Enredos de oficina – Capítulo 14

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La casa en medio del bosque no es demasiado agraciada. Es pequeña y vieja, y a primera vista pensarías que está abandonada, pero en un segundo vistazo tal vez no se ve tan sucia. Los alrededores son bastante indefinidos, más allá de la zona esclarecida en medio del bosque, llego a distinguir una plantación de algo que crece sostenido por estacas verticales, y algunas macetas desperdigadas por distintos lugares de varios tamaños y formas.

El lugar no está decorado y resulta más funcional para la vida de montaña que otra cosa. Es la casa de un lugareño, o dos personas solas como mucho, no resulta posible pensar que aquí viviría una familia. Tampoco hay un auto o una moto estacionados en ninguna parte, y la única luz que cuelga fuera de la entrada es escasa y amarillenta.

De repente, el grito de la vieja corta el silencio del lugar como una flecha en dirección a la entrada.

—¡¿Quien anda ahí?!

No de adentro, sino rodeando por el lado trasero de la casa, aparece primero una luz blanca y pura fijada en el piso. Tras ellas vienen dos figuras conocidas.

—¡Le juro por dios que no somos ladrones!

—Calma. Desesperarse solo nos hará ver más sospechosos y los hará ponerse nerviosos.

El primero si duda alguna ha sido Tetsu. Y el segundo con la voz siempre calmada tiene que ser no otro que Keiji.

Pero no veo a Ken por ninguna parte.

—Ey. —Cuando saludo brevemente, tengo que llevarme una mano a la cara para tapar la luz de la linterna que me enceguece. Tetsu ha reconocido mi voz.

—¿Yuuri? Y Wolfram también. ¡¿Ustedes también llegaron hasta aquí?!

Ciertamente es una gran coincidencia.

—No precisamente, nos invitaron —aclara Wolfram.

—Ah, señora. Lo sentimos por entrar a su terreno, solo estábamos buscando alguien que nos indique como salir de este lugar y volver al camino —se disculpa Keiji. Como es poseedor de una especie de aura amigable natural, la vieja parece de alguna manera calmar su enojo.

—Así que todos se conocen. Genial, mas citadinos vagando por el bosque.

Y sigue tan gruñona como siempre.

—Tu —voltea hacia mi y puedo ver el brillo de la linterna en sus ojos cuando me mira—, ve a buscar leña al fondo.

—¡¿Eh?! ¿Yo de nuevo?

—Vamos, Yuuri, te acompañaré. Asumo que no estás acostumbrado a usar leña.

Lo que dice Wolfram es verdad, y al final el termina haciendo casi todo el trabajo por mi, encontrando la pila y eligiendo los troncos más secos y de mejor tamaño apilándolos en mis brazos. Definitivamente mi papel en una película de época seria del que carga las cosas.

—Listo, vamos adentro.

—Si, milord.

—¿Eh?

—Nada, nada.

La casa está elevada y hay que subir a ella pisando una piedra rectangular. El estilo general me recuerda un poco a las históricas casas estilo gassho que vi una vez.

El interior de la casita es similar a como imaginé la apariencia exterior a la luz del día, es todo madera vieja y robusta. Al entrar hay un espacio destinado a los zapatos e inmediatamente comienza el piso de tatami de la única habitación principal, iluminada por una bombilla amarillenta.

Todos los muebles son bajos. Keiji está sentado sobre un almohadón y Tetsu junto a él directamente en el piso. Sobre la mesa central hay unas cuantas tazas dispuestas, no forman un juego.

No muy lejos está la clásica hoguera que verías en un drama histórico del periodo edo, la tetera de metal oscuro fundido cuelga de un gancho desde arriba en el techo sobe un agujero cuadrado delimitado por un borde de madera. Decido poner la leña a un lado de eso.

Si Wolfram quería ver algo tradicional, no existe nada más tradicional que esto. Y hace un comentario muy pero muy bajito, que cuando llego a escucharlo me deja pensando que suena a lo que dicen los ricos a falta de comentarios no ofensivos.

—Qué pintoresco...

Está bien, no está tan limpio y todo, pero no se que esperar de un lugar que no está pensado para recibir clientes.

Wolfram se recompone rápidamente y con su usual actitud más abierta mira hacia donde cuelga la tetera.

—No estaba esperando eso... —comenta al ver el sistema—, puede que la madera que elegí sea demasiado grande.

