Buenas tardes:
Nuevamente me hayo aquí para entregar el capítulo correspondiente. Espero les guste.
Dedicado a las Ronmiones que necesitaban un respiro
Muchos Saludos
Yaem Gy
La Rama Correcta
Fue una noche larga. Por más que trataba de encontrarle una lógica a esta disparatada situación, no podía comprender lo que estaba pasando. Se dio un montón de vueltas en la cama esperando que el sueño al fin hiciera su aparición pero las palabras de Hermione le retumbaban en la mente.
"Sabes, una nunca termina de conocer a las personas. Las que tú crees que son las más geniales pueden transformarse en las más repugnantes y las que creías detestables pueden transformarse en personas increíbles…."
¿Cómo era posible que Hermione Granger, quien había sufrido las burlas e insultos de Draco Malfoy por años, ahora lo encontrara increíble?
-Este mundo se está volviendo loco- susurró.
Se dio vueltas nuevamente en la cama y trató de pensar cómo podría solucionar el lio en que había metido por el hecho de no querer pasar el Día de San Valentín con Lavender.
Harry le había gritado y contado con lujo de detalles la tremenda estupidez que había cometido Seamus y como había pasado de ser Ron Weasley "el amigo de Harry Potter" a ser "Ron, las manos más peligrosas de Hogwarts, Weasley".
-Seamus me las vas a pagar muy caras… -
-Ya cállate Ron… y deja de dar vueltas en la cama- Dijo Harry que trataba de tapar su cabeza con la almohada- deja de quejarte, mejor piensa como arreglas las cosas con Hermione. Pero no ahora. Ahora duérmete y déjame dormir-
Al día siguiente casi no podía levantar la cabeza. A donde mirara había alguien que lo miraba con repugnancia o picardía y muchos reían por lo bajo al verlo. Y lo peor llegó cuando Lavender se le colgó al cuello dándole un beso que casi lo mató de un ahogo.
-No Lavender… cálmate un poco. Compórtate-
-Eso no te importó ayer cuando me acariciaste Won Won-Le susurró al oído pegándose a él como nunca antes lo había hecho- Casi no pude dormir anoche. Me hiciste sentir viva, me hiciste sentir mujer-
Ron se espantó con la confesión y a duras penas se zafó de la rubia. Ahora sí que se arrepentía de haber cambiado lugares con Seamus.
-Lav… Lavender- Intentaba que la chica no lo atrapara otra vez- Será mejor que lo de ayer no ocurra otra vez. ¿Qué dirían todos de ti? No es bueno para una chica estar en boca de todos.-
-¿Que me importa lo que digan los demás? Lo único que quiero es…- le agarró del brazo y le susurró al oído- pasar al siguiente nivel-
Ron la miró desencajado. Pálido, horrorizado. Aunque no podía negar que la chica era deseable, a él no se le había pasado esa idea por la cabeza ni en sueños. Quizás era muy tonto y cualquiera de sus amigos le diría que estaba loco si perdía esa oportunidad, pero no haría eso con ella. No con ella.
Se soltó del agarre y sin siquiera responder a la insinuación de la chica salió de allí como alma que llevaba el diablo. No sabía cómo pero tendría que bajarle la temperatura a su relación con Lavender. Como fuera la esquivaría.
En la tarde, escudado por Harry para evitar el acercamiento de la rubia se escondió en los invernaderos para pensar un poco. Necesitaba procesar todas las cosas que estaban pasando. Harry le había alarmado diciéndole que Malfoy planeaba algo muy malo y que ya no eran solo ideas suyas. Antes Ron no le prestaba la suficiente atención ya que pensaba que Harry estaba paranoico, pero ahora se empezaba a asustar ya que Malfoy se estaba acercando peligrosamente a Hermione. El rubio había derribado la barrera de protección y ahora Ron no sabía que podría pasar.
-¿Y si como parte de su plan estaba Involucrar a Hermione? ¿Y si parte de su misión era hacerle daño? - se decía asustado- Ese Hurón… Que ni se atreva a tocarle un solo pelo-
Estaba tan sumergido en sus pensamientos que al principio no notó la llegada de alguien al lugar. Ese alguien caminó hasta uno de los estantes y dejó un pequeño macetero rotulado.
-Que bien. Soy la primera en llegar-
Al sentir su voz dio un salto. Se levantó de inmediato y quedaron mirándose frente a frente. Hermione frunció el ceño e intentó marcharse pero Ron le tomó del brazo.
