechizos, haciéndolo vivir una mentira, y mentirles a personas buenas e inocentes que nada tenían que ver en todo este embrollo.

El anciano forjador, elevo la vista hacia la silueta que dibujaba el ventanal de su biblioteca. Había hablado solo un par de frases, que lograron hacer que todo cobrara sentido. Y luego, como siglos antes, se había mantenido en silencio.

Permanecía en silencio desde hacía una, tal vez dos horas…la percepción del tiempo era para el aun algo confusa. - ¿Vas a quedarte aquí toda la noche? Totosai se levantó lentamente encaminándose al librero en donde, discretamente empotrado; reposaba un bar bien surtido. Lleno su vaso y lo bebió en largos tragos sin pausa.

Decidió, que su Señor no era una mala persona…vengativo, algo arrogante, presuntuoso y obstinado si…pero no malo. – Yo…iré a dormir, estoy demasiado viejo para tantas emociones…puedes quedarte el tiempo que quieras… aunque imagino que tendrás cosas que hacer.

La sombra frente a la ventana se giró un poco, el rostro permanecía en penumbras, solo podía observar el largo abrigo negro que cubría a aquel visitante. Cuando hablo, la voz era sedosa y grave, mesurada en extremo…pero no podía ocultar la alegría que vibraba en ella.

- Tengo que hacer algo importante…Que descanses…Doctor. La sombra se deslizo lentamente hacia la puerta de la mansión Wataru. En el momento que la abrió, la luz de la luna, ilumino el largo cabello plata que caía libre por la espalda. Un instante y la puerta se cerraba nuevamente.

- Que tu noche sea buena, Sesshomaru Sama…

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- ¿Dónde está Aome? – Inuyasha se levantó de golpe, lo que en corto plazo demostró no ser su mejor idea, ya que las heridas recién vendadas comenzaron a sangrar.

- Tranquilo muchacho, es mejor que te recuestes… la sacerdotisa desapareció, por obra de la magia del viejo árbol sabio. – Tenma empujaba firmemente el pecho del hanyou sin moverlo, menos aun cuando le informo que se querida amiga estaba desaparecida. El joven se movió bruscamente liberándose del agarre del anciano general, andando rumbo a la salida de la tienda donde se encontraban. – Debes descansar Inuyasha, aún nos falta mucho por hacer y Sesshomaru ya ha enviado por tu esposa.

- ¡¿Qué demonios quiere con mi mujer?! – Inuyasha se detuvo regresando a confrontar a Tenma, indignado ante la idea de su esposa cerca de una zona de batalla.

- Siéntate joven, ambos estamos mal heridos. Yo tuve que dejar esta tienda hace unas horas, cuando sentí el yuki de mi Señor alterándose. Trate de ayudarlo lo mejor que pude. Ahora está todo en manos de la heredera del sur. Si ella falla, no quedara un solo reino en pie…

-¿De qué hablas? – Inuyasha permanecía cerca del demonio perro, escuchando su historia.

- Sesshomaru está perdiendo el control sobre sí mismo, tenemos cinco o seis horas más antes de que el entre en una crisis total… Aome y el están unidos aun, y él se niega a romper el sello…aunque según Hiyori es algo imposible.

-…

- Lo mejor será que Aeshi te explique todo cuando…- El general se vio interrumpido bruscamente con la aparición del consejero real. Vestía el uniforme del ejército, y la sangre aun manchaba su cuello, el rostro estaba cansado y la angustia se veía en todas sus facciones. Sin embargo su sonrisa fue genuina, cuando estrecho la mano de Inuyasha.

- Al fin despiertas, ven hermano… tenemos poco tiempo y muchas cosas que hacer…- Aeshi empujaba a Inuyasha fuera de la tienda. Atravesaron el campamento hasta la tienda principal. Dentro los grandes concejales del reino se reunían en torno a Sesshomaru.

El Daiyoukai permanecía en seiza junto a una mesa elegante de madera roja, sobre ella reposaban una serie de sellos tinta y algunos pinceles. Sesshomaru firmaba un documento en ese preciso instante y lo entregaba a Jaken. Cuando levanto la mirada hacia los recién llegados Inuyasha no pudo evitar estremecerse… los ojos de su hermano eran rojo sangre, las marcas en su rostro se habían vuelto irregulares y los colmillos asomaban entre sus labios.