—Lo es. Tu, ve afuera a cortar la leña, el hacha está a la derecha al salir.

—Otra vez... —murmuro, ni siquiera me molesto en preguntar por que yo.

Hacer té en medio de la montaña resulta bastante laborioso. Consigo hacer lo que se me indica sin tener demasiada idea de la vida de un montañés o un leñador y vuelvo al interior con piezas más pequeñas para encontrarme con un fuego ya encendido.

No digo nada aunque siento que me han enviado a trabajar en vano, pero la vieja extiende la mano y toma varios trozos del pilón y luego de mirarlos críticamente los tira dentro. Al parecer sus silencios significan que las cosas están aprobadas.

Siendo que Wolfram y yo tenemos la ropa mojada, ambos nos sentamos instintivamente más cerca del fuego.

—¿Como llegaron ustedes dos aquí? —le pregunto a Tetsu.

—Le estábamos contando a Wolfram que no tenemos idea.

—Seguimos el camino en subida como se suponía, pero nunca llegamos a ningún lado. Notamos que varios senderos eran mas estrechos y tratamos de mantenernos en los principales, pero todos los caminos parecían interminables. Eventualmente, llegamos al que daba a la reja y pensamos que si alguien aun vivía aquí podría ayudarnos —explica Keiji.

—Los celulares no funcionan, ni siquiera para llamadas de emergencia. Al menos tuvimos suerte y ustedes encontraron a la señora. Pero, ¿por qué están mojados?

—Nos caímos en una ciénaga un poco antes de llegar aquí.

—Ves —le dice Tetsu a Keiji con tono de sabelotodo golpeándole el brazo con el dorso de la mano—, para que te quejas por solo estar perdidos, ¡te dije que seguramente haber ido con Yuuri hubiera sido mucho peor!

Parece que en el tiempo que pasaron juntos se han vuelto bastante cercanos.

—¡¿Qué rayos estás insinuando?!

—No te lo advertí Wolfram, no importa cómo ni dónde, Yuuri siempre encuentra una manera de cagarla rotundamente.

—Pfjá. —A la señora no parece importarle el lenguaje de mi amigo, sino que parece que lo aprueba.

Tengo la leve sensación de que todos se la toman conmigo.

—Déjenme en paz. Lo siento, pero no puedo sentarme aquí a tomar té y que sigan divirtiéndose a mi costa. Tengo que ir a encontrar a Muraken. Si los celulares no andan y es imposible que llegue al templo, entonces aun debe andar vagando por ahí afuera. Además, seguramente fue el primero en desviarse del camino pensando en alguna tontería para asustarnos.

—Espera, Yuuri, no tenemos forma de comunicarnos, si vas solo terminarás de nuevo dando vueltas en círculos. No es seguro que lo encuentres.

—No me puedo quedar sentado sin hacer nada —le reprocho a Wolf y el guarda silencio. Antes de que suspire y diga que me acompaña continuo hablando—. Wolfram tu te quedas. Toma algo de té y descansa, no hagas peor lo de tu hombro.

—¿Qué? No voy a dejar que vayas por ahí solo.

—Vinimos aquí para una rehabilitación y hasta ahora lo único que haz logrado es probablemente retroceder semanas de tratamiento. Quédate y descansa quieto un rato.

—¿Te golpeaste de nuevo cuando caíste? —pregunta retóricamente Keiji—. Déjame ver, tal vez puedo ayudar de alguna manera.

Al menos él tiene conocimientos aledaños al tema, incluso si no es un quiropráctico servirá de algo.

—No me voy a quedar si él no espera.

Cuando Wolfram intenta levantarse, el entrenador le pone una mano en el hombro sano y cae sentado de nuevo con un golpe seco. Que haya aplicado bastante fuerza en ese agarre sorprende al herido y se queda boquiabierto.

—No vas a ir a ningún lado. Shibuya tiene razón, si te has golpeado de nuevo lo que necesitas hacer ahora es reposo. —De repente, el aura de este hombre cambia y se vuelve más amenazadora de lo que hubiera esperado—. Así que pórtate bien y quédate ahí quieto.

Guau, de verdad es un entrenador.

—Será mejor que le hagas caso. Parece todo amigable y jocoso pero cuando habla en serio, habla en serio. —Por la forma en que lo dice Tetsu, durante su aventura a solas seguramente fue regañado. Tomando impulso y palmeando su rodilla se levanta de repente—. Está bien. Yo iré contigo.

