Si lo sé, perdón por la tardanza. Pero de como les había adelantado estuve con parciales y próximamente finales en la facultad.
No los demoro más, nos vemos abajo.
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************** Capítulo 13 ************
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"Sé cuidadoso al pedir deseos en la oscuridad. Mientras tanto yo sueño con destrozarte. Así que ahora el mundo no puede llegar a mí. Solo tengo que sacarte de la jaula, soy un joven amante de la rabia, que voy a necesitar una chispa para encenderlo. Y al final todo colisiona, mi infancia escupió de vuelta al monstruo que tú ves..."
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Estaba tan oscuro que la lluvia se había acabado tan solo hace un par de horas atrás, pero las nubes negras aún seguían sobre mí.
Miré a lo lejos la tienda.
─ ¿Y por qué un niño de dos años necesitaba leche?─ pensé─ Sí, porque estaba en edad de crecimiento, ¿y por qué era yo la que iba?
Bufé, desde que mi padre se levantó con una gripe de muerte y mi pequeño hermano se contagió, mi madre estaba exhausta. Y yo era la afortunada de comprar los víveres.
Maldije una vez más porque iba a encontrarme con los chicos en la noche, pero es más que claro que debía dejarle las cosas para la cena antes.
Caminé un par de cuadras más hasta entrar a la tienda.
Leche. Pan. Carne. Todo cae dentro de mi canasto. Me acerqué al mostrador y pagué.
Desde que salí del negocio tenía una sensación extraña, cada diez o veinte pasos veía hacia tras, sentía que alguien me seguía, pero… creo que debo estar loca.
Caminé un par de cuadras más cuando un escalofrío me llegó antes de escuchar…
─ ¿A dónde vas rubita?—seguí caminando sin mirar —. Vamos, hazme compañía que es una noche muy fría.
Caminé más rápido.
Abracé los víveres y me cerré la chamarra.
Casi empecé a correr cuando su aliento putrefacto lo sentí en mi nuca y una mano llegó a mi hombro, haciéndome girar tan rápido que estuve al borde de caerme.
─Vamos, no te hagas la difícil.
Tiré todo lo que había comprado, quise escapar, pero a pesar de tambalearse cruzó su mano por mi rostro dejándome aturdida, lo siguiente que sentí fue un empujón y sus asquerosas manos tratando de llegar a mi saco.
─ Vamos rubita, vamos que la vamos a pasar bien.
─No, por favor no.
─Dale, no te resistas.
De mi rostro caían lágrimas, estaba indefensa contra un hombre del doble de mi tamaño. En un movimiento rápido me giró, colocándome cara a la pared. Lo sentí en mi nuca, sus manos pasaron por mi pecho hasta que llegaron al botón del pantalón.
Estaba indefensa. Sola. Perdida.
Sus manos abrieron el botón delantero al tiempo que dejaron de tocarme. No sólo sus manos sino su cuerpo ya no me aprisionaban contra la pared. Con miedo me giré y lo vi tirado en el piso sobre él un hombre de cabello azabache golpeándolo.
─Te mataré.
Una. Dos. Tres. Cuatro golpes certeros en el rostro. Yo temblaba, me abracé mí misma.
─Darien, déjalo.
Levanté el rostro y reconocí a Seiya al lado de Mina que venían corriendo. Al llegar separaron a Darien de mi agresor.
─Cálmate, ¿no ves cómo esta Serena?
Fue cuando vi a los ojos a mi mejor amigo.
Tenían una lucha interna por acabar con el hombre que me atacó o consolarme. Por suerte ganó lo segundo.
─ ¿Estas bien? ¿Te hizo algo?
Negué y me arrojé a sus brazos abrazándolo fuerte.
─ ¿Te tocó?
─No.
─Dime la verdad. Lo mataré, juró que lo mataré. Mataré a cualquiera que quiera hacerte daño.
Lo abracé y negué una vez más.
Vi a Mina llamando la policía. Lo único que yo podía ver era los víveres desparramados en la acera, aunque en brazos de Darien me sentía segura…. O eso creía.
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Esto era irreal, no podía ser cierto.
Con el dorso de mi mano me limpié las lágrimas que caían a raudales por mis ojos. Negar lo que veía, negarlo, era casi imposible. Negarme a mí lo que estaba tan claro como el agua era imposible.
─Déjame explicarte.
Lo miré y negué, tampoco lo podía ver… Estaba shockeada y confundida.
¿Esto era mi culpa?
Quería creerle al hombre frente a mí, me pedía que le creyera. Pero… ¿podía creerle? Él tenía el cuchillo en su mano.
Miré alrededor, todas las ventanas y puertas estaban cerradas. Parpadeé.
─Serena.
Lo miré.
─Vete…─negó─. Kun viene en camino con policías. Vete.
─No, yo…
─VETE ─terminé gritándole.
Asintió entendiendo que si se quedaba estaría preso no más que entre el primer oficial.
Salió prácticamente corriendo, una vez que pude convencer a mi cuerpo a moverse caminé hasta Ami.
─Lo siento amiga.
Cerré sus ojos y me levanté en búsqueda de una manta para cubrirla.
Al tiempo que la colocaba entraba por la puerta Kun y detrás de él dos oficiales. Mi amigo fue a mi lado y me abrazó.
─Lo siento Serena
Asentí, ¿Que más podía hacer?
─Señorita─ me llamó un oficial─. ¿Cuándo llegó vio a alguien?
Pensé solo un instante. Cerré mis ojos y negué.
─Revisaremos el lugar. ─dijo él otro, mientras llamaban para que se lleven el cuerpo de mi amiga.
Me levanté del sillón donde estaba y caminé por la sala de Ami mientras que Kun me observaba. Llevé mi mano a los muebles y sin darme cuenta llegué a la ventana cerrada. Me acerqué al vidrio y miré por ella. Limpié una lágrima que corría libre por mi rostro sin mi permiso.
Fui a la traba para abrirla, pero me di cuenta que no estaba cerrada. La levanté lo más alto que pude, y aunque fue pesada logré subirla en su totalidad, pero al soltarla cedió cerrándose por completo.
─Lo siento ─dije a los oficiales que me vieron al escuchar el tremendo ruido que se produjo.
Kun se acercó.
─ ¿Estas bien?
Lo miré, algo me empezó a extrañar o quizás a entender, todavía no lo sabía.
─Ayúdame ─ Kun se acercó hasta la ventana para poder subirla y que yo viera─ Sostenla.
Asintió.
Me asomé a través de ella y vi lo que había llamado mi atención antes… Era la escalera de incendio que se podía acceder a través de ella.
Miré hacia arriba y hacia abajo no parecía que nadie la haya usado en años. Un ruido cerca del piso me llamó la atención, pero no podía verlo bien. Esa parte del edificio daba a un callejón bastante oscuro.
