Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
Capítulo 13
-Esto no va a salir bien –musitó Jasper negando rotundamente con la cabeza, sin quitarle ojo a la casa que tenía delante de él. Aquella música que surgía de allí y que se oía desde la otra esquina de la calle no le entusiasmaba demasiado.
-Claro que sí. Lo vamos a pasar genial. ¡Será nuestra primera fiesta juntos! –gritó Emmett rodeándolo con un brazo de forma amistosa mientras hacía lo mismo con Edward. –Además, estoy seguro de que vas a romper muchos corazones esta noche –comentó observándolo detenidamente de arriba abajo, moviendo sus cejas insinuantemente.
Jasper lo observó de reojo con el ceño fruncido, pero no pudo evitar sentirse sonrojado. No era que creyera las palabras de Emmett, pero se sentía cómodo con la ropa que había comprado el día antes. Eso sí, ir de compras no le gustaba. Nunca le había gustado, y le alivió saber que así seguía siendo. Habían pasado casi toda la tarde en el centro comercial de Seattle, comprándole todo lo que le fuera a hacer falta. Por lo menos ya no tendría que tomar prestada la ropa de Edward.
Después de unas cuantas discusiones con Emmett sobre su negativa en el tema de la fiesta, había decidido que sólo iría para ver cómo estaba el panorama. No quería arriesgarse demasiado, pero sí que era cierto que sentía curiosidad por conocer cómo se divertían los jóvenes de aquella época. Por esa misma razón se había puesto una de las camisas negras que Emmett le había comprado, combinada con unos pantalones vaqueros oscuros y con sus botas. Había decidido que no le quedaba tan mal, e incluso había dejado que Emmett lo peinara un poco. Después de todo, el resultado no había sido tan desastroso.
Y allí se encontraban los tres, parados enfrente de la casa de Rosalie sin saber qué hacer. De acuerdo, el único que no lo tenía demasiado claro era Jasper.
-Bueno, ¿entramos o qué? –preguntó Emmett con los ojos entrecerrados a causa del aburrimiento.
-Será mejor que entréis vosotros dos. Yo me voy –murmuró Jasper dándose la vuelta, dispuesto a marcharse.
-¡Sí, hombre! –Emmett lo cogió por el codo y lo detuvo al instante, molesto. –Tú serás el primero en entrar. Ya es hora de que te inicies en el mundo de las fiestas, Jazz.
-No. No quiero ser el culpable de la muerte de un puñado de humanos.
-No seas dramático –protestó Emmett estirándole del brazo para hacerlo avanzar. –Edward, ayúdame –le pidió a su otro amigo, que se mantenía a su lado observando la escena con diversión.
Se limitó a encogerse de hombros mientras sonreía.
-Creo que por lo menos deberías intentarlo. Si dentro de un rato ves que no te sientes cómodo, nos lo dices, y nos vamos. No hay ningún problema, Jazz –le aseguró asintiendo con la cabeza para animarlo. –Además, si te marchas de aquí sin que mi prima te vea, te aseguro que tendrás que aguantar tú solito su sermón.
Jasper observó a Edward detenidamente, pensando en sus palabras. En parte, algo de razón tenía. Podía intentarlo. No sería tan malo, después de todo. Por otra parte, Alice estaba segura de que acudiría a aquella dichosa fiesta, y no quería que se disgustara con él, así que aquel era otro motivo por el cual debería, por lo menos, entrar en la casa.
Respiró hondo y después se relajó, deseando tranquilizarse un poco.
-De acuerdo. Entremos –dijo sin estar del todo convencido, aunque la radiante sonrisa de Emmett le ayudó a seguir adelante. Al menos sentía que estaba haciendo feliz a alguien.
Entraron en la casa sin prisa, sorteando a los jóvenes que iban y venían allí dentro, a la vez que Jasper dejaba de respirar casi al instante. Se mordió el labio, ansioso y nervioso, estando cada vez más seguro de que él no debería estar allí.
-¿Aquí vive Rosalie? –le preguntó a Edward en un intento desesperado por despejar su mente de la sangre.
