Esta historia no me pertenece. La autora es My-Bella y los personajes son de S. Meyer, yo solo traduzco.
Capitulo 14
Caza de casa
Bella POV
"Bella, tenemos que levantarnos," suspiro Edward, besando mi pequeño bulto.
"¿No me habías dicho eso antes?" me reí, tratando de alejarme mientras besaba uno de mis costados, sus suaves labios me hacían cosquillas.
"Si, pero no te has movido."
"¿Y de quien es la culpa?" le pregunte, envolví su cuello con mis brazos cuando finalmente trajo su cara a la mía.
"Tuya. Eres demasiado sexy," respondió, con esa sonrisa torcida que tanto me encantaba.
"¡Oh, no! No me vas a echar la culpa a mi esta vez, Tutor-boy," me reí, empujándolo lejos. "Usted fue el que dijo, y estoy citando: 'Amor, tenemos tiempo suficiente para la segunda ronda'."
"Y lo tuvimos," murmuro, mordisqueando el lóbulo de mi oreja. "Pero entonces tu decidiste que querías abrazarme y ahora tenemos que darnos prisa."
Aleje su cara para poder ver esos deslumbrantes ojos verdes que tenía. "Te amo."
Sonrío y beso la punta de mi nariz. "Te amo más." Con un último beso en mi bultito, Edward salió de la cama, estirando sus manos hacia mí. "Vamos a ver algunas casas."
Tome sus manos, dejando que me sacara de la cama. "¿Me prometes que vamos a continuar con esto cuando regresemos a casa?"
"¿Necesitas preguntar?" se río, conduciéndome hacia nuestro armario.
"No quiero ser presuntuosa," bromeé, sonriéndole.
Edward cuidadosamente me hizo girar y me presiono contra su pecho. "Isabella, siempre presume que quiero disfrutar cada centímetro de tu suntuoso cuerpo."
Rodé los ojos y me aleje de él, caminando al armario. "Son líneas como esa, las que nos hacen llegar tarde, Edward Cullen."
Me rodeo con sus brazos desde detrás de mí, besándome la nuca. "No son las líneas las que nos hacen llegar tarde. Es que estamos tan enamorados el uno del otro que no podemos mantener nuestras manos para nosotros mismos."
"Tengo la impresión de que aunque intentemos, no vamos a poder," me reí entre dientes.
"Estoy seguro de que tienes razón, mi encantadora esposa."
"Bueno, podemos hacer filosofía sobre nuestra vida amorosa después, cariño. Ahora mismo, necesitamos vestirnos y bajar."
"Asegúrate de usar ropa cómoda," me advirtió Edward. "No se que tanto vayamos a caminar."
Asentí con la cabeza cuando encontré mi ropa de maternidad. Necesitaba algo cálido, flojo y debería usar tenis. Termine escogiendo un hermoso suéter de cachemira color gris que Edward me había comprado y mis jeans de maternidad.
Había guardado mis viejas cosas con ayuda de Esme, y desde entonces no había tenido un solo problema con el armario. Alice estaba feliz por que ahora disfrutaba con las compras, comprando las cosas que me mostraba para mi bultito. No podía esperar a estar grande y redonda – Alice pensó que estaba loca, pero Rose pareció comprender. Definitivamente el bebé nos estaba uniendo a todos - Edward y Emmett ya no habían vuelto a discutir, Rose y yo pasábamos más tiempo hablando de nuestros padres, y Alice pasaba la mayor parte de su tiempo libre con Esme y conmigo en la casa.
"Luces absolutamente hermosa," susurro Edward, poniendo sus brazos a mi alrededor cuando me estaba viendo en el espejo del baño. Sus manos se extendieron en mi bultito y lo acaricio suavemente – una mirada de asombro que se estaba convirtiendo en una expresión familiar en su hermoso rostro llego a sus ojos, curvando sus labios en una brillante sonrisa.