-Tenemos que hablar-
-No tenemos porque- forcejeó la chica - Déjame-
-No era yo- le tomo del otro brazo para no dejarla escapar- Si no me crees puedes preguntarle a Harry. Él no te mentiría-
-¿A si? No me dirás que alguien tomó poción multijugos y tomó tu lugar Ron. Te conozco y sé que eras tú-
Ron suspiró y la miró profundamente- No. parece que no me conoces. Harry de inmediato supo que ese que estaba allí no era yo. Pero tú no. Yo jamás le faltaría el respeto a una chica de esa manera-
Hermione le miró y un brillo extraño apareció en sus ojos. Como si ella estuviera intentando rasgar un velo terrible que la separaba de él.
-¿Me dices la verdad? ¿Quién era entonces?-
-Seamus-
-¿Pero que pretendía? Es un canalla. Como se le ocurre hacerte algo así. Se aprovechó de tu novia y te dejó como un patán delante de todos. Ron… tienes que aclarar las cosas con él-
-Hermione… Seamus…-
-No puede ser. Jamás creí que Seamus se atreviera a algo tan bajo. ¿Te engaño verdad? Te hizo ir a otro lado y te suplantó. Es un monstruo-
Ron se debatía entre dejar que Hermione pensara que toda la idea había sido de Seamus y que él había sido una de sus víctimas o decirle toda la verdad. Como conocía a la muchacha sabía que lo mejor era decirle todo antes que se enterara por alguien más. Sobre todo si ese alguien era Seamus.
-Seamus… Seamus no lo hizo solo- Ella lo miró atentamente- Yo… yo le entregue algunos pelos- Hermione abrió terriblemente los ojos- Te juro que no sabía que él haría eso. Solo quería estar solo y él se ofreció a tomar mi lugar. Yo…-
-¡Pusiste a Lavender en las manos de Seamus!-
-No creí que él se aprovechara de ello. Pensé que la trataría con respeto-
-¡¿Seamus? Eres un idiota Ronald Weasley. Seamus Finnigan es el peor patán de todo Hogwarts. No puedo creer que tú también estés metido en esto. ¿Qué clase de hombre eres? Una chica no merece esa bestialidad. No mereces el amor de Lavender ni el de ninguna otra- sus ojos brillaron y un puchero apareció en sus labios- Tienes razón… no te conozco- las lagrimas empezaban a fluir- y yo que pensé por un momento que eras inocente de todo- intentó zafarse
-Hermione-Susurró desesperado- Perdóname por favor. Lo siento. Fui un imbécil-
-No es a mí a quien debes pedirle disculpas. ¡Yo no soy Lavender!-
-No, no lo eres. A ti jamás te habría hecho algo así. Jamás permitiría que un desgraciado te tocara- e involuntariamente le acarició el rostro con suma delicadeza.
Hermione quedó estática un momento y luego corrió su rostro rechazando la caricia.
-Entonces aleja tus sucias manos de mi- murmuro rabiosa. Los ojos ardiendo en llamas.
Ron pensó que en ese momento había muerto. Sintió como su corazón reventaba y dejaba de latir. Ella le había rechazado. La soltó lentamente y bajó la mirada.
-Lo siento. No lo volveré a hacer. No volveré a tocarte. Adiós- y salió corriendo. Quería desaparecer, quería que un rayo lo fulminara.
Las siguientes semanas fueron un suplicio. Todo le salía mal. Las clases de Aparición eran un rotundo fracaso. Simplemente no podía aparecerse. Y más encima ya no tenía demasiadas ganas de hacerlo después de ver como Susan Bones se departía la pierna. El ver la sangre y la expresión de vivo dolor en la chica lo había asustado demasiado.
-Merlín, te ruego por lo más sagrado que no dejes que me pase eso a mí nunca- se dijo pálido.
También la esperada salida a Hogsmeade había sido cancelada. Y era justamente el día de su cumpleaños. Él había estado planeado ir a distraerse un poco. Tomar un jarro de cerveza de mantequilla y despejar la mente. Pero ahora tendría que pasarlo en el Castillo. Atosigado por Lavender y sufriendo por el total alejamiento de Hermione, pues Hermione no había vuelto a mirarlo nunca más y no disimulaba su desprecio por él.
-Todas las ramas equivocadas- se susurró.- Nunca más volverás a cantarme gorrión-
Para colmo había empezado a notar que ella desaparecía de la sala común todas las tardes y una en particular, al llegar, llevaba el famoso Dije colgado que aleteaba alegremente.
