La historia es una adaptación del libro Making Faces de Amy Harmon los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original
12. CONSTRUIR UN ESCONDITE
Solo pasaron unos tres meses antes de que Rosalie saliera de la vista. Las ocasiones que fue vista en público con su marido, mantuvo sus ojos cuidadosamente apartados y otras veces usaba gafas de sol incluso cuando estaba lloviendo. Bella llamaba regularmente e incluso se detenía por el dúplex de Rosalie un par de veces. Pero sus visitas parecían poner a Rosalie nerviosa. Una vez Bella juró que vio meterse a Rosalie en su garaje antes de que Bella llegara, y sin embargo Rosalie no respondió a la puerta cuando tocó.
Las cosas mejoraron un poco cuando Royce consiguió un trabajo en el que viajaba durante varios días por un tiempo. Rosalie incluso llamaba y llevó a Bella a almorzar en su cumpleaños. Comieron enchiladas en la Cocina de Luisa, y Rosalie sonrió y le aseguró a Bella que todo estaba bien cuando Bella preguntó gentilmente si se encontraba bien. Según Rosalie, todo era maravilloso, perfecto. Pero Bella no le creyó.
Bella no le dijo a Ben de sus temores por Rosalie. No quería molestarlo, y ¿él qué podría hacer? Bella veía a Royce de vez en cuando en la tienda, y aunque era educado y siempre la saludaba con una sonrisa, a Bella no le agradaba. Y él parecía saberlo. Siempre estaba perfectamente arreglado, cada oscuro cabello en su lugar, su atractiva cara bien afeitado, su ropa fresca y elegante. Pero todo era un envoltorio. Y Bella recordó la analogía de la grasa que su padre había compartido con Elliott Mccarty una vez. Bella no podría haber tenido más de catorce años, pero la lección la había marcado.
Elliott Mccarty no se parecía en nada a su hijo. Era bajo, tal vez 1.72 metros a lo mucho. Su cabello rubio había disminuido hasta que finalmente lo había afeitado. Sus ojos eran de un
suave azul, su nariz un poco plana, su sonrisa siempre lista. Hoy no estaba sonriendo, y sus ojos tenían ojeras, como si no hubiera dormido bien en mucho tiempo.
—Hola, Sr. Mccarty —dijo Bella, una pregunta en su voz.
—Hola, Bella. ¿Está tu papá en casa? —Elliott no hizo un movimiento para entrar a pesar de que Bella sostenía la gran puerta con mosquitera en señal de bienvenida.
—¿Papá? —gritó Bella hacia el despacho de su padre—. Elliott Mccarty está aquí para verte.
—¡Invítalo a entrar Bella! —gritó Charlie Swan desde lo más recóndito de la habitación.
—Por favor entre, Sr. Mccarty —dijo Bella.
Elliott Mccarty metió las manos en sus bolsillos y dejó que Bella lo llevara a la oficina de su padre. Hay varias iglesias y confesiones cristianas en Pensilvania. Algunos dicen que es un estado en el que Dios todavía tiene un punto de apoyo. Hay muchos católicos, muchos metodistas, muchos presbiterianos, muchos bautistas, un montón de todo. Pero en Hannah Lake, Charlie Swan hacia funcionar su pequeña iglesia con tal cuidado y compromiso con la comunidad que no le importaba cómo te denominabas, seguía siendo tu pastor. Si no te sentabas en sus bancos cada domingo, la verdad es que no había diferencia para él. Predicaba la biblia, mantenía su mensaje simple, mantenía sus sermones universales, y durante cuarenta años había trabajado con un objetivo: amar y servir, el resto se haría cargo de sí mismo. Todo el mundo lo llamaba Pastor Charlie, sin importar si era su pastor o no. Y más veces de las que no, cuando alguien era un alma en pena, se encontraban en la iglesia del Pastor Charlie.
—¡Elliott! —Charlie se levantó de su escritorio cuando Bella guió a Elliott Mccarty a la habitación—. ¿Cómo estás? No te he visto en mucho tiempo. ¿Qué puedo hacer por ti?
Bella jaló las puertas francesas cerrando detrás de ella y entró en la cocina, deseando desesperadamente escuchar el resto de la conversación. Elliott era el padre de Emmett. Los rumores eran que él y la madre de Emmett se estaban separando, que Lily Mccarty dejaba la ciudad. Bella se preguntó si eso significaba que Emmett la dejaría también.
Bella sabía que no debía hacerlo, pero lo hizo. Se escabulló a la despensa y se acomodó sobre un saco de harina. Sentarse en la despensa era casi tan bueno como sentarse en el despacho de su padre. Quien había construido la casa debía haber escatimado en la pared que dividía la parte posterior de la despensa de la pequeña habitación que su padre usaba para su oficina, porque si Bella se metía en la esquina, no solo podía oír perfectamente, podía incluso ver dentro de la habitación donde la lámina de yeso no alcanzaba la esquina. Su madre estaba en la tienda. Se encontraba a salvo para escuchar sin ser descubierta, y si su madre llegaba a casa de repente, podría abalanzarse sobre el bote de basura y fingir que solo estaba haciendo sus tareas.
