La expedición había sido un completo desastre. Después de varias horas revisando los bosques y los alrededores del reino, Arthur y sus hombres no habían conseguido encontrar nada. volvió al castillo decepcionado y preocupado pues la gente que había hecho daño a Merlin todavía estaba libre.

Todo estaba tranquilo, parecía que afortunadamente no había ocurrido nada, pero algo en su interior le decía que no todo estaba bien, tenía aquellas cosquillas en el estómago que siempre aparecían antes de un combate y que le mantenían alerta hasta el final. Al bajarse del caballo miro a todos los lados, buscando que era lo que podía estar fuera de su sitio, pero todo parecía en orden.

Eso le puso nervioso, le gustaba controlarlo todo, la hora a la que salir, el número de enemigos a los que se iba a enfrentar, las posibilidades que tenía de ganar o perder, incluso si estaba casi seguro que moriría, prefería al menos, saberlo de antemano.

Pero ahora sabía que no había algo que conocía, algo que se le escapaba y encima estaba delante de él. No lo vio, por lo que decidió subir a sus aposentos y ver como se encontraba Merlin después de haber pasado todo el día solo. Sonrió al pensar que habría pasado todo el día durmiendo, acurrucado, como siempre que dormían juntos y ahora que no estaba él estaría en una esquina de la cama.

Le encantaba, no lo iba a negar, entrar en la habitación y tumbarse a su lado, abrazar su cuerpo, mucho menos trabajado que el suyo, no lo iba a negar y simplemente quedarse allí, junto a él, escuchar su respiración tranquila e imaginar lo que estaría soñando.

Sin embargo, toda su atención se centró en la realidad, cuando llegó al pasillo que iba a dar a su alcoba, los dos guardias que había apostado antes de marcharse parecían estar sentados en el suelo, pero no era así, aunque parecían estar dormidos, como si les hubieran lanzado un hechizo, Arthur enseguida se dio cuenta que no era así, sino que los dos estaban muertos, los habían atravesado con espadas y las manchas de sangre eran perfectamente visibles en sus pechos.

"No, no es posible." Dijo para si mismo, pues ya se temía lo peor.

Un momento más tarde se dio cuenta que la puerta de la habitación estaba entreabierta, justo como nunca estaba y menos desde que Merlin pasaba allí la mayor parte del tiempo recuperándose.

Respiró profundamente un par de veces, tratando de no pensar en lo que podía encontrarse en el interior y empujó la puerta con cuidado no quería que, si había alguien dentro, le cogieran por sorpresa.

Todo estaba en silencio dentro, no se oía nada; hasta le causó pavor no escuchar respirar a su compañero. "Va a estar bien, Merlin va a estar bien." Dijo de nuevo para si mismo, pues el miedo se estaba apoderando de su cuerpo y necesitaba tranquilizarse y controlar la situación.

Dio los primeros pasos dentro del cuarto, pero se detuvo en seco, paralizado por la visión y tuvo que obligarse a no gritar, mordiéndose en labio inferior hasta llegar a hacerse sangre. Durante un segundo se dio cuenta que había dejado de respirar.

Se acercó tambaleante a la cama, sin quitar los ojos de Merlin, necesitaba ver que su compañero se moviera, necesitaba estar seguro que estaba realmente vivo.

"Merlin." Dijo en voz tan baja que no estaba seguro que hubiera salido realmente de su garganta. No quería tener que darse cuenta que el joven mago no le había contestado porque nunca más podría hacerlo. "Merlin, vamos dime algo, necesito saber…"

No pudo terminar la frase, pues no quería hacerlo. Llegó hasta la cama, sin dejar de mirar a su compañero y la posición, totalmente antinatural en la que se encontraba su cuerpo. estaba tumbado en la cama boca abajo, la ropa la tenía mal puesta, como si se la hubiera puesto alguien de mala manera y muy deprisa.

También tenía varios golpes en el rostro que le habían dejado varios restos de sangre reseca. Arthur se arrodilló a su lado, justo donde tenía el rostro Merlin y le acarició la mejilla, para tratar de llamar su atención.

