DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: HOWL'S MOVING CASTLE ES PROPIEDAD DE WYNNE JONES DIANA.
Capítulo 14. En donde Matthew conoce a su padre.
Como si el resto de personas en la habitación no existieran, Matthew corrió directamente hasta donde Maleena, ignorando completamente que había un hombre como cinco centímetros más alta que ella vestido como un soldado. Y por un momento, para Maleena también fue como si solo fueran ella y Matthew. La pequeña mujer abrazó a su hijo con fuerza, y arrodillándose le dio un beso en la frente, feliz de verlo de nuevo, sano y salvo.
—Matt, hay alguien quien quiere verte —dijo Maleena todavía arrodillada en el suelo, señalando hacia Lance, quien seguía de pie, al parecer no muy seguro de qué hacer para presentarse—. Tal vez no te acuerdes de él, pero él sí se acuerda de ti… —continuó, hablando suavemente para no impresionar demasiado a Matthew.
—Hola, pequeño hombrecito —saludó Lance apoyándose en una rodilla para llegar a la altura de Matthew. Si antes todo atisbo de rudeza había desaparecido de sus ojos y había sido remplazado por dicha, ahora podía verse auténtica ternura dirigida al niño.
—Ho-hola, zeñor —respondió Matthew dudosamente, un poco intimidado por el aspecto autoritario del Teniente Lance.
—¿Me recuerdas? —preguntó, entrecerrando un poco sus ojos, con un gesto que denotaba preocupación— ¿Sabes quién soy?
Matthew negó con la cabeza a ambas preguntas.
Lance dejó caer los hombros en gesto derrotado, y quizás algo deprimido. Pero intentó de nuevo, esta vez suavizando su voz, haciendo que perdiera por completo todo matiz autoritario y áspero, remplazándolos por una entonación más cariñosa.
—Me llamo Lance Lieutenant —dijo extendiéndole su mano, dándole una ligera sonrisa amistosa.
Matthew miró a Maleena, como esperando su aprobación. Ella le sonrió, y Matthew extendió una temblorosa mano hasta Lance, quien le dio un ligero apretón.
—Mi nombe ez "Maziu" —respondió— pero mi mamá me dize "Matt" —el resto de adultos reunidos compartieron una humorística sonrisa cómplice, pues Matthew se había presentado a ellos de la misma manera.
—¿Recuerdas mi nombre? —preguntó Lance esperanzado.
Matthew pareció un poco confundido, como si hubiera algo familiar en aquel nombre. Su apellido claro, y tal vez el nombre, pero no estaba muy seguro de esto último.
—¡Uzted ze llama como mi mamá y yo! —exclamó con sorpresa, quizás porque recordó lo de "los nombres comunes" y le pareció sumamente interesante que compartiera apellido con un extraño.
—Exacto —intervino Maleena—. ¿Sabes por qué?
Matthew negó con la cabeza tímidamente.
—Matt —dijo Maleena, suavizando su voz y pasando un brazo en los hombros de Lance, en gesto de confianza—, él es tu padre.
—¡Pedo tía dijo Angie dijo que mi papá eda el mago Howl! —exclamó Matthew contrariado, y acto seguido empezó a buscar a Howl con la mirada.
Maleena se sostuvo la cabeza tratando de no gritar. Tal vez después de todo podría ayudar a su esposo a retorcerle el cuello a su hermana.
—No, querido, tu tía estaba equivocada —siseó aquello tratando de olvidar a su hermana—. El mago Howl no es tu padre, tu padre es él —repitió señalando a Lance—. Solo que tú no te acuerdas.
Matthew le dirigió una larga mirada a Lance. Y sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas. ¡Cómo era posible que ese señor con cara seria fuera su papá y no el amable mago Howl que podía crear juguetes de la nada!
Matthew se sintió grandemente confundido. Su madre nunca le mentía, pero también confiaba mucho en su tía, después de todo pasaba mucho tiempo con ella cuando su madre se iba a esos largos viajes por su trabajo como enfermera. Y, su tía le había dicho que su padre era el mago Howl, pero como era un mago ocupado (e irresponsable, pero tal palabra le era difícil de pronunciar a Matthew), no podía verlo con frecuencia. Y, cuando había llegado al Castillo, el mago Howl había llegado allí, y había hecho magia para él, así que había terminado asumiendo que lo que le había dicho su tía era verdad.
