Este fic participa en el especial navideño del foro Alas Negras, Palabras Negras, tu mejor foro de Canción de Hielo y Fuego en español.
Para Trici. Ojalá tengas el árbol puesto aún para poder dejarte debajo esta historia. Yo soy de las que lo quita allá por el 15 de enero, pero este año mamá ha decidido que lo hagamos antes.
10—01—2015
Margaery Tyrell/Robb Stark
Rapsodia XIV
Nuestro matrimonio era un campo de batalla, revuelto y sinsentido, sin bandos ni comandantes, y eso que la primera vez que realmente hicimos el amor fue en el apogeo de la guerra.
Hubo una época en la que fui un juguete en manos de niños traviesos. De una jugadora experta aprendí tretas, trucos y toda clase de artimañas, y me creí que yo también movía las fichas sobre tablero, cuando lo único que hacía era caminar de una casilla a otra, cambiando mis colores, meciéndome con la corriente. Fue duro reconocer que estaba rota por dentro. Había edificado mi vida en torno a las mentiras y a los engaños, a modales, falsas formalidades y sonrisas y palabras todavía más fraudulentas; me alcé como una hiedra, perseguí el poder, el reconocimiento ―¿o eran otros los que buscaban y yo solo adopté lo que consideraba mío?― y olvidé que los tallos de todas las flores pueden cortarse.
Yo seguía bebiendo del cáliz mentiroso, lo llenaba una y otra vez tras cada jugada. Primero fue Renly. No podría asegurar cuantas copas me tomé en aquel matrimonio, supongo que las suficientes para no importarme aguardar al otro lado de la cama, lo necesario para acabar tan ebria que no escuchaba a Loras acostarse con mi marido, noche tras noche. Yo quería eso. No lo sabía entonces y tardé en descubrirlo, pero lo quería. Todos queremos lo que Renly y Loras tenían: el amor en su mayor expresión. Confianza, respeto y lealtad traducidos en una sola palabra.
Le debo eterno agradecimiento a Catelyn Tully. La abuela prefirió decantarse por su propuesta y no por la de Petyr Baelish. ¿Dónde estaría yo a estas alturas si hubiese sido la reina de Joffrey? Los silencios de Sansa gozan de una elocuencia que ni el mejor de los discursos poseería. Apoyar al lobo, no al león. Fue arriesgado. Papá dijo no, Loras dijo no y yo solo pude esperar que la abuela tuviese razón.
Las fuerzas del Dominio se unieron a las del Norte y a las de las Tierras de los Ríos para arrasarlo todo a su paso. Vaya si lo hicieron. El león que creía ser rey se convirtió en un dulce minino con el rabo entre las piernas cuando Desembarco cayó, justo después de reclamar el Oeste. Ese día no solo nosotros ganamos. Ese mismo día alguien, no sé quién, encontró más provechoso que volviese a casarme. ¿Para qué? ¿Qué enemigos nos quedaban por vencer? Nadie me dio respuestas para satisfacer mi curiosidad. Un traidor en el Norte, las tierras sureñas en calma, un Nido silencioso y un Stannis desaparecido. Con los Lannister abandonando la partida y con la independencia norteña podríamos no inoportunarnos en exceso, al fin y al cabo Altojardín e Invernalia están a cientos de leguas de distancia.
Los Frey montaron en cólera, naturalmente. Pienso que a nadie le importó. Era el momento de lamerse las heridas y mirar alrededor, divisar los últimos brotes de la guerra y cortar por lo sano. También pienso que tu padre tampoco entendía el matrimonio, aunque en cierto modo le daba igual. ¿Qué importaba casarse con una Frey o conmigo, si ninguna de las dos nos habíamos ganado su amor? Nuestras fuerzas fueron decisivas contra los Greyjoy, es cierto, pero perseguíamos metas diferentes. Él anhelaba volver a sus orígenes, hacerse mayor, proteger a su familia y descansar. Yo necesitaba respuestas, razones, objetivos. Necesitaba saber qué necesitaba.
Tengo las caricias de nuestra primera vez grabadas en la piel. Al día siguiente me preguntó si Renly y yo habíamos sido marido y mujer, propiamente dicho. Tuve que reírme. Pese a que no quería dejarlo en evidencia ni revelar la naturaleza de nuestra unión, me sentí obligada. Había sido tan torpe y tan tierno a la vez... iba más nervioso a la cama que al campo de batalla. Me tocaba como si fuese del más fino cristal, me miraba como quien mira a la fruta prohibida, me besaba como con la intención de detener las estaciones y congelar el tiempo. Para que lo entiendas, con tu padre es verano en Invernalia aunque veas nieve caer por la ventana.
Han pasado los años y nos hemos hecho mayores. Antes casi no nos mirábamos. Robb no me llevaba con él de un lado a otro como hacía Renly, yo me quedaba esperando noticias suyas y de mi familia, de Garlan y Loras que marchaban con el ejército, de Willas que ejercía de señor en Altojardín. Todos parecían tener algo que hacer excepto yo. Me consumía. Me había convertido en la reina Margaery Stark, una reina sin trono refugiada en un castillo desconocido, rodeada de caras extrañas; pero cuando tu padre volvía a mí, el curso de las cosas cambiaba.
Me parece que ambos acabamos por comprender qué necesitábamos. Poco a poco intercambiábamos algo más que comentarios corteses de primera página de manual de protocolo. En realidad, le di bastantes lecciones al respecto. Es incapaz de fingir que algo le agrada. No sabes cuánto me gusta esa faceta suya. Con tu padre puedo aferrarme a la verdad a sabiendas de que él no me va a soltar.
