Nota de la Autora: Bueno estamos llegando a la fase final ahora sí, lamento tardar en actualizar aquí, se me había olvidado actualizar en esta plataforma XD. por cierto recomiendo buscar en youtube la pista musical de Vis Motrix - Ivan Torrent
Capítulo 12: Vis Motrix
La conquista y el cierre de una etapa, 29 de octubre.
Pasó un mes y solo faltaban días para cerrar de forma definitiva la pequeña fisura espacio-temporal que quedó a causa de la huida de aquella cárcel del vacío. Ahora todos estaban "casi" recuperados, y Viktor estaba a punto de despertar de su largo sueño.
Yuuri yacía sentado al lado de la persona que tanto ama, viendo ese montón energía recargar el cuerpo de él y del ruso, como halos luz radioactivos y es aquella energía que mueve el universo e impulsa todo; aquella que estimula el amor, el odio, la creación, la esperanza, la fe, la perseverancia y todas las cualidades que el mundo conoce, aquello a lo que llamamos "emociones y sentimientos", cuyos dones nacieron dentro del ser humano y, que combinado con la "mente" se fusionan en uno y al hacerlo obtienes lo que deseas.
Un pensamiento puede cambiar el destino de las personas, así como los pocos humanos de la historia pudieron sobrevivir ante la ira de seres superiores a duras penas, y eso ya lo hace seres divinos capaces, incluso hasta de superarlos en el futuro.
—El alma nunca muere, por eso cuando los humanos perecen y vuelven vivir nuevas historias hasta que sus almas se hacen realmente fuertes, sabias e inmortales —dijo Luzbel con una sonrisa a Tarón, observando de lejos todo.
Por tales cualidades divinas y por todo lo que los humanos lograron crear o mejor dicho, las cosas buenas que lograron resaltar, es el motivo por el cual se salvaron aquellos pocos inocentes que quedaron sobre la Tierra y que ahora deben comenzar una vez más, para ascender sin dejar su humanidad e imperfección atrás y así no cambiar su propia esencia.
De hecho, los humanos llevan dentro aquella marca que los hace especiales porque así fueron creados. Yuuri si bien aprendió el significado de muchos sucesos siendo humano primero, y es algo que no olvidará jamás, dispuesto a avanzar aunque exista daños colaterales en algún momento, porque la imperfección es parte la perfección de lo que él debe aprender.
—Vis Motrix... —citó Viktor mientras abría los ojos y miraba a Yuuri—. Es la fuerza de impulso que mueve una parte del mundo y que mueve todo a la vez, es aquella fuerza que necesito para mantenerme a flote sobre este mundo y tú eres parte de mi impulso mi sol, mi Yuuri, te amo demasiado y te doy las gracias por haberte encontrado justo en el momento que te busqué. A veces creo que fue como un regalo entre tanta desgracia que acaecería en mi paso sobre la Tierra.
Yuuri estaba sentado a un costado de la cama acariciando esos cabellos color plata de su amado, atrapando de improviso la luz reflejada en aquellos hermosos orbes azules de Viktor que al abrirse, miraban a Yuuri como si fuese el tesoro más grande de millones de mundos, más bien, de su mundo, aquel que contenía millones de mundos.
—Viktor, que bueno que despertaste y con mucho ánimo —sonrió mientras se acercaba con delicadeza a sus labios para besar los mismos—. Creo que ya es tiempo, así que no me hagas esperar, debemos tener nuestra primera cita de amor.
Viktor sonrió al ver a Yuuri tan jovial y decidido como siempre, con ese brillo en sus ojos, ese brillo que siempre buscaba alguna respuesta y la obtenía de algún modo, y cuando lo hacía lo llenaba de una inmensa felicidad.
—Claro, me siento totalmente reanimado —se sentó y estiró sus brazos hacia las caderas de Yuuri donde lo atrajo hacia él para besarle el cuello y ocultar su rostro justo allí—. Me encantas, Yuuri. Te amo tanto que podría perderme en una montaña contigo de cualquier mundo, pero quiero hacerlo para siempre.
Yuuri se mordió los labios de solo pensar en esa posibilidad, como si fuesen trotadores de mundos y en ese instante solo acarició sus largos cabellos. En ese acto de amor, Yuuri no se dio abasto para dejarse querer con abrazos, besos y suaves caricias aterciopeladas de un romántico y muy enamorado ruso. Algo que jamás pensó que sentiría.
—Perdona que cambie de tema un momento, Viktor... —recordando a los humanos reunidos, en esa escuela—. Los jóvenes humanos están listos para ser trasladados a la nueva Tierra, una donde podrán empezar de cero, hay que cuidado de los que están heridos, porque sí, hubo muchas consecuencias después de lo que ocurrió, pero antes de sanarlos totalmente, debemos cerrar el portal e irnos después de la primera semana juntos.
—Eso es bueno, ya veremos como movemos a los chicos —acarició su mejilla con su nariz, depositando un beso en ella—. Ahora me siento orgulloso de todo lo que hemos podido avanzar juntos. Además, te quiero volver a pedir disculpas por todo lo que te hice pasar en el pasado.