Pero ahora, llegaba un hombre que si bien le parecía familiar, no recordaba haber visto antes, y su madre le decía que él era su papá. Pero era un hombre que parecía muy serio con ese uniforme, y Matthew siempre imaginó a su padre como un hombre amable y sonriente que le revolviera el cabello con cariño. Oh, si tan solo el mago Howl estuviera allí para que le aclarara este enredo…
Y hablando de magos que pueden conjurar juguetes de la nada, Howl volvió en ese preciso momento con cara de "¿me he perdido de algo? Todas las miradas se clavaron en él, y Maleena aun arrodillada en el suelo le dirigió una mirada suplicante. Howl comprendió de inmediato. Se acercó hasta donde estaban, y se inclinó para llegar a la altura del confundido Matthew.
—Así que ya conociste a tu padre, ¿eh campeón? —expuso Howl con una sonrisa amistosa, señalando con la barbilla en dirección a Lance.
Matthew lo miró confundido, y antes de que pudiera decir algo, Howl le explicó la situación con mucha cautela. Que se había confundido, que él no era su padre sino un viejo amigo de su familia, y que su verdadero padre era un valiente teniente del ejército que no había podido ir a verlo con frecuencia porque estaba peleando por su país. Y ese hombre por supuesto, era el Teniente Lance Lieutenant, quien estaba frente a él, esperando su respuesta.
Luego de la explicación, Howl se levantó y dejó que Matthew asimilara la información. El niño observó con curiosidad a Lance, como si evaluara las palabras de Howl y las comparara con lo que veía. Howl se alejó cautelosamente, hasta quedar junto al mago Sulliman y Calcifer al otro lado de la habitación. Matthew le dirigió una última mirada, y en respuesta Howl devolvió una sonrisa amable y señaló hacia el Teniente.
—Tu madre me dijo que te gustaban mucho los animales… —dijo Lance rompiendo el breve silencio, y Matthew asintió tímidamente en respuesta—. Así que hice esto en mis ratos libres.
A continuación, Lance se inclinó sobre su bolsa, y sacó un objeto de madera. Se trataba de un león, no pintado, pero lo suficientemente detallado para que se notara de qué animal se trataba. Le extendió el juguete a Matthew, quien lo tomó un poco dudoso, evaluándolo. Observó el rostro del león, éste mostraba un aspecto que no lucía agresivo, pero tampoco tierno por completo. Tocó la melena, sintiendo el relieve y los delgados cortes que le daban forma, y pasó sus dedos por el cuerpo de la criatura hasta llegar a la cola, lo suficientemente detallada como para que simulara las hebras de pelo del final de la misma.
—¡Ez un león! —exclamó sorprendido— ¡gaciaz!
—Me alegra que te gustara —respondió Lance sonriendo ligeramente, acariciando la cabeza de Matthew.
Era un gesto algo osado considerando que Matthew apenas lo conocía, pero éste no pareció asustarse. De hecho, dejó de mirar al juguete de madera, y su mirada se dirigió al rostro de Lance, evaluándolo con detalle, tal como había hecho con el león. Observó con cuidado su cabello negro, con pico de viuda, cayendo en la frente casi tocando sus cejas. Detalló sus ojos azules como el cielo, pequeños y agudos. Miró su nariz recta, incluso con algo de timidez llevó su mano hasta allí para tocarla. Lance no se movió, y dejó que Matthew se acercara a él. Matthew alejó su mano, sin despegar su mirada de su padre. Había un gesto de reconocimiento lejano en su rostro, como si poco a poco esas primeras memorias perdidas se reunieran en un rompecabezas en su mente, formando las imágenes de los recuerdos donde Lance había estado. Como cuando tenía tres años y le había visitado en su casa en Kingsbury. O una vez en la plaza, dejándole usar su gorra. Alguna vez en una habitación lujosa junto a él, su madre, y un hombre vestido de verde y gorra blanca. Siempre inclinado frente a él, acariciándole la cabeza.
Después de todo, tal vez, Matthew no se había olvidado de él por completo. En el fondo de su corazón, sentía que se preocupaba por él. Así que, cuando Lance retiró la mano de su cabeza y lo levantó del suelo para cargarlo, no puso objeción, sino que se dejó llevar por esa cálida sensación de que alguien lo quería, y permitió que aquel hombre vestido de soldado le cargara y lo estrechara entre sus brazos. Todo eso sin soltar aquel león de madera, que ahora cuidaría como su mejor posesión.
Inevitablemente, todos en aquella sala sonrieron de ternura ante la escena. Maleena se levantó del suelo, y se dirigió a su hijo.
—¿Ahora sí te acuerdas de papá? —preguntó Maleena dulcemente, sintiendo la corazonada de que obtendría una respuesta positiva.
Y de hecho, con algo de timidez, Matthew asintió mirando a Maleena por encima del hombro de su padre.