Entré y Kun dejo caer la ventana.
─ ¿Encontraste algo?
─No lo sé.
La puerta se abrió distrayéndome de lo que estábamos hablando. Por allí entró una camilla y posteriormente levantaron el cuerpo de Ami llevándoselo a la morgue según dijeron los oficiales. Le harían una autopsia.
Salimos de allí dejando al equipo de criminología trabajar en la escena, hacía unos minutos que habían llegado al lugar. Al salir del edificio levanté la vista y me culpé por no ver lo que pasaba ante mí y ahora ya era tarde. Pensé en tantas señales que ignoré y ahora… Ahora, Ami estaba muerta.
Antes de subir al auto me di cuenta que no había visto el callejón, caminé hasta allí, lo único que encontré fue el contenedor de la basura y arriba de él la escalera de incendio oxidada, un soplo de viento hizo que chillara y mover el final de la escalerilla, por lo menos hacía años que nadie la usaba.
─Serena vámonos, no te hace bien─ miré a Kun realmente se veía muy preocupado─ Mina está en camino a tu casa, te hará bien hablar con ella. También está mal por Ami.
Asentí y me dejé llevar al auto.
Lo acompañé en silencio, estaba entre shockeada y con ganas de matarme. Una pregunta me venía a mi mente. ¿Sería yo capaz de contaminar a la gente que está a mi alrededor? Porque hoy sabía que sí. Si Ami no hubiese sido mi amiga, mi empleada ella nunca hubiese conocido a quien la acuchilló a sangre fría.
No habíamos terminado de estacionar el auto cuando Mina se abalanzó sobre la puerta del auto para abrazarme. Lloraba desconsoladamente y yo aún no podía entender que Ami no estuviese más.
Subimos a mi departamento y me senté en mi sillón. Mina a mi lado y Diana entre mis piernas.
Kun nos preparaba un té.
─Agarraremos a ese hombre─ Mi loca amiga miró a su novio─. ¿No es cierto amor?
Él asintió, y ella volvió a mirarme a mí.
Se quedaron por un par de horas. Era ya pasada la medianoche y estaba sentada en la silla del balcón con un café en la mano y mi celular. Darien me envió un mensaje queriendo saber cómo estaba y pidiéndome que le creyera. Quería explicarme que hacia allí. Pero no me atrevía a responderle aún.
Dejé el aparato a mi costado y me abracé a mis rodillas enterrando mi cabeza entre ellas. ¿Sería realmente mi culpa?
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─Serena ven adentro, debes dormir─. Levanté el rostro y la luz empezaba a molestar a mis ojos.
Con una mano sobre mi hombro estaba Mina mirándome y por como vestía debía irse a la oficina.
─ ¿Puedes llevarme? ─ella negó─. No estoy para manejar.
─No estas para estar de pie, ve, duerme que yo me hago cargo de tus pendientes. Debiste haber estado toda la noche en el balcón ¿No es cierto?
La miré agradecida porque de verdad no podía lidiar con esto. Todavía estaba el tema de Darien, ¿Cómo y porque estaba ahí? ¿Realmente él la mató?
Me acosté y hasta que el comunicador de recepción no sonó no tuve voluntad para levantarme.
─Diga.
─Señorita ¿un hombre llamado Darien Shields dice que viene a verla? ¿Lo hago subir?
Miré la hora, eran las cuatro de la tarde. Suspiré, era hora de enfrentarlo, no podía retrasarlo más.
─Está bien, que suba.
Colgué y fui a arreglarme un poco. El timbre sonó al tiempo que ingresaba en la sala.
─Pasa.
Darien asintió.
─ ¿Quieres tomar algo?
Lo trataba como un desconocido, pero no sabía cómo debería tratarlo.
─No quiero. Quiero que hablemos. Supe que no fuiste a la oficina ─ asentí ─. Créeme no la maté.
Me senté en los sillones y él enfrente de mí.
─Cuéntame desde el principio.
Me miró un instante, respiró profundo, y por un instante vi duda en él. Sus ojos cambiaban a cada instante, aquel azul zafiro profundo y puro era solo un vestigio del color oscuro que reflejaba ahora. ¿Sería tan oscuro como sus pecados?
─No la maté ─me miró, esperando una respuesta mía que nunca llegó. Volvió a suspirar y bajó su cabeza─. Te dije que me encargaría de ella, de lo que pasaba con ella, me había enviados miles de mensaje, cosas que no comprendía... Hasta ahora. ─me miró de nuevo─. Ella salía con alguien que hace lo mismo que yo...
─Es un gigolo.
Asintió y vi culpa en su mirada.
─Ami no sabía cómo era él. Traté de cuidarla y aconsejarla, pero a ella le gustaba mucho y a él le gusta jugar rudo. Me refiero que le excita los golpes, súplicas y gritos ─me miró solo asentí para que siguiera─. Al principio pensé que desistiría, al ver cómo era realmente, pero no, Ami siguió viéndolo. La primera vez que lo vi había venido a buscarla. Él me conocía, sabía lo que hacía pero me ignoró... Esa vez.
Se agarró la cabeza metiéndola entre sus manos.
─Es mi culpa, debí apartarla, ayudarla, no sé... hasta la podría haber obligado a dejarlo... Pero se veía tan feliz, tan enamorada de él, pensé que lo cambiaría. Pero a un viejo zorro no le cambias los hábitos. La empezó a humillar, a maltratarla, a golpearla y a utilizarla para desquitarse de su frustración al igual que de su necesidad. Fue cuando comenzó a pedirme ayuda, por accidente reveló lo que hice en Estados Unidos. Vino pidiéndome consuelo, amparo, ella no quería involucrarse más. Él lo supo y la castigaba. Ese hombre pensaba que me contrataba a mí porque él era poco hombre. En ocasiones tuve que acceder a ciertas cosas para que no lo divulguen y que Ami no saliera tan lastimada.
─ ¿Te acostaste con Ami?
Pregunté directamente sin rodeo, y con el corazón angustiado, estrujado como osito bimbo después del lavarropa.
─No ─negó rápidamente─. Su dominante le gusta el exhibicionismo y le gustaba que lo graben, en una ocasión me obligó a que le prepare sus juguetes y...
Levanté la mano porque era demasiado.
─Basta, no necesito detalles.