—Eso ya no cuenta ni me interesa amor, el pasado es pasado y ahora estamos en el presente, armando un futuro muy sólido hecho a base de estos sentimientos imperecederos, que a pesar de las dificultades que tengamos vamos poder superar, recuerda que mi alma y mi vida nacieron para estar a tu lado —Yuuri volteó su rostro sonriendo con calma.
—El amor es demasiado grande para terminar de entenderlo, realmente para entenderlo es mejor vivir de el en armonía, en silencio y rodeado de todos los sentimientos que genera —Yuuri aliviado se tiró en la cama junto a Viktor, sintiendo el calor de su amado.
Viktor aprisionó el cuerpo de Yuuri contra la cama estando todavía desnudo, donde aprovechó los sutiles y suaves roces de ambos cuerpos, cuya deliciosa fricción generaba más calor y mucha más atracción, que poco a poco se fueron transformando en caricias más subidas de tono, cuyos besos se hicieron todavía más calientes y húmedos.
Era tanto lo que habían esperado ambos, y tanta la necesidad de sus cuerpos, que ya no razonaban ante el aire que les faltaba porque aquel aire lo transmutaban en algo poderoso, donde solo tiene pie la lujuria, la pasión y el deseo infinito de unir sus cuerpos en uno solo de una buena vez.
Se detuvieron luego de varios largos minutos y se miraron con una hermosa sonrisa de complicidad.
—Yuuri, ¿aceptas una cita? ¿y luego te casarías conmigo? —propuso en modo en modo pregunta el ruso—. Me tienes en tus manos y no me cansaré de decir que te amo con la potencia de miles de millones de novas y estrellas dentro del universo, mi adorado Yuuri.
—Acepto salir contigo, Viktor —le dio un pico en los labios—. Y tú me tienes en tu corazón, tanto que acepto también casarme contigo y que me cortejes como se te de la gana.
Viktor todavía encima de su amado Yuuri volvió a fundir sus suaves y tersos labios con los de su dulce Yuuri. En una pelea de lenguas llenas de besos franceses, lo acorraló más contra el colchón y tomó sus manos entrelazando las mismas, al mismo tiempo que las aprisionaba contra el cabezal de la cama, suplicando que momentos como aquel no terminasen jamás.
Sus cuerpos danzaban en roces etéreos e intensos; como cuando el aire roza las hojas en otoño y se las lleva a un caudaloso rio, donde se terminan por descomponer y volver ese pedazo de suelo de donde nacieron las ramas del árbol que las creó.
Yuuri, era como aquellas preciosas hojas de otoño, hojas que fueron cambiando de color a medida pasaban las estaciones.
Y así se fue el tiempo, entre citas y besos intensos sin llegar lejos hasta que llegó el primer día tan esperado, el veintinueve de octubre. Su última cita como novios para pasar a ser próximamente esposos y consolidar su unión el día treinta y uno.
Los humanos, fueron trasladados por días y en ciertas cantidades evitando que el trabajo en grupo no se hiciera pesados para todos. A cargo de eso estuvo Christophe, Yuri y Phichit, dirigidos por Metatrón.
Mientras todo eso ocurría, Abaddon cumplió su promesa y finalmente había terminado de forjar dos grandiosas y poderosas armas en la fragua, las cuales serían las armas destinadas a destruir y crear cosas, y serán aquellas armas que le serán otorgadas a Yuuri y a Viktor como nuevos guardianes y futuros dioses de ese universo.
Viktor se encontraba frente a un lago congelado en el lado más frío de Siberia, observando las hermosas auroras boreales que pintaban el cielo de muchos tornasoles verdosos y de otros colores que caían como cascadas sobre el ya congelado planeta Tierra, tocando el suelo y pintando el hielo de un color celeste con violeta, realmente hermoso.
Aquellos rastros hechos sobre el hielo con los patines de oro que armó Viktor alguna vez en su pasado, se veían claramente marcados por las prácticas constantes que tuvo desde que inicio el mes, porque hace tiempo no sabía lo que se sentía competir y menos enamorar a su amado a través de una sensual melodía que reflejaba el amor que sentía por Yuuri.
La música sonaba como un alma cantando a las estrellas, en este caso Viktor cantando a su única estrella, Yuuri.
I ain't gonna give you up (No te voy a dejar)
I'm still inside you, simply asleep (Todavía estoy dentro de ti, simplemente dormido)
I'll make you feel alive and standing up (Te haré sentir vivo y de pie)
Keep standing up, now (Sigue de pie, ahora)
Yuuri sonreía mientras veía aquellos ágiles movimientos que le sacaban largos suspiros. Yuuri ahora mismo solo estaba lujuriando a novio, desde su cintura hasta sus piernas, y todo aquello que hacían que Viktor fuese el ser más sensual y sexy sobre la jodida Tierra en ese momento, pero era más que perfecto por hacer sentir realmente feliz a Yuuri, de sentir todos esos sentimientos transmitidos a través de su cuerpo y movimientos simples.
Viktor dio un giro en la enorme pista, paseándose por toda esa planicie siberiana del lago congelado, era rápido, ágil y más veloz que un patinador normal y loe mejor es que se veía tan libre, tan salvaje de demostrarle todo lo que sentía a Yuuri.