"Estaba pensando en algo que quiero hacer," mencione, poniendo mi mano en su mejilla.
"¿Qué es, amor?"
"Estaba pensando que tal vez podamos empezar a tomar fotos de mi vientre, y también medirlo. Entonces, cuando el bebé sea grande, podrá ver lo mucho que creció cuando estaba dentro de mí."
Una sonrisa disimulada apareció en el rostro de Edward antes de que la escondiera detrás de una tranquila fachada. "Creo que es una buena idea, Bella. Podemos agregar encontrar un libro para el bebé a nuestra lista de cosas por hacer esta semana."
Él estaba tramando algo, pero echando un vistazo a mí reloj me convenció de que no tenía tiempo para preocuparme por eso ahora. Terminamos de vestirnos, tomamos un rápido – y demasiado nutritivo - almuerzo, y nos fuimos a la oficina de Heidi. Entendía que necesitara comer saludablemente, pero negarme el jarabe de avena en mi manzana ¡estaba mal!
Llegamos a la oficina de Heidi con algunos minutos de adelanto y entramos directamente a la sala de espera. Edward había planeado con anticipación este evento y había traído la carpeta de nuestro bebé con nosotros. Lo estábamos usando para tener seguimiento de todo lo que queríamos para el bebé, las cosas que Alice ya había comprado, y las cosas que quería asegurarse de recodar compartir con el bebé.
También había una sección dedicada a lo que yo comía, cuanto peso había ganado, y para documentar mi presión sanguínea. Después de la visita de esta semana había decidido que Carlisle me revisara una vez al día, solo para asegurarme de que todo estaba bien. Edward se había quedado extasiado a la idea, yo estaba un poco sorprendida por eso. Todo lo que garantizara mi salud y bienestar era una gran idea para su libro.
"De ninguna manera, Tutor-boy," me reí, quitando la carpeta de sus manos tan pronto como leí lo que había escrito. Se nos ocurrió trabajar en la lista de música para el bebé mientras esperábamos que Heidi estuviera lista para vernos. "No dejamos que el bebé escuche a Judas Priest en el útero, mucho menos cuando nazca," le dije.
"¡Vamos, Bella! Va a pasar bastante tiempo antes de que sepa que significan las palabras. Mientras tanto, puede bailar el ritmo," dijo Edward, tratando de usar su sonrisa torcida para que accediera.
"No," conteste, presionando la carpeta contra mi pecho.
"Tu pusiste AC/DC hay," señaló.
"AC/DC tiene una forma divertida, estimulante," me defendí.
"¿Y las canciones de country?" pregunto, con una de sus perfectas cejas levantadas.
Me incliné y bese sus labios. "Lo mejor para molestarte, mi querido. Si al bebé y a mí nos gusta el country, vas a tener que dejarme escucharlo más." Lo besé de nuevo, tratando de distraerlo para que no escuchara las siguientes palabras. "Incluso en tu carro."
Pero porque era Edward, me escucho perfectamente. "Te amo Isabella, pero eso no."
"Pensé que me amabas," le dije.
Se rió entre dientes y beso la punta de mi nariz. "Lo hago. Pero también amo mi cordura. Sin country en el carro."
"Seguro, seguro," suspire. Y entonces me animé. "Pero esa regla no vale cuando vayamos en mi carro."
"Primero tenemos que conseguirte un coche," me recordó. "Y lo haremos esta tarde. No hay que posponerlo más, Bella."
"Solo lo pospuse para buscar en serio una casa," me defendí.
"Ya se, amor. Pero podrían pasar meses antes de encontrar la casa perfecta y no quiero que mientras tanto manejes ese vejestorio."
"No puedo creer que llames vejestorio a mi carro."
"Bella, es un viejo Nissan Sentra de hace diez años. Llamarlo vejestorio es un favor."
Quería enojarme con él, pero solo pude reírme - después de todo tenía razón.
