El moreno aspiró con fuerza y expulsó el aire de sus pulmones con felicidad. Era el día de su liberación, sin culpa y sin temores. Solo deseaba que fuera como en esas películas norteamericanas donde una rubia exuberante lo esperara afuera de prisión para después huir en una motocicleta pero nada de eso, nada excepto un chico con cara angelical que lo esperaba apretando los labios con una emoción impregnada en sus ojos. Aomine no admitiría que esa maldita expresión del otro había movido algo de su interior, jamás admitiría que quería citar al cliché y que el otro corriera a sus brazos para besarlo con pasión como si fueran amantes ni diría en voz alta que desde su visita había estado jodidamente preocupado.
-Aominecchi –el rubio se acercó al moreno con duda, con tristeza lo que hizo preocupar a Daiki.
-Estoy fuera… -se acomodó el saco con desdén y se sorprendió al sentir que la cabeza de Kise había golpeado contra su pecho – oe…¿Qué sucede?
-No puedo con todo esto Aominecchi…-susurró el rubio aferrándose a sus prendas liberando un pequeño sollozo.
-¿Ah? ¿Qué sucedió? –le abrazó. Vale lo hizo porque desde que se fue de su casa lo había extrañado y porque le carcomía el interior verlo llorar así.
-Fui con Kurokocchi… cuando hablábamos él se desmayó y terminó en el hospital –Kise se talló los ojos y Aomine le miró un tanto impactado.
-¿Hospital? ¿Tan grave fue el desmayo? –le sujetó de los hombros esperando respuestas del otro.
-No me han dicho nada… pero creo que es grave…Kagamicchi y sus padres están con él -sollozó una vez más- ¿Por qué donde voy pasan estas cosas? –el rubio estaba algo alterado- no quiero que nada le pase a las personas que quiero pero todos están sufriendo y cuando intento….intento estar positivo yo… -se le trababan las palabras entre todo lo que decía. Aomine miró los ojos dorados del otro, estuvo a punto de preguntar el hospital y lo que sabía de Kuroko pero se detuvo, lo hizo porque entendió algo importante: todos estaban con tantos problemas, todo se desbordaba alrededor de Kise, a donde él pisaba ocurrían las desgracias y tal vez nadie le había preguntado cómo estaba. Suspiró como si con eso liberara esa cualidad que tenia de correr detrás de Kuroko, de preocuparse por él y de olvidar el pasado para pensar en la salud mental del rubio.
-Kise…-dijo con voz ronca y soltó el agarre- vamos a casa, necesitas un baño y algo de comida. Yo también –dijo mirándose las fachas- después hablaremos e iremos a donde Kuroko.
-Pero…Aominecchi –el moreno le puso un dedo sobre los labios y miró fijo a él.
-Es hora de que responda tus dudas… lo demás tendrá que esperar. Kuroko, Himuro, su hermano, el chico secuestrado, tu amigo y su hijo…todo esperará ¿me escuchas? –el chico asintió sorprendido, algo tembloroso- ahora quiero que hablemos tú y yo, seremos nosotros y luego los demás.
-….-Kise asintió bajando la cabeza. Estaba tan enfocado en correr por todos lados para ayudarlos, la única vez que pensó en sí mismo fue cuando Aomine le rechazó pero eso era algo que debía arreglar, ese era el primer paso para desenredar todo lo demás. Aomine sin más detuvo un taxi y le invitó a subir para partir a casa del moreno. Durante el camino no hablaron absolutamente de nada, cada uno miraba su ventana hacia las calles, las caras y las aceras con tanta gente. Por primera vez Kise estaba serio y Aomine no le estaba pidiendo que se callara. Llegaron a la casa del moreno y entraron, había extrañado ese lugar. No era tan grande pero era confortable, había pasado ahí varios días y algunas noches cuando el otro pagaba sus "servicios" los cuales constaban de sesiones detectivescas y nada de acción homosexual.
-Al menos no robaron nada –dijo caminando por la sala y Kise se quedó en la puerta mirando el lugar con las cejas mostrando preocupación- ¿pasa algo?...
-…e…estoy en casa –dice entrando con un leve sonrojo. Era costumbre de Kise decir eso cada que entraba y ya habían pasado días desde que no lo hacía, se habían sentido como años. No miró a Aomine y esto fue agradecido por el moreno que se había enrojecido un poco por lo dicho. Un pequeño detalle, una pequeña frase que significaba tanto pues sin darse cuenta aquel no solo era su hogar, también era el de Kise. Se paró frente a él y trago saliva, Kise detuvo su caminar y alzó el rostro.