Sesshomaru permaneció en silencio, inclinando levemente la cabeza cuando un revuelo fuera de su tienda lo hico desviar la mirada del rostro de su familia.

- Finalmente…

Inuyasha se sorprendió al escuchar la voz de su hermano… más parecida al gruñir de un animal salvaje que a la educada voz profunda, propia de Sesshomaru. No pudo pensar más en los cambios en el rostro del Daiyoukai, cuando percibió el familiar aroma de su mujer encinta, justo detrás de él.

-¡Setsuna! - Inuyasha enterró la nariz en los cabellos de la joven estrechándola con cuidado en un abrazo. - ¿Por qué has traído a mi mujer Sesshomaru?

- No es ningún problema Inu… además Kaede me ha acompañado y…

- ¡ Kaede ya está muy mayor para recorrer tanta distancia! ¡Y tu estas en cinta Setsuna! ¿Y si se muere la vieja en el camino?

- No estoy tan vieja Inuyasha…- Kaede cruzaba las manos sobre el pecho indignada por haber sido llamada anciana, de forma tan poco delicada.

- ¡Khe! ¡Lo que sea! ¿De qué va todo esto poderoso hermano mayor? – Inuyasha enfrentaba nuevamente a Sesshomaru… Un amago de sonrisa apareció en la boca del Daiyoukai antes de levantarse y hablar con voz cavernosa.

- Yo soy Sesshomaru, Primogénito de Touga el tercero de tal nombre, Inu no Taisho del Oeste, Señor de los reinos cerca del mar, Señor de las Montañas blancas, Guardián de la frontera del inframundo y Líder incontestable del clan de los Inu. Soy Sesshomaru, primero de este nombre, Inu no Taisho del Oeste, Señor de los reinos cerca del mar, Señor de las Montañas Blancas, guardia de la frontera del Inframundo, Señor del Shiro del Oeste y del Norte, líder indiscutible del clan de los Inu. ¿Quién desafía mi autoridad? – Sesshomaru hizo una pausa antes de continuar hablando, Inuyasha, Setsuna, Kaede y Aeshi permanecían en silencio sin comprender bien que esperar. – Como señor absoluto, es mi voluntad nombrar como mi sucesor a Aeshi, hijo de Ilana de la sangre de Touga, señora de las tempestades y las ventiscas. Amada hermana de mi Señor padre. Aeshi el primero de este nombre, te concedo el dominio del Shiro del Oeste con plenos poderes, el resguardo de la autoridad dada a nosotros por la sangre para que hagas valer y prosperar nuestra estirpe. - Sesshomaru miraba fijamente a Aeshi esperando una respuesta de este, Aeshi se acercó a él, y poniendo una rodilla en tierra inclino el rostro ante su señor. Sesshomaru realizo una leve inclinación de cabeza, y su consejero se levantó hasta colocarse justo detrás de él, al lado derecho. Sesshomaru tomo un pergamino lo firmo, coloco su sello y lo entrego a Jaken. Fijo la perturbadora mirada en su hermano menor.

- Inuyasha, hijo menor de mi padre, hermano por la sangre y el honor…Te entrego el control del Shiro del Norte con plenos poderes y soberana autoridad para ti y tu descendencia, con el conocimiento de que serás un buen Señor para tu gente… haz que tu sangre, que es la mía, nos honre y prospere hermano…

El silencio cayo espeso sobre todos cuando Inuyasha se quedó con los ojos inmensos fijos en Sesshomaru. Lentamente se separó de Setsuna y comenzó a andar hacia su hermano hasta colocarse a su espalda justo del lado izquierdo.

El Daiyoukai del Oeste, estaba dejando sus asuntos en orden.

Lentamente los consejeros del reino se colocaron frente a sus señores, colocando ambas rodillas en tierra inclinándose al frente hasta que sus rostros casi tocaron el suelo, en clara aceptación de la voluntad de su señor.

Poco a poco, la tienda fue quedando vacía, al final solo Aeshi, Inuyasha, Kaede, Setsuna y Jaken acompañaban a Sesshomaru, que se había desplomado sobre una silla.

- …No… no sé qué decir…¿Por qué has hecho esto? – Inuyasha contemplaba algo triste a su hermano mayor.

