Capítulo 13: Halloween

Severus

Hoy es Halloween, hace ya varios años que no me afecta esta fecha como antes, había logrado querer a Lily como se quiere a una amiga y ahora al fin confirmar que ella no era para mi, porque el amor mutuo, el verdadero quizás se encontraba en Hermione, al menos de mi parte.

Aún así no lograba sacar mi dolor, lamentaba mucho el hecho de que nunca volvería a verla, me hubiera gustado ser su amigo desde esta perspectiva, no pensando en la posibilidad de que ella se enamorara de mi algún día.

Tenía muchos ensayos para corregir, sonreí al ver el más largo de todos, era la letra de esa chica sabelotodo de rizos castaños que hacía de mi vida un delirio constante.

-Severus puedo pasar-esa voz tan arrastrada la conocía, huía de la misma si tenía posibilidad.

-Puedes pasar Odette-siseé, no me apetecía tenerla en mi despacho.

-Veo que estas ocupado-me dijo acercándose lentamente, con ese movimiento tan exagerado de caderas.

-Si, bastante-le hable sin mirarle, quizás así se vaya mas rápido.

-Solo venía a invitarte al salón de té de Madame Pudipié esta noche en Hogsmeade, oí que será una fiesta-me dijo con esa voz de atorranta tratando de convencerme.

-Quedé con Minerva para ayudar a mantener el orden en el baile que organizó el colegio después del banquete-hablé tranquilamente tratando de sonar intimidante.

-Ah ya veo-chilló-te sienta muy bien la renovada juventud, quizás tengas otra cita-sus palabras estaban llenas de rencor.

-No, no tengo pero da igual, no sería de tu incumbencia si eso fuera cierto-al decir esto seguí con mi trabajo mientras ella pegaba un fuerte portazo, creo que nadie se le había negado. Todos tienen una primera vez.

En la noche casi arrastrando mis pies me dirigí al Gran Comedor, en realidad no estaba para mantener el orden, Minerva no me había dicho nada, solo mentí para no acompañar a la promiscua en su sala de té para niñas tontas.

El lugar estaba bastante decorado, murciélagos, calabazas, guirnaldas y golosonas por doquier.

Era extraño, Hermione no estaba sentada entre cara cortada Potter y la comadreja Weasley, ¿Dónde estaría?, no quería que una ráfaga de pensamientos me lleven al abismo de los celos incesantes.

La bestia viviente en mi interior se calmó al ver a Malfoy con Parkinson cenando, esa chica si que estaba a los pies de este imbécil.

Después de que todos estuvieron satisfechos Madame Hooch hizo desaparecer las mesas y comenzó a sonar la música mientras una bola de discoteca muggle giraba en el centro del salón, la fiesta había comenzado.

Pude ver a lo lejos a Weasley con una de las gemelas Patil, eso ayudaba a apaciguar mis celos mientras miraba a diestra y siniestra buscando a mi sol personal.

Ella caminaba lentamente por el centro de la pista de baile, su cabello castaño estaba recogido en un perfecto moño dejando escapar algunos rizos rebeldes. Su vestido era suelto, de un color negro brillante que le llegaba a las rodillas tenía al descubierto sus delicados hombros, nunca vi algo más hermoso en mi vida, su sonrisa radiante era el complemento perfecto para ser la mujer más bella en ese lugar, yo no escuchaba nada más que sus pasos al caminar.

-Profesor Snape, tiene que acompañarme-susurró aquel ángel.

Como tantas veces la seguí sin chistar obedeciendo a todas sus peticiones.

Hermione

Severus me miraba un poco diferente, sus ojos estaban clavados en mi nuca y eso me ponía nerviosa.

La única forma de estar con quien quería esa noche era ir a la sala que viene y va, al lugar donde lo estaba dirigiendo. Giré para ver si aún seguía allí, reí disimuladamente, cualquiera hubiera dicho que por la forma de mirar y caminar el temible profesor de pociones estaba bajo la maldición Imperius.

Frente al tapiz de Barnabás el Chiflado pasé tres veces hasta ver una puerta, detrás de ella estaba el lugar perfecto para estar a solas con mi amado, fue una suerte haber preparado todo antes incluyendo la comida.

Le animé para que pase primero, al hacerlo sonrió mientras posaba sus ojos en cada detalle del lugar.

La sala era pequeña, las paredes de color salmón le daban un toque alegre mientras que el olor típico de su pequeño santuario lo haría sentir como en casa.

Una mesa repleta de comida se encontraba en un rincón, no muy lejos de un mullido sofá cerca de una chimenea con el fuego encendido.