-Sí, con sus padres. Aunque es obvio que ellos no están aquí –le explicó con una risita que no tranquilizó a Jasper.
-¿Cómo vas? –escuchó que le preguntaba Emmett, que caminaba delante de él sin detenerse. Seguramente estaría buscando a la anfitriona de la fiesta.
-No creo que pueda aguantar mucho rato aquí dentro –habló en un tono normal, aunque torturado, sabiendo perfectamente que el único que lo escucharía sería su amigo.
-Cuando necesites salir a tomar el aire, me avisas –le pidió amablemente en un intento por hacer aquel rato más llevadero para Jasper.
Intentó por todos los medios no respirar, sintiendo todos sus músculos tensionados a causa de la terrible presión que lo invadía. No podía oler la sangre, pero sí que podía escuchar casi a la perfección todos y cada uno de los corazones que latían desbocados allí dentro. Incluso tenía la sensación de que era capaz de sentir el sabor de la sangre en su lengua sin ni siquiera haberla probado, y aquello le hizo la boca agua.
-¡Chicos! –la voz de Alice interrumpió sus oscuros pensamientos, y se alegró enormemente al darse cuenta de ello. Lo último que necesitaba era atormentarse a sí mismo. – ¡Pensaba que no vendríais! –gritó para que la escucharan por encima de la música, pero tanto Jasper como Emmett la hubieran oído aunque hablara en susurros.
-Es que Jasper no estaba seguro de venir –le confesó Emmett dándole un codazo al aludido, que le dedicó una mirada fulminante. ¿Tanto le costaba mantener la boca cerrada?
-¿Por qué no? –le preguntó ella.
Jasper se encogió de hombros sin saber qué decirle. Estaba claro que no sería adecuado explicarle que temía por las vidas que había allí dentro, así que prefirió callarse.
-Por cierto, ¿dónde está…? ¡Ah, nada, ya la he visto! –gritó Emmett, y desapareció de su lado tan rápido que incluso Jasper tuvo que parpadear repetidamente para encontrarlo de nuevo. No supo por qué, pero no le sorprendió nada el hecho de verlo hablando alegremente con Rosalie.
-Pues nada, uno menos –comentó Alice divertida, sin apartar la mirada de sus dos amigos.
Jasper asintió de nuevo, sintiéndose imbécil al darse cuenta de que no se le ocurría nada para decirle. Ladeó la cabeza para que Edward lo ayudara, pero casi se asustó cuando tampoco lo encontró allí. ¿Qué diantres pasaba en aquella fiesta? Se puso de puntillas esperando encontrarlo, y cuando lo hizo, entrecerró los ojos. Estaba con Bella, bien alejado de ellos dos, así que Jasper se limitó a suspirar con resignación.
Había tardado menos de lo que esperaba en quedarse solo. Aunque en realidad, no había esperado quedarse solo.
-Parece que te han abandonado –volvió a escuchar la voz de Alice, y dirigió los ojos hasta su persona, en silencio.
-Parece que a ti también –le respondió con una sonrisa algo extraña. Si Emmett estuviera con él, podría decirle lo que le preocupaba. A Alice, no.
Ella se encogió de hombros como si no le diera importancia a aquel hecho.
-Ya estoy acostumbrada, en realidad –le confesó con diversión. – ¿Te apetece beber algo? –preguntó dándole la mano de repente, comenzando a caminar entre la multitud con rapidez. Jasper se tensó ante aquel contacto, y se dejó llevar sin pensar en lo que estaba haciendo. Estaba más preocupado por lo que podía pasar. No quería correr ningún riesgo con Alice, así que cuando llegaron al lado de la mesa donde estaban las bebidas, soltó sus manos con rapidez.
-No –respondió, haciendo que ella lo mirara con el ceño fruncido.
-¿Eres abstemio? –le preguntó interesada, y él asintió no muy seguro.
-Algo así –musitó, viéndola llenar un vaso con algo que parecía agua a pesar de que estaba claro que no lo era.
-¿Seguro que no te apetece ni un poco? –volvió a preguntarle, agitando el vaso delante de su rostro en un gesto que intentaba ser provocador, aunque a él no le afectó en absoluto. Por eso mismo se limitó a negar con la cabeza.