- Eres mi hermano, la única razón por la que no te dejo el Shiro del Oeste a ti, es porque es más difícil de gobernar… Aeshi te ayudara con el control del Norte, pero sé que con el tiempo lo harás bien…

- Entiendo…explícame ahora ¿Qué hace Setsuna aquí?

- Es tu mujer… debía estar presente, además es bueno que todos conozcan a tus hijos…al menos su aroma.

- ¿Solo por eso? –Inuyasha veía a su hermano con bastante suspicacia.

- No… necesito la ayuda de tu mujer y de la anciana

- La anciana tiene su nombre jovencito… y ¿Qué es lo que necesitas?.- Kaede consideraba que una vez que la habían mencionado, era como darle permiso para opinar.

- Sesshomaru, no sabemos si funcionara…- Aeshi estaba profundamente angustiado, había pasado las últimas horas arreglando los detalles, en base a las instrucciones de Hiyori. Y aunque ella se veía confiada, sabía que muchas cosas podían fallar en el loco plan de su hermano.

- Funcionara…

- ¡Alguno de los dos podría decirme de que carajos hablan! – Inuyasha se había portado bien pero sentir la angustia de Aeshi, el dolor de Sesshomaru y la curiosidad de Kaede y Setsuna, lo estaban sacando muy rápido de sus casillas.

- Necesito un favor de las sacerdotisas Inuyasha…

- ¿Y que necesitas Señor Sesshomaru? – Setsuna le hablaba con respeto, pero no había ni pizca de miedo en la joven mujer, Sesshomaru sonrió nuevamente; su hermano había escogido bien.

- Que usen su poder para sellarme…

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El mundo comenzó a girar más rápido, una suave luz blanca comenzó a rodearla… su viaje terminaba

¿Cuánto había durado?

No tenía idea. Pero para ella habían pasado siglos sometida a un dolor ensordecedor que iba aumentando, hasta que de repente desapareció.

Lo natural era alegrarse por el cese del sufrimiento, pero se sentía peor.. como si ese dolor compartido con Sesshomaru, le confirmara que seguían unidos, sin importar el tiempo y la distancia…pero si ya no lo sentía…

Una superficie suave cedió bajo sus pies cuando el mundo dejo de girar.

Aome no quería abrir los ojos… ella no necesitaba abrirlos para saber que estaba de nuevo en su tiempo.

Bastaban los sonidos, el olor, el barullo de la energía vital de millones de humanos en torno a ella…ajenos por completo al terrible vacío que se había instalado en su alma. Levanto el rostro buscando ubicarse, conocía este parque, estaba cerca del hospital.

Solo tendría que desplazarse unos pasos para pedirle a alguien que la llevara hasta su casa… su casa…¿Cómo estaría Rin? ¿Su mama? ¿Su hermano y abuelo? ¿Cuánto tiempo había pasado desde que se fue?

Intento concentrarse en esas preguntas, intento con todas sus fuerzas no venirse abajo en ese instante. Hasta que giro un poco. Tras ella, inmenso y algo maltratado, estaba el viejo árbol de magnolia.

Aome acerco su mano temblorosa hacia el árbol, las enormes ramas estaban llenas de un hermoso follaje, que seguramente se vería esplendido a la luz del sol. Acaricio lentamente la corteza, casi como una caricia. Este ser, había sacrificado su energía, para crear una fractura en el tiempo y arrojarla de vuelta…y al parecer todo seguía igual…entonces era así como debía ser.

Todo estaba bien…

Las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos, pero se negaba a llorar, no quería pasar por esto de nuevo.

No, su amor merecía algo mejor que llanto. Ella viviría conforme con el tiempo que había disfrutado con Sesshomaru, con los recuerdos maravillosos que tenia de su tiempo juntos…y tenía a Rin, para no olvidarlo jamás…

- Olvidarlo…Olvidar a Sesshomaru…¿Cómo? – Aome mantenía una palma apoyada aun sobre el árbol mientras hablaba en voz baja, se sorprendió al sentir agua corriendo entre sus dedos, una lluvia fina comenzaba a caer… En ese momento algo suave y cálido cayó sobre sus hombros. Mientras una voz grave acariciaba su oído…la última voz que esperaba escuchar en ese momento…

- Vas a enfermar… -gruesas lagrimas rodaban por sus mejillas, mientras sujetaba con fuerza el largo abrigo que ahora la cubría. Un sollozo escapo de su garganta al tiempo que era presionada con fuerza, contra una cada vez más mojada camisa blanca.

