Esta es una historia alterna escrita sólo para entretenimiento, basada en el anime de Kyoto Misuki. Las situaciones y actitudes de los personajes son producto de mi imaginación y autoría.

Un Compromiso

Capítulo 14

Por Sofía Morrison

Chicago

-Albert…- el silbido del tren sonaba. Ya casi partía.

Él, al escucharla, dejó de caminar.

"No des la vuelta. No regreses. Vete. Ella no es para ti. Vete. No hagas algo de cual podrías arrepentirte. Controla tus impulsos." Se repetía Albert. Pero una voz pequeña le repetía "hazlo".

Se giró y caminó rápidamente hacia ella. Puso un pie arriba del tren, la tomó entre sus brazos y le dio un beso en los labios. Después del beso, que debió durar un segundo o dos, él se giró murmurando "perdóname".

Albert caminó, sin pensar en nada. Se alejaba lo más rápido que podía; quería salir de allí.

"Oh Candy. Jamás me lo perdonarás. ¿Por qué fui tan idiota? No debí, no debí. Mi dulce Candy. ¿Y si no quiere hablarme nunca más? Bien merecido me lo tendría. Le falté al respeto. Me siento tan culpable… Nada vale la pena si Candy enoja conmigo. Me hice la tonta ilusión de ser correspondido por un momento. Pero fue sólo una ilusión. Ella nunca me correspondería. Acéptalo. Ella ama a Terry. Y por tu imprudencia tal vez no la vuelvas a ver…"

Albert, confundido y lleno de arrepentimiento, caminó hasta su auto y manejó rumbo al departamento. Cerró la puerta y se sentó en el suelo. La cabeza le daba vueltas. Se tocó los labios. Por unos segundos, sus labios rozaron los de Candy. Por unos dulces segundos, el mundo se detuvo.

Mientras él se sumía en sus pensamientos, recreando en su mente el breve beso, llamaron a la puerta.

-Ah, hola Stear.- dijo Albert, tratando de ocultar todo lo acontecido. Stear lo miró sospechoso.

-Hola Albert. ¿Puedo pasar?- preguntó. Albert se hizo a un lado.

-Claro, entra. ¿Quieres agua o algo?- preguntó siendo cortés.

-No, nada. Estoy bien, gracias.- dijo sentándose en el sillón. Albert se sentó con él.

-Albert, ¿estás bien?- Stear lo notaba extraño. Se veía distraído, pensativo.

-…

-¿Albert?

-Ah, sí, ¿decías?- preguntó Albert, volviendo a la tierra.

-Estás realmente extraño. Puedes decirme si sucede algo.

Albert recordó que había decidido contarle a Stear sobre su pasado.

-Stear, hay algo que debo confesarte. Bueno, muchas cosas en realidad. Verás Stear…- comenzó Albert a relatarle su pasado.

-¿Recuerdas a la madre de Anthony, Rosemary?- Stear asintió. –Era mi hermana. Anthony era mi sobrino de sangre y tanto tú como Archie son mis sobrinos lejanos. Yo… Yo soy el tío abuelo William.- dijo Albert. Stear iba a reír, hasta que vio la seriedad de Albert.

-¿Albert? ¿Es en serio? ¿Pero cómo?- preguntó confundido.

-Quería viajar y conocer, antes de sumergirme para siempre en los negocios. Por eso, después de la muerte de Rosemary me dediqué a viajar y a vivir como Albert, el vagabundo.

-Entonces tú adoptaste a Candy.- dijo Stear después de un largo silencio.

-Sí. Aún recuerdo sus cartas pidiéndome que la adoptara. Yo los mandé al colegio pero siempre estuve cuidándolos.

-Entonces tú eres el padre adoptivo de Candy.

-Pues, legalmente sí.

-Entonces tú eres el padre adoptivo de Candy.

-Bueno… Yo diría que más amigo que padre.- dijo Albert, ante la incomodidad.

-Entonces tú eres el padre adoptivo de Candy.

-Bueno, creo que ya cubrimos ese aspecto.

-Vaya, Albert. Pero qué sorpresa.- dijo Stear riendo. –Todos pensábamos que el tío abuelo sería un anciano moribundo y resulta que está tan joven y sano como nosotros.

-La vida te da sorpresas.- dijo sonriendo.

-¿Candy ya lo sabe?

-No. No me atreví. Ella tiene demasiados problemas con lo de Terry.

-Es cierto. De todos modos, Candy debería saberlo. Después de todo, has hecho muchas cosas por ella. Como Albert y como el tío abuelo William.

