Estaba esperándole en la estación de tren, ella había prometido alcanzarle después de que terminaran los conciertos de esa semana, él había viajado mucho en escasos cuatro días, y hacía más de un mes en que no la veía debido a tanto trabajo en esa gira final. No recordaba desde cuando había necesitado a alguien como lo hacía con ella, esa mujer le era vital para poder vivir, para poder ser él mismo, para poder continuar.

Acomodó la gorra hacia atrás levantando la cabeza observando a la gente salir de la estación, al no verla por allí volvió a bajar la cabeza intentando camuflarse entre las tantas personas que deambulaban por el lugar, se cruzó de brazos apoyando la espalda contra la pared a un lado de unos muros que tenían pegados distintos carteles sobre hoteles, eventos y demás.

A lo lejos la vio caminar entre la multitud, con un vestido negro y tacones altos arrastrando la maleta detrás de ella, sonrió al ubicarla meneando la mano para llamar su atención, ella le miró desde lejos y aceleró el paso hacia él; Winter lo abrazó fuertemente al estar cerca. Ambos sentían haber estado separados durante siglos, le dio un beso de bienvenida mientras le sonreía detrás de esos lentes oscuros que cubrían parte de su rostro.

Condujeron hasta la media noche hablando sobre lo que cada uno había hecho durante ese tiempo, se detuvieron en una carretera oscurecida por la noche e iluminada por la enorme luna que brillaba sobre ellos, la calle era poco transitada así que decidieron salir a contemplar el hermoso manto estrellado que les ofrecía la naturaleza.

Winter pasó frente al auto y extendió los brazos sintiendo la ráfaga fresca del aire de verano de esas zonas.

- Esto es maravilloso –dijo lanzando un suspiro levantando la mirada hacia las estrellas—. Pero es más maravilloso poder vivir esto contigo –lo miró cándidamente a lo que Andy le sonrió sin decir nada más.

Para esos momentos ya había dejado la gorra y los lentes dentro del auto, miró la luna que estaba en pleno esplendor, brillante, imponente, hermosa, ella se acercó a su lado y cruzó sus brazos a su alrededor mientras le daba un beso en la mejilla.

- Gracias por traerme hasta aquí –dijo tiernamente haciendo que él la mirara.

- Sólo contigo puedo hacer estas cosas –comentó acariciando la línea que enmarcaba su mejilla.

- Eso lo hace aún más especial –mencionó observándolo con detenimiento y una adoración que desbordaba de su corazón.

- Tú lo haces especial. –dijo en un susurro para después darle un pausado beso en los labios.

Pasó la mano por su cintura y la tomó de la mano halándola y girando sobre el asfalto en un paso de vals, ella sonrió mientras giraban y giraban al ritmo de una música imaginaria.

- ¡Qué haces! –dijo divertida mientras Andrew le soltaba la cintura y haló de su brazo para hacerla dar una vuelta sobre su propio eje.

- ¿Qué no ves?, estoy muy feliz –respondió volviendo a sujetarla de la cintura pegándola a su cuerpo—, y quiero bailar.

Ambos sonrieron y Winter colocó la mano sobre su hombro asintiendo levemente con la cabeza.

- Claro, ¿por qué no? –ella se encogió de hombros—, entonces bailemos.

Dieron un par de vueltas más simulando un romántico vals sobre el asfalto, algunos autos pasaban y las luces les iluminaban, el vaivén disminuyó convirtiéndose en unos ligeros pasos de un lado hacia otro mientras permanecían abrazados de la misma manera efusiva y animada.

- Me hiciste tanta falta –ella le dijo suavemente.

- Tú a mí. Y ¿sabes qué? –comentó fijándose en esos hermosos ojos verdes perfectamente delineados y expresivos—, te prometo que ya nunca nos volveremos a separar.

Ella sonrió con una creciente ilusión que sólo él podía provocar.

- ¿Hablas enserio?, ¿qué hay de tu trabajo?

- La banda estará bien, no creo que me digan algo si tu vienes con nosotros –dijo dándole un beso en la frente—, además, no soy nada sin mi hermosa inspiración cerca.

Se detuvieron y ella puso las manos sobre su rostro acercándolo a su boca.

- Andrew –le dijo separando sus labios—, a veces sueles ser demasiado cursi y romántico cuanto te lo propones.

Él puso la frente contra la suya y sonrió ante su comentario.

- Lo sé. Pero eso debes mantenerlo como nuestro secreto.