"¿Señor y Señora Cullen?" pregunto una mujer alta, sonriéndonos. Tenía su cabello negro recogido en un moño y estaba vestida en un traje de color verde pálido con unos zapatos negros de tacón alto, haciéndola aun más alta. El traje hacía que sus ojos verdes destacaran, llamando la atención a su perfecto rostro. Ella podía darle algo de competencia a Rose.
Edward me ayudo a levantarme de mi asiento y extendió la mano. "Solo Edward y Bella, por favor. Los señores Cullen son mis padres."
"Bien, entonces," ella se rió, estrechando su mano. "Soy Heidi. Y es un placer conocerlos."
"Igualmente," le dijo Edward, y la siguió por un corto pasillo, entrando a una bonita oficina.
"Por favor, tomen asiento. Vamos a pasar algunos minutos discutiendo el tipo de casa que les interesa, imprimir algunas posibilidades, y entonces ir a verlas," nos dijo, sentándose detrás de su escritorio. "Comencemos con lo básico. ¿Cuánto están dispuestos a pagar?"
"Es nuestra primer casa, entonces queremos algo en lo que podamos crecer. Necesitamos algo con al menos tres habitaciones, y en un buen vecindario. Estoy dispuesto a pagar lo que sea necesario para que eso suceda," le dijo Edward.
Le apreté la mano, tratando de recordarle sutilmente que lo que estaba diciendo no es lo que habíamos estado discutiendo en la semana. Estuvimos de acuerdo en que necesitábamos una casa segura en un buen distrito escolar; pero también estuvimos de acuerdo en que no íbamos a gastar demasiado. Sabía que Carlisle y Esme podrían comprarnos la casa si se lo pedíamos, pero queríamos conseguir la casa por nosotros mismos – o al menos lo más que pudiéramos.
"Por supuesto, el costo debe ser razonable por el tamaño de la casa y del jardín," agrego Edward.
"Entonces, ¿les gustaría que tuviera jardín?" nos pregunto Heidi.
"Si, el jardín es muy importante," le dije. "Nuestro bebé tiene que tener espacio para correr."
Heidi me dedico una amable sonrisa. "Escuche que ustedes dos estaban esperando. ¿Están emocionados?"
"Mucho," conteste sonriendo cuando Edward puso su mano en mi bultito.
"¿Qué más debe tener su casa?" nos pregunto.
"Tiene que haber espacio para poner un piano de tamaño completo," le dije. "Edward tiene que tener su piano."
"¿Es por eso que tu hermano esta vendiendo la casa de tus padres?" me pregunto.
"Si. Es demasiado pequeña y nos tomaría demasiado modificar la casa para que pudiera entrar el piano," dije.
"Puedo decirles que tienen tiempo para pensar esto cuidadosamente. Eso es muy bueno. Y las cosas serían mucho más fáciles para ustedes por que sabrán rápidamente que es una realidad posible y lo que es un no rotundo. Solo mantengan en mente que ninguna casa que ya este construida se va a adaptar exactamente a sus necesidades. Van a tener que priorizar y comprometerse, a menos que decidan comprar las tierras y construir una casa a su medida," nos explico Heidi.
"Ese sería nuestro último recurso," le dije, no me gustaba la manera en que Edward se había animado a la mención de construir una casa a nuestra medida. Tendría que dejarle muy claro a mi querido esposo que eso no era ni una remota posibilidad para él.
Nos hizo algunas preguntas más y entonces Heidi imprimió una lista de casas que ella sentía cumplían con nuestro criterio. Dejamos la oficina y entramos en su blanco y brillante Lexus SUV - Edward parecía impresionado por el vehículo, mirándolo completamente. Esperaba que no estuviera teniendo más tontas ideas dentro de su cabeza. Estaba de acuerdo en que necesitaba un carro nuevo y seguro, pero no iba a comprar uno grande como este solo para una pequeña familia de tres. ¡Tres! Ahora mismo me encantaba esa palabra.