-Tienes razón pero ya se ha ido. Además… -Albert dudó. Por un momento quiso decirle a su sobrino sobre su amor por Candy.

-Además, ¿qué?

-Nada.

-Albert, dime.

-No, no es nada.

-Albert, ya empezaste a hablar, ahora dime.- insistió Stear. –Quien mejor para ayudarte que tu sobrino favorito.- Albert sonrió.

-Stear, lo que te acabo de revelar sobre mi verdadero nombre…

-¿Es mentira?- interrumpió Stear.

-¡No! Es algo que tanto tu hermano como todos sabrán muy pronto, pues seré presentado a la sociedad próximamente. Sin embargo, lo que te diré a continuación no debes decírselo a nadie.

-Confía en mí, tío.- dijo Stear con un guiño. Albert suspiró. ¿Se estaría equivocando al confiar en él?

-Yo… Amo a Candy.

-Sí, eso es obvio. Después de todo lo que has hecho por ella, lo raro sería que no la amaras.

-No, no me refiero a eso. Stear, estoy enamorado de ella. El tiempo que cuidó de mí y mi amnesia hicieron que la viera con otros ojos.

-Otros a los de ser su padre adoptivo.

-Sí. La amo, como jamás he amado a alguien.

-¿Ella lo sabe?

-No.

-Pues ¿por qué no se lo dices?

-No lo creo conveniente. No tiene caso. Ella ama a Terry y mi confesión sólo arruinaría las cosas entre nosotros.- dijo él suspirando. Stear le palmeó la espalda.

-Tranquilo Albert. Estoy contigo.

-Gracias Stear. Aunque…- Albert recordó el beso. –Probablemente ella ya lo sabe.

-¿Por qué lo dices?

-La besé.- confesó Albert.

-¡¿Qué?!- gritó Stear.

En El Tren

Candy estaba sentada, sumida en sus pensamientos. ¿Qué acababa de pasar? ¿Albert la había besado? No, no podía ser posible. Candy se tocó los labios. Le temblaban. Sí había pasado; Albert le había robado un beso, como Terry hace ya varios años. Aunque no fue igual que con Terry. Al pobre Terry le había dado una bofetada. ¿Por qué a Albert no? Fue demasiado rápido como para que ella reaccionara. Se sintió un poco mareada. Albert la había besado… Volvió a tocarse la boca.

Nueva York

-¿A qué hora te irás?- preguntó Terry.

-Después de comer, para que me dé tiempo.- dijo Susana.

-¿Entonces te quedas a comer?

-Si me invitas, sí.- dijo ella con una sonrisa.

-No.

-Entonces me voy.- dijo Susana levantándose.

-No, no. Era broma.- dijo Terry sosteniéndola del brazo. Susana se sonrojó y se volvió a sentar. –Quédate.

-Sí.- dijo ella, intentando controlar su rubor. -¿Sabes cuándo llegará Candy?

Terry negó con la cabeza. No había pensado en ella hasta ese momento.

-No lleva muchos días lejos.

-Supongo no tardará en volver.

-Supongo.- dijo Terry.

A pesar del amor que sentía por Candy, no le apetecía hablar de ella. Ni pensar en ella. Cada que Candy surgía en su cabeza surgían también los comentarios envidiosos de Eliza. Y su duda crecía.

-Y ¿te ha gustado el departamento?

-Sí, mucho. Te agradezco muchísimo.- Susana recordó a Eliza. Esa joven no había ido a visitar a Terry. Creyó conveniente mencionarla. –Oye Terry…

Llamaron a la puerta.

-Adelante.- dijo Terry y vio a su madre asomarse.

-Hola jóvenes. Vine a ver cómo sigues.- preguntó sonriendo.

-Cada día me siento mejor. Me han estado cuidando muy bien.- dijo con un guiño mirando a Susana. Ella se sonrojó.

-Me alegro mucho y te agradezco Susana.

-No se preocupe. Lo hago con mucho gusto.- dijo ella sonriendo.

-Bueno. ¿Les molesta si me quedo un rato? Tengo el día libre de ensayos.- dijo sentándose.

-¿Ensayos?- preguntó Terry. Eleanor sonrió.

-Así es. Seré Cleopatra en una nueva puesta en escena.

-¡Qué bien! Muchas felicidades Eleanor.- dijo Susana.

-Felicidades madre. Curiosamente Susana me ha leído la obra. Sé que lo harás excelente.

-Gracias hijo.

Chicago

Después de conversar, Stear insistió en acompañar a Albert con George. Albert condujo hasta la mansión en Chicago, donde George lo esperaba en el despacho.

-Joven Alistear, qué sorpresa.- dijo George al verlos.

-Hola George.

