14. EL REY PADRE

Pronto el calendario dio la vuelta, Abraham cumplía un año y meses, ya hablaba y caminaba aunque con ayuda de alguna gitana, de Íntegra o de su padre. La joven nunca olvidaría esa época de su vida pues en verdad disfrutaba la crianza de su pequeño, el cual insistía en salir al jardín a jugar con la espesa nieve que sólo el crudo invierno de la vieja Europa Oriental sabe tener. Con cierto asombro y temblando bajo sus abrigos, Íntegra veía como su vástago disfrutaba del blanco paisaje sin titiritar siquiera.

Por esas mismas fechas nació la sexta y última hija de Tudora; una gitanilla de pelo rizado y ojos grandes que fue bautizada bajo los ritos gitanos como Triana. Con su nacimiento, tanto el patriarca como Tudora se resignaron a no tener varones, pues ella había pasado ya la edad sana para concebir.

Íntegra férrea y terca, mantenía la ley de hielo sobre su amante; cuando él entraba ella salía, lo evitaba, lo esquivaba. Alucard tampoco hacía intentos por hacer las paces, sólo se concretaba a pasar tiempo con Abraham que siempre lo recibía: -¡Papa, papa!- decía el pequeño al verlo, él lo tomaba en brazos, incluso si tenía que sustraerlo de la madre, que se daba la media vuelta cuando esto ocurría.

Hasta que una noche de júbilo, Alucard estuvo bebiendo junto con sus gitanos en una fecha de festejo rumano mientras a lo lejos se escuchaba la algarabía del pueblo. Él hubiera querido ir a Bucarest con Íntegra, como cuando recién habían llegado a Rumania, pero ni siquiera se atrevió a pedírselo.

Aquella ocasión ella se había ido a acostar temprano: -"Soy británica, me importa un carajo que se celebre hoy"- sentenció.

Risas, voces, música, panderos, castañuelas…las gitanas bailaban ataviadas con sus mejores galas; los hombres asaban carne en la gran fogata, bebían vino y cerveza, mientras que otros se intoxicaban con sustancias y pócimas alucinógenas, hacían artilugios y trucos de magia ancestral, todo el ambiente adquiría un toque quimérico casi macabro. Algunos, por ejemplo: destazaban crudo a un macho cabrío, asaban su carne para el banquete y hacían pintas en sus cuerpos con su sangre, otros, al amparo de las sombras, se entregaban ya a los delirios afrodisíacos.

Era de madrugada cuando el vampiro entró al cuarto de su mujer…. entró como si no pudiera atravesar las paredes, abriendo bruscamente de par la puerta. Ella se despertó sobresaltada y lo vio frente a ella, con las manos apoyadas en el umbral; estaba alcoholizado, febril y medio desnudo. La veía con una maliciosa expresión y su clásica sonrisa frívola, cínica a la vez que seductora, en una mano llevaba una botella de vino

-Hola ama- le dijo seduciéndola con la voz

-¿Qué haces aquí?

-Vine a verte- le dijo avanzando tambaleante hacia ella

-¡Pues yo no quiero verte a ti!- le dijo negándole la mirada, pero el vampiro se acerco a ella tan rápido que ni se dio cuenta cuando estaba justo enfrente, sobre la cama, sujetándola por las mejillas.

-¿Sabes Íntegra? ¡Qué hermosa estas esta noche!- y sin que ella pudiera decir nada, él la besó y ella pudo saborear la boca del vampiro con gusto a licor y sangre.

-¡Estas borracho y ya has bebido sangre de quien sabe quien!- le dijo tratando de safarse y volteándose con repugnancia.

-Sí Íntegra, ¡estoy borracho! Pero ahora vamos a divertirnos- le dijo sonriéndose y metiendo sus manos por debajo del camisón sobre sus piernas.

-¡Alucard basta!- reclamó tratando de esconder lo mucho que le excitaban el tacto del vampiro.

-¡Vamos! Tú también quieres… hace mucho que no lo hacemos…además te deseo esta noche, te deseo mucho- y la sacó de la cama sujetándola por las piernas y poniéndola contra la pared.

-¡Suéltame, suéltame, eres un!...