Ella puso los brazos alrededor de su cuello mientras lo contemplaba de cerca, el silencio los abrazó como una ola de completa paz y armonía, la besó y la calidez de sus labios le hicieron sentirse vivo de nuevo, animado, preparado para cualquier cosa venidera, ella estaba allí, a su lado, como siempre debió ser, y él, sintiéndola próxima se sentía capaz de cualquier cosa en el mundo.

Cualquier cosa.

Un grito desgarrador se escuchó entre la oscuridad de ese complejo de edificios industriales, Andrew se arrastraba entre la tierra intentando apartarse de la terrible bola de fuego en que se había convertido el bar. No supo ni cómo ni cuándo llegó hasta allí, justo a tres metros fuera del incendio, sus escasas energías le obligaban a continuar a pesar de tales condiciones, sentía la espalda destrozada y las piernas adormecidas, con sus brazos se empujaba para arrastrarse hacia el asfalto que parecía estar a miles de kilómetros de distancia, el dolor le impedía pensar en cualquier cosa, respiraba con dificultad y fue en esos momentos en que comenzó a dudar si es que podría sobrevivir a ello.

Las terribles heridas y quemaduras le impedían moverse, así que no le quedaba más que esperar a la llegada del sol para terminar con esa horrible tortura.

El cabello sobre su rostro le impedía ver con exactitud hacia la carretera, los quejidos salían por sí solos mientras sus fuerzas le abandonaban por completo, ya no podía moverse, ni mucho menos hablar, sentía incluso que casi ni podía respirar, como si tuviera la cabeza metida dentro de una bolsa de plástico y poco a poco el aire se fuera consumiendo haciendo de su agonía más desesperante.

Dejó caer la cabeza sobre la tierra y sus ojos comenzaban a cerrársele mientras sentía un espantoso ardor en la espalda.

Sintió su rostro humedecido por sus propias lágrimas que salían sin su aprobación, el dolor iba mucho más allá de lo físico, sus propias lágrimas de hiel se lo decían en esos momentos.

Había sido derrotado.

Alexander entró a la sala donde tenía las computadoras en donde podía observar cada movimiento dentro de la casa y alrededores, llevaba un pañuelo en donde iba limpiándose los rastros de sangre que le había dejado el golpe propinado por Andrew momentos atrás.

Al levantar la mirada se topó con Ralph quien se notaba maltratado con las ropas quemadas y hechas girones, se acercó de inmediato hacia él con una sonrisa en el rostro.

- Y bien –dijo cruzando por la habitación con aire triunfante—, quiero que me cuentes cómo aniquilaron a ese imbécil.

El hombre se despojó de su chaqueta hecha trizas y la arrojó al piso, sonrió levemente de manera satisfecha y respondió:

- El tipo tenía habilidades un poco extrañas que logró derribarnos a todos nosotros después de haber matado a la mujer –su voz se tornó rasposa y seria—, pero ni con eso pudo evitarse un muy buen garrotazo por la espalda –sonrió para su señor—, uno de los nuestros le clavó una hoz casi atravesándole…

- Espera –le interrumpió interesado—, ¿habilidades?, ¿qué clase de habilidades?

Ralph parpadeó unas cuantas veces y pasó la mano por el cuello.

- Nos apartó de él de manera misteriosa, ni siquiera pude ver su movimiento –se justificó gesticulando con las manos—, además –hizo una pausa un poco tensa—, algunos objetos de allí parecían moverse y algunos de ellos atacaron a nuestros hombres. Todo fue tan extraño, el tipo no movía ni un solo músculo y todo allí parecía moverse de acuerdo a su voluntad.

Winter tenía razón, ese infeliz era la reencarnación de la bruja, Alexander lo miró con gravedad, si la situación era así entonces él debió de haber aniquilado definitivamente a ese infeliz.

Por su vida que Andrew Biersack debería estar muerto.

- Ella… —gruñó recordando brevemente momentos de su pasado—, esa bruja… —miró al sirviente y sus pensamientos volvieron a esa habitación—. Continua.

- Nos dio pelea pero no pudo contra nosotros –dijo fanfarrón—, aunque algunos de nosotros perecieron ante el incendio, le aseguro señor, que esa basura está en donde debe: en el infierno. Yo mismo me encargue de esperar a que el edificio ardiera por completo.

Alexander miró hacia las veinte pantallas en medio de la habitación que monitoreaban cada movimiento de la casa y alrededores, con el solo resplandor de éstas iluminaban toda la habitación, se centró en una en especial, en la que era la habitación de Winter, volvió la mirada al hombre que le miraba con reverencia, justo antes de hablar otro de sus sirvientes entró a la habitación:

- Señor –uno de ellos entró con un teléfono en la mano—, nuestros hombres en California no encontraron nada de la mujer pelirroja, piensan revisar las zonas colindantes y…

- Olvídenlo —silenció levantando la mano sin mirarle—, diles que vuelvan lo más pronto posible. Ya no la necesitamos –dijo mirando a Ralph—, ¿cierto, Ralph?