Hubo un momento en que Viktor sonrió como nunca lo había hecho, era tan feliz que su mirada cruzó la de Yuuri por unos momentos, dejando a este último sorprendido y sonrojado por tan penetrante mirada azulada, abrazando sus inseguridades.
—Increíble... —Yuuri se llevó la mano al pecho y tocó el collar que Viktor le regalo—. Así que éste Viktor eras tú cuando eras joven.
—Era él sin duda —interrumpió Luzbel situándose a su lado, viendo como su otro hijo bailaba sobre hielo—. Viktor no siempre fue la persona fría e indiferente que conociste. Cuando tuve a Viktor, él era la bola de luz más alegre que jamás había visto. Por eso me alegro que ambos estén juntos, y es como si tú le devolvieras esa felicidad que perdió, es por eso que eres su mitad, la otra parte de su alma y no lo olvides mi vida.
Yuuri asombrado por las palabras de su padre, sonrió y asintió ante lo que dijo porque tenía más razón que cualquiera que conociera a Viktor.
Por supuesto que su amor y el de Viktor no eran perfecto. Siempre quedarían esas cicatrices que obligaron a madurar a Viktor demasiado rápido en el pasado, y el daño ocasionado por seres que no tenían paz en su alma, almas con cualidades negativas de los seres humanos.
Por eso mismo cada proceso en la vida tiene un impacto y transición tremenda en el tiempo, una que repercute a voces ocultas, una que quizá intentará alejar a Viktor de su lado en algún momento, pero no, Yuuri no lo iba permitir, iba luchar.
—Los miedos jamás duermen, Yuuri —terminó de aconsejar Luzbel—. Siguen acechándote, pero como eres un chico fuerte y sabrás como aprender a sobrellevar las cosas, ahora debes prepararte para lo que viene en el futuro.
Yuuri le daba la razón a Luzbel porque él casi vivió desde los tiempos de la misma creación, era como todos, una extensión especial y mucho más cercana al Dios, aquel que nadie sabe lo que realmente es. No obstante, ese dios no era más que un universo de mundos y paralelos lleno de redes y vida inteligente. Aun así ese Dios no era del todo perfecto como muchos imaginaban. Si todo fuese perfecto, todo fuese aburrido y no existirían problemas ni desperfectos.
—Gracias por ayudarme, padre —en ese momento Yuuri no pudo evitar tomar sus manos y volver a besar sus dedos—. Ahora, perdona que cambie de tema, pero, necesito que me ayudes a prepararme para mi encamamiento y para la boda, estoy un poco nervioso.
Luzbel entrevió aquello que dijo y sonrió con una mirada de complicidad.
Yuuri se concentró finalmente en el último baile que le dedicó su novio.
Viktor terminó de bailar con sonoros y perfectos movimientos llevados de modo épico, con los brazos extendidos hacia Yuuri y una sonrisa dulce, esperando a que éste viniese a sus brazos.
Acto por el cual Yuuri no hizo más que dejar a Luzbel de lado y correr hacia Viktor como si no hubiese un mañana y fuese su único ídolo. Se lanzó directo al cuello con sus manos extendidas, para luego robarle un beso sobre la pista de hielo donde fue apañado por los fuertes brazos de Viktor.
—Te amo tanto que las estrellas están cansadas de oírme todas las noches cantar tu nombre y suplicarle que me finalmente estemos juntos —recitó Yuuri a Viktor y volvió a besar al ruso sin dejarlo respirar luego de aquella grandiosa rutina sobre hielo—. De verdad que te amo tanto que no me alcanzara ni mil estaciones y amaneceres para decirte que todo lo que llevo dentro mí es solo es para ti, que todo ese sentimiento que provocas es por ti, Viktor.
Viktor lo abrazó con fuerza y también correspondió besando sus labios, escuchando todas aquellas hermosas palabras que salían como poesía de los labios de su futuro esposo.
—Yuuri, gracias por haber soportado tanto de mí, estoy seguro que en este tiempo que tengamos juntos, aprenderemos todo lo que la vida nos ponga por delante —dijo, pero no quería decir todo aquel juramento que había escrito para su boda—, Yuuri, por ti el tiempo se detiene para verte caminar por los senderos de mi alma, llenando los páramos mi corazón con millones de Lirios.
Yuuri sonrió casi con ganas de llorar por la emoción, todavía no podía creerse que todo estaba a punto de terminar allí y empezar en un nuevo mundo, era tan feliz de tener a Viktor consigo una vez más. El japonés se separó por unos instantes de su amado para luego tomar la mano de Viktor y salir de la pista donde ambos miraron a Luzbel.
—Bueno Viktor, la boda es mañana y tengo que ir preparando a Yuuri, ¿me lo prestas por el día de hoy? —preguntó Luzbel.
—Por supuesto que sí, papá —Viktor cedió la mano de Yuuri a su padre como regalado por un día—. A partir de mañana todo será para mejor, espero que todas nuestras citas del mes y mi baile, hayan llegado a tu corazón y te hayan conquistado lo suficiente, porque sé que no me alcanzara el tiempo ni la vida misma para seguir enamorándote cada día que pasa, mi Yuuri.