-Anda ama, anda dilo, ¿qué soy? Dilo, soy un monstruo, jajaja, sí un monstruo ¿y qué? De todas maneras me deseas tú también, ¿no es así? Te gusto mucho, te hago perder la razón, sí.

-Dijiste que nunca tomarías algo que no quisiera darte.

-Lo se, pero este no es el caso, tu también ardes en deseos de que te posea ahora…

Por toda contestación ella le dio una fuerte bofetada que de nuevo le volteo la cara y le rompió un labio, pero esta vez él se echo a reír: -Así que quieres jugar sucio, ¿no? ¡Ven acá!- dijo tomándola por la cintura y arrojándola a la cama para luego sujetar sus piernas entre las suyas, tomó la botella que había dejado junto, bebió unos tragos, abrió con brusquedad el camisón de Íntegra y la inclinó para mojarle el torso, ella al sentirlo cerro los ojos; no podía negar que le gustase.

-¡Maldito seas Alucard!-masculló.

Por toda contestación le mostró una sonrisa dentuda y cínica, comenzando a lamer el vino sobre la piel de ella que se estremecía, (el vampiro sentía el ardor de la herida en su labio encendida por el alcohol), llegó a la boca de Íntegra, la suya le sabía a sangre, a vino, a ella, cuando sintió que la besaba le mordió con fuerza los labios como una revancha, como un desquite por ser mojada con el licor. Alucard se separó de ella, la sangre ya chorreaba de su boca cayendo hasta el cuello y el pecho de ella, se limpió con el dorso de la mano y rió.

-Eres fabulosa- expresó lleno de lujuria y se fue en su contra en un salvaje beso donde hundió sus colmillos en los labios, hiriéndola. Ella sintió rabia y dolor pero su astucia se impuso, sabía que no le detendría y recordó la negativa de él ante un nuevo hijo, "yo voy a ganar esta y todas las veces maldito vampiro, tú no eres quien para decirme que no ¡a mí!" pensó, y se volteó sobre su amante, que disfrutaba todo aquello, aún más cuando la vio montarse en él

-Eres un despreciable hombrezuelo… ¡un vil hijo de puta!

-Y tú una perra manipuladora- respondió al insulto, pero siempre sonriente

-¡Ruin, bajo, sucio!- le grito ella, pero él la agarró por el cuello y la besó con toda el ansia de su amor, derribando las barreras de su soberbia. Ella convencida y aliada de su pasión, terminó de desvestir a su vampiro, al cual le desprendió la camisa abierta, desabrochó y halo los pantalones después de tocar sobre ellos su despierta virilidad.

Comenzaron el trajín de la pasión se poseyeron con ardor y desenfreno, Íntegra se dejó llevar por completo; se desparramaron lo que quedaba del vino en sus bocas y cuerpos, el cual se apresuraron a limpiar sin olvidar un sólo resquicio, un sólo rincón…milímetro a milímetro, lugares que ellos ya se sabían de memoria pero que no se hartaban de reconocer, por lo que la cama les quedo chica y la noche corta.

Después de esa velada la barrera de hielo calló entre ellos e Íntegra estaba casi segura de que se embarazaría. Pensaba haberle ganado al vampiro que a la mañana siguiente comprendió en toda su extensión lo que habían hecho y que perdido en alcohol y otras sustancias, no pudo prever engendrar de nuevo.

Dos meses después, una tarde tranquila en la que él acababa de despertar y se alimentaba de su acostumbrada sangre médica, vio entrar a su mujer a la estancia donde él estaba, venía sonriendo satisfecha pero sobre todo ufana, había salido toda la mañana y tarde, ahora volvía a casa y traía un sobre en la mano el cual lanzó sobre la mesita de madera que estaba enfrente del vampiro. Él la miró con cierto enojo, sobre todo al ver la expresión de triunfo y burla de Íntegra.

-Allí tienes…

El vampiro lo tomó y lo abrió; eran los resultados de unos análisis, Íntegra estaba en cinta de nuevo. Terminó de leerlos y se sintió muy enojado consigo mismo y con ella, no sólo había cometido la imprudencia, el descuido de volverla a embarazar, sino que se dejó utilizar, pero sobre todo por que para ella eso era una revancha. Al ver la ofuscación de Alucard, Íntegra no pudo evitar reír.