La vio subir las escaleras y podría jurar que ella sonreía preciosamente. Ella estaba feliz y él no era la causa.
Se hundió en su sillón y empezó a cavilar otra vez con el Dije. Ese sí que era un regalo bonito. Nada comparado con su humilde pulserita que le acariciaba los dedos mientras pensaba. Esa era una joya cara y encantada, una joya digna de un rey.
Y entonces su mente se aclaró. ¿Un rey? No. Un príncipe. El príncipe de Slytherin. Entonces pensó con miedo en las intenciones del Rubio.
-La tiene hechizada. Ese Dije esta embrujado. Quiere hacerle daño el muy desgraciado-
No perdió el tiempo desde entonces. Una noche le pidió la capa prestada a Harry y la siguió por los jardines hasta la torre de Astronomía. Allí casi se cae por la escalera cuando la vio abrazar y darle un beso en la mejilla al rubio. Peor se sintió cuando éste hiciera el mismo gesto que a él le habían rechazado. Delicadamente Draco le había acariciado la mejilla con el pulgar.
No pudo ver más. Si se quedaba allí un minuto más estaba seguro que pasaría una tragedia. Salió corriendo escaleras abajo y siguió corriendo hasta llegar al lago. Estaba ahogado por el esfuerzo y el dolor. Su gorrión, su precioso gorrión había preferido quedarse atrapada por una serpiente.
-¡No, no, no!- sacudía la cabeza desesperado - ¿por qué él? Precisamente él- y se tiró al suelo. Lloró largo rato. Jamás se había sentido tan desolado y traicionado. Mil veces prefería verla en los brazos de Krum que en los de Malfoy. Su pecho ardía horrorosamente y sentía que su cabeza iba a estallar. Ahora más que nunca comprendía cuanto la amaba y se sentía enloquecer de la rabia, los celos y el dolor.
-La está enamorando- las palabras le desgarraron la garganta.
Esa idea se le clavó en el estómago como un puñal. Draco Malfoy se la estaba arrebatando.
-Pero no es sincero. Esa serpiente quiere lastimarla. Quiere jugar con ella- un gemido doloroso le quitó por un momento el aire. Luego intentó controlarse. Ella necesitaba que él estuviera controlado.
-No te dejaré lastimarla Malfoy- decía mientras se secaba el rostro con la manga- Aunque ella me desprecie no permitiré que la humilles-
El 27 de Febrero le esperó en un rincón del invernadero. Tenía que encararlo, Draco Malfoy tenía que saber que él estaba enterado de todo. Le agarró del brazo con todas las fuerzas de su corazón herido y se dijeron cosas terribles. Más bien, Malfoy le había dicho cosas terribles.
Le dijo que él ya no era amigo de Hermione, que el único culpable de todo había sido él mismo. Le había enrostrado que sabía que Ron la amaba y… que la había perdido.
Ron a cada puñalada iba muriendo lentamente. Draco Malfoy era el ser más cruel que había conocido jamás. Le conocía mejor de lo que jamás pudo imaginar y usaba ese conocimiento para matarlo de a poco.
-Tal vez ya la perdí- Dijo con los ojos llenos de lágrimas- Pero no dejaré que tú la destruyas. No dejaré que mates a mi gorrión- susurró sangrando el alma.
Salió del invernadero completamente destrozado pues tenía que admitir con dolor que Malfoy tenía razón. Él había cavando su propia tumba. Y ya era tarde para remediarlo. Pero aún así él la protegería y ahora Draco lo sabía.
Esa noche a pesar de su agonía la esperó en la sala común. Ella llegó tarareando una melodía con un libro en las manos. Al verlo de inmediato se calló e intentó escabullirse por las escaleras. Ron se movió con rapidez y le tomó del brazo.
-Perdón por tocarte. Pero solo quiero saber una cosa-
-¿Qué?- dijo ella dando un suspiro
-¿Eres feliz?- solo quería confirmarlo. El gorrión había estado aleteando vigorosamente.
Hermione lo miró profundamente. Luego miró la mano que la sostenía. Al momento Ron la soltó pero sin dejar de mirarla.
-Sí, lo soy-
Eso era suficiente. Ya no necesitaba más. Fue retrocediendo sin disimular la profunda tristeza que le embargaba y dio la vuelta para que ella no le viera llorar. Subió rápidamente los escalones y al llegar a su habitación se escondió detrás de las cortinas. Hermione había terminado de matarlo.
