TITULO: El Trato

Capítulo: El Juicio

Libro: Harry Potter

Pairing: H/D B/R T/N

Category: Clasificándose como Sweet, Angs, Romántico y quizá algo más.

Raiting/Warning: PG-13 Por el momento. M-Preg. Algunos Spoilers del último libro.

Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Harry Potter, pertenecen a su Creadora J. K. Rowling y a sus respectivos socios comerciales. Ésta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.

Lo único mío son la historia, las ideas y OCC (Personajes originales).

De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.

CAMPAÑA LE FAY : No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante. ALZA LA VOZ, NO TE QUEDES CALLADO ANTE EL PLAGIO.

Tiempo: Posterior a la "saga" de libros.

En calidad de Universo Alterno.

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Nota:Esta historia, por ser lo que es contiene OCC en los personajes (creo que eso está claro desde el momento en que se llama: FanFiction) y M-Preg. Hago hincapié en esto.

¿Qué es M-Preg? Es la contracción para referirse a un: Masculine Pregnant (embarazo Masculino) Si no te agrada esta temática, entonces no lo leas.

De esa manera te ahorrarías algún sentimiento de contrariedad. Pero si te da curiosidad, entonces adelante. Recuerda que yo no me hago responsable de nada ya que es tu decisión. Gracias

OoOooOoOo

Molly Weasley era una mujer con valores familiares tan perfectamente bien inculcados y arraigados que nadie podría cambiar jamás.

También era tradicionalista en muchos aspectos de su vida personal y familiar. En el pasado, habría reído como histérica y después habría reñido a quien hubiera osado siquiera sugerir que alguna de esas ideas pudiera salir del cannon.

Si, se habría enfadado bastante, pero en la actualidad y después del camino plagado de buenas y malas nuevas tenía que admitir que el aceptar, era bueno.

Como el hecho de dejar ir a su hijo Fred, de aceptar a las mujeres en la vida de sus hijos y también, quizá el más importante, a los hombres.

No era que se tratase de nada del otro mundo, ciertamente la comunidad mágica se encontraba muy por encima de la muggle en la estadística de la aceptación de la diversidad, pero como jamás había tenido el más mínimo indicio de eso…

La vida cambiaba y con ella también lo demás, pues no podía ir por ahí pretendiendo no reconocer algo tan evidente y que con un poco de renuencia en un principio y millones de sonrisas al final, había aceptado.

-Bue...bue…bue.

-¿Qué ocurre, Ander?

El niño pelirrojo le sonrió inmensamente a la mujer quien le regresó el gesto y lo alzó en brazos.

-¿Galleta?

El niño asintió, señalando el enorme tarro en forma de oso que abría y cerraba el hocico.

-De acuerdo, pero solo una, ¿está bien? No queremos que tus padres se molesten.

El infante asintió, contemplando con ojos verdaderamente brillantes y emocionados el cómo su abuela introducía fácilmente la mano en las fieras fauces y extraía una galleta que recibió con la más grande de sus sonrisas.

-Muy bien, aquí tienes, mi cielo.

Pero si bien Molly estaba enterneciéndose con el agradecimiento infantil de su nieto, una manita jalando su suéter exigió su atención.

-Mi, mi.-Reclamó el gemelo del niño que comía con gusto su dulce.

-Bueno, pero a ustedes no se les puede separar, ¿verdad?

Aidan parpadeó y sonrió cuando su abuela le tendió una enorme galleta, la cual devoró casi enseguida.

A Molly Weasley solo un par de cosas podían enternecerle el corazón: los recuerdos y sus nietos, en especial ese par que la seguía por toda la casa cuando iban de visita. Le recordaban tanto a sus propios gemelos.

-Bien, qué le vamos a hacer, ¿verdad?

Acarició la cabecita de ambos y disfrutó de la tierna visión.

-Awwww, ¡yo también quiero!

-¡Y yoooo!

-Abuela, abuela, ¿por qué no me dijiste que tenías galletas de chocolate?

La mujer suspiró, al fin los habían encontrado.

-No te lo dije porque si tu papi se entera…

-Oh, no lo sabrá.-Señaló Derek, cuya mirada brillaba a la mención de las galletas.

-¡Abuelaaaaa, nosotras también queremos!-Corearon las niñas, quienes halaban la ropa de la mujer para llamar su atención.

-Pero bueno, ¿a caso no tienen modales?

Las niñas rieron, sabiendo que su abuela jamás se molestaría con ellas, por eso de buen agrado la miraron sacar tres galletas más.

-Pero solo una, ¿entendido?

Derek asintió y sus hermanas fingieron no escucharla. Ellas sabían que un puchero podía más que mil advertencias.

-¿Qué voy a hacer con ustedes?-Indagó con un suspiro la mujer, acariciando las cinco cabezas rojas que amaba con locura.

Si alguna vez pensó que el cielo quizá la había castigado enviándole desastres a su familia, al mirar a sus nietos no pudo más que agradecer y saber que eran su recompensa después de tanto sufrimiento.

Amaba a cada uno de sus nietos por igual, pero tal vez los Zabini-Weasley tenían un poquito más de su corazón. Todo se debía a las visitas casi diarias y ese algo que probablemente su padre Slytherin les había heredado.

-¿Mamá?

-En la cocina.

Con la mirada apremió a los niños, quienes prácticamente devoraron la enorme galleta y la miraron con complicería.

-Pensé que habían ido a comprar algo.-Indicó Ron, quien con una sonrisa hizo acto de presencia en la cocina.

-Los niños estaban jugando en el jardín.

-Desgnomizando el jardín, como siempre, dirás.

Molly sonrió, mitad culpabilidad mitad inocencia.

-Bueno, ya que les encanta jugar, puedo aprovecharlos un poco, ¿no?

-Eres una extorsionadora de nietos.-Gruñó en broma el pelirrojo, sirviéndose un vaso de jugo.- ¿Es fresco?

-Lo hice mientras dormías.

El muchacho miró el reloj.

-Es tarde, siempre que vengo me dejas dormir demasiado.

-No tanto, además debes cuidarte.