─De acuerdo, era solo…─me vio y calló─. Aquella mañana me pidió ayuda para salir de eso. No quise, y volvió a enviarme fotos de cuando estaba en Estados Unidos y trabajaba─ asentí, aunque tenía el estómago revuelto─. Decidí terminar, tú lo sabías y me habías perdonado. Cuando llegué a su piso escuché una discusión y luego un grito. Corrí hasta su puerta abriéndola de golpe, y vi a Ami tirada en el piso. Estaba impactado por la escena, cuando me acerqué vi el cuchillo en su estómago, rápidamente tenía que sujetar la navaja para que no saliera más sangre y resistiera hasta que llegue una ambulancia. Escuché algo, ahora lo sé, pero en ese momento buscaba desesperado algo que fijara la herida entonces Ami me llamó. Me dijo que te cuidara que vendrían por ti. Era tan solo un susurro que me tuve que inclinar sobre su rostro, y con una mano fijé el cuchillo. Serena juro que trate de salvarla. Pero cuando entraste al piso, con tu presencia y mi miedo, hice la estupidez de levantarme y con ello saque el cuchillo de su cuerpo.
Lo miré incrédula, ¿era ingenua o me decía la verdad? Como podía saber si era cierto. Sentí mis manos, que estaban en forma de puño sobre mis piernas, las sentí mojarse fue cuando entendí que estaba llorando.
─Por favor, debes creerme, Serena. Yo no la maté.
Su insistencia era mi más grande duda. Porque juraba y volvía a jurar que le creyera. A pesar de todo, su historia encajaba a la perfección, solo por un detalle, las ventanas estaban cerradas y la puerta… me hubiese cruzado con alguien de ser así.
Lo miré, me limpié las lágrimas y levantándome me acerqué al ventanal.
─Quiero creerte... De verdad, quiero hacerlo─ me di vuelta para mirarlo.
─Pero no puedes… ─concluyó─ No me crees.
Me limpié más lágrimas.
─Quiero hacerlo, pero… estás cambiado. Todo. Todo tú eres distinto, si fueras aquel adolescente, quizás, te podría creer con ojos cerrados, pero el hombre que tengo aquí, no sé si me está tratando de engañar o me está diciendo la verdad.
Me tomó en sus brazos y me hizo mirarlo a la cara.
─Te amo, lo sabes ─asentí─. No podría mentirte, a ti nunca, porque sabes quién soy, sabes que siempre te voy a decir la verdad.
Me separé de él y me giré para darle la espalda.
─Déjame pensarlo, por favor.
─No se trata de pensar, se trata de creer ─hizo una pausa y siguió─. ¿Acaso me culparas por mantenerlo en secreto? me avergüenza esa parte de mi historia. Yo te perdoné, perdoné todos tus secretos... Todos.
Y fue el puñal que me clavó en el centro de mi pecho… Que tan lejos estaba de entender todos mis secretos, todo lo que me alejaba de él, todo era una palabra demasiado grande para mí.
─Está bien, entiendo ─hizo una pausa─. Solo recuerda que te amo y esperaré a que tomes la decisión. Siempre estaré esperando por ti.
Me abracé a mí misma mientras que las lágrimas caían un a raudales una detrás de las de otras.
Escuché sus pasos ir a la salida del departamento, escuché cuando se detuvo un instante para observarme, y luego volver su camino hacia la salida. Escuché la puerta abrirse, y levanté mi rostro para suplicar sabiduría, para hacer lo correcto, saber... ¿Qué es lo que debía hacer? ¿Creer a mi corazón o a los hechos?
Me sequé las lágrimas al tiempo que me di cuenta que la puerta nunca se cerró.
Giré y caminé hacia ella. Fue cuando lo vi parado, quieto, como una estatua hasta podría llamarse petrificado ¿Qué era lo que le ocurría?
Me adelanté un poco y la petrificada fui yo… Salvo que mi boca si reaccionó pero no pensó.
─ ¿Qué demonios haces aquí?
Mi grito sacó del aturdimiento a Darien y a la pequeña de diez años que me miraban fijamente en la entrada de mi casa.
─Mamá.
Ella gritó esquivando al hombre y arrojándose a mis brazos. Le correspondí tan rápido como extendió sus brazos.
La miré, era imposible, y al mismo tiempo demasiado peligroso. Me puse a su nivel.
─ ¿Dónde están los tíos?
Hizo un adorable puchero.
─Estaba aburrida, el tío Andrew está con la tía Lita en el hospital, Motoki tiene una fiebre terrible y me dijeron que vaya con la vecina, pero ella es aburrida. Entonces vine. Te extrañaba mucho.
Volvió a aferrarse a mí y me levanté. Darien nos observaba con ojos desorbitados parecía que su cerebro recién empezaba a entender lo que sucedía.
─Es... es... ─parecía que estaba saliendo de su petrificación─. Es idéntica a ti de niña.
Miré a la niña, una perfecta mujercita de diez años de lacio cabello rubio, pero esos ojos, sí, esos no eran los míos.
─Sí.
─Es tu hija…es... ─su comprensión también estaba saliendo del aturdimiento─ Me mentiste, demonios me dijiste que estaba muerta. Me ocultaste a Sagira.
Y en lugar de poder contestar, alguien lo hizo por mí.
─ ¿Cómo conociste a mi hermanita?
Darien parpadeó, la miró y luego a mí. Mi pequeña estaba entre los dos, gracias a dios.
─ ¿Quién eres?
─Soy Cielo… Cielo Tsukino. ¿Y usted cómo se llama? ¿Eres amigo de mi mamá? ─la miró, pero al verme a mi otra vez había ira, dolor, resentimiento una mirada que era capaz de hallar el puñal que poco a poco había sido clavado dentro mi ser.
Se dio media vuelta y se fue.
─Cielo ve con Diana y después vamos hablar.─ Volvió hacer un puchero.
Corrí hasta ver a Darien en los ascensores apretando rápidamente los botones para llamarlo, al verme se volteó hecho una furia.
─ERAN DOS, DEMONIOS ERAN DOS. MALDITA SEAS.
─Espera yo…
─NO, hablaremos después ─las puertas del ascensor se abrieron y entró─. Porque si lo hago ahora, te juro que te mato.
Y con eso las puertas se cerraron. Más lágrimas volvieron a salir de mí.
─Siempre sospeché que habías tenido un hijo.
Una voz a mi espalda me devolvió a la realidad.
─Mina ─la miré con dolor─. Lo siento.
Ella negó.
─Déjame conocer a mi sobrina.
Entramos a mi departamento y apenas que la vio sus ojos se iluminaron. Era la mejor mirada que pude ver en estos días.
─Tía Mina ─mi hija le gritó tirándose a sus brazos.
─ ¿Ella me conoce?
Asentí.
─Mi mamá y tía Lita siempre me contaron historias de ustedes.
─Espero que solo las buenas.
Ambas se rieron y juntas fueron al sillón. Quería desarmarme, llorar, gritar, pero una poderosa razón llegó a mi puerta y me contuve. Ojalá se hubiese enterado de la forma que preparé todos estos años, solo necesitaba unos meses.
Sacudí mi cabeza y puse a hacer café, debería llamar a Andrew que seguramente debía estar asustado. Miré a mi hija hablar con Mina como si siempre la hubiese conocido y una pregunta vino a mi mente ¿Cómo hizo para salir de Australia?
