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Disclaimer: Los personajes de esta historia pertenecen a NaokoTakeuchi, solo los utilizo porque me gusta perder mi cabeza en historias locas.
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Senderos Perdidos
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14º "Escape."
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Yaten
Seiya estaba apoyado contra la puerta cerrada, mirando como yo no podía dejar de pasearme de un lado a otro, aunque no era mucho el espacio en la única habitación que él tenía en su escondite.
Hace unas horas, cuando al fin me puse de pie y me alejé de la cabaña, quise ir a muchos lugares, deseé caminar y perderme mientras ordenaba lo que pensaba y sentía, pero Taiki me tenía bastante amenazado para que no se me ocurriese andar dando vueltas donde los Black o Ace pudieran encontrarme.
Aunque claramente fui directo a donde Ace podría haberme disparado de nuevo.
Tuve tantas preguntas sobre sus acciones y palabras, pero era obvio que lo que más me tenía intranquilo, era lo que dijo sobre el supuesto estado de Mina. Y de todos los lugares a los que pude o quise ir, de alguna forma, terminé yendo donde mi hermano, esperando que algo pudiese decirme que fuera de ayuda.
—¿Puedes de una vez hablar? —interrumpió —. Estamos hace rato aquí encerrados, Serena creerá que tienes malas noticias sobre Mina —me presionó. Y bueno, tenía razón en parte.
—Es sobre Mina —aclaré al fin, deteniendo mi inútil paseo, necesitando sacarlo de mí, aun cuando sabía que era mejor quedarme callado, porque eso siempre me había funcionado.
—¿Qué está pasando? —quiso saber, y yo quise tener una respuesta real, pero ya no sabía qué ocurriría con todo esto, y me estaba matando.
Era tiempo de soltarlo, y Seiya era la persona que me parecía más adecuada para soportar mi falta de calma.
—Fui a mi cabaña, Ace apareció allí, fue a encararme —le dije, intentando ordenar mi cabeza para hablarle.
Seiya frunció el ceño acercándose a mí, quizá para darle énfasis a sus insultos.
—¿Cómo puedes ser tan imbécil? Saqué todo lo que necesitábamos de ahí, no tenías a qué ir —me reprendió, como un niño malcriado. Y era tan extraño que Seiya cumpliera ese rol ante mí, solía ser al revés.
Supongo que si él es quien me reprende, seré yo quien intente dar explicaciones para que mis acciones tengan sentido. Y no estoy convencido de que exista ese sentido.
—Tenía que hacerlo, pensé que yendo a la cabaña podría dar un cierre a lo que pasó allí, y al fin enfocarme —expliqué en un intento pobre por defender mis decisiones.
Seiya me miró de nuevo, relajando su expresión, dejando un momento su molestia hacía mí.
—Fuiste allí a recordarla, como si nunca fueras a volver a verla —expuso, y no era una pregunta, era lo obvio que yo intentaba negar.
—Era mi deber protegerla aun si no lo supe desde el principio. Era nuestro deber cuidar de ellas cuando nuestro padre murió —expliqué —. No podía existir nada más, una vez estuviera a salvo, quería desaparecer de su vida.
—Estás siendo dramático.
—Seiya, la volví a ver porque intentábamos robar una espada, y esa espada está perdida. Era mi carta para pagar mi salida de la vida de los Black. Aun cuando logre sacar a Mina de manos de Ace, yo sólo le daría más problemas si no logro liberarme. Eso pensaba, pero ahora es diferente —solté complicado.
—¿Qué ocurrió? ¿Ace le hizo algo? ¿Es por lo que Serena dijo sobre su madre? —interrogó.
—Al parecer Mina está embarazada —solté en voz baja.
No quería decirlo, pero estaba ahogándome. Él era la única persona en la que podía confiar. Aunque pude notar, por la expresión de su rostro, que al fin comprendía la gravedad de la situación.
—¿Qué? —murmuró, aun incrédulo.
—Nadie puede saberlo, ni Serena. Ace me dijo que hará lo que sea por proteger a su futura esposa y a su hijo. Que se aseguró que es suyo y no mío, no sé si está diciendo la verdad, no sé si de verdad ella tendrá un hijo. ¿Y si lo es? ¿Y si es mío? —elaboré, y necesité evitar la mirada de mi hermano.
Presioné mis puños contra la pared, golpeándola antes de dejar caer mi cabeza allí.
—Estás perdiendo el control —escuché a mis espaldas—. Siempre callas todo lo que te ocurre, y ahora que está escapándose de tus manos, eres incapaz de reconocer que te importa, que lo único que te interesa es ella y lo que sientes te hizo perder el control. Por eso no sabes qué hacer, porque nunca en la vida permitiste que las emociones te dominaran.
No era lo que quería oír, pero él tenía razón. Siempre tuve el control de todo, incluso en los últimos meses. Y ella había roto mi estabilidad simplemente sonriendo, y temía admitir lo que sería capaz de entregar por verla sonreír nuevamente. Extrañaba tanto su alegría, su humor. Saber que estaba sufriendo me mataba.
—No necesito tus consejos —murmuré, sin darle la cara.
Seiya tiró de mi brazo herido, pero no le importó que yo me quejara con tal de hacerme enfrentar sus palabras.
—Se que no es el momento de hacerte admitir lo que sientes. Pero si no ordenas tu cabeza, si te dejas dominar por la duda, estamos perdidos. Tú eres siempre quien mantiene el orden, debes volver a ello.
—Es Taiki el ordenado, no yo.
—Taiki no es el hermano con quien crecí. Lo siento, pero siempre hemos sido tú y yo, aunque él intente compensarnos. Confío en ti, Yaten, y lamento todo lo que te he hecho pasar, pero ahora estoy aquí. Aunque no sirvo de mucho si no vuelves a componerte.
—¿Por qué no puedo pensar claro? —pregunté, más para mí que para él, sin embargo, Seiya respondió.
—Tú sabes el porqué.
Sonreí con ironía. Estábamos peleando contra gente que toda la vida se acostumbró a mantener la cabeza fría, manipular y conseguir lo que quería a toda costa. ¿Había una forma real de ganar en este juego?
—Lita, una de las mujeres para las que trabaja Taiki, me ayudará a sacar a Mina de manos de Ace —le dije, queriendo dejar de ocultar tantas cosas.
—¿Confías en ella? Creí que esa familia era peligrosa —me advirtió —. Por otro lado, esa familia, las Aino, es la familia de Serena y Mina.
Miré a Seiya por un instante. Desde que Serena dijo el asunto de la foto, no habíamos hablado de ellos, y mi hermano había mantenido su curiosidad más controlada de lo que imaginé. Pero contrario a lo que siempre digo, no es idiota, es era obvio que más temprano que tarde iba a unir las piezas.
—No confío en ella, pero es mi única carta. Ella puede entrar donde ese imbécil. Hay muchas cosas que no sabes respecto a esa familia, que de alguna forma nos afectan. Incluso aun hay cosas que ni yo tengo claras. Pero todo lo que sé, te lo diré cuando Mina y Serena vuelvan a estar juntas. Sólo tienes que saber que por muy peligrosa que sea esa familia, Lita no permitiría que les hagan daño, porque es su sangre —solté de una vez.
—Su madre era parte de esa familia. ¿No quiere esa mujer contactarse con Serena? Al menos mientras liberan a Mina —quiso saber.
—Lita no sabe que Serena está acá, le perdió el rastro cuando ustedes desaparecieron del mapa —expliqué —. Pero imagino que en algún momento van a reencontrarse todas ellas, las cinco.
Y no quería imaginar lo que sería cuando Ami y Rei se dieran cuenta toda la información que les hemos ocultado, no solo Taiki y yo, incluso iba a ser peor cuando sepan todo lo que sabe Lita. A mí al menos me encantaría saber qué es todo lo que sabe.
Entonces Seiya comenzó a hablar, de algo que hace tiempo quería saber, pero no pensé que en este momento al fin hablaría.
—Siempre creí que Diamante buscaba a Serena por algo más. La amo, y sé lo grandiosa que es, pero no me parecía que un tipo como él solo la quisiera por razones sentimentales —comentó —. Supongo que estar ligada con los Aino le hace valiosa, a ella y a Mina.
—¿Cómo lo hiciste? —pregunté de pronto —. Aun no sé qué fue lo que pasó cuando escaparon.
Seiya se apartó, sentándose en la cama, y quise no perder mi paciencia, pero recordaba que su escape me había metido en todo este lío, y era difícil no volver a enojarme.