Yuuri no podía quejarse de todas las atenciones, risas y bailes que tuvieron juntos durante todo octubre, sin contar el trabajo arduo en equipo para ayudar a terminar las armas que ambos usarían, y aprender todavía más magia, aquella que era el lenguaje de un universo lleno de enigmas y misterios, porque controlar los poderes que se les había otorgado tampoco era una tarea nada fácil.
—Viktor, gracias por entenderme en todo, yo también espero mucho de este cierre de ciclo, que nuestro amor sea el comienzo de un nuevo tiempo y que los sacrificios que hubieron no hayan sido en vano —se llevó ambas manos a las mejillas tan encandiladas que tenía, porque parecía un sueño—. Bueno mi Vitya, mejor nos vemos el día de la boda.
Luzbel se rio ante el nerviosismo que reflejaba Yuuri en su semblante y ante aquella sonrisa de acorazonada de Viktor, quien tontamente intentaba consolar esa parte de Yuuri de forma inconsciente.
—Yuuri, no te sientas nervioso —le dio un último abrazo a su amado—. Todo va estar bien, solo ten algo de paciencia y confía en mí. Nadie dijo que sería fácil el camino de la felicidad, el dolor parte de eso.
Yuuri se dejó arrullar por última vez en los brazos de Vitya y rio ante eso último que dijo. Luego de eso se fue con Luzbel para hacer los últimos preparativos antes del gran día y la gran noche del 31.
Secretos acerca del perdón y nuevos amores
Yurio observaba la única gran pintura que estaba encuadrada en medio de la sala; la misma le hablaba de un paisaje de otro mundo lleno de una naturaleza extraña, aquella que se desborda de la imaginación de los grandiosos artistas que pintaron la misma.
—Es una pintura que dice muchas cosas, ¿no crees? —agregó un hombre de cabellos rubios similar a él—, Yuri.
El chico se volteó para darse cuenta que era su progenitor Rafael, uno de los últimos arcángeles que quedaban. Al principio Yura se sintió incómodo porque jamás lo conoció en persona. Y pensar que era hijo de Luzbel y de él.
Yura se resignó a perdonarlo de algún modo de forma fácil, y menos por haberlo abandonado todo ese tiempo, haciendo que se sintiera tan solo.
—Yuri —dijo Rafael quedito mientras jugaba con sus manos algo nervioso—. Te quiero pedir perdón por todo lo que hice, no tuve opción y Miguel, ya sabes...
No supo como terminar de explicarle al sentir la mala vibra de su hijo hacia él.
Yuri volteó su rostro indiferente ante aquellas palabras. Intentaba razonar de la mejor forma, pero algo dentro de él le decía que todavía no era el momento ni la circunstancia. Dejar a un niño solo en manos de desconocidos es lo peor que puede hacer un padre, a no ser que ese niño corra un gran peligro.
Yuri Plisetsky apenas podía procesarlo y entenderlo porque vivió muchas cosas. Por eso pensó al menos que si su padre hubiese tenido los huevos bien puestos, las cosas hubiesen sido diferentes. Yuri pensaba que Rafael no aprovechó todas las circunstancias de haberlo aislado del peligro de otro modo.
Lo único que hubo fue un prolongado silencio entre ambos.
Un kazajo observaba la escena desde cierto ángulo, a pesar de que las cosas no habían terminado bien entre los dos no quería rendirse ante la posibilidad de que Yuri lo viese como algo más, pero él mejor que nadie sabía que ya no tenía ni la más mínima esperanza de que lo viese con buenos ojos, porque en su momento, Otabek también intentó seducirlo y utilizar a Yuri para que todos los planes de Viktor no se descuadraran y ese modo marcharan bien; suceso del que ahora se arrepiente con todo el corazón.
—Y lo último malo que hice fue... —se detuvo al ver el frío semblante de su hijo mirarlo captando algo de su atención.
—Basta de lamentos, sé lo que hiciste y no es que me guste —se refirió a cuando sacrificó su esencia para que él no muriera durante la pelea del vacío—. Se supone que sería algo mío personal, sería mi dolor y me lo quitaste también sin mi permiso y debiste dejarme morir allí, por eso y otras muchas cosas de algún modo me molestas, sin contar lo que pasó tiempo atrás. Así que ya basta de excusas, no me interesa y no quiero hablar más de estos temas, al menos no contigo.
El corazón de Rafael dolió a tal grado que aquel defecto con el que nació en ese cuerpo extraño, lo hizo sentirse peor, como mareado y con ganas de vomitar. Aquellas emociones fuertes, hacían que Rafael se debilitara ante el rechazo de su propio hijo.
Rafael entre todos los seres divinos era uno de los más fuertes, pero a la vez muy frágil. Por alguna razón cuando se creó su cuerpo hubo un desperfecto por la batalla que se llevaba a cabo con la muerte en ese entonces con otros señores. La muerte alcanzó a tocar parte de su cuerpo, mermando su salud. Por eso, sabía que su tiempo llegaría algún día que Rafael cediera, pero su cuerpo seguía experimentando el dolor y la debilidad. Por eso Rafael era el mejor médico del universo, por eso cuida de los enfermos de aquellos a quienes representa, y estar en esa cárcel del vacío le afectó mucho más. El recibir semejante descarga de energía para proteger a Yuri, a pesar de no morir y ser inmortal hace que ese don lo abandone poco a poco.