Me di cuenta de que había estado soñando despierta de nuevo y me obligue a mi misma a poner atención, escuchando el final de lo que Heidi estaba diciendo. "…así que entre en el negocio de la inmobiliaria."
"Mi padre quería que entrara en la escuela medica para seguir sus pasos, pero la música es lo que más he amado siempre," le dijo Edward. "Después de mi bella esposa," agrego rápidamente.
Sacudí mi cabeza por su tonto comportamiento; los dos sabíamos que no era necesario decirlo en voz alta ya que siempre lo teníamos presente. Edward había dejado claro desde un principio en nuestra relación que yo era lo más importante en su vida, y yo hacía todo lo posible por demostrarle que sentía lo mismo.
"La primera casa es un poco extravagante, pero si pueden poner los muebles y los colores de la pared a su gusto, podrán ver con objetividad la propiedad," dijo Heidi mientras paraba en el camino de entrada de una casa de ladrillos.
"¿De que tipo de extravagante estamos hablando?" le pregunto Edward, ayudándome a salir del auto.
"Solo algunos colores interesantes en las paredes, muebles y murales," le dijo Heidi. Sus tacones resonaban fuertemente contra el pavimento, haciendo eco en el silencio de la mañana.
Miré hacia arriba y abajo en toda la calle, viendo montones de bicicletas, columpios y juguetes – señales de qué niños vivían en este vecindario. Y de repente me di cuenta de que me había olvidado de poner algo en la lista – después de todo, mi niño iba a necesitar compañeros de juego. Bueno, algunos que tengan su misma edad por lo menos. Él siempre tendría a su tío Emmett.
Edward y yo comenzamos a caminar hacia el frente de la casa donde Heidi nos estaba esperando. Entramos a la casa y yo mire alrededor cautelosamente, no estaba segura de que esperar. Entramos en la sala y lucia bastante normal. Bueno, excepto por la gran silla blanca que estaba con forma de una mano. Por el aspecto que tenía, te sentabas en la palma y descansabas la espalda contra los dedos.
Heidi encendió la luz y el color de la pared apareció, demostrando que no era el color coral claro que había pensado primero, era un naranja calabaza que se veía horrible con la alfombra verde del suelo.
"Debajo de la alfombra el piso original es de madera. No les costaría mucho quitar toda la alfombra, encerar el piso, y tener un hermoso piso de madera dura aquí. Y recuerden que las paredes se pueden pintar y ninguno de los muebles se queda," nos dijo Heidi.
"Es una acogedora sala," señaló Edward. "Tal vez un poco pequeña para cuando este toda la familia aquí, pero perfecta para la mayoría de los días cuando solo estamos tu y yo," agrego, envolviendo sus brazos a mi alrededor.
"Hay una habitación que los dueños agregaron hace algunos años cerca de la parte trasera. Es cerca del doble del tamaño de esta y debería ser perfecta para un cuarto de juegos, o para poner tu piano," dijo Heidi. "Vayamos a la cocina."
Seguimos a Heidi a la derecha y entramos a una cocina. El suelo era de azulejo blanco… a excepción de los amarillos y negros en medio de la habitación que componía una cara sonriente. Cubrí mi boca con mi mano para evitar reírme, pero no pude evitar el fuerte resoplido que salió de mí.
"Remplazar los azulejos es un poco más complicado," dijo Heidi, con una pequeña sonrisa. "Así que siempre sugiero una alfombra circular. Todos los gabinetes de aquí son bastante nuevos, los cambiaron hace dos años."
"¿Por qué los cambiaron?" pregunto Edward, abriendo uno para verlo por dentro.
Heidi sonrío, pero lucía un poco forzada y parecía más una mueca. "Al esposo le gustaba experimentar con la cocina. Hubo una explosión bastante desagradable cuando estaba trabajando con algunos ingredientes únicos. Era más fácil sustituirlo que limpiar todo el desastre."