—Ezo creo —respondió el niño, no totalmente seguro, pero el hecho de que podía recordar a Lance, aunque fuera un poco, era ya un buen avance.
Maleena sonrió ampliamente, feliz de que su hijo finalmente pudiera compartir con su padre. Lance había servido por años en el ejército, por lo que solo le daban permiso dos veces al año de ver a su familia. Pero su madre había estado muy enferma, y temiendo que sus días se acercaran a su fin, Maleena prefirió que él visitara a su madre primero. La última vez que la familia había estado junta, había sido cuando Matthew tenía tres años de edad, y ahora casi tenía seis. Había sido muy duro, sobre todo cuando el niño preguntaba por su padre, y ella había hecho lo posible por evitar el tema. Lo último que le había dicho a Matthew sobre Lance, era que su padre era un hombre muy ocupado con su trabajo y que por eso casi nunca lo veían. Eventualmente Matthew había dejado de preguntar, y Maleena temió que comenzara a olvidar a su padre. Pero ahora, esas dos simples palabras dichas por él, significaban mucho.
—Esta vez me aseguraré que siempre me recuerdes —le respondió Lance, poniéndole su gorra a Matthew, dándole una pequeña sonrisa. Su intención era clara, sin importar el regaño que seguramente el Comandante Sanders le daría cuando regresara a la base, le dejaría la gorra a Matthew.
—¡Guau! ¡Gazias! —Matthew sonrió tan ampliamente que se podían ver sus muelas fácilmente.
—Gracias, por todo —sonrió Maleena al grupo que permanecía en la habitación, casi olvidado hasta ahora.
—Gracias por hacer esto posible —fue lo que dijo Lance, volviéndose también.
Sophie se acercó hasta Maleena para entregarle la mochila de Matthew. Era un león, su cuerpo formaba la mochila, dejando la cabeza encima, cocida junto al cierre, y las patas colgaban a los lados con pequeñas garras de color blanco. El color en general era de un tono amarillo-miel, las orejas eran rosadas y la melena estaba hecha de pequeños triángulos marrón oscuro. Los ojos eran negros y pequeños, y su hocico beige sonreía con una expresión que mezclaba alegría y orgullo. Maleena recibió la pequeña mochila, y antes de que Sophie se retirara le estrechó las manos en agradecimiento.
El grupo se despidió con gestos de adiós, y Howl se acercó hasta la puerta, acomodando el pomo para que los llevara hasta la entrada de la mansión en el valle. Cuando la puerta se abrió, la brisa nocturna enfrió la habitación, y un carruaje de dos caballos esperaba aparcado en la entrada. Obra de Howl sin duda.
Matthew lució sorprendido, y sus padres volvieron a agradecer, esta vez por el gesto.
—Vamos a casa hombrecito —dijo Lance animadamente a Matthew, desapareciendo por la puerta.
—Maleena… —llamó Howl antes de que saliera también. Metió la mano en su bolsillo, y se lo puso a Maleena en la mano—. Para su protección —le dijo, y cuando Maleena abrió la mano y vio una bolsita con un polvo plateado en su interior, supo lo que era. Un conjuro que mantendría a Lance a salvo cuando estuviera en combate, como el que una vez Howl le dio a un niño para que su padre y su barco estuvieran a salvo en altamar.
—Gracias. De verdad —le dijo ella en respuesta—. Espero que tú también seas muy feliz, como yo lo he sido.
Tras decir esto, desapareció por la puerta, la cual se cerró con el golpe de la brisa, haciendo que sin que nadie se diera cuenta, el pomo se moviera el centímetro que le quedaba para cambiar al color negro.
Howl sonrió sinceramente, pensando con satisfacción que Maleena era la primera ex novia que había dejado que no lo insultaba, golpeaba, o lanzaba algo que involucrara el proceso de ebullición. Simplemente, cada quien había tomado su camino luego de separarse, y por lo que veía, él no había sido el único que había tenido un final feliz, al lado de alguien a quien amaba de verdad. Maleena había encontrado a Lance, y Howl había encontrado a Sophie. No era el "felices para siempre" común de los cuentos, pero estaba seguro de que el suyo sería aun mejor que un "vivieron felices y comieron perdices". Claro, dejando de lado que a Howl no le gustaban mucho las perdices…
La mochila de Matthew es una referencia a Kon de Bleach~
Yyy si pensaron que este es el final, están equivocados~. El capítulo final será el siguiente~ ¡sí! O como diría Matthew ¡zí! Y como soy mala, lo subiré la próxima semana :P
—Fanfiction, 19 de Marzo de 2014.