—No llevábamos mucho tiempo juntos, viéndonos sí, pero no de novios. Era tan reciente que ella estaba nerviosa por decirle a su hermana. Le importaba tanto su opinión —inició, y pude notar la sonrisa boba en su rostro. Seiya realmente amaba a Serena, y era claro para mí que todo lo que ha hecho, tenía ese motivo de fondo —. Diamante estaba molestándola, enviando regalos y notas, tal como Ace hacía con Mina, aunque ella no le daba importancia y solo se reía de la galantería a la antigua de su pretendiente. Serena estaba algo asustada, y un día que llegamos a su casa, con la intención de esperar que su hermana llegara y al fin contarle de nuestra relación, había un ramo de flores y una nota, diciéndole que se preparara, porque pronto nadie podría separarlos.
—¿Y por eso huyeron?
—Vimos muchos autos llegando a la casa, estacionándose afuera, y supimos que Diamante iba por ella. Así que arrancamos por la parte de la casa que daba hacia uno de sus vecinos, no recuerdo bien ni cómo lo hicimos, en ese instante solo quería ponerla a salvo —explicó.
—¿Y no lograron avisar a Mina? —quise saber.
—Serena dejó una nota escondida, para que sólo ella pudiera verla, en caso de que esos hombres de Diamante entraran por la fuerza —explicó.
—Mina nunca habló de una nota.
—No debe haberla visto, porque según dices, ella creyó siempre que su hermana había sido raptada por Diamante.
—Y esa fue la razón para ir por ayuda donde Ace —recordé.
Me detuve un momento, pareciéndome extraño que Diamante fuera tan imbécil como para anunciar sus pasos. ¿Quién le diría a su víctima que iba en camino? No era necesario conocer a ese Black para saber que sus movimientos tenían algo que no encajaba. Y tampoco encajaba su calma al toparse con Mina tiempo atrás en casa de Ace.
—¿Lo viste? —pregunté a mi hermano.
—¿Ver a quién?
—Diamante, con el montón de autos acorralándolos el día que huyeron. O si la nota era igual a las anteriores, las flores, ¿era lo de siempre o notaste algo extraño? —insistí, queriendo más detalles para asegurarme de no estar volviéndome paranoico.
—No vi alguna de las notas previas, Serena botaba todo. Ese día, vi hombres rodeando el lugar, y a lo lejos creo haber visto ese cabello platinado y pretencioso de Diamante, pero nunca lo he visto de cerca en persona —me dijo.
—Y Diamante, viéndolo a lo lejos, podría parecerse mucho a Kaitou Ace —solté.
Seiya amplió sus ojos cuando al fin pareció entender lo que yo creí. Y quería reír ante la estupidez de todos nosotros, moviéndonos al antojo de ese psicópata que nos había hecho actuar exactamente como se le antojaba.
Puede que al final de todo esto, Diamante sea un santo incapaz de hacer alguna otra cosa que cortejar a una chica sin éxito.
—Yaten, lo único que podemos hacer ahora, es concentrarnos en sacar a Mina de allí. Todas las respuestas que necesites, pueden esperar.
—Lo sé —acepté —. Es solo…no puedo dejar de pensar que está sufriendo, y que no sé qué haré si es cierto que está esperando un hijo.
—¿No sabes que harás si es cierto, o si es tuyo? —presionó.
—Seiya, un niño no merece una vida como la que tenemos en este momento, va a ser un instrumento —le expliqué, porque ni yo mismo sabía qué responder a su pregunta.
—Entonces ahora solo importa que vuelva Mina y que hagamos todo lo posible por protegerlas de lo que sea que implique su relación con las Aino.
—Tengo una idea de cómo podemos protegerlas.
—¿Cuál es?
—La espada. Si esa espada estuvo por última vez en manos de esa familia, y logramos obtenerla, no creo que puedan volver a meterse con ellas. Si tan solo supiera dónde está.
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Minako
Desperté con el corazón acelerado, conteniendo el grito que quedó atascado en mi garganta.
Mientras más se acercaba el día del escape, más nerviosa estaba. Y soñar que no lo lograba, no era de ayuda.
Debí disimular, porque Saijo aun estaba dormido, de hecho aun no amanecía siquiera. Él solía irse cuando el sol comenzaba a aparecer, trayendo desayuno y largándose a encargarse de sus asuntos. Tampoco dormía aquí todas las noches, y supuse que no íbamos a su habitación porque era ésta la que tenía convertida en una cárcel.
Mi situación ante él, sin embargo, mejoraba. Aparte de mi desayuno solitario, el resto del día podía comer con él fuera de esta habitación. Algunas veces apareció Lita, quizá para asegurarse que yo seguía sin perder la cabeza. No hubo más instrucciones de su parte, y era mejor, porque temí que si ella dejaba más notas, Saijo nos descubriría.
¿Cómo lo hacía ella? Me costaba entenderla, porque aun sabiendo que tiene el poder para mover piezas a su antojo, siempre la vi intentando hacerle creer a todos que sólo los quería cerca para probar sus obras culinarias.
Lita era tan diferente a lo poco que alcancé a ver de sus familiares. No podría jamás imaginar a Ami o Rei fingiendo que son otra cosa distinta a un par de mafiosas calculadoras. ¿Qué había de diferente en Lita?
Aunque la pregunta que realmente me carcomía la cabeza, era sobre sus razones para ayudarme. Cada vez que la vi salía con sus comentarios que sonaban a consejos, pero que viniendo de una desconocida, parecían poco confiables.
Mi desesperación me hizo confiar en que Lita podía ayudarme a salir de aquí, porque no tenía a nadie más. Pero algo me decía que no era tan terrible, que ella era honesta. Y esperaba que cuando todo esto termine, pueda al fin decirme qué se trae entre manos.
Sentí la mano de Saijo posándose sobre mi cintura para acercarme a él. Mi espalda chocó con su pecho y sentí sus labios sobre mi cuello, dando un par de besos ligeros, tranquilizándome por un momento porque, al parecer, no buscaba hacerlo de nuevo. Sólo me quería cerca.
—No te alejes. Tu cuerpo es mío incluso al dormir —susurró.
—Quiero ir al baño —me excusé.
—No demores —me advirtió.
Me puse de pie, saliendo de la cama y cubriéndome con una bata rápidamente para encerrarme en el baño.
La luz me cegó por un instante, pero enseguida limpié mi rostro con agua muy helada, necesitando despejarme.
Allí, en el espejo, veía el rostro de alguien a quien solía conocer y querer, pero a medida que pasaba el tiempo, odiaba ver en lo que estaba convirtiéndome. Extrañaba a esa chica que era feliz sin mucho estímulo, extrañaba divertirme, reír, que todo a mi alrededor fuera simple y alegre. Extrañaba la vida que logré construir cuando al fin los fantasmas de mi infancia dejaron de atormentarme.
Pero no pensaba en mi infancia o tiempos lejanos. Pensaba una y otra vez en Yaten. ¿Por qué mi cabeza seguía pegada en alguien que estaba muerto en vez de enfocarme en mi hermana? Quería más que nada ver a Serena de nuevo, y de no ser por ella, creo que ya me habría rendido ante Saijo. Pero el no haberme despedido de Yaten y tener la culpa de su muerte, me invadía a cada instante.
Me gustaría saber que algún día, Serena encontrará a alguien que le haga feliz, y que su vida se alejará completamente de todos estos problemas. Quizá así podré también tener un poco de paz. Y puede que por ahí esté aún el chico del que ella escribía, esperando por volver a abrazarla.
Ahora que sabía que iba a salir de aquí, me permití por un momento imaginar qué habría pasado si yo decidía quedarme con Saijo. Tendría una vida de lujos a cambio de mi libertad, y viviría a diario siendo vigilada, siendo un cuerpo que complace a su dueño, no volviendo a tener idea de lo que significaba vivir.
Incluso en estos días, hay momentos en que quisiera volver a la ignorancia y creer que Saijo quiere ayudarme, eso haría mucho más fácil el estar cerca de él.
Sequé mi cara, respirando profundo para calmarme después de la pesadilla y la cercanía del enfermo que me tenía aquí atrapada. Quedaba poco, no iba a fallar ahora.
Volví a la cama, sin quitar la bata, queriendo que la tela delgada fuera una coraza para protegerme de él mientras pasaban las horas hasta que se levantara y saliera de la cama.