—Lleva al cerdo.

—¿Ah? —me sorprendo sin entender cuando interrumpe la vieja. El agua aun no está lista y ella solo continua separando unas hebras de algo misterioso dentro de una bolsita.

¿Por qué habría de querer el cerdo? ¿Acaso quiere que lo pasee o algo?

—Si hay una persona ahí dando vueltas, él va a encontrarlo. Solo indícale que es lo que tiene que buscar haciendo que lo huela.

El animal está dentro de la casa. Aunque uno hubiera pensado que debería vivir afuera en un chiquero, tiene un delgado colchón en una esquina y retoza cómodamente dándonos la espalda.

—Pero no tengo nada de Muraken-

—¿Acaso hablé de tu amigo? Dije persona. Solo acerca la mano ahí, niño.

Han pasado demasiados años desde la ultima vez que alguien me llamara de esa manera. No tiene caso quejarme, aunque se que lo haré si lo repite.

Tentativamente, voy hasta el cerdo y me lo quedo mirando. Es mucho más grande de lo que me parecía ya que no le había prestado tanta atención. Ahora que me veo obligado a interactuar con él estoy un poco nervioso, no tengo experiencia con otros animales que no sean perros.

—Oye, cerdito... ¿quién es un buen chico? Espero que esa sea una buena manera de comenzar contigo y que no vayas a morderme... aunque, no sé como son tus dientes.

Soy completamente ignorado. Pero cuando toco su nuca de pelo de cerdas puntudas no hay quejas. Es muy raro acariciar un cerdo. Eventualmente, ya que lo estoy molestando, el animal se da la vuelta e intento lo que me indicó la vieja. Pongo mi mano frente a su hocico y la huele.

El cerdo macho sin nombre se levanta lenta y perezosamente, cargando con toda la masa de su peso. Una vez de pie enfila hacia la salida a paso acelerado revoleando las orejas hacia todos lados.

—Uiick. —Eso es un "¿que estás esperando?" mientras voltea y me mira en la puerta. Su actitud se siente incluso más consciente e inteligente que algunos de mis perros.

—Ok...

El cerdo camina incluso más rápido al salir afuera y tengo que apresurarme a ponerme de nuevo las zapatillas. Escucho como Tetsu se queja y comienza a moverse detrás mio, pero yo ya estoy fuera en la oscuridad otra vez.

Mi pequeño guía no espera realmente por nada, yendo solo hacia el camino de salida. Ahora comienzo a entender porque escuchábamos el ruido de algo revolviendo las hojas por todos lados, era este hiperactivo animal buscando setas.

—¿Y la linterna? —le reclamo a Tetsu cuando aparece junto a mi en medio de la oscuridad.

—Eeeh...

—Rayos, ¡...oye! ¡Vamos Tetsu, vuelve dentro a buscarla que se me escapa el cerdo! ¿No tenemos una correa o algo?

—Ok, ok, ya vuelvo.

En el momento en que dejo de mirar a mi amigo y quito la vista del iluminado interior de la casa, el animal ha desaparecido completamente. —Maldición... —mascullo y tras dudar un momento me abalanzo hacia la oscuridad rápidamente.

Lo siento Tetsu pero iré solo.

Aunque a final de cuentas mi apuro es innecesario. Pero a su vez tengo mucha suerte.

Justo cuando creo ver un bulto negro más adelante como de la altura de mis rodillas, que tendría que ser no otro que mi guía animal, me agacho a atraparlo y algo golpea con fuerza contra mi lado izquierdo.

—¡GYAAA!

—¡AHH, AY!

—¡KUUIII!

Todos gritamos. Vaya, en la montaña hay bastante eco.

El cerdo, aplastado por mi al rodar directo encima suyo, escapa corriendo hacia adelante a toda velocidad y mi barbilla chocha directo contra el piso. La persona que me ha llevado por delante me aplasta y rueda encima mio, también cayendo de bruces directo al suelo.

No necesito verlo para reconocer su voz.

—¡Ken! ¡¿De dónde demonios has salido?! Oye... estás bien, ¿te rompiste los anteojos?