Aunque Dios le había propuesto renacer, Rafael se dio cuenta en ese instante, que a veces es mejor que las cosas terminen para siempre.
Una sonrisa forzada y silenciosa se dibujó en el rostro de Rafael. Viendo la espalda de Yura quien solo se limitaba a suspirar cansado de tanto y lo entendía; el no poder sentir nada y que cuando lo sientes todo, entonces no tienes lo que deseas porque no siempre será así. Por eso y otras muchas razones Rafael se sentía el ser más culpable del mundo, y pensó que morir para siempre era lo mejor que su alma podría obtener.
Abaddon vio en Yuri alguien lleno de dolor y arrogancia. Alguien que no es capaz de perdonar a ese ser que lo concibió con todo el amor del mundo, y que no tuvo más opción que abandonarlo para que peores calamidades no lo alcanzasen, entonces ¿por qué razón Yura no podía entender eso?, fue entonces que pensó que,por esa razón, tal vez que el rubio estaba mirando hacia el sitio equivocado, porque no sabía cómo perdonar a las personas y eliminar esa rabia interna.
Rafael se resignó cabizbajo, parece que su hijo no lo quería. Podía sentir la atmósfera pesada de su parte y el rechazo constante de su aura.
—Lo siento mucho —se disculpó Rafael iniciando su retirada en silencio.
Cuando Yuri se volteó para ver la presencia de Rafael, supo que había desaparecido y que el arcángel ya estaba camino a sus aposentos. Aquello solo lo dejo intranquilo y confundido, aunque no muy feliz por haberlo rechazado, es como si sintiera añoranza y más tristeza de no aceptarlo ahora, pero Yuuri sabía que no iba ser para siempre.
En lo que Rafael apareció frente a su cuarto, no pudo más con su cuerpo. Sus piernas se doblaron y éste cayó sin remedio alguno en el piso desmayándose. Dicha situación llamó la atención de un inusual kazajo que lo había seguido para ayudarlo, luego de ver como se puso por culpa de Yuri.
—Que inconsciente es Yuri al no medir sus palabras —se dijo el Kazajo molesto.
En ese momento Luzbel al ser informado también se preocupó, tanto él como Yuuri y Metatrón se enteraron de todo por medio del kazajo y de la conversación que tuvieron Rafael y Yuri.
Aquello simplemente provocó la rabia e impotencia de Luzbel. Por eso decidió ir a hablar seriamente con su hijo.
Metatrón fue abandonado por eso y de repente se sintió peor por Rafael, no sabía que hacer con los celos que sentía, todo estaba como fuera de control.
—Mi amor, ¿volverás luego? —preguntó la dulce y calmada voz de Tarón.
—No lo sé, dependiendo de cómo esté Rafael —ni siquiera podía fingir que no le afectaba dado que Rafael era parte importante su vida todavía—. Hablamos después mi vida.
Metatrón se sintió, extraño, desdichado o como sea, fue como un golpe bajo y doloroso.
—Está bien cielo —respondió justo cuando iba darle un beso, uno que Luzbel terminó evadiendo por la prisa que llevaba.
Metatrón se quedó pensativo acerca de todo.
—Es como si hubiese olvidado todo —susurró bajito Tarón frente al espejo, quizá porque estaba pensando que Luzbel lo abandonaría.
Abaddon por un lado salió de su escondite y apareció al lado de Yuri. Lo saludó con un apretón suave manos y media hora después de quedarse pensando en la situación.
A Yuri se le iluminaron los ojos. Nuevamente sentía una extraña mesura cuando Abaddon estaba con él.
—Hola... —dijo el rubio con voz quebrada y sin mucho ánimo luego de lo que pasó, temiendo que haya visto todo—. Quería hablar contigo, Abaddon.
—¿A sí? —puso una cara de duda—. Bueno aquí estoy, ahora si podemos hablar tranquilamente.
—Abaddon, no siento nada por Otabek —dijo finalmente—. Lo he pensado, lo he consultado con mi almohada todo este mes y conmigo mismo, no puedo, simplemente no me gusta. Además, el hecho de que haya intentado utilizarme me duele y sé que es una decisión apresurada, pero ya no hay duda de nada. No puedo seguir intentando algo que no siento.
Abaddon hizo silencio y lo miró entre ojo, ya estaba decidido por lo visto. El mayor estaba preocupado por Yuri, que a pesar de que ya tenía dos mil años y pico no era un niño, pero su alma era demasiado joven para él. La verdad es que Abaddon no quería decirle nada con respecto a lo de Rafael porque quería entender a Yuri. Quería saber porque era así. Abaddon mejor que nadie sabía que cuando había mucho daño en la vida de alguien, las cosas no siempre iban a estar bien.