—…nunca ha sido feliz. Ha tratado, creo. Pero estos últimos años… ha estado escondiéndolo. —Elliott Mccarty estaba hablando—. La amo tanto. Pensé que si seguía amándola, me amaría también. Pensé que tenía suficiente amor para nosotros. Para nosotros tres.
—¿Está decidida a irse? —preguntó el padre de Bella en voz baja.
—Sí. Quiere llevarse a Emmett con ella. No he dicho nada. Pero esa es la parte más difícil. Amo a ese chico. Si se lo lleva, Pastor, no creo que sobreviva. No creo que sea lo suficientemente fuerte. —Elliott Mccarty lloró abiertamente y Bella sintió lágrimas de compasión también en sus propios ojos—. Sé que no es mío. No biológicamente. Pero es mi hijo, pastor. ¡Es mi hijo!
—¿Emmett sabe?
—No todo. Pero tiene catorce años, no cinco. Sabe lo suficiente.
—¿Lily sabe que quieres que el chico se quede, incluso si ella se va?
—Es mi hijo legalmente. Lo adopté. Le di mi nombre. Tengo derechos como cualquier padre. No creo que pelearía si Emmett quisiera quedarse, pero no le he dicho nada a Emm. Supongo que sigo esperando que Lily cambie de opinión.
—Habla con tu hijo. Dile lo que está pasando. Solo los hechos: sin culpas, sin condenación, solo el hecho de que su madre se va. Dile que lo amas. Dile que es tu hijo y que nada va a cambiar eso. Ni por un minuto le dejes creer que no tiene una opción por su sangre. Hazle saber que puede ir con su madre si ese es su deseo, pero que lo amas y quieres que se quede contigo si es lo que quiere.
Elliott se quedó callado por varios minutos, Charlie Swan también, y Bella se preguntó si eso era todo lo que iba a ser dicho. Entonces Charlie preguntó suavemente:
—¿Eso es todo lo que te está preocupando, Elliott? ¿Hay algo más que quieras hablar?
—Sigo pensando que si me viera diferente, si me luciera más como él, nada de esto estaría sucediendo. Sé que no soy el hombre más atractivo en el mundo. Sé que estoy un poco en el lado simple. Pero me ejercito y me mantengo delgado y me visto bien y uso colonia… —Elliott Mccarty sonaba avergonzado, y su voz se apagó.
—¿Lucir más como quién? —preguntó suavemente Charlie Swan.
—El padre de Emmett. El hombre que Lily parece no poder sacar de su sistema. No era amable con ella, Pastor. Era egoísta y mezquino. La apartó cuando se enteró de que estaba embarazada. Le dijo que no quería tener nada que ver con ella. Pero era guapo. He visto fotos. Luce exactamente como Emm. —La voz de Elliott se rompió cuando dijo el nombre de su hijo.
—A menudo he pensado que la belleza puede ser un impedimento para el amor —reflexionó el padre de Bella.
—¿Por qué?
—Porque a veces nos enamoramos de una cara y no de lo que hay detrás. Mi madre solía verter la grasa de la carne cuando cocinaba, y la guardaba en una lata en la alacena. Durante un tiempo, usó una lata en la que una vez había mantenido esas galletas largas, cubiertas, con crema de avellana en el interior. ¿Las que eran caras? Más de una vez bajé esa lata pensando que encontraría la provisión secreta de mi mamá, solo para quitar la tapa y ver montones apestosos de grasa.
Elliott se echó a reír, entendiendo el punto.
—El contenedor no importaba mucho en ese punto, ¿eh?
—Correcto. Eso me hacía querer galletas, pero ese contenedor era una gran falsa publicidad. Creo que a veces una cara hermosa es publicidad falsa también, y muchos de nosotros no nos tomamos el tiempo para mirar debajo de la tapa. Divertido, esto me recuerda un sermón que di un par de semanas atrás. ¿Lo escuchaste?
—Lo siento, Pastor. Trabajo de noche en la panadería, usted sabe. A veces, la mañana del domingo estoy demasiado cansado —dijo Elliott, su sentimiento de culpa por perderse la iglesia evidente, incluso a través de la pared de la despensa.
—Está bien, Elliott. —Charlie se echó a reír—. No voy a hacer un rollo. Solo quería saber si lo habías escuchado, así no te aburriría absurdamente. —Bella escuchó a su padre pasando páginas. Sonrió un poco. Siempre llevaba todo de vuelta a las Escrituras.
—En Isaías 53:2 dice: "Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca: no hay parecer en él, ni hermosura; y cuando le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos."
—Recuerdo ese versículo —dijo Elliott en voz baja—. Siempre me llamó la atención que Jesús no fuera guapo. ¿Por qué no haría Dios su exterior de acuerdo a su interior?
—Por la misma razón por la que nació en un pesebre humilde, nacido de un pueblo oprimido. Si hubiera sido bello o poderoso, la gente lo habría seguido por eso solamente, habrían sido atraídos a él por todas las razones equivocadas.
—Eso tiene sentido —dijo Elliott.