—¡...Ni siquiera sabia que estabas tan cerca o si realmente eras tu! No esperaba encontrarte de esta manera, había unos ruidos raros —dice la voz de mi amigo sobre mi espalda—. El problema es que no tengo anteojos que romper.

—¿Qué? ¿Perdiste los anteojos? Es por eso que no ves nada. ¿Y dónde está tu linterna?

—La perdí también.

—Entonces perdiste todo junto. ¿No perdiste la cabeza también de casualidad? Ahora quítate de encima de una vez.

—¿Qué pasa, por que estás tan susceptible? Al menos alégrate un poco de verme. Es mejor ser dos que andar vagando solos. ¿Cómo perdiste a Wolfram?

—No lo perdí nunca, de hecho encontré a todos. No se que tanto ves o no, pero allá hay una casa y están todos adentro. ¿Dónde te caíste y perdiste las cosas? Aun estamos a tiempo para ir y volver a buscarlas, acabo de salir.

—No sé, hará unos quince minutos, no tengo idea de por donde venía caminando. Está bien, es mejor dar eso por perdido e ir a la casa. No es la primera vez que me pasa, y ya no tengo de que preocuparme si estamos todos. Sería peor volver a separarnos solo por salir a dar vueltas solos.

Decidiendo que él sabe mejor si es o no un caso perdido y volvemos a la casa. Al entrar, Wolfram está sin camiseta y la vieja que apenas llega a su altura estando sentado le coloca unos parches para dolores sobre el omóplato. Keiji no parece demasiado interesado mientras sirve té en la taza de Tetsu.

—¿Dónde estabas? Volví a salir y habías desaparecido. ¿Cómo? ¡¿Ya encontraste a Ken?!

—¡Sorpresa!

—Tetsu es el del otro lado —le digo a mi mejor amigo.

—Ah.

—Realmente cuestiono hasta donde puedes ver o no.

—Ya te expliqué mil veces que no es que no pueda ver nada. Es solo que cuanto más lejos esta algo, menos distingo los detalles. Pero puedo ver formas perfectamente.

Lo que sea que él diga, pero se acaba de confundir dos personas que para mi son bastante diferentes una sentada al lado de la otra. Y una vez en secundaria insistía en ver una persona con una mochila en la esquina, que resulto ser un poste con un tacho de basura. Probablemente para él el cerdo y yo somos bastante parecidos, al menos en los colores de pelo.

Luego de que Muraken se presentara y la dueña de la casa se quejara una vez mas de sus invitados, puedo aceptar por fin una taza de algo caliente. El té es especiado pero no tiene nada raro, me calienta el cuerpo que hasta ahora no había notado estaba demasiado frió por andar afuera con la ropa húmeda.

Sentado mucho mas cerca de la hoguera que el resto, apoyo la mano en la camiseta de Wolfram que han dejado aquí al lado. Ya está casi seca del todo. Si me quedo aquí lo suficiente seguramente no pesque un resfriado.

—¿Qué vas a hacer sin tus lentes? —pregunta Keiji.

—Bueno, no traje el par de repuesto que tengo en casa hasta aquí, así que no hay nada que hacerle.

Ciego durante las vacaciones, que pena.

—Entonces, ¿cancelamos la subida al templo? —pregunta Tetsu.

—¿Aun planeaban subir? —se queja Wolfram.

—Tenemos uno invalido, uno ciego, y yo aun tengo que esperar que se me seque un poco la ropa si no quiero enfermarme.

—Y solo nos queda una de tres linternas —agrega Keiji.

—Aw, pero así no vamos a llegar a verlo de noche. Ya estamos a medio camino.

—¿Por qué te obsesiona tanto el templo de noche Tetsu? Podemos volver mañana de día antes de irnos. No sabia que te gustaban tanto esas cosas paranormales. —Le reprocho.

—Me gustan, que tiene. No ves todos los días un templo tradicional de montaña de esta manera.

—¿Te gustan mucho los paisajes naturales? —empieza una nueva conversación Keiji y ellos dos siguen por su lado.

Mientras tanto, Ken se dirige a la señora.

—¿Podría explicarnos un poco sobre los caminos de subida y bajada? A cuanto estamos del templo y a cuanto estamos del hotel.

—¿No quedamos en que no íbamos a seguir subiendo? —se mosquea Wolfram—. Ni siquiera creo que estemos a medio camino.