- Ya no señor. –asintió él.

Alexander sonrió, y aquel otro hombre se retiró retomando la llamada y cambiando las instrucciones de sus colegas, cuando la puerta de metal sonó, se acercó un poco más al sirviente y lo tomó del cuello de la camiseta afianzándolo fuertemente.

- Más te vale que ese inútil esté muerto –le dijo con voz agresiva y violenta—, ¿entiendes?

Susurró frente a su cara y el hombre solo asintió de manera intimidada, Alexander lo soltó y volvió a sonreír como era de costumbre, altivo y con aire superior, palmeó levemente el hombro de su sirviente y mientras se acercaba a la puerta agregó.

- No se preocupen, en cuanto sus heridas hayan cerrado, iremos a celebrar como se debe nuestro triunfo.

Las voces se hacían cada vez más lejanas e inentendibles, se alejaban más y más y un dolor que parecía devorarlo le abordaba todo el cuerpo, todo se volvió silencio y un par de voces se escucharon discutir desde algún punto lejano en el lugar, quiso moverse pero se sentía demasiado débil como para mover más que los dedos de la mano, las voces se hicieron más audibles y les pudo reconocer, el dolor le hacía sentir el cuerpo palpitar en un ritmo constante y torturador, poco a poco iba recuperando su conciencia hasta que su cuerpo y su cerebro fueron unos y detectaron el dolor provocado al tiempo en que él intentó llevarse la mano a la cabeza.

Kim y Ashley discutían en la sala en donde Kim operaba en la reconstrucción de su proyecto para hackear la seguridad de Delorme, un grito de dolor les interrumpió de inmediato haciéndoles correr hacia la habitación que estaba a unos cuantos metros de allí.

Al entrar encontraron a Andrew con los ojos abiertos fijados en el techo de la habitación, todo él eran vendas, la sábana blanca que le cubría estaba siendo aprisionada por su mano no vendada de tal forma que sus dedos cambiaron de color debido a la presión que estaba ejerciendo en esos instantes. Su rostro estaba raspado y con algunos moretones visibles, su cabello estaba hecho un desastre, tan quemado como ciertas partes de su espalda y brazos, los miró en cuanto aparecieron, sus ojos azules brillaban entre tanto color morado y rojo de sus heridas, Ashley se acercó a él intentando calmarle mientras Kim lo miraba desde el final de la cama.

- Hey tranquilo, estás bien –dijo en cuanto él lo miró.

Apretujó los ojos intentando soportar el dolor en todo su ser para poder hablar:

- ¡Duele! –se quejó arrugando la frente mientras intentaba controlar el dolor.

- Tranquilo, estarás bien –dijo Natsumi con los brazos cruzados mientras le observaba con tranquilidad—, los días anteriores estuviste peor que eso.

- ¿Cuánto tiempo he estado así?

- Dos días – Ashley respondió seriamente sentándose en la orilla de la cama.

- Tuviste mucha suerte de que te localizáramos –Kim agregó con ese tono de voz sereno y templado de siempre—, supongo que lo que sientes ahora físicamente no es nada a cómo te encontramos. Estabas hecho pedazos –la mirada represiva de Ashley le hizo detener sus palabras—, ¿qué? –se dirigió a él ante sus insistentes miradas.

- Parece que todos los japoneses son impertinentes ¿verdad? –Ashley le dijo en tono despectivo.

Natsumi giró los ojos y bufó pasando la mano por su cabello.

- Creo que nunca debí haberte comentado nada –pronunció como una queja para sí mismo.

- Exacto, y ya deja de…

- ¡Es la verdad! Él tiene que conocer la forma en que lo encontramos.

Andrew sonrió y soltó un gemido al sentir unas punzadas en las costillas, ambos se callaron de inmediato, mientras él sonreía.

- ¿Qué sucede?

- No, nada –dijo con dificultad—. Sólo… sólo me imagino lo difícil que fue para ustedes dos convivir en estos días sin alguien que les calmara.

Kim sonrió y Ashley miró a su amigo.

- Al menos no te hemos perdido del todo, ¡este tonto aún tiene sentido del humor!

- Te repondrás –serenó el oriental con una expresión alegre en el rostro—, en unos cuantos días más estarás de pie de nuevo y no como el pedazo de carne humeante y sangrante de hace un par de noches.