-Bienvenido…-dijo mirando a otro punto con un leve puchero en el rostro. Kise apretó los labios y después sonrío por lo bajo, ya tenía días sin hacerlo y era confortante, se dio cuenta que Aomine quería animarle de alguna manera y esa calidez que le producía era lo que necesitaba, la energía requerida para volver a ser el chico optimista que sacaba del abismo a los que quería.
-Aominecchi…debí decirlo antes pero yo lo siento…-dijo más relajado- no se aún con claridad que pasó entre ustedes o si aún tienen algo pero yo… independientemente de eso no quiero perderlos. –era vergonzoso decirlo pero podía vivir con el hecho de que Aomine amara a alguien que no fuera él, no se iba a morir por eso. No iba a matarlo verlo besarse con otro, ni que comparta su vida con quien decida. Lo mataba tenerlo lejos eso sí y es algo que ya no permitiría.
-Hey, deja de pensar tanto en eso –se talló los cabellos- si tanto ansias saberlo nosotros tuvimos algo hace años pero se terminó –el moreno caminó hacia el rubio y este se quedó estático.
-Entonces ¿Por qué tu…-iba a preguntar porque lo rechazó pero era evidente que el otro no solo no tenía sentimientos amorosos por Kuroko si no que tampoco los tenía por él.
-¿Quieres saber porque te rechacé? –pegó su frente a la del chico para ver más de cerca sus ojos- Porque me asusta ¿ok? Esto es algo que nadie sabe pero me asusta estar con alguien…-dudo de decir más, estaba siendo demasiado sincero pero el otro merecía saber la verdad- porque yo iba en serio con Kuroko y todo terminó… y es un ciclo que se puede repetir siempre…
-¿Estas asustado ahora, Aominecchi? –la respuesta a esa pregunta le pegaba en el orgullo a Aomine pero la respuesta le diría al fin a Kise lo que quería escuchar.
-Lo estoy… estoy aterrado –dijo retrocediendo pero Kise le tomó de la mano y al fin, después de tanto volvió a probar sus labios. Fue un beso corto pero lleno de emoción. Al fin Aomine admitía sentir algo, admitía estar asustado por ello y esa la causa de su rechazo. No sería fácil hacerlo confiar, hacerle ver que se podía amar sin pretender un futuro y si el futuro llegaba, si la vida les decía que debían estar juntos definitivamente se esforzaría hasta su último aliento para mantenerlo con él.
-Yo también estoy asustado –susurró Kise temblando por los nervios de estar así con el moreno – y feliz… -Aomine lo acercó más y lo rodeó en un abrazo, uno que transmitía todo su sentimiento, su frustración y su cariño por aquel rubio tonto. Tenía mucho sin abrazar de esa manera, tenía tanto sin ser sincero y se sentía como una eternidad la última vez que fue feliz al contacto de alguien. Muchas cosas pasarían para superar esa barrera pero el primer paso lo había dado, por fin ambos lo habían dado…
El sonido de una maquina al fondo, la había escuchado en esas series de doctores que veía por las noches solitarias frente a su televisor. El sabor extraño en sus labios, su cuerpo estaba entumido, anestesiado tal vez. En su boca había una mascarilla para respirar, tal vez eso era lo que le anestesiaba todo pero aún se sentía consiente de alguna manera. Apretó los ojos, la luz le molestaba aunque era bloqueada por el médico por lapsos. Es cierto, a su alrededor había muchas personas, pinzas, gasas, alguna inyección; todos trabajaban con rapidez. Sintió un poco de dolor, la anestesia fallaba y eso era malo. Miró la punta de sus dedos, estaban amoratadas y se sentían fríos, bajó notando que tenía conectado suero y otra línea para sangre. Su mirada se detuvo y apretó los ojos con frustración, una gran herida en la longitud de su brazo de forma pronunciada se presentó ante sus ojos. Ahora lo recordaba, todo era tan claro y tan crudo mientras sentía las puntadas de la aguja cosiéndole la piel. Un intento frustrado a lo que muchos llamarían una nueva oportunidad ¿De qué? No tenía nada.
Sentía que el doctor limpiaba la herida con la gasa, no dolía tanto era mayor la incomodidad de sentir como la aguja penetraba la piel en múltiples ocasiones. Ahora más que sentirse vivo o renovado como muchos dirían se sentía estúpido. Él ya debería estar en ese momento en un lugar muy lejano, lejos de todo ese dolor y de la decepción que le perseguía pero la vida quería torturarlo un poco más.