Respiró ligeramente aliviado al notar que su rostro estaba caliente y que suspiró al notar su contacto. "Eso es vamos, despierta, tienes que despertar y decirme que es lo que te ha pasado, para que los que te hayan hecho daño, lo puedan pagar."

Merlin se removió y protestó por el dolor, pero al notar las manos de Arthur sobre su cuerpo se quedó parado. No quería abrir los ojos, todo el cuerpo le dolía demasiado como para volver a la realidad.

Entonces sintió que algo estaba mal, su ropa, su postura cruzada en la cama, el mismo dolor que antes no estaba. Algo había ocurrido, algo le había pasado desde que se había quedado dormido hasta ese momento. Le dolía el rostro, el pecho, el vientre, todo estaba dolorido.

"Merlin, ¿estás despierto?"

Aquella voz tan familiar y amada al mismo tiempo, le reconfortó y durante un segundo, hizo que el dolor desapareciera, pero la pérdida de memoria seguía estando ahí, esos minutos, incluso horas estaba empezando a amedrentarlo tanto que había empezado a temblar.

"Hey, está bien, vamos, estoy aquí contigo, nadie te va a hacer daño, te lo prometo." Arthur se sentó rápidamente en la cama y con la mayor delicadeza que pudo, acercó el cuerpo de Merlin hasta él, apoyó la cabeza del muchacho sobre sus piernas y le acarició de nuevo el rostro.

Lentamente, Merlin abrió los ojos, con temor a lo que podría encontrarse al hacerlo, pero al ver la mirada azul de Arthur y su sonrisa, aunque era algo forzada por lo asustado que estaba.

Con movimientos lentos y dolorosos, Merlin se acomodó en Arthur y este se acercó para besarle. Merlin se apartó, algo le hizo moverse, pero no estaba seguro de lo que se trataba.

"¿Qué ocurre?"

"No… No lo se, pero creo que no deberías besarme. No se…" Sollozó por lo bajo y se acurrucó contra el cuerpo del príncipe buscando que le reconfortara. "No recuerdo lo que me ha pasado, no se lo que ha ocurrido después de quedarme dormido."

"No pasa nada, lo averiguaremos. Pero primero será mejor limpiarte esa cara, como te vea Gaius con toda esa sangre me matará por lo mal que trató." Trató de bromear Arthur, pese a que no podía dejar de mirar el rostro sucio y lleno de moratones que no hacía más que preguntarse de donde lo había sacado.

Se acercó a la mesilla y cogió el primer pañuelo que encontró, lo recordaba como uno que le había regalado la princesa de un reino cercano, como un recuerdo de su afecto hacia el, pero a Arthur le importaba muy poco ese afecto, tan sólo quería a una persona, por mucho que tuvieran que mantenerlo en secreto, por mucho que su padre no fuera a enterarse mucho; estaba seguro que jamás dejaría de amar a Merlin como lo hacía.

El pañuelo en seguida quedó manchado de sangre, al mismo tiempo que el rostro de Merlin iba apareciendo bajo la suciedad y la sangre que allí se quedaban impregnadas. Así, Arthur comenzó a ver con mayor claridad los golpes en el rostro del muchacho, los que ya no eran tan recientes, provenientes del último ataque y los que no tenían ni dos horas y estaban volviéndose cada vez de un color más amoratado.

"¿Qué tal si te tumbas un rato y tratas de descansar? Yo iré a buscar a Gaius, el nos dirá mejor, si hay algún hueso roto o cualquier cosa que nos sirva de ayuda para dar con la gente que te ha hecho esto."

Arthur se levantó de la cama y con mucho cuidado empezó a mover el dolorido cuerpo de su compañero. Al dejarlo tumbado en la cama fue a levantarse, pero el grito de terror de Merlin le hizo detenerse.

"¡No te vayas, no me dejes aquí!"

Una imagen, un flash volvió repentinamente a la mente del joven mago. Una cara, un horrible rostro que se reía y que le susurraba algo que no podía entender al oído. Le aplastaba, le hacía daño, aunque no sabía de que forma.