-¿Qué tú…. no qué?- preguntó sarcástica y divertida- ¿lo ves vampiro? Ya lo ves…yo siempre obtengo lo que quiero- le dijo a cinco centímetros del rostro del nosferatu que sentía como le hervía la sangre en las venas.

Por toda contestación se puso de pie, la miró con reproche y se dio la media vuelta:-Espero, en verdad espero que podamos tenerlo - dijo antes de salir.

El nuevo embarazo de Íntegra avanzó los primeros meses con normalidad, ella estaba confiada y segura de que el médico se había equivocado y que en poco tiempo volvería a ser madre, por lo que se sentía feliz pues le habían dicho que estaba vez sería una niña. Alucard no quiso enojarse más con ella, pero no se sentía confiado.

Hasta que una noche, cuando ella ya tenía cinco meses de preñes. Estaba a punto de irse a dormir, pero sintió un dolor punzante en el vientre que le impidió dar un paso más sobre las escaleras, se dobló sobre sí misma, pero el dolor volvió más fuerte y más fuerte cada vez, hasta que cayó en desmayo.

-¡Dios santísimo!- exclamó Tudora al encontrarse a su ama tirada a media escalera, inconciente en medio de un charco de sangre que se escurría por los escalones.

Al escuchar el grito, Alucard que en esos momentos estaba con Abraham, acudió y casi creyó enloquecer al verla en tal estado.

-¡Mamá, mamá!, ¡¿qué le pasa a mi mamá?!- dijo el pequeño.

-¡Tudora!- ordenó el vampiro- ¡llévate al niño y manda a alistar un coche!

La gitana obedeció y se llevó al angustiado chico. Sin perder tiempo el vampiro fue hasta donde ella y la alzó en sus brazos, al hacerlo goterones de sangre cayeron, la hemorragia era grave, severa y parecía no detenerse. Él salió corriendo de la casa, donde al poco llegó un auto, Alucard lo abordó y ordenó que fueran al hospital más cercano. Para entonces ya llevaba toda la ropa y las manos manchadas de sangre. Íntegra inconsciente estaba empapada de la cintura para abajo, el vampiro se sentía impotente ante la profusa perdida de sangre de ella y lo pálido que se iba tornando su rostro.

Cuando llegaron al hospital, él ya estaba desesperado. Entraron por urgencias ofreciendo un espectáculo estremecedor; él pidiendo ayuda con la blanca muchacha embarazada y ensangrentada hasta los cabellos.

Ella fue atendida enseguida, Alucard se quedó solo en la sala de espera, con pesadumbre vio alejarse la camilla con su preciosa amada en ella. Agitado y confuso por la angustia pensó "no pude hacer nada antes, ¡no! Soy en este momento como el más ordinario de los hombres… ¡y todo es mi culpa!" se miró a si mismo; el rostro descompuesto, la ropa, las manos la cara manchada por la sangre de su mujer y de su hijo, ¡inverosímil! Por primera vez en toda su vida de vampiro, Alucard sintió horror ante el líquido carmesí.

A las pocas horas el médico salió a hablar con él; no hubo nada que hacer, ella había sufrido un aborto repentino, cuando llegaron al hospital la bebe ya había muerto dentro.

-¿Cómo esta ella?- pregunto el rey no muerto.

-Ella ya no está en peligro, pero como a toda madre, le va a doler mucho saber que lo ha perdido.

Íntegra despertó con los primeros rayos del sol, abrió los ojos lentamente y por un momento olvidó lo que había pasado hasta que no reconoció la habitación donde estaba, de repente, el recuerdo de la noche anterior cruzó su mente, el terrible dolor que sintió en la escalera de su casa, entonces como de rayo se tocó el vientre…lo que descubrió, lo que sintió la hizo estremecerse de dolor y agonía.

-No, no…no… ¡No!... ¡mi bebe, mi bebe!- gritó llorando llena de desesperación

Alucard llegó horas más tarde por ella, estaba junto a Tudora y una de las hijas que la habían cambiado para salir de la institución. Él la abrazó y con dolor le dijo:

-No sabes como me hubiera gustado haberme equivocado en lo que te dije.