Himuro Tatsuya, prisionero número 4562 culpable de secuestro y violación. Expolicia, hijo único de una familia adinerada, huérfano a los 10 años había intentado quitarse la vida en su celda con un utensilio de comida, le descubrieron cuando se desangraba y fue trasladado al hospital donde atendían su herida. Estará bajo constante supervisión mientras se recupera en el mismo.
Sus heridas podrían recuperarse pero su vida jamás, ya no tenía nada por lo que seguir. Su único hermano ni siquiera le había buscado, no tendría motivos. La persona que le arrancó el corazón seguro lo odiaba, tenía miles de razones. Sin familia, sin empleo y en prisión; ahora hospitalizado por un fallido intento de suicidio. ¿Qué más podía pasarle? ¿Alguna vez terminaría de pagar sus errores? El camino fácil no funcionó… no había camino fácil para él.
"Habernos encontrado no fue casualidad… ni mucho menos destino. Yo te estaba buscando, Aka-chin"
1 año atrás
-Murasakibara Atsushi, miembro de la policía privada del distrito 4 –señalaba un hombre imponente, alto y con un aire autoritario ante el pelimorado que miraba con desgane a sus superiores – enorgullece a la organización hijo –dijo un poco más fraternal y comprensivo.
-Eh…ok –dijo sin ánimos. No es que no le gustara su trabajo solo que le parecía problemático ir tras criminales de alta peligrosidad. Aun así a sus superiores les pareció buena idea asignarle el caso más polémico del momento: la Casa Roja. No tiene nada de malo pero después de casi 10 años en que la policía del gobierno había estado tras la supuesta pista del líder sin éxito es cuando la policía privada (mayor en rango) entraría en acción. Trabajaban como una organización secreta, inclusive entre sus mismos integrantes desconocían la identidad de otros puesto que debían ser precavidos, camaleónicos e infiltrarse en la sociedad para acercarse a los sospechosos de diversos casos.
-Hijo…-dijo el hombre. Tenía rasgos similares a los de Murasakibara aunque levemente más alto- se que te arrastré a este peligroso trabajo pero entre todos mis hombres el más apto eres tú. –le dio un par de palmadas en el hombro y Atsushi entrecerró los ojos. – estoy muy orgulloso de ti.
-Bueno ¿Qué debo hacer ahora? –comentó en automático. Había sido entrenado para recibir órdenes y cumplirlas al pie de la letra. Era como un muñeco sin voluntad, un maestro de la infiltración y un as en el uso de armas.
-Se te otorgará un departamento y tu identidad será la de estudiante y trabajador de medio tiempo del servicio social. –ambos empezaron a caminar por toda la instalación- esto porque el primer lugar donde caerán los involucrados será este sitio.
-Pero ¿Cuándo caigan no significa que el líder caiga también? –tenía sus manos en los bolsillos poniendo el mayor interés posible en la conversación.
-No será tan fácil, si no han dado con él en 10 años no es solo por la ineficiencia de la policía si no porque alguien le está borrando las huellas. –comentó serio- ahora…debes saber que esto será un proceso tardado pero quiero que te acerques a ese líder, te ganes su confianza y cuando todo este puesto en escena realices tu movimiento…. Es un caso delicado Atsushi, ¿puedes hacerlo?
-Si por que no….-dijo sin más….
1 año después(Antes del reencuentro)
Murasakirabara se encontraba frente a su laptop de nueva cuenta sentado en el balcón. Aquel documento en blanco que decía "Reporte" seguía así desde aquel día. Le estaban presionando en dar avance al caso pero no sabía que escribir si había perdido el rastro de Akashi. Eso último era en parte mentira, tenía una idea de su localización pero admitirla y buscarle sería condenar al pelirrojo y no deseaba hacerlo. Como pudo extendió el tiempo del caso pero ya había pasado 1 año desde que se lo asignaron y empezaba a levantar sospechas. No podían culparle, o tal vez si, pero las cosas se dieron de una forma inesperada.
Poco después de que empezó a trabajar en el caso de la Casa Roja dio con los pasos de su líder con ciertas dificultades. Era un hombre de edad avanzada, sorpresivamente diferente a los otros criminales a los que se había enfrentado porque en su expresión denotaba experiencia, inteligencia y sabiduría. ¿Cómo una persona así permitió que sus pasos fueran descubiertos? Atsushi recordaba sentado frente a las estrellas su encuentro con aquel hombre, el momento en que sus pies se encontraron en aquel viejo salón.
Meses atrás
-Parece que has llegado –dijo el anciano sentado con vehemencia en una silla de ruedas en medio de aquel salón. ¿Por qué estaban ahí? Posiblemente era el sitio donde el otro decidió ser atrapado, al fin el gran líder de la Casa Roja se había rendido. –creo que tardaste más de lo esperado, Atsushi.