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Después de hablar con mi amigo y convencerlo de que no fue su culpa me contó cómo estaba su hijo.
Fuerte como su madre, ya tenía el alta, y en un par de horas estarían en su hogar. Una vez instalado viajaba a buscar a Cielo.
Mina no se separó de ella, pero al negarme que se la lleve al cine me miró muy desilusionada con una mezcla de tristeza, pero en sus ojos había más preocupación que desilusión.
A diferencia de todos, mi hija no se tomó nada bien la vuelta a Australia. Andrew parecía calmado y tranquilo cuando lo llamé. Lo que no comprendía mi hija era la cantidad de maldad que caería sobre ella si no lograba limpiar mis asuntos pendientes antes que ella saliera a luz, antes que el fin llegue, antes… antes que el reloj diga basta.
Mirarla era sentir una de las mejores cosas que me dio la vida, verla era sentir que lo que hacía era correcto. Darle una vida, una paz que yo nunca tuve... Quizás Darien ahora no lo entienda, pero cuando llegue el momento exacto él lo sabrá, sabrá la última parte de mi verdad, sabrá el verdadero motivo por el que no puedo dejar esta lucha interna y la lucha contra ellos.
─Estoy lista mami─ Cielo me sacó de mis pensamientos turbios.
La abracé fuerte… muy fuerte antes que el viento se la lleve.
─Vamos, el Tío Artemis nos espera.
─ ¿Veré a Helios?─ preguntó con su inocencia intacta.
Asentí.
Salió de la habitación y saludó a Mina con un fuerte abrazo, ella me miró, me suplicó en su mirada pero no podía dejarla en Japón… Aun no era el tiempo.
─ ¿Cierras?─Le dije a Mina.
Ella asintió y con eso nos fuimos.
El viaje en auto fue alegre, me contó lo que le hizo a la vecina solo para venir acá… Dios, tenía solo diez años y pensaba como un adulto.
Me reía tan fuerte cuando me dijo...
─Me acerqué a una pareja y le dije que mi tío estaba en el avión, pero corrió más rápido que yo. Se nos hacía tarde y entró antes porque quería un dulce de la máquina.
─Pero... ¿Ellos se lo creyeron?
─Soy actriz mami… obvio, que sí.
Puso su cara de angelito-demonio. Me reí más fuerte.
─ ¿Y en el avión?
Encorvó sus hombros y levantó un dedo.
─Recuerdas a "mi pobre angelito" ─Asentí─. Exactamente igual, marqué a un hombre de espalda y listo.
Creo que me faltó aire para reírme, Cielo tenía esa inocencia que alguna vez tuve, que alguna vez tuvo su padre.
Llegar a la casa de Artemis no fue tan largo como hubiese querido. No había terminado de estacionar que él nos abrió las puertas. Mientras mi pequeña se arrojaba a los brazos de su tío, Helios fue a los míos.
─Entremos Mulita.
Helios siguió a Cielo hasta el cuarto de juego, y ambos se internaron por unas horas hasta que llegara mi amigo de Australia.
─Toma.
Artemis me alcanzó una taza de té.
─Gracias.
─ ¿Cómo estás? ─ Lo mire sin entender─ ¿Cómo se lo tomó?
Dejé la taza en la mesa y suspiré. Dios parecía que no podía dejar de hacer ese movimiento.
─Peor de lo que pensé.
─Te dije que le contaras el resto de la historia ─Tomó un sorbo de su té y me miró─. No se lo dijiste ¿verdad?
─No ─hice una pausa─. Salió enfurecido… Como podría decirle el resto, hubiese sido una locura.
─Nadie puede saberlo hasta que se enfrentas contra ello.
Lo miré, pero no. No podía.
─Dime ─me preguntó─. ¿Cielo sabe que ese hombre es su padre?
─No.
─Serena─ lo miré a los ojos porque cada vez que él me hablaba yo bajaba la cabeza. Lo peor es que jamás me llamaba por mi nombre si realmente no era importante─. Estas matándote de a poco, no mereces ser feliz y tener esa familia que siempre anhelaste.
─Sabes que para mí es imposible─ agarré mi té y me lo tomé de golpe─. Solo deseo que no la culpe a ella.
─ ¿Y ella no te culpará a ti? Mulita es hora de romper las barreras y hablar, será peor después, imagínate que se entere de otra forma ¿Qué harías?
Me callé porque si hablaba yo… cerré los ojos.
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El timbre sonó un par de horas después que llegamos a la casa.
─Aún tienes dolor ─Asentí a mi amigo porque la cabeza me dolía hoy más que nunca.
Entre el cansancio y el dolor dentro de mí creo que casi no podré avanzar mucho más, por lo menos por hoy.
─ Tómate esta pastilla, voy abrir.
Le agradecí solo con mirarlo, me protegía tanto como si fuera un padre más que un amigo.
─Hola Mulita.
Miré a Andrew al entrar a la casa.
─Solo Artemis me llama así ─sonreí
─Pero es ideal o prefieres terca, no esperes que te llame cabeza de chorlito.
─ANDREW.
Todos se rieron hasta yo, era casi imposible no hacerlo.
─ ¿Quieres algo para tomar?─ ofreció Artemis a mi amigo.
─No, gracias. Quiero ver a Houdini.
¿Houdini? Lo miré extrañada.
─A tu hija, tonta ─y eso lo acompañó un golpe en mi cabeza.
─Oye ─me sobaba mi herida cuando entró mi hija a la sala.
─No le pegues a mi mamá.
─ Pequeña diablilla, ven para acá.
Cielo me miró y asentí. Con cabeza gacha se acercó a su tío y al estar solo unos metros Andrew la abrazó fuerte.
─Dios, no sabes el susto que nos distes. Estábamos muy preocupados por ti.
─Lo siento Tío Andrew.
Ambos se miraron y supe que ya todo estaría bien. Hasta que…
─Dime que te pareció tu…
Un golpe en la cabeza con la almohada detuvo su frase. Obviamente me miró automáticamente. Le hice la señal que lo ahorcaría si decía una palabra habla más. Cielo aún no estaba preparada para saber que aquel hombre que vio era su padre.
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Después que los acompañé al aeropuerto y vi su avión despegar, además de sumarle las lágrimas que dejé caer porque Cielo volvía a Villa Crystal, decidí empezar a hacer lo correcto, y eso era ver a Darien.
Estaba a unos metros cuando vi que la casa estaba toda iluminada, apenas que salí de auto empecé a escuchar la música de "Fall out boy" realmente esto está mal.
