CAPITULO 14
Demian tenía los brazos adoloridos.
La tarde anterior, Adrian y Ángel no le habían dejado continuar con el lanzamiento de rayos, si no que lo habían puesto a golpear el poste de madera con peldaños. Según lo dicho por Adrian, esos peldaños simulaban las manos de un atacante y el objetivo de golpear el poste, era esquivar cada peldaño con fuerza y rapidez. Lo que desarrollaría su habilidad de golpear con perfección, y así poder pelear con varios oponentes a la vez. ¿Pero eso de que le serviría ahora?, cuando lo único que necesitaba eran unos brazos firmes para poder lanzar un rayo en la cara de la profesora Hodway. Si, el dolor seria un inconveniente pero debía de continuar con el plan, pues no habría una segunda oportunidad. Esta era la única.
Ángel iba conduciendo lentamente para la escuela. Había notado algo raro en Demian desde que este se levantara, si, no había estado tan hablador como siempre. Se había comido el desayuno en silencio, y no había puesto ni una queja para el almuerzo que le preparo. Y además, en ese momento que lo veía a través del espejo retrovisor, se dio cuenta de que tenia la mirada extraña. Entre perdida, y concentrada a la vez.
— ¿En qué tanto piensas? – le pregunto, desviando la mirada un segundo del camino.
— Uh. – Demian volvió su atención hacia él. Era hora de empezar con el plan. – Nada, es que. . . tengo que hacer un trabajo en equipo para el viernes. Los chicos me preguntaron si podía quedarme con ellos esta tarde en la biblioteca. – dijo, pues había pensando que inventar una tarea con chicos normales, sería más fácil que explicar una mentira sobre una profesora de mediana edad que quería que le ayudara con un trabajo.
— ¿Eso se puede? – Ángel no recordaba haber leído nada sobre la biblioteca escolar en el reglamente.
Demian no sabía la respuesta tampoco, pero continúo con la mentira. – Si, podemos quedarnos en la biblioteca después de clases. No creo que nos lleve mucho tiempo, una hora más quizás.
— Claro, uh. Claro que puedes quedarte. La tarea es importante. – dijo no muy convencido, pero no porque no lo pensara, si no porque le parecía bastante raro que Demian no lo mencionara desde un inicio. – Solo te voy a pedir que la próxima vez que tengas que hacer algo así, me lo digas con tiempo ¿sí?
Demian fingió una sonrisita. – Lo siento. – murmuro.
— No, no es nada. Es la primera vez, para los dos. – y con una sonrisita, Ángel volvió la vista y continuo conduciendo.
Demian recargo su cara contra la ventana, y sonrió de verdad. La primera parte del plan estaba completa. Ángel había creído la mentira, ahora solo tenía que sobrevivir al día, quedarse a solas con la profesora y entonces lanzarle un rayo a la cara y bum, ella explotaría. Luego haría lo mismo con el sujeto de los trajes, era algo bastante sencillo. Y tenía confianza en que todo saldría de acuerdo a lo planeado.
Ángel estaciono el auto frente a la escuela, y Demian salió disparado del auto.
— Nos vemos mas tarde. – dijo, e inmediatamente corrió hacia el otro lado de la calle. Ángel solo alcanzo a salir para verlo cruzar la calle de manera irresponsable. — ¡Oye! – grito, el chico volteo a verlo. Iba a reprenderlo por la forma en que corrió, pero había demasiada gente y no quería avergonzarlo delante de ellos. – Pórtate bien y te comes el almuerzo. – dijo en su lugar.
Demian hizo un saludo militar con la mano. – Sí, señor. – dijo lleno de ironía y corrió escaleras arriba, para encontrarse con Rob y un grupo de chicos que le presentaría en ese mismo momento. Ángel sonrió al ver al chico alternando de esa forma tan sana y. . . normal, con otros chicos. Lo vio entrar a la escuela, y regreso al auto para irse.
Al llegar a la oficina, Ángel se encontró con un alboroto de gritos que provenían desde la oficina de Adrian. Todos los oficiales permanecían cabizbajos en sus escritorios, así que Ángel no se atrevió a preguntarles que pasaba y se quedo parado junto a la entrada. No era necesario usar su oído súper humano para escuchar la discusión, pues los gritos le ahorraban ese gasto de energía. No conocía al hombre que le gritaba a Adrian, pero podía escuchar cosas como. — ¡No hacen lo suficiente! ¡Hare que lo despidan!