Todo ese 28 se la pasó como un sonámbulo. Apenas el mismo estaba consciente de su propia existencia. Ni parecía que al día siguiente sería su cumpleaños. Harry le había hablado varias veces pero casi no le respondía. Ginny le había acurrucado en un dulce abrazo e intentó saber que le pasaba pero él no diría nada. Ese problema era entre él y Draco y lo resolverían como hombres, sin la intervención de nadie. A Lavender definitivamente no la quería cerca y olímpicamente la ignoró todo el día.
No comió nada y se fue a la cama temprano. No quería ver otra vez a Hermione llegar feliz después de otro encuentro con Malfoy. Neville, que lo había visto tan melancólico, se unió a Harry y entre ambos lo molestaron hasta que consiguieron sacarle una sonrisa. A pesar de todo agradecía tener tan buenos amigos que le hacían olvidar sus tristezas por un rato.
Al día siguiente sería su cumpleaños y se planteó pasarlo lo mejor posible. No todos los días se alcanzaba la mayoría de edad y nada podía hacer ya para cambiar los sentimientos de su castaña. Ella había elegido y él respetaría esa decisión aunque siempre vigilante de cada movimiento del Slytherin.
Era medianoche cuando notó desesperado que algo le faltaba. Buscó en sus bolsillos y en su baúl y… no estaba… la pulsera no estaba.
-No. No la quiero perder a ella también-
Acto seguido bajó a la sala común angustiado. Movió los sillones, levantó los cojines, se arrastró en el suelo escaneando cada rincón. La pulsera no estaba.
-No- gimió- no te pierdas-se lanzó al suelo otra vez buscándola- eres lo único que me queda- quedó arrodillado al borde de un colapso.
-¿Buscas esto?-
Se giró en redondo y la contempló. Hermione llevaba un tibio pijama color gris y el cabello atrapado por un par de trencitas flojas. En una mano un pergamino, en la otra la pulsera.
-Don… ¿dónde estaba?-
-Se te cayó esta tarde en la clase de transformaciones. Quise pasártela en la hora de la cena pero no volví a verte y pensé entregártela mañana al desayuno-
Ron sintió un gran alivio. Al menos uno de sus tesoros volvía a él. Se levantó y extendió la mano para que Hermione le entregara la joya. No se atrevió a tocarla, no quería otro rechazo.
La chica le miró perpleja por un momento y luego le depósito el objeto en la mano. En ningún momento se tocaron.
-Gracias- sonrió - ¿Qué haces aquí a esta hora?-
-Olvidé mi ensayo de pociones en aquella mesa y bajé a buscarlo- Entonces la chica le miró a los ojos. Ron llevaba una noche sin dormir y esta sería la segunda. Llevaba una grandes ojeras- ¿Estás bien? Pareces enfermo-
-Solo estoy cansado- intentó sonreír - Buenas noches y gracias por guardar mi tesoro- le miró con dulzura y tristeza para luego darse la vuelta y, apretando la pulserita junto al pecho, desaparecer por la puerta. Lamentablemente no vio la expresión de la chica que lo observó afligida, preocupada.
Se acostó y abrió la mano. La pulserita apenas daba un pequeño brillo a causa de la nula iluminación. La observó y la acarició tiernamente pensando que por unas horas la pulsera había estado en las manos de su legítima dueña. Pudo haberle dicho que era suya y dársela ahí mismo pero la imagen del soberbio gorrión volador le nubló la mente. ¿Para qué arriesgarse a un nuevo desaire? La joya era su recuerdo. Era el símbolo de su amor profundo y no quería que fuera mancillada.
Esa mañana despertó agarrotado. Harry le zamarreó un poco deseándole un feliz cumpleaños. Luego le entregó su regalo que resultó ser unos geniales guantes de guardián. Después descubrió el reloj regalo de sus padres y su ánimo mejoró un poco. Al final terminó revisando todos los demás mientras Harry buscaba algo en su baúl.
Vio de pronto los chocolates en el suelo y supuso que eran otro regalo que de seguro se había caído de la cama y decidió comer uno a dos para endulzar la mañana que se ofrecía soleada.
Al tercer bombón empezó a sentirse raro. Se sintió abatido. El amor era cruel con él. Ella no lo amaba, ella no lo miraba. Ella ni siquiera sabía que él existía.
-Vamos a desayunar- escuchó a lo lejos, pero el apetito había desaparecido.