Quizá Yuri fue rechazado siempre de algún modo y el cariño falso que recibió no era más que espejos quebrándose a cada instante de su vida. Si era así, entonces el amor en todos los sentidos estaba fracturado desde un inicio.
—¿Y te sientes mejor ahora sabiendo que no lo amas? —indagó Abaddon.
—No me siento bien por muchas cosas, pero si es sobre sentirme bien emocionalmente, me siento aliviado porque ahora mis sentimientos están claros, siempre lo estuvieron —se armó de valor y miró a Abaddon acercándose a él y tomando sus manos—. Abaddon, desde que llegaste, en el primer momento que pisaste esa puerta con aquella picardía y esa manera tan divertida y salvaje que tenías, me gustaste mucho y poco a poco me di cuenta que me fui enamorando de ti. Al menos en este universo quiero estar contigo y es algo que no puedo controlar.
Abaddon se quedó atónito ante la confesión sin duda, Yura era joven, pero feroz, era un alma que necesitaba aprender mucho, pero mucho de verdad. Parecía un sentimiento lleno de dolor que buscaba escapar de la realidad, por no decir que Abaddon no podía con el peso de esa confesión. Sin embargo, lo pensó por cinco largos minutos de silencio.
Yuri con las mejillas totalmente carmesí bajó la mirada apenado con miedo al rechazo. Lo cierto es que jamás había hecho una tontería como esa, eso de confesar su amor a alguien, pero eso solo pasa una jodida vez cuando de verdad lo sientes.
Yuri se sentía seguro que amaba a Abaddon de verdad y tenía que estar con él. Por esa razón, temía a que fuese también apartado de su vida. Tampoco quería ser utilizado nuevamente sabiendo sus sentimientos. Yuri no tiene ni idea del porque intentó acostarse con Otabek aquella vez, simplemente fue por impulso y la presión del momento, una que por suerte no cedió.
Abaddon siguió con la vista puesta en Yuri, observando y estudiando su semblante, sintiendo cada parte de sus temblorosas manos, las cuales solo indicaban una cosa, que sentía algo de miedo. A pesar de todo Abaddon seguía pensando que era demasiado joven para un alma que ha vivido en millones de mundos, millones de experiencias y que por algún motivo perdió a su alma gemela en una batalla, un alma que fue destruida para jamás regresar.
Abaddon era el señor de la destrucción, alguien que abandonó todo sentimiento desde que perdió su primero esposo, era un señor que no podía permitirse jugar a un día ser lo que nunca fue y lo que nunca podría ser, por eso y por miles de motivos, estaba a punto de rechazar a Yuri.
A pesar de que también sentía cierta atracción leve hacia él. Sentía que no era lo correcto y no le estaría haciendo ningún bien atándolo de ese modo.
—Yuri, yo...
Fue interrumpido por una aparición repentina de Luzbel quien parecía algo enojado, Plisetsky se volteó y se levantó de una vez al verlo.
Acto seguido Abaddon hizo lo mismo y ambos lo saludaron soltándose las manos.
Luzbel vio aquello y se quedó extrañado, mas no dijo nada.
—Yuri necesito hablar contigo seriamente —soltó Luzbel.
—No quiero hablar de eso, no es el momento... ya sé que vienes por lo de Rafael —respondió Yuri.
—No me importa si no es el momento, yo sí quiero que hablemos porque esto tiene que acabar —sus palabras fueron más en tono autoritario que las anteriores.
Yuri por un momento tembló al sentir aquella pesada aura hacerlo que obedezca, porque si no, las cosas se pondrían feas. No obstante, por eso le iba demostrar miedo y Yuri ha peleado muchas batallas obligado y había sido utilizado como armas desde que era un niño.
Ellos no podían ver eso porque ahora que aprendió muchas cosas más, a como bloquear su mente y todo en ser para que nadie leyera su pasado. Yuri bloqueó todo dentro de él, simplemente para no recordar la tortura y ese tono de Luzbel le dolía, es como si hubiese perdido todo avance con su padre.
—Bien, pero lo que tenga que ver con Rafael es mi problema, solamente mío y yo veré cuando me sienta dispuesto a hablar con él —dijo sin bajar su cabeza, desafiando a mirada de Luzbel con más frialdad de la común.
Luzbel también sintió algo creciendo dentro de Yuri, era ese sentimiento de repudio total por ser obligado a hablar de ese tema. Por eso también temió ser odiado por su hijo. Luzbel cedió y relajó el semblante.
Abaddon hizo una reverencia a ambos y se despidió de Yuri. Ya no tenía nada que ver en ese asunto.
—No te vayas, quiero que te quedes —suplicó Yuri a Abaddon.
—No creo que sea adecuado Yuri... —replicó Abaddon preocupado mirando a Luzbel.
—No me importa, no quiero malos entendidos o al menos si voy a ser rechazado nuevamente, entonces debes saber más sobre mí.
Esas palabras fueron directo al corazón de Abaddon. Suspiró y miró a Luzbel, éste le devolvió la mirada en señal de aprobación puesto que no importaba si se quedaba.
—Bueno... —se cruzó de brazos y se recostó del pilar para ver lo que tenían que decirse. Aunque Abaddon no le gustaba involucrarse en conversaciones ajenas, ni en disputas.