Pero no estaba dormido. Apenas me notó a su lado, buscó a tientas el nudo de la bata, deshaciéndolo y apartando todo de mi cuerpo. Volvió a moverme a su antojo, dejándome en la misma posición que hace un instante, pero no tan somnoliento.
Mientras me sostenía con uno de sus brazos, ocupó su otra mano en pasearla sin prisa por el contorno de mi cuerpo. Yo estaba temblando, no sabiendo si podía aguantarlo nuevamente.
—Tengo una sorpresa para ti —susurró.
—¿Va a gustarme? —pregunté, intentando seguirle la corriente.
—No podremos vernos durante el día, pero en la cena quiero que estés hermosa, te dejaré muchos vestidos, y usarás el que quieras —explicó.
—Tendremos una celebración en casa, imagino.
—Un rito que sellar.
Mi corazón se aceleró, ante la idea de que quizá Saijo me obligaría a casarme con él hoy. Siempre entendí que sería cuando yo estuviera preparada, pero tampoco dijo que yo elegiría la fecha. Nada de lo que pase estaba en mis manos, obviamente.
Cada cosa que fuera a pasar conmigo, sería absoluta decisión de Saijo. Y aunque a ratos me costaba recordar que poco estaba a mi favor, sabía de todo lo que pudiera él hacerme, una boda sellaría por completo mi prisión en este lugar.
Intenté mantener la calma y ver el lado bueno de lo que estaba pasando. En algún rincón de todo este tiempo oscuro, parte de mi optimismo seguía peleando por no extinguirse, y yo sabía que existía aún algo a favor de mi causa.
Si la boda era en la cena, eso me aseguraba que Lita estaría aquí, así que sea lo que sea que él pretende hacer, aun hay esperanza. Porque no importa lo que pase durante este día, o lo que Saijo desee hacer, no amanecería en este lugar nuevamente.
Él se durmió otro rato, cumpliendo con su rutina de traerme desayuno al amanecer para luego largarse sin explicaciones. Junto con el desayuno quedaron en la habitación varios vestidos, y me detuve a mirarlos uno por uno, porque esta vez sí importaba mi elección.
Lo que me importaba no era impresionarlo, ni lo bien que pudiera lucir con cualquiera de estas cosas encima, no era una elección sobre vanidad. El vestido que yo usara, sería lo que tendría encima cuando escape, y tenía que estar lo más cómoda posible.
Suspiré pesadamente, no teniendo muchas ganas de comenzar a disfrazarme de la prometida de Saijo, pero era un mal necesario para avanzar en lo que pasaría esta noche.
Allí estaban, cada vestido lujoso, telas finas y vaporosas, esperando que yo me los probara. Todos eran pálidos, dándome más motivos para creer que él quería una boda esta noche. Pero el problema no era el color, si no que todos eran largos, y no me hacía gracia pensar en que por lo que lleve puesto, tendré problemas para salir de aquí.
Uno por uno comencé a probarlos, moviéndome por la habitación para matar el tiempo e intentar tomar una decisión práctica. Serena moriría viendo esta ropa, pero seguro jamás imaginaría que mi elección no sería sobre cuál me lucía mejor.
No esperaba que algún atuendo tan lujoso me quedara como ropa deportiva, pero al final elegí el que creí daría menos problemas para moverme.
Volví a ponerme algo cómodo, mientras miraba impaciente por la ventana, intentando adivinar la hora a través del sol, que era la única pista que tenía para poder ubicarme en algo. Pero yo no tenía idea de cómo ver la hora con el sol, porque nunca ponía atención a nada de lo que la gente me enseñaba. Quizá, de ser más atenta, ahora podría calmar mi ansiedad.
Miré el vestido sobre la cama, y de nuevo por la ventana, pareciéndome que las horas pasaban tan lento. Solo necesitaba que el sol comenzara a bajar, porque eso ya era una señal clara de que anochecía, pero el maldito sol parecía no querer apurarse y cooperar conmigo y mi impaciencia.
Intenté distraerme, hice incluso la cama, pero era tan diferente ponerme en modo casero aquí. No era como aquel día en que la ansiedad me hizo dejar la cabaña de Yaten como nueva. Este lugar no era un hogar que dejar radiante, era un palacio en la fachada, y una trampa en el interior.
Cuando ya comenzaba a escasear la luz, una duda me hizo temer: ¿Sospecharía algo Saijo?
Normalmente, cuando tiene idea de lo que estoy tramando, me da total libertad para hacer lo que quiero, como cuando yo creía que me arrancaba de sus mandatos y regresaba a mi antojo sin que él se enojara por mucho rato.
Pero con Lita es diferente, Saijo, si sospechara, me la ofrecería como una amiga para conversar y así dejarme en evidencia. Que la comodidad de creer que tengo el control, terminara dejándome a su merced. Y aun cuando Lita ha venido algunas veces, y nos presentó, evita a toda costa que hablemos, tal como hace con el resto de sus empleados, que a menos que sea necesario, los mantiene lo más lejos posible de mí. Puede que no quiera que me entere de lo que está pasando fuera de esta casa, ¿pero qué podría estar pasando que a mí me importe? Lo único que me interesaría saber es si Serena está cerca buscándome.
Comencé a pensar nuevamente en la conversación que tuvimos al día siguiente de la aparición de Lita. Teniendo otro pensamiento aterrador.
Él dijo que teníamos que hablar, pero no le di importancia, hasta que él comenzó a decir un montón de cosas que no tenían sentido.
Saijo solo me conocía desde aquel día en el parque, cuando me dio su contacto y coqueteó conmigo, pero es muy probable que conozca gran parte de mi vida, porque tiene los recursos para enterarse de lo que se le antoje.
Él no pretendía darme tanto tiempo para acostumbrarme, era obvio que la boda que deseaba sería cuando él quisiera, pero junto con ese compromiso, habló de información que yo necesitaba saber para poder actuar.
¿Actuar sobre qué?
Nuevamente me pregunté en qué beneficiaba a Saijo casarse conmigo, no teniendo ningún valor en su imperio. Pero mi mente no pudo quedarse con eso, y comencé a imaginar las posibilidades. ¿Sabría él algo sobre mi padre que yo desconocía?
Mamá nunca decía algo que hiciera sentido, y siempre pensé que al crecer ella iba a hablarnos más sobre él, pero murió antes de que pudiera darnos claridad. No es que le necesitara, estaba feliz con la familia que éramos las tres, pero siempre tuve curiosidad por saber qué había más allá de nosotras. O qué razones tenía mamá para no hablarnos de él.
Por otro lado, quizá era ella el misterio, ¿podría aún estar viva? Sé que es una tontería pensar en ello, pero quería soñar que lo que sea que él quiere decirme, es bueno y que haga valer la pena que el precio a pagar por esa información sea casarme con él. Y eso hacía que a ratos me tentara el quedarme aquí. Pero esa tentación duraba sólo por un instante antes de volver a recobrar la cordura y entender que lo que sea que él quiere decir, nunca lo sabré.
Si mi padre alguna vez existió, ya era tarde para saber sobre él, y mi vida podía seguir sin problemas aunque nunca tuviera idea de lo que pasó. Y la otra idea, aún más ilusa, sabía que era imposible. Por más que mi corazón deseara mantener la ilusión, sé que está muerta, y nadie puede revivir.
Ahora que era adulta, y tenía claro que una vez pierdes a una persona, porque muere, jamás habrá vuelta atrás, no importa lo que desee, ni lo que lamente, ya era tarde. Nunca sabré de mi padre, nunca veré de nuevo a mi madre o a Yaten. Así que volví a enfocarme en lo único que quedaba en mi vida y que valía todo con tal de volver a tenerle.
¿Estaba loca por anhelar a ratos que todo lo malo que ha pasado sea mentira? Sé que no soy una niña y no puedo vivir de ilusiones, pero quería tener esperanza, quería ese rincón infantil de mí que parecía ser mucho más bueno que mi estado actual. Quizá en ese rincón que me queda de niña, había más valor del que podía sujetarme para enfrentar esta noche. Incluso sabiendo que había perdido tanto.
No quería más juegos, ni intentos de él por confundir mi cabeza. Todo el tiempo diciendo cosas, actuando para no dejarme saber qué pretendía ni cuáles eran sus motivaciones.
Saijo puede hablar todo lo que quiera, pero la única voz en mi cabeza, sería la que me repetía que saldría de aquí y encontraría a Serena.
