Ya volví con otro capítulo de la que parece ser mi interminable historia! jaja No os preocupeis, nos acercamos al final *-* Espero que la esteis disfrutando, saludos! ^^
Lily bajó volando las escaleras lo más rápido que pudo, y al llegar abajo se sorprendió enormemente al ver a Ken. -Príncipe Kendrick... ¿Qué hará aqui? - Pero los pensamientos de la hadita fueron interrumpidos en cuanto vio horrorizada como Alfred se abalanzaba sobre él. Por suerte no pasó nada, pero el susto no se lo quitaba nadie. Al ver como Alfred corría hacia su cuarto subió de nuevo lo más rápido que pudo, entrando justo a tiempo de que cerrara la puerta.
Un abrumado y confuso americano se tiró sobre su cama y cerró fuertemente los ojos. No podía contenerse en cuanto hablaban de Ian, y menos así, sus sentimientos eran demasiado fuertes. Abrió los ojos algo más relajado, no tenía de que preocuparse, habia visto a Ian y por lo menos sabía que se encontraba bien y que le amaba como siempre. Su miedo de que le odiara por lo que le hizo o no quisiera saber nada de él había desaparecido,y ahora tan solo podía pensar y pensar en qué debía hacer para poder liberar a Ian. En ese momento le pareció ver una tenue luz azulada que se balanceaba de un lado a otro. "Seguramente será que tengo los ojos cansados de llorar" pensó, pero al fijarse un poco más se dio cuenta de que eso no era causado por su visión, sino que realmente había algo que se movía. - ¿Qué demonios es eso? ¿Un bicho fluorescente? - Alfred saltó de golpe de la cama y cogió su zapatilla, intentando darle, pero el bicho era realmente ágil. - ¡Por favor deja de atacarme! ¡Tengo que entregarte algo! - Al escuchar eso Alfred pensó que el estrés le había vuelto loco. ¿El bicho le estaba hablando? ¡Eso no era posible! - Eres Alfred Jones, ¿Verdad? Tengo algo para ti, me lo dio Ian. - Al escuchar aquello su expresión cambió totalmente. Había dicho... Ian... ¿Cómo podía conocerle? Y lo más importante, ¿Qué demonios era eso? - Si de verdad te envía Ian dime qué eres, dame alguna prueba o.. lo que sea - Exigió el aún confuso Alfred. Lily se acercó lentamente y se posó sobre su mesita de noche, disminuyendo su luz para que pudiera distingirla con claridad. Cuando Alfred se fijó vio a una chica diminuta con una especie de nube como vestido, corta melena azul y piel pálida. Pero lo que más le sorprendió era.. ¡Qué tenía alas! Unas finas y transparentes alas que se desvanecían conforme acababan, era como una especie de extensión de nube. Alfred se frotó bien los ojos porque no podía terminar de creer lo que veía; se sentó en su cama y respiró profundamente. - Entonces... es cierto que las hadas existen. ¿Eh? - Lily sonrió ampliamente - Así que puedes verme, ¿eh? Me alegro, eso es señal de que tienes un corazón puro, Ian sabe elegir bien. - Y, recuperando su luz natural, voló hasta su hombro. - Me llamo Lillian, pero me llaman Lily. Vivo en el jardín de la familia Kirkland, la cual es muy amable conmigo, y aunque el que adoptó y me cuidó fue el príncipe Saith, ahora estoy cuidando y haciendo compañía a su hermano Ian. É me pidió que te entregara esto. - Lily extendió un pequeño papelito luminoso a Alfred, el cual lo cogió con cuidado. - ¿Y esto? - Abrélo. - Alfred extendió poco a poco y con cuidado aquel pequeño papel hasta que tomó la forma de una extensa carta. - Vaya... todo esto... ¿Lo escribió Ian? - Lili asintió. - Tardó hasta el amanecer para acabarla, pero mereció la pena, se le veía muy feliz de saber que ibas a leerla. - Lily sonrió dulcemente al ver el sonrojo y emoción de Alfred, quien empezó a leer sin decir nada, más emocionado con cada frase si cabía. Al acabar la carta no podía mediar palabra, reprimió sus ganas de llorar y miró a Lily muy decidido. - Le escribiré una respuesta. - Guardó la carta de Ian en su cajón y sacó un folio y una pluma, comenzando a escribir decidido. Tal vez la carta saliera demasiado larga, pero era lo que sentía, no podía remediarlo, y no iba a quedarse corto escribiendo. Lily esperó hasta que terminó y se acercó a él. - ¿Te gusta como ha quedado o eres igual de indeciso que Ian? - Creo que con esto está bien, puede que no escriba tan bien como Ian pero espero que mi carta le alegre... - Dijo el americano sonrojándose. - ¡Sure! En cuanto se la de verás lo conento que se pone. - Lily y Alfred sonrieron, y tomando la nueva nota Lily se dirigió a la ventana para emprender el vuelo de regreso, no sin antes despedirse. - Gracias por enseñar a Ian lo que es amar y luchar por ello... El reino de las hadas de Irlanda estamos en deuda contigo. - Y sonriendo cálidamente, saltó desde su ventana para alzar el vuelo y desaparecer entre las nubes, encaminándose alegre a palacio por tener tan buena noticia para Ian.
Al llegar, entró sigilosa por la ventana y se dirigió con cuidado a la cama de Ian. Este, al no haber dormido por la noche, descansaba ahora tranquilamente sobre su cama. Lily dejó con cuidado la carta sobre su mesita y se sentó al lado, vigilando el sueño del príncipe. - Realmente me da una sensación familiar... - La pequeña hadita voló hasta su cabello y lo acarició suavemente, Ian entreabrió los ojos, murmurando aún en sueños. - ¿Alfred...? - Lily sonrió dulcemente y besó su mejilla. - Soy yo Ian, he vuelto, pero sí, tengo algo de Alfred. - Ian se frotó los ojos con la manga y se levantó bostezando. - Oh perdona Lily, estaba hecho un zombie... - Lily rió y le dio un toque en la nariz. - No te preocupes por eso bobo, estabas cansado, es normal. Ten, es de Alfred. - Ian cogió sorprendido la nota y la extendió rápidamente. - Me temo que tendré que lavarme la cara primero, no entenderé nada si no - Ian rió y fue a lavarse la cara, volviendo algo más despejado y animado y cogiendo la carta de Alfred tán rápidamente que ni a Lily que no se le espaca una le dio tiempo a darse cuenta. - Bien, ¡Empecemos! - Ian comenzó a leer en voz alta la carta, sintiendo cada palabra, suspirando en cada coma; realmente era el mejor regalo del mundo. Al acabarla la llevó contra su pecho y se tumbó boca arriba, suspirando sonrojado. - Es perfecto... ¿Verdad Lily? - Haha ya lo creo, él pudo verme, lo que quiere decir que tiene corazón puro. Es alguien realmente bueno. - Ian sonrió aun más al escuchar aquellas palabras y guardó con cuidado la carta en el cajón. - A partir de ahora nos enviaremos cartas... será genial, podremos hablar sin riesgo, ¿Verdad Lily? - Lily asintió y se dirigió a su pequeño ovillo, acurrucándose para reposar las alas. - Te ayudaré en too lo que pueda príncipe Ian, además Saith se alegrá de sbaer que te soy útil. ahora si me disculpas, quisiera descansar - Lily sonrió y cerró sus pequeños ojos, quedándose dormida en poco tiempo. Ian sacó otro folio del cajón mientras y comenzó a pensar en su siguiente carta, ahora las cosas no pintaban tan mal como antes.
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