—¿De qué quieres hablar conmigo? —indagó Yuri finalmente.
—Precisamente es sobre Rafael —lo invitó a sentarse en uno de los sillones de allí—. No le queda mucho tiempo y él ha pensado en no regresar de su muerte, no renacer más. En realidad, no ha renacido nunca, pero piensa que es mejor que su alma sea destruida para siempre.
Abaddon también pensaba que era buena idea, si hubiese sido él hace tiempo hubiese terminado con esa locura, el mundo no está hecho para soportar tanto poder, cuando ese poder puede ser esparcido y compartido en otra dimensión del universo.
Yuri bajó la mirada, algo dentro de él no se sentía del todo bien. Si total nunca fue humano, pero sí aprendió de las emociones mediante el dolor, e intentaba no quebrarse en ese momento cuando sus ojos empezaron a temblar.
—No sé qué quieres que haga con esa información —dijo en un tono seco—. No puedo hacer nada por él, ahora yo...
Luzbel suspiró y se cruzó de brazos, no tenía por qué explicarlo todo cuando Yuri estaba en todos los sentidos y en la edad adecuada de entender las cosas a la perfección. Fueron largos minutos de silencio por ambas partes.
Abaddon suspiró cansado también de esa actitud. Decidió meterse e ir directo al grano. Quizá debía meterle un poco de presión y decirla la triste verdad a ver si así reaccionaba.
—Mira Yuri, no sé qué porque razón me pediste que me quedara si no comprendo esa actitud tuya, pero solo te voy a decir una cosa antes de retirarme —añadió el hombre de cabellos negros—. No puedo corresponder a tus sentimientos y no creo que lo haga, lo siento mucho, yo no te amo.
Luzbel abrió los ojos sorprendido. ¿Yuri se le había declarado al señor de la destrucción? ¿Era en serio? Luzbel entendía ese sentimiento de no poder corresponder a alguien. Como en su lugar pasó en su momento con Rafael, a pesar de que Metatrón murió en su momento, sin esperanza alguna, al menos intentó volver a amar a alguien y ese alguien era Rafael, mas no le fue posible, pero no por eso le tenía menos cariño.
Fruto del amor lo tuvieron a él y fue por una promesa. No obstante, también empezaba a entender a Yuri, su vida parecía resumirse en rechazos, dolor y perdidas, porque había algo que Yuri no estaba contándole y así no podía entenderlo.
Yuri reaccionó como niño asustado y miró a Abaddon a los ojos en busca de auxilio, aquellos bellos orbes violetas grisáceos que parecían estar totalmente decepcionados. Se aguantó las ganas de llorar porque no era ningún niño y tampoco era tonto, ahora con tantos golpes a la vez tenía que encontrar un lugar en esa vida.
Abaddon se volvió disculpar por la interrupción y se fue sin decir nada. Es como si una sombra se esfumara lentamente, huyendo de la luz.
Luzbel miró a su hijo preocupado... a pesar de todo también lo amaba tanto como a Yuuri y a Viktor.
—Yura, bebé hermoso, no te desanimes —se sentó a su lado y acarició sus hermosos cabellos dorados—. Yuri, ¿me estás escuchando?
Cuando finalmente sus ojos perdieron de vista a Abaddon, y dejaron caer unas tibias lágrimas que seguido redujeron su mirada hacia el piso. No podía hablar, sentía como un verdadero idiota. Ahora comprendía a Otabek, ¿este era el dolor que se sentía al ser rechazado?, aun así, no podía tampoco obligarse a nada, solo aceptar también que esa vida ni ese universo estaban hechos para una persona como él.
Luzbel no le dijo nada, solo dejo que Yuri se desahogara por otros largos minutos mientras le consolaba en silencio.
Cuando Yuri estuvo finalmente listo alzó su mirada de nuevo. La misma estaba vacía y sin brillo.
Lo único que hizo fue pegar su rostro al de su padre y desbloquear su pasado de ese modo Luzbel entraría en su cabeza, finalmente.
«—Yuri, ¡No es suficiente! Tienes que matarlo.
Se oían voces a los lejos reclamándole, entonces Yuri no hizo más que asesinar a esos inocentes chicos que iban a la guerra y se revelaban contra sus amos.
—Yuri, ¡si no lo descuartizas seré yo quien te haga pedazos!
Una serie de sucesos empezaron a pasar por la cabeza de Yuri, una que Luzbel ahora entendía con claridad, tanto Lilia como los demás, incluso todas las movidas salvajes de Viktor hechas de manera indirecta llegaron a herirlo de algún modo, hicieron mella en el pasado de él, frustrándole. Yuri fue utilizado como armas en las guerras, como arma de espionaje y asesinatos a inocentes con sangre fía, incluso había sido contratado para despertar y asesinar a Yuuri, su propio hermano.
Mucha sangre y desolación inimaginable estaban escritas en sus memorias, donde solo había desprecio, rechazo y demasiado odio, nunca hubo una muestra amor real, algo que Yuri intentó cargar toda su vida son eso, haciéndolo infeliz».