Ella no le contestó, sólo se aferró a sus hombros y escondió la cabeza en el fuerte pecho para llorar. Él la sacó en sus brazos del hospital que la había dado de alta y en el mismo auto del día anterior todos regresaron a casa, nadie habló en todo el camino, mucho menos ella que como una niña muda iba apoyada en pecho y en los brazos del vampiro. "Tenías razón…tenías razón", pensaba.

Ella estuvo callada y taciturna por varios días, sólo Abraham podía hacerla sonreír levemente. Pero el niño, que mostraba una inteligencia precoz, notaba y sentía la profunda tristeza y frustración de su madre. Después su padre le tuvo que explicar porqué ya no tendría una hermana; esos recuerdos se quedarían gravados en la mente del niño para siempre.

Íntegra calló en una depresión, por eso un día le expresó al vampiro su deseo de salir de Transilvania, de Rumania, aunque fuera por un tiempo. Alucard entonces decidió hacer un viaje, así que partió con ella, con Abraham y con dos de las hijas más grandes de Tudora: Florentina y María. Primero tomaron un sendero, la rivera del río Danubio, así lograron llegar hasta el Mar Negro y de allí siguieron hasta encontrar el estrecho que los conduciría hasta el mar de Mármara, al Darnanelos y por último al Egeo Mediterráneo…toda una travesía que termino en las bellas islas cerca de Grecia sobre el Demeter II, todo se completó en un viaje que duro cerca de un año…

Así que Abraham Mircea maduró su primera infancia a bordo del bote de sus padres, que anclaba en cada puerto cercano, así, desde esa edad desarrolló un gusto muy claro por el mar y todo lo que tuviera que ver con él, le gustaba sobre todo salir a observar los amaneceres (aunque siempre vigilado por Florentina o María), a corretear las gaviotas sobre la cubierta y empinarse en las barandas para mirar las aguas.

En ese tiempo su lenguaje se perfecciono bastante. Alucard, por su parte, siempre hablaba con él en rumano, Íntegra se molestaba, pues muy poco conocía de esa lengua romance, la cual no estaba incluida en su repertorio y que por capricho y necesidad empezaba a estudiar, ya que ambos, padre e hijo, conversaban siempre en ella dejándola a un lado. El vampiro le estaba enseñando el mundo a su modo y en su lengua materna, Íntegra hacia lo mismo…la fidelidad y el amor del niño hacia sus progenitores, se encontró dividida desde entonces.

Los miedos de la dama sobre las probables herencias vampiricas de su hijo se hacían cada vez más fuertes, y se corroboraron en una mañana de verano, mientras cruzaban el Mármara por alta mar, Florentina lo llevó a la cubierta principal y el pequeño comenzó a hacer una rabieta porque ella no lo quería dejar asomarse más por la baranda, el niño, iracundo, empujó por las piernas con ambas manitas a la chica y fue tal la fuerza, que la gitana fue a dar contra la baranda que ya estaba como tres metros de ellos. La joven comenzó a llorar pues le había dolido el golpe, Íntegra logró observarlo todo y se quedó boquiabierta: su hijo empezaba a desarrollar fuerza sobre humana.

La madre acudió a ayudar a Florentina y luego le dio una bofetada a su hijo que la miró con rencor.

-¡No vuelvas a hacer eso!, ¿entendiste Abraham?- reprendió ella al chiquillo tomándolo de un brazo. El niño la miro mientras que sus ojos se llenaban de lágrimas -¡No llores!- le gritó.

Abraham logró zafarse de su madre y huyó. Ella lo sentía mucho, era la primera vez que lo reprendía y golpeaba, pero no podía tolerar la indisciplina, mucho menos en su propio hijo, sin embargo lo que más le sobrecogió fue la fuerza que el niño ya poseía, que a ratos se manifestaba y que le decía que su hijo heredaría de su padre más de lo que ella pensaba.

Al anochecer, cuando Alucard despertó, Abraham fue hasta él, en rumano (y a su modo de niño) le contó lo que había pasado, el vampiro lo miró sonriendo, vio la mejilla del pequeño roja por el golpe de Íntegra.

-Hijo, debes aprender desde ahora quien es tu madre…para que luego puedas comprender quien es tu padre-sentenció.