Y entonces el hombre furioso, y bien vestido salió de la oficina de su amigo con un portazo y se marcho sin decir nada más.
Adrian asomo la cabeza por la puerta de su oficina. Estaba todo rojo del coraje, pero solo le indico con dos dedos que fuera a su oficina. Así que lo hizo.
— ¿Quién era ese? – le pregunto.
Adrian se paso una mano por el rostro. – El padre de Sadie Ulrich. – dijo consternado. – Vino a ver qué noticias teníamos sobre hija.
— Y veo que no le agrado mucho lo que le dijiste.
— Pues le dije todo lo que sabemos, ósea nada. Supongo que no se le puede culpar por su reacción. – dijo cabizbajo.
— ¿Estás bien? – Pregunto Ángel, no solía demostrar mucho el afecto que sentía por un amigo, nunca lo había hecho. Pero eso no significaba que no se preocupara por ellos, o que no fuese estar ahí para apoyarlos cuando estos lo necesitaran.
— Si, no es el primer hombre desesperado que cree que con gritarme se solucionaran las cosas. – dijo con falso desinterés, pues era obvio que era todo lo contrario. Quizás no llevaban mucho tiempo de conocerse, pero Ángel ya sabía la clase de hombre que era él. De los buenos, de los hombres honestos que se preocupaban por el bienestar de las demás personas antes que por el propio. – Pero está bien, al menos ya desquito su frustración conmigo y no con alguien más. – dijo, eso solo confirmaba la imagen que Ángel tenia sobre él.
Ángel le dio una palmada en la espalda. – No dejes que te afecte. No es tu culpa que estas cosas pasen.
— Lo sé, pero alguien tiene que ser responsable de que no pasen más. – dijo molesto. Ángel quiso decirle que por mucho que lo intentara, las criaturas de la oscuridad nunca dejarían de ir y venir en el pueblo. Nadie podía evitar que eso pasara. Pero no le dijo nada mas, pues no quería hacerle sentir peor. Entonces, Adrian continúo. – Estuve investigando un poco más sobre los demonios Skirla. Según lo que leí, estos suelen adoptar una forma humana para acercarse a sus presas, y entonces, cuando tienen la oportunidad, las toman prisioneras. . . Se dice que, y aquí está la parte buena, pueden mantener con vida a sus presas durante días, mientras se alimentan de su juventud. Así que esa chica Sadie, podría tener una oportunidad.
— ¿Y qué pasa con la tela de su uniforme y los 30 años de antigüedad?
— Bueno, tengo la teoría de que la tela fue afectada por los poderes de la Skirla. Lo que no entiendo, es porque. . . porque estaba cortada a la perfección, ¿Por qué un demonio tomaría unas tijeras para cortar y dejar un rastro?
— No tengo idea, y no importa. Lo único que importa es saber cómo matarlo.
Adrian arrugo las mejillas. – ¿No deberíamos preocuparnos por encontrarlo primero?
— Déjame a mí eso. ¿Cómo lo matamos? – dijo Ángel, Adrian estaba asombrado de la seguridad con la que estaba hablando.
— Pues no será fácil. Los Skirla no pueden morir a menos que sean desmembrados y luego quemados. De lo contrario, sus restos buscan la manera de volver a unirse.
— Bien, no es como si fuera la primera vez que desmembró a alguien. – y tan pronto lo dijo, Ángel se sintió fatal. – Bueno, no digo que sea algo bonito pero. . . necesitare mi espada y. . . – cada frase que decía lo hundía más en la depresión. Haber sido un maestro de la tortura no era algo que le gustara presumir. – Como sea, creo que debemos intentar lo de la otra noche para encontrar a esta cosa.
— ¿Qué cosa exactamente íbamos a intentar la otra noche? – pregunto Adrian, hasta ese momento, la naturaleza y las habilidades que Ángel poseía, seguían siendo todo un misterio para él.