Ron sonrió, su madre sobreprotegía a sus hijos en el embarazo.

-¿Cómo se han portado mis demonios?

Los niños sonrieron desde lejos.

-Perfectamente, como siempre.

-Eso es raro de escuchar… ¿ya comieron?

Los niños negaron.

-¿Entonces porqué comen dulces?

-¡No comimos dulces!-Negaron las niñas.

-No, yo mismo los vigilé.-Añadió Derek, cruzando los dedos tras su espalda.

-Aja, ¿se creen que nací ayer? Mejor vayan a jugar un rato más, yo prepararé algo de comer, ¿de acuerdo?

Los niños rieron, jamás lograban engañar a su padre.

Derek y sus hermanas salieron corriendo al jardín, mientras los gemelos eran llevados a la sala, en dónde varios juguetes flotaban.

-¿Cómo haces eso?-Indagó Molly después de depositar a Ander en el piso.

-¿Hacer qué?

-Saber cuándo han hecho algo. Yo lo intenté por años y jamás logré sacarles algo….contadas veces.-Aceptó la mujer.

Ron tomó asiento y sonrió.

-¿Te recuerdo tú lema, mamá?

Molly frunció el entrecejo mientras su hijo reía.

-Lo siento mamá, es que es bastante gracioso…tienen sangre Slytherin, prácticamente debo tener cuatro cabezas para saber lo que están planeando.

-Sobre todo ellas, ¿verdad?

Ron suspiró asintiendo.

-Sobre todo ellas. No sé de dónde sacan tantas ideas, ¡y solo tienen cuatro años!

-Fred y George eran peor.-Respondió la mujer con una sonrisa en labios.-Nunca se cansaban, hasta el último momento siguieron bromeando.

Ron tomó la mano de su madre y le sonrió, no le gustaba que memorara pues eso la entristecía, pero era inevitable no hacerlo. Era parte de la vida.

-Antes te hubiera distraído con cualquier cosa, pero desde que estoy en esto del testigo ocular…me he dado cuenta de que el pasado siempre nos perseguirá mamá, pero depende de nosotros si nos lastima o no.

Molly lo sabía, por eso trataba de recordar con una sonrisa en los labios.

Era la mejor forma de honrar a los desaparecidos.

-Por cierto, ¿cuándo acabarás con eso?-Indagó, cambiando ella misma de tema.

-Hermione dice que es muy probable que por fin esta semana nos den la fecha.

Molly entonces se enserió bastante.

-No me gusta todo esto, mucho menos que estés solo con ella.

-Oh, no es tan malo, mamá. Además no estamos solos, su secretaria está solo a unos pasos cruzando la puerta.

-¡No te hagas el gracioso!-Riñó, escuchando el suspiro de su hijo.-Desde que Blaise me comentó sobre todo esto que no estoy muy de acuerdo. Debe existir otra forma.

-¿Así que viene a quejarse contigo?

-Se preocupa por ti.

Ron giró los ojos.

-Yo sé que se preocupa por mí pero…nada malo ha sucedido. Ella es la que prácticamente hace el papeleo, yo solo voy cuando necesita escribir alguna cosa o hacerme recordar algo que pueda ser de utilidad.

-Pero eso puede hacerte daño, sobre todo en tú estado. ¡Esa mujer es una inconsciente!-Expuso, sin molestarse en ocultar su enfado.

Ron se acercó a la mujer y besó su mejilla, mientras esta lo abrazaba con algo de fuerza.

-Lo que menos deseo es que vuelvas a sufrir, Ron. Ya bastante lo has hecho como para…

-No debes preocuparte por eso. Te he dicho que nada ha sucedido y así continuará. Quizá hace unos años me habría negado a convivir con ella, no importando que fuera para ayudar a Harry. Pero ahora todo es distinto, lo sabes.

Molly asintió. Siempre había deseado que sus hijos no sufrieran pero lamentablemente la vida estaba llena de amargura, sobre todo con lo que habían vivido.

Así pues la mujer besó los cabellos de su hijo y trató, como siempre, de apoyar sus decisiones. Después de todo ya no era un niño.

-¿Entonces crees que falte mucho para el juicio?

Ron movió la cabeza, negándose a abandonar el masaje que su madre le estaba dando a su espalda. En verdad que lo necesitaba.

-Ella dice que no. Todo depende del tribunal, ya sabes cómo les gusta hacerse los importantes.

-Shacklebolt preguntará.

-Hermione lo sabe, por eso está planeando un contraataque o algo así. Ya sabes cómo es ella, siempre pensando y planificando cosas aun antes de que sucedan. No ha dejado de ser un cerebrito.

Molly se guardó el gruñido de indignación. Visiblemente Ron estaba haciendo un esfuerzo muy grande por tratar de que todo saliera bien (por Harry), pero ella lo conocía tan bien como a sus demás vástagos, por eso redobló el masaje en su espalda.

-Espero que Harry quiera venir alguno de estos días, se ve bastante estresado.

-Es natural, está metido en un embrollo bastante…peculiar.

Ron sonrió, a su madre cada vez le gustaba menos la idea de sacar a Lucius Malfoy de Azkaban, pero sabía que era por una noble causa.

-Ayer se fue nuevamente a Londres Muggle.

-¿A qué?

-Dijo que por trabajo…ha cambiado mucho, ¿sabes?

Molly asintió.

-Madurez, Ronald.

Él sabía que era evidente que el muchacho que durante toda su vida había pasado por peligros extraordinarios y que se había enfrentado al mal, había desaparecido casi por completo.

-A veces, cuando hablo con él, puedo adivinar la razón por la que se marchó.

-¿No le has preguntado nada?

Ron negó mientras su madre asentía.

-Pero creo que es lógico, ¿no?

La mujer lo sabía, por eso nadie le había cuestionado nada.

No iba a negar que al desaparecer, ella misma habría reunido un escuadrón de búsqueda si no hubiera sido por la intervención siempre oportuna y madura de su esposo.

El buen Arthur siempre tan sonriente y amable, pero tan sabedor de cosas que la mayoría de las personas pasaban por alto. Por eso se había casado con él.