Abrí la puerta sin seguro y respiré. Después de hacer dos pasos sentí el olor alcohol más precisamente a whisky, que poco a poco me estaba preocupando, a pesar de estar todo iluminado el lugar se sentía oscuro, más sombrío que de costumbre. Llegué hasta el equipo cuando la música dice…
"La obscuridad se hace más grande y la persona por la que tú recibirías un disparo es la que ahora está detrás del gatillo"
Entonces la apagué, me limpié las lágrimas porque entendí el mensaje y era verdad, lo lastimé como nadie lo podía hacer.
─ ¿Por qué demonios vienes aquí?
Me paralicé, Darien estaba a unos metros tambaleándose con una botella de whisky en la mano mirándome con reproche.
─Maldición no apagues la música, acaso no te gusta lo que hiciste.
Por supuesto que no me gustaba, pero lo amaba. No quería que pase por esto. Se acercó a mí
─Acaso trajiste dinero porque mi tarifa en muy cara princesita.
─Darien no…
─Que me vas…hip... a… hip decir que eran trillizos y dos se murieron─ se sentó de golpe en el sillón─. Que idiota soy, jamás me ibas a perdonar. Eres tan, tan hipócrita. ─me miró, sus ojos estaban tan vacíos─. ¿Sabes por qué? Porque también te vendes, pero tú lo disfrutas, yo no, nunca, maldición sino pensaba en ti jamás... Y era lo único que podía hacer con tanto dolor ─se aferró a su ropa a nivel donde marcaba su corazón─. Porque sabes...hip... lo que tuve que hacer, sabes lo que tuve que ver, lo que me tuve que vender… Por lo único, único que esperaba es que tú...tu mi bella Serena siguieras siendo la dulce e inocente que me había enamorado y amado.
─Darien.
─No... ─se levantó de golpe, golpeó su mano en su pecho─ Soy… Soy Alex…soy el mejor y por eso…
Se desmayó por la misma borrachera.
Cerré los ojos me dolía porque sus palabras eran tan ciertas. Yo me vendí muchas veces y sí, ya no era la dulce e inocente mujer de hace diez años.
Con todas mis fuerzas lo levanté, y lo llevé a su habitación. Lo desvestí y con una esponja lo limpié un poco. Se removió cuando sintió el agua templada pero luego se acomodó y siguió durmiendo.
Lo deje así, dormido y con la esperanza de que cuando despierte no recuerde que lo vi en este estado. Porque sé, por mucho que lo querrá negar, Darien jamás hubiese querido que lo viera borracho. Que viera otra de sus facetas.
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Al día siguiente me senté en la oficina viendo a la nada misma, mis pensamientos estaban centrados en el hombre que dejé en su cama, mientras bajaba por las escaleras y su hermana ingresaba, solamente pude bajar su cabeza e irme. No podía soportar su mirada de reproche… ¿Ella sabía lo que había hecho?
Solo unas pocas personas saben de ella, y menos saben…
Respiré profundo. Recién eran las seis de la mañana. El primer empleado entraba en el piso, lo cual era raro porque el horario empezaba en una hora. Me levanté y levemente observé a Zafiro como llegaba y prendía lo que había sido mi computadora. Me acerqué a él y vi que buscaba un archivo. Puse una mano en su hombro.
─ ¿Qué haces?
Se asustó tanto que casi se cae de la silla.
─Dios, Srta. Tsukino me asustó─ lo mire sin entender─. Yo… bueno buscaba algunos planos de cómo podría hacer la casa de la modelo.
─ ¿Neherenia? ─asintió─. Hace meses tendría que haberse resuelto.
Ya se habían cumplido siete meses desde que puse las condiciones a aquella mujer, deberían estar por el veinticinco por ciento de la construcción como mínimo.
─Es que ella quería alguna de sus ideas originales, y me pareció…
Se calló al ver mi mirada.
─ ¿Te acuestas con ella verdad?─ bajó su cabeza─. Pensé que estaba saliendo con Petzite.
─ ¿Lo sabía?─ parecía realmente sorprendido.
─Sí, se todo lo que pasa en esta empresa.
Zafiro parpadeó.
─Entonces, ¿cómo no supiste lo de tu recepcionista?
Levanté la mirada para encontrarme a un Diamante sonriente. En mis ojos había fuego, quería matarlo solo por pronunciar esas palabras. Me abalancé sobre él, no me importaban que aun su mano no haya sanado y este usando bastón terapéutico.
Dos brazos me detuvieron cuando casi toco al bastardo.
─Cálmate ─Galaxia me sujetaba con fuerza pero me removía bastante─. Serena cálmate.
─Vamos rubita, ataca a un inválido.
Cuando Kun llegó a escena ya no pude hacer nada, me sacó de la sala común encerrándome en la oficina.
─Estás loca, ¿qué demonios te pasa por tu cabeza? No puedes atacar así al cretino─ me gritaba Kun.
─Se lo merece, le retorceré el pescuezo como una maldita gallina.
El sonido de un cachetazo y su impacto callaron mis amenazas. Llevé mi mano a mi rostro y miré a Galaxia. Ella me había golpeado.
─Lo siento yo...─la miré y negué.
Supongo que era lo que necesitaba.
─Está bien, tranquila ─me paré y puse una mano en su hombro. Después vi a Kun─. Gracias a ti también.
Suspiró cansado.
─Me llamó Mina, sabía que si no estabas en tu departamento estarías aquí. También me dijo que te mantenga vigilada.
Le agradecí porque también no dijo nada de mi hija, solo espero que Kun no tenga problemas en un futuro.
─Hotaru llamó dijo que Darien llegaría más tarde.
Asentí. Kun se fue dejándonos a solas.
─Yo lo siento ─ dije.
Ella negó.
─ No lo sientas, ayúdame a saber cómo él sabe lo de mi padre.
La miré, esto era un círculo sin fin, todos los problemas todos tendrían un principio y un final, salvo los míos que iban en círculo.
Después de hablar casi toda la mañana, y enterarme que Diamante se había resistido al arresto cuando amenazó a Darien y Hotaru. Tuvo una pequeña pelea con los policías y su pierna fue perjudicada. Ahora el bastón lo usaba más por necesidad que por estilo. Lo malo fue que no llegó ni a dos horas y tras una jugosa fianza salió libre y sin causa.
Eso retomaba a la extorsión que estaba haciéndole a Galaxia, algo que debía ponerle fin y rápido.
Al mediodía salí de la oficina para hacer unas copias cuando vi a Darien salir de la suya, me vio y volvió a entrar en la de él. Definitivamente me estaba evitando… ¿pero era por dolor u odio? ¿Habrá sabido porque estuve anoche en su casa? O simplemente no puede aceptar que le oculté a mi hija, digo a nuestra hija.
Cerré la puerta y seguí a mi destino.