Ángel lo miro frustrado, a veces Adrian le recordaba bastante a Demian.
— Te lo dije, pretendo rastrear el poder místico impregnado en ese lugar para llegar hasta la criatura. . . Ya lo he hecho antes.
— ¿Cuándo? – Adrian no recordaba que Ángel hubiese mencionado dicha habilidad antes.
Ángel se encogió de hombros, ese era un secreto que llevaba semanas cargando consigo mismo. No estaba orgulloso, pero era algo demasiado personal. – La noche en que encontramos a Demian, yo. . . me concentre en buscar su poder, y lo encontré. Incluso cuando no sabía a dónde iba, en mi mente algo me dirigía hacia él. – comento.
— ¿Cómo la Bilocación? – Adrian seguía impactado.
Ángel se encogió de hombros. – Supongo que algo así.
Adrian le dedico una mirada larga y cansada. De verdad estaba intrigado por el status natural que Ángel poseída. No era solo un vampiro, pero tampoco era un humano, ni ninguna otra criatura de la que hubiese escuchado antes. ¿Entonces que era?, algo le decía que en ningún libro encontraría la respuesta.
Suspiro cansado. — ¿De verdad crees que puedes hacerlo?
Ángel noto que no era una simple pregunta informativa. Si no una de cuya respuesta dependían demasías cosas.
— Tengo que creer que tengo estos poderes nuevos por algo. Ayudar a las personas es lo que siempre he hecho, y debo continuar. – dijo con sinceridad.
Adrian decidió darle una oportunidad, de todas formas, no es como si tuviese un montón de mejores pistas que investigar.
— Bien, entonces vamos allá.
...
— ¿Demian, que estás haciendo? – Pregunto Rob avergonzado, pues había llevado a Demian a la mesa popular para que conociera a los chicos mas cool del instituto, y el, ni siquiera parecía estar escuchando la conversación. Solo estaba haciendo movimientos raros con sus manos.
Demian estaba bastante concentrado en imaginar las 1000 maneras en que podría dispararle un rayo a la señorita Hodway, pero al ver escuchar a Rob, y ver los rostros desconcertados y miradas desaprobatorias de los otros chicos. Regreso a la normalidad.
— Uh, nada. – murmuro con una sonrisita, y metió sus manos en los bolsillos para obligarse a sí mismo a permanecer tranquilo.
— Claro que estabas haciendo algo, ¿te dan calambres en los dedos o qué? – exigió saber Rob, esta vez no estaba dispuesto a dejar pasar la rareza de Demian. Pues de ser así, ¿Qué pensarían los otros chicos de él?
Demian tuvo que seguirle el juego, y se rio. — Jeje, si. Me descubriste. – dijo, pero por las miradas que todos mantenían sobre él, era más que obvio que no estaban conformes con su respuesta. Ellos querían detalles. – Es que. . . Tuve un accidente cuando era pequeño, y mi mano no quedo muy bien. A veces. . . como ahora, se me acalambra o simplemente me duele. – dijo, esperanzado a que le creyeran.
Los chicos se miraron unos a otros, como analizando su explicación, y luego volvieron a comer. – Que mal, si quieres te puedo dar el numero de masajista personal. A veces un buen masaje ayuda a esos dolores. – dijo la chica de cabello negro que estaba sentada junto a Rob. Pero cuyo nombre Demian no recordaba, no había puesto atención.
— Uh gracias, quizás sea una buena idea. – le respondió. Ella sonrió y metió la pequeña cuchara llena de algo que parecía ser miel a su boca.
Demian volvió a ignorarlos a todos. Realmente estaba agradecido de las intenciones de Rob de hacerlo popular, pero a él nunca le había gustado socializar mucho con otros chicos, pues en el orfanato, los otros niños casi nunca le ponían atención y cuando lo hacían, era solo para usarlo como su juegue o maltratarlo. Esa fue la maldición de ser el más pequeño de su viejo hogar.
— ¿Seguro que estas bien?, si quieres te acompaño a ver a la enfermera. – Dijo Isaac, que estaba sentado a su lado e igualmente se había mantenido todo el tiempo, ajeno a la conversación de los demás.
— Estoy bien, enserio. – dijo Demian.
