En su pasado, la joven de ojos verdes ayudaba a su madre con su negocio frente a la playa a veces en la cocina y otras de mesera, el turismo les dejaba ganancias suficientes para ahorrar y vivir bien, no era de las que se avergonzara de su familia a pesar de la ausencia de un padre porque fue, al final de cuentas, ese trabajo y su esfuerzo por una beca lo que le permitió viajar a Nueva York para estudiar lo que quería.
Obviamente nadie pudo predecir lo que ahí le pasaría.
De aquellos hechos habían pasado ya dos años, su vida, al menos en lo superficial volvió a ser como antes excepto que se mantuvo alejada de los estudios dedicándose a buscar sanar sus heridas, acudiendo a un psicólogo por mucho que se negaba, SHIELD que en realidad ya no era una organización o vaya uno a saber si lo era, había estado al pendiente de su salud mental pero, según los reportes, todo iba normal con ella. No podían decir que estuviese deprimida pues asistía de buena gana a fiestas locales y mantenía contacto con sus amigos, de verdad se esforzaba por no llamar la atención, el tema del soldado solo salía cuando era necesario, parecía una chica fuerte, reservada pero amable como lo fue alguna vez, y aparentemente todo había vuelto a la normalidad.
Por dentro no podía dejar de pensar en él, en dónde estará y si estaba bien.
Ningún especialista le dijo que lo que sentía era poco común, un síndrome que algunas víctimas sufren después de haber sido sometidas a algún tipo de abuso, ella era consciente sin embargo de que no era normal preocuparse tanto por la persona que la secuestró en su propio apartamento.
Poco le importaba.
James no era una mala persona, lo podía ver en sus ojos y la manera en que a través de esos días se iban suavizando, las palabras al final, la historia que no pudo contar.
Quería conocerlo un poco más.
Cuando salió del hospital su tío no dudó en mandarla de regreso, Alanis no presentó cargos y tampoco se le acusó de ser cómplice por no avisar a las autoridades al admitir estar bajo amenaza, la policía no hizo mucho por el caso y se lo dejó a terceros por completo. Estar preocupada era como su secreto, lo que menos quería era que le dijeran loca, todos los días se rompía un poco al no tener noticias y llegaba a pensar que nunca lo volvería a ver.
Su vida había continuado, al principio no dejaba de llorar y ni si quiera sabía por qué, ese hombre pudo haberle hecho creer que la mataría del miedo pero también, le hizo experimentar algo que jamás había sentido. Cuando estuvo en sus brazos pudo respirar tranquilidad, se sentía a salvo y no necesariamente de él mismo sino de todo, como si él estuviese protegiendo el mayor tesoro del mundo o lo único que tenía en él. Lo que se dejaba ver no era igual al suave interior doloso, torturado, que buscaba redención.
Su vida era muy corta de todas maneras, decir que nadie la había hecho sentir de esa manera era darle mucho crédito, no obstante, estaba segura que ningún hombre tendría el derecho de hacerlo. Ninguno se podría comparar con la intensidad que la experiencia le dejó.
Mientras su mente divagaba en lo mismo de siempre, por su puesto, en James, su madre atendía a unos clientes en la parte de adelante cuando vio entrar a unas personas que por el rumbo no eran clientes y por su ropa, tampoco turistas de paso. No se molestaron en tomar asiento en una mesa, fueron con la mujer directamente preguntando por la muchacha y como toda buena madre ésta creyó que su hija había hecho algo malo o estaba ya metida en algo serio. Otra vez.
Pasaron alrededor de cinco minutos en los que ninguna de las dos se aparecía, la mujer de traje estuvo a punto de pasar a la cocina por su cuenta cuando Alanis salió con su mejor cara de alegría y esperanza con su progenitora frunciendo el ceño detrás por rectificar que su hija en vez de huir para no saber mas del tema, se alegrara porque la estuviesen buscando.
María Hill en persona la esperaba con otro hombre, la joven sabía lo que podía significar; o eran buenas noticias o unas muy malas. Para poder hablar, la agente requirió hacerlo en privado y una vez que se aseguraron que nadie podía escucharlos estando en la parte trasera del restaurante, María sacó una foto de una cámara de seguridad mostrando supuestamente al soldado de invierno junto a una vagoneta, misma que según las noticias había sido la detonándote que mató al rey de Wakanda en la junta de naciones unidas, un día atrás.