Aún así, Abraham amaba a su madre y se dejaba besar y mimar, en el rostro del niño se dibujaba una sonrisa de dicha cuando pasaba tiempo con ella, aunque comenzaba a hacerse celoso y posesivo, pero sobre todo, cuando Alucard se le acercaba, el chico lo miraba con ojos retadores y rencorosos. En cierta ocasión en que el vampiro trato de abrazar a su mujer, le dijo:

-No, es mía.

Alucard se echó a reír muy divertido:-¡Lo que faltaba! Jajaja, este niño tiene complejo de Edipo. Vaya que es todo un Dracul…

-También es todo un Hellsing- afirmó Íntegra.

El tiempo paso de nuevo, después de que terminó el viaje y volvieron a casa parecía que Íntegra había superado el trauma de su maternidad frustrada, ayudada como siempre por su inquebrantable voluntad. Más sólo fingía ya no sentir dolor por ello, pues dentro sufría mucho al estar imposibilitada para darle hermanos a Abraham Mircea.

Sobre todo, porque a juzgar lo que vio en la cubierta del barco, su hijo tendría señas vampiricas. Ella razonaba: a pesar de la deslumbrante y creciente belleza natural del chico, sufriría alguna vez la hiel del desprecio: sería único y distinto a todos y el hecho de no tener hermanos significaba que tendría que enfrentar solo al mundo. Decidió entonces, por el bien de él, educarlo como todo un Hellsing y forjarle un alma, un corazón y un temple de hierro, pero sobre todo, que jamás se avergonzara de ellos como padres o de su probable naturaleza vampirica, tuviese esta la extensión que fuera.

Los indicios continuaban y se manifestaban con mayor fuerza conforme Abraham crecía. Pero Íntegra luchaba con su incertidumbre tratando de disfrutar a su pequeño. Durante su primera infancia, Abraham tuvo como amigos a los hijos de los gitanos, sobre todo a Triana Viorica; estaban juntos en todo momento y compartían sus juegos. Por ser la última, el patriarca se empeño en criar a su última hija casi como si fuera un chico.

Por otra parte, Íntegra mostraba una inclinación maternal muy fuerte por la chiquilla, de alguna manera le recordaba a la hija muerta en el vientre. Tanto fue el apego que llegó a sentir por la niña que una vez hasta le propuso a Tudora dársela en adopción.

-Nada le faltaría Tudora…piénsalo

-No ama, mil perdones pero no puedo hacer eso, Triana siempre será una gitana, no podemos acallar la fuerza de su sangre, por eso no puede ni debe desear otra vida que no le corresponda por derecho de nacimiento.

Al final la dama desistió de su deseo, de cualquier manera, con la creciente sociabilidad de Abraham, la casa se llenaba de los chiquillos y Triana casi siempre estaba allí.

Cuando el niño estuvo en edad, Íntegra lo matriculó en la escuela local, como si fuera cualquier chico. Así comenzó a crecer más de prisa, diría la rubia madre. En las tardes, cuando regresaba, se entretenía en juegos con su amiga gitana, que ya era formada por su padre como todo un guerrero, y daba pena ver a la pobre criatura como un muestrario de heridas.

-Creo que ya va siendo hora de que aprendas el arte y profesión de la guerra tu también Abraham- le dijo Alucard una tarde cuando él tenía cinco años.

Íntegra no se opuso, de hecho comenzó a darle lecciones de esgrima. Ambos, también formaban su mente, le cultivaban y le educaban como un príncipe genuino, es decir, no sólo con los hábitos y los modos de su alcurnia, sino también con un temple frío y una mente calculadora. La suerte estaba echada, Abraham Mircea Dracul Hellsing le haría honor a sus apellidos, así lo habían decidido sus padres.

Una tarde de otoño, cuando él chico acababa de cumplir 8 años. Jugaba montado en su bicicleta alrededor de la casa. Triana lo miraba correr cada vez más rápido sobre ella y lo exhortaba a que se detuviese pues estaba por llegar a una parte del terreno empedrada y pronunciada, pero Abraham no hizo caso, caprichoso como era, sólo escuchaba a sus propios impulsos:

-¡Lo voy a lograr, lo voy a lograr! Vas a ver como bajo esa pendiente, Triana…- y tomando impulso se deslizó por ella pero no se pudo controlar resbalando y rodando estrepitosamente, cayendo sobre uno de sus brazos que bajo la presión de todo el cuerpo se partió en dos pedazos.