Los días siguientes fueron iguales, él me evitaba y solo en las juntas lo veía, su mirada aún era vacía, era como una marioneta sin alma, ni voluntad. Por la noche siempre terminaba durmiéndome en los sillones con el teléfono en mano, pensando si debía llamarlo o no. Salvo la noche anterior los gritos del departamento de al lado, el de Mina me sobresaltó a la tres de la madrugada. Asustada que la historia no se repitiera llamé a su puerta.
─Cálmate estoy bien─ me dijo mi amiga.
Detrás de ella estaba Kun de espalda.
─Solo teníamos un intercambio de ideas ─me sonrió porque sabía que la pelea era muy brava─. Perdón por despertarte, sé que no duermes mucho. Mañana estarán los resultados de Ami.
Asentí. La abracé y me fui.
Abrí los ojos y volví al presente. Estaba en la oficina con los resultados de la autopsia de Ami, el ADN del arma homicida y los hechos finales de la investigación. Aún tenía miedo de abrir la carpeta, tenía miedo de aceptar lo que yo no quería. A pesar de ser mediodía y solicitar que nadie me interrumpiera volví a cerrar los ojos. Me paré y salí de la oficina dejando el sobre con la carpeta allí.
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Llegué a la casa de Darien una vez más, se había ido temprano de la oficina, creo que habrían sido cerca de las dos o tres de la tarde, cuando lo busqué y ya no estaba. Levanté la vista para contemplar el atardecer que se encontraba fundiéndose con el horizonte, era hermoso, demasiado, para acabar tan rápido dando paso a la oscuridad de la noche.
Toqué, timbré… Esperé.
Respiré… y esperé.
Cerré mis ojos… y volví a esperar.
Pareció una eternidad hasta que finalmente la puerta se abrió. Darien allí parado simplemente se quedó viéndome.
─Pasa.
Asentí entrando al lugar donde había compartido muchas travesuras con él de niña. Lo seguí en absoluto silencio hasta la sala. Me indicó que me sentara.
En la mesa solo había unos papeles, el lugar estaba sombrío por lo que sospecho que Hotaru no está.
─ ¿Tomas algo?─ negué a su pregunta.
Se había acercado al bar y se sirvió una copa de whisky.
─Hotaru no está ─me miró acertando a mi pregunta─. Puedes hablar tranquila… ah, y no le dije que es tía.
Tragué saliva, asentí. Esperé que volviera a sentarse.
─ ¿Entonces que te trae por aquí?─ agregó.
─Estaba preocupada por ti.
Tomó un sorbo y sonrió.
─ ¿Ahora?… pensé que solo te preocupabas por ti misma.
Me paré y me senté en la mesilla que nos separaba.
─No es así, siempre, siempre estuve preocupada por ti. Sé que no me creerás pero estaba cerca el día de contarte de Cielo.
Tomó otro sorbo.
─ ¿Y el de creerme?─ me miró y dejó el vaso a mi lado.
Tomó mis manos, una parte de mí sentía que lo rechazaba, quería que me soltara, que no me tocara. Esas manos estaban manchadas ya no había vuelta atrás. Pero otra parte, una muy pequeña decía todo lo contrario, me decía que le creyera.
Lo miré y no las aparté.
─Darien…
Me miró dulcemente.
─Necesito que solo tú, solo tú me creas. Yo jamás lastimaría a nadie ─bajó su cabeza─. No me lo digas si no puedes, yo… yo solo.
Levanté su rostro con mis manos.
─Te amo y eso no cambiará nada.
Me sonrió tristemente.
─Si me amas tanto ¿por qué me ocultaste lo de mi hija?
Y la flecha apuntó a mi corazón clavándose junto con el puñal.
─Te lo iba a decir, juro que lo diría. Ya tenía todo listo, solo que no era el momento.
─Ella vive en Australia ¿No es cierto? Por eso vas allí ─asentí─. ¿Por qué me lo ocultaste? Acaso es…
Lo callé porque sabía lo que diría. Sabía que iba a decir porque es un gigolo, alguien que no merece la felicidad, si solo se entrega al placer.
─No es eso.
Me miró un instante y bajó su cabeza… la levanté.
─No lo hagas ─sus ojos estaban cristalizados, estaba devastado─. No bajes tu cabeza, lo hiciste por tu hermana, siéntete orgulloso de eso. Peleaste por ella.
─Pero no soy digno de ser el padre de ella.
Lo es… mucho más que yo. Pero por años le metieron en la cabeza que es un pobre hombre sin voluntad, que cada vez que encuentra fuerza se lo arrebatan todo.
─Lo eres, es mi culpa. Cree muchos enemigos.
Agarró mis manos y la besó. Luego me miró expectante.
─Es el legado de mi padre ─agregué─. Y hasta que pase, no estará segura…
─ ¿También soy tu enemigo?─negué. Agarré su rostro y lo besé.
Lo que me congeló es que no me respondió y lo miré.
─No te ofendas, pero no todo lo puedes solucionar con sexo.
Se levantó y fue al mueble de las bebidas.
No era eso lo que pensé al besarlo. Acaso cree…
─Yo… quería…
─Querías callarme.
Se sirvió otro vaso y se lo tomó de golpe. Cuando se estaba sirviendo otro lo detuve.
─Detente, deja de tomar tanto.
─ ¿Por qué? Por ti, no me hagas reír.
Me empujó levemente y se sirvió otro.
Iba a irme, ya no había caso. Pero al llegar a la puerta mi vista fue a las escaleras que subían el piso superior. Me senté ahí sin saber porque enterré mi cara entre mis rodillas y de manera silenciosa empecé a llorar.
Todo se complicaba más por qué no le decía… ¿Te creo?… porque sabía que no era lo correcto pero al mismo tiempo sé que no fue. ¿Y Cielo? quizás hubiese esperado para que la vea antes de llevarla a casa…. Pero acaso no la despaché como despachas a una bolsa de papa, y ella era mi hija… MI HIJA. Diablos ¿tan mal estoy haciendo las cosas?
Pero… quiero que sea feliz, quiero que el peso de su hermana no sea una carga, quiero que el día que no esté, ella se sienta orgullosa de su madre. Quiero que Darien me vea con amor, no como una cosa, no como me miran esos hombres con lujuria.
Quiero… quiero volver a ser la Serena de antes… Quiero...
Sentí una mano en mi cabeza y levanté la vista.
─Darien.
─Pensé que te habías ido.
─ ¿Quieres que me vaya?─ pregunté con miedo.
Sonrió y negó.
Se sentó a mi lado. Me entregó un pañuelo que utilicé para limpiar mis lágrimas. A. pesar de que tomó whisky su aliento era mentolado… me encanta la menta.