Bella se encontró asintiendo de acuerdo, sentada ahí sobre un saco de harina en la esquina de la despensa. Tenía sentido para ella también. Se preguntó cómo se había perdido ese sermón en particular. Debió de haber sido cuando escabulló su novela romántica entre las páginas del libro de himnos unas semanas atrás. Sintió una punzada de remordimiento. Su padre era tan sabio. Tal vez debería prestar más atención.
—No hay nada de malo con tu cara, Elliott —dijo Charlie suavemente—. No hay nada malo contigo. Eres un buen hombre con un corazón hermoso. Y Dios mira en el corazón, ¿cierto?
—Sí. —Elliott Mccarty sonaba cerca de las lágrimas una vez más—. Lo hace. Gracias, Pastor.
Después de que Elliott Mccarty se fuera, Bella se sentó en profunda contemplación en la despensa, con las manos entrelazadas alrededor de sus rodillas. Entonces subió y comenzó a escribir una historia de amor de una chica ciega buscando un alma gemela y un príncipe feo con un corazón de oro.
Irak
—Me gustaría mucho ver a una mujer que no estuviera usando una carpa sobre su cabeza. ¡Solo una vez! ¡Y apreciaría que fuera rubia o aún mejor, ¡pelirroja! —gimió Quil una tarde después de resguardar un puesto de control solitario por varias horas con solo un puñado de mujeres vestidas con burkas y niños atravesándose para hacerlos sentir útiles. Tal vez era irónico que Quil anhelara una rubia cuando era hispano. Pero era americano, y América tenía la población más diversa en el mundo. Un poco de diversidad en este momento sería bienvenida.
—Estaría feliz de nunca ver otra burka de nuevo. —Garrett se secó el sudor y el polvo de su nariz y se estremeció por el sol, deseando tomar un descanso.
—Escuché que algunos chicos, especialmente en lugares como Afganistán, no ven a sus esposas en absoluto hasta después de que se casan. ¿Te imaginas? ¡Sorpresa, amorcito! —Laurent batió sus pestañas mientras hacía una horrible cara—. ¿Qué pasa? ¿No crees que soy bonita? —dijo en un alto falsete y retorciendo su cara aún más.
—Entonces, ¿cómo saben siquiera con quién se están casando? —preguntó Peter, desconcertado.
—Por la letra —dijo Quil seriamente. Pero sus fosas nasales se abrieron ligeramente, y Emmett pusos sus ojos en blanco, sabiendo que Quil estaba contando una historia.
—¿En serio? —jadeó Peter, cayendo como un ladrillo. No era su culpa que fuera tan crédulo. Venía con el dulce temperamento.
—Sí. Escriben cartas de ida y vuelta por un año o más. Luego, en la ceremonia, ella firma su nombre con una promesa de que usará siempre su burka delante de otros hombres. Él reconoce su letra y así es como sabe que es ella debajo de su velo.
Garrett estaba ceñudo.
—Nunca he escuchado nada de eso. ¿La letra?
Laurent lo había entendido y estaba tratando de no reírse.
—Sí. Solo piensa, si Emmett y Bella hubieran vivido en Irak, nunca se hubiera dado cuenta de que era de Bella escribiendo esas cartas en vez de Rosalie. Bella podría haberlo amarrado en matrimonio. Emmett habría visto su letra en la boda y dicho: "Sí, es Rosalie, ¡está bien!"
Los amigos de Emmett aullaban de risa, incluso Peter, quien finalmente se había dado cuenta de que se trataba de un montaje para burlarse de Emmett sobre Bella. De nuevo.
Emmett suspiró, sus labios crispándose. Fue bastante gracioso. Quil se reía tan fuerte que estaba silbando, y él y Laurent estaban haciendo reír el uno al otro aún más fuerte mientras recreaban el momento en que el burka fuera quitado y Bella estuviera debajo de él en lugar de la rubia pechugona, Rosalie.
Emmett se preguntó lo que sus amigos pensarían si supieran que había besado Bella. Realmente besado. Sabiendo muy bien a quién estaba besando. Sin necesidad de treta. O burkas. Se preguntó distraídamente si el burka era tan mala idea. Tal vez más chicos tomarían mejores decisiones si no se distrajeran con el envoltorio. Es más, tal vez los chicos deberían llevarlos también. Por supuesto, su envoltorio siempre había trabajado en su favor.
Reflexionó si Bella lo habría incluso querido si estuviera envuelto diferente. Sabía que Rosalie no lo habría hecho. No porque ella no fuera lo suficientemente buena chica, sino porque no tenían nada en común. Quita la atracción física mutua, y no tenían nada.
Con Bella, existía la posibilidad de mucho más. Por lo menos, las cartas le hicieron pensar que podría haber más. La gira terminaba en dos meses. Decidió que cuando llegara a casa iba a averiguarlo. Y sus amigos nunca lo dejarían escuchar el final. Lo atormentarían por el resto de su vida. Suspiró y revisó su arma por enésima vez, deseando que el día terminara.
He aquí un nuevo episodio, quería comentarles que mañana subiré un capitulo que es bastante intenso y del cual quiero leer sus opiniones