-Quizá nunca lo sabremos a viva voz.-Murmuró Ron quien miraba a sus hijos hablar entre sí en un idioma que solo ellos entendían.

-Tal vez no, pero son sus decisiones y aun así lo seguimos queriendo.

-Eso no se duda, mamá. Harry siempre será un Weasley.

Desde aquella primera vez en King Kross, dónde un par de ojos verdes se habían abierto en sorpresa al ver un mundo que jamás había conocido y les había sonreído con sinceridad, Harry Potter se convirtió en un Weasley, por ende siempre lo querrían y apoyarían pese a todo.

-Iré a preparar algo para la cena.

-Déjame ayudarte.

La mujer negó, incorporándose del sofá.

-Mejor descansa un poco.

-¡Acabo de dormir como tres horas, mamá!

-Sí, pero lo necesitas. ¡Y no protestes!, obedece a tú madre quién es la que sabe.

El pelirrojo sonrió. Acababa de cumplir los seis meses y cada vez se cansaba más, y no era para menos. Sus hijos consumían prácticamente todas sus energías.

Por eso permaneció recostado, corrigiendo algunas palabras de sus hijos y mirándolos jugar, los otros tres continuaban jugando con los gnomos.

Por su parte, Nott miraba atentamente los documentos de un nuevo caso que tenía entre manos. Su clienta deseaba demandar al Departamento de Herencias mágicas porqué según ella todos sus preciados galeones heredados habían ido a parar a las garras del gato de su difunta tía abuela. Ese si era un caso extraño, sobre todo porque el gato había empezado a vivir placenteramente.

Él sospechaba sobre un "animago no autorizado" y si así era, entonces se embolsaría un buen caso. Los principales diarios sensacionalistas del mundo mágico no paraban de hablar del "gato suertudo" y por supuesto que él no lo desperdiciaría.

-¿Y has ido a visitarlos?

El abogado frunció el entrecejo y asintió.

-¿Seguro?

-Todo en orden, Zabini. ¿O a caso quieres que los encuentre en una posición tan incómoda que el estado de tú esposo visiblemente se los permitiría?

El italiano gruñó.

-¡No me refiero a eso!

-¿Entonces?-Indagó Theodore elevando la vista, sabiendo que sería inútil continuar leyendo. A veces se preguntaba la razón por la que permitía el acceso libre de sus amigos a su despacho.

-Pues…

-No creo que les queden muchas energías para hablar, o coquetear o lo que sea que tú enferma cabecita maquine a su alrededor. Están trabajando, Blaise y lo están haciendo de la manera profesional para cerrar este Trato.

Blaise lo sabía pero no podía dejar de sentirse celoso.

-Aun así quiero asegurarme de que…

-Sí, sí, te lo prometí, ¿no? Ahora, si no vas a hacer nada de provecho, déjame invertir mi tiempo en cosas productivas.

Zabini reconocía que quizá se estaba excediendo y pareciendo un loco obsesionado con su esposo, pero la realidad era que estaba arto de todo aquello y lo único que deseaba era que terminara para no tener que preocuparse más sobre Ron y esa mujer que no podía tolerar.

-¿Entonces para cuando?

Nott movió la cabeza, dejando una vez más los documentos que intentaba leer.

-Ni idea. No sé que pretende el maldito tribunal retrasando las cosas. La papelería es correcta, se llenaron los requisitos, se habló con el consejo, hasta el director de Azkaban envió una carta explicando diez millones de cosas. Si me pides opinión, esos bastardos solo se están haciendo los importantes.

-Como siempre harán cuando de un Slytherin se trate.

Ambos conocían la fama que la antigua casa de Hogwarts tenía, sobre todo después de la guerra.

No era ninguna coincidencia que los Death Eaters fueran ex Slytherin, mucho menos seguidores de un mago que ¡Oh sorpresa!, también fue a la misma casa.

El mundo entero sabía que jamás los verían con buenos ojos, siempre llevando un estandarte que en nada los complacía.

-Pensé que esa mujer podría ayudar en eso.

-Y lo ha hecho pero el sistema se ha vuelto, si es posible, mucho más sólido. ¿Sabías tú que para solicitar una cita con alguno de los departamentos superiores se requiere toda una investigación? No quiero ni saber lo que se necesita para ver al ministro.

-Exageraciones estúpidas. Si todo sigue así jamás nos permitirán hacer nada bueno con el mundo.

Nott lo sabía. El siguiente paso posterior a una guerra era la extrema seguridad y después la monopolización. A ese paso no le sorprendería si alguien se alzaba en contra de toda esa innecesaria burocracia.

-Pero es lo que es y debemos soportarlo.

-¿Crees que tarde más tiempo?

Theodore sabía la razón de esa pregunta, por eso habló con sinceridad.

-Granger dijo que ya no debían exceder esta semana. De todas formas ninguno de los dos lo permitiremos. Creo que ha llegado el momento de ponerle fin a todo esto y seguir con nuestras pacíficas vidas.

En eso él se refería también a la paz que su despacho usualmente tenía y no al alboroto que sus dos amigos hacían por culpa de aquel Trato.

Y hablando de amigos…

La puerta del fondo se abrió rebelando la figura de Draco Malfoy.

-Malfoy…luces terrible.-Señaló Zabini, quien bebía té.

-¿En dónde estabas?-Indagó Nott.-Creí que veríamos lo de las irregularidades de…

Pero todo lo que el rubio hizo fue servirse un vaso de Whiskey y beberlo todo.

-Hey, ¿tan mal te ha ido?-Bromeó Blaise mirando a su compañero quien también sonrió.

-Si es porque olvidamos felicitarte por tú nuevo contrato con ese irlandés…no creo que sea para tanto.

Pero los ojos grises del hombre hablaban de muchas cosas a la vez por lo que sus mejores amigos solo pudieron escuchar.

-Creo que…llegó el momento de su venganza.

Nott y Zabini se miraron sin comprender.

-Ya pueden servir salsa tártara mientras me quito los calcetines.

Si el magnífico Draco Malfoy decía eso, era porque realmente algo grande e importante había sucedido.