-Tiene derecho a guardar silencio –apuntando con su arma al viejo se encontraba el pelimorado. Se había asegurado (y extrañamente) la zona no estaba protegida por ningún guardia del viejo.
-Me recuerdas a mi difunto marido – dijo el hombre hablando con parsimonia – era muy apuesto. –miró al más alto fijo- ¿De verdad vas a arrestarme? Estoy muy viejo para prisión, de hecho pronto moriré así que no hay sentido en arrancarme mis últimos días dentro de una celda –tose un poco caminando hacia el pelimorado que lo mira firme.
-Akashi….-Murasakibara volvió a apuntar con el arma un poco desconfiado. Esa duda fue notada por el otro- queda usted arrestado por el delito de secuestro, trata de personas y lavado de dinero. Todo lo que diga puede ser usado en su contra.
-Aún estás dudando –sonrió levemente- a partir de este momento puedes hacer lo que tu concepto de justicia te dicte solo….hay un favor que quiero pedirte. –el pelimorado le miró por un largo lapso de tiempo, tiempo suficiente para que el anciano siguiera hablando – independientemente del lugar donde yo esté la muerte me llegará y todo lo que poseo caerá a manos de mi hijo, Seijuuro. –sacó una pequeña fotografía y se acercó sin temor al alto. Murasakibara pensaba en sus adentros porque aquel anciano le estaría dando la información del próximo líder de aquella red pero le dejó continuar –seguro te preguntas porque te cuento esto…
-¿Cómo…- estaba sorprendido, ¿Acaso podía leer la mente?.
-Es porque soy absoluto –rió el anciano entregándole la foto en sus manos- y porque al verte noté en tus ojos algo que veo en Seijuuro todos los días…-apretó las manos de Atsushi dejando la fotografía en ellas- eso que me grita que acepta con resignación su destino solo porque piensa que es lo correcto.
-…-el pelimorado entendió a la perfección sus palabras. Nació bajo un destino escrito como policía secreto ya que su padre era líder de aquella organización. Desde chico le indicaron que lo mejor y lo correcto era seguir sus pasos, continuar ese legado muy por encima de sus propios deseos. Y no es que Atsushi tuviera grandes sueños pero en silencio se rehusaba a tener una vida problemática pero por fuera asentía y aceptaba lo que le ordenaban. Era bueno en ello, culpaba a los genes, pero eso no era para nada felicidad.
-…pero eso no es para nada felicidad – Murasakibara volvió a mirarle sorprendido y empezó a creer que efectivamente el viejo podía leerle la mente. Este solo sonrió y quitó su mano de la fotografía. Al fin pudo observar al joven de cabellos rojizos. Era la primera vez en su vida que veía esa tonalidad, esos ojos tan profundos y a la vez sin vida… justo como lo que él tenía.
-¿Qué quiere que haga? –miró al anciano que quitó las manos de la foto. Pensaba dejársela pues la necesitaría.
-Yo no tengo salvación, hijo –dijo a modo de cariño- pero si se te presenta la oportunidad…si puedes salvar a Seijuuro del destino que nuestro apellido estampó en él …podré descansar en paz…
Fin del flashback
Abrió los ojos saliendo de ese recuerdo ante las estrellas. Ese día Atsushi dejó ir a uno de los criminales más buscados del país con la promesa de que salvaría a su hijo solo porque "eran parecidos". Sintió empatía, ese era un nuevo sentimiento y el primero de muchos que tendría por Akashi Seijuuro. Murasakibara supo días después que el viejo falleció como lo predijo, como si su encuentro estuviera predestinado o como si lo hubiera buscado con esa misión. Hubo más cosas de las que hablaron, las tenía presente pero ahora lo fundamental era que se presentara la oportunidad de limpiar el nombre de Akashi y darle libertad pero esa oportunidad no se presentaba.
*Tirin!*
Su computador emitió un sonido que le llamó la atención. Tecleó un par de veces buscando la alerta y dio con ella. Se acomodó más concentrado e ingresó un par de claves para dar después de varios tecleos con los movimientos bancarios de Akashi. Estos pronto se volvieron en ceros de golpe. A Murasakibara le extrañó, ¿Acaso Akashi había retirado todo su dinero? Su corazón palpitaba con fuerza, después de meses había tenido otra señal del pelirrojo pero pronto su felicidad se desvaneció con su sonrisa al ver que la misma cuenta de Akashi se desvaneció. Miró un poco más, revisó las demás cuentas y nada, no había registro del chico como si se hubiera borrado del mapa totalmente. Se paró y caminó frustrado por su casa, todo intento de dar con él se desvanecía, Akashi se iba de sus manos cada que lo sentía cerca y no entendía porque, hacia donde iba.