Esperar me estaba matando, pero aun cuando la paciencia se me estaba agotando, sabía que faltaba para la aparición nocturna de Saijo. Y solo podía rogar porque todo saliera bien esta noche, por no perder los estribos y seguir todas las indicaciones de Lita.
Mañana amanecería en libertad, y esa idea era lo único que me consolaba ante la lentitud con que el tiempo pasaba.
ღ
Yaten
Hablar con Seiya había sido, para mi sorpresa, muy tranquilizador. No podía quitar las ideas de mi cabeza, ni la preocupación, pero de alguna forma sus palabras me hicieron retomar algo del control perdido.
En todo caso, había tenido demasiados días para lograr componerme un poco. Porque justamente esos días, habían pasado demasiado lento para mi gusto, aunque ahora estaba tan cerca del momento en que Mina podría escapar, que me daba igual la impaciencia de ante tanta espera.
Si todo salía bien, y tenía que ser así, parecía que al fin tendríamos un triunfo.
Aunque no iba a ser tan iluso como para dar esta batalla por ganada, porque sé que la tensión no va a menguar hasta que Mina esté lo más lejos posible de Ace.
Escuché el golpe leve de la puerta, y supe que comenzaba la acción. Aunque no me agradaba demasiado mi papel en todo esto. Intenté controlar mi humor antes de caminar hacia la entrada de la habitación para que Lita entrase.
—¿Estás listo? —preguntó enseguida. Claro, ella esperaba que yo respondiera sumiso que me quedaría de brazos cruzados mientras ella iba a meterse donde Ace.
¿Sentiría ella la más mínima preocupación o nervios? Sé que le importa, pero tampoco tengo claro el nivel de importancia que tiene todo esto para ella. Por mucho que conozca sus supuestas razones, ella sabe cómo ocultar sus emociones, tal como Ami y Rei. Y me encantaría saber que no hay nada más importante que lo que vamos a hacer, porque así, quizá, podría creer que hará lo que sea para que salgamos exitosos.
O salgan ellas. Supongo que no puedo controlar del todo mis ideas, y que por más que quiera mantenerme aquí quieto, no me interesa seguir las órdenes de nadie.
—Estoy listo —aseguré. —Iré contigo.
Lita suspiró cansada.
—Ya hemos hablado de esto —respondió.
—No, tú has hablado. Diste órdenes, hiciste todo a tu antojo y no escuchas —me quejé.
—¿Quieres que Mina salga a salvo de ese lugar?
—Es la idea —le dije, comenzando a molestarme.
—¿Y en qué nos ayudaría tu presencia? —devolvió.
—Quiero asegurarme de que salga de allí. Estás siempre en tus tonterías de restaurantes, ¿cómo puedes asegurar que tendrás éxito? —reclamé. Era obvio, Ami era la estratega fría y calculadora, Rei la que se le daba muy bien actuar sin siquiera titubear, pero Lita era a mis ojos la que huía de ser miembro de esta familia. Nunca le vi hacer algo como esto, y eso me hacía pensar que era yo quien más debía ir.
—Yo me encargaré de que Mina salga —respondió segura —. ¿Crees que voy a permitir que esto falle?
—No, pero Mina no confía en ti tanto, quizá duda.
—La he visto, y se que hará lo que sea por salir, el único riesgo de que no salga, eres tú —aseguró.
—¿Por qué lo sería?
—¿Cuál fue la razón para que Mina se fuera voluntariamente con Ace?
Quise seguir alegando, pero no pude hacer otra cosa que quedarme callado. Odiaba no tener la última palabra y no poder defender mi punto.
Sé que en ese momento no podíamos hacer mucho por evitar que se fuera con él. Yo estaba herido y Ace se la habría llevado de todas formas, pero Mina decidió ir con él sólo por la ilusa promesa de que no me lastimaría.
—Si vas conmigo y algo sale mal, si Ace vuelve a ponerte una pistola en frente, Mina va a elegir quedarse con él por protegerte de nuevo —explicó menos dura.
—No puedo quedarme aquí esperando —insistí.
—Ella no es indefensa, va a pelear por salir de allí sin importar lo que cueste —le defendió.
—Lo sé —afirmé, pero la idea de Mina peleando me preocupaba por aun seguir con la duda en mi cabeza sobre lo que Ace dijo.
Lita no tenía idea de lo que estaba pasando, y puede que ella haga lo que sea por sacar a Mina, pero si el tratar de escapar la pone en peligro por ese supuesto embarazo…
Mierda, si no podía ir yo donde Ace para asegurarme que saliera ilesa, iba a tener que decirle a Lita que había una complicación más. Una de las tantas que ya teníamos resueltas.
—Hay algo que necesitas saber antes de ir allí —inicié.
—Y tú necesitas dejar de ocultarme información.
—No es de tu incumbencia, es por el bienestar de ella —expliqué. —Ace y yo tuvimos un encuentro, él apareció en el lugar donde Mina y yo estábamos escondidos, pensé que iba a matarme, pero solo fue a amenazar. Pero dentro de todas las tonterías que habló, dijo que haría lo que sea por proteger a su futura esposa y su hijo.
Lita me miró sorprendida, y quizá algo asustada. Bien, eso le da crédito, porque si le asusta lo que pueda pasar, es porque le importa.
—¿Mina está embarazada? —preguntó sin salir de su estupor.
—No lo sé, es lo que dijo.
—Y tú crees que ese niño podría ser tuyo —aseguró, pero no iba a caer en esa clase de conversación.
—No estamos hablando de paternidad —repliqué, en un intento por defenderme.
Ella caminó por la habitación, al parecer dándole vueltas a lo que involucraba lo que yo acababa de decir. Por un momento temí que decidiera cancelar lo que haríamos, pero pronto volvió a hacerme frente, al parecer con más claridad en su cabeza.
—Yaten, no hay palabra que salga de su boca que no tenga razón de ser —explicó.
—Pareces conocerlo mucho.
—He pasado toda mi vida escuchando cómo es la gente que intentó eliminar a mi familia.
¿Qué? Sé que existió una masacre con los Aino, pero no podía ser que Ace tuviera algo que ver, ¿no era demasiado joven cuando todo eso ocurrió?
—Ace…
—No, no directamente. Hay muchas personas involucradas en lo que pasó. Pero él viene de una familia con un legado, todos guardamos algo de lo que fueron nuestros padres. ¿Por qué crees que Ami y Rei guardan tanto respeto por lo que queda de nosotros? Éramos niñas cuando murieron, pero aun seguimos aquí, viviendo lo que queda de esa vida. Ace no debe ser la excepción —relató. —Lo vi durante el tiempo en que Mina trabajaba para él. Cada cosa que diga es por enredar tu mente, y si no te mató, puede que lo que pretenda es apurarte a ir por Mina, y acabarte frente a ella.
—Así que dices que está mintiendo —deduje. Y quizá era lo mejor.
—Digo que no le sigas el juego. Entiendo que quieras ir corriendo a sacar a Mina de allí, ¿no es eso lo que todos hacemos por quienes amamos?
—Yo no…
—Imagina que es cierto —me cortó, — que Mina está embarazada, que es tuyo y vas a rescatarla. Pero en el proceso Ace te mata. Ella ya creció sin sus padres, no creo que quieras verla criando a un niño sin que estés tú allí.
Eran demasiadas ideas en mi cabeza. Yo no quería tener una imagen mental de lo que ella decía, de un niño que fuera mi responsabilidad en medio de todo lo que está pasando. Si era sincero, no quería que lo que dijo Ace fuera cierto. Pero ya que no podía aún estar seguro, intenté seguir la lógica de Lita.
Mina creció sin su padre, y yo sé bien el dolor que causa ver partir a tu madre, y también a mi padre. No me parecía justo que ella tuviera que presenciar más muertes, o que debiera asumir sola el cuidado de alguien más, cuando ya ha pasado su vida cuidando de Serena.
Por más que me costase admitirlo, Lita tenía razón.
—Tráela a salvo —exigí.
Sonrió levemente, asintiendo a mi petición.
—Estos días, mientras hemos arreglado los detalles, has ayudado en mucho. No es fácil organizar un montón de gente que no trabaja directamente para mí y que debe cumplir instrucciones tan específicas y ajenas a lo que normalmente hacen. Pero de alguna forma todo está armado, y eso fue trabajo tuyo, si le sirve a tu conciencia —soltó, y bueno, de algo me servía. Muy poco, la verdad.
—¿Ami no ha hecho preguntas? —quise saber.