"¿Qué tan únicos eran esos ingredientes?" le pregunte.
"Prefiero no decirlo," suspiro Heidi. "Desearía no saberlo."
"Si bien esta casa tiene potencial, no quiero preocuparme por las remodelaciones tan pronto," dijo Edward. "No quiero olor a pintura y polvo de construcción alrededor de Bella y el bebé."
"Entonces vamos a la siguiente casa," contesto Heidi, parecía completamente feliz de dejar esta casa. Eso me hizo preguntarme por que nos había mostrado todo esto.
Entonces decidí preguntarle. "Heidi, ¿Por qué nos mostraste precisamente esta casa?"
"Honestamente, el patio y el vecindario compensan los defectos de la casa si tienes el tiempo y los recursos para remodelar. Todas las habitaciones necesitan nuevas cubiertas para la pared y la mayoría necesita nuevos pisos también, pero el techo y el exterior están en gran forma. La casa esta cerca de escuelas y tiendas, esta en una de las zonas más seguras de la ciudad," nos explico.
"Emmett y yo ya estamos trabajando en una casa. No nos veo teniendo tiempo para remodelar otra," le dijo Edward. "Y aún si lo hiciéramos, nos tomaría meses terminar cada habitación."
"Estoy de acuerdo," dijo Heidi. "Así que vamos a sacar de la lista todo lo que necesites grandes remodelaciones y reducir sus opciones un poco."
Las siguientes dos casas eran muy lindas, pero los jardines eran demasiado pequeños. Quería tener espacio para entretener a nuestra familia y tener uno de esos grandes columpios para el bebé.
La cuarta casa del día fue mi favorita, pero a Edward no le gustaron las escaleras. Tenias que subir un poco para llegar a la puerta principal y una vez dentro tenías que subir unas cuantas más para llegar a la sala, o bajar para llegar al cuarto de lavado, garaje y una habitación añadida. El cuarto que estaba bajando las escaleras era del tamaño perfecto para su piano y hubiera sido fácil de insonorizar. La sala era grande, pero la cocina y las habitaciones eran pequeñas. La mejor parte era el gran jardín y sus altos árboles que daban sombra. Al final la aceptamos como una posibilidad.
La última casa que vimos en el día fue increíblemente maravillosa. Esa no estaba en la lista de Heidi, pero me di cuenta de la casa cuando nos dirigíamos de regreso y ella había sido lo suficientemente dulce para hacer los arreglos necesarios para poder verla. La casa tenía piso de madera, grandes ventanas, modernos accesorios y un gran patio trasero. A Edward no le gusto que el garaje estuviera separado de la casa, pero estaba feliz de que fuera lo suficientemente grande para dos carros y todavía tenía un cuarto de almacenamiento. La cocina tenía encimeras de granito, electrodomésticos de acero inoxidable y gabinetes de madera oscura. Las ventanas daban al patio trasero, haciendo fácil mantener un ojo en cualquiera que estuviera afuera. Podía vernos a Edward y a mí cocinando en esta cocina, trabajando juntos en la mesa. A Edward le encanto el patio trasero mucho más que a mí e inmediatamente comenzó a hablar de ampliar el piso para darnos un espacio para cocinar y sentarse. Incluso si lo hizo a gran escala, habría mucho espacio para que nuestro niño corriera y jugara. Escribí la dirección en la hoja de posibilidades, y después Edward la subrayo, y me dedico una sonrisa torcida como solo él sabía hacerlo.
"Lo siento, es todo el tiempo que tenemos por hoy," nos dijo Heidi cuando estábamos en el carro.
"No hay problema," le aseguro Edward. "Estamos encantados de que fueras capaz de encontrarnos todo esto."
"Les sugeriría mirar nuestras listas en la página web y escoger unas pocas que les gustaría ver el siguiente Sábado. Tendremos toda la tarde, y con un poco de suerte, encontraremos la casa que se convertirá en un hogar," nos dijo Heidi.