Por supuesto, Alanis no lo creía, ese no podía ser él, no tendría motivos para hacerlo, se supone que era un fugitivo. No tenía sentido, y a todo eso ¿por qué se lo estaban contando? Al menos sabía que seguía vivo y era una fortuna que su madre no dominara muy bien el inglés o ya se hubiese alborotado y sacado a patadas a la mujer y su compañero.
-Bucarest…
-¿disculpa?
-El capitán américa está viajando hasta ahí…pocos somos los que sabemos esto, en cuanto se nos informó tomé el jet para venir.
No estaba entendiendo del todo, no sabía dónde quedaba Bucarest y no tenía idea de a qué se refería con "sabemos esto", solo que se trataba de él. Sonaba tan distante.
-lo están buscando en todas partes. Por su bien esperamos que el capitán lo encuentre primero.
-pero…el capitán es su amigo… ¿Qué pasa si alguien mas lo atrapa?
-no vine a decirte qué es lo que pasará porque nadie sabe. Yo estoy del lado del capitán.
-¿del lado del capitán? –no estaban en la misma página, dos años habían sido suficientes para perderse gran parte de la historia sabiendo que con los héroes del planeta todo podía cambiar de la noche a la mañana.
-puedo llevarte a verlo, sé que Steve lo logrará…
-¿verlo? ¿Te refieres a…?
-si, solo si tu aun quieres.
Bajo la mirada amenazante de su madre, que como sea entendió la conversación, Alanis asintió con fervor repetidas veces.
Un par de horas después el restaurante cerró sus puertas a los clientes, sabía de ante mano que no la dejarían irse sola a otro país a ver a un fugitivo así que en una sola maleta metió una muda para cada quien. ¿Cuánto tardarían? Seguramente no mucho, su único anhelo era verlo a salvo incluso si estuviese en una celda. Una vez mas, es todo lo que pedía.
Creía que el viaje se realizaría en un avión o algo parecido, jamás creyó que viviría para subirse a un jet. Tras lo que pareció una eternidad sin palabra alguna por parte de nadie, María se asomó por su asiento y se dirigió a la joven con un semblante preocupado.
-lo tienen…pero no fue el capitán quien lo capturó
-¿Qué significa eso?... ¿él está bien?
-me informan que lo están trasladando a Alemania para hacerle una evaluación psicológica. Es…bueno…al menos no le dispararon.
-No estoy entendiendo nada…-dijo mas para si misma desesperándose, el miedo de que le impidieran verlo crecía, su vida tenía un hueco que no podía llenar hasta no verlo y cerrar ese círculo de sufrimiento que su ausencia creaba, necesitaba preguntarle qué fue lo que pasó el último día y si tuvo que ver con la muerte de su amigo, la paz que le había arrebatado solo él se la podía otorgar, aclarar si lo que sintió era un producto de su alma en shock en contacto con una persona sin control de sus acciones o si de verdad fue un grado de empatía profunda con un ser que lo pedía a gritos y que al final devolvió el sentimiento con un especial afecto.
Abrazó su propio cuerpo en el asiento implorando que fuera lo segundo.
Llegaron a eso de las cinco de la tarde a su destino, estaba demasiado cansada y entumida, el vuelo agotó a la pequeña familia y sobre todo al pequeño que no paraba de llorar en brazos de la mayor. Menos mal su hermano pequeño no viajó con ellas.
Un auto las esperaba, no disfrutaron mucho de la circulación sanguínea corriendo en libertad cuando ya estaban en carretera a una media hora del complejo donde ya era un hecho que tenían a Bucky.
Una mujer rubia la saludó, María ya no la acompañaría, según ella su trabajo terminaba con traerla y llevarla de regreso como el contacto que prometió ser. El ambiente frio del aire acondicionado golpeó su cara junto al aura tenso que endurecía su piel, había mucho movimiento a su alrededor, gente en traje hundidos en sus trabajos, caras demasiado serias que no se detenían a preguntar quién era la diminuta persona que se encogía a cada paso adentrándose al plantel.
-Hill nos contó tu caso –rompió el silencio la mujer, la única que ofrecía un gesto amable a pesar de mantenerse neutral– Eres una pieza clave hoy– nadie en esas horas se había preocupado en explicarle qué demonios ocurría, se limitaba a caminar a donde le llevaran a través de pasillos de vidrio y oficinas –El capitán américa por desgracia está en una situación delicada y no le permiten ver al soldado pero a ti nadie puede negártelo…
-¿voy a poder verlo? ¿Dónde está? ¿Está bien? ¿Qué ha pasado?