El incendio, aquel maldito incendio que marcó su mente y su cuerpo, esa maldita noche en que esos hombres mataron a Winter de esa manera tan inhumana, tan horrible, con tan solo pensarlo, todas esas imágenes resurgen y golpean su mente, sus gritos de dolor y desesperación, esa sonrisa enferma del hombre quien la desgarraba con tanta emoción, la discusión con Delorme, esa desesperación sufrida en esos momentos en que estuvo envuelto en el fuego, en que sintió la muerte de cerca, cuando pensó que todo acabaría para él.

- Hey, Andrew –Kim le llamó al notar su ausencia.

Enfocó su mirada hacia él, y cuando sintió sus ojos humedecer esquivó la mirada escrutadora del oriental, giró levemente el cuello mirando las paredes con burós de madera finamente tallados y pintados.

- Esos hombres que nos emboscaron te llevaron hasta allí ¿verdad? –preguntó el pelinegro de cabellos largos.

- Si –Andy intentó levantarse de la cama pero su propio cuerpo ardió impidiéndole el movimiento. Un quejido salió por su garganta. Volvió a recostarse intentando calmarse—. Allí estaba Delorme.

Controló lo más que pudo su ser, se tragó las lágrimas y la rabia y continuó:

- Ese maldito –intentó volver a alzarse pero falló de nuevo—, mató a Winter.

- ¿Hablas enserio? –irrumpió Ashley.

- Sí.

Ashley soltó un juramento y se puso de pie comenzando a dar vueltas por la habitación mientras continuaba maldiciendo, por otra parte Kim parecía más sereno ante sus palabras, se acercó más hacia Andrew y él prosiguió:

- Las cosas se salieron de control, y ellos me drogaron –levantó los ojos hacia Kim quien parecía escéptico—, sí, aunque parezca loco, me drogaron y luego ataqué a Delorme, él se enfureció y ordenó… —lanzó un profundo suspiro—, ordenó a que nos mataran. No pude hacer nada para ayudarla… ellos la mataron de una manera terrible.

Natsumi bajó la mirada mientras pronunció una maldición en su idioma natal, Ashley se detuvo apretando los puños, Andrew se notaba un poco más sereno después de haberlo dicho.

- No pude hacer nada… y por un instante quise morir –levantó lentamente la mano conteniendo el dolor hasta ponerla frente a su cara observando su piel maltratada y raspada, a diferencia de cuando despertó el dolor había disminuido en gran cantidad—. Pero después, en el momento en que salí de ese infierno, me juré que sólo me puedo permitir una cosa…

«Venganza», miró a Ashley y luego a Kim, los tres comprendieron a lo que él se refería. Abrió y cerró la mano varias veces hasta hacer desaparecer la sensación tensa en su piel, compartieron un silencio sepulcral a lo que Natsumi interrumpió el silencio:

- Lamento mucho tu pérdida.

- ¡Ese maldito! –Ashley dijo rabioso—, vamos a continuar. ¡Tenemos que hacerle pagar por todas y cada una de las cosas que ha hecho!

- Y va a pagar –Natsumi lo miró de manera cómplice—, ese maldito va a pagar.

Rápidamente retrocedió y salió de la habitación con urgencia, Ashley y Andy compartieron una mirada indagatoria y Purdy le siguió.

- ¿A dónde vas? –gritó hacia la sala a donde Kim había ido.

- Voy a hacer funcionar este maldito prototipo hoy mismo –respondió desde su sitio—, ¡hoy mismo!

Esa noche transcurrió, el sol resurgió y París parecía más hermoso que de costumbre, lamentablemente ni Purdy, ni Andrew ni Kim podían ver lo hermosa que era esta ciudad de día, podían contarse los segundos transcurrir y las gotas que caían del fregadero de la cocina que resonaban en el vacío.

Andrew podía sentir que mientras más horas pasaban su cuerpo iba reponiéndose cada vez más, sus energías iban en aumento comenzando por hacerle olvidar el dolor, sentarse sobre la cama, mover el cuello, hasta que llegada la tarde descubrió que ya podía ponerse de pie; sólo en su habitación comenzó con su rehabilitación personal, él mismo no podía permitirse más días en cama, no podía permitirse más días sin salir a cobrar venganza contra el mal nacido de Alexander.