Treinta minutos después, estábamos en casa, de regreso en nuestros pijamas, y disfrutando de los sándwiches de pollo que Edward había preparado para nosotros con las sobras del pollo de la noche pasada. Golpeé el estomago de Edward con uno de mis pies que tenía en su regazo, tratando de alejar su atención de la película de acción que estaba en la pantalla.
"¿Si, amor?" me pregunto, haciéndome cosquillas en el pie a través de mi delgado calcetín.
"Tengo una pregunta," me reí.
"¿Cuál es?"
"¿Te olvidaste de lo del carro?"
"No. Decidí que en su lugar quería pasar la tarde contigo. Iremos el Lunes, después del trabajo."
"Me gusta más ese plan," admití. "Esta demasiado frío. Quiero que la primavera regrese para que todo sea lindo y cálido. Y que finalmente podamos ir a un picnic."
La cara de Edward se volvió calculadora por unos segundos, y entonces su sonrisa torcida apareció. "Cierra tus ojos."
"¿Por qué? Estoy comiéndome mi sándwich."
Extendió la mano y tomo mi plato, poniéndolo en la mesa de café. "Cierra los ojos."
"Edward, acabas de quitarle la comida a una mujer embarazada. ¿Estas tratando de perder una mano, señor?"
"Si la hermosa mujer embarazada cerrará sus ojos, me asegurare de que ella tenga su mousse de chocolate con nata fresca como postre."
Estreché los ojos hacia él, preguntándome si el sabría el peligro en el que se encontraba su vida si el realmente no tenia ese particular postre en sus manos. Por no mencionar que yo no estaba segura de poder confiar en que me lo daría si hacía lo que pedía - había mantenido un ojo muy cerca de mi ingesta de dulces.
"Lo prometo," me dijo, poniendo su mano sobre su corazón.
"Bien," suspire, secretamente estaba un poco emocionada por ver que era lo que tenía preparado. Cerré mis ojos y me relaje contra el respaldo del sofá.
"No importa que escuches, no abras esos hermosos ojos cafés que tienes. ¿Bien?"
"Seguro, seguro. Solo date prisa. El bebé realmente estaba disfrutando su pollo."
Edward se rió cuando aparto mi pie y se levanto del sofá. En los siguientes minutos, escuche algunos golpes, gruñidos y resoplidos, y un audible "ouch" que casi me hace abrir los ojos. Y entonces todo estaba extremadamente tranquilo.
"¿Edward?" llame. Le di veinte segundos completos -los conté- y entonces lo volví a llamar más fuerte. "¡Edward!"
"Estoy aquí," se rió entre dientes y beso mi mejilla. "Solo que tuve que subir las escaleras por algo."
"Comida, Edward. Hambre bebé y mami," le recordé.
"Solo unos segundos más," me prometió. Sentí una ráfaga de aire y el sonido de tela, seguido de unos cuantos golpes sordos.
Deje escapar un grito cuando de pronto Edward me levanto del sofá. "Edward, ¿Qué estas haciendo?"
Me sentó en algo suave y beso mi mejilla tiernamente. "Abre los ojos."
Los abrí solo lo justo para echar una mirada, sin saber que esperar. Lo que vi hizo que mi otro ojo se abriera de golpe y un grito de asombro saliera de mis labios. Edward había transformado completamente la sala. Había alejado todos los muebles, excepto el sofá, y había puesto una manta de picnic y cojines en el suelo. Había quitado la película y le había cambiado el canal a uno donde mostraban árboles. Presiono un botón en el control remoto y el sonido de chirridos de aves lleno la habitación.
"¿Tienes una idea de lo maravilloso que eres?" le pregunte, tomando su rostro entre mis manos. "¿O lo especial que me haces sentir?"