—Así es —asegura la mujer ermitaña—, en realidad han hecho como tres viajes de ida y vuelta a ese templo. Wajaja.

—¡¿Qué?!

—Se lo dije al extranjero y al que se parece a mi hija antes, han estado dando vueltas en círculos una y otra vez sin sentido. Esta no es una montaña para pasear.

El que se parece a su hija... ¿ese soy yo? ¿No debería decir que me parezco a su hijo? Ni siquiera tengo ganas de preguntar. Además, podría aprenderse nuestros nombres.

—Cuando apuntó hacia a la montaña desde el camino parecía bastante lejos —cuestiona Wolfram.

—Eso es porque de noche no se llegan a ver los caminos en la ladera. De aquí atrás sale uno directo, se llega en quince minutos. Aunque no es de acceso público y es bastante empinado. De otro modo desde este lugar tienen que dar un rodeo y caminar otra media hora. Tardaría incluso menos en bajar a ese hotel de nuevo.

—¿Por que hay un camino directo de aquí al templo? —pregunto por curiosidad mientras me levanto para llevar mi taza a que la llenen de nuevo.

—Oye tu, ¿dónde esta mi cerdo?

—No lo se, salio corriendo cuando nos chocamos. Lo siento.

—Hmn, entonces volverá solo en un rato. Hay un camino porque mi esposo es el dueño de ese templo, vive su vida de sacerdote ahí arriba en este momento.

No quiero realmente preguntar los detalles sobre eso, no termina de sonar a que están divorciados. En vez de eso volteo hacia mis amigos para zanjar el asunto.

—¿Qué vamos a hacer?

—Yo quiero subir y terminar el juego —insiste el obstinado de Tetsu.

—A mi no me molesta realmente si es cerca —dice Keiji quien no tiene demasiadas preocupaciones.

Ken y Wolfram se miran entre ellos y el primero voltea a verme a mi. Parece que tengo la ultima palabra. Suspiro y me llevo la mano a la nuca.

—Está bien, entonces terminemos con esto. Subimos al estúpido templo, lo vemos, y bajamos de una vez por todas al hotel por el camino más directo.

Suena como un buen plan. Lo ponemos en practica de inmediato cuando decido que mi ropa está lo suficientemente seca para mi gusto. Parados fuera de la entrada de la casa, Ken es quien me codea para que diga algo.

—Am, cierto. Señora. Gracias por la hospitalidad y el té, ah, y por supuesto por salvarnos.

Ella fue amable a su modo despues de todo. Soy horrible para las palabras formales, pero me da la impresión que incluso si hubiera sido perfectamente correcto, ella no respondería diferente. Apenas asiente la cabeza y nos mira fijo completamente en silencio.

Cuando nuestro grupo de cinco avanza siguiendo la luz de la linterna hacia la ladera escalonada, la voz detrás nuestro se apresura a interrumpir.

—Esperen un momento.

Volteo realmente intrigado. ¿Es una ultima despedida sentimental sorpresa? ¿O una advertencia sobre algún peligro?

—Creían que pueden irse así sin más. Tienen que pagar por ese té y el tratamiento.

—¡¿Ah?! —mis cejas se van hasta el nacimiento de mis cabellos—. Oye, Ken, ¿trajiste algo de dinero? Yo ni siquiera tengo mi celular encima.

Ante mi murmullo mi amigo niega con la cabeza. El resto de nuestro grupo actúa incomodo y duda, se nota que nadie aquí tiene con que pagar ni se lo esperaba. No hubiéramos esperado que el servicio de té costara algo.

—No quiero dinero. Solo necesito mano de obra —aclara la anciana.

—¿M-mano de obra?

Un delgado y huesudo dedo apunta de repente hacia la oscuridad de la cima, esperamos en silencio su pausa irritante de siempre.

—Llévenme con ustedes a la cima de esa montaña.

—¿Quiere ir al templo? —pregunta Wolfram intrigado.

—Así es. Puedo hacer los caminos usuales de recolección, pero no puedo subir a esa montaña.

Que mal de parte de su marido si es que nunca viene a verla. Pero ya que no sé sobre los detalles de esta relación, lo mejor es no opinar.

Antes de que siquiera diga las palabras siguientes, ya se quien es el elegido.

—Tu, el que se parece a mi hija, arrodíllate aquí.

—¿Por qué...? Ah, ¡hey!