- Pensé…

- Sin importar lo que tenga que hacer, yo volveré a ti…siempre.

Aome sintió como la energía la invadía, muy rápido demasiada energía, el sello se vivificaba nuevamente. Su boca era presionada en un beso salvaje antes de caer en la inconciencia.

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Abrió los ojos, la habitación estaba iluminada por la luz de una espléndida luna llena, que daba a todo en aquel lugar una coloración lechosa. Las sabanas eran de algún material suave y resbaladizo, seda tal vez. El color era obscuro, negro y relucía con la luz de una forma fantasmal.

Se distrajo con la sabana…así de mal…

Las cosas le volvían poco a poco, se incorporó hasta quedar sentada…dándose cuenta de que lo único que cubría su piel era aquella sabana. Un sonrojo leve le lleno el rostro brevemente, porque un toque de calma le inundo el corazón…el sello… ¡Sesshomaru!

Aome recorrió la habitación con desesperación. Ahí, alejado de la luz que se filtraba por las ligeras cortinas, pudo ver la enorme silueta del Daiyoukai. Se levantó de un salto arrojándose a los brazos que se abrían para recibirla. Antes de buscar su boca.

Había tanta hambre en la caricia, la lengua de Sesshomaru acariciaba sus labios una y otra vez, como si tratara de memorizarlos o reconocerlos, chupando y mordiendo con cuidado. Dejándola libre solo para darle un respiro. Aome apoyo las manos en el pecho de Sesshomaru pidiéndole una tregua.

- ¿Cómo es que estas aquí? ¿Y el pasado? ¿Hiyori y tu tuvieron un hijo?¿Que fue de ellos?... Sesshomaru la sujeto con firmeza del rostro, acercándose a ella, viéndola a los ojos. Asustado de lo mucho que había necesitado el sencillo acto de verse reflejado, en las profundidades castañas de sus pupilas.

-Después…por favor…después – Sesshomaru silencio la protesta que iba a salir de la boca pequeña y voluptuosa que ansiaba devorar a besos. – No hay ningún hijo, no me aparee con Hiyori, porque la única mujer que me dará hijos eres tú…

Había tanta desesperación en sus palabras, en el temblor de las manos enormes y gentiles que le acariciaban el rostro y el cuello… y ella necesitaba tanto sentirlo dentro de ella, hacerse uno de nuevo…asegurarse que estaba aquí y era real…

Sesshomaru andaba poco a poco entre besos acercándose al lecho del que Aome había saltado completamente desnuda. La luz de la luna les dio de lleno, permitiéndoles observarse plenamente. El con una camisa blanca, aun húmeda, a medio desabotonar y pantalones negros de vestir; se había descalzado y sus pies desnudos servían de soporte a los diminutos pies de Aome que seguía sobre ellos.

Aome deslizo un dedo suavemente por el rostro del Daiyoukai, era tal y como lo recordaba…excepto un par de detalles…

- Sin disfraz amor mío… quiero verte tal cual eres.

Sesshomaru asintió levemente, y en segundos las líneas gemelas aparecían en sus mejillas y cuerpo, la hermosa media luna grabada en la frente, los ojos recuperaron la pupila felina y el color más claro y brillante del iris. Y su boca estaba armada de nuevo con aquellos letales y sensuales colmillos que ella amaba. Acaricio despacio la curva de la elegante ceja, el arco de la mandíbula, la suavidad de los labios…causando un estremecimiento en el excitado macho que la apretaba más contra su cuerpo, sin apartar los ojos de ella. Aome se sentía feliz, liberada de todo temor… Su amado youkai estaba con ella, el mundo no se había acabado por tanto, fuera lo que fuera que había hecho…funcionó.

- Desde que te conocí he querido hacer algo…

- ¿Qué cosa? - Sesshomaru respiraba superficialmente, aterrado de que una caricia tan inocente como aquella le excitara tanto, eso y que el cuerpo de ella se removía entre sus brazos, presionando dolorosamente su erección.