Él sonrió mientras se inclinaba hacia adelante y me robaba un beso. "Espero hacerte sentir como que eres la mejor parte de mi vida, por que lo eres, Bella. Tu eres mi vida, ahora y para siempre." Busco algo a nuestro lado y agarro nuestros platos, regresándome mi sándwich. "Espero que disfrutes tu picnic de tarde, Señora Cullen."
"Estoy completamente segura de que lo hare, Señor Cullen," me reí, inclinando mi cara para otro beso.
Edward inmediatamente cumplió mi silenciosa petición, sonriendo todo el tiempo. "Te amo."
"Te amo más," suspire, recostando mi cabeza contra su hombro.
"Imposible," susurro, besando el tope de mi cabeza. "Y no discutas. Come tu sándwich para que puedas tener tu postre."
"Haces que suene como si no tuvieras el mousse que me prometiste."
Los labios de Edward rozaron mi oreja cuando me susurro en ese tono ronco que siempre me volvía loca. "Estoy pensando en tener algo mucho más dulce esta noche."
Suspiré con incredulidad, preguntándome como diablos había terminado con un marido tan asombroso. Un picnic en la sala, darme definitivamente el mejor postre para cualquier mujer embarazada, y la promesa de hacer el amor para terminar el día. ¡Sip! Tenía un perfecto marido y lo amaba y apreciaba más de lo que jamás podría decir.
Pensé en los pasados meses, todos los cambios y la manera en que Edward había tratado de cuidarme y apoyarme. Pensé en como él había tenido que pasar por todo mi llanto todo el tiempo, y las tareas adicionales que había estado haciendo desde que me vi obligada a tomar siestas. Últimamente todo era sobre mí y sobre el bebé, y no podía recordar a Edward haciendo algo por él mismo.
"Cariño, ¿Cuáles son tus planes para el siguiente domingo?" le pregunte.
"Todavía tengo el día libre hasta donde puedo recordar," contesto. "¿Hay algo que quieras hacer?"
"Sip. Quiero que te tomes el día de descanso."
"Bien. ¿Qué hacemos con nuestro tiempo de descanso?"
"No, Edward. Quiero que tú te tomes el día de descanso. De todo. Quiero que hagas todo lo que quieras en todo el día. Y también que tomes y bebas lo que quieras. Has sido tan estupendo, haciendo todo por mí y comiendo solo las cosas que yo puedo comer. Tomate un día libre de Bella y disfruta."
"¿Qué si mi idea de un perfecto día es pasarlo contigo?"
Sonreí por su dulzura. "Puedo ver que esto va a tomar un poco más de esfuerzo por mi parte para que aceptes. Muy bien, Señor Cullen. Me lanzo a los lobos con el fin de asegurarme de que tienes tu día libre." Agarre el teléfono inalámbrico y llame a la única persona que sabía podía alejar a Edward de mí por todo un día. Me asegure de poner el altavoz para que Edward también pudiera escuchar.
"Alice Cullen, mejor amiga en todo el mundo a tu servicio," dijo Alice cuando contesto el teléfono.
"Ali, necesito un favor," le dije, tratando de no reírme de la mirada de confusión en la cara de Edward.
"Cualquier cosa por ti, Bells. Ya lo sabes."
"Necesito que me alejes de Edward el siguiente domingo, todo el día. Él necesita un descanso y no lo va a tomar a menos de que lo obligue," le explique.
"No me gusta como suena eso," suspiro Edward, sacudiendo su cabeza.
"A ti nunca te gusta como suena nada," se rió Alice. "Eso te hace él serio de nuestra pequeña familia. Pero no te preocupes, pequeño hermano. La gran Ali esta en el caso. Me reuniré con Rose y Esme y juntas planearemos un día para mimar a nuestra favorita futura madre. Asegurándonos que se relaje, se alimente correctamente, y este totalmente segura mientras tu descansas y te relajas."
"No necesito relajarme," se quejó Edward.