De repente, la mujer bajita se comienza a subir a mi espalda, impresionado, termino por ayudarla sin pensar. No es la primera vez que llevo a alguien así, pero nunca me ha tocado el papel de buen chico de manga shoujo que cruza la calle cargando ancianas. De hecho, estoy bastante nervioso, las personas de la tercera edad son frágiles.

Para cuando me pongo de pie con cuidado, algo viene directo hacia mis piernas y choca mis rodillas haciendo que casi se venzan.

—Uuuikkk —chilla alegre el animal que se comporta como otra especie. El cerdo de edad indefinida se restriega contra mi con fuerza.

—¡Ah! ¡Oye! ¿Q-qué quieres?

Insistentemente golpea contra mi pierna una y otra vez.

—Creo que tiene algo en la boca —dice Keiji agachándose sin miedo y estirando la mano.

Pero el animal escupe su tesoro justo frente a mis piernas. Son un par de anteojos.

—¿No son esos tus anteojos Ken? —pregunta Tetsu. Con asco, los toma por la punta con la yema de dos dedos, a la luz de la linterna se puede ver la baba y la tierra. Pero no están rotos.

Wolfram tiene un pañuelo y en cuestión de minutos, aunque con cuestionable higiene, Muraken recupera la vista.

—Bueno, eso es una cosa menos de que preocuparse. ¿Nos vamos? —dice Tetsu despreocupado por todo. Claro, tu no tienes que cargar a nadie y eres uno de los dos a los que no le paso absolutamente nada malo esta noche.

Keiji, comenzando a seguirle de cerca, ríe divertido y cuando voltea cruzamos la vista un momento. Sus ojos se entrecierran como un zorro y lo que leo en ellos hace que se me erice el cabello.

—Cielos, Wolf tenía razón —murmuro extremadamente bajito.

—No eres el más listo de la manada, ¿cierto?

—Abuela, ni siquiera sabe de lo que estoy hablando.

—Mfjá.

Vieja desgraciada, parece que aplica bien el refrán un zorro sabe más por zorro que por viejo.

Y entre ellos se entienden.

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El camino de subida es increíblemente pesado, no es para nada como todos los otros que hemos hecho hasta ahora. Es empinado, incluso escalonado naturalmente en la tierra seca, y lleno de piedras.

Es fácil ver que sería imposible para ella subirlo sola. Pero para mi llevarla tampoco es nada sencillo. Tengo confianza en mi entrenamiento físico, pero esto también es una cuestión de equilibrio.

Tetsu se ha quedado a mi lado cuidando mis pasos con la linterna y el resto avanza atrás siguiendo las pisadas de la persona que va en frente. Así, formando una fila como si fuéramos hormigas, avanzamos seis personas y un cerdo —que resultó ser el mas ágil de todos—.

Lo bueno es que a pesar de que vamos a paso lento, los quince minutos prometidos son reales.

El ejercicio de cardio intensivo vale la pena cuando por fin llegamos a un discreto arco y termina el camino. El sendero de matorrales se convierte en un espacio abierto mucho menos empinado, pavimentado de pequeñas piedras colocadas allí a propósito por el hombre.

Nuestros pies rechinan al pisarlas y pronto salimos a la parte trasera del templo. No es un lugar tan pequeño como pensaba, y aunque aquí no se llega a ver mucho con nuestra pequeña linterna, la parte delantera cuenta con algunas luces tenues en varios lados.

Mientras yo descaso junto a Wolfram en una piedra de la entrada, el resto sigue al curioso Tetsu para explorar un poco. Agotado, apoyo la mejilla contra su hombro para descansar la cabeza ahora que nadie puede vernos. Huele húmedo, a tierra mojada mezclada con especias.

—Ju-jumn —interrumpe el carraspeo.

¿Por qué no puedo tener un pequeño momento a solas con él en estas vacaciones? Mientras me replanteo sacar pasajes para una estadía solo de dos personas, me enderezo sin apuro y observo a la vieja.

Esta vez, yo también me uno al juego de los silencios premeditados. No se si decir que gano, pero ella habla primero ante mi falta de comentarios.

—Tomen ese camio de ahí y bajen derecho, mientras que se mantenga igual de ancho deberían salir al hotel en como mucho veinte minutos.

Ella apunta una ultima vez con su dedo arrugado hacia el arco principal del templo, ese es el camino por el que deberíamos haber llegado.