-George, le he contado todo a Stear. Insistió en acompañarme aquí, para hablar de los negocios familiares.

-Muy bien, William. Tomen asiento; hay que discutir algunos aspectos económicos.- dijo George.

Justo cuando George sacaba unos papeles del escritorio, escucharon unas voces afuera de la habitación.

-¡¿Cómo que el señor está aquí?!- gritó la tía abuela al ama de llaves y abrió la puerta de par en par. -¡William!- gritó al verlo, corriendo hacia él y llorando.

Albert la abrazó, confundido pues nunca la había visto tan afectiva.

-William, estábamos tan preocupados por ti. Temí lo peor, William.- dijo ella aún abrazándolo.

-Tranquila tía. Estoy bien. Ya le contaré todo con más calma. Pero primero tranquilícese.- dijo Albert sonriendo.

-Lo quiero saber ahora mismo. Explícate. ¿Por qué me has mantenido tan angustiada por tu paradero los últimos meses?- exigió la tía abuela.

-Tranquila tía. George, ¿podemos dejar esto para más tarde?- pidió Albert, al ver a su tía tan decidida. George sonrió y asintió. –Stear, si quieres…

-¿Stear? ¿Qué estás haciendo aquí?- preguntó la tía.

-¿Yo? Eh… pues… es que yo…- Stear comenzó a tartamudear.

-Yo lo invité, tía. Él ya lo sabe todo. Se lo he contado esta mañana. Stear, si nos disculpas, te veré más tarde. Si quieres llévate el coche o…

-Señor William, el joven Stear podría quedarse conmigo revisando los papeles.- sugirió George. –Después de todo, los bienes familiares lo incluyen a él también.

-Sí, con gusto George. –dijo Stear.

-De acuerdo. Vamos a tomar un té, tía.- dijo Albert, ofreciéndole el brazo a su tía.

La tía abuela no podía ocultar su alivio. Tanto tiempo preocupada sin saber nada de su sobrino favorito. Se sintió a morir de la angustia. Al fin lo tenía ahí, a su lado. Aunque no estaba del todo feliz puesto que él le debía una muy buena explicación por su ausencia.

Nueva York

Candy bajaba del tren. Había llegado a Nueva York. Por supuesto, no había nadie esperándola en la estación, así que tomó su maleta y pidió un taxi.

"¿Debería decirle a Terry sobre el beso? Oh, Candy. Claro que no. Terry se moriría. No, es mejor no decirle. Además, ni siquiera sabría explicarle qué pasó, porque ni yo misma sé qué sucedió. ¿Por qué me habrá besado Albert? ¿Acaso sentirá algo por mí?"

-¿A dónde?

-Al hospital...- dijo Candy al cochero. -¡Hospital! ¡Pero qué tonta! ¡Se me olvidó ir a renunciar!

-Terry, ¿ya sabes cuándo volverá Candy?- preguntó Eleanor mientras todos comían.

Terry se sintió mareado ante la pregunta. Tragó saliva.

-Aún no.

-No debe tardar. Esperemos regrese muy pronto.- dijo Susana sonriendo. –Este pan sabe muy bien. ¿Ya lo probaste Eleanor?- dijo ella tratando de cambiar de tema. Terry se lo agradeció mentalmente.

"¿Qué haré ahora? Ni modo de volver a irme. Tendré que enviarle una carta al doctor Lenard. Pero no sé la dirección del hospital. Podría mandársela a Albert, pidiéndole que la lleve al hospital. Sin embargo, no sé cómo dirigirme a Albert después de lo ocurrido."

-Mejor lléveme a la cafetería más cercana.- pidió Candy. Quería escribir la carta para Albert lo más pronto posible, sin que nadie la viera. La del doctor la podría escribir después. Para la de Albert necesitaba estar sola.

Chicago

Neil se encontraba en su habitación, sonriente. Ya había mandado el telegrama a su hermana.

"Albert y Candy se besaron en la estación de Chicago. Ella va a NY. Quizás sea bueno que revises su correo. Tu hermano."

Continuará…

Una disculpa por la demora, pero ya estamos aquí de nuevo. Comentarios, opiniones, sugerencias, Reviews por favor. Muchas gracias a todos por leerme y gracias por sus reviews a Jenny, Blackcat2010, Josie (me encantan tus comentarios jajaja), Lizvet Aldray, Chiquita Andrew, Lila, Wandissima, Paolau2, Lady Lyuva Sol (mil gracias y tranquila, todo será rosita, lo prometo), CandyFan72 y Kitten Andrew (amiga, mil gracias por tu comentario) Besos, nos leemos pronto.