— Solo quiero decir que te entiendo en esto. – comendo Isaac, resentido quizás.
Demian lo miro con curiosidad, no tenía muchas ganas de iniciar una conversación, pero no hacerlo sería hacer justo lo contrario a lo que había jurado a Ángel, ósea, pasarse todo el día pensando en matar a un monstruo, a la profesora en este caso.
Así que pregunto. — ¿Y eso porque?
— También tuve un accidente de pequeño. Me. . . – Isaac se quedo callado un segundo, como si se hubiese arrepentido de lo que iba a decir, y estuviera inventando otra cosa. Un gesto con el que Demian estaba más que familiarizado. – Queme cuando mi papá hacia hamburguesas, y quedo una marca. Mira. – y levanto un poco la manga de su saco, dejándole ver a Demian una cicatriz de quemadora que se extendía de lado a lado en la muñeca de Isaac. – A veces duele cuando sujeto cosas pesadas. – agrego el chico.
— Lo siento. – murmuro Demian, ciertamente estaba seguro de que esa cicatriz no era producto de ninguna salpicadura de aceite caliente. Era demasiado larga para serlo. Tuvo un mal presentimiento.
— No importa, ya estoy acostumbrado. – dijo Isaac, y entonces siguió la mirada perdida de Demian a través del comedor. Viendo a través del cristal de la ventana, a la profesora Hodway que caminaba por el patio, tomada del brazo del director. – Amigo, cualquiera que te viera diría que quieres comértela. – dijo, y luego rio.
Demian dejo de mirar a la ventana y lo miro a él, confundido. — ¿De qué hablas?
— Amigo, miras a la profesora Hodway como si fuera comida. Ni siquiera puedes disimularlo. – y continuo riendo.
Demian tuvo que fingir una risa también, lo último que necesitaba es que la gente fuera a sospechar de él cuando la maestra desapareciera misteriosamente de la faz de la tierra. – Es muy guapa. – dijo, y era cierto. Al menos el disfraz que usaba lo era, pues la bestia real era una de las cosas más horrendas de la historia.
— Guapísima – remarco Isaac. – Y además es la profesora más amable de aquí.
Demian casi se atraganta al escuchar eso. Seguro que si su amigo supiera la verdad sobre la mujer, o más bien, la cosa de la que estaba hablando. Se haría encima. Pero ese sería el último día en que esa criatura lograba a engañar a alguien.
El ultimo día de su monstruosa vida.
...
Ángel y Adrian llevaba ya buen rato en el lugar donde encontraron la tela. Adrian se había comenzando a desesperar de solo ver a Ángel sentado en el suelo como un viejo apache. Para él, todo aquello había sido una mala idea, y una pérdida de tiempo. Lo que no sabía, es que desde el momento en que Ángel había tocado el suelo, se había vuelto uno con el entorno. Había logrado conectar su energía sobrenatural con la del punto de acceso, pero este no lo había llevado a un sitio en particular. Si no a un montón.
No era la primera vez que Ángel se topaba con líneas de conexión energética. Wes le había explicado antes que esas líneas aparecían en cualquier parte donde la actividad mística fuera gigantesca. El tenia claro que Woodstock era un pueblo con historia, pero nunca creyó que encontraría semejante energía sobrenatural ahí. Así que tuvo que ser cuidadoso con cada línea, con cada poder que interceptaba, hasta que logro encontrar el que necesitaban. El poder de la Skirla no era tan fuerte como otros, pero al poner su energía sobre él, pudo sentir la verdadera maldad que ocultaba. Pudo ver un momento su rostro, el rostro de la maldad y entonces abrió los ojos.
— Lo encontré.
Adrian se aproximo a él, desconcertado. — ¿Estás seguro?
Ángel se puso de pie lentamente y sacudió la tierra de sus pantalones. – Oh, créeme. No quieres saber todo lo que vi. Es ella, estoy seguro. – se dio la vuelta y empezó a caminar. Adrian se quedo mirando el suelo, realmente no sabía que pensar. — ¿Vienes o no? – le grito Ángel, un poco irritado por su desconfianza.
Adrian negó con la cabeza y lo siguió de vuelta al auto.
* Por favor Review!