—Supongo que este es el adiós definitivo —comento.

La abuela cascarrabias asiente una sola vez tan severa como siempre y da media vuelta. No hay despedidas sentimentales. A medio camino hacia la entrada principal se detiene y tras un momento voltea.

—Gracias por traerme hasta dónde debía venir.

—De nada —decimos ambos al mismo tiempo.

Y con eso, la señora desaparece dentro del templo. Ah, debería haberle dicho que mande saludos a su marido, pero de todos modos, tal vez si es una buena idea volver mañana de día a ver el templo.

Finalizada la pequeña aventura, nuestro camino de regreso se da sin accidentes ni ruidos estaños. Y como fue prometido, en veinte minutos estamos el en estacionamiento.

El alivio que siento al entrar al patio del hotel hace que la tensión desaparezca de mis hombros como un peso que alguien me saca de encima.

Tal vez también se trata del sentimiento de realización de haber hecho la buena obra del día.

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—Ahhh... agua caliente, que maravilla. No quiero salir más de aquí después de todo esto.

—Aun creo que está demasiado caliente —comenta Wolfram, pero está más relajado que de costumbre adentro de la segunda terma. La única razón por la que no estoy en la más caliente es porque él ha logrado acostumbrarse a este nivel de calor.

Tan relajado como podría estarlo, echo la cabeza hacia atrás sosteniendo mi toalla fría sobre mi coronilla y tarareo. Tengo todo el espacio que podría desear para estirar las piernas, y el ambiente es increíblemente agradable en este momento.

Muraken retoza descansando con la cabeza en sus brazos sobre la loza fría y el resto del cuerpo dentro. Se ve que ya no tiene más energías para nada esta noche, no se destaca por ser atlético.

Y respecto a los otros dos acompañantes que quedan, ambos han quedado apartados en la pileta contigua, enfrascados en alguna clase de conversación unilateral sobre músculos por parte de Keiji. Puede que Tetsu no sea un deportista, pero en el retazo de conversación que llego a escuchar igualmente intenta convencerle de que debería prestar más atención a tonificar su cuerpo.

Sea como sea, el ambiente se siente más amigable entre ellos. En cuanto a mi, ya no me siento inquieto. No hay nada que pueda molestarme e incluso he conseguido cierta privacidad con mi compañero.

Wolfram, por alguna razón extraña que no comprendo, sonríe de oreja a oreja con ojos rasgados y tararea algo bajito.

—¿Qué pasa, por qué estás tan contento? ¿Por fin te diste cuenta que es genial el agua caliente?

Él me mira y ensancha más la sonrisa mostrando los dientes, es esa expresión que resulta una epifanía para cualquiera.

—Eres tan lento —dice aun extremadamente contento, tiene un don para insultarme en todo momento—. Pero no te preocupes, no necesitas pensar mucho sobre eso.

Tomaré su consejo, en este momento no deseo pensar en nada. Ni siquiera me interesa su cruce de miradas y señas con Ken, o que mi mejor amigo me prometa que me cuentan luego.

Lo único que quiero en este momento es quedarme aquí hasta arrugarme lo suficiente y luego ir directo a mi habitación a recuperar mis perdidas horas de sueño.

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Continuará...


Hola a todos,

Si, otro capitulo tan seguido, saqué todo el provecho que podía a las vacaciones. De ahora en más voy a ver cuantos puedo publicar tan seguido, falta un poco para terminar este viaje en la historia, pero también quiero dedicarme a otras historias y las traducciones.

Voy a dedicarme un tiempo más a terminar los pocos capítulos que me quedan de la novela 8 y sacarla completa. Con eso terminamos Caloria, y queda todo listo para empezar mi saga favorita de Seisa que es la que adapta más allá del anime por completo. ¡Espero estén intrigados sobre eso! Son muchas cosas para hacer y todas me toman muchísimo tiempo, gracias por ser pacientes con eso.

Y también gracias por comentar sobre los fics que propuse en el capítulo anterior. Espero subir algunos oneshots o fics cortitos pronto, más de esos rescatados de un viejo backup, y luego veremos si termino lo incompleto y empezamos una nueva historia de aventuras. Tengo cosas para divertirme varios meses jaja. Espero que nos leamos pronto en otro capítulo para charlar a través de comentarios, me encanta leerlos así que los espero!