─Sabes… ─lo miré─. Cuando era pequeño y pasábamos el verano en esta casa. Me encantaba esperar a mi madre en la escalera, ella siempre venía con una enorme sonrisa y me daba un chocolate. Un día mientras la esperaba de hacer sus mandados había empezado abrir la puerta pero venía con alguien, reía con alguien ─me miró y luego volvió a mirar la puerta de salida─. Traía una bolsa, se reía como una colegiala. Detrás de ella había un hombre que no reconocí al principio porque me fascinaba la sonrisa de mi madre, cuando habló noté que era mi padre. No sé qué le dijo pero hizo que ella se sonrojada tanto, cuando la abrazó le dio un beso en su cuello. Mi madre reía tan fuerte. Fue cuando entendí lo que es el amor. Ellos se amaban tanto. Su sonrisa al verlo era como si su mundo se detuviera y esa sonrisa se la vi a Cielo… porque ella te vio a ti.
Me miró.
─Quizás no entienda ahora, lo más probable que nunca. Lo que sí sé, es que ella es feliz y te ama como nunca lo hubiese hecho nadie.
Apoyé mi cabeza en su hombro.
─Para ella tú eres su mundo ─respiré y él agarró mi mano─. Enséñame a amarla tanto como tú lo haces.
─Sí.
Nos quedamos mirando la puerta, mirando como los padres de Darien se amaban tan fuertemente que la muerte no pudo arrebatárselos. Creo que habrá sido cerca de una hora cuando el hombre a mi lado me dijo.
─Vamos a comer algo.
Lo miré asombrada.
─ ¿No tienes hambre?─asentí ─. Yo muero por una buena pizza. Una grande de peperoni.
Lo miré cuando se paró, parecía otro hombre, como si el recuerdo de sus padres felices lo hubiese transportado a ser el mismo.
Después de pedirla por teléfono acomodamos un poco la sala, pusimos la mesa y me habló de algunas cosas de la oficina. Parecimos como si nada de lo que pasó en las últimas semanas hubiese pasado. Era extraño.
Era un presagio a lo que iba a pasar… ese era mi presentimiento. Ese que espero que no sea el de él también.
Pagué la pizza y nos sentamos. Al dar el primer bocado menciona.
─Sabes que Haruka me lo dijo.
Ok,… acabo de escupir la pizza. Me limpié.
─ ¿Haruka?
─La doctora Tenou, a ella y a Michiru les mostré la ecografía, la que me diste ─asentí y comí─. Michiru estaba toda feliz porque recordaba la época donde la ayudaba a estudiar a su novia. Pero Haruka la miró extrañado, me preguntó qué había pasado con el segundo.
─ ¿Segundo?
─Segundo embrión, así lo llamó ella. Solo me encogí de hombros, no sabía lo que me decía. Recuerdo que volvió a mirar la foto y me la devolvió.
─ ¿No te dijo nada más?
─No.
¿Qué extraño? Ella siendo médica sabía que había un segundo bebe. Pero se lo oculto a su amigo.
Miré el plato, quizás por eso no se lo tomo tan mal.
─ ¿En el accidente también estuvo?
─No ─contesté rápidamente─. Ella no había viajado, solo Sagira tenía que ser vista por el médico. Lo preferí así y hoy, si no lo hubiese hecho así, quizás las dos hubiesen muerto.
Asintió. Siguió comiendo.
─Ella mencionó a un Tío Andrew. ¿Quién es?
─El esposo de Lita ─sonreí ante su desconcierto─. Andrew Furuhata, ¿lo recuerdas?
Se empezó a reír al recordar a su viejo amigo. Le conté como la vida me lo puso en mi camino y como terminó casado con Lita. Estaba totalmente despreocupado como si el mundo no lo hubiese dañado tanto, era volver a ver a un Darien joven, un adolescente con sus sueños y proyectos a cumplirse. Verlo así me hacía feliz.
Verlo así, me iba a destruir.
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Encendió lo chimenea de la sala, el frió empezó aumentar desde que llegué. El otoño comenzó hace unas semanas pero el frió solo se siente por las noches.
Hotaru llamó diciendo que se quedaba en la casa de Momo, ellas se habían hecho grandes amigas. Por suerte uno de los tres tenía una vida simple y sencilla.
Me concentré en el fuego, su movimiento era impredecible, era tan hipnótico.
─ ¿En qué piensas?─la pregunta de Darien me sacó del trance.
Sonreí y encorvé los hombros. Se sentó a mi lado. Apoyé mi cabeza en su hombro.
─Sabes, ahora que sé todos tus secretos puede comprenderte.
Parpadeé. Lo miré y me levanté acercándome al hogar en silencio, me concentré en mirar el movimiento del fuego.
─Porque sé todos tus secretos ¿no es cierto?
No, no lo era. Aún faltaba uno, el más doloroso, el devastador, el que destruiría todo como un tornado que se llevaba la última esperanza.
Porque era eso… se llevaría la esperanza de él.
─ ¿Serena?
Se paró. Llegó hasta mí. Puso su mano en mi hombro y me giró para verlo.
─Dime que no hay más… por favor dímelo.
─No puedo ─mis ojos se cristalizaron, tenía que retener las lágrimas.
─ ¿Cuál es?─ suplicaba, sus ojos me suplicaban pero… bajé mi cabeza ─Por favor…
─Te mataría, no quiero que te destruya.
Dio un paso atrás.
─ ¿Aun es peor que ocultarme la existencia de una hija?
Estaba dolido, confundido, y su mirada… Dios, sus ojos me suplicaban que no lo lastimara más.
Me di vuelta y con el dorso de mi mano me limpié las lágrimas.
No… No puedo hacerle esto. No puedo.
Me dio vuelta nuevamente para mirarlo. Me levantó el rostro y sus ojos conectaron con los míos. Me amaba, lo sé, y él sabía que yo lo amaba. Por eso también sabía que no podía revelar el más doloroso y dañino de todos mis secretos. El por qué tenía que hacer lo que hacía, el por qué me mantenía lejos de mi hija, el por qué de la esperanza.
Porque sin esa esperanza… Darien no tenía nada.
Sin decir una palabra, me beso.
Me aferré a él como nunca desde que volvió lo hice. Mis manos fueron a su cuello, sus labios al mío. Poco a poco nos despojamos de la ropa. Lo sentía en cada vibra de mi cuerpo, lo sentía a él. Cuando no había barreras que lo impidieran dejé que me funda con él como el oxígeno es necesario para respirar, como la dulzura del azúcar. Me entregué a su amor, me entregué completamente a él.
Hicimos el amor no como la primera vez, tampoco como cuando volvió. El fuego como testigo del amor más puro que ha pisado el planeta veló por nosotros dos. No era él o yo. Éramos un solo ser.
Lo amo, la amaré siempre. Yo sé que lo esperaré… lo que me deje esperar la vida. Aquí en este o en otra vida te amaré por siempre...
Abrí los ojos y miré sus ojos zafiro. Me contemplaba con paciencia, con amor, con calma.