Harry lo miraba perplejo y Ron pensó que no entendería la gravedad de ese asunto. ¿Que podría saber Harry del amor? Pero ya no pudo más y le confesó su angustia. Y Harry no entendió y lo peor de todo, había insultado a su amor. Le golpeó furioso y Harry le había puesto de cabeza.
Algo le dijo luego de unos chocolates y de una poción pero a él no le importaba. Solo le importaba lograr aunque fuera una mirada de Romilda Vane. Entonces Harry volvió a ser bueno con él y le prometió llevarlo con su amada al despacho de Slughorn. Ella tomaba clases adicionales y pensó pedirle al profesor le permitiera tomar esas clases también, así la tendría muy cerca. Bajaron a la sala común y una molestosa Lavender se le cruzó en el camino. No estaba de ánimos de hablar con el pulpo y lo corrió como a una mosca.
Fueron por el pasillo y él se arregló la túnica y el cabello lo mejor posible. Romilda tenía que verlo atractivo. Ella tenía que quererlo porque de lo contrario moriría. Al llegar al despacho de Slughorn simplemente no entendía ni una palabra de lo que Harry hablaba con el profesor, solo quería entrar lo más luego posible ¡Y Harry no lo dejaba!
Al final, al entrar por fin, se tropezó y sintió terror de que su amada hubiera visto esa torpeza. Gracias a Merlín ella aún no llegaba.
Las manos le sudaban y el corazón le latía agitado. Debía estar dando un terrible espectáculo ya que Slughorn le había ofrecido un brebaje para calmar los nervios que él tomó sin chistar.
Al principio no sintió nada, luego una pesadez se le fue cargando sobre los hombros y el estómago. Había un amor que él buscaba y ese amor ya no estaba. El gusto amargo de la boca no le dejaba en paz y la sensación de pérdida lo abrumaba. Entonces Slughorn le ofreció una copa de un líquido dorado y brillante que parecía ofrecer un poco de alegría. Sin siquiera decir salud se lo mandó al pecho para olvidar su desolación. Y entonces…
Las piernas le fallaron, el corazón saltó desbocadamente, los pulmones se le comprimían y una espuma empezaba a salirle por la boca. No podía respirar, no podía pensar, no podía vivir.
Cayó como plomo en el suelo y ya no tuvo más control de sí mismo. Perdió la conciencia y muy luego empezó a verse en un espacio lleno de humo y el frío empezaba a envolverlo. Intentó moverse pero cada movimiento era difícil y pesado. El lugar se oscurecía y el sueño de muerte comenzó a dominarlo… hasta que la vio.
Una pequeña hada de brillantes alas empezó a revolotear a su alrededor vestida de tul y oro. Sus cabellos eran castaños y sus ojos chocolates. Ella voló hasta su rostro y por unos segundos se mantuvo en el aire frente a él. Se acercó y justo cuando le iba a dar un beso en la nariz otro personaje apareció ante ellos. Era alto, llevaba capa y capuchón y una horrenda mascara de mortifago. El recién llegado entonces extendió una pálida mano y con un gesto llamó al hada. Ella al principio se asustó y se escondió detrás de Ron y éste se apresuró a defenderla, pero entonces el mortifago descubrió su rostro y unos ojos grises y un cabello rubio se revelaron.
El hada contempló a ambos por un momento y comenzó a volar hacia el hombre de la capa, Ron desesperado intentó detenerla tomándola de una manito pero ella se debatía y luchaba contra Ron. El Rubio tomó su varita y rápidamente le lanzó un hechizo que le detuvo todo signo de vida, excepto la mirada. El hada entonces voló y comenzó a revolotear alrededor de aquel encapuchado convirtiéndose poco a poco en una bella y castaña gorrión. El Rubio entonces abrió su capa para cubrirla con ella.
-Muere… muere ya… ella ahora es mía- Dijo
Ron los vio desaparecer envueltos en un halo de luz verde y todo quedó a oscuras. Ya nada más quedaba, solo morir. El gorrión se había marchado.
Pero justo ahora que se había entregado a la muerte para olvidar para siempre, un nuevo personaje aparecía. Llegaba capa roja y ojos verdes Esmeralda. Tenía algo en la mano y se lo extendía presuroso.
-No te entregues… Debes volver… El gorrión está en peligro. Vive, debes vivir para ella-
Ron apenas pudo mirar lo que el hombre de la capa roja le mostraba. Era una piedra de la vida.