Luego de un rato Luzbel lo único que hizo fue llorar junto a su hijo, porque él también estaba lleno de cicatrices. Por eso no quería más sufrimiento para ellos ni para sus nietos. Era hora de que ese universo tuviese un villano, otro diablo diferente a él para crear el equilibrio. El portal de esa dimensión debe cerrarse para siempre.
—Ahora lo entiendo y lo lamento tanto, ojalá pudiese salvar a Rafael, tienes que darle una oportunidad y aprender a perdonar Yuri —dijo rozando su nariz con la de su pobre hijo que siguió llorando deshecho, tantas cosas le dolían, tantas que también quería renuncia a la misma vida.
—No merezco nada, sé que he sido muy mierda, yo prefiero tomar el lugar de Rafael —los deseos son peligrosos, por eso era mejor no desear nada.
—No, no digas esa tontería —lo regañó Luzbel.
La brisa del invierno entró por la ventana acariciando sus cabellos dorados, perdiéndose en esos ojos que no tenía nada ahora, solo a sus dos padres y dos hermanos a quienes apenas comprendía.
Yuri, ese mismo día había decidido renunciar a todo. Sentía que en ese mundo no había nada para él, y no podía obligarse a amar una persona que no amaba. Es como si el tiempo y todos los sucesos se hubiesen ensañado tejiendo su destino en ese universo.
—Lo intento, perdón —lloró como niño desconsolado.
Abaddon observó en silencio esa escena. No supo que pasó ni porque ambos reaccionaron así, porque es como si hubiesen tenido una conversación telepática. El mayor se vio preocupado por la situación puesto que Yuri siempre había sido alguien fuerte y ahora es como ver a alguien desplomarse lentamente, algo en el señor de la destrucción le empezaba a desesperar y por eso se retiró a buscar respuestas en dentro de su corazón, en un lugar lejano y solitario de la escuela.
Luzbel se vio menguado cuando su hijo cayó en sus brazos, dormido. El cansancio que tenía, era por no dormir y trabajar tanto tiempo en todos los proyectos. Sabía que Yuri no solo estaba agotado físicamente, sino que mentalmente estaba peor.
—Cuando sea el momento y te sientas mejor sé que hablaras con Rafael—susurró con esperanza que Rafael no estuviese mal o peor que las otras veces.
Cuando Luzbel volvió, Tarón le dijo a Luzbel que se quedaría para solucionar el problema de Yura cuando este despertara, que mejor fuese a ayudar a Yuuri con sus preparativos por solo faltaban dos días.
Dicho y hecho, pero con mucho pesar, Luzbel se tuvo que ir para terminar con todo y dedicarse a ver que hacía con su Yura. Por ahora olvidarían ese tema.
Iniciación de Halloween, día de la boda, 30 de octubre.
Faltaba un solo día y Yuuri estaba que caminaba de un lado a otro demasiado nervioso, ya todo estaba casi listo salvo por el hecho de que Luzbel quería vestirle con un traje realmente ridículo, era tan anticuado que seguramente Viktor lo quemaría.
Eran apenas las 10:00 de la mañana y solo se escuchaba al menor refunfuñar a Luzbel.
—Yuuri, cálmate y ven meterte al baño, no te comportes como un crío de diez años, hijo, no ahora —dijo Luzbel invitándolo a meterse la enorme tina, la cual había sido preparada con especies, flores y otro conjunto de minerales, que lo ayudarían no solo a estabilizar su energía.
—No, hasta que me dejes elegir mi traje de boda —reclamó.
Luzbel suspiró agotado y lo haló metiendo a Yuuri a la fuerza dentro de la tina, para luego empezar a enjuagar sus sedosos cabellos negros y peinarlos.
—De acuerdo, te dejaré elegirlo, Yuuri —frunció el ceño resignado—. Ante todo, lo que hablamos ayer, espero tengas tu posición clara y tu mente lúcida para este evento. Recuerda que este el comienzo de una etapa y el cierre del paganismo. Todo lo malo debe terminar en este día, por eso, tu noche de bodas Yuuri será sangrienta y no te voy a mentir, tu primera vez te va doler como los mil demonios puesto que es el dolor de la caída que debe pagar un ángel al perder sus alas.
—¡Ah! Lo sé, lo sé, no me regañes, sé que todo saldrá bien, espero yo... —dijo decidido, pero con miedo, intentando disimular—. Quiero sentir cada parte de Viktor, y no quiero perderme una sola acción de este acto de amor con él, padre, aunque sé que voy a arrepentirme.
Luzbel se rio en silencio. Sinceramente a veces no entendía a Yuuri.
—Te arrepentirás, y me harás sufrir a mí puesto que tengo que presenciar y ser testigo de eso, porque sí, por desgracia era la última petición del universo. El encamamiento de la caída de un ángel debe ser escrito y guardado por uno de los padres o por ambos.
Notas finales: Por allí leí algún comentario que otro anónimo de algún anón pendejo que no le gustó el fic y pues a fregar, si no te gusta algo ahórrate tus comentarios idiotas de decir que el fic es malo simplemente porque no tiene el típico estribillo que otros fics, me vale mierda, yo escribiendo lo que me encanta.