-Necesito que te tranquilices –llegaron a una pequeña sala cerrada, pidieron a su madre esperar afuera y le indicaron a la chica sentarse antes de volver a dirigirle la palabra– El soldado del invierno fue acusado de un acto terrorista ayer, ocasionó muchos heridos y muertos. Steve cree en su inocencia pero no hay cómo comprobarla y ahora, el mismo capitán américa es visto ante la ley como un criminal –nada de lo que le decían era bien recibido por su cerebro, no le importaba nada de eso, ya la habían hecho esperar suficiente– Eres la única que ha estado con él y eso nos puede ayudar a formar su perfil psicológico.
-él no está loco –por alguna razón, escuchar la palabra "psicológico" le ofendió muchísimo al grado de ponerse a la ofensiva- solo está algo…algo confundido, no sabe quien…
-lo sé, lo sé –interrumpió la agente-. Para eso estas aquí. No te vamos a pedir que declares nada, hace dos años no levantaste ninguna denuncia pero él ya estaba siendo buscado. Hoy todo es mas complicado por desgracia y los protocolos bailan por debajo de una nueva ley, no sé si me explico… es una situación muy…
-no. No entiendo nada. No se trata solo de él ¿verdad? No puede haber tanto…-sus ojos vacilaron y sus manos se inquietaron- siento que el mundo…-su garganta ya no soportaba la presión, agradecía que su madre no estuviese viendo cómo se esforzaba por no llorar- se está yendo contra…él…y yo ni si quiera…
-está bien –la rubia sonrió en un intento de tranquilizarla, extendió ambas manos a ella sobre la mesa que las dividía y aunque titubeó, su pequeña protegida temporal aceptó el gesto apoyando las manos en las contrarias en un suave apretón –No le pasará nada malo, Steve y un amigo están al pendiente también de James y no dejarán que lo castiguen injustamente –le hubiese encantado decir que también estaba de su lado, que mientras nadie veía informaba a Rogers antes que a la propia CIA y que por el héroe Alanis había conseguido cinco minutos extra con el prisionero, pero todas las cámaras y micrófonos en esa sala estaban encendidos.
Cuando pudo respirar con normalidad y sus ojos ya no se veían tan rojos, salieron rumbo a la habitación donde tenían encerrado a Bucky en un cubo especial de contención de máxima seguridad.
-Mi nombre es Sharon, por cierto –se presentó oficialmente en lo que escribía el código en la puerta. La madre de la joven y el niño en sus brazos se quedaron en otro cubículo lo bastante lejano como para no alterarse por su hija. Ya de por sí estaba en desacuerdo con dejarla viajar y ahora debía verla ir con total voluntad hacia un asesino.
Un pitido en el sistema de entrada golpeó su estómago y las puertas empezaron a abrirse en automático, la presión antes contenida en el pecho se le fue a la cara de súbito, tan fuerte que sus ojos sintieron el palpitar de su corazón. No se desmayó solo porque sus pies desearon correr.
Ahí estaba él, confundido, los labios entre abiertos y el cuerpo paralizado. Alanis soltó un sollozo, lo que antes se había roto se volvió a romper quedando añicos ¿Cómo es que eso no contaba entre las cosas malas que iban a evitar que pase? Antes de volar hacia el castaño, Sharon puso una mano en su hombro y le señaló la silla que por completo pasó por invisible hasta ese momento.
-Tienes seis minutos…
Quedó encerrada con él en la misma habitación. Su respiración de nuevo se agitaba y sus pies de pronto se pegaron al piso. Seis minutos y contando, segundos en silencio, esa podía ser la última vez que lo viera.
-Alanis…-que fuera James quien hablara primero fue, sin duda, una sorpresa para todos los que monitoreaban lo que sucedía ahí.
Los sollozos no se hicieron esperar, ya estaba lo suficientemente sensible y estando frente a quien le daba todas las razones no había caso reprimirse. Tomó asiento sin dejar de mirarlo ni analizarlo. Llevaba la playera que le regaló, la que Kimmy le dio. Eso dolía aún más por todos los recuerdos que bombardearon su mente.
Ninguno de los dos sabía qué decir, ella estuvo formulando sus preguntas todo el camino, ahora se encontraba sin habla, con las ideas revueltas con su aflicción.
Habrían de pasar al menos dos minutos en los que se lamentaron todo en silencio, comunicándose el dolor con gestos demasiado expresivos, demasiado humanos para alguien acusado de ser un jodido terrorista y asesino a sangre fría. La verdad de su comportamiento seguía siendo complicado para la brasileña.