Se fue quitando las vendas de una en una, su piel regenerada se sentía tensa y frágil, cuando ya se hubo librado de tantas vendas, observó lo maltratado que se veía su cuerpo a pesar de las horas de recuperación, las cicatrices de su cuerpo –si es que quedaban— no importaban tanto como las del corazón y la mente que eran las más severas, las que jamás se borrarían a pesar de tantos miles de años que él pudiera vivir.

El solo roce del agua en su piel parecía ser un alivio y una tortura a su vez, cuando salió de la regadera comprendió del gran daño que Alexander le había causado, en el interior, que seguramente estaría peor que la imagen que él proyectaba en esos momentos, él lo odiaba como nunca imaginó detestar a alguien, quería matarlo, verlo sufrir y pedir clemencia frente a él, quería torturarle y aplicarle la ley de "ojo por ojo y diente por diente", quería acabarlo, y aunque alguna vez se había sentido incapaz de matar a alguien era seguro que si miraba a ese desgraciado de nuevo se acercaría lo suficiente a él como para matarle con sus propias manos y de disfrutar de su agonía como única medicina a esos malos sentimientos que ahora se albergaban en su interior.

Ahora más que nunca se sentía como aquella bruja quien odio tanto como para acabar con una población entera, entre malditos e inocentes, sólo para poder anestesiar su terrible desprecio ante quienes le hicieron la vida difícil.

Él tenía motivos, demasiados como para no dudar en matarlo.

Con apenas unos pantalones deportivos de algodón que casi no castigaban su piel, Andy estaba apenas regresando a la cama cuando Kim interrumpió su soledad de manera intempestiva.

- ¡Andrew necesito que veas esto, he logrado entrar al sistema!

Andrew se levantó de inmediato y tan rápido como pudo salió de la habitación notando a Ashley frente al monitor con una cara de sorpresa y emoción a la vez, se quitó de allí permitiéndole acercarse, lo que vio le devolvió aquella mitad de su alma que parecía haberse quemado junto con aquel viejo casino.

"¡Deja de grabarme!, es absurdo que incluso hasta aquí intentes vigilarme. Maldito enfermo"

¡Era ella!, Winter quien hablaba frente a una de las cámaras dentro de un cuarto de baño, arrojaba botellas de cremas y lociones hacia la cámara sin lograr atinarle, estaba furiosa y con los ojos rojos por el llanto, Andy tocó la dureza de la pantalla sintiéndose respirar de nuevo, miró a Ashley constatando con él que lo que miraba era verdad.

- Esto es obtenido en tiempo real de las instalaciones de Delorme. Así que…

- Esta viva –Andrew a completó observando la imagen de Winter sentándose sobre la tapa del retrete hundiendo su rostro entre sus manos para volver a llorar.

"No podrás estar encerrada allí por siempre"—la voz de Delorme se escuchó por los altavoces mientras ella lloraba inconsolable dentro del baño.

"Moriré aquí si es necesario –ella gritó volviéndose a parar frente a la cámara—, todo sea por no ver tu maldita cara de nuevo"

La sonrisa sínica de Delorme se escuchó del otro lado ignorando todo lo que ella le había dicho.

"Eres mi reina Winter, y ahora que no hay nadie para contradecirlo, no te quedará más que complacerme, como tu dueño que soy."

"Jamás –ella sollozaba amargamente mientras miraba hacia la cámara, jamás"

"Andrew está muerto, muerto y sin oportunidad de salvarte"

Sus palabras le dolieron tanto o más que al mismo Andrew cuando la imaginó muerta, retrocedió con el rostro relleno de tristeza y dolor mientras observaba fijamente la videocámara con ese rencor en el corazón, con ese mismo rencor con el que la había conocido.

- ¡Tengo que ir! –golpeó la mesa con las manos—. Tengo que entrar.

- Debes de recuperarte, así sólo irías a que te den el tiro de gracia –alegó Ashley de inmediato.

- Purdy tiene razón –apoyó Kim minimizando las pantallas de las cámaras—, espera unos días más mientras nos familiarizamos con la estructura de la casa. Para cuando entremos sabremos a donde ir y por donde movernos. Te aseguro que todo nos irá bien, sólo es cuestión de esperar un poco más.

«Sólo un poco más, sólo un poco más.» Se repitió quedándose en silencio frente a sus amigos, unos días más, unas cuantas horas y Winter estaría de vuelta con él, a su lado olvidando aquella terrible pesadilla, sólo un poco más para aguatar. Con el rostro aún lastimado, Andrew asintió lentamente

- ¿Entonces podré contar con ustedes para ese momento?

- Por supuesto. –Purdy respondió a lo que Natsumi asintió seguro de lo que estaban por hacer.

Pronto, el infierno será poco para Delorme.