-Supongo que todos notaron la ausencia de mi hija.
Así que eso era, él vino por esa razón, Chloé Bourgeois.
-Ella...
Vamos dilo, dilo, yo sé lo que sucedió anoche.
-Ella fue secuestrada anoche.
Todos exclaman sorprendidos, preguntándose el paradero de Chloé.
-Tranquilos, ella ya está a salvo. Chat noir apareció en el momento justo.
Momento justo? Yo diría que muy tarde, esta experiencia le afectó gravemente como para no venir hoy a la escuela, y creo que de cierta forma a mi también. No la puedo sacar de mi cabeza, sus ojos azules, no deberían reflejar tristeza. Esa imagen me sigue atormentando, es como un vaso, que se va llenando poco a poco, gota por gota para hacerme sufrir y retorcerme, el destino se está burlando de mí, le gusta verme agonizar, verme aguantar las ganas de gritar a los cuatro vientos que necesito verla.
-Dejare los...detalles en secreto.
Los detalles en secreto? No sé si eso sea posible, había mucha gente presente al momento de...eso, aunque mantener los detalles en confidencial, tal vez ayude a Chloé, si alguien captó el momento, la atormentara para siempre.
-No sé si venga los próximos días a la escuela, pero si viene, por favor sean amables con ella, su estado es...frágil.
Esa fue la gota que derramó el vaso! No sé en qué momento salí del salón pero me encontraba caminando, más bien corriendo hacia el hotel, con todas mis fuerzas y esperanzas en cada pisada. Moriría si no la veía, moriría si seguía así. Ella es una rosa con espinas, yo soy el único que sabe cómo tratarla y cuidarla. Era frágil pero fuerte a la vez. Era dulce pero agria. Era generosa y vanidosa.
Una mezcla extraña de bien y mal, luz y oscuridad, siempre sería así, como las abejas, buenas por la miel y el trabajo en equipo, malas por su desconfianza y arrogancia, con ese aguijón que utilizan.
La puerta está cerca, la puerta que me conducirá a la calma de mi tormento interno que ya no aguanto más, así como mis piernas que tiemblan por la fuerza que usaron para llegar aquí.
-Joven Adrien.-Sorprendido, el botones abre la entrada, y yo sin dudarlo entró corriendo, con la adrenalina a tope.
El elevador, se había ido sin mi, el destino juega en mi contra pero no me rendiré, no puedo, estoy cerca.
Todos los pisos, los subo corriendo por la infinitas escaleras, el mundo quiere ahogarme, verme rendido en el piso pero no lo voy a permitir, ni hoy, ni nunca.
El último escalón, estoy allí, frente a frente de la calma. Grande es mi sorpresa al ver que no estaba.
Desesperado busque en todos lo rincones del cuarto.
-Chloé!
Destrozar, esa es la palabra perfecta para este escenario, estaba destrozado, echo trizas, cenizas, todo lo que diga mi estado de ánimo en este momento.
Solo tuve que calmarme para ver el dolor que me había echo yo mismo, mi cuerpo cansado, ya no responde, la adrenalina desapareció, junto con La Paz que esperaba sentir.
Cerré los ojos y todo desapareció así como ella.
El gato de París ha perdido.