- Inclínate un poco – Aome estaba decidida a cumplir su fantasía – Abre para mi…

El Daiyoukai cerró los ojos liberando un gemido ronco, cuando sintió la lengua cálida de ella acariciando sus colmillos lentamente mientras las manos pequeñas se enterraban en su nuca halándole suavemente el cabello.

Cayeron enredados, ambos desnudos sobre las sabanas de seda. Sesshomaru la besaba, de manera posesiva, lamiendo las lágrimas de alivio que la joven derramaba. Su mujer…su compañera…el sello cantaba, finalmente abierto, dejándole sentir el amor que se le entregaba sin frenos.

Sesshomaru lamia sin parar el cuerpo de Aome, jugando suavemente con su sexo, mientras se deleitaba torturando la sensible piel de los senos de la joven. Quería hacer tantas cosas, poseerla de todas las formas posibles en cada rincón del mundo, quería pegarla a él para asegurarse de no pasar nuevamente por un tormento semejante.

Los gemidos de la joven llenaban su cabeza poco a poco, quería ser suave…su intención murió cuando la escucho hablar entre gemidos.

- Mi amor… tómame… ahora… por favor… - Sesshomaru se hundió de golpe en el estrecho sexo de Aome, envistiendo con fuerza el cuerpo que se arqueaba contra él. Moliendo la cadera al ritmo de sus envestidas mientras su boca ahogaba los gritos de Aome.

Habría tiempo después para la suavidad…pero no esa noche…

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La luz del sol bañaba la entrada de la caverna, el paraje escogido estaba bastante retirado del pozo devora huesos. El lugar donde quinientos años en el futuro vivía Aome.

El grupo se movía en silencio preparando las cosas, una impresionante pieza de madera se levantaba en medio de la cueva, arcones llenos de oro y piedras preciosas se acumulaban por doquier. Jarrones, y piezas escogidas del tesoro familiar se colocaban envueltos en grandes piezas de seda. Cantidad de ropa se guardaba en cajas selladas dentro de cajas. Junto con botellas del mejor vino youkai que poseía.

Apenas habían pasado unas horas desde que Setsuna y Kaede habían hablado con Hiyori, la youkai no había hecho ni un solo comentario despectivo hacia las mujeres…estaba más que consiente de la suerte que correría si algo llegaba a salir mal.

Todo estaba listo finalmente. Sesshomaru esperaba solo a una última persona, y el aire le llevaba su inconfundible aroma.

- ¡Sesshomaru detén esta locura! ¿Qué es lo que pretendes?- Totosai se quedó callado cuando se dio cuenta de la presencia de más personas en el lugar. Desmontando de Mo-Mo, se acercó al Daiyoukai, Sesshomaru lo sujeto con rapidez por el cuello y llamo a la hembra que ya estaba lista a un lado de él. Un conjuro salía de los labios de Hiyori, mientras Sesshomaru le daba una serie de órdenes al anciano. Cuando la hembra termino su canto, Sesshomaru libero al anciano youkai, que sin decir más salió en silencio con la mirada perdida, hizo una reverencia antes de subir nuevamente en su vaca y salió volando rumbo al norte.

- ¿Qué le hiciste a Totosai? – No había reproche en la voz de Inuyasha, solo curiosidad.

- Me he asegurado de que las cosas pasaran tal como deben…no quiero ningún cambio en el futuro.

- Nunca pensé ver el día…en que me dolería tu ausencia…hermano. – Sesshomaru miro asombrado al humilde hanyou que le devolvía la mirada con genuina tristeza en el rostro. Irónico, justo cuando las cosas mejoraban entre ellos debían decirse adiós…doloroso, ambos comprendían, que Inuyasha no viviría lo suficiente para encontrarse nuevamente. El menor de los hijos de Inu no Taisho extendió la mano, hasta su hermano, Sesshomaru la tomo firmemente, sorprendiendo al hanyou al arrastrarlo en un abrazo fraterno. Lagrimas llenaron los ojos del más joven, que maldijo por enésima vez la parte humana de su ser, que le hacía sentir pena por perder a su hermano.

Sesshomaru rompió el abrazo dejando solo el brazo izquierdo sobre el hombro de Inuyasha, mientras con la derecha le ofrecía la empuñadura de Bakusaiga.

- Pero…

- A donde voy, no la necesito…

-Sesshomaru

- Considérala un préstamo…devuélvela cuando ya no la necesites.