-Creí que no te volvería a ver –por fin pudo estructurar sus palabras, mas fuertes que el nudo en su garganta pero no lo suficientes para seguir fluyendo como ella quisiera.
-Ese era el plan…-contestó Bucky bajando la mirada aun con la tristeza en su rostro- Cuando no pude encontrarte me di cuenta que era mejor así…
-Todos me dijeron eso… me dijeron que eras peligroso pero…-negó varias veces con la cabeza, ahí estaban de nuevo sus recuerdos chocando con sus sentimientos, estaba segura que no se equivocaba- No les creí…
-debiste…-apretó los labios y ahora era él quien negaba- soy peligroso para cualquiera.
-no. No es cierto, me…protegiste, me abrazabas por las noches y te preocupabas por mi ¿por qué?
-Porque eras mía. Lo único que tenía.
Si bien detrás de las pantallas de quienes observaban en salas ocultas esperaban obtener información psiquiátrica o una confesión sobre la explosión que mató varias personas en una de las reuniones más importantes, no se esperaban escuchar del soldado del invierno aquellas palabras.
-¿y por qué te fuiste?...yo… no quiero que te hagan daño –por instinto se levantó de su silla y caminó hacia él pero a metros de llegar él mismo la detuvo de un regaño pues, a pesar de que estaba encerrado en una capsula especial, sabía que nada de eso le quitaba la culpa de sus crímenes pasados.
Aunque no era responsable de los actos ocurridos en las últimas horas, en su consciente se merecía todo lo que le estaba pasando.
-Es mejor así…
-¿qué va a pasar contigo? ¿Qué te harán?
-no importa ya… viniste. Yo tampoco creí verte de nuevo así que…te lo diré…-Alanis creía ser la única con asuntos sin resolver, sin embargo al verle tomar aliento ella así lo hizo también preparándose- Perdóname, por todo lo que te hice.
Nuevas lágrimas aparecieron y sin importarle lo que le dijera desapareció el espacio que le quedaba hasta tocar el vidrio que los separaba.
-Dos años…-hablaba entrecortando las palabras- dos años pasaron y nunca me sentí mas triste en mi vida. Me preguntaba por ti, me angustiaba, recordaba como eras y me volví un poco loca por darme cuenta… debía estarlo… nadie siente eso por alguien como tu pero yo si…yo si…
Obviamente la disculpa era por los malos tratos que le dio cuando la tuvo de rehén y aun así, de nuevo, ella no los tomó en cuenta. Si iba a perdonarlo iba a ser por no buscarla antes como prometió.
Las puertas se abrieron detrás de ella, un agente se acercó y la tomó por el hombro. En medio de llanto y gritos tuvieron que sacarla, no pudo decirle nada mas. Esa sería la última vez, de verdad, que lo vería.
Una hora después, cuando pudo por fin calmarse, Sharon se acercó a ella y a su pequeña familia con una carpeta en manos que le entregó sin decirle nada. La chica le dio el bebé que cargaba a su mamá para poder leer lo que le habían dado y aunque al principio no entendía, al final captó; Era una lista de las personas que James había asesinado, al menos los oficiales ya que al ser un fantasma por décadas era imposible saber el número de víctimas exacto. Había en la lista, a lado del nombre de las personas, la fecha en que sus vidas acabaron, algunas tenían separaciones muy grandes y otras con días seguidos. Era una lista muy grande ¿por qué estaba viendo eso?
-Mira en la última página…-señaló la rubia.
Y así lo hizo, se saltó hasta continuar leyendo nombres y fechas, al final ninguno se le hacía familiar. Ninguno solo. Unos segundos después entendió; James no mató a su amigo. Lo sabía.
Devolvió los documentos, tal vez estaba mal sentirse bien con esa información, su amigo murió y nadie se lo devolvería pero al menos no se equivocó con él, incluso si en el pasado lejano lo hubiese hecho, estando con ella decidió no hacerlo. Puede que ninguno de sus amigos haya estado en peligro real durante el tiempo que su apartamento fue usado como la mejor guarida.
Ella, su madre y el bebé regresaron a su hogar después. No había manera de tener un final feliz, por supuesto que no lo esperaba ni para si misma ni para el hombre, seguiría pensando en él, en lo que le harían o lo que le pasaría. Su vida transcurriría un poco mas tranquila al quitarse el peso del perdón, la justicia haría lo suyo o eso creía.
Solo que la justicia, sin saberlo, se tardaría en llegar para el asesino y esta vez no habría rincón donde se pudiese esconder.