Estaba envuelta en sus brazos, sobre su cuerpo. Por suerte en algún momento Darien nos cubrió con una manta porque a pesar de que la alfombra de la sala sea gruesa y estemos al lado de la chimenea nos hubiéramos muerto de frió.
─Buen día.
─Buen día Darien.
Miré por encima de él. El amanecer se asoma y mi corazón se estrujó. Ya no tenía más tiempo.
Me senté y lo besé.
Sonrió.
─Te amo… ¿Lo sabes?─ asintió─ Darien…
Calló mis palabras con un dedo.
─Te amo─ bajé su mano─. Prométeme algo… ─Asentí─. Cuidarás de Hotaru.
Parpadeé.
─Espera… Yo te...
Volvió a callarme.
─Lo sé─ estaba desconcertada y asustada─. Desde que abrí la puerta anoche, lo sabía. Siempre lo supe.
─Yo...
Bajé mi cabeza. Dios no podía saberlo, no podía haber sabido del trato. Levantó mi rostro.
─Escúchame, no te culpes ¿de acuerdo?─asentí pero ya estaba llorando─. En solo dos semanas Hotaru es mayor de edad. El dinero se transfiera y ella será libre.
Como balde de agua fría entendí, desde el inicio, desde que volvieron. El acuerdo siempre había sido de que ella fuera libre de Diamante… ¿Darien entonces él?
─Cuídala, protégela ─agregó.
─Te creo ─me apresuré a decir. Porque por extraño que parezca hoy estaba segura de que él no mató Ami aunque todo esté en su contra.
─También lo sé. Y sé que es lo que tienes que hacer. Solo te pido que no hagas ninguna tontería.
─No quiero, no lo haré.
Levantó nuevamente mi rostro al tiempo que el timbre sonó en la casa.
─Ve─ lo miraba pero negaba─. Te amo, ¿recuerdas?… entonces has lo correcto.
─Darien.
De mis ojos caían y caen lágrimas. Me levanté colocándome una remera de él. A medida que me acercaba a la puerta, entendí que lo de anoche fue una despedida. Él sabía lo que había hecho, sabia con quien había hablado y sabia a quien dije donde podían encontrarse, y como muy tonta supe que él no la había matado muy tarde. No importan las pruebas, no importa que todo indique que la apuñaló a sangre fría. Yo sabía que no había sido él y para mí eso era suficiente.
Puse mi mano en el pomo de la puerta y miré al gran amor de mi vida. Asintió.
Una parte de mí no lo quería hacer, la otra tampoco pero no quería defraudar más a Darien.
Cerré los ojos, respiré y abrí.
─ ¿Dónde está?
Preguntó el inspector a cargo. Solo bajé mi cabeza y apoyé mi espalda en la pared cercana. Entraron dos más y mientras esposaban al hombre de mi vida, me derrumbaba por dentro.
─Serena ─miré a Darien.
Detrás de él estaban dos oficiales acompañándolo.
─Recuerda lo que te pedí ─asentí─. No te preocupes por mí. ¿De acuerdo?
Me abalancé sobre él. Lo besé tan fuerte que creía que con eso volvería el tiempo atrás.
─Señorita.
Un oficial me separó.
─Te amo.
Grité cuando lo introdujeron a Darien dentro del patrullero. Mi amor solo me sonrió tratando de trasmitirme paz. La patrulla arrancó y se lo llevaron de mi lado… Otra vez.
─ Estará bien, te lo aseguro.
Levanté el rostro.
─ ¿Cómo demonios puedes decir eso?─ le grité y entré a la casa.
─Serena cálmate─ me siguió.
Empecé a recoger mis cosas y me di vuelta cuando estaba a unos pasos.
─Acabo de entregar al amor de mi vida a la policía, y tú me dices que me calme.
─Sabes lo que quiero decir… tú sabías lo que hacías al meterte en esto.
─Si le hicieras lo mismo a mi amiga estarías igual o peor que yo.
Me di vuelta y fui directo al baño. Debía ir por Hotaru. Protegerla a toda costa. Aunque mi vida estuviese en juego. Porque lo peor del mundo ya lo había hecho… sólo me falta hacer la cosa más estúpida de mi vida.
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Ohh... bueno al fin se revelo que tenia una hija, pero no era la peor de las cosas. ¿ Que piensa que podría ser?. Pobre Serena esta mas bipolar que nunca no creen primero lo salva y luego lo entrega (me dijo una amiga por aquí) . Quien sera con quien habla Serena al final. Este capitulo trajo muchas respuesta.
Perdón por la demora y el siguiente esta en proceso pero como les mencione arriba estoy con algunos finales y eso me demora adelantar el capitulo.
La canción del principio es Fall Out Boy " My songs know what you did in the dark" (Mis canciones sabe lo que hiciste en la oscuridad) y la que escucha Darien " Miss Missing you"(Extraño extrañarte)
Houdini: es un de los mas grandes escapista de principios del 1900 aproximadamente
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Contestando los Reviews:
Miriam ortiz: De verdad crees que no fue... yo tengo mis dudas porque hasta Serena no le creyó al principio. Uy creo que eres una de las pocas en pensar en los Darien en poco comenzare con los suyos. Espero que con este capitulo te haya aclarado alguna de las muchas dudas.
Guest: Gracias
Chat´de´Lune: La idea con Serena era sacarla de ese papel tranquilo e inocente. Aunque sin perder esa valentía de pelea. Pobrecito de Darien lo han maltratado tanto que no sabe como pelear pronto encontrara la fuerza ¿No crees? Estoy haciendo negocios con Diamante para contratar a Darien, después te digo su precio ja. Con este capitulo espero haberte dado las respuestas de los hijos, y como se dijo antes lamentablemente ella casi es imposible que pueda volver a tener hijos, si eso es triste. Me alegra que vaya mejorando como siempre es bueno que te indiquen errores para mejorar, pero también es lindo que te digan lo bien que lo haces. Saludos
Sere: Perdón por la demora, pero espero que con haya resuelto algunas de las dudas. Saludos
Zakura Naiguino gracias, perdón por la demora. Espero que disfrute este como los anteriores y empiecen a resolver algunos secretos. Saludo
yssareyes48: Perdón... trate antes pero aquí esta. Espero que no estés tan estresada. ¿Sera Ami y Diamante? ... Tan segura esta que Darien no la mato. Las pruebas dicen lo contrario, hasta serena no le creyó al principio. Pronto sabremos mas de Diamante. Saludos
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Ya no queda tanto de la historia, no se bien cuantos mas pero estamos entrando a la recta final. ¿Les gustaría saber lo que piensa Darien?. Gracias a todos por sus comentarios, nuevamente perdón por la demora. Como siempre es bienvenido todo, dudas, consulta, comentarios; también a los lectores anónimos si tienen dudas o comentarios serán bien recibidos...
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