-¡Abraham!- gritó la niña espantada viendo a su amigo retorcerse de dolor en el suelo.

-¡Ayúdame, ayúdame, Triana!

Sin pensarlo más echó a correr al interior de la casa en busca de Íntegra, en un momento ambas salieron corriendo en busca del chico. Cuando ella lo halló de inmediato notó que su hijo se había rotó el brazo derecho, de momento se quedó de pie mirando como el chiquillo gritaba en el suelo y la llamaba, pero ella no perdía la calma mientras que Triana trataba de excusarse y disculparse ante ella.

-¡Lo siento ama, lo siento mucho de verdad! Pero yo le dije que se detuviera y no me escuchó, dijo que lo lograría… ¡Oh ama, me siento tan culpable!

-No- sentenció ella impasible- no fuiste tu la culpable, fue la sinrazón de mi hijo.

Diciendo eso se aproximó hasta donde Abraham se quejaba, lo tomó con cuidado por torso y observo sus heridas, la más complicada: la fractura de su brazo que en verdad lucía grave. Ella tomó el brazo roto, para acomodarlo sobre el pecho del pequeño…

-¡No, no mamá, no!, ¡Me duele mucho, me duele mucho!- gritó el niño a punto de estallar en llanto.

-¡Con un carajo, Abraham!, ¡No! , ¡Ni se te ocurra llorar! Esto no lo amerita…

-¡Pero, mamá!

-¡Nada de peros! ¿Creíste que tu irresponsabilidad no tendría consecuencias? ¡Pues ya ves que sí! Esto te lo provocaste tú mismo, ¡así que debes afrontar los hechos en todo momento y con valor! Las lágrimas no te reivindican, así que si se te ocurre derramar una sola lagrima, una sola, ¡te juro que te daré otra paliza!

-Pero me duele mucho….

-¡Eso no importa! ¿A dónde crees que has venido? ¿Al paraíso? ¡El dolor es parte de la vida, escúchalo bien, vinimos a un mundo de calvario! Así que si te duele, ¡vete acostumbrando!

El chico miró asombrado el rostro frío y enojado de su progenitora y comprendió que jugar con su paciencia no era opción. Haciendo acopio de todo su valor y fuerza, dejó que ella acomodase el brazo para luego llevárselo cargando a la casa. Alucard despertaba en el momento justo para ver entrar a Íntegra con Abraham en brazos.

-¿Qué ocurrió?-preguntó él.

-Se rompió un brazo-contestó ella- pero estará bien en un par de meses, además creo que ha aprendido la lección- ella fue hasta la biblioteca y lo recostó el un diván y llamó a Florentina- trae un analgésico para Abraham, ya está sudando frío… y llama al medico, tendrá que venir a hacer la reducción y enyesar…

Alucard entró a la habitación y se quedó mirando a su hijo pálido de pura agonía física, luego observó a su mujer que inamovible lo miraba mientras que encendía un cigarrillo. Más, en ese preciso instante, algo llamó la atención del vampiro: los rasguñones en la piel de Abraham estaban comenzando a difuminarse. En ese momento entró Florentina con el medicamento pedido. Íntegra tomó el analgésico inyectable que le traían, estaba preparándolo cuando…

-¡Espera!- dijo Alucard.

-¿Y ahora qué?- preguntó ella molesta.

-¡No es necesaria esa sustancia! No…

-¿De qué hablas?

-Mira…-dijo señalando el brazo roto del chico.

Al verlo, Íntegra no pudo menos que soltar la jeringa, pues estaba comenzando a regenerarse poco a poco; los rasguños en la piel habían desaparecido y la aparatosa fractura en la extremidad también. Con asombró vieron como el hueso se reacomodaba y parecía que comenzaba a soldar. Ante tal suceso, Íntegra por fin bajó la guardia y calló de rodillas junto al pequeño, revisándole con ansias el cuerpo.