OoOoOoO

Harry dejó su equipo de fotografía en el armario de su habitación y se dejó caer en la cama.

-¿Estás bien?

Asintió en dirección a Alec, quien se había ofrecido a acompañarlo hasta su departamento.

-Sí, es solo que… ¿crees que Jonathan quedará satisfecho con lo que hice?

-Jonathan está satisfecho con todo lo que haces, por algo te llamó.

Harry pensaba que el otro fotógrafo lo alababa demasiado pero en ese momento lo que menos deseaba era pensar.

-Bueno, al menos nada se dañó. ¿Por qué no tomas un baño? Anoche te la pasaste conversando con la dueña de la posada.

El de anteojos sonrió. Cuando Alec llegó, con un transporte, se dirigieron primeramente a recoger al buen hombre que les había ayudado y después al pueblo, donde ambos hoteles y hasta la posada se encontraban ocupados, en este último debido al fuerte torrencial y a la falta de habitación tuvieron que quedarse en el recibidor. Evitando escuchar el alegato de Malfoy, él conversó con la amable dueña de la posada, quién lo entretuvo con anécdotas y cosas que habían servido para redactar el trabajo que esa mañana, tras llegar a Londres, había llevado a su jefe.

No fue una buena noche, pero al menos logró su cometido.

-Creo que voy a dormir un poco antes de hacer algo.-Dijo, sintiéndose por primera vez muy cansado.

-Harías bien, ¿si quieres yo puedo…?

-No, estoy bien yo solo. Gracias.

Alec miró un momento a Harry para después, sin ningún motivo en especial, acercarse a él. Y todo habría concluido en un beso, pero el ojiverde se apartó lo suficientemente rápido como para que todo terminara en un simple abrazo. Aunque eso no lo exentó de abrir grandemente los ojos.

-Gracias.-Murmuró Alec, tan bajito que el otro por poco no lo escuchó.

-¿Por qué?

-Por haberme permitido conocerte.

A Harry eso le parecía una despedida.

-¿A dónde vas?

Pero Laurent solo rió, separándose de él.

-A ningún lado, Har. Es solo que…tenía deseos de decírtelo.

El de anteojos no comprendió y tampoco hizo hincapié en lo que había sucedido.

Alec se levantó de la cama y se dirigió a la salida.

-Me voy de juerga. Quizá algún chico lindo quiera pasar este día conmigo. ¿Qué opinas?

El ojiverde lo siguió hasta la puerta, desde donde Alec le sonreía.

-Que te deseo suerte para encontrarlo. Ojalá sea un buen chico.-Señaló, devolviéndole la sonrisa.

Alec solo pudo reír y despedirse, con ese ademán de agitar la mano con efusividad que tanto le hacía gracia a Harry.

-Entonces si el maravilloso Harry Potter lo dice, es porque así será. Nos vemos después, Har.

-Hasta pronto, Alec.

Laurent entró en el ascensor y cuando las puertas se cerraron, suspiró.

-Al menos lo intenté.-Se dijo, sonriendo de medio lado, algo que solo indicaba tristeza y fracaso.

No iba a pensar en nada, mucho menos en lo que había visto.

Las personas no necesitan devanarse el cerebro con ímpetu para entender que las acciones dicen más que las palabras y él había visto más que palabras y acciones en dos pares de ojos que parecían conocerse desde siempre.

No era que hubiera llegado tarde, era que no había sabido aprovechar la oportunidad.

Él habría podido vivir con el gran hueco que era la vida de Harry, incluso sin cuestionar, todo en tiempo presente. Pero el fotógrafo evidentemente ya tenía un pasado y alguien que lo conocía.

Había vivido demasiadas cosas y tenía la suficiente experiencia como para siquiera pensar en comportarse como un adolescente y rabiar.

Estaba celoso, no lo negaría pero eso en nada le serviría.

-Ojalá que ese chico lindo pueda hacerme olvidar.-Murmuró, saliendo del ascensor y dirigiéndose a la calle dónde el sol ya se encontraba en lo alto.

Harry por su parte se metió en la cama sin siquiera cambiarse de ropa. Ya más tarde se ducharía y se mudaría para ir a donde Ron.

Debía recordar llevar su portafolio, había prometido mostrárselo a su amigo a quien seguramente le fascinaría.

Estaba dispuesto a hacer muchas cosas, menos en pensar sobre lo que había sucedido el día anterior.

Mejor lo dejaría así porque de lo contrario comenzaría a explotarle el cerebro y entonces…

Instintivamente se tocó los labios con las yemas de los dedos y suspiró.

-Creo que soy un idiota.-Susurró, cubriéndose hasta la cabeza con la manta.

Idiota o no había sucedido y quizá lo que más problemas le traía era el hecho de que esa mañana, cuando le entregó el trabajo a su jefe, este le recordó sobre la charla que habían sostenido hacía poco.

"¿Ya te decidiste?"

No podía darle una respuesta, aun no, mucho menos cuando su vida estaba a punto de cambiar.

Durante mucho tiempo se había rehusado a ascender en su trabajo, era feliz con lo que hacía pero al fin podía cambiar.

¿Por qué todo tenía que ser tan complicado?

Era la cuestión que seguramente toda la humanidad pagaría por resolver.

oOoOoO

Y después de esperar solo un poco, por fin el gran día llegó.

El Juicio se efectuaría a puerta cerrada, porque era costumbre en el tribunal mágico y sobre todo porque en esa ocasión el caso era muy delicado.

En el recibidor se encontraban todos los involucrados.

En primera fila, por supuesto, Draco Malfoy quien con su pose altiva y refinados modales, saludaba a algunos cuantos rostros conocidos que se acercaban a charlar de esa manera en la que el mundo entero sabía que solo se chismeaba.

A su lado, su madre. La aun bella Narcisa Malfoy sonreía cordialmente como siempre lo había hecho, demostrando que sus refinados modales y su imponente persona jamás se rebajarían como muchos tantos lo habían deseado.

Un poco retirados se encontraban Theodore Nott, quien releía unos documentos mientras su esposo Neville, este último llamado por el mismo tribunal mágico, conversaba amenamente con Hermione Granger quien se removía incómoda a causa de las miradas nada amables que Blaise Zabini le dirigía.