—Sí, muchas, pero confía en mí. Me dio a sus empleados, pero una vez lo logremos, debo decirle la verdad —admitió.
Genial, estoy seguro que Mina estará feliz de saber que tendrá otro encuentro con dos mujeres que casi le matan. Pero no hay nada que pueda hacer por ahorrarle ese mal rato, después de todo, es justo que de una vez por todas sepan la verdad.
—Hay muchas verdades que deben saberse cuando Mina esté a salvo —agregué, pensando en Seiya y Serena.
Pero yo también tenía cosas que saber, información que iba a recibir si cumplía con la condición. Pensé entonces en Kakyuu, no tenía idea si seguía buscándome, probablemente no, porque esperará a que yo vuelva a estar en una posición tan vulnerable como cuando me visitó herido.
Y ella tenía verdades para mí, lo que prometió decirme cuando nos casemos y de lo que yo no tenía muchas pistas, hasta ahora.
Si lo que Lita dice, y hay muchas personas involucradas en las muertes de su familia, no me parecería nada extraño que los Black fuesen parte de todo esto. Así que aunque desee no volver a acercarme a ellos en la vida, sé que una vez se calme todo por aquí, debo ir allí. Mi propia familia está involucrada en lo que ha pasado, mi padre y Taiki fueron por años peones de los Aino, y yo necesitaba resolver todo este enredo, todas las manipulaciones que nos trajeron hasta este punto.
Ace juega con mi mente, dice Lita, pero estoy seguro que si es algo tan común por estos lados, los Black también han puesto su cuota. ¿No era acaso una manipulación el corazón roto de Kakyuu? Su tristeza porque Seiya le había abandonado, fue la razón para atraparme, y tras todos esos engaños debe existir algo mucho más grande.
Sabiendo que dentro de poco tenía que estar atento y asegurarme que el transporte para Mina y Lita sea efectivo, no podía pasarme mucho tiempo imaginando los posibles escenarios sobre el papel de los Black en todo esto. Pero no podía quitar de mi mente las palabras de mi infame prometida.
Si ella tenía una verdad que decirme, iba a arrancársela como sea.
—¿Qué hay de Taiki? —preguntó Lita, trayendo mi atención de vuelta.
—¿De qué?
—Imagino que quiere saber cosas —apuntó.
—Sí, pero no le debo alguna explicación —respondí —. Taiki es quizá más tu familia, oí que querían casarlo con una de ustedes.
—Es un buen hombre, siempre ha estado aquí con nosotras, si se casa con alguna, la elegida sería afortunada —le alagó —. Además que un hombre guapo y alto no se encuentra a diario.
Me pregunté de pronto si mi hermano había pasado sus años aquí menos tenso de lo que creí. No sabía tampoco por quién apostar en cuanto a las posibilidades, pero si a Lita le daba igual el arreglo del que alguna vez escuché a sus primas hablar, quizá a Taiki no le iría tan mal. Después de todo, Lita parece menos terrible que el témpano de hielo sociópata que es Ami, o el eterno mal humor y violencia que es Rei. O al menos eso veía yo en ellas, y tampoco me interesaba averiguar si me equivocaba.
Por otro lado, hablar del destino que podría esperarle a mi hermano, me parecía mucho más divertido y calmante que seguir repasando los detalles de esta noche. Creo que si sigo pegado pensando en ello, las horas no pasarán con suficiente rapidez.
Seiya y Serena contaban con que en algún momento de la noche, yo llamara avisándoles que tenía a Mina conmigo. Y eso era lo que quería, poder decirles que había funcionado, y que ahora nada podría impedir que ellas volvieran a verse.
Tantos meses habían pasado desde que mi hermano se fue y desde que Mina buscaba a Serena, tantos problemas y días duros que hemos vivido, que quise confiar en que esta vez nada podría ponerse en el camino. Pero tampoco quise ser iluso, porque el bajar la guardia era mi peor error, así que permanecí esperando lo que faltara para el momento decisivo.
Esta vez tenía toda mi atención puesta al más mínimo detalle que amenazara con impedir nuestro objetivo. Todo estaba dispuesto, yo mismo estaba totalmente dispuesto a hacer lo que sea porque mañana al despertar, Mina despertara de tanto tiempo en una pesadilla.
ღ
Minako
Los últimos rayos del sol entraban por el gran ventanal de la habitación, ese que aunque ahora me permitiera ver hacia el exterior, seguía sellado, impidiendo que yo pusiera un pie lejos de estas paredes.
Era tiempo de comenzar a cambiar mi ropa, así que me dirigí al baño, dándome una ducha para quitar de alguna forma todas las preocupaciones del día, todos los miedos que amenazaban con ponerme en peligro al intentar salir de aquí.
Todo quienes me conocían, constantemente estaban diciéndome lo agradable que era compartir con una chica tan despreocupada como yo, lo cierto es que creo que nunca lo he sido del todo, solo que antes era más fácil ocultarlo. Ahora las preocupaciones son tan intensas que ya no funciono con normalidad, con lo natural que era para mí ponerle una sonrisa al mundo.
Esta vez sólo me puse el vestido, acomodándolo para que no se interpusiera en mi camino. Los zapatos, por otro lado, podía lanzarlos antes de salir de aquí, porque era imposible correr con esos tacones.
¿Tendría que correr? Esperaba que no, que Saijo no pudiera moverse nunca más cerca de mí para intimidarme y obligarme a salir acelerada.
Estaba tan nerviosa, y moría por escuchar algo que me tranquilizara, una palabra simpática, algo cariñoso, un poco de alegría que me diera el impulso final. Pero debía hacerlo por mí misma, yo era todo el impulso y la fuerza con la que podía contar por el momento.
Saijo abrió la puerta, sonriendo al verme lista para lo que sea que quería hacer esta noche.
Oficialmente comenzaba el momento por el que tanto esperé.
—Mi mujer es la más hermosa en cualquier lugar —alagó galante.
—No tienes con quién compararme aquí.
—Eso no es cierto. Hay muchas mujeres que trabajan para mí, y son hermosas —aclaró —. Sin embargo, sólo tengo ojos para ti, y no puedo esperar a luego de la cena tenerte en esa cama.
—¿Y qué hay para mí en la cena? —pregunté enseguida
—Una rica comida, no quiero que te alimentes mal.
—Hay algo más esta noche, ¿cierto? —insistí, acercándome a él. Era tan poca la distancia entre nosotros, que podía sentir su respiración. Pero tenía que mostrarle que nada cambiaba, que no estaba rechazándolo.
—Lo hay, pero no seas impaciente —admitió, apartando el cabello que caía en mis hombros, besando mi cuello mientras hacía camino hacia mis labios.
Los últimos besos, no habría más después de esta noche, así que respondí y le dejé disfrutar de lo poco que podría obtener de mí. Ya no más, ya me ha quitado demasiado.
—Vamos —dijo, ofreciéndome su mano para salir de mi prisión y caminar hacia el salón donde comeríamos.
El lugar donde se jugarían las últimas cartas.
Me senté, mirando a mí alrededor. Siempre tenía aquí decorado como una cena romántica, pero hoy había más esmero que las otras veces. No parecía que él tuviera preparada una boda rápida, pero tampoco creí que lo que sea que pretende fuese a gustarme.
—Se que no ha sido fácil para ti, pero ambos sabemos que nunca encontrarás felicidad si no es a mi lado —aseguró, haciéndome devolver mi atención hacia él. Aunque era la mentira más grande del mundo, porque a su lado jamás podría volver a sonreír.
Sin embargo sus palabras sonaban a una sentencia, como si él estuviera maldiciendo cualquier posibilidad en la que yo aún creyera.
—No soy buena esperando por sorpresas —respondí —. ¿Vas a decirme qué te traes entre manos?
—No soy bueno esperando por ti, en general —atacó de vuelta —. ¿Crees que me hace feliz que me niegues lo que me pertenece?
—Yo no…
—Sé porqué lo haces —me cortó.
¿Lo sabía?
Mi corazón se agitó, temiendo que en ese instante él desmoronara todos mis planes.
—Temes que no cumpla mi palabra, como con lo de tu hermana —dijo finalmente —. Pero me insulta que dudes de mí, cuando has sido tú la única poco honesta.
—Saijo…—insistí, tratando de explicar algo a mi favor, tomé su mano suave, pero él la dio vuelta, tomando la mía con firmeza.