- ¡Khe! ¡Además, tu loca espada va a derretirme el brazo!

- Bakusaiga es una parte de mi… y tú eres mi familia…Te obedecerá como si fueras yo mismo.

-…Cuídate Sesshomaru… dile a Aome que la recordare siempre…

-…

- Es tiempo Señor Sesshomaru- La voz de Hiyori los distrajo un momento, Sesshomaru ya se había despedido de Aeshi y de sus generales, había incluso disculpado a la Heredera del Sur. Pero le faltaba hacer algo más.

Con infinito asombro Inuyasha vio a su hermano acercarse hasta Setsuna. La sacerdotisa le observaba extrañada, Sesshomaru permanecía en silencio frente a ella, Setsuna comprendió la pregunta silenciosa del Daiyoukai y le respondió con una sonrisa.

- Si Sesshomaru… - El doblo lentamente la rodilla, quedando así a la altura del hinchado vientre de la mujer, sabía que por la mezcla de sangre, era casi imposible que la sangre youkai de Inuyasha sobreviviera en estos cachorros, pero ahí estaba, dos yuki de intensidad respetable emanaban del vientre humano. Sesshomaru acerco el rostro al cuerpo de Setsuna hablando palabras de afecto y aprobación en la vieja lengua. El pulso suave de la vida nueva le devolvió el saludo. Sesshomaru se sentía satisfecho cuando se puso en pie, agradeció a Setsuna nuevamente y se acercó a la madera que permanecía en el centro de la cueva.

Se había removido la armadura, y colocado el mejor de sus ropajes, a un costado de su cuerpo solo estaba Tenseiga, el legado de su padre.

Frente a él se alineaba su familia, la anciana Kaede y Hiyori.

Su familia…Aeshi, Inuyasha y Setsuna…con los pequeños hanyou que no conocería…Aeshi le había jurado velar con su vida por el bienestar de Inuyasha y su descendencia, pero no se lo dijo a su hermano para evitar ofenderlo. Sin importar los resultados de su intento…ellos estarían protegidos y en el futuro…Aome estaría a salvo.

- Adelante mujer… - Sesshomaru mantuvo la imagen de todos ellos en su mente hasta el instante en que la brillante luz de una flecha le golpeo el pecho.

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Aome se estiro entre las sabanas revueltas sintiendo dolor en algunos diversos e interesantes lugares de su cuerpo, las sabanas de seda estaban regadas en el piso, algunas rotas e inservibles. Extendió suavemente los sarcillos del sello, buscando la presencia de Sesshomaru. Estaba en la casa, en completa calma. Aome se levantó y corrió al baño para darse una ducha rápida, al volver una bandeja con comida la esperaba junto a una enorme caja de regalo.

Luego de comer todo en la bandeja, se sentía extrañamente hambrienta, abrió la caja. Dentro un espléndido kimono rosa. Bordado en hilo de oro con rosas de todos los tamaños. Se envolvió en varias capas de seda colocando el hermoso kimono sobre su cuerpo, atándolo con un obi simple sin el complicado moño tradicional.

Se sentía como una niña cuando salió al encuentro de Sesshomaru, apenas verlo se lanzó a sus brazos, él la estrecho contra su cuerpo, enterrando el rostro en el cabello negro de Aome.

- ¿Cansada? – Sesshomaru sonrió al sentir el deseo corriendo nuevamente a través del sello, de ella hacia él y de regreso.

- Mucho…pero eso no mina mi curiosidad.

- Lo se… llame a Rin, tu mama estaba muy preocupada, pero le he explicado que necesitamos algo de tiempo, y que estarías en casa mañana.

- ¿Rin está bien? – Sesshomaru la tomo de la cintura mientras respondía.

- Si…Ha seguido bajo chequeo de Totosai, así que todo está bien… Aome quiero que hablemos, pero no aquí

Mientras hablaba, una nube de yuki se formaba bajo sus pies, elevándolos suavemente del suelo. Aome se abrazó con fuerza al cuello de Sesshomaru temerosa de caer.

- Sé que no te gusta la esfera, así que… supongo que es mejor- Sesshomaru sonreía mientras abrazaba el cuerpo pequeño más cerca del suyo…

Volaron en silencio en medio de las últimas horas de la noche, hasta llegar a una montaña que se encontraba cerca de la hermosa casa donde Sesshomaru vivía; las preguntas rondaban por la cabeza de Aome multiplicándose por miles cuando Sesshomaru retiro una barrera que sellaba una roca enorme sobre la boca de una cueva.