Se apoyó en la mesa con los brazos cruzados y observó a la gente que se movía casi exageradamente al ritmo de aquella música infernal. No llevaba ni media hora allí y ya tenía la sensación de que le rebotaba el cerebro.
Dirigió su mirada hacia Alice, que se encontraba a su lado de la misma forma que él. Parecía aburrida, y se sintió algo mal por no divertirla aunque fuese un poco. Estaba a punto de iniciar una conversación con ella cuando se fijó en cómo iba vestida: llevaba un vestido azul eléctrico de tiras finas en los hombros que formaba una U en el escote. Se dio cuenta de que le llegaba algo más arriba de las rodillas, y gracias a eso apreció que tenía unas piernas bastante bonitas.
Estuvo a punto de morirse de vergüenza cuando ella ladeó la cabeza y lo encontró observándola detalladamente, por lo que volvió su mirada al frente, deseando que no sacara a relucir el tema. Se alegró cuando no lo hizo, pero cuando Alice habló, notó que estaba sonriendo:
-Pensaba que esta fiesta sería más divertida.
-Sí, yo también –aunque "divertida" no era la palabra adecuada. Desde luego no había esperado encontrarse a ninguna persona tirada en el suelo, o a un par de parejas haciendo cosas indecentes en público. Pero después de eso, se dio cuenta de que nada podría sorprenderlo más. –Me parece que si Rosalie te hubiera escuchado decir eso de su fiesta, se habría molestado bastante.
-Oh, tranquilo, no me escuchará. Parece que está más entretenida con Emmett –le respondió Alice con una risita.
Entonces, la música cambió, y comenzó a sonar otra canción algo más animada y movida que no desagradó del todo a Jasper, cosa que le sorprendió. Por el rabillo del ojo se percató de que Alice estaba dando saltitos, y cuando se disponía a ladear la cabeza para mirarla, ella entrelazó sus dedos con los de él y le estiró del brazo con fuerza.
-¡Oh, por Dios, ésta canción me encanta! ¡Vamos a bailar! –le pidió gritando, a la vez que seguía estirando de su brazo.
-No, no, no –se negó Jasper, haciendo fuerza hacia atrás en un vano intento por mantenerse quieto. Ya le resultaba demasiado peligroso haber decidido acudir a aquella maldita fiesta como para encima terminar bailando en ella. No iba a hacerlo.
-¡Sí! –insistió Alice, haciendo verdaderos esfuerzos por llevarlo hasta la pista.
-No sé bailar –esperó aplacarla con aquel comentario, pero tal y como él intuyó, no fue así.
-¡Me da igual! ¡Yo tampoco!
-De verdad que no, Alice. No será una buena idea –le dijo en voz alta para que lo oyera.
-¡Claro que sí! ¡Vamos, que está a punto de acabarse!
-¡Ve tú! –comenzó a mosquearse Jasper. – ¡O busca a otro para bailar con él!
-¡No me da la gana! –le gritó molesta, y con un último estirón logró apartarlo de la mesa. Aprovechó aquello para darse la vuelta y comenzar a caminar hasta la pista, siendo consciente de que Jasper se movía detrás de ella sólo para lograr escapar de su agarre. Cuando llegaron al centro, Alice volvió a darse la vuelta y quedó cara a Jasper, que la estaba observando enfadado. –Sólo es un baile –le dijo con una sonrisa.
-Ya te he dicho que no sé bailar –repitió él de mal humor, intentando por todos los medios no respirar ni siquiera un poco. Estaba verdaderamente asustado por lo que podría hacer si se descontrolaba.
-¿Y crees que alguno de los que están aquí sabe? ¡Aquí cada uno se mueve como le parece! –le gritó ella comenzando a bailar sola, dando vueltas y levantando los brazos como si estuviese loca. Jasper jamás había visto a nadie bailar así. En su época bailaban siempre agarrados y siguiendo el ritmo de la música. En aquella fiesta todos bailaban separados, excepto las parejitas, y parecía que algunos ni siquiera sabían lo que bailaban.