—Escúchame —dijo, no permitiendo que yo pudiese defenderme —. Tú y yo seremos una familia, esa es la única certeza que debe importarte. Tu hermana ya está fuera de tu vida, no hay nadie más que yo en tu vida.
Guardé silencio con tanto esfuerzo, quería gritarle que él jamás será algo para mí. Incluso cuando en algún momento, al principio, pensé que podría serlo. Pero aun cuando en mi cabeza repetía los miles de reclamos que tenía hacia él, callé.
Justo en el momento en que un chico, muy elegante en su ropa, entró con unas copas para brindar y botella muy fina.
Nadie pronunció alguna palabra, y yo me pregunté si ese chico estaba bajo las órdenes de Lita. Pero él dejó el lugar demasiado pronto como para notar alguna pista, y apenas volvimos a estar solos, Saijo se puso de pie, tomándome de la mano para hacer lo mismo.
—¿Qué haces? —pregunté, algo desconcertada. Siempre que comíamos aquí, estaba prácticamente pegada a la silla hasta que él me devolvía a la habitación.
—Tanto tiempo que llevas aquí, y es momento de darte esto —anunció.
Vi todo como si fuera en cámara lenta: él metía su mano al bolsillo, sacando de allí una caja pequeña. No había que ser muy astuta para saber de qué se trataba.
Tampoco intenté negarme cuando, luego de abrir la caja y mostrarme su contenido, tomó mi mano, poniendo un anillo en mi dedo. Esto no era la boda apurada que temí, pero era también algo de lo que preferí huir.
Saijo me estaba amarrando definitivamente al compromiso, pero no importaba, porque esta noche no iba a recordarla por ese anillo.
—¿No dirás algo? Lo merezco —reclamó.
No, no mereces nada.
—Se ve costoso —dije sin pensar demasiado.
—Mi futura esposa no usará cualquier anillo, deberías saber que todo lo que obtengas de mí, será especial —explicó, haciéndome volver a mi lugar en la mesa.
Quería decir algo, pero me quedé mirando la piedra en mi mano, tan pesada, porque era una carga que no quería llevar. Y pensar aunque sea un instante en que seguirá ahí, me aterra.
Entonces entró un poco de calma por la puerta, cuando Lita hizo su aparición con un par de ayudantes, presentando la cena.
Miré atentamente a Saijo mientras todo ocurría, los platos en su lugar, cada movimiento, mi intento de no delatar lo que estábamos haciendo, y el leve gesto en el rostro de Lita cuando vio el anillo en mi mano.
—Espero que disfruten la cena, rara vez un cliente participa en el menú, pero espero, Señor Ace, que todo sea tal como lo solicitó —expresó ella, tan formal y contenida como si todo esto fuera sobre la comida.
Aunque técnicamente, sí era todo sobre la comida.
Una última mirada antes de salir, y esperaba que no fuera la última vez que Lita y yo nos viésemos las caras esta noche. Yo debía encargarme ahora.
—¿Y porqué elegiste esto para comer? —pregunté curiosa, e intentando desviar su atención.
—Recordaba algo que comentaste en el parque el día que nos conocimos, deseé que fuera también una noche especial para ti. ¿Cuándo entenderás que quiero hacerte feliz?
Qué dulce de su parte, si tan solo ese gesto no estuviera acompañado del encierro, las mentiras, el daño…
Probé mi comida, haciéndole saber que me gustaba lo que había ordenado, y esperando con ansias que él hiciera lo mismo.
A cada bocado que él daba, más me costaba contener la sonrisa de satisfacción. Aunque me preguntaba cuánto tiempo tomaría.
La cena fue demasiado larga para mí, o quizá no lo fue pero me pareció eterna. Cuando al fin Saijo decidió que ya no quería más alimento y deseaba devorarme a mí, tomó mi mano en su perfecto ritual post cena. Con el corazón acelerado volvimos a la habitación, y no lo miré hasta que me puso frente a él, sonriendo altanero, como si al fin hubiese sellado mi destino a su lado.
—Quítate el vestido para mí —exigió.
¿Por qué seguía él de pie? ¿No había hecho efecto aún?
—Sé que quieres tenerme, pero si esta es la noche en que sellamos el compromiso, quisiera que sea especial, con calma, con cariño —pedí lo más suave que pude.
—Puedo hacer eso, pero estoy seguro que no lo querrás tan lento —bromeó.
Se acercó a mí, envolviéndome entre sus brazos, acariciando mi cabello mientras se dedicaba a observarme. Él pestañó un par de veces, y luego bostezó.
—¿Qué es lo que quieres, amor mío? —susurró en mi oído.
—Abrázame por un momento, quiero un abrazo que me haga sentir que no sólo quieres mi cuerpo —pedí.
Saijo se apartó un poco para mirar mi rostro, y lo vi fruncir el ceño.
—Podría tener a cualquier mujer complaciéndome a mi antojo. No deseo a otra, tengo suerte de que seas a quien necesito, que seas tan hermosa. Y tú tienes la suerte de que yo te ame. Todo es perfecto, es justo como debe ser —explicó.
—Entonces hazlo, abrázame como si pudieras protegerme de cualquier mal en el mundo —insistí.
Él lo hizo. Supongo que no está acostumbrado a aceptar lo que pido, que cada toque de su cuerpo es por sus propios deseos, pero no quería sus besos ni nada, solo necesitaba ganar tiempo. Cerré los ojos, intentando imaginar que no era él, que era cualquier otra persona que conocí en la vida.
—Quédate conmigo recostado en la cama, sólo un rato, tenemos toda la noche para hacer lo que desees —le dije.
Pareció dudar, porque permaneció en silencio por un momento, antes de calmarse un poco y aceptar lo que yo pedía.
—Será a tu manera por esta noche, sólo porque es nuestro compromiso y debemos celebrarlo. Pero si quieres que así sigan siendo las cosas, los demás días y noches, debes ganártelo —me advirtió.
Saijo me llevó a la cama, acomodándonos allí como una pareja que sólo quiere un poco de regaloneo, como si los años juntos nos hubieran unido al punto que la presencia del otro fuera la calma.
Contaba los segundos, intentando adivinar cuantos minutos habían pasado. Su respiración se hizo más calma, junto con mis latidos, Saijo quedándose dormido era lo mejor que podía pasar, porque yo saldría de aquí sin tener que seguir peleando.
Intenté esperar el mayor tiempo posible, asegurarme que no había peligro de que él despertara, hasta que comencé a moverme con cuidado lejos de su cuerpo, pero apenas me senté sobre la cama, Saijo tomó mi muñeca.
—¿Dónde vas? —me preguntó.
No, no podía estar aun despierto, lo vi comerse toda la cena. Lo miré y era obvio que no estaba del todo alerta, que algo le había afectado y por lo tanto no iba a poder retenerme aquí con tanta facilidad como las otras veces. Y si no era de la forma fácil, yo iba a pelear por irme esta noche.
—Suéltame —dije.
—Vuelve a la cama —respondió.
Lo miré, sabiendo que ya se había acabado el momento de mantener la calma con él.
—Vete a la mierda —dije zafándome antes de correr hacia la puerta.
Saijo, aun en su estado, fue capaz de alcanzarme y sostenerme antes de que pudiera abrir.
—Creí que habías entendido —dijo enojándose.
—¡Nunca voy a casarme contigo, nunca voy a pertenecerte! —le grité.
Me comencé a mover, intentando liberarme de su agarre, pero Saijo me tomó fuerte de los brazos, arrastrándome hasta la pared, arrinconándome.
—Dime por qué haces esto —exigió, en su voz dura y amenazante.
—Porque te odio, porque destruiste todo lo que tenía en la vida —dije sincera.
—¿Quieres huir? ¿A qué? No hay nadie para ti —se burló.
—No lo hay porque evitaste que encontrara a mi hermana, porque mataste a Yaten —reclamé sin contenerlo por más tiempo.
Saijo sonrió, quizá de la forma más aterradora que lo vi sonreír en todo este tiempo.
—Cada persona que se ponga en nuestro camino, va a morir. Así de simple —aseguró.
No había nada que pudiera decir ante esas palabras, ni que quisiera decir. Se había acabado la conversación. Así que junté mis fuerzas y pateé entre sus piernas, notándolo retorcerse cuando aflojó su agarre y volví a correr. Saijo me tomó por la espalda, tirando de mi pelo para devolverme hasta él, y grité de dolor.