-¿Qué hay ahí dentro?

- Respuestas …todas tus respuestas.

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El sonido era molesto…una gota diminuta se escurría por alguna roca y caía causando un sonido bajo, constante y molesto… ¿Un sonido?... Algo en el comenzó a cambiar, los aromas le llegaban con nitidez, los sonidos.

La magia que le sujetaba manteniéndolo inconsciente se desvanecía poco a poco hasta romperse. Abrió los ojos levantándose de golpe, las flechas se habían desvanecido.

¿Cuánto había dormido?

Se acercó a la barrera que sellaba el lugar y retiro unos centímetros la roca, los aromas entraron de lleno en el aire viciado de la caverna. Se cercioro que sus ropas estaban intactas y se lanzó al cielo, desde arriba todo se veía como lo recordaba… aunque algo menos denso…algo era distinto.

Estiro la conexión del sello…Aome estaba ahí, la sentía… pero el sello no.

Espero el golpe de locura, la furia por la falta de conexión del sello…nada ocurrió. Sesshomaru se acercó al templo Higurashi buscando a su mujer, pensando en la alegría inmensa que le daría. No la encontró, lo más extraño…la casa el templo…nada tenía su aroma… entonces lo percibió, el dulce olor de Aome. Se ocultó en las ramas de un árbol, dispuesto a sorprenderla.

La madre de Aome y su abuelo caminaban lentamente hacia la casa ambos con enormes sonrisas y charlando alegremente.

Tras ellos, un hombre desconocido se acercaba cargando un bulto pequeño…una hermosa y diminuta Aome dormía entre los brazos de su padre.

Sesshomaru había despertado antes de tiempo.

- He pasado dos décadas vigilándote, viéndote desde lejos…no tienes idea de lo que fue verte saltar al pozo una y otra vez…aguantando el impulso de detenerte. Soportar el conformarme con verte dormir…y aun renunciar a ese placer, cuando cumpliste trece, para que Inuyasha no detectara mi olor en tu habitación…

Aome lo escuchaba narrar lo que había hecho, como convenció a dos sacerdotisas a unir fuerzas con una hechicera youkai, para sellarlo no por cincuenta, sino por quinientos años. Que al despertar antes de tiempo, había recurrido a su tesoro, y comenzado una empresa…la hermosa casa y toda la tierra alrededor eran de él. El hospital en el que ella trabajaba le pertenecía.

"Taisho and Co" Como es que nunca lo relaciono… Incluso salió del país ocultando su yuki, para no detectarse a sí mismo.

Aome caminaba entre las cajas de seguridad pulcramente apiladas en un rincón. La caverna tenia iluminación artificial y las posesiones que no estaban en su casa se encontraban bien resguardadas en este lugar…Haber obligado a Totosai a olvidar lo que había ocurrido realmente, dejando una idea falsa en su memoria…todo para garantizarse una vida junto a ella.

Gruesas lágrimas rodaban por su rostro, antes de saberlo siquiera, los labios de Sesshomaru bebían sus lágrimas, mientras la envolvía en un abrazo cálido.

- Renunciaste a tu reino…por mi…por mi culpa has sufrido...

- ¿Qué es un reino comparado con tu amor? No tiene sentido el poder, el honor, la riqueza…sino tengo alguien con quien compartirlo…sin ti a mi lado…nada importa. Aome ahogo un sollozo cuando la boca de Sesshomaru acaricio sus labios con delicadeza infinita…

Sesshomaru sentía la alegría desbordante de su compañera, el sello no solo los unía en mente y espíritu, su fuerza vital se transfería a ella atándolos en la vida y en la muerte… lentamente formo de nuevo la nube de yuki bajo sus pies…elevándolos suavemente hacia su hogar…

A lo lejos, el sol se asomaba lentamente acariciando la tierra con un hermoso amanecer.


Y sip este es el final…y no, no les voy a dejar las dudas…hay epilogo

Sean lindas y lindos y mándenme un rvw! Su opinión es muy importante

¡Alimenta a mi neurona jorobada!

Besos

Mistontli