-¿Todo esto has hecho para nosotros?-me preguntó incrédulo mientras sonreía.

-No, todo esto lo hice para ti-le respondí mientras le tomaba de la mano.

Sin soltar mi mano se dirigió al sofá donde nos sentamos, me dedicó una tierna sonrisa y me abrazó suavemente mientras mi cabeza quedaba una vez más oculta en su pecho.

Podía sentir su tranquila respiración en mi pelo, le amaba tanto que si moría en ese momento lo haría llena de paz y felicidad.

-Es extraño que estés tan callada-me dijo mientras jugaba con un mechón rebelde que había escapado de mi peinado.

-Cuando estoy contigo sobran las palabras-murmuré mirando a la nada.

Me incorporó para poder verme a la cara, volví a perderme en aquellos hermosos ojos negros, era algo inevitable mirarle atontada.

El beso no tardó en llegar, lentamente nuestras bocas danzaron como ya lo habían hecho innumerables veces, mis brazos le abrazaban gentiles mientras los suyos se movían sin rumbo por mi espalda.

Las horas junto a Severus pasaban rápidamente, no tenía idea de cuanto tiempo pasamos acaramelados en aquel sofá junto al fuego casi en completo silencio.

-Creo que desde este año me gustarán las fiestas de Halloween-susurró a mi oído con dulzura.

-La fiesta es en el Gran Comedor-le hablé entrecortadamente recordando como se respiraba, ya era costumbre olvidarme de eso cuando el estaba demasiado cerca.

-Sabes que esta es mi fiesta,¡no me hagas caer en cursilerías o le quitaré puntos a Gryffindor Granger!-me miró serio, no era tan intimidante como antes de beber accidentalmente aquella poción pero aún así me aparté un poco, no deseaba incomodarle.

Emitió una sonora carcajada, nunca lo había visto disfrutar tanto de algo, le sonreí desconcertada.

-Ven aquí, ¿acaso no te das cuenta que estoy bromeando?-al abrazarme fuertemente suspiró.-se que tengo un maldito humor negro-sonreí mientras le tomaba del rostro para depositar mis labios en los suyos.

Severus

-¿En que piensas?-me habló la castaña jugando con mis manos.

-En nada-le hablé restando importancia, trataba de distraerme con sus ojos.

-Severus tendrías que confiar en mi, después de todo tenemos un peligroso secreto, si se enteraran podrían expulsarnos a ambos, por lo tanto soy bastante confiable ¿no crees?- imitó perfectamente las palabras que le dije hace unos días.

La miré fijo, sería injusto no contarle, después de todo, yo confiaba en ella.

-Es el aniversario de la muerte de mi amiga-pocas veces la nombraba de esa forma, pero era la más correcta desde que Hermione se volvió el centro de mi vida.

Su mirada protectora no duró el llegar, tomó mi mano y la apretó dándome ánimo.

-No pienses que estoy muy disgustado, hace varios años que no me acongoja como antes-le dije con media sonrisa.

-Siempre podrás contar conmigo-sus brazos me rodearon nuevamente.

-Creo que es medianoche-afirmé mirando por la ventana.

-La fiesta terminará en unas horas-Hermione estaba acurrucada sobre mi.

-Hace tiempo me pregunto algo y no he encontrado una respuesta coherente-me murmuré mirando la estrellada noche.

-¿Cuál es la cuestión?-me preguntó con ansiedad volviendo a su postura normal.

-Yo no tendría que estar disfrutando de esto, hace ya varios meses que debería de estar muerto, cuando supe la verdadera razón de "mi renacimiento" surgieron más dudas que respuestas-solté las palabras que tenían poca cordura en mi cerebro.

-Eso es fácil, el amor es la magia más poderosa del mundo, es la causante de que estés aquí conmigo y con vida-dijo orgullosa, respondiendo rápidamente.

-Pero yo…-

-Tu nada-creo que esta chica puede leer mi mente pesimista-yo te amo y te he esperado desde hace mucho tiempo.-la vida me había dado una segunda oportunidad porque Hermione me amaba, ya era algo que tenía que afirmar ante mis inseguridades.

-¿Me darás puntos por una buena respuesta?-su sonrisa pícara volvió a salir de sus labios.

Arrugué mi nariz fingiendo enojo y volví a besarla con ganas, podía sentir el vaivén de su pecho en una risa ahogada.

-Esto es mejor que 1000 puntos para Gryffindor-me susurró al oído dejando caer su cuerpo en mis brazos.