Creí que sería diferente, fácil. Pero el golpe de mi cuerpo nuevamente contra la pared, el duro choque de mi cabeza contra la dureza, sus manos alrededor de mi cuello mientras él me miraba más enojado de lo que le he visto en todo este tiempo, estaba amenazando mi salida. A cada reacción suya, lastimándome, veía más lejos el momento en que todo acabaría.
—Te di cada oportunidad posible, pero si esto es lo que decides, voy a convertir cada día de tu vida en una pesadilla a mi lado, hasta que decidas ceder ante mí —aseguró.
—No estaré a tu lado jamás —dije apenas, sintiendo poco aire en mí.
Volvió a reírse, y yo quería tanto hacerle daño, hacerlo pagar por todo lo que ha hecho.
—Lo curioso es que si lograras huir, cosa que jamás pasará, volverías a mí, es lo que haces. Siempre vuelves, porque soy el único que puede darte claridad ante todo lo que ignoras —sentenció.
No iba a discutir ni caer en sus juegos, iba a salir.
Mi cabeza dolía y sentí como todo a mi alrededor daba vueltas, no sé si por el golpe o por la falta de aire, pero intenté concentrarme, y con una de mis manos alcancé su rostro con un golpe. Vi la sangre correr en su mejilla por el corte que le hizo el anillo que él puso en mi dedo. Pero no se quejó.
Apreté sus brazos con mis manos intentando hacer que aflojara, pero lo único que disminuía era mi respiración. Aunque sabía que él no iba a matarme, mi cuerpo estaba lleno de pánico, como la última vez que peleamos. Y ahora que sabe que nunca cedí, va a costarme caro si no logro escapar.
Ya no había casi aire y mis ojos se cerraron por instinto, queriendo guardar lo que sea de energía que quedaba, porque Saijo no parecía querer parar de ahorcarme. Estaba perdiendo las esperanzas, porque quizá él sí podía llegar a matarme.
Entonces sentí sus manos más suaves, primero fue muy leve, pero lo noté. Él comenzó poco a poco a dejar ir mi cuello, hasta que me soltó por completo.
Aspiré varias veces para recobrar el control de mi cuerpo, mientras vi a Saijo tambalearse, dar pasos en falso y buscar sin éxito algo en qué sostenerse. Al fin hacía efecto, y no iba a demorar mucho en perder el conocimiento.
—¿Qué me hiciste? —preguntó confundido.
Me acerqué a él lo suficiente para hablarle, sin dejar que pudiera volver a atacarme.
—Nunca más en la vida me harás daño —dije y luego di un paso más, empujándolo fuerte.
Saijo cayó, golpeándose con los muebles que tanto buscaba para sostenerme, quedando allí tirado sin energía.
No me quedé a ver qué ocurría, si es que lograba ponerse de pie o estaba ya inconsciente, porque no podía perder más el tiempo.
Arrojé los zapatos por el pasillo una vez abrí la puerta y salí de allí. Me sentía mal, pero supuse que la urgencia del momento me ayudó a seguir corriendo a medida que veía gente tirada en el suelo en los lugares donde podrían evitar que yo saliera.
Corrí con todas mis fuerzas, esas que ya no quedaban, hasta que abrí de golpe la puerta de la cocina, yendo hacia la salida de la servidumbre.
Sentí el césped frío bajo mis pies desnudos, y vi a un par de metros de mí a Lita. Lo había logrado, estaba fuera al fin, todo había acabado. Y mi cuerpo, al fin sintiendo un poco de alivio, se derrumbó por completo, mientras todo a mi alrededor continuó su viaje en espiral, borroso y descontrolado, y luego todo fue oscuridad.
ღ
Yaten
Era tarde, probablemente faltaba poco para el amanecer, pero no pude salir de la habitación e ir a dormir. Apenas mantuve una lámpara encendida, que iluminaba lo necesario como para seguir viendo su rostro.
Mina estaba dormida. Había llegado aquí muy descompuesta. Lita dijo que apenas logró salir, se había desmayado. Y en todas las horas que llevaba aquí, a salvo, solo despertó por un rato sin ser muy consciente de donde se encontraba, mientras un médico le dio un vistazo rápido para asegurar que no era nada grave. No había despertado desde entonces, y yo quería creer que era solo agotamiento.
Hace tanto que no la veía, y aunque Lita insistió en que la dejase en paz hasta que despertara, no hice caso. Estábamos encerrados en una de las habitaciones del hogar Aino, mientras Lita iba a resolver todo este lío con Ami y Rei, supuse. Me imaginaba que esa conversación iba a ser tan intensa, que era mejor permanecer aquí, escondidos.
Mina estaba hecha un ovillo y quise evitar tocarla, pero aun su cabello desordenado me atraía sin poder evitarlo, y la había extrañado tanto que nunca fui capaz de concentrarme para alejarla de mi cabeza. No podía siquiera ser útil porque me nublaba toda su presencia. Aparté las hebras, despejando su rostro para acariciarlo. Su piel suave y cálida ahora que estaba abrigada, pero aun en la penumbra podía ver que estaba lastimada, su piel estaba tornándose morada y tenía un corte en el labio. Tenía un parche en la cabeza, aunque no era una herida tan grande, pero aun no sabía si el resto de su cuerpo traía más marcas. Lo que más me preocupaba, era si es que ese supuesto embarazo iba bien.
Me invadió la repentina necesidad de hacer sufrir a Ace por cada maltrato hacia Mina. Pero ahora nada podía hacer, nada más que esperar que ella despertara, para poder llevarla al fin junto a su hermana, y quizá acabar con todo esto de una vez.
Las horas pasaron y no me di cuenta que me quedé dormido a su lado, hasta que sentí el movimiento. Comenzó a inquietarse y me incorporé, intentando calmarla.
—Mina… —murmuré.
Abrió sus ojos lentamente y al verme una pequeña sonrisa se formó en su rostro. Parecía más calmada de lo que esperé. Toqué su mejilla con mi mano, queriendo confortarla.
—Te extraño tanto —dijo suave.
Quería decirle que también la había extrañado, y que necesitaba preguntarle tantas cosas ahora. La duda sobre lo que Ace dijo seguía matándome, pero ella apenas estaba volviendo, no podía presionarla después de todo este tiempo. Aun con lo mucho que necesitaba respuestas.
—No quiero despertar —susurró, inclinando su rostro hacia mi mano, queriendo mas contacto.
—Lo sé, pero hay mucho que hablar. Cuando te sientas mejor —expliqué.
—Nunca podré volver a sentirme del todo bien —comentó amarga.
—Lo harás —aseguré, porque en mi mente no existía una Mina amarga y pesimista. Sé que es mucho, pero ella puede volver a su vida normal, espero.
—Ahora me siento bien, muy bien. Pero no quiero despertar —repitió, entonces fruncí el ceño, no comprendiendo del todo —. No quiero despertar y perderte —murmuró dolida.
—Estás a salvo, es todo lo que importa —le calmé.
—Perdóname, por favor —pidió.
—No hay nada que perdonar.
—Es mi culpa, de no ser por mí, estarías vivo, no necesitaría aferrarme a soñar contigo y temer que al despertar nunca más estarás —gimoteó.
Y comencé a espantarme.
—Mina…—le llamé, buscando su atención.
—Lo odio, lo odio, por todo lo que me hace, por lo que debo hacer para escapar, porque me alejó de encontrar a mi hermana. Lo odio por haberte matado—soltó.
Me quedé helado al escuchar sus palabras. Ella estaba en una pesadilla más grande de lo que yo creía. No podía ser, maldito hijo de puta.
Pero por mucho que mi ira hacia Ace estuviera a punto de explotar, tenía que enfocarme, hacerle que estaba equivocada.
—Mina, no estás soñando —aclaré, pero ella no me miró siquiera, apegada a mi mano en su mejilla.
Tomé su rostro entre mis manos, obligándola a fijar sus ojos en los míos, no soportando la idea de que ella siguiera creyendo que esto era un sueño, que sufriera por la mentira que Ace le había dicho.
—Mírame —le forcé —. No estoy muerto, estoy aquí contigo.
Ella permaneció en silencio ampliando sus ojos, al parecer aun no comprendiendo lo que ocurría. Tomó unos momentos, varias veces pestañeó, quizá intentando convencerse de que de verdad estaba pasando.
De pronto se incorporó, lanzándose a mis brazos.
—Yaten…—me llamó —. Estás aquí, estás vivo.
—Así es, todo está bien —le calmé.
—Él dijo que tu, él lo dijo…—repitió incoherente contra mi hombro.