-Ya, ¿puedes comportarte por favor?

-Pero yo no estoy haciendo nada, rojo.

Ron, quien desde hacía un rato permanecía preso bajo los brazos protectores de su esposo, solo resopló con cansancio.

El día anterior y después de una muy estresante semana, sobre todo porque notaba a Harry muy extraño desde que había vuelto nuevamente del mundo muggle y este le aseguraba que nada sucedía, por fin la lechuza oficial del Tribunal Mágico había tocado a su ventana.

Aun podía recordar la carta membretada con el sello del Ministerio y todas las palabras, que simplificando, solo lo requerían como testigo Ocular para testificar a favor de Lucius Malfoy, y como el abogado del mismo así lo requería.

Su sonrisa se había extendido y en cuanto se lo comunicó a Harry supieron, sin la necesidad de saber los resultados, que la cuenta regresiva para el término de ese Trato estaba en marcha.

El más emocionado tal vez por el término de todo aquello era Blaise quien después de enterarse había sonreído tanto como nunca que Ron recordara y lo había besado media hora seguida sin darle un descanso. El pelirrojo sospechaba a qué se debía esa euforia, así que entre remilgos y riñas pequeñas transcurrió la noche.

Esa mañana todo había sido un mini caos en su casa pues el matrimonio no había podido salir en una sola pieza debido a las millones de pataletas, gritos, lloridos y demás por parte de sus hijos quienes, incitados por las gemelas, suponían que sus padres irían a comprar helado de todos los sabores y no les llevarían. El pelirrojo tuvo entonces que dejar en prenda a su buen amigo, quien por obvias razones no podía estar en el tribunal.

-Todo saldrá bien, mi vida.-Susurró Zabini quien al parecer se había olvidado un momento de amenazar a la directora del departamento de Aplicación de la Ley Mágica y comenzaba a mimarlo.

-Ya lo sé.-Suspiró Ron por enésima vez.-No es como si fuera a batirme en duelo con alguien. ¿Te recuerdo que he sorteado cosas peores?

Blaise negó, apretando solo un poquito el agarre posesivo sobre su esposo.

Él, más que nadie tal vez, deseaba que todo ese show de tres pistas terminara cuanto antes. De esa manera se aseguraba de que esa mujer, que los miraba de vez en vez, se alejara de su esposo.

Tontamente sabía que se engañaba pero al menos volvería a tener un poquito más de control sobre su pelirrojo a quien dentro de poco iban a bombardear con cosas que él prefería no se recordaran jamás.

A pesar de haber estado, un tanto retirado, de la guerra que más de diez años atrás se desató, nada se comparaba con lo que Ron Weasley había vivido. El pelirrojo se aseguró de tener un boleto en primera fila que él jamás habría deseado, por ende las experiencias fueron mucho más traumatizantes que ninguna.

Desde el principio se había opuesto a que Ron reviviera todo ese tormento, sobre todo por su estado, pero siendo el testarudo que era lo había ignorado.

Ahora, solo a un palmo de que todo eso terminara, estaba seguro que los del tribunal no tendrían piedad para avivar esos recuerdos con toda la intensidad posible, y aunque él estaría como público invitado, no sería suficiente para ayudarlo. Ni siquiera Nott podría.

Por eso volvió a mirar a Hermione Granger con odio y se juró jamás perdonarla.

-Todo esto es tú culpa.

-¿Qué?

-Nada, nada rojo, tú sigue descansado, ¿está bien?-Sonrió, acariciando la espalda de quien se lo agradeció con una sonrisa.-Y recuerda que si la pregunta es incómoda entonces no respondas.

-Pero debo hacerlo Blaise. Se supone que estoy ahí para ayudar…

-Sí, sí, ya lo sé. Pero tú estás de acuerdo con papá, ¿verdad nena?-Indagó, acariciando el vientre que se movió un poco.- ¿Lo ves Ron? Así que nena, si estas incómoda entonces díselo a papi.

Ron solo rió, en ocasiones su descerebrado consorte era impredecible.

-Los invitados especiales favor de pasar a la sala C. Los invitados especiales…

-Esa es tú llamada, Zabini.-Señaló Nott quien había movido cielo, mar y algunos galeones para que el Director del departamento de excepciones de la magia negra pudiera estar presente en lo que algunos catalogaban como el juicio del siglo.

No era que Blaise no fuera importante, de hecho el abogado a veces pensaba que se codeaba con más personalidades influyentes que él, pero siendo su esposo un testigo ocular indispensable…las leyes eran muy claras en cuanto a eso. Pero no era el mejor abogado del mundo mágico solo porque si.

-Me debes una grande, Zabini.-Murmuró, mirando a Draco Malfoy que junto a su madre se dirigieron al salón ya señalado.

-Cuídate, ¿sí? Estaré solo a unos pasos si me necesitas.

Ron asintió a su consorte quien antes de soltarlo lo besó largamente.

-Maldito exagerado.-Farfulló Nott, desviando la vista.

-Oh, solo estás celoso porque él no le teme al protagonismo público.-Rió Neville, quien sabía que jamás conseguiría una escena así por parte de su esposo en un lugar con demasiadas personas observando. A veces envidiaba un poco a su pelirrojo amigo.

Blaise caminó hasta la sala, no sin antes dirigirle a Hermione, quien hablaba con un hombre de túnica negriblanca, una mirada de advertencia.

-Ufff, está insoportable.-Rió Ron, acercándose al abogado y a su esposo que solo sonrió.

-Déjalo, es su manera de decirte que te ama.

-Sí pero…exagera.

Nott asintió a eso con toda la solemnidad posible pero el rostro acongojado de Hermione acercándose a ellos no les dijo nada bueno.

-¿Qué ocurre?-Indagó el abogado enarcando una ceja.

-Malas noticas.-Dijo, mirando directamente a Ron quien tragó en seco.-¿Recuerdan que les comenté que se me hacía sumamente extraño eso de que Neville estuviera aquí?