-No puede ser… ¡no puede ser! Estas curado...

-Lo hemos presenciado condesa- dijo Alucard que bajó el rostro y sonrió complacido- ¡nuestro hijo ha heredado grandes cualidades!...

El resto de la tarde, Íntegra le tuvo que explicar el porqué de lo milagroso de su sanación repentina. Abraham hace tiempo que conocía y comprendía la ascendencia de su padre, pero esa tarde supo que tal vez se estaba convirtiendo en uno de ellos. Su madre verdaderamente afectada, subió al niño a su habitación para dejarlo dormir. Luego bajó hasta la biblioteca donde aún estaba Alucard, esperándola.

-¿Lo entendió bien?- preguntó al escucharla entrar.

-Sí, creo que sí.

-¿Y tú, lo entiendes?

-Apenas…muy apenas. Lo peor de todo esto es que…no sé hasta donde llegará, no se si…algún día tenga que beber sangre…

-Si fuera así, recuerda que en parte también es humano, puedes estar segura que el infierno no tiene por que tener reclamada su alma o el cielo exiliada.

-No lo sé, yo deseo que no crezca carente de fuerza, ni amedrentado ante la vida, pero tampoco quiero que su existencia sea totalmente distinta y apartada del resto del mundo. Tiene que crecer y vivir lo más normal que sea posible, no lo enclaustraré en mis propios temores, por eso tengo que enseñarle a vivir…en toda la extensión de la palabra; será como el resto en apariencia, pero distinto en el fondo, ¡quiero que sea un Hellsing genuino! Sabes a que me refiero.

-Es cierto- le dijo Alucard después de escucharla con mucha atención- pero así como tú deseas que sea un Hellsing, yo deseo que sea un Dracul, ¡será un Dracul!

-Será….lo que tenga que ser, no sé si hombre, no se si demonio, pero espero que no sea arrastrado a la oscuridad…no como tú. Por lo menos deseo que su alma este a salvo…

El rey no muerto observó la expresión en el rostro de ella, leyó duelo pero también desprecio; no dijo nada, sólo entrecerró los ojos razonando, comprendiendo por completo y hasta ese momento por que Íntegra, la dama que se había convertido en su mujer, en la madre de su hijo, en su fiel compañera y su mujer, no quiso acompañarlo a la oscuridad; en el fondo, en el centro de su ser y de sus sentimientos… ¡despreciaba a los vampiros! Lo despreciaba a él. "No, no es mía en cuerpo y alma; su cuerpo, su corazón tal vez, pero no su alma", pensó mordiéndose los labios.

-Íntegra, has lo que creas mejor para él- le dijo mirándola a los ojos- se que amas a ese niño, que lo amas más que tu vida, más que a mí…

-Sí, mucho más- le contestó segura e inconmovible, luego solemne y tranquila, le dijo-Vlad (notó que era la primera vez que lo llamaba así), Abraham es la razón de mi existencia, la luz de mi vida; a esa criatura la adoro con todo el corazón y toda el alma.

-Y…en todo ese amor, ¿tengo yo algo que ver?

-Es mi hijo, nació de mis entrañas ¿comprendes? El amor entre un hombre y una mujer puede acabar, pero el amor de una madre a su vástago, ¡jamás! Ese es el más puro, sagrado y por lo tanto eterno.

-¿Acaso tu amor hacia mí ha llegado a su meta, Íntegra?…- le preguntó sintiendo un nudo en la garganta- y sí es así, ¿por qué me compartes la vida? ¿por qué te acuestas conmigo? Es sólo, ¿lujuria, llano deseo, costumbre?

-No, no es así- le dijo mirándole a los ojos- …tú me diste un hijo, siempre serás el padre de Abraham, pero no puedo compararlos: él siempre estará por encima tuyo en mi corazón, y creo que lo entiendes….

Diciendo eso salió de la habitación, dejando al vampiro pensativo y taciturno…al final se sonrió con amargura…"No está mal, Íntegra, no está mal que ames tanto a nuestro hijo, después de todo…. yo sólo soy un monstruo"

Y encendiendo un cigarrillo, salió de la biblioteca a buscar su porción de sangre médica, ufanándose a sí mismo por tener que beberla.

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Continuará...