Una idea cruzó por su cabeza. Se detuvo, analizó y tecleo de nuevo. Había alguien de quien sospechaba, una casa que había rondado últimamente. Revisó las cuentas de Mibuchi Reo, sus propiedades, su información… todo lo que desapareció de Akashi estaba ahí. Fue un movimiento sublime de poderes sin dejar rastro alguno, sin que los encargados del banco lo notaran jamás, sin mostrar anomalías…todo estaba ahí como si siempre hubiera estado. Se talló el rostro, quien hiciera ese movimiento quería limpiar el nombre de Akashi Seijuuro y manchar el de Mibuchi Reo. ¿Por qué? ¿Quién tendría todo el conocimiento para moverse entre las redes más protegidas del país? De algo estaba seguro Atsushi, ahora el nombre de Akashi estaba fuera de sospecha pero también lejos de sus manos, solo quedaba ir con Mibuchi Reo e investigar por su lado.
Un día después (El día del encuentro)
Murasakibara había logrado entrar con éxito al departamento que estaba por encima de la casa de Reo, escuchó voces y prefirió mantenerse alerta. Por suerte el lugar estaba vacío. Se acercó al balcón y escuchó a Akashi junto con otras dos voces, sentía ese impulso, un deseo por saltar y salvarlo o simplemente sacarlo de ahí lo que fuera necesario pero resistió. Escuchó la conversación entendiendo la situación, una transacción, falsificación y fraude. Crímenes graves que iban a la bolsa de Akashi y su secuaz. ¿Qué debería hacer el pelimorado en esa situación? Usar su justicia posiblemente. Se detuvo, escuchó la amenaza y asesinato era algo que no podía caer en la lista de Akashi, era hora de intervenir o no habría vuelta atrás, su única oportunidad de salvarlo era esta. Brincó del balcón de arriba hacia el de abajo gracias a su gran altura y apunto a Reo disparándole con eficacia en la mano desarmándolo.
-Que nadie se mueva…-dijo con dureza sacando de su bolso trasero una identificación estilo policial mientras seguía apuntándoles – Murasakibara Atsushi de la policía privada... todos están obligados a guardar silencio y lo que digan puede ser usado en su contra…-miró a Akashi, es obvio que estuviera sorprendido por la situación pero después caerían en explicaciones.
-Atsushi…-estaba tal vez un poco petrificado, pocas cosas en su vida le habían sorprendido como eso. Murasakibara sacó una especie de radio de su bolsillo y miró a los otros dos.
-Solicito refuerzos. Tengo acorralado a Mibuchi Reo, líder de la Casa Roja –apagó el radio después de eso y recibió una confirmación desde el otro lado. Las pruebas señalaban al sujeto solo faltaba ese paso : que las autoridades se hicieran cargo.- Aka-chin sal de aquí antes de que lleguen.
-¿Qué significa esto? –Hanamiya entendió la situación y arrastró a Akashi a la puerta.
-Por el balcón, la puerta no es segura pronto habrá gente en los pasillos por el disparo –dijo Murasakibara y los guio mientras Reo se sujetaba la herida sollozante. Primero subió Hanamiya pues era el más alto y jalaría de Akashi. Después Atsushi tomó de la cintura al pelirrojo subiéndolo un poco.
-Atsushi…¿Por qué tú?...
-Aka-chin perdóname… pero si tenía una oportunidad de salvarte lo haría y aquí estoy… solo perdóname por todo esto… -dijo sin perder tiempo y Hanamiya jaló al pelirrojo sacándolo del piso. -… me gustas Aka-chin…
-…-el pelirrojo le miró sorprendido, estaba más que confundido con todo. Murasakibara era un policía, lo estaba ayudando a escapar y ahora confesaba lo que sentía – Atsushi yo….-un disparo, eso fue lo que se escuchó.
Todo pasó muy rápido. El sonido, el instante y la vista de Akashi que mostraba una incredulidad que nunca había mostrado. Murasakibara se sujetó el estómago de donde empezaba a brotar sangre. Desde el balcón de arriba Akashi pudo verle ahí, recargado en el balcón de abajo con una herida de bala. Gritó como nunca lo había hecho en su vida el nombre del pelimorado, Hanamiya le sujetaba para que no se lanzara de vuelta, debían escapar y el tiempo era oro mientras Murasakibara se sentaba en el suelo con una expresión de dolor en el rostro. Fue un error, no debió darle la espalda a Reo quien aún tenía otra arma con la que le disparó a traición. Todo se empezaba a tornar oscuro.