Las tres cabezas asintieron, esa había sido una discusión bastante tardada, sobre todo por parte de Nott a quien no le gustaba involucrar a su esposo en asuntos legales, por muy testigo de un Trato que fuera.

-Bien, pues me acaban de informar el motivo de su presencia.

-¿Es muy malo?-Indagó el medimago a la mujer que suspiró.

-No sé, tú tendrás que decírmelo. No estoy familiarizada con la medimagia.

-¿Entonces…?

Hermione negó con visible molestia.

-Los malditos del tribunal siempre quieren hacerlo todo a su modo, ya me encargaré después de que se atengan a la ley. Te mandaron llamar para que supervises a Ron mientras testifica.

-¡¿Qué?-Indagaron ambos Gryffindors sin comprender.

-Que van a administrarle a Ron Veritaserum y un hechizo de verdad.

Ron parpadeó mientras que Neville frunció el entrecejo.

-¡¿Pero están locos?-Indagó el medimago con enfado.-¡¿Cómo se les ocurrió semejante idiotez?

-No lo sé.-Negó Hermione con visible molestia también.-Se saltaron completamente el protocolo que ya se tiene establecido.

-Lucius Malfoy.-Murmuró Nott, sintiéndose ofendido por esa falta de desconfianza que a última hora el tribunal había expuesto.-Es por él.

La funcionaria asintió.

-De cualquier forma ese no es motivo suficiente para que ellos…

-Está bien.-Dijo el pelirrojo, atrayendo las miradas de los otro tres.-Si es para ayudar a que todo esto salga bien, entonces me arriesgo.

-Pero Ron.-Negó Neville de inmediato.-Son pócimas y hechizos muy poderosos que en tú estado…

-No hay problema, Neville.-Sonrió, palmeando el brazo de su amigo.-Si te han llamado es porque eres el mejor medimago experto en obstetra magia que existe en el mundo. Yo sé que harás lo indicado para mantenernos a salvo.

-Pero…

-Es por Harry, Neville.

Ambos se miraron un momento hasta que el medimago asintió.

-De acuerdo.

Ron sonrió ampliamente y Hermione no supo si llamarlo irresponsable o buen amigo.

-Solo déjame decirte brevemente los efectos que eso puede acarrearte en tú estado.

Y mientras ambos hablaban, Nott miró a Hermione que entendió de inmediato.

Si los del tribunal pensaban que podían complicar las cosas con eso y apuntarse mil puntos, era que no conocían sus mentes.

Eso era algo que podía salirles por la culata a los del inservible tribunal.

Harry miró el reloj y suspiró.

-Ya debe de haber comenzado.

-Hey, tranquilo. Tienes ahí a los mejores, nada saldrá mal.

El ojiverde miró a la pelirroja quien acababa de darle su vaso entrenador a los gemelos y a su hijo más pequeño, un bello nene de tez achocolatada de año y medio que lo miraba atentamente con sus grandes ojos azules. Una belleza de niño a opinión de él.

-Gracias por el ánimo, Ginny.

La muchacha sonrió, sentándose al lado del que en antaño juraba, sería su bien amado esposo. Pero no hacía falta recordar las cosas para saber que quizá nunca estuvieron destinados, a pesar de la atracción que existió entre ellos.

-Aunque Dean no esté directamente en este caso, me prometió encontrar la manera de mantenernos al tanto.

Harry lo sabía. Dean Thomas era un hombre con mucha voluntad y cuando se enteró de todo eso prometió él también poner de su parte aunque no fuera mucho. Ginny había tenido mucha suerte al casarse con él.

-Gracias por venir a ayudarme, a veces siento que me volveré loco con tanto niño. No sé cómo Ron lo soporta.

La pelirroja rió.

-Está loco, siempre lo ha estado.-Guiñó a modo de complicería.-Pero no te preocupes, es un placer venir a ayudarte ya que mamá no pudo. Fleur iba a venir también pero Victoire está por entrar en Hogwarts y…

-Oh, vaya, ¿tanto tiempo ha pasado ya? Debe ser una preciosidad.

Ginny asintió, devolviéndole a Aiden la pelota encantada que aterrizó junto a ella.

-Es un verdadero encanto. Bill está furioso con la sola idea de que alguien le quite a su bebé.

-Los padres sobreprotectores…me pregunto si yo seré así.

Ginny sonrió, la paternidad por si misma daba millones de cambios que a la larga solo el padre sabía si para bien o para mal.

Además era casi una ley que los padres siempre sobreprotegerían a sus hijas. No quería pensar si quiera cuando Alison, su única hija, creciera y Dean entrara entonces en ese síndrome.

-Yo creo que serás un papá genial, ya lo verás.

Harry agradeció el cumplido pero solo el tiempo diría su veredicto.

-Espero que todo se termine hoy.

-Por supuesto y cuando menos lo pienses tendrás una criatura con tus ojos y tú cabello diciéndote papá.

Era la primera vez que Harry pensaba en eso y algo en su corazón se encogió de felicidad.

Papá era una palabra que él nunca pudo decir pero que seguramente sonaría increíble proveniente de los labios de su futuro hijo.

-¿Ya pensaste en el cómo se hará lo de…Malfoy?

Harry negó, aun no había conversado con Neville pero intuía que no sería muy difícil.

-Creo que yo no tengo que hacer nada, todo lo hará Neville con su magia.

-Sí, es bastante bueno con eso. ¿Quién lo iba a pensar de él? Aun recuerdo cuando me llevó al baile de navidady me pisó toda la noche. Al día siguiente no pude levantarme de la cama.

Ambos rieron, aquellas memorias eran las únicas que Harry conservaba en un lugar especial.

No todo en su vida había sido malo y a eso se había aferrado durante mucho tiempo.

-Y… ¿tienes a alguien que vaya a apreciar lo que Malfoy hará por ti?

Harry miró los ojos curiosos de la mujer a quien muchos años atrás había amado, y negó.

-Aun no, pero eso es algo que no me preocupa.

-Entiendo.-Murmuró la pelirroja sin borrar su sonrisa.-Ya la o lo encontrarás.

El de anteojos abrió la boca pero prefirió guardar silencio.