"¡No llames a Gaius, no quiero que venga por favor! No quiero que me vea así." Merlin cogió con fuerza la mano de Arthur para acercarlo a la cama y que no pudiera marcharse "Prométeme que no le dirás a Gaius nada de esto."

"Pero Merlin, él es médico yo no, si te han hecho daño, él tiene que mirarte, no puedo dejarte sin saber si podemos darte algo ayudarte." Merlin se acercó más a él, pero un fuerte dolor en el vientre le hizo detenerse y casi le impidió respirar. "¿Te encuentras bien?"

"No lo se, duele mucho."

"¿Ves? Tengo que avisarle, no puedo quedarme aquí de brazos cruzados mientras te ocurre algo. No puedo permitir que sufras porque si." Merlin apretó su brazo con más fuerza para así no gritar.

De nuevo otro flash, el mismo hombre, le volvía a decir algo al oído, continuaba aplastándole el cuerpo, apenas le dejaba respirar; pero podía notar su respiración en el cuello bajando por su cuerpo, mientras le tomaba, de una forma que le aterraba.

"Es la hora de divertirme."

Lo escuchó tan fuerte en su cabeza, que todo su cuerpo se estremeció al recordarlo. Aquella asquerosa voz, aquella respiración, aquellas manos, ese hombre le había tocado, le había hecho algo horrible que no era capaz de recordar por más que lo intentaba y cada esfuerzo era más doloroso y sobretodo le daba ganas de llorar.

Entonces recordó unas extrañas palabras que no provenían del idioma antiguo tal y como Merlin lo conocía; pero no pudo acordarse de cuales habían sido, tan sólo las escuchó de fondo, como si estuvieran en lo más perdido de su memoria.

"¡Merlin!" De nuevo, la voz de Arthur le devolvió a la realidad. "Me has dado un buen susto, te habías quedado con la mirada perdida en ninguna parte. ¿Qué te ocurre?"

"Eso es lo que no se y precisamente eso es lo que más miedo me da, que no lo se. No se lo que me ha pasado, no se porque me duele todo el cuerpo y porque tengo esta extraña y horrible sensación de que te he traicionado de alguna forma, que ya no me volverás a ver de la misma forma."

"¿Cómo puedes decir eso? Eres la única persona a la que he dicho conscientemente y sin ningún tipo de sortilegio por en medio que te quiero. ¿De verdad que me voy a sentir traicionado por lo que sea que te haya ocurrido?"

De nuevo Arthur se acercó a su compañero, tomó su rostro en su mano y se dispuso a besarle, pero algo que no pudo controlar, hizo que Merlin se volviera a retirar otra vez, aún a pensar del dolor que cada movimiento le provocaba.

"No puedo permitir que me beses."

"¿Por qué?"

"No lo se." Dijo desesperadamente Merlin, demasiado confuso y asustado como para pensar con lógica. "No lo se, pero si se que necesito que me perdones y no me preguntes porque, porque no lo se."

Con las lágrimas arrasándole ya los ojos, Merlin se tumbó en la cama, intentando que su compañero no lo viera llorar. Sin embargo, sintió el cuerpo de Arthur tumbarse junto a él y sus brazos arropándolo sin decir nada.

"Tu padre te estará esperando."

"Mi padre no sabe que he llegado ya. Puede esperar un poco más y lo más importante para mi ahora, es que te estés bien y descanses. Ya que no quieres ver a Gaius, al menos duerme un poco."

"Tengo miedo y no se que."

"Pues sea lo que sea no te preocupes que no se va a acercar a ti mientras yo esté aquí y no te voy a dejar."

Merlin no dijo nada más, todo su cuerpo estaba agotado, estaba hecho polvo y le dolía demasiado la mayor parte de su anatomía como para decir algo o siquiera para mantenerse despierto un poco más. Por eso simplemente, intentó relajarse entre los brazos de su joven amante y decidió que Arthur le protegería. Antes de darse cuenta se había quedado dormido.