Cuando Alice se dio cuenta de que Jasper no se estaba moviendo ni siquiera un poco, volvió a cogerlo de la mano y lo instó a que bailara.
-Podrías intentar menearte un poco –le sugirió con una risita, moviéndose a su alrededor, obligándolo a hacer lo mismo. – ¿Ves como no lo haces tan mal? –lo animó cuando él comenzó a mover un poco los pies.
De repente, alguien que pasó por detrás de Alice se movió violentamente, empujándola hacia delante, provocando que acabara casi encima de Jasper. Él la sujetó antes de que perdiera el equilibrio, y cuando se dio cuenta de lo cerca que estaban, se tensó. Aquello no era una buena idea.
Alice comenzó a reírse como una perturbada, y casi sin ser consciente de lo que hacía, rodeó el cuello de Jasper con sus brazos.
-Ay, lo siento –se disculpó entre risas, y Jasper la observó detenidamente. Parecía algo ebria, en realidad. –Si no hubiera sido por ti, ahora mismo estaría tirada en el suelo –le explicó algo que él ya sabía sin separarse ni un centímetro de su cuerpo. –Gracias por sujetarme, Jazz –le agradeció abrazándolo, y lo único que pudo hacer Jasper fue quedarse muy quieto.
Alice permaneció abrazada a él durante un rato, en el que se permitió el lujo de apoyar la cabeza en su hombro.
-¿Cómo se llama tu exnovia? –preguntó de repente, sorprendiendo a Jasper.
-¿Por qué quieres saberlo? –quiso él desviar el tema, pero supo que no serviría de nada.
Alice se encogió de hombros, todavía agarrada a él.
-Simple curiosidad.
Jasper cerró los ojos, preguntándose por qué siempre le ocurrían ese tipo de cosas a él.
-Se llama Mary –decidió contestarle con un suspiro, deseando por todos los medios que dejara estar ese tema.
-¿Me confundiste con ella? –escuchó la voz de Alice en su oído, y pudo percibir que estaba sonriendo. No supo por qué.
-Fue un malentendido –aclaró Jasper, recordando aquel extraño día en el que se conocieron.
-Yo no soy como ella. Yo no te haría daño –susurró Alice en su oído, aunque Jasper lo escuchó a la perfección, cosa que le hizo tensarse al instante.
Se dio cuenta de que ella se estaba moviendo, pero no supo qué se estaba proponiendo hasta que sintió sus labios sobre los suyos.
Jasper abrió los ojos de par en par, atónito por lo que le estaba sucediendo en aquel instante. Alice no podía estar besándolo. Pero sí lo estaba haciendo. Y todavía se sorprendió más cuando sintió las manos de ella acariciando su cuello lánguidamente. De acuerdo. Allí había algo que estaba mal, muy mal. Sin pensar en lo que hacía, se separó de ella con rapidez, intentando por todos los medios no mirarla a los ojos. Poco a poco dejó de sentir sus manos en su cuerpo, y lo agradeció enormemente. Necesitaba despejarse.
-No me encuentro demasiado bien… –se excusó mirando al suelo. –Saldré a tomar el aire un rato –le comentó fingiendo normalidad, y antes de que ella pudiera contestarle, comenzó a andar con rapidez en dirección a la calle.
Nada de lo que acababa de ocurrirle podría haber sucedido en la realidad. Todo aquello debía de tratarse de un sueño. De un extraño y macabro sueño.
O.O Bueno, parece que a Jazz no le ha gustado demasiado el beso... Aunque es comprensible, se puede decir que todo se le está echando encima (incluso literalmente xD)
Espero que os haya gustado el capítulo de hoy, como siempre :) Y por cierto, respondiendo a algunas preguntas, no me molesta en absoluto que no me comentéis en todos los capítulos, es más, os entiendo e imagino que no tendréis todo el día para estar por aquí, así que no os preocupéis. Y de todas formas, les agradezco enormemente a todas las personas que a pesar de tardar en leer, dejan comentario siempre. Sabéis que sois los mejores, no hace falta ni que os lo diga ;)
¡Nos leemos el viernes!
XOXO