De hecho algo muy extraño le estaba ocurriendo y no estaba muy seguro de hablar con Ron al respecto. No era que no confiara en él, todo lo contrario, pero había cosas que evidentemente nunca cambiarían y que era mejor hablar con una mujer, y como Hermione era alguien muy ocupada…

-Ginny… ¿qué dirías si alguien, a quien pensabas no tolerar, repentinamente te empieza a gust…?

-Hey, mensaje de Dean.

Harry miró la chimenea por donde una pequeña bola rosa salió.

-Es un mensaje exprés especial de la red flu. Se suele utilizar para cosas extremadamente urgentes. Por lo regular solo el ministerio los usa.

-¡Oh!-Exclamó el ojiverde, sabiendo que nunca había visto eso.

Ginny lanzó un hechizo sobre la bola rosa y esta rápidamente cambió de color a uno blanco. Lo recogió y desdobló.

-Mmmm, esto se está poniendo tenso.-Murmuró la pelirroja extendiéndole el pergamino a Harry quien lo leyó de inmediato.

El jurado está complicando las cosas con Lucius Malfoy.

Ron está por pasar a testificar y al parecer van a subministrarle Veritaserum.

Seguiré informando.

Harry miró a su compañera quien suspiró.

-Solo espero que no le afecte al bebé.

Harry también lo esperaba.

Al costo de dañar al preciado bebé de Ron, él prefería mil veces morir por incumplimiento de contrato.

-Ojalá que todo esté bien.

Ron tomó asiento como se lo indicaron y miró a los presentes.

Frente a él los invitados especiales, podía sentir la mirada penetrante de su esposo quien era sujetado por Draco Malfoy fuertemente.

Acababan de decirle que le subministrarían la pócima de la verdad y además agregarían un hechizo que les demostraría a todos los presentes que su testimonio era más que creíble.

La sala entera se conmocionó, sobre todo por su estado, pero en cuanto llamaron a Neville todo el mundo pareció tranquilizarse, incluyendo Lucius Malfoy quien permanecía sentado en medio del salón junto a Nott, el cual no perdía detalles de todo lo que ocurría.

-Señor Ron Weasley, ¿está preparado?

El pelirrojo asintió, mirando al hombre que depositó frente a él un pequeño vaso transparente.

-Veritaserum.-Dijo el hombre hacia los presentes.-El más potente que existe y preparado bajo la supervisión de un representante del jurado, del abogado defensor y de la representante del Ministro, la señorita Hermione Granger.

Los aludidos asintieron, quedando en el registro la veracidad del testimonio.

Ron miró a Neville quien le había lanzado un hechizo de monitoreo y le indicó que podía comenzar, por eso bebió el contenido del vaso y esperó.

-Ahora.-Dijo el juez, un hombre duro y nada amigable que le hizo acordarse de Barty Crouch.-Se procederá a lanzarle un hechizo de la verdad.

Neville comprobó, en la burbuja que se había formado como parte de su propio hechizo, el estado de Ron y asintió en dirección de la bruja perteneciente al tribunal, que fue la encargada de lanzar el hechizo.

Cuando ambas cosas estuvieron listas, solo fue cuestión de esperar hasta que el medimago lo indicara.

-¿Te sientes bien, Ron?

-Muy bien.-Admitió el pelirrojo.

-Está bien, haré unas pruebas. ¿Puedes decirme en qué mes de embarazo te encuentras?

-En el sexto y es una molestia, cada vez me canso más de los pies y el bebé se mueve mucho. A veces siento como si un remolino estuviera dentro de mí.

Algunos ocultaron la sonrisa, otros no.

-Bueno, creo que está listo.-Asintió Neville quien le cedió la palabra al juez.

-¿Puede decirnos su nombre?

-Ronald Weasley…aunque también puede llamarme Ronald Zabini. Nunca he querido cambiar mi nombre pero así me hago llamar también.

Los presentes asintieron y Blaise se calmó un momento.

-Ya era hora.-Susurró Malfoy, quien estaba teniendo dificultades para controlar su propia ansiedad. Las cosas no estaban marchando muy bien y estaba preocupado.

-Es que Ron siempre ha sido reacio a cambiar su apellido y…

-¿Puede contarnos, señor Weasley-Zabini, por qué participa como Testigo Ocular a favor del ex Death Eater, Lucius Malfoy?

El aludido se removió inquieto, esperando la respuesta de alguien que seguramente podía hundirlo.

Seguía estando en desacuerdo con todo eso pero por ver una vez más el cielo azul, tal como esa mañana cuando pudo volver a contemplarlo, estaba dispuesto a todo. Un poco de aire fresco le había reordenado las prioridades.

Ron miró al aludido y suspiró.

-No es por gusto.-Dijo, provocando varios murmullos.-Pero pienso que todos necesitamos una segunda oportunidad.

El juez observó al testigo que claramente miraba al frente.

Se encontraba bajo dos potentes hechizos de verdad, no podía mentir.

-Muy bien, señor Weasley-Zabini, cuéntenos entonces los puntos que usted considera importantes para que Lucius Malfoy no sea considerado un peligro para la sociedad mágica.

El recinto entero se centró en Ron que miró a Hermione y esta asintió.

-No es desconocido para nadie que el señor Malfoy padre fue siempre un respetable hombre de negocios que podía pasearse por el ministerio y formar alianzas que no dejaban duda de su apellido, sin embargo también servía a Voldemort y eso fue lo que le perjudicó.

-¿Puede ser más específico?-Indagó alguien del jurado y el pelirrojo asintió.

-Todos tenemos derecho a cometer errores y el único que Lucius Malfoy cometió, desde mi perspectiva, fue elegir mal y creer en alguien que lo utilizó, convirtiéndolo de esta forma de servidor a traicionado.

Los murmullos volvieron a elevarse y Lucius Malfoy, quien permanecía pendiente de lo que se dijera, sonrió internamente.

Siempre lo había dicho, los Weasley eran sangre pura, que su patriarca fuera poco visionario no les restaba a los demás miembros de la familia colaborar con las reglas que la sociedad mágica tenía para todos aquellos que compartían un vínculo similar, en ese caso la pureza de generaciones que habían hecho lo impensable por ayudarse a sí mismos y a los de su estirpe.