Mientras la sostuve contra mí, no queriendo jamás dejarla ir de mi abrazo, sentí mi ropa húmeda. La aparté levemente, mirando su rostro húmedo y sequé con mis manos sus lágrimas. Pensé que iba a calmarse, pero pronto nuevas lágrimas vinieron a sus ojos, agitándose y costándole respirar mientras lloraba. La atraje nuevamente contra mí, no comprendiendo qué estaba ocurriéndole, pero no parecía calmarse ni un poco.
Mina lloró desconsolada mientras la mecí contra mi cuerpo, notando sus brazos apretándome, quizá por miedo aun a estar soñando.
Me encantaría saber qué mueve a una persona para hacer tanto daño. Sé que no he sido el ejemplo de ser humano, nunca he sido demasiado preocupado o solidario. Pero jamás podría llegar al punto de lo que ha hecho ese imbécil. El torturar a Mina manteniéndola encerrada, mentirle sobre tantas cosas que le dolían.
Y en algún rincón de mí, comprendí que todo ese dolor que ella sentía y que estaba drenando, era porque me creía muerto. Sé que le importo, pero no pensé que fuera tan intensamente, y no pude evitar sonreír levemente en medio de todo esto, al saber lo mucho que significaba para ella.
Pasó un buen rato sin que dejara de llorar, pero eventualmente comenzó a calmarse, su respiración se calmó de a poco y las lágrimas que bañaban su rostro e hinchaban sus ojos, mermaron. Me pregunté si tanta sensibilidad tenía que ver con un embarazo.
—Vuelve a dormir —pedí, sabiendo que todas las preguntas podían esperar hasta mañana.
—No, quiero verte —reclamó y la vi sonreír, esta vez de verdad, no creyendo que estaba soñando.
Mina estiró sus manos, acariciando mi rostro, tratando de recobrar todo el toque que perdimos en este tiempo. No había olvidado la sensación de sus manos en mí, pero sí necesitaba volver a sentirlo.
—¿Estás bien? —preguntó.
—Sí —respondí. Muy bien, de hecho.
Aunque ella, al parecer, no estaba muy convencida.
—Pero vi los disparos, la sangre, estabas herido el día que me fui —recordó.
—Estuve internado, aun no estoy completamente recuperado, pero no es terrible —le calmé. No me interesaba hablar tecnicidades médicas, sólo quería olvidar, porque estábamos ambos a salvo.
¿Podría olvidar todo lo que ha pasado alguna vez? ¿Podría ella también hacerlo?
—Lo siento —murmuró, mirándome a los ojos, como si aun sabiendo que estoy bien, el dolor no pudiera abandonarla.
—No fue tu culpa —aclaré.
Mina negó con la cabeza, no creyendo en mis palabras.
—Dices eso por hacerme sentir bien, pero he hecho muchas tonterías. De no ser por mí, Saijo jamás te habría herido. Y tú has sido tan bueno conmigo —me dijo.
—De no ser por ti, me habría perdido, sería quizá peor que Ace —admití. Y era lo que sentí durante tanto tiempo, cuando temí enviciarme con el poder que los Black me daban.
Sé que nada de ese poder era real, que era parte de los hilos que ataron a mí para moverme a su antojo. Pero si quise permanecer, aprovecharme del lugar que me dieron y hacer lo que se me antojase con las personas a mi mando. Mina me aterrizó de vuelta a mi ser, y no importa lo difícil que ha sido ir en contra de la gente poderosa, al menos esto es real.
Al menos, al soltar lo que pensaba sobre sus sentimientos de culpa, logré que por una vez en la vida se quedase callada. Sonreí, porque aunque me perturba, había extrañado a esta parlanchina.
Mina apenas había despertado y estaba demasiado ansiosa y preocupada, y aún tenía tanto de lo que enterarse. Ya era suficiente por esta noche, lo importante es que estuviera segura de que estaba a salvo, y que ya fuera claro para ella que no tenía que seguir pensando en lo que Ace hizo.
—¿Más tranquila? —pregunté.
—Sí, aunque me siento aun confundida —admitió —. No sé cuánto tiempo ha pasado.
La envolví entre mis brazos, queriendo creer que eso podía aliviarla. ¿Qué importaba ahora el tiempo? Lo único que valía la pena, era saber que Serena estaba esperando por ella.
—¿Dónde estamos? —preguntó de pronto, al parecer recién reparando en que esto no era la cabaña, o algún lugar conocido.
Supongo que no puedo ocultárselo.
—Lita te trajo hasta su casa.
No pareció muy sorprendida, después de todo, era ella quien le ayudó a escapar.
—No es la misma habitación en la que nos encerraron aquella vez —dijo, mirando a su alrededor.
—No, esta es la que yo uso.
—¿Estás viviendo aquí? —quiso saber.
—Es una larga historia, mañana te diré lo que quieras saber —evadí.
—¿Estamos a salvo en este lugar? —preguntó, alertándose por un instante.
—Sí, Lita se encargará de eso.
—No comprendo por qué me ayuda, quisiera verla y hablar, ¿puedes llamarla? —pidió.
—Mina, ya duerme —le presioné —. Prometo que mañana habrá respuestas.
Esta vez asintió, callando todas las preguntas que parecían estar comiéndosela. Se recostó y me quedé a su lado sin soltarla de mis brazos. Teníamos que dormir un poco para poder hacer frente al día de mañana.
Moría por preguntarle si era verdad, si ella estaba esperando un niño, pero yo ya tenía la mayoría de las respuestas que había estado buscando. Por mucho que quisiera estar ahora seguro, podía aguantar un poco más y dejar que se calmara antes de tantas verdades.
Habíamos estado en esta misma situación tiempo atrás, yo quedándome despierto mientras ella descansaba aferrada a mí, esperando que al día siguiente todo resultara para poder reunirla con Serena.
Esa vez habíamos acordado con Seiya guardar silencio. No, en realidad yo había decidido no decirle a Mina lo que estaba pasando, para evitar que ella y su impaciencia dieran un paso en falso. Y era yo ahora quien no podía cometer más errores.
—Mina —le llamé, y ella abrió sus ojos aun cuando podía notar lo cansada que estaba, me miró poniendo atención a mis palabras —. Encontré a tu hermana.
—
—
—
.
.
.
Hola!
Yo sé que hay personas que quieren colgarme por la demora, más de lo habitual. No tengo excusas, pero si razones y quiero compartirles porque son cosas que sirven para la vida.
Imagino que todos tenemos cosas que nos estresan, ya sea trabajo, estudios, asuntos personales, o todo junto al mismo tiempo. Y la verdad es que el exceso de estrés y falta de dormir me ha estado pasando la cuenta últimamente, así que decidí dejar un poco de lado cosas que, aun cuando adoro hacerlas, no me traía tanta consecuencia postergar un poco. Digo, consecuencias como que si hago mal mi trabajo, puedo perderlo, si no cuido mi salud me voy a ir al carajo, y si dejo sin tiempo a mi gente querida, voy a apartarlos de mi lado.
Y por eso demoré. Sé que aquí también hay consecuencias, que quizá alguien se aburrió de esperar y no me leerá, que quizá pensaron que no actualizaría. Y aunque eso me daría mucha pena creo queen momentos de colapso es importante ordenar las prioridades y cuidarse. Y yo quería tener mi cabeza clara y calmada para poder seguir haciendo algo que amo tanto, como escribir historias, o escribir en general.
Y ya dicho esto, y volviendo a las pistas, siempre he dicho que no dejaría jamás una historia inconclusa, así que espero que haya disfrutado este capítulo. Yo lo amé a ratos, lo odié a otros, pero al final decidí que lo que salió es lo que debe ser y que a fin de cuentas, la historia hacia adelante ya está clara para mí, así que tenía que dejar de quebrarme tanto la cabeza con el proceso.
Muchas gracias a quienes leen, y sobre todo a quienes se dan el tiempo de comentar esta historia que hago con tanto cariño y que me alegra tanto la existencia. Que en el tiempo que he estado más "flojita" para escribir, más me he dado cuenta de lo mucho que adoro crear.
Les andaré respondiendo los reviews por interno, como siempre, y quienes han dejado comentario sin cuenta, les aprovecho de decir por acá que también me hacen el día con sus comentarios, ideas, críticas en buena onda, sospechas y teorías sobre lo que se viene.
Así que eso, espero lo hayan disfrutado y nos leemos en el próximo capítulo!