Alice no se dejo vencer. "Edward, si tu manguera estuviera un poco más apretada, Bella tendría que establecer la manguera como WD-40 para evitar que chirriara."
Mordí mi labio inferior para evitar reírme, sobretodo debido a la mirada furiosa en el rostro de Edward. Además, sabía que si me reía solo alentaría a Alice – ella era igual que Emmett en ese aspecto. Tome una profunda respiración antes de romper el silencio. "Alice, eso estuvo mal y fuera de lugar. Discúlpate, por favor."
"¡Oh, Edward! Sabes que solo te molesto por que te amo, pequeño hermano," le dijo.
"Completamente," murmuro Edward.
"Alice, te hablaremos después," le dije, queriendo colgar el teléfono y regresar a Edward al buen humor que tenia antes.
"¡Bien! De todas formas tengo llamadas que hacer. Los amo," dijo en el teléfono.
Termine la llamada, puse el teléfono en el sofá y me subí al regazo de mi muy enojado esposo. "Cariño, sabes que ella no quería decir eso. Y honestamente, todo eso lo hace por que tu lo tomas tan mal."
Los labios de Edward se curvaron en una bella y malvada sonrisa cuando me miro. "Ya sabes, ha pasado un tiempo desde que le mostré a mi hermana mayor lo que sucede cuando se mete conmigo. ¿Te sientes bien para ayudarme con una pequeña venganza?"
"Siempre y cuando sea pequeña y no cause que la duende tome represalias contra nosotros, estaré feliz de ayudarte."
"Oh, no es nada tan horrible," Edward se rió entre dientes. "Solo voy a hacer que las llaves de su amado Porsche desaparezcan por un tiempo."
"¡Oh, Edward!" me reí. Alice amaba su Porsche casi tanto como Edward amaba su Volvo. Definitivamente le daría donde le duele.
"Suficiente sobre molestar a mi hermana," dijo Edward, sentándome a su lado. "Por ahora, solo disfrutemos nuestro picnic. Es lindo y cálido, y las aves están cantando solo para ti."
Me incline y bese a mi maravilloso esposo en la mejilla. "Gracias, cariño."
"Lo que sea por ti, Bella."
Sonreí por sus palabras, sabiendo lo mucho que significaban. Esperaba que Edward me tomara en serio y planeara algo divertido para su día de descanso. Y tal ves si lo disfrutaba, tomaría un día para él mismo cada mes. No podía hacer que cada segundo de vida fuera para mí y el bebé o el comenzaría a extrañar las cosas que amaba hacer – por nada en el mundo yo dejaría que pasara eso. Incluso si tengo que acudir a Emmett y Jasper, me aseguraría de que Edward comenzara a tener algún tiempo para centrarse en si mismo.
¡Hola! No me pregunten que significa lo que Alice le dijo a Edward por que honestamente no tengo ni idea, fue lo más lógico que pude traducir. Y por supuesto, Bellita va a hacer que Edward tome su día libre.
Yo se que pensaran, "¿Qué esta tipa esta loca o que? ¡Nos dice un día y actualiza otro!" lose, lose, soy rara, ¡pero tengo una perfecta explicación! El lunes entro a la escuela, y entonces si solo van a tener una actualización por semana, así que quiero aprovechar al máximo mis últimos días 100% libres para adelantar lo más que pueda. ¿Ven como si tenia una explicación lógica? Jaja, mañana intentare actualizar "3 plus 3 equals 6"
Gracias a los reviews (que aun no he contestado, lo siento, traducir me absorbió todo el tiempo), las alertas y los favoritos, me hacen muy feliz. =)
Bien, díganme que les pareció, recuerden que no soy Edward para leer sus mentes, ni mucho menos Jasper, para sentir su estado de ánimo y saber si les gusto o no, solo me queda esperar que ustedes me lo hagan saber. Cx
Siguiente capitulo: Cerca de la Señorita.
Besos.
Noemí…