Jamás lo mencionaría pero Arthur Weasley y su mujer habían criado una buena familia. Muestra de ello el hombre sentado al lado de su hijo que miraba orgulloso al pelirrojo que comenzó a relatar cosas que cada noche lo visitaban en sueños o despierto.

Para alguien como él, que había vivido horrores inimaginados desde que se uniera al mago desquiciado que solo le había llevado desazón, no habría jamás paz. Mucho menos en una prisión que pese a permanecer exenta de Dementores aun se valía de otros métodos para recordarles a cada uno de los presos las razones de su permanencia en ese lugar.

Lucius sabía que en un momento había errado todo, no podía regresar el tiempo y pensarse mejor sus decisiones. Perder o ganar son los riesgos que todo hombre de negocios tiene presente y aunque por un tiempo ganó más de lo que jamás hubiera deseado, toda la mágica experiencia cayó hecha trizas cuando pasó de tenerle respeto a aquel que maldecía, a terror.

Un Malfoy era sinónimo de orgullo y al sentir cómo este era pisoteado, comprendió las cosas.

No fue fácil mirar a su familia humillada, una familia que había formado porque lo deseaba y porque la amaba.

Sus ancestros seguramente se estarían revolcando en sus tumbas en ese momento mientras el Weasley ese hablaba y hablaba de cosas que podía ver como si acabasen de suceder. Cosas que estaban sirviendo para limpiar su nombre, su honor, pero sobre todo para sacarlo de un lugar que no deseaba volver a ver.

Como su hijo, que cuyos ojos lo miraban con más orgullo incluso de cuando era un niño, le había dicho: una vez pudiste salir, dos no lo creo posible, no al menos que aceptara la ayuda de dos personas que había humillado tanto como al mismo hombre que estaba haciendo posible todo eso.

-¿Entonces usted vio con sus propios ojos todo lo que dice?-Indagó la voz del juez quien visiblemente molesto, ascendió un par de decibeles más de lo usual.

-Señor.-Suspiró Ron con fastidio.-No estuve ahí solo porqué no tenía nada que hacer. Estuve metido en esa maldita guerra hasta los huesos y créame, lo volvería a hacer con mucho gusto si con eso me deshiciera de indeseables que quieren fastidiar a los que solo deseamos vivir en paz.

Blaize miró la rabia en los ojos azules de su esposo y estuvo a punto de ovacionarlo.

Esa noche se lo recompensaría a Ron, no cabía duda.

El consejo de ilustres magos y brujas que formaban el jurado, así como el juez y sus allegados se miraron entre sí, como formulando algo que pudiera refutar lo que el testigo ocular acababa de decir, sin embargo fueron Hermione Granger y Theodore Nott quienes concordaron que era momento de terminar con todo ese juego.

-Si me disculpan.-Habló el abogado, poniéndose de pie.-Creo que las preguntas redundan y no le veo el caso, dado que el testigo se encuentra bajo un Veritaserum poderoso.

-Aun así no podemos correr…

-Señor Juez.-Señaló Hermione, también poniéndose de pie.-Creo que es suficiente con las preguntas. Recuerde que el testigo se encuentra en un delicado estado y el hecho de que hayan insistido en los hechizos de verdad lo está arriesgando no solo a él sino a su hijo a cualquier clase de contratiempos que pudieran resultar contraproducentes. No creo que nadie aquí se quiera hacer responsable por eso, ¿verdad?

Nuevos murmullos y esta vez la funcionaria sonrió con deleite. Le gustaba cuando sus palabras eran utilizadas para llegar al fin que deseaba.

-Además, como la señorita Granger dice, el testigo está siendo monitoreado por un medimago de prestigio que fue llamado a última hora, y aunque permanece relativamente estable, no creo que continúe así por mucho tiempo más. Esto fue algo que salió del protocolo usual, señores y no lo pasaré por alto. Según la enmienda decimo octava del párrafo tres de la nueva ley mágica para juicios, señala que ningún elemento sorpresa puede entrar en sesión al menos que se haya hablado con las partes involucradas y estas hayan dado su consentimiento, y si recuerdo bien nada de eso sucedió.

Por algo Theodore Nott no perdía y eso lo sabían perfectamente el juez y el jurado, quienes continuaron mirándose con preocupación.

Las cartas se habían tirado, el elemento importante, el testigo ocular, había aceptado el veritaserum a pesar de su salud y había cooperado perfectamente con todo, revelando puntos tan favorables para el enjuiciado que era imposible ver un error.

-Si desean más pruebas.-Señaló Nott como golpe de gracia.-Tengo en mi poder el pensadero que continúe los recuerdos del Señor Weasley. Si desean que nos zambullamos para que contrasten todo y un equipo de evaluadores se siente a dialogar lo que perfectamente todos escuchamos aquí…es su decisión.

-Aunque yo creo que todos escuchamos más que suficiente, señor juez.-Señaló Hermione.-Recuerde que las enmiendas a la ley se realizaron a favor de las personas, no para perjudicarlas.

-Touché.-Murmuró Ron quien miraba a Hermione con una extensa sonrisa. Esa era la mujer amante de hacer respetar las normas que él recordaba.

Draco, por primera vez desde que el juicio dio inicio pudo respirar. Tomó la mano de su madre quien la apretó, mientras de ambos labios se extendía una sonrisa que fue dirigida al hombre que los miró con el orgullo que quizá nunca les había demostrado.

Ese juicio, había llegado a su fin.

Continuará…

Si mal no calculo, quedan alrededor de 3 o 4 capítulos para que esta historia finalice.

Muchísimas gracias por sus comentarios y claro, por seguir esta historia la cual es como la vida real: Jamás se sabe lo que traerá consigo porque hasta para mi aun es un gran misterio.

Recordándoles que cualquier duda pueden consultarme que yo la responderé directamente y a la brevedad posible.

Mil gracias nuevamente por leerme y si el mundo real me lo permite nos vemos muy pronto ^^

Katrinna Le Fay

Noviembre 2010

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