-Trágala ahora… Ron, trágala... tragal…-
Sentía que estaba envuelto en tela cálida y cómoda. Podía percibir que había gente a su alrededor pero no tenía la fuerza para moverse ni mucho menos hablar. Los párpados los sentía pesados y las manos un poco frías. Pero aunque no podía moverse escuchó una voz cerca de él. Y todos sus sentidos se activaron. El gorrión estaba allí y estaba tomándole la mano. El calor que le prodigaba le recorrió por el brazo hasta llegarle al corazón que de nuevo volvió a latir. Ella estaba allí, con él.
-Er-my-nee- fue lo único que sus labios pudieron decir y luego un sueño distinto y lleno de esperanza lo envolvió para hacerlo dormir profundamente.
Cuando abrió los ojos esa mañana una imagen hermosa se le presentó. Hermione estaba a su lado, junto a la ventana que les entregaba los tibios rayos del sol. Los cabellos de la chica daban pequeños reflejos y sus ojos tenían un dulce pero triste brillo. Ella miraba algo en la mesita de noche pero Ron no podía ver que era. Hermione entonces tomó ese algo y lo alzó ante sus ojos. El objeto daba un precioso brillo plateado y destellaba. Ella lo acarició con los dedos admirándolo.
-Es tan hermosa- le escuchó susurrar.
-Pero no se compara al Dije que cuelga de tu cuello- dijo en un hilo de voz
-Ron- ella se abalanzó a su lecho apresurada- Ron ¿estás bien?- Le acarició la frente y el cabello. Ron no sabía si de nuevo se había quedado dormido y estaba otra vez soñando-Nos asustaste a todos…. Me asustaste- su voz reflejaba su angustia
-Aquí estoy- sonrió cerrando los ojos para sentir mejor la caricia- No sé que me pasó-
-Es… Estuviste a punto de… morir- el sollozo no pudo ser controlado. Él abrió los ojos y la vio envuelta en lágrimas- Pensé que te perdía… mos-
Ron no daba crédito a lo que veía y escuchaba. Ella había temido por él. Ella todavía le quería un poquito.
-Aún vivo. No te dejaré tan fácil gorrión- se miraron y él luego observó que ella aún tenía la pulsera en la mano- ¿De verdad la encuentras bonita?-
Ella siguió el curso de la mirada y sonrió apenada. Luego con cuidado trató de ponerle la pulsera en la mano pero él la cerró impidiéndoselo
-No-
-Pero… es tu tesoro. Tu mismo lo dijiste. La llevabas en la túnica cuando te trajeron y yo la cuidé hasta que despertaras-
- La verdad… es que no es mía. Esa pulsera tiene dueña-
Hermione no pudo disimular su desilusión e intentó dejar la joya en la mesita de noche.
-Lavender estará muy feliz cuando la reciba-
-Lavender no es su dueña. Nunca podría serlo. Esa pulsera… era tu regalo de navidad-
La muchacha lo miró sorprendida y entre abrió los labios como aspirando el aire que había perdido de la impresión. Miró el objeto que tenía en la mano y la sonrisa se le asomó al rostro.
-mi… ¿mi regalo de navidad?-
-Sí. Lo he estado guardando desde entonces. No pensé que quisieras recibirlo después de que te dieran ese Dije. Mi pulserita no es mágica como él- un gesto de resignación le envolvió la mirada.
-Que dices… Es hermosa. Tiene estrellitas. ¿Me la puedo poner?-
-Claro que sí. Es tuya-
Hermione no demoró nada en ponerse la pulsera en la muñeca y la contempló embelesada junto a la ventana. Ron sentía que a cada instante la vida, el calor y la alegría iban invadiendo sus venas. Y se sorprendió cuando el Dije comenzó a agitar sus alitas.
-Estás contenta- susurró
Ella miró su Dije y luego le sonrió. Lo siguiente le hizo saltar el corazón. Hermione le besaba la frente con dulzura
-Gracias Ron. Tu regalo es precioso. Yo… yo no lo merezco. Ahora tu y yo no…-
-No me digas que no somos amigos. No me digas eso por favor-
-Nunca dejaste de serlo Ron. Jamás dejaras de serlo- y le arregló un mechón que se le había ido a los ojos.
Las cosas empezaban a mejorar. Por lo menos ella volvía a ser su amiga. Eso le estaba haciendo muy feliz. Al final todo el horror vivido había valido la pena. Al fin había dado con la rama correcta.
Pero no todos estaban contentos.
En la torre de Astronomía un joven sentado en un banco dejaba caer la mano luego de mirar en su anillo y bajaba el